Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús


 

 

Volumen II

Capítulo 12

Las Verdades del mundo de los espíritus.

III. Los infiernos.

 

 

Mensajes incluidos en este capítulo:

Nerón — el Emperador Romano — Su experiencia en los infiernos y Su progreso a los Cielos Celestiales.

Un espíritu describe su experiencia en uno de los infiernos

Helen — Confirma que los espíritus que se suscribieron realmente pusieron sus nombres reales.

Swedenborg escribe sobre los infiernos. Se refiere a la tarea del Sr. Padgett, la recepción de los mensajes.

Herodes escribe sobre los infiernos. Corrobora el mensaje de Swedenborg acerca de los infiernos.

La Sra. Padgett confirma que Herodes escribió sobre los infiernos.

Juan confirma que Swedenborg y Herodes dieron descripciones veraces de los Infiernos.

Calígula, un Emperador Romano y asesino de Cristianos, que sufrió todos los horrores del infierno, pagó sus castigos, y ahora es un seguidor de Jesús, quien le ayudó a salir de las tinieblas.

Julio César escribe, que la posición terrenal de una persona no determina su morada espiritual

La Sra. Padgett confirma, que Julio César escribió

César está buscando el Amor Divino. La luz rompe en su alma.

César narra sus experiencias luego de haber recibido ayuda de un espíritu Divino

La Sra. Padgett confirma, que Julio César escribió

Elías — La esperanza de que todos los mortales tengan un destino futuro libre de preocupaciones e infelicidad.

Juan: Nadie sufrirá en el infierno por toda la eternidad — todos progresarán.

Helen — El hombre mismo tiene que esforzarse por superar la influencia de los espíritus malos.

Jesús: Explica las condiciones precisas, para que los espíritus superiores puedan ayudarles a los que viven en esferas inferiores.

Helen: Mensaje

 

 


 

 

12.

 

III. Los infiernos.

 

 

Nerón — el Emperador Romano — Su experiencia en los infiernos y Su progreso a los Cielos Celestiales.

 

Yo estoy aquí, el espíritu de alguien, quien vivió en la tierra la vida de un hombre maligno, de un perseguidor de los Cristianos, de un blasfemador de Dios y de todo lo que es puro y santo; y cuando había vivido mi vida hasta su final y me deshice de la envoltura mortal, y me convertí en un espíritu, también me convertí en habitante de los infiernos más profundos, donde todo es tinieblas y fustigación, la morada de diablos y lleno de todo lo que lleve al espíritu a la infelicidad y a la discordia con el Dios amoroso.

Me introduzco de este modo, a fin de demostrarte el maravilloso poder del Amor Divino, ya que ahora soy un habitante de las esferas Celestiales, y conozco que este Amor no sólo es real, sino que también es capaz de convertirle al más pervertido pecador en un participante y dueño de la Esencia Divina del Padre.

Mis sufrimientos sobrepasaron toda descripción, y fui el más degradado de los mortales, y los diablos del infierno casi me adoraron por el gran daño, que había infligido a los seguidores de Jesús, los que, en mi tiempo, poseían este Amor y esta fe, a los que no renunciaron, ni siquiera frente a los terrores de las fieras bestias de la arena, ni convertidos en antorchas de mi propio diseño maligno — en esta gran religión, que el Maestro les había enseñado, y que los discípulos seguían enseñando, cuando mandé a matar a tantos de ellos.

Los diablos me amaban por la maldad misma, que había cometido, pero es extraño decírtelo, los espíritus de aquellos, a quienes había mandado al mundo de los espíritus prematuramente, no planearon venganza, ni vinieron a mí con sus imprecaciones o maldiciones. Entonces, cuando ya había pasado suficiente tiempo en el mundo de los espíritus, para darme cuenta de mi ambiente, y de la naturaleza de estas maldades, los espíritus de los mártires, que yo había producido, vinieron a mí en simpatía y piedad, y de hecho, trataron muchas veces de ayudarme a salir de mis grandes sufrimientos y de las tinieblas. No comprendí este cariño inesperado, ni la evidencia del Amor, y me tomó mucho tiempo, hasta que creí que estos espíritus eran sinceros; y así, sufrí año tras año, y siglo tras siglo, y me convencí de que mi condición estaba fija, y que para mí, no existía esperanza alguna, y que el Dios, de quien había escuchado hablar, no era mi Dios, y que mi destino era tener a los diablos como a mis únicos compañeros a través de toda la eternidad.

Y así aguanté, desando morir, pero no pude. ¡Ay, te digo, fue horrible y más allá de toda concepción de los mortales! La ley operaba, y yo pagaba la penalidad, y no pude ver ningún fin del castigo.

No pude encontrar consuelo entre los que me rodeaban, y los placeres de los que disfruté antes, se convertían en burlas y mofa, y mi obscuridad y tormento incrementaron. Cuántas veces llamé a Dios, si realmente hubiese un Dios, para que me matara, pero la única respuesta fue la risa burlona de los diablos, que me dijeron que gritara más fuertemente, ya que Dios posiblemente estaba dormido, y quizá era sordo.

No sabía que hacer, y así me aislé de la mejor manera que pude de estos terribles asociados, y muchos años de mi vida, los pasé en las tinieblas de la soledad, no viendo ni un solo rayo de esperanza, ni el susurro de una palabra que me hubiese dicho: para ti puede haber un destino más agradable. Y así pasó el tiempo, y aguardé en mi miseria, para que viniera alguna clase de poder, para aniquilarme, pero esperé en vano.

