Volumen II
Capítulo 8
Pecado y Error.
Mensajes incluidos en este capítulo:
Lucas "Los pecados de los Padres recaen sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación."
Lucas hace unas correcciones del mensaje anterior
Jesús: El poder del Amor para redimir a los hombres de los pecados y del error.
Jesús El mensaje anterior continuado
Lucas: Lo que los Espíritus Celestiales piensan de la guerra.
Ann Rollins La creencia en el pecado imperdonable es injuriosa y blasfema contra el Padre Amoroso.
Jesús El Espíritu Santo no es Dios. No existe el pecado imperdonable.
San Lucas No existe el pecado imperdonable, como el predicador lo enseñó.
Latham corrobora el mensaje de San Lucas sobre el "pecado imperdonable".
Pablo niega el pecado imperdonable.
Pablo: Sus comentarios acerca de las creencias del predicador. La perfección es un término relativo.
Jesús atendió el servicio en la iglesia con el Sr. Padgett, y comenta sobre la creencia de la gente.
Santiago Las debilidades de la mente y de las cualidades morales humanas
8.
Pecado y Error.
Lucas "Los pecados de los Padres recaen sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación."
Yo estoy aquí. Lucas.
Deseo escribir esta noche un poco sobre el texto: Que los pecados de los Padres recaen sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
Sé que comúnmente se explicó el texto así: que los pecados materiales, o más bien los pecados que originan perjuicios materiales o aflicción, recaen sobre los hijos, y eso es la verdad en gran medida.
El hombre no es solamente un ser material o físico, sino es en mayor medida un ser espiritual, poseyendo una alma y un espíritu, que nunca dejan de existir, y que son igualmente parte de él en la tierra, como cuando se transforma en un espíritu; es decir, después de abandonar la vestimenta de carne y sangre.
Estas partes reales del hombre son más importantes para él y su verdadera existencia, que la parte física, y los pecados cometidos por el hombre no son el resultado de una acción física en primer lugar, sino de las de los poderes, que forman, o tienen su sede en, la parte espiritual de su existencia.
La parte física del hombre no da origen al sin, sino solamente manifiesta sus efectos, y el pecado casi siempre se manifiesta sobre y dentro del cuerpo físico, y deja sus cicatrices, visibles para la consciencia de los hombres, sobre este cuerpo; y por lo tanto, ya que el hombre, en su condición ordinaria, es más capaz de percibir los efectos en este cuerpo, piensa que el significado del texto tiene que referirse a los pecados, que afectan y se exponen sobre su cuerpo, y al mismo tiempo ignora, o no es sensible para el hecho, de que el gran efecto o daño del pecado da a la parte espiritual del hombre.
Si bien el cuerpo físico es afectado por los resultados de estos pecados, cuando se cometen, tanto más se afecta a la parte espiritual del hombre por el hecho, de que estos pecados originaron en aquella parte espiritual del hombre.
Uno puede preguntar, cómo podrá el efecto del pecado sobre un hombre, es decir, sobre su alma y espíritu, perjudicar al espíritu y alma de su hijo, por lo que su hijo sufrirá por los pecados del padre.
Bien, cuando un hijo es concebido, pasa por el período de la gestación, y finalmente nace, no sólo participa en la naturaleza física de sus padres, sino también de las cualidades y en la condición del espíritu y alma de los padres. Esto puede parecer improbable, pero es una realidad, que el espíritu y alma, que entra en el niño cuando es concebido, viene del gran universo de alma y espíritu, completamente independiente de los padres, y no es en su naturaleza o cualidades parte de los padres, como la es en la carne y sangre, que forman y producen el cuerpo físico de este niño. Si bien esto es cierto, también es cierto que este espíritu y esta alma del niño están susceptibles para la influencia del espíritu y alma de los padres, y de cierta manera la absorbe, no sólo en el momento de la concepción, sino también durante todo el período de embarazo, e incluso durante años después, y en tal grado, que esta influencia continúa más allá de la existencia terrenal de los padres, y sigue en la vida de la prole hasta la tercera y cuarta generación, como dice el texto.
La parte espiritual del niño está más susceptible a la influencia y los efectos malos de estos pecados, de lo que realmente está su cuerpo físico, porque como ya he dicho, la parte espiritual es el originador e incubador de los pecados, si puedo expresarlo así, mientras el cuerpo no es más que el receptor del ejercicio de los pecados y el objeto de su manifestación.
La influencia del espíritu en el espíritu es más extenso y cierto, de lo que los mortales puedan posiblemente imaginarse, y los resultados de aquella influencia no son tan aparentes o conocidos a la consciencia de los hijos que siguen, o de los padres respectivos, de lo que supongan los hombres, y de hecho, no comprenden ni se dan cuenta de la realidad, de que esta influencia actúa sobre la parte espiritual de sus hijos. Ven y se dan cuenta, de que los efectos de los pecados se manifiestan en el cuerpo físico, y ya que sus sentidos naturales no pueden percibir la condición del espíritu, concluyen que el texto solamente puede significar, que estos pecados son visitados sobre los cuerpos materiales de sus hijos.
Pero tengo que decirles, si bien se inflige un perjuicio grande y deplorable sobre los cuerpos materiales, mucho mayor, más duradero y más lastimoso en cuanto a sus manifestaciones el daño infligido sobre la naturaleza espiritual de los hijos; no solamente porque esta naturaleza continúa viviendo, sino también porque los hombres, sin darse cuenta, de que esta naturaleza haya sido perjudicada, no hacen ningún intento de encontrar y aplicar una solución, como tanto lo hacen en el caso, cuando los pecados se manifiestan en el cuerpo físico.
Y aparte, existen muchos pecados, que no afectan al cuerpo material, pero que sí perjudican grandemente a la naturaleza espiritual, y esto los sentidos de los hombres no lo pueden percibir.
Un hombre no es sólo el padre del cuerpo material de un hijo, sino de un modo secundario, también es el padre de su naturaleza espiritual, y la condición de la naturaleza espiritual del padre influencia y determina en gran medida las cualidades y tendencias de la naturaleza del niño, hacia el bien o el mal, no solamente mientras vive como un mortal, sino con frecuencia también después de haber morado en el velo de la carne. Por eso, los padres deben conocer, que no sólo viven por sí solos como mortales, sino que sus pensamientos y acciones malos tienen una influencia mayor o menor sobre la naturaleza espiritual de sus hijos, especialmente en el momento de la concepción y durante la gestación. Así, qué importante es que cada padre, especialmente durante este tiempo, y siempre, tenga su naturaleza espiritual en aquella condición de pureza y libertad de pecados, para que sus hijos sean concebidos y nazcan en una condición de pureza del alma, que no refleje ninguna maldad, de la que puedan culparles a sus padres, que son los creadores de esta maldad.
Si los hombres sólo se dieran cuenta de esto, y vivieran sus vidas de acuerdo con las verdades, que aquí estoy declarando, cuánto más pronto llegaría la humanidad a la armonía con las leyes de Dios, y se liberarían las almas de los hombres de los pecados y de la maldad.
Yo sé, a menudo se dice, que es injusto y fuera de armonía con la justicia de un Dios imparcial, que los pecados y penalidades, que surgen de la desobediencia de nuestros primeros padres, recaigan sobre la humanidad, que fue y sigue siendo su prole, ya que esta humanidad no tuvo parte en esta desobediencia. Pero cuando se recuerda, y es un hecho, que Dios no creó el pecado, ni la maldad, ni la impuso sobre los primeros padres por su desobediencia, sino que ellos mismos crearon la maldad y el pecado, y que los hombres seguían creando estas desarmonías siempre desde aquel entonces, se verá que un Dios imparcial, que es nuestro único Dios, no es responsable ni por el pecado, ni por el mal, ni por las penalidades consecuentes, que ellos imponen. Y, como te escribimos antes, la abolición de los pecados y del mal, y de sus penalidades, está en el poder del hombre y de su albedrío.
Como estos primeros padres crearon el mal, como te expliqué, y de la manera como te indiqué, sus pecados, por la influencia que tienen sobre la naturaleza espiritual en el tiempo de la concepción y del nacimiento, se convierten, por decirlo así, en una visitación, es decir, en los deseos, las espirituales e inclinaciones hacia la maldad (sic), y esta influencia continúa con el hijo durante años después de su nacimiento, en la medida en que el hijo y sus padres vivan íntimamente asociados en su vida terrenal. Y ya que cada generación subsiguiente provoca la visitación de su influencia y tendencias pecaminosas sobre la siguiente generación, puedes fácilmente ver, como los hombres, todos los hombres, se sujetaron a los pecados, la maldad y las penalidades, que fueron traídos al mundo por los primeros padres.
En vez de que Dios es el creador de todo esto, o en vez de que Él tome represalias contra los hijos del hombre, Él declara, que la existencia del pecado y del mal está contraria a la armonía de Su creación, y que hay que erradicarlos, antes de que el hombre pueda llegar a esta armonía y a la unión con Él. Y como Él dio al hombre el gran poder del libre albedrío, sin ninguna restricción en cuanto a su ejercicio, salvo en lo que se refiera a como la comprensión del hombre de la armonía en las operaciones de las leyes de Dios puede influenciarle, para que ejerza este gran poder; y como el hombre en el ejercicio equivocado de aquel poder dio origen a la existencia de la maldad y de los pecados, así el hombre, a medida que perciba este plan de armonía de Dios, tiene que emplear este albedrío de una manera, que pueda liberarse de esto, que no es parte de la creación de Dios, y que está fuera de armonía con Sus planes para la creación y conservación de un universo perfecto, del que el hombre es la creación suprema.