Durante todo ese tiempo, los recuerdos de mis fechorías terrenales fueron como fierros al rojo vivo, calcinando mi alma, y abrasando mi cuerpo, como pensé, y no llegó ningún fin.

Bien, sufrí bajo los tormentos de los condenados, y me pareció como si fuera pagando todas las penalidades por todos los pecados y maldades, que fueron cometidos por todos los reyes, regentes y perseguidores malvados de la tierra. Muchas veces los chillidos de los niños Cristianos, y los quejidos de los hombres y mujeres, cuando fueron despedazados, miembro por miembro, o quemados como antorchas vivas, en las que les había convertido, vinieron a mí e incrementaron mi suplicio. Viví la vida de siglos de tormento en unos pocos momentos, así me pareció, y no pude obtener ni una sola gota de agua refrescante. Parece imposible que pudiese seguir viviendo bajo este sufrimiento, que iba aumentando cada vez, pero lo hice, porque tenía que hacerlo. La ley cumplió su tarea, y no hubo a nadie quien dijera: "¡basta ya!".

Pudiese escribir un libro entero sobre este sufrimiento mío, sin embargo, no comprenderías su significado, y por esa razón lo omitiré.

En mi soledad y sufrimiento, en una ocasión, un espíritu hermoso vino a mí, lleno de luz y amor, y toda una belleza de una joven mujer, como pensé, con ojos de piedad y anhelo, y dijo:

"No estás solo, sólo abre tus ojos, y verás la estrella de la esperanza, que es el símbolo del Amor del Padre, y de Su deseo de ayudarte. Yo soy hija de aquel Padre y dueña de Su gran Amor, que envuelve a todo, y te amo, aunque me hayas arrancado mi joven vida, cuando me arrojaste a las fieras bestias, para satisfacer tu sed por sangre inocente, y vea los sufrimientos y escuche los gemidos de tus víctimas, sin embargo, te amo, no porque sea un ser humano con una naturaleza cariñosa y de una disposición clemente, sino porque tengo en mí este Amor Divino del Padre, que me dice que soy tu hermana, y que tú eres un hijo del Padre, justo como yo soy Su hija, y el objeto de Su Amor, justo como yo fui el objeto de Su Amor. Sufriste, y mientras pasabas sufriendo, Su gran Amor salió hacia ti simpatía y deseo por ayudarte, pero tu, desgraciadamente, no le permitiste acercarse y guiarte hacia la luz, para que dejaras de sufrir. Y ahora, vengo a ti, tu joven, inocente víctima, que nunca te causó ningún daño en la tierra, quien sólo rezó por ti, y le pidió al Padre Celestial, para que quitase de tu corazón la gran maldad, que hizo sufrir a tantos de mi pueblo bajo la persecución de la muerte. Todos rezamos por ti, y nunca le pedimos a nuestro Padre, que de maldijera, ni que te hiciera sufrir. Y con frecuencia rezamos por ti, desde que vinimos al mundo de los espíritus, y seguimos rezando por tu ahora, y esto, porque te amamos, y queremos que estés feliz. Mira mis ojos, y verás que aquel Amor está allí, y lo que te digo es la verdad. Y ahora, ¿no puedes amarnos un poquito, abrir tu alma a nuestra simpatía, mandar lejos tus sensaciones de lobreguez y abatimiento por un momento, y darte cuenta, de que en este mundo de espíritus, existen algunos que te aman?"

Bien, el decir de que estuve sorprendido, no expresa mis sentimientos, y cuando miré los ojos encendidos de Amor de aquel hermoso espíritu, sentí como los grandes pecados de mi vida terrenal me sobrecogieron, y en mi desesperación grité: "Dios mío, ten misericordia conmigo, el peor de los pecadores," y por la primera vez en toda mi vida en los infiernos, lágrimas salieron de mis ojos, y mi corazón pareció tener una sentido de vida; y vinieron a mí sensaciones de remordimiento y arrepentimiento de todo lo malo, que había cometido.

Tomaría demasiado tiempo relatarte todo lo que siguió a esta rotura de mi alma, completamente encogida y muerta, y basta decir, que a partir de este momento, comencé a recibir esperanza, y a salir de mi terrible condición de obscuridad. Hacía falta mucho tiempo, pero por fin, llegué a la luz, y este Amor, del que el espíritu hermoso me contó por primera vez, poco a poco vino a mi alma, hasta que, por fin, alcancé la condición de dicha, en la que ahora me encuentro. Y durante todo ese tiempo de progreso, este espíritu radiante y amoroso vino a mí con frecuencia con sus palabras de Amor y valentía, y rezó por mí, y nunca me abandonó, cuando me llené de dudas y desesperación, como a veces sucedió. Y a medida que continuó mi despertar, el Amor vino en mi alma, y cuando me contó de las cosas celestiales, que yo poseería al progresar y alcanzar las esferas del alma, donde hay hogares bellos y espíritus puros y luminosos, cada vez me enamoré mas de ella. Después de poco tiempo, llegué a la tercera esfera, y me di cuenta, de que lo que ella me había dicho, era la verdad, sólo que yo había sido incapaz de comprender la magnitud de la verdad.

Entonces ella comenzó a describirme la felicidad de los espíritus hermosos de ambos sexos, a los que tantas veces vi juntos, y me explicó que ellos eran almas gemelas, y que su amor era el amor más grande de todos, excepto el Amor Divino, y que cada espíritu en todas las esferas tenía su alma gemela, y en el momento adecuado, la encontraría.

Mi amor por este espíritu amoroso se había convertido en tan intenso, que en las profundidades mismas de mi alma, deseaba y rezaba, que mi alma gemela sería como ella; y, finalmente, me enamoré tanto de ella, que le dije que lo único en todos los cielos, que necesitaba para colmar mi felicidad, era ella como mi alma gemela, pero que me daba cuenta, de que aquel deseo no tenía esperanza, ya que yo había destruido su vida, y cómo no, ella no podía ser mi alma gemela. Y ay, cuánto sufrí al percatarme de que ella no podía ser mía, sino que pertenecía a otro.

Cuando le confesé estas ansias y sentimientos sin esperanza de mi alma, ella se me acercó, me miré los ojos con un amor tan ardiente, y me abrazó diciendo:

"Yo soy tu alma gemela, y me enteré del hecho poco tiempo después de que viniste al mundo de los espíritus, y entraste en los infiernos de tinieblas, y durante todos los largos años recé y seguía rezando, para que venga el tiempo, cuando podría ir a ti con mi amor, y despertar en tu alma muerta la respuesta a mi gran amor. Y cuando vino el tiempo para verte, estuve tan agradecido con el Padre, que casi volé a ti, con un poco de temor, confieso, de ser decepcionada, para decirte que no te descuidamos, que pensamos en ti, pero que había una clase de amor en el mundo de los espíritus, que se te acercaba. Desde luego, no pude decirte de mi amor de alma gemela, porque en ese entonces no me hubieses entendido, pero a medida que se despertó tu alma, y el Amor del Padre vino a ti, me sentí cada vez más feliz, y esperé tan ansiosamente este momento, cuando podría contarte, que este Amor, que poseía tan conscientemente por tanto tiempo, era todo tuyo."

Bien, bajaré el telón aquí, pero te puedes imaginar mi felicidad, y cuando progresé de esfera a esfera, mi felicidad y amor por ella incrementaron cada vez más.

Por lo que te he relatado la vida en el mundo de los espíritus del hombre más pervertido, a quien Dios haya permitido vivir y gozar de sus sentimientos de odio y venganza. Y yo, quien pasé a través de esta experiencia, y comprendí lo que todo eso significa, te digo que el Amor Divino del Padre es capaz de salvar al peor de los pecadores, y realmente le salva, y de transformar al jefe de los diablos en un ángel Celestial de Sus supremas esferas.

Escribí mucho, y estás cansado.

Te doy mis gracias, me despido y me suscribo,

Tu hermano en Cristo,

Nerón

el Emperador Romano,

y una vez el perseguidor de los hijos verdaderos de Dios.

 

 


 

 

Un espíritu describe su experiencia en uno de los infiernos

 

Yo soy un espíritu, quien no puede relatarte las alegrías del cielo, pero puedo describirte los horrores del infierno, porque justo como esos otros espíritus te describieron sus hogares de belleza y felicidad, puedo describirte mi hogar de fealdad y tormento. ¿Deseas que prosiga?

(Sí, por favor, siga.)

Bueno, entonces, cuando viví en la tierra, fui un hombre de poderes intelectuales considerables y de gran conocimiento, pero también de una naturaleza animal intensa, de tal manera, que sojuzgó a mi juicio y a las pocas cualidades morales que poseía, y a fin de cuentas, me convertí en esclavo de mis apetitos, que eran diversas, especialmente mi apetito por el alcohol. Tenía muchos amigos de alto rango en la sociedad, me consideraban un periodista brillante, y tenía acceso a los círculos íntimos de la política, que entonces controlaban el gobierno.

Mi debilidad, o más bien, el efecto de la fuerza de mi naturaleza animal, fue conocida por muchos de mis amigos, y ellos, de varias maneras, trataron de ayudarme, rescatándome del curso maligno y destructor de mi vida, y a veces, tuve éxito enmendando mi conducta; pero, por desgracia, eso no duraba mucho, y volvía a recaer en mis hábitos deplorables, convirtiéndome en la víctima controlada de mis apetitos destructores.

La amistad humana y la simpatía, tenían sus límites, cómo no, y finalmente mis amigos me abandonaron como caso perdido, y con rumbo certero y con rapidez, me hundí cada vez más en mi condición moral, y por fin, fallecí como un borracho empedernido, sin nadie quien llorara por mí, nadie quien me recordara, excepto por las atrocidades que había cometido. Indudablemente, fue un alivio para mis amigos y conocidos, cuando pasé al otro lado, y les relevé para siempre de la sombra de mi presencia y del fantasma, que yo había sido.

Pero así terminé, y cuando llegué al mundo de los espíritus, encontré que seguía desierto de amigos, que se habían convertidos en espíritus antes que yo, excepto por algunos, a quienes les gustó la copa rebosante igual que a mí en la tierra, y quienes fueron habitantes del lugar poco atractivo, en el que yo mismo me encontré, cuando mi habitación se fijó.

Nunca en la tierra, pensé mucho en la vida futura, excepto para convencerme a mí mismo, de que no existía ningún infierno, y si existiera un Dios, Él no se preocuparía de mí, un hombre entre muchos millones.