Dios nunca cambia. Sus leyes nunca cambian. Sólo el hombre ha cambiado de la perfección de su creación; y el hombre tiene que volver a transformarse, antes de que pueda volver a poseer aquella perfección.
Ahora, de todo esto no debes deducir, que el hombre está solo en sus propios esfuerzos por lograr esta gran restauración, porque esto no es verdad, ya que los mediadores de Dios continuamente trabajan, influyendo en los hombres, para que vuelva a su estado original, y se transforme en el hombre perfecto, lo que finalmente logrará. (No me refiero aquí a la intervención del gran Amor Divino que, cuando un hombre lo posee en un grado suficiente, le convierte en algo más que el hombre perfecto.)
Así, "los pecados de los padres son visitados obre los hijos hasta la tercera y cuarta generación", significa, las tendencias e inclinaciones hacia la maldad (son creadas) no por Dios, sino por el hombre mismo, solo y exclusivamente.
Ay hombre, si sólo pudieses ver los resultados de estos pecados sobre la naturaleza espiritual de tus hijos, como tantas veces los ves sobre su cuerpo material, vacilarías al pecar y pensarías, y al pensar, verías el camino, en el que la gran mancha sobre la felicidad y salvación de la humanidad podría ser quitada, y su progreso hacia el "hombre perfecto" acelerado y asegurado.
Bien, he escrito suficiente esta noche, y espero que, lo que he dicho, se entienda y se reflexione por todos que lo lean. No te detendré más tiempo, y con mi amor y las bendiciones de alguien, que ahora no es solamente el hombre perfecto, sino dueño de la Naturaleza Divina del Padre y heredero de la Inmortalidad, me despido.
Tu hermano en Cristo,
Lucas
Lucas hace unas correcciones del mensaje anterior
Yo estoy aquí, Lucas.
Deseo hacer algunas correcciones en mi mensaje de anoche, y te lo agradezco, si las recibes.
Quisiera decir que, cuando hablé de los pecados de los padres recayendo sobre los hijos en el tiempo de la concepción y del nacimiento, quise expresar, que estos pecados, por la influencia que tienen sobre la naturaleza espiritual del niño, se convierten, por decirlo así, en una visitación. No quise decir que una parte del pecado real de los padres se convierta en parte de la naturaleza espiritual del hijo, sino que sólo la influencia de los pecados de los padres sobre el niño es suficiente, para dar un giro a los deseos y tendencias espirituales del niño hacia la maldad; y esta influencia sigue continuamente con el niño durante años después de su nacimiento, en la medida en que el hijo y los padres vivan en asociación estrecha en su vida terrenal.
Deja que esto quede bien claro, para que los hombres no discutan detalles del significado de lo que escribí.
El resto del mensaje es correcto, y justo como fue mi intención de transmitirte la verdad del significado del texto.
No ocuparé más de tu tiempo esta noche, sino con mi amor y mis bendiciones digo:
Yo soy tu hermano en Cristo,
Lucas
Jesús: El poder del Amor para redimir a los hombres de los pecados y del error.
Yo estoy aquí, Jesús.
Quiero escribir esta noche acerca del poder del Amor Divino, de redimir a los hombres de los pecados y del error.
El Amor de mi Padre es, como he escrito, lo único en todo este universo, que puede salvar a los hombres de sus naturalezas malignas (sic), y convertirles en uno solo con Él. Ya he explicado lo que es este Amor Divino, y cuando la humanidad lea mis mensajes y trate de comprender el significado de este Amor, pronto llegará a estar más en paz consigo misma y con Dios. Este Amor Divino es el único gran poder, que mueve el universo, y sin el, no hubiese la armonía maravillosa que existe en los Cielos Celestiales del mundo de los espíritus; ni hubiese tanta felicidad entre los ángeles, que habitan en estas esferas.
Este Amor Divino también es la influencia, que lleva a los hombres en la tierra a pensar y realizar, lo que sirve para la paz, y la buena fe entre los hombres. No todos los hombres lo poseen, de hecho, son comparativamente pocos, pero su influencia se siente por casi toda la tierra. Incluso los que nunca han oído de mis enseñanzas, o de mi Padre, gozan del beneficio de su influencia; en alguna clase de creencia o fe en un espíritu de gran poder y vigilancia que eclipsa a todo. Sé que esto es la verdad, porque he visitado todas las partes de la tierra, he mirado en los corazones de los hombres, y he encontrado en ellos algunos elementos de fe, que evidencia que este Gran Amor influye en estas personas ignorantes. Así que, a pesar del hecho, de que mi Evangelio no se predica a todas las criaturas, como lo había ordenado, cuando estuve en la tierra, este Amor del Padre está en todas partes y penetra todo.
No obstante, no es recibido en la plenitud, que permitiría a los que sienten su influencia, que comprendan que Dios es su Padre, y que ellos son Sus hijos, que pueden llegar a ser miembros de su grupo familiar en las esferas Celestiales.
Nadie puede recibir este Amor, a menos que tenga fe en la disposición del Padre de otorgarlo a él, y rece en verdad y con seriedad por el.
Todos los hombres tienen dentro de sí el amor natural, que les entregará gran felicidad en la eternidad como meros espíritus y habitantes en las esferas inferiores a las Celestiales aun cuando se rehusen a buscar el Amor Divino, que les transformaría en ángeles Divinos de los Cielos Celestiales.
Sólo el Amor Divino puede cambiar al hombre natural en un hombre, que posee la Naturaleza Divina en el Amor, como el Padre la posee. No quiero decir, que un hombre, aun cuando esté lleno de este Amor en al más alto grado, se convertirá en un Dios e igual al Padre en cualquiera de sus poderes o atributos. No puede ser, pero este Amor le transformará en parecido al Padre en el Amor, en la felicidad y en la armonía. Este Amor no tiene equivalente en toda la creación, y proviene exclusivamente del Padre. Nunca cambia, ni ha sido otorgado a una persona indigna, rehusándose a buscarlo en el único camino provisto por el Padre.
Mi experiencia en los Cielos Celestiales es, que este Amor tiene el poder de cambiar al pecador más obstinado en un hijo verdadero de Dios, si el pecador sólo lo busca a través de la fe y oración. Si este Amor toma posesión de un hombre o de un espíritu, su poder de purificar y transformar el corazón de ese hombre nunca falla.
Tu hermano y amigo,
Jesús
Jesús El mensaje anterior continuado
Yo soy Jesús. Estás en condiciones de reanudar mi mensaje esta noche.
Yo estoy en una condición de Amor, que me permite conocer, que el Amor de mi Padre es el único Amor, que puede redimir a la humanidad, y llevarla a la unión con Él. Por eso tienes que comprender, que este Amor Divino es un Amor, que no tiene equivalente en todo el universo, y tiene que ser recibido en su plenitud por el hombre, para que alcance las esferas Celestiales, donde existe la Fuente de Agua Viva del Amor del Padre. Por eso digo, ningún hombre puede llegar a formar parte de la Divinidad de Dios, hasta que reciba este Amor Divino y comprenda, que él y su Padre son uno en Amor y pureza.
Ahora te voy a decir lo que significa este Amor Divino para quien lo haya recibido. Él se encuentra en una condición de perfecta paz, y su felicidad está más allá de toda comparación, y él no está dispuesto a permitir, que algo o algún poder le conduzca, a lo que no está de acuerdo con el Amor Divino y las leyes de armonía de Dios. No sólo es feliz, sino supera a los espíritus inferiores en el desenvolvimiento intelectual, y en el conocimiento de las enseñanzas espirituales del Padre. Yo sé que ningún hombre está capacitado, para obtener las grandes percepciones de alma, hasta que haya desarrollado el alma, y sea apto para vivir en las esferas Celestiales, donde existen solo amor y armonía.
Por eso, no pienses, cuando un hombre llega a tener un conocimiento maravilloso sólo en el sentido intelectual, que él sea apto para vivir en estas esferas superiores, porque no lo es; exclusivamente el gran desarrollo de alma, por la obtención del Amor Divino en esta alma, le permitirá vivir allá.
(pregunta)
Juan nunca dijo, que por mí todas las cosas fueron creadas, las que fueron creadas, y que yo, como Dios, vine a la tierra, y me transformé en un habitante de la carne. Esto es una equivocación y una interpolación, porque yo nunca fui Dios, tampoco creé ninguna parte del universo, jamás. Sólo fui un espíritu de Dios, enviado por Él, para llevar a cabo la salvación del hombre, y para exponerle el único camino al hogar Celestial, que Dios ha preparado, para los que hayan recibido el Nuevo Nacimiento.
(¿En qué esfera vives?)
Bueno, vivo en todas las esferas, pero mi hogar está en una esfera muy cerca de la Fuente de Agua Viva del Amor de Dios. No tiene ni nombre ni número (1). Conmigo en las esferas Celestiales, viven los que han recibido este Amor Divino en una magnitud, que se han purificado completamente y están en unión con el Padre. Muchas están progresando hacia este hogar y, tarde o temprano, llegarán allá.
Los que han recibido este Amor Divino en su plenitud, a través de la fe y oración, están en las esferas Celestiales, pero los que todavía no han obtenido este Amor en el grado mencionado, no están allá.
(¿Algunos de tus discípulos viven allí?)
Sí, Pablo está, y también Pedro, Juan, Santiago y varios otros.
(¿Qué quisiste decir con "en la Casa de mi Padre hay muchas mansiones"?)
Quise decir, que me encaminaría a las esferas Celestiales, donde estoy ahora, para preparar estas mansiones, lo que he hecho ahora. Y les toca a los espíritus y mortales exclusivamente, convertirse en habitantes de ellas.
(¿Viven también algunos de los profetas del Antiguo Testamento allí?)
Algunos sí, y otros no; el solo hecho, de que estos profetas y videntes antiguos fueron los instrumentos de Dios, para declarar Sus propósitos y leyes, no significa necesariamente, que hayan recibido este Gran Amor, y por eso sean ahora habitantes de las esferas Celestiales. Moisés y Elías viven en las esferas Celestiales, y también Juan Bautista; pero muchos grandes maestros de lo espiritual o de la existencia futura, no viven allá, porque no han obtenido el Nuevo Nacimiento.
(¿Me tomará muchos años, antes de que pueda vivir contigo en tu Reino?)
Bien, esto dependerá de si vives o crees de una manera, que te permite recibir este Gran Amor; si lo haces, no tendrás que esperar muchos años, hasta que estés conmigo en las esferas Celestiales. Ahora te encuentras en el camino correcto, y si solamente perseveras y permites que incremente tu fe, y que obtengas el Amor Divino en suficiente riqueza en tu alma, estarás conmigo. Y recuerda esto: que yo soy tu amigo especial y te ayudo, y que estaré contigo cuando tengas dudas o problemas, y te protegeré para que no recaigas en un estado de incredulidad o de despreocupación.
(¿Si mi recientemente fallecido amigo ora por este Amor, encontrará alivio de sus sufrimientos?)
Si él, como dices, busca este Amor Divino, y reza al Padre en fe, y cree que el Padre se lo otorgará, lo recibirá; y cuando lo reciba en suficiente magnitud, todos los pecados que pueda haber cometido, serán borrados. No tendrá que pagar más las penalidades por sus acciones de pecado y error. Esto es, para lo que vine principalmente a enseñarlo a la humanidad. Cuando dije que, todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará, quise decir, que esto era la ley de Dios en su aplicación tanto al hombre natural, como a cualquier otra cosa en la naturaleza; pero esta ley esta subordinada y apartada, en cuanto a su intervención en las almas de los hombres, siempre cuando el alma del hombre reciba el Amor Divino en suficiente magnitud. Y cuando se busca el Gran Amor del Padre, y el alma del hombre lo recibe en suficiente riqueza, la ley de compensación se transforma en no efectiva, y la ley de Amor domina, y el hombre es relevado de las penalidades por sus pecados.
(Pero la iglesia sigue enseñando, que sólo la fe en tu sacrificio y tu expiación asumida por nosotros, pueden salvar a los hombres de sus pecados.)
Sí, conozco como los hombres razonan sobre esta materia, y que es la gran piedra de tropiezo, previniendo que ellos reciban este Amor Divino, y que crean que el mismo es eficaz en su salvación, salvándoles del pago de las penalidades por sus pecados. Bien, ahora ves lo que trato de hacer, y estoy tan satisfecho, porque tendrás éxito en tu tarea, y me siento seguro, más que nunca, de que mis mensajes serán entendidos y entregados al mundo. Por eso, anímate, y dentro de poco, todo estará arreglado de una manera, que no habrá nada que se interponga en tu realización de la obra, exactamente como tú lo deseas.
(¿Realmente seré capaz de dedicar más tiempo a esta obra de recibir tus mensajes?)
Sí, no cabe duda, y cuando inicies tu tarea con toda tu sinceridad y fe, verás que podrás recibir los mensajes, como es mi intención que los recibas.
Terminemos ahora,
Tu verdadero hermano en el espíritu,
Jesús
Lucas: Lo que los Espíritus Celestiales piensan de la guerra.
Yo estoy aquí, Lucas.
Escuché al doctor preguntando, lo que los Espíritus Celestiales piensan de esta guerra, y se lo diré en unas pocas palabras.
Bien, primero tiene que conocer, que los Espíritus Celestiales no se interesan tanto en esta guerra, y en el éxito o el fracaso de naciones, como en la salvación de las almas de los individuos, que componen estas naciones; y el hecho, de que el individuo es un Alemán, un Inglés o un Francés, no influye en el deseo del espíritu de ayudar al alma del individuo. Todos tienen la misma importancia y merecen el mismo cariño de los Espíritus Celestiales; y el mismo Amor que salvará al uno, también salvará al otro. Por lo que puedes ver, que la guerra no tiene tanta importancia.
Por supuesto, muchos mortales son convertidos en espíritus, totalmente sin preparación para la vida en el mundo de los espíritus, y desde este punto de vista, la guerra es importante para los Espíritus Celestiales, ya que su oportunidad de trabajar entre los mortales, directamente o a través de otros espíritus, es interferida por esta matanza. Y los espíritus, que llegan tan de repente a nuestro mundo del espíritu, están sujetos a mayores sufrimientos, y resulta más difícil, impresionarles y enseñarles el camino a verdad y a la vida, de lo que habría, si se les hubiesen permitido vivir su vida normal como mortales.
Todas las guerras interfieren, en cierta parte, con la vida y muerte ordenada de los mortales, y les deploramos, pero en cuanto a la justicia o injusticia de las guerras, eso no juzgamos, sino eso dejamos a la consciencia y al juicio de los individuos, que instigan las guerras, y son los responsables de las mismas. Las acciones de los individuos, si tienen efecto sobre ellos personalmente, o afectan a otras personas, por ser miembros de naciones, están sujetas y responsables a las leyes, que controlan los pensamientos y acciones de los mortales, y a los recuerdos de las mismas; y estas leyes no exigen o demandan el pago del castigo de los individuos como partes de una nación, sino como individuos, sin tomar en consideración el hecho, de que pertenecen a una nación, y controlan los asuntos de ella.
Ningún pecado les interesa menos a los espíritus, porque se presentara en el transcurso de una guerra de naciones, de lo que se lo interesa, si hubiese surgido por la acción de un individuo como tal, y nosotros, los Espíritus Celestiales, no interesamos en la guerra, que ahora tiene lugar, por este hecho; porque digo, exige el pago de la penalidad más pronto, que de lo contrario lo hubiese hecho (sic). Y también nos interesa, porque la guerra crea odio y deseos por venganza de parte de las personas involucradas, y por lo tanto, aumenta la carga, de la que el individuo afectado de esta manera, tendrá que liberarse, cuando llegue al mundo de los espíritus, para poder progresar y encontrar la felicidad.
La guerra para nosotros es un incidente de la existencia humana, y su justificación no entra en nuestra consideración, de lo que deberían ser los castigos, que los responsables deben sufrir. El alma de cada individuo exhibe sus propios pecados y errores cometidos, y sólo la condición de alma determina el estado de su dueño, y el destino que sus propios pensamientos y acciones le prepararon.
Ahora, por lo que he dicho, puedes suponer que somos indiferentes a la felicidad o miseria de los mortales, mientras viven en la tierra, pero no es así. Nos damos cuenta, de que el hombre, en gran parte, tiene que forjar su propio destino en la tierra, y que nosotros, los espíritus, no podemos controlar esta obra, excepto en la medida en que podemos influenciar las mentes individuales y los pensamientos de los hombres; y que existen tiempos, cuando los hombres dan rienda suelta a sus pasiones y malas ambiciones, tiempos en los que no les podemos influenciar. Incluso Dios Mismo no lo trata, a pesar de toda Su omnipotencia, sino les permite a los hombres el ejercicio de su propia voluntad, y las consecuencias de sus propias acciones; y esto, aunque muchos inocentes sufren física y mentalmente.
Pero los hombres no viven para sí mismos, sino se unen en sociedades, por lo que las acciones de una persona influyen en otras, y por lo tanto, los que viven en estas sociedades están sujetos a estas influencias, y a las consecuencias que fluyen de las mismas. Parece injusto, que los sufran por las acciones de los culpables, y si los Espíritus Celestiales pudiesen prevenirlo, estos sufrimientos no existirían; pero no lo pueden prevenir de esta manera la entremezcla de sufrimiento entre los miembros de las sociedades, porque para hacerlo, tendrían que interferir con las operaciones de las leyes, que controlan esto, lo que no pueden hacer. Así ves, la guerra no significa para los espíritus supremos, lo que tú quizá te imagines; y si bien tienen conmiseración y amor por todos los hijos de los hombres, en estos conflictos terribles, tiene que dejar a los hombres, que pasen por las consecuencias de sus propias acciones y pensamientos, y es el hombre, quien tiene que sufrir.
Sin embargo, intentamos influenciar en aquellos, que están en control, y pueden determinar los sucesos, y nuestra obra siempre es la de tratar de influenciarles, para que hagan, lo que brinde el máximo de felicidad a los hombres.
No nos interesa, si una de las naciones beligerantes gana las batallas, o la otra, porque sabemos que sólo los hombres mismos pueden decidir estos asuntos; y no tratamos de interferir, para permitir el éxito de un partido o de otro, ya que conocemos que somos incapaces de lograr cualquier resultado.
Piensa por un momento, y entenderás, que si nosotros tuviésemos el poder de determinar los asuntos de guerra, tendríamos el poder de destruir los pecados y el error, porque ambos son los sujetos de la creación y del control por los hombres; y digo, que si nosotros tuviésemos este poder, los pecados y error habrían desaparecidos desde hace mucho del mundo, y los hombres serían libres.