Pero, desgraciadamente, fue un error fatal; ¡y el descubrimiento inesperado del hecho, de que sí existía un infierno! No sé si existe un Dios, porque nunca le vi, ni sentí Su influencia. Pero desde que vine a ti esta noche, y escuché los mensajes de aquellos, quienes describieron sus maravillosos hogares y su condición de felicidad, y todo eso atribuyeron al cariño y al cuidado de Dios, comencé a pensar, que tal vez realmente existe un Dios, y que mi equivocación fue mayor a lo que hasta ahora pensaba. Pro esto es una digresión de lo que me propuse escribir.

Existe un infierno, eso conozco por mi desgracia y mis sufrimientos, porque ya llevo tantos años en uno; y siempre es el mismo lugar de horrores y tinieblas, excepto a veces, cuando se ilumina por la llama de luz fulminante, que sale del rencor y de los sufrimientos de algún desafortunado, como yo mismo lo soy.

En este infierno mío, y hay muchos parecidos, en vez de bellos hogares, como los otros espíritus los describieron, tenemos tugurios sucios y podridos, torcidos y descomponiéndose, con todos los olores pútridos de una morgue, sólo diez veces más intensos, y en vez de hermosos céspedes, verdes praderas, y bosques frondosos, llenos de la música de los pájaros, cuyas canciones resuenan en bellos ecos, tenemos áridos desiertos, y huecos de obscuridad y lobreguez, y los gritos y maldiciones de espíritus condenados sin esperanza, y en vez de aguas vivas y plateadas, tenemos charcas estancadas, llenas de toda clase de reptiles y gusanos repulsivos, y el hedor inexpresablemente asqueroso.

Te digo que todo eso es real, no el producto de la imaginación, ni el reflejo de amargos recuerdos. Y en cuanto al amor, nunca mostró su cara humana en todos los años, que ya llevo aquí — sólo maldiciones, odio, insultos mordaces e imprecaciones, y espíritus sonriéndose con sarcasmo con sus risas solapadas, igual brujas. Ningún descanso, ninguna esperanza, ni una palabra amable ni mano de ayuda, que limpie las lágrimas escaldantes, que tantas veces fluyen con voluminoso caudal. No, el infierno es real, y el infierno está aquí.

No tenemos fuego ni azufre, ni diablos de sonrisa sarcástica con horquillas y pezuñas, como enseñan las iglesias; ¿pero esa clase de acompañamiento hace falta? No sumarían nada a los horrores o a nuestros tormentos. Te digo, amigo mío, que apenas describí un bosquejo nuestros hogares en estas regiones infernales, y no puedo pintarlos como realmente son.

Pero el horror y la lástima de todo eso es, que nunca nos llega la esperanza, ni una débil sonrisa, para darnos valentía, que tal vez algún día se acaben todos estos tormentos, y en nuestra desesperación, nos damos cuenta, de que nuestra perdición está fija, para toda la eternidad.

Como dijo el hombre rico en el infierno: si sólo pudiese mandar a Lázaro, para que les cuente a mis pobres hermanos desviados, en la tierra, lo que les espera, lo gustoso que lo haría, para salvar sus almas del tormento eterno.

Bien, Te he escrito una carta larga, y estoy cansado, porque es la primera vez que traté de escribir en muchos años, y me cae un poco difícil concentrar mis pensamientos, para poder escribir de una manera inteligente y coherente. Por eso tengo que terminar.

(Mi querido amigo y hermano, no te desesperes, pues trataré de ayudarte a salir de tu condición de tinieblas y sufrimiento, si tú me lo permites.)

Bien, te diré que eres el mejor amigo que he tenido, desde que me convertí en un marginado, todavía en la tierra, y que haré todo lo que me aconsejes, pero no debes esperar que tenga mucha esperanza, no dudo de tu deseo de ayudarme, sólo dudo de que puedas hacerlo.

(Muy bien, primero tienes que abrir tu corazón  y mente para la recepción de ayuda de los espíritus Celestiales espíritus que una vez eran mortales pecadores, igual que tú, antes de que llegaron a ser hijos plenamente redimidos de Dios, recibiendo Su Amor Divino a través de la oración. Adicionalmente, mientras tu extiendas tu mano hacia ellos de esta manera, yo también les pediré que se acerquen a ti, on su gran amor y cariño, para suministrarte la ayuda que necesitas. Y ya que ambos les llamamos, sencillamente mira alrededor de ti. Muy pronto aparecerán a tu vista.)

Bien, No entiendo, pero confío en ti, y trataré de creer en lo que me estás diciendo, sólo que, no produzcas en mí algo, lo que ya había perdido por tanto tiempo — quiero decir, la esperanza — y luego me dejas decepcionado. Bien, miré, como me lo aconsejaste, y veo a algunos espíritus, que son tan hermosos y luminosos, que apenas les puedo mirar. Nunca antes había visto a espíritus como ellos, ni me había imaginado que pudiese haber seres como ellos. Seguramente son dioses, vaya, toda esa gran felicidad y belleza, y el amor que tienen. Dime, ¿qu8é significa todo eso? ¿Es eso una estrella de esperanza, que vino a mí desde lejos, y me infunden confianza, de que estos infiernos no seguirán siendo mi hogar por siempre? Ay, dime, te lo pido, ¿son ellos los espíritus de verdaderos mortales, que vivieron en la tierra y fallecieron, igual que yo?