No, sólo podemos trabajar con el individuo; y a medida que el alma individual se purifique y llegue a ser justa, el conjunto de estos individuos, que componen una nación, llegará a ser puro y justo, y las guerras serán imposibles.
No parece bien escribir más ahora, pero diré, que nosotros, los Espíritus Celestiales, consideramos la guerra la criatura de los mortales, y hay que controlarla y terminarla por los mortales, y que nosotros no podemos decidir el asunto de una manera o de otra; y por lo tanto, para nosotros, la guerra es un incidente en la vida y en la muerte de los mortales, que no podemos prevenir ni crear.
Tu hermano en Cristo,
Lucas
Yo estoy aquí, un hombre pobre, miserable, sin esperanza en este mundo obscuro y sombrío de almas perdidas, y rodeado de espíritus iguales a mí sufriendo por los efectos de una vida malvada y una alma perdida.
Vengo a ti, porque vi que otros vinieron, y aparentemente recibieron algún beneficio y, como sabes, la esperanza es algo que siempre viene a nosotros, aunque sea por un solo momento; y cuando me acerqué a ti, este momento era el mío. Aunque francamente, no espero que puedas ayudarme, porque el momento de esperanza ya se fue, y solo mi desesperación obscura y fija se quedó conmigo.
Pero, ya que empecé a escribir, tendré la cortesía y continuaré, y no te mostraré descuido en la realización del beneficio por la oportunidad, que nos brindas, de acercarnos a ti, y de tu amabilidad de escuchar nuestros relatos de infortunio. Y así, si no te incomoda demasiado, te narraré un poco de mi condición y de su causa. Quiero decir, ahora veo la verdadera naturaleza de las cosas y su relación con causa y efecto, y por qué me encuentro en la condición de tinieblas y sufrimiento, que ahora no me ofrece ninguna esperanza de auxilio.
Bien, en la tierra, yo fui por un tiempo un ministro del Evangelio de Cristo y, por algunos años prediqué, como suponía, sus verdades de la salvación a los hombres; y al mismo tiempo realmente creí lo que estaba enseñando. Pero ahora veo que, mi creencia fue totalmente intelectual y no surgió de las inspiraciones del alma; y mis enseñanzas fueron solamente aquellas, o mejor dicho, mi condición como profesor fue solamente aquella de un maestro de escuela o de una institución similar.
Nunca gocé de la religión en su sentido verdadero o del alma, y todos mis esfuerzos en la enseñanza a otras personas, se derivaron sencillamente de una especie de comprensión de que fui llamado para proseguir este curso de vida.
Pero mis enseñanzas nunca me beneficiaron, solamente a otros. Bien, después de algún tiempo, me cansé de esta vida de ministro, y en un desafortunado momento, la abandoné, y me convertí en abogado; y entonces mis pensamientos se alejaron completamente de los asuntos religiosos. Y de la misma manera como progresé en los estudios y pensamientos de mi profesión legal, se desarrolló en mí la condición mental, demandando que cualquier propuesta aseverada tenía que ser comprobada por la evidencia convincente e irrefutable.
Y esta condición mental creció dentro de mí, y en tal grado, que ya no quise aceptar nada como verdad, lo que solamente se basaba en la fe y no presentaba otras pruebas. Y como consecuencia, me dediqué a leer libros, a los que se los llamaba científicos, y los que me mostraban el absurdo de aceptar algo como un hecho establecido, lo que no se podía comprobar con los cinco sentidos en combinación con las facultades de razonamiento.
Después de un tiempo, las preguntas de la existencia de Dios, la verdad de la autenticidad de la Biblia, y la realidad de la religión, se presentaron ante mi mente escéptica con una nueva faz, y como tenía asociados de similares condiciones mentales a la mía, rechacé la verdad de todo esto, y me convertí en ateo sin Dios ni salvador, ni siquiera en un sentido mental.
Y así continué viviendo en esta condición mental, que llegó a ser, en el transcurso de los años, más y más escéptica, y mi desarrollo del alma, como ahora lo veo, lo poco que tenía entonces, se estancó y murió, muerto más allá de la resurrección.
En mi vida ministerial enseñe las acciones del Espíritu Santo y su función para despertar el alma humana, para que se dé cuenta de la necesidad de buscar el Amor y el Favor de Dios, y eso realmente creí en mi mente. También prediqué que, sin la intervención del Espíritu Santo era imposible para el hombre, llegar a ser el dueño del Amor de Dios, o ser aceptado por El como hijo redimido. Y también prediqué que, el rechazo del beneficio o de la obra del Espíritu Santo, o como dice la Biblia, blasfemando contra el Espíritu Santo, significaba ser culpable del pecado imperdonable, y que no había perdón para eso.
Y después de transformarme en un escéptico, como dije, fui culpable exactamente de este pecado, porque yo, aunque siempre respetuoso en mis declaraciones en cuanto a asuntos religiosos, con frecuencia aseveré, que el Espíritu Santo era un mito, y que no obraba para salvar a las almas humanas, y que no lo podía. Que todos los que creían en estas historietas tontas, tenían mentes bastante superficiales, y que necesitaban ser educados en cuanto a las verdades, las que solo se podían obtener por el desarrollo de sus mentes, y que había que llevarles a comprender que todo, lo que sus sentidos, en combinación con sus poderes de razonamiento, no podían comprobar, o mejor dicho, aceptar como comprobado, tenía que ser rechazado.
Así ves, yo, según las enseñanzas Bíblicas, cometí este pecado imperdonable, aunque en la tierra no lo creyera; y de hecho, no creí que existía este pecado; pero, por desgracia, ¡cuántos de mis asociados, hombres de mentes brillantes y almas cariñosas y amables, cometieron el mismo pecado!
Fallecí, y cuando fallecí y me convertí en un espíritu, mis creencias me acompañaban y permanecían mucho tiempo conmigo; y yo disfruté de mucha felicidad por el ejercicio de mis cualidades mentales, persiguiendo ciertos estudios acerca del mundo de los espíritus. Me encontré con muchos espíritus afines, y en nuestro intercambio de pensamientos, descubrí lo que era interesante y provechoso. Pero, después de un tiempo, por razones incomprensibles, estos placeres del disfrute intelectual, dejaron de tener estas propiedades satisfactorias como las tenían antes, y sentí que algo faltaba, pero no comprendí lo que era, y mis compañeros no me lo podían decir.
En mis migraciones me encontré con muchos espíritus, y ya que siempre buscaba ansiosamente la verdad, no vacilé en preguntarIes a aquellos, de los que pensé podían iluminarme, y por fin, en mi búsqueda, vi a un espíritu muy hermoso y luminoso el más hermoso que había visto jamás y con una curiosidad en el buen sentido, le pregunté por la causa de su hermosura, luminosidad y aparente felicidad, y con una voz llena de amor y con una mirada de gran lástima y compasión, él me explicó que había solo una causa, a saber, que había recibido, a través de la intervención del Espíritu Santo, el Amor de Dios en su alma, y como consecuencia de esto, él se había transformado de un espíritu feo y obscuro en la condición en la que yo le vi.
Ya puedes imaginarte mi sorpresa. Fue como un relámpago desde un cielo despejado. Fue la prueba clara, palpable y convincente de que el Espíritu Santo realmente existe, que realmente causa el influjo del Amor de Dios en las almas humanas y de los espíritus, y que su trabajo logra resultados gloriosos. ¿Dónde estaba ahora mi creencia, de que solo cinco sentidos y los poderes de la razón de mi mente servían para descubrirme la verdad? Ay, te digo, ¡fue un shock para mí! Y entonces, me acordé de las enseñanzas en la Biblia y de mi temprana vida como ministro, y con esas memorias, llegó la convicción de la equivocación terrible que había cometido en la tierra. Y lo peor de todo, lo que resonaba mi perdición eterna, vino la memoria de mi blasfemia y de que había cometido el pecado imperdonable contra el Espíritu Santo, y que para mí, nunca, ni en toda la eternidad, existía la posibilidad del perdón.
¿Por qué no debería morir toda esperanza dentro de mí? Murió, y puedes sorprenderte al decir que no puede existir esperanza alguna, y que tengo que sufrir y seguir en esta condición de tinieblas y muerte del alma por todos los largos años en el futuro.
Así ves, este momento de esperanza, cuando vine a ti, o más bien ese momento me incitó a molestarte con mi historia infeliz de por qué estoy más allá de toda esperanza por el perdón o expectativa de felicidad o vida en el vasto futuro.
Así mi amigo, estoy en la posición de Dives; yo mismo, no puedo sacar beneficio de este conocimiento de la verdad acerca del Espíritu Santo, y de la perdición segura por la blasfemia contra Su obra y misión, sin embargo, puedo encomendarte gritar la advertencia a todos los mortales, para que no nieguen al Espíritu Santo o articulen palabras blasfemas en Su contra.
Bien, ocupé más tiempo tuyo de lo debido, y terminaré de escribir.
Me llamé S. B. C._____. Viví en Glasgow, Escocia, y fallecí en 1876, en una creencia fatal y falsa, como traidor de mi joven fe.
(Mi querido amigo, estás equivocado en tu creencia, de que para ti, ya no existe la esperanza por el perdón o la felicidad definitiva. Si bien es verdad, que el descuido de rezar por el Amor Divino de Dios, conferido a través de la mediación de Su Espíritu Santo, realmente es un pecado de omisión, no es verdad, como estás diciendo, que ahora estás más allá de la redención. Justo como el Padre, en Su Gran Amor y Misericordia, extiende Su Perdón en la tierra al verdadero penitente, así, en el mundo de los espíritus, Su Perdón está igualmente disponible ahora, si sinceramente pides Su Amor a través de la oración.