Este Amor, nunca lo he visto; y me miran con tanto ánimo, y con ojos casi humanos de amor, y me hacen señas, para que vaya con ellos. Les pregunté si el Sr. Riddle está aquí, y un espíritu se me acerca y dice que sí, y que él está contento de que le acompañe, ya que me conocía n la tierra, y conoce mi triste vida. Y ahora me acuerdo de él, porque fue un amigo, que vivió en la misma ciudad que yo.

Dice: "Ven, G___. Y trataré de mostrarte el camino a la luz y al alivio de tus sufrimientos". Y me voy, y como voy, viene un espíritu hermoso, glorioso a mí, pone su mano en mi cabeza y dice: "Dios te bendiga, mi hermano, y que Su misericordia Divina estar contigo"; y ella me dice que todos ellos me aman, y me ayudarán.

Ay, dime, ¿qué significa todo esto? ¿Acaso estoy sonando? ¿Eres real, son ellos reales, o soy es que me encuentro en uno de los delirios de los que solía padecer en la tierra? Ay, tan hermoso y divino. Pero, dicen que no, que ellos son espíritus de verdad, y una vez vivieron en la tierra, mortales pecadores como yo.

¿Cómo puedo agradecerte? Estoy conmovido, y no puedo escribir más, pero volveré. Así, mi querido amigo, buenas noches, porque ya me voy.

G. H. B.

Me llamo G.H B., y fallecí en el año 1899.

 

 


 

 

Helen — Confirma que los espíritus que se suscribieron realmente pusieron sus nombres reales.

 

Yo estoy aquí, tu verdadera y amorosa Helen.

Bien, querido, tuviste una variedad de escritos esta noche, y el último mensajes que recibiste, me impresionó mucho, porque el escritor fue un espíritu muy inteligente, y pareció haber perdido toda esperanza de su alma. Fue un espíritu muy obscuro, y parece que no hubo nada de amor en su alma, pero fue la imagen de desesperación y congoja. Creyó firmemente, que su posición en el infierno estaba fija por toda la eternidad, y por lo tanto la desesperación sin consuelo, en la que se encontró.

Me alegro que haya venido a ti, para describirte estos infiernos, porque fue capaz de hacerlo; y nadie puede describirlos como aquel, quien haya vivido en ellos por muchos años, y sufriera todos sus tormentos.

Parece que está muy agradecido, y creo que recuperó algo de esperanza. Se fue con el Sr. Riddle, quien está muy interesado en él. Todos nosotros trataremos de ayudarle a progresar. Por eso, tienes que rezar por él, ahora — todos lo haremos.

Ya es tarde, y no escribiré más.

Tu verdadera y amorosa,

Helen

 

 


 

 

Swedenborg escribe sobre los infiernos. Se refiere a la tarea del Sr. Padgett, la recepción de los mensajes.

 

Permíteme escribir unas pocas líneas, porque deseo escribirte de algunas verdades, de las que tú y tu amigo discutieron; a saber, si existen infiernos como se los describe en los mensajes contenidos en el libro ("La Inmortalidad" por el Dr. Peeble), que leíste esta noche.

Bien, tienes que saber, que en los planos de los espíritus, el infierno es tanto un lugar, como una condición, y que, como lugar, tiene todos los acompañamientos, que le convierten en realidad para los espíritus, que allí viven. Por supuesto, las condiciones de los espíritus, que se encuentran en estos infiernos, se determinan por sus recuerdos, sobre los que se basa su consciencia. Pero, a pesar de que estos recuerdos son, lo que causa sus sufrimientos, el aspecto de las ubicaciones, en donde viven, se deben a algo más que solamente esos recuerdos, porque, como te informamos, todos estos espíritus viven en tinieblas — el grado de las tinieblas, en las que viven, se determina por sus recuerdos. Quiero decir que, cuando el espíritu tiene recuerdos de acciones, llevadas a cabo o no, que no san tan malos que los recuerdos otro espíritu, el primer espíritu se encuentra en un lugar de menos obscuridad que el segundo.

Estos lugares tienen su propia condición fija de tinieblas y de lobreguez, y muchas otras adiciones, que incrementan los sufrimientos, que los espíritus tienen que aguantar.

No existen, desde luego, lagos de fuego y azufre, ni diablos con horquillas, que aumentan los sufrimientos de los espíritus, sin embargo, existen ciertas condiciones y aspectos, que se originan fuera de los espíritus mismos, y que agudizan sus recuerdos, y contribuyen de una manera a intensificar el grado de sufrimiento.

Estos infiernos pueden ser lugares como cavernas y rocas, áridos desiertos, obscuros huecos y otras cosas parecidas, como ya se te describió; y los mortales tienen que conocer, que los espíritus malos no viven en lugares agradables y sufren solamente por los castigos, que sus recuerdos les traen.

Ciertamente, los infiernos de los ortodoxos, en su descripción, parecen exagerados, sin embargo, hay algo de verdad den las ideas, que estas descripciones transmiten, en cuanto al hecho, de que los infiernos son lugares, donde reina la obscuridad y muchos aspectos adicionales, que añaden a las torturas de los espíritus de la maldad.

Te cuento esto, porque veo que quieres conocer la verdad, y por la razón adicional, de que no crees que existan esos lugares distintivos llamados infiernos; y que las tinieblas, de las que te hablan los espíritus en sus comunicaciones, son, en tu opinión, producto de las condiciones mentales y de alma de los espíritus, que te escriben.

Pero esta opinión no es correcta, y es lo mejor que los hombres sepan, que los recuerdos no incluyen todo de lo que constituye los infiernos.

Dices que Ustedes a veces tienen el infierno en la tierra, y de cierto modo es la verdad, y muchos hombres sufren mucho por sus consciencias y remordimientos, pero cuando lleguen al mundo de los espíritus, si no se han salido de esa condición, en la que los recuerdos y remordimientos les colocan, verán que les espera un lugar o una ubicación, que agregará sufrimientos adicionales, que surgen de los recuerdos de las fechorías cometidas en la tierra.

Estos espíritus malos viven en comunidades, porque la ley de atracción funciona en estos planos obscuros e inferiores, igual que funciona en las esferas superiores, e impulsa a espíritus de condiciones iguales o similares, a que se unan y encuentren consuelo, o lo que a veces piensan es el consuelo, en la compañía del uno con el otro.

Estos infiernos se encuentran en los planos más cercanos a la tierra, y estos espíritus no quedan confinados todo el tiempo a un infierno en especial; tienen el privilegio de trasladarse según deseen a lo largo de estos planos, pero donde quiera que vayan, encontrarán que siguen en los mismos infiernos, y no pueden escapar, a menos que acepten la ayuda de espíritus, que les pueden instruir lo que tienen que hacer.

Bien, cuando viene a ti para escribir, no se encuentran lejos de estos infiernos, porque el plano, en donde viven, forma parte del plano, donde viven los habitantes de la tierra.

Desde luego, no quiero decir que la porción del plano terrenal, que rodea la tierra, se componga enteramente de estos infiernos, porque no es la verdad, ya que la esfera de la tierra alberga una cantidad considerable de luz y algo de felicidad. Y tienes que recordar adicionalmente, que existen muchos planos en este plano terrenal.

Mientras estos espíritus vivan en los infiernos, tienen el privilegio de salir esas ubicaciones particulares, y merodear por poco tiempo en y a través de otras partes de ese plano terrenal; pero sólo por poco tiempo, y tiene que regresar a los lugares, que les fueron asignados, y hacia donde les arrastra esta ley de atracción, de la que hablo.

Bien, existen miles de millones de espíritus malos, y nunca sucede que no rodeen algunos de ellos, sí, miles de ellos, a los mortales, tratando de imponerles su mala influencia. No conocemos por qué se permite esto, sólo sabemos que es así. Y aquí vuelve a entrar la gran ley de atracción, ya que muchos mortales se encuentran en similares condiciones de desarrollo y pensamientos malos, como esos espíritus malos, y naturalmente, esos espíritus malos sienten la atracción y se les acercan. Y con frecuencia sucede, que al visitar a estos mortales de condiciones similares a la suya, intentan influenciar a mortales, que se encuentran en un estado mejor de moral y de desarrollo espiritual, y a veces tiene éxito, infligiéndoles daño.

Pero el gran hecho es, que esos espíritus malos tienen un lugar donde viven, donde tienen que permanecer, hasta que, a través de la acción de la ley de compensación, sean liberados de parte de sus tendencias malignas y de sus deseos, y entonces se les permite progresar.

La razón principal, por la que te escribo, es que tienes que conocer, que sí existen infiernos en forma de lugares y de condiciones, y que estos lugares por razón de lo que contienen y por su aspecto, incrementan el sufrimiento de los espíritus.

Ya te he escrito mucho tiempo, por eso terminaré, y digo que soy un Cristiano y habitante de las esferas Celestiales, y miembro del grupo de espíritus, que te ayuda en tu gran obra para el Maestro. Así, despidiéndome, me suscribo,

Tu hermano en Cristo,

Swedenborg,

el vidente

 

 


 

 

Herodes escribe sobre los infiernos. Corrobora el mensaje de Swedenborg acerca de los infiernos.

 

Yo estoy aquí, Herodes.

Permíteme escribir sólo una línea antes de que termines, pues estoy ansioso de informarte un tema, que puede tener importancia para ti, en referencia a las descripciones de los infiernos, que recibiste anoche de Swedenborg.

Dice que los infiernos son tanto lugares, como condiciones, y que abarcan como parte de los mismos ciertos aspectos y ambientes, que incrementan los sufrimientos de los espíritus malos. Pues, es la verdad, y además quiero decir, que estos aspectos y ambientes no sólo son reales, y existen para la consciencia de los espíritus, sino que también son reales como hechos, independientemente de la consciencia. Si no hubiese espíritus en esos infiernos, los aspectos y ambientes seguirían existiendo con todo.

Así ves, una gran cantidad de mortales, a los que escuché expresar sus opiniones, respecto a que el infierno es sólo una condición de los recuerdos del espíritu, y nada más, está equivocada en estas opiniones, y verán que el consuelo, si habrá alguno, por estas opiniones se desvanecerá, cuando lleguen a ser habitantes de estos infiernos.

Yo pasé a través de todos de ellos, y yo sé de lo que estoy escribiendo; porque no existe maestro más eficiente y convincente que el maestro llamado experiencia.

Sé que si hubiese tenido sólo mis recuerdos y remordimientos como causa de mis sufrimientos, ellos habrían sido mucho más ligeros y no tan atormentadores como lo fueron. No, los mortales no encontrarán ningún consuelo en semejante esperanza, porque no existe base para esta esperanza, y el pobre, decepcionado mortal, que funda sus ideas sobre el infierno en semejante esperanza, se desilusionará tristemente. Si lo piensas por un momento, verás que no hay nada irrazonable en los hechos, que he afirmado.