Quisiera proponer, que sometas mis palabras a la prueba, orando al Padre con todas las verdaderas ansias, para que Su Amor fluya en tu alma, y verás si recibes Su Respuesta Amororsa o no. Y, para instruirte más en esto, quisiera animarte a que recibas el consejo de espíritus luminosos, pues ellos mismos, como espíritus, han experimentado el efecto maravilloso de la oración por el Amor redentor de Dios.)
Diría, si pudieses demostrarme la verdad de lo que estás diciendo, que sería el hombre más feliz de todo el mundo de los espíritus, y buscaría este Amor de Dios con mi corazón y con mi alma. Pero siento que estás despertando falsas esperanzas en mí. Bien, si realmente dices lo que conoces, trataré de creer lo que se me diga; y te aseguro que escucharé con suma atención y respeto a lo que se diga y, desde luego, si realmente veo alguna esperanza, la agarraré y nunca la dejaré escapar. Pero me será difícil creer que exista el perdón para mí.
(Bien, para que su cumplan tus esperanzas, tienes que estar preparado a prestar atención a estos espíritus, con un corazón y una mente abiertos, y sin nociones preconcebidas.)
Sí, lo prometo, intentaré escuchar sin dejarme influir por mis presentes creencias, tanto como pueda.
(Mira en tu alrededor, y dime lo que estás viendo.)
Bien, veo a un gran número de espíritus algunos muy infelices, otros no tan infelices, pero obscuros y repulsivos.
(Mira bien. ¿No ves a algunos, que parecen luminosos y felices?)
Sí, veo a algunos espíritus luminosos, iguales a aquel, quien me dijo que su hermosura y felicidad provenían del trabajo del Espíritu Santo en su alma.
(Ahora quiero que le pidas a uno de estos espíritus, que mi abuela, Ann Rollins, venga a ti. Cuando venga, explícale lo que me dijiste, y por favor, infórmame el resultado de su conversación.)
Le dije lo que me comunicaste, y ella me responde:
"Mi querido hermano, estás equivocado pensando que te encuentras más allá del perdón, porque la Misericordia del Padre es tan grande y Su Amor tan abundante, que son suficientes para redimir al pecador más vil que jamás existía o existirá en Su grandioso universo. Entonces, si vienes conmigo, te mostraré los resultados de esta Misericordia y de este Amor del Padre, y pronto te darás cuenta de que esta Misericordia y este Amor son para ti, aunque creas ahora que estás más allá de la redención."
Y me miró con tanto amor y tanta compasión, que ya siento haber estado equivocado, y la acompañaré. Así, mi querido amigo, volveré y te relataré mi experiencia con tu abuela.
Créeme, te agradezco mucho por tu interés, y permíteme suscribirme.
Tu amigo agradecido, y buenas noches.
S. B. C.___
Ann Rollins La creencia en el pecado imperdonable es injuriosa y blasfema contra el Padre Amoroso.
Yo estoy aquí, tu abuela.
Estuve escuchando su conversación esta noche, y me alegra ver, que tú y tu amigo están creciendo en sus concepciones de la verdad.
El asunto del pecado imperdonable es de una importancia transcendental para el mundo, especialmente en vista del hecho, de que tantos de los ministros ortodoxos lo enseñan como algo que realmente existe, y es tan horrible en sus consecuencias.
Pero gracias al Maestro, esta enseñanza, en el futuro cercano, ya no podrá difundirse sin ser cuestionada, porque la verdad en este particular se expondrá con tanta claridad, que los hombres dejarán de creer en ella, y como consecuencia, se liberarán de un miedo, que apartó a muchos de la búsqueda por el Amor y favor del Padre.
Sé que esta revelación de la verdad llevará la contraria a muchos de estos predicadores, quienes ven que es uno de los instrumentos más fuertes, que les permite mantener junta su organización. Pero este antagonismo no prevalecerá, ya que la verdad ganará, y la humanidad aceptará esta verdad con regocijo y alegría, cuando piense independientemente.
Es extraño, que los que profesan son los ministros de Cristo, tanto desprestigian y blasfeman el Padre amoroso único, y estimulan a los hombres, que le vean como a un Dios de ira insaciable, y Quien, porque un hombre se rehusa a creer en las doctrinas de las iglesias, le destina al castigo eterno y al infierno; y cuando llegue a la condición de dureza de corazón, que, como dijo tu predicador, "incluso Dios Mismo no le puede salvar."
Ay, es lastimoso, que estas doctrinas erróneas y perjudiciales puedan enseñarse, y lo que es lo peor, por ministros que profesan ser del amoroso y humilde Jesús.
Así, my hijo, tú y tu amigo, siempre cuando se presente la oportunidad de combatir esta enseñanza monstruosa, háganlo con toda su fuerza y poder de conclusión, y demuestren e indiquen al mundo, que esta enseñanza no es la verdad, y que para cada pecador existe la oportunidad para salvarse, y que Dios ama al hombre, que no cree en Él, igual que ama al creyente, sólo que el primero no participará en la Naturaleza Divina, mientras el último sí lo hará.
Quise escribir esto esta noche, porque pensé que el tiempo era oportuno, para impresionarte la falsedad de este gran dogma, que no tiene fundamento en verdad o en el plan de Dios para la salvación de la humanidad.
Bien, no escribiré más esta noche, porque otros están presentes y quieren escribirte, pero antes de concluir, quisiera decir, en cumplimiento de lo que hoy te declaró Juan, que él está presente, y con él está su gran influencia de Amor.
Así, con todo mi amor, les bendigo a ambos.
Tu abuela
Jesús El Espíritu Santo no es Dios. No existe el pecado imperdonable.
Yo estoy aquí, Jesús.
Quiero decirte, una vez para siempre, que el Espíritu Santo no es Dios, y que el pecado imperdonable es algo, que simplemente no existe, ni en el mundo de los mortales, ni en el mundo de los espíritus. Yo nunca utilicé esta expresión, contenida en la Biblia, refiriéndome al pecado imperdonable, y ha causado más daño a mi causa que la mayoría de los demás errores.
Bien, yo no fui engendrado por el Espíritu Santo, como muchos creen. Fui un hombre, creado y nacido como cualquier otra persona; sólo, como te dije, fui libre de pecados.
Todos los escritos, que ponen al Espíritu Santo al mismo nivel que el Padre, son falsos. El Espíritu Santo, como te dije, es solamente el instrumento de Dios, para realizar Su obra entre los hombres, y cuando los hombres creen, que el Espíritu Santo es Dios, es blasfemia pero incluso aquel pecado les será perdonado.
Espero que antes de terminar nuestros escritos, explicaré con tanta claridad y convincentemente, que el Espíritu Santo no es Dios, sino solamente un espíritu, aunque sea el Espíritu Supremo en Su Reino, que los hombres dejen de adorarlo como a Dios.
(¿Escribirás un mensaje sobre el tema?)
Sí, escribiré un mensaje formal sobre el tema, y tú verás, que el Espíritu Santo no puede nunca ser Dios. Por eso, no permitas que esta pregunta se interponga en tu fe en mí, o en lo que te escriba. Ahora estás en el camino hacia la verdad y el Reino; y si continúas orando y teniendo fe, te convertirás en un habitante de aquel Reino, no importa lo que diga la Biblia, que se encuentra en conflicto aparente, con lo que escribo. Así, con todo mi amor, te diré buenas noches.
Tu amigo y hermano,
Jesús
San Lucas No existe el pecado imperdonable, como el predicador lo enseñó.
Yo estoy aquí, San Lucas.
Estuve contigo en la iglesia, y escuché el sermón acerca del pecado imperdonable, y estuve muy interesado en la manera, como el predicador trató el tema. Su discurso fue muy plausible, pero no fue la verdad. Como Jesús te ha dicho, el pecado imperdonable no existe, y todos los hombres en esta vida y en la venidera, tendrán la oportunidad de salvarse de sus pecados, y llegar a la unión con el Padre.
El gran peligro en esta clase de sermones, como el que se dio esta noche, es que los hombres, que no llegaron a creer en Jesús como el Salvador del mundo, y me refiero a la expresión en el sentido, como te lo explicamos, estos hombres pues creerán, cuando lleguen a cierta edad, y encuentran que sus almas no tienen ninguna inclinación o deseo de buscar el camino al Amor de Dios, o a una reconciliación con Él, que han cometido el pecado imperdonable, y por lo tanto, que no tiene ningún sentido para ellos, tratar de encontrar el camino a la salvación. Es una doctrina condenable, y el predicador, que la anunció, ha incurrido en una responsabilidad espantosa y terrible, porque en la vida en el más allá, muy probablemente va a encontrarse con espíritus en una condición de tinieblas y estancamiento de alma, que le dirán que por sus sermones perdieron toda esperanza de salvación, y siguen creyendo en el momento, en que se encuentran con él, como lo hicieron en la tierra. Y él, posiblemente, ve los errores de sus enseñanzas equivocadas: y entonces le vendrá el remordimiento, y reflexiones amargas de estas enseñanzas, y el gran daño, que ocasionó a estos espíritus obscuros.