Tú y todos los demás, que creen en la felicidad de las esferas espirituales superiores, ni mencionando las esferas Celestiales, creen que la dicha de los espíritus, que habitan en estas esferas se incrementa, y se hace más real, por hermosos ambientes, frutas, aguas vivas, que tantos espíritus describieron como parte de aquella existencia superior. Entonces, ¿por qué no es razonable también suponer, que en los infiernos existan ambientes y aspectos, que suman incluso más de la infelicidad a las condiciones de espíritus, cuya vida mala les obligó a ser habitantes de estos infiernos, y crean más sufrimiento y miseria? Esta suposición no puede comprobarse como incorrecta, por ningún argumento razonable.

Solamente quise sumar lo que he dicho a lo que Swedenborg escribió, porque sé que la convicción tiene que venir, cuando las aseveraciones se basan sobre las experiencias reales, y cuando el conocimiento se deriva de los sufrimientos, que provenían de la existencia verdadera de cosas, de las que a veces se aduce que no existen.

No escribiré más ahora, pero concluyendo diré, que ya hace mucho tiempo salí de estos infiernos, y que ahora soy un habitante de las esferas superiores, y soy un seguidor del bendito Maestro.

Cuando vivía en la tierra, era conocido como Herodes, el Rey de Judea, y el hombre pobre, miserable, equivocado, que pensó que asesinando a los bebés de Belén, podía mantener su poder como regente.

Así, buenas noches, y que Dios te bendiga.

Herodes

 

 


 

 

La Sra. Padgett confirma que Herodes escribió sobre los infiernos.

 

Yo estoy aquí, tu verdadera y amorosa Helen.

Bien, mi amor, recibiste una carta esta noche de un espíritu, que debe saber, de lo que escribe, pues, fue un hombre pésimo, y, como me dijeron, sufrió los tormentos de los ínfimos infiernos.

Pero en lo que se refiere a ti personalmente, deseo decir que para ti, no hará ninguna diferencia, la que sea la naturaleza de los infiernos, o si existen o no. Nunca los verás, a menos que, cuando vengas acá, tengas el deseo de visitarlos, para el propósito de ayudar a uno que otro pobre desafortunado. Y doy las gracias a Dios por esta certeza y este conocimiento.

No escribiré más esta noche. Con todo mi amor, yo soy,

Tu verdadera y amorosa,

Helen

 

 


 

 

Juan confirma que Swedenborg y Herodes dieron descripciones veraces de los Infiernos.

 

Yo estoy aquí, Juan.

Sólo quiero decir, que escuché el mensaje, que leíste, y los comentarios de tu amigo y de ti mismo, y creo que tienen una verdadera concepción en lo relacionado con estos infiernos, Swedenborg dio una auténtica descripción de sus condiciones, como realmente existen, y Herodes te informó con la certeza de la experiencia, lo que él encontró siendo la verdad; y yo, Juan, yo los he visitado, en el esfuerzo por aliviar los sufrimientos de los espíritus, que habitan en ellos, yo te digo, que existen como lugares, con todas las tinieblas y ambientes, que provocan que incrementen los sufrimientos para los espíritus desafortunados. Deseo hacer esta afirmación, para que la pregunta, de lo que el infierno realmente es, se resuelva de una vez por todas, en lo que respecta a ti.

Sé que muchos mortales se consuelan con la creencia que, a causa de ciertas leyes naturales, no pueden existir infiernos, como los ortodoxos los enseñan, y por lo tanto, no pueden existir infiernos en absoluto. Pero esta conclusión, derivada de la premisa, no es correcta. El sólo hecho de que, porque un hombre o espíritu no puede arder eternamente sin consumirse necesariamente, no justifica la inferencia, de que un espíritu no pueda ser castigado por ambientes, que tienen una ubicación fija.

No, el hombre no debe descansar en la creencia, de que no existen infiernos, como Swedenborg los describió, porque sí existen. Estarán gravemente decepcionados y sorprendidos, en el caso de que vivan en la tierra de una manera, que les asigna un lugar en estos infiernos.

Sólo quise decir tanto esta noche, pues no deseo que recibas ninguna comunicación que no concuerde con la verdad.

Es de una importancia tan vital, que recibas nada si no la verdad, por lo que nosotros, los interesados en esta obra, determinamos que nada si no la verdad venga a ti; y siempre cuando errores o malas afirmaciones se metan, corregiremos los mismos cuidadosamente.

Así, sin escribir más esta noche, diré que soy,

Tu hermano en Cristo,

Juan

 

 


 

 

Calígula, un Emperador Romano y asesino de Cristianos, que sufrió todos los horrores del infierno, pagó sus castigos, y ahora es un seguidor de Jesús, quien le ayudó a salir de las tinieblas.

 

Yo estoy aquí, Calígula:

Yo fui el Emperador Romano y el asesino de los Cristianos, y he sufrido a partir de ese tiempo, y por mis pecados, todos los horrores de un infierno, que no soy capaz de describirlos. Basta decir, que el infierno de la Biblia o de aquellos, que interpretan la Biblia, no es igual en sus tormentos y horrores al infierno, a través de que pasé. Te digo esto, para que conozcas, que todo el mundo tiene que pagar las penalidades, por las fechorías cometidas en la tierra, y ya que mis acciones fueron tan extremadamente malas, mis penalidades fueron mayores correspondientemente.

Pero gracias a Dios, pagué mis penalidades, y ahora disfruto de la dicha de los cielos Cristianos, porque ahora soy un seguidor de Jesús, cuyos seguidores yo perseguía.

Te puede parecer extraño, pero la causa de mi conversión a la Cristiandad, fue una de las Cristianas, que yo asesiné. Ella fue un espíritu hermoso, cuando la vi por vez primera en el mundo de los espíritus, y cuando vino a mí, y me relató el Gran Amor del Padre, y del cariño y de la humildad del Maestro, me encontré entonces en mucha obscuridad, aunque había sufrido por muchos largos años, y mis pensamientos empezaban a volverse hacia los temas, que finalmente me ayudaron a salir de las tinieblas, y encontrar alivio de mis sufrimientos.

Pero este espíritu Cristiano vino a mí con tanto amor y perdón en su voz, que lo que ella dijo, y como lucía, me afectó grandemente; y la escuché, cuando me contó del maravilloso Amor del Padre, y del gran deseo del Maestro, que yo buscase ese Amor y la felicidad, que trae a los espíritus que lo obtengan.

Tuvo muchas entrevistas conmigo, y por fin, ella me informó, que su propia felicidad dependía, en cierta parte, de mi éxito, en obtener este Amor Divino en mi alma, y progresar con ella a la esfera de luz y amor. Dijo que yo era su alma gemela, y que mi amor era necesario para su felicidad, y que yo no podía darle aquel amor, hasta que llegase a ser el dueño del Amor Divino en cierto grado. Pues, puedes imaginarte el efecto, que esta declaración tenía sobre mí.

Vi que era hermosa, pura y amorosa, y que yo no era una alma gemela apta para ella, y que tenía que esforzarme por llegar a ser una alma gemela adecuada, para poder estar con ella. Y además, cuando me contó de su amor por mí, y que ambos nos necesitábamos para nuestra felicidad, las más maravillosas ansias, por estar con ella y disfrutar de su amor, se apoderaron de mí, y el deseo pronto de adueñó de mí, por lo que comencé a investigar el camino, cómo podía obtener este Gran Amor, o dar mis primeros pasos hacia Él; y ella me informó entonces el amor del Maestro, y cómo él podía enseñarme el camino, y qué poder tenía, para ayudar a espíritus como yo, para que salieran de las tinieblas y de la tortura hacia la luz y la dicha.

Y así seguí en mis ansias y deseos, hasta que, por fin, mi espíritu parecía tener el poder de subir fuera de las tinieblas y de encontrarse con otros espíritus, que no eran tan obscuros y repugnantes como yo lo era.

Ella venía con frecuencia a mí, y me enseñaba a orar, y yo oraba y pedía perdón, y por sólo un poquito de aquel Amor Divino, del que me había contado.

Finalmente, cuando estuve rezando y esperando este Amor y la liberación, el Maestro vino a mí, y era un espíritu tan maravilloso y amoroso, el más hermoso y amorosa, y pesar de ello, el más humilde, que jamás había visto o vi después, y se puso a hablarme de ese maravilloso Amor del Padre, y como se empeñaba por llenar mi alma y transformarme en un hijo de Dios, y uno solo con Él, y me dijo que lo único necesario para mí era orar al Padre y tener fe, y arrepentirme con toda la seriedad de mis grandes pecados. Si yo hacía eso, el Amor vendría a mí, y cuando vendría a mi alma, todos los pecados y los recuerdos de mis pecados me abandonarían, por lo que sería capaz de progresar hacia una esfera superior, donde había luz y Amor.

No pude resistir esta influencia, ni lo quise, porque mi alma gemela estaba conmigo en todo su amor, con ojos que suplicaban y miradas ansiosas, y comencé a tener esa fe, y a orar con toda la sinceridad de mi alma; y por fin, la luz vino a mí, y el Amor fluyó en mi alma; y qué espíritu más feliz llegué a ser, agradeciendo a Dios Su Misericordia. Mi alma gemela se regocijó conmigo, y fuimos tan felices en nuestro amor y en el Gran Amor del Padre.

Desde aquel momento, seguí progresando siempre, y ahora estoy en las esferas Celestiales, conde el amor es el principio reinante, y sólo aquellos, que poseen el Amor Divino, pueden vivir, y donde Jesús es nuestro Príncipe y hermano mayor.

Calígula, el Emperador, ahora es un humilde seguidor del desdeñado Nazareno, y feliz en su humildad y en su seguimiento de un salvador tan amoroso.

Mi alma gemela está conmigo, y siempre cuando le miro y pienso que yo fui la causa de sus sufrimientos y muerte en la tierra, toda mi alma sale en su encuentro en poderosas corrientes de amor, y ella lo sabe, y eso es parte de mi gran arrepentimiento. Así ves, que incluso cuando una persona sea el pecador más depravado en la tierra, la Misericordia del Padre es tan grande, que nunca niega Su Amor, y nunca retiene Su Misericordia.

Te digo que el amor — el Amor del Padre — es lo máximo en todo el universo, y parecido a Él es el amor puro, santo de una alma gemela, que tiene en su alma el Gran Amor del Padre.

No debo escribir más esta noche, pero cuando yo pasé por acá, vi esta luz brillante contigo, y aproveché de la oportunidad para escribir.

(¿Puedo preguntar, cómo se llamaba tu alma gemela en la tierra?)

Sí, fue Celestia.

¡Y qué nombre más apropiado! Amigo mío, también tú tienes que agradecer a Dios Su bondad