Cuando los hombres lleguen a conocer la verdad, y la conocerán, cuando el Maestro haya entregado, a través de ti, sus mensajes, ya no tendrán que correr riesgo de ser amarrados por estas falsas creencias, como aquella de la que hablo. Pero antes de este tiempo, con tantos predicadores y especialmente los llamados evangelistas, que se esfuerzan por obligar a los hombres a aceptar las creencias erróneas, que enseñan abusando del temor a la damnación eterna, muchos hombres habrán formado estas creencias, y sufrirán las consecuencias, que estas falsas creencias conllevan.
Me dio lástima, que nadie se levantara en la iglesia, y se resintiera por su doctrina del pecado imperdonable, y dijera a toda la gente, que no existe semejante cosa, sino que el Amor del Padre está esperando para cualquiera quien le busque, en gran riqueza y libre para obtenerlo, y que si los hombres sólo vendrán al Padre en oración y fe, aquel Amor les será concedido, y la salvación y la inmortalidad serán suyas.
La edad de un hombre no tiene nada que ver con su salvación; es tanto para los viejos, como para los jóvenes, y no se debe interponer ninguna idea o sugerencia de un pecado imperdonable, previniendo al hombre que crea, que el Gran Amor del Padre le está esperando. Por lo que ves, con algunas verdades predicadas por estos ministros ortodoxos, viene una buena cantidad de errores, y el efecto de los últimos es la prevención y la neutralización de cualquier bien, que la verdad en cambio hubiese conferido a los hombres.
Bien, estos grandes errores fueron predicados, y ya causaron daño durante muchos siglos, y será duro convencer a los hombres, que esto no son las verdaderas doctrinas de Jesús, y que las verdades aseveradas, que están enseñando, no son las únicas verdades. No escribiré más esta noche.
Diré con mi amor y mis bendiciones, que soy,
Tu hermano en Cristo,
San Lucas
Latham corrobora el mensaje de San Lucas sobre el "pecado imperdonable".
Yo estoy aquí, Latham.
Fui un predicador en los días de la Reforma, y fallecí en Inglaterra, como mártir por mis creencias y prédicas.
Sólo vine para decirte, que tienes que creer en lo que Lucas te escribió acerca del pecado imperdonable, porque sé que no existe, ya que muchos hombres, que en la tierra negaron a Dios y al Espíritu Santo, mientras tanto llegaron al mundo de los espíritus, y encontraron el Amor Divino del Padre y la salvación.
Sé que posiblemente no fue necesario, que dijera esto, sin embargo, me pareció lo mejor hacerlo, porque fui un hombre y me convertí en espíritu mucho después de Lucas, y lo que él dijo, fue la verdad en mis días, y es la verdad ahora.
No escribiré más, sino me despido. Tu hermano en Cristo,
Charles Latham
Pablo niega el pecado imperdonable.
Yo soy San Pablo.
Sí, traté de escribir mi nombre, pero me confundí un poco, y lo dejé. Pero ya ahora estoy bien.
Sólo quiero decir que no existe el pecado imperdonable, como el predicador lo enseñó, y el predicador está totalmente equivocado, porque ninguna alma carece del privilegio de venir al Padre, y obtener Su Amor y Misericordia, incluso en el mundo de los espíritus.
No me encuentro en condiciones para escribir más esta noche, y tú tampoco, mejor terminemos.
Tu hermano en Cristo,
Pablo
Yo estoy aquí, Samuel.
No, no te he escrito por mucho tiempo, aunque sí estuve contigo muy a menudo, vi como escribieron los otros espíritus, y escuché la conversación de ti y tus amigos en muchas ocasiones, cuando discutieron sobre la verdad de lo espiritual, y comentaste los mensajes que recibiste acerca de los sermones de los predicadores, que trataron de explicar lo que ellos llamaron las verdades de la Biblia.
Esta noche deseo decir unas pocas palabras sobre el tema: "¿Cuál es la causa de la inquietud en las almas de los hombres, que ahora existe en el mundo?"
Este es un tema, ya sé, que últimamente ha sido discutido ampliamente, y muchas causas se presentaron, y se trató de explicarlas como la base para las condiciones de los hombres, individualmente y en conjunto como naciones. Me doy cuenta, de que es una pregunta amplia y global. Y discutirla en todas sus facetas, tomaría mucho más tiempo, de lo que podemos dedicarla esta noche, y por lo tanto, llamaré la atención a sólo unas pocas de esas causas.
En primer lugar, el hombre fue creado de una manera, o más bien, él mismo se colocó en una condición, que el amor propio o el egoísmo y me refiero al egoísmo netamente humano y no a la clase superior y correcta se ha convertido en la motivación principal o en el principio activo de todos sus móviles para hacer algo o no hacerlo, y al actuar de esta manera, los derechos de otras personas quedan relegados a un segundo plano. Si el reconocimiento de estos derechos no involucra ningún sacrificio de lo que él considera es su propia ventaja, entonces esos derechos pueden reconocerse y se les permite ser tomados en cuenta; pero cuando existe un conflicto entre su concepción de lo que él tiene el derecho, y los derechos reales de su hermano o amigo, o de cualquier extraño, sólo verá la justicia de sus propios derechos, y sus acciones subsecuentes se basarán en este concepto; y teniendo este móvil de egoísmo predominante y controlando sus acciones, raras veces ocurre, que se reconozcan los derechos de otras personas con justicia, y por lo tanto, surge la injusticia y el perjuicio; y el deseo de conferir aquello, lo que por su naturaleza propia surgiría de la concepción de los derechos de estos hermanos, se lo ignora.
Tu hermano en Cristo,
Samuel
Pablo: Sus comentarios acerca de las creencias del predicador. La perfección es un término relativo.
Yo estoy aquí, San Pablo.
Estuve contigo esta noche en la reunión, y escuché lo que el joven dijo acerca de la perfección, y estoy al cien por cien de acuerdo con sus ideas, y con la aplicación de la verdad en las vidas de los seres humanos. Tuvo una concepción correcta, de lo que significa la perfección, y cuando dijo, que perfección es un término relativo, pronunció la verdad exacta. Ningún hombre puede anticipar llegar a tener la perfección del Padre en cantidad, pero puede tenerla en cualidad; porque el espíritu de verdad, que entra en el alma de una persona, en respuesta a la oración y a la fe, forma parte de la Naturaleza Divina del Padre, y la esencia es la misma, y la cualidad tiene que ser la misma; pero, desde luego, ningún hombre puede obtenerlo en una magnitud, que le haría puro y santo, tal como es el Padre. Incluso nosotros, que vivimos en los altos Cielos Celestiales, no tenemos la perfección, que el Padre posee. Pero los hombres deben conocer, que incluso en la tierra pueden obtener el influjo del Espíritu Santo en sus corazones en un grado, que los pecados y los errores serán erradicados en su totalidad. Esto, digo, es posible, pero pocos logran este estado de perfección, porque asuntos mundanos y apetitos naturales, que los mortales poseen, siempre interfieren con la actitud del espíritu en las almas humanas, por lo que la perfección de esta naturaleza no se logra. Pero a pesar de esta dificultad y de los deseos materiales de los hombres, siempre deberían tener el ideal perfecto frente a sus ojos, y esforzarse por obtenerlos.
El discurso me interesó mucho, no sólo porque se basó en un texto atribuido a mí, sino también por la correcta concepción y explicación propuesta por el joven.
Pude ver su alma y su funcionamiento, y dio mucha alegría el ver que tenía este Amor Divino en un grado tan fuera de lo común, que casi le hizo apropiado para un hogar en las esferas Celestiales.
Te beneficiaste por lo que él dijo, y sentiste la influencia de la presencia del Espíritu Santo en la reunión.
Si la gente de esta iglesia comprendiera, que sólo hay una cosa, la que les salva de sus pecados, y les permite ser uno solo con el Padre, y que esta es el influjo del Amor Divino en sus almas, a lo que Jesús se refirió al decirle a Nicodemo, que tenía que NACER DE NUEVO, podrían fácilmente ver, que su doctrina de la santidad no sólo es una doctrina razonable, sino que también está en armonía con las verdades de Dios; porque cuando este Amor Divino llena sus almas, todos los pecados y errores tienen que desaparecer.
Desde luego, esto es una cuestión relativa, porque depende de cuánto de este Amor Divino esté en sus almas, para determinar, cuánto de pecado y de error existe en ellos. Mientras más del Amor Divino, menos del pecado, y al revés, mientras más del pecado, menos del Amor Divino.
Pero, quiero decir con todo el énfasis del que soy capaz, que es posible para un ser humano, obtener tanto de este Amor Divino en su alma, que los pecados serán erradicados en su totalidad. Esta fue la doctrina, que Jesús enseñó, y esta es la verdad de Ley de Amor de Dios.
Sé que la gran mayoría de la humanidad no cree en esta verdad, y piensa que es una insensatez, y que aquellos, que aseveran haber recibido este Amor Divino en gran magnitud, son fanáticos entusiastas, y no dignos de crédito, pero quiero decirte, que el Maestro jamás proclamó verdad más grande; y algún día, en un futuro no muy distante, muchos hombres, que ahora son Cristianos netamente intelectuales, creerán, aceptarán y experimentarán esta gran verdad.
Tu asistencia en estas reuniones te beneficiará enormemente, y si bien existen algunas cosas en su credo, con las que yo no estoy de acuerdo, poseen la verdad fundamental, de que el Amor Divino del Padre puede limpiar sus almas de todos los pecados, y transformarlos en personas perfectas, en la medida en la que reciban aquel Amor en sus almas.
No escribiré más esta noche, pero te diré, que el Espíritu Santo, que transporta el Amor de Dios a los hombres, está con esta gente en gran poder y plenitud, y manifiesta su labor de una manera real e irresistible. Y Dios les bendice, y les da aquella fe, que les permite salir adelante y llegar a ser herederos de la inmortalidad, y alcanzar hogares en los Cielos Celestiales.
Así, sin ocupar más de tu tiempo, me despediré, y que Dios te bendiga.
Tu hermano en Cristo,
San Pablo
Jesús atendió el servicio en la iglesia con el Sr. Padgett, y comenta sobre la creencia de la gente.
Yo estoy aquí, Jesús.
Escuché lo que Pablo escribió, y corroboro todo lo que dijo, que esa gente persigue el camino verdadero a la herencia, que les prometí, cuando estuve en la tierra. Su fe es maravillosa, y los frutos de su ejercicio se muestran en la condición de sus almas y en sus vidas.
Poseen la concepción de alma de la religión y de mis verdades, y si bien no entienden con su intelecto la filosofía de mis enseñanzas, con sus percepciones de alma captaron el gran fundamento de la verdad de salvación a través del Amor Divino del Padre.
Cómo no, cantan y proclaman que mi sangre les salva de los pecados, pero esto no es más que el ejercicio de sus concepciones mentales, aprendidas por las enseñanzas y credos de las iglesias; sin embargo, captaron la grande y única verdad de salvación con el conocimiento mucho más cierto, que el despertar de sus almas por el Amor Divino les brinda.
Cuán deseable es, que todas las iglesias de culto formal y mental comprendiesen, que el único culto verdadero de Dios llega con las percepciones de alma. Sólo con estas percepciones, que se desarrollan con la obtención del Amor Divino, podemos ver a Dios. Sólo por ese desarrollo podemos llegar a ser puros, santos y unos con el Padre, y participantes en Su Naturaleza Divina.
Me alegro que hayas asistido a esa iglesia (Church of the Holiness [Iglesia de la Santidad]), y te aconsejo visitarla con frecuencia, porque te digo, el espíritu de verdad y Amor está con esa gente en un muy alto grado, y eso porque sus almas están abiertas para su influjo y para su servicio.
Otra vez estuve contigo esta noche, y también estuvo el espíritu de verdad, tratando de abrir tu alma a su influencia, y a aquello, lo que incrementará tu fe y tu confianza en mí. Ninguna otra iglesia te beneficiará tanto como esta, y te aconsejo asistir. Por supuesto, no necesitas creer en su credo, sino sólo en la realidad, de que el Espíritu Santo está allí con todo su poder reconfortante, como a veces lo cantan.
Así, con todo mi amor te digo buenas noches.
Tu hermano y amigo,
Jesús
Santiago Las debilidades de la mente y de las cualidades morales humanas
Yo estoy aquí, Santiago, y vine para escribir sobre el tema de: "Las debilidades de la mente y de las cualidades morales humanas".
Escuché como leíste el mensaje del Maestro, y creo que en ello vas a encontrar muchas verdades, sobre las que puedes reflexionar, y deseo sumar un poco a lo que se ha dicho en ello. Y aquí, quisiera decir adicionalmente que, si bien aquel mensaje fue destinado para ti personalmente, sin embargo, la verdad y el consejo contenidos pueden aplicarse por todos los mortales, y buenos desenlaces seguirán, no importa quien sea el mortal.
Ya llevo, como bien conoces, mucho siglos en el mundo de los espíritus, como ustedes conciben el tiempo, y durante este largo período, estuve muy cerca de mortales en todas partes de la tierra, y de todas las nacionalidades, creencias, educación e iluminación espiritual, y en mis experiencias con estos mortales, observé la naturaleza, las tentaciones y los diversos caminos, en los las tentaciones acosan a mortales, y sus esfuerzos por superar las mismas, conjuntamente con su triunfos y sus fracasos..
Ahora, primero permíteme decir que, la naturaleza del hombre es, hoy en día, la misma de la que era, cuando yo vivía en la tierra, y las perversiones y pecados de las almas de los hombres son tantos y de la misma clase, como lo eran en mis días en la carne, y las tentaciones, tanto exteriormente como en el interior, son igualmente difíciles de superar, de lo que eran, cuando el Maestro proclamaba las buenas nuevas del Amor y de la redención; excepto que anteriormente, el hombre no contó con el Amor Divino, para ayudarle a superar y sojuzgar estas tentaciones, como ahora lo posee. Y la pena es que, si bien este Gran Auxilio y Regenerador, y el Conquistador del pecado y de la tentación está ahora en el mundo de los mortales, y sujeto a su llamado, tan pocos en comparación lo llaman, o se dan cuenta de la realidad, de que este auxilio siempre les espera, para facilitarles superar las tentaciones.
Antes de la venida del Amor Divino, las verdades morales eran enseñadas a los hombres, justo como en el presente, y muchos hombres, y no necesariamente entre los Judíos, comprendían y trataban de aplicar estas verdades a su vida diaria, y se esforzaban por superar las tentaciones, que nacen de los pecados, que tan constantemente formaban parte de su existencia, y que también provenían de la influencia de los espíritus malos. Es una concepción completamente equivocada suponer, que en estos tiempos antiguos y entre estas razas antiguas, los preceptos morales no estaban desarrollados ni se enseñaban; los hombres en aquel entonces luchaban por superar las tentaciones, y por llegar a ser buenos y nobles en la medida, que su comprensión de estas verdades y principios morales, y su aplicación, se lo permitiera.
Durante todas las épocas, desde la caída de los primeros padres, los hombres poseían cierto conocimiento, de más o menos extensión, de lo que se llama las verdades morales, y el amor natural del hombre existía en una condición más o menos imperfecta. Los hombres eran buenos, cariñosos, honestos, y en cierto grado controlaban sus apetitos y tendencias a llevar vidas malas; y la suposición, de que los hombres de hoy día no están sujetos a tentaciones de esta magnitud, y que por sí mismos son capaces de resistir mejor las mismas, es una equivocación. La gran guerra presente comprueba el hecho, porque los hombres no eran nunca me refiero a aquellos, que pretenden tener cultura y civilización tan brutales en sus acciones, y tan obviamente carentes de toda concepción de lo que es bueno, y lo que es malo, como lo son muchos de aquellos metidos en esta lucha actual.
Por eso digo, los hombres del presente no pueden jactarse de tener más cualidades morales que aquellos de los tiempos, cuando eran supuestamente paganos y subdesarrollados en estas cualidades morales.
Desde luego, existe en el mundo hoy más de lo que se llama la educación y el convencionalismo, pero detrás de estas cosas, los que son en gran parte productos del desarrollo netamente intelectual, los hombres poseen las mismas almas pervertidas, o más bien apetitos y deseos, y están sujetos a las mismas tentaciones como lo estaban los hombres de la antigüedad; y si se dejara a la humanidad dependiente de la cultivación y la mejora de estos poderes exclusivamente morales, temo que la tentación continuaría teniendo toda su influencia y dañino vigor sobre las almas de los hombres, que los tenía en el pasado.
Sé que se dice que " el mundo está mejorando"; pero la pregunta es, ¿es verdad esta aseveración? Y si es así, ¿cuál es la causa?
Ve a la India y a la China y a cualquier otro país, donde prevalecen exclusivamente las enseñanzas de las supuestas leyes morales, y averigua, si ha habido cierta mejora en la condición de las almas de los hombres, y si han logrado de alguna manera, superar las tentaciones, a las que la raza humana está sujeta; y averiguando, verás que excepto en el caso de unos pocos individuos de esa gente, las condiciones de sus mentes y almas siguen pervertidas de la misma manera, como lo estuvieron hace siglos, y que sólo en aquellos países, donde la influencia de naciones Cristianas gobierna, la gente suprime las tendencias de mentes pervertidas, para hacer lo que nace de la falta de práctica de los preceptos o del conocimiento morales.
Esta es la verdad de lo que lograron las enseñanzas netamente morales, donde solamente se enseñan las verdades exclusivamente morales, como se supone.
Las tentaciones están con el hombre, y siempre estarán con él, a menos que las controle o supere por medio de algo superior o más cierto, de lo que los hombres conciben son las verdades morales.
Ahora, de esto puedes ver, que preceptos netamente morales no lograrán necesariamente o, por lo menos, no en un futuro cercano, la destrucción de los poderes de la tentación, que nacen de la naturaleza pervertida de los mortales.
Tengo que terminar ahora, y al hacerlo, te dejo mi amor y mis bendiciones.
Buenas noches. Tu hermano en Cristo,
Santiago,
hermano de Juan
Yo estoy aquí, tu verdadera y amorosa Helen.
Bien, cariño, pasaste una noche muy agradable, y nosotros también, al escuchar su conversación, y diciendo "nosotros", me refiero a los muchos espíritus, que están interesados en ti y en el Doctor.
Santiago escribió, y si bien no escribió con tanta facilidad, como lo acostumbra hacer, transmitió algunas verdades importantes, que descubrirás, leyendo detenidamente sus mensajes.
Buenas noches, y que Dios les bendiga a ambos, esta es la oración de
Tu verdadera y amorosa,
Helen
Yo estoy aquí, Lucas.
No te he escrito por algún tiempo, y deseo escribir un corto mensaje esta noche sobre el tema de: Lo que es necesario, que el hombre lo haga, para recuperar la pureza de alma y amor, como los primeros padres la poseían me refiero al hombre que posee solamente el amor natural.
Bien, en primer lugar, debe comprender que él es una criatura perfecta de Dios, y que sus pecados y enfermedades solamente son el resultado de sus propios pensamientos, y de cualidades, que le fueron transmitidas, a través de las largas épocas, por sus ancestros, que vivían en la tierra.
No debe suponer que estos pecados y deseos son inherentes en él o parte de su creación, porque no es así, solamente son como una acrecencia, que se le adhirió a causa de sus pensamientos y del estilo de vida, que consecuentemente vivía, y cuando él cambia los pensamientos, lo que necesariamente también cambiará su modo de vivir, verá que puede progresar hacia la condición del hombre perfecto.
Yo sé que muchos de estos pensamientos tienen raíces tan profundas, que casi parecen formar parte de s naturaleza misma, y sólo pueden erradicarse por la muerte de su cuerpo físico; pero esto no es la verdad, ya que el hombre, incluso en el pleno vigor de su hombría, y poseído de todos los apetitos y deseos, que surgen de la indulgencia pervertida de estos deseos, no importa si sea de parte de él mismo, o de parte de aquellos, de quienes se dice que los ha heredado, este hombre puede liberarse de estos deseos, y convertirse en un hombre, que sólo tiene pensamientos buenos, y deseos por aquello, que está en armonía con la naturaleza de su perfecta creación.
Esto, ya sé, al hombre le parece totalmente imposible, y al pensar así, no trata de lograr, lo que se puede lograr, según lo explico yo, y liberarse de aquellos pecados y apetitos perversos. La creencia casi universal en el pecado original, llevó a los hombres a través de todas las épocas, a que pensasen que esta clase de tarea no tiene esperanza, y por eso piensan y actúan exclusivamente de acuerdo con los apetitos y deseos, que Dios implantó en sus naturalezas, y que, mientras disfruten de estos pensamientos y deseos moderadamente o de una manera respetable, no están cometiendo nada contrario a la Voluntad de Dios o en contra de su propia naturaleza.
Pero esta doctrina del pecado original es una mentira burlesca y condenable, y mientras más pronto el hombre se dé cuenta del hecho, de que es un fraude y un engaño, más pronto será capaz de liberarse de aquello, lo que lo colocó en su actual condición, y lo que le ata las manos y los pies, por decirlo así.
La sumisión indolente a esta vieja creencia, que periódicamente se repite, es la principal, lo que le impide al hombre, que comience a progresar hacia la obtención de aquella condición, que significa pureza, salud y el hombre perfecto.
El hombre tiene que rechazar esta creencia y dejar de someterse, lo que, desgraciadamente tengo que decirlo, se fomenta por las enseñanzas de las iglesias ortodoxas, a fin de sostener e impulsar sus credos y dogmas, y para mostrarle al hombre, que no se le puede considerar digno de la misericordia del Padre, y que no puede obtener de ninguna manera aquella misericordia y la liberación de la gran ira y del castigo, que Dios le ha preparado, a menos que crea y reconozca, que es un hombre perdido, indigno del favor del Padre, o de la ayuda de las mediaciones, que el Padre utiliza, para asistir a los hombres en la recuperación de su bien perdido.
Si los hombres solamente pensasen, y al pensar comprendiesen, que ellos son hijos queridos del Padre y Su suprema creación, y que Él les aprecia encima de todas Sus criaturas, y que Él quiere que sepan, que son seres de tan maravillosas cualidades y posibilidades, entonces les vendría un sentido sobrecogedor y convincente, de lo que realmente son, y de cuán necesario es, que defiendan sus derechos como las criaturas excelsas del Padre, y comprenderían que ellos son los que dominan los pecados y de las enfermedades, porque ellos son los creadores de los mismos.
Cuando ellos asuman esta posición, y se adueñen de este conocimiento, encontrarán que poseen un poder maravilloso como criaturas del Padre, comprenderán que pueden dominar los pecados, de los que tienen que salirse.
Los hombres tienen que volver a pensar, y al pensar así, entender que Dios no desea, que su suprema criatura degenere en algo menor que el ser perfecto, que Él creó. A Él, no le adule y Él no goza del pensamiento, de que el hombre perdiera la calidad y decayera de Su perfecta creación, y que para volver a subir, él, el hombre, tiene que creer en que Dios tiene que mostrar Su poder, para rescatarle de su condición baja y desesperanzada. No, a Dios no le gusta, que el hombre asuma semejante actitud, ni necesita esa condición inerme del hombre, para que pueda demostrar Su poder, o gratificar lo que las enseñanzas de estos ortodoxos implican, Su vanidad, atributo que Él no posee.
En este detalle, el hombre tiene que elaborar su propia salvación, pero será una tarea difícil, mientras continúe creyendo y practicando, que él es una criatura del pecado original, y que Dios, en el principio, no le creó como un hombre perfecto, por lo que ahora sólo Dios puede remediar, lo que no suministró en la creación, y que el hombre, por sí mismo, no puede hacer nada. Que todo lo que tiene que hacer es esperar, hasta que le plazca a Dios volver a crearle, y por lo tanto quitar esta gran maldición del pecado original de su naturaleza. Ve la gran fatalidad de semejante creencia, y cómo contribuye a esclavizarle al hombre y hacerle obediente a esta falsa creencia en esta desgracia del pecado original.
Dios le dio al hombre, en su creación, el gran poder del albedrío, y el derecho de ejercerlo sin restricciones, sujeto solamente a las penalidades por un ejercicio ilegítimo; y por el ejercicio de aquel albedrío, el hombre creó los pecados y las enfermedades, y se pervirtió y cayó, y se adueñó de falsas creencias en cuanto a la perfección de su naturaleza. A través del ejercicio de este albedrío, el hombre mismo tiene que redimirse de su condición de perversión y falsas creencias, y volver a ser el hombre perfecto la creación enteramente perfecta de Dios.
Igual que el hombre fue, en el principio, el hijo perfecto de Dios, y por su propia voluntad creó a su propio y único diablo, así tiene que matarle con este mismo poder a este diablo, y volver a ser el hijo perfecto. Tiene que creer y declararse, y mostrar la sinceridad de sus creencias a través de sus acciones y de su vida, que él es un hijo perfecto del Padre quien no necesita ninguna creación nueva.
Esto lo escribí, para mostrarte, lo que el hombre fue en el principio, y lo que realmente y verdaderamente es en la actualidad; aunque esté cubierto de pecados, enfermedades y falsas creencias.
Para recuperar estos bienes perdidos, o mejor dicho, esta condición perdida, verá que al buscar, aprender y aplicar muchos de los preceptos morales de la Biblia y de otras llamadas escrituras sagradas, recibirá mucha ayuda y fortaleza en sus esfuerzos. Pero sobre todo, esto le permite comprender y creer con la certeza del conocimiento, que él es la creación suprema y más perfecta de Dios.
Ahora bien, de lo que yo acabo de decir, no debes deducir que el hombre sea su propio dios, y que no tenga ni necesite a un Padre cariñoso, quien se interesa por él, y siempre está dispuesto a brindarle ayuda, siempre cuando se lo pida honestamente y en sinceridad al Padre. El hombre siempre depende de Dios; pero Dios no reconoce esta dependencia, si el hombre no la reconoce primero, y si no muestra al Padre a través de sus ansias y pensamientos, que necesita ayuda.
Esto puede parecer increíble, pero el hombre fue creado tan independiente, por su gran poder de voluntad, con respecto a la dualidad de los pensamientos y deseos tanto espirituales, como materiales, que Dios nunca interfiere obligándole. El principio incluido en "CUALQUIERA QUE DESEE" tiene que ejercerse por el hombre, antes de que intervenga el Padre. Pero cuando se lo aplica, Él realmente interviene, y jamás se rehusa a responder al llamado del hombre sincero por ayuda, nunca nos decepciona.
Y Dios le ayuda al hombre, para que se recupere del estado de falsas creencias y de la degradación, como yo lo mencioné. Su Amor le abriga al hombre, y sus ayudantes siempre están listos y esperando a responder a Su llamado, para que les asistan a salir de la condición de pecado, enfermedad y falsas creencias; porque, como te lo he escrito en otro lugar, en el universo de Dios debe reinar la perfecta armonía, y el hombre actual, en cuanto a su propia perturbación de la armonía, no se encuentra en aquella armonía. Por último, el hombre, todos los hombres, volverán a convertirse en hombres perfectos.
Cómo no, comprenderás que lo que he escrito, no tiene validez para los hijos redimidos de Dios, que reciben el Nuevo Nacimiento y llegan a ser participantes de la Naturaleza Divina del Padre, porque en su caso, el hombre perfecto es absorbido en el ángel Divino.
He escrito más de lo que me había propuesto, pero el tema es interesante e importante, y pensé que era lo mejor escribir como lo he hecho.
Ahora te diré buenas noches, y te dejo con mi amor y mis bendiciones.
Tu hermano en Cristo,
Lucas
Nota:
(1) Jesús está muy arriba en las esferas Celestiales por haber rezado por y obtenido el Amor Divino en mayor magnitud que ningún otro espíritu Celestial. Cuando un espíritu obtiene una cantidad suficiente del Amor Divino en el alma, abandona la séptima esfera y entra en la primera Celestial, y luego progresa a la segunda esfera Celestial, y después a la tercera. Más allá de la tercera esfera Celestial, las esferas se gradúan de una manera, que ya no se usan números. D.G.S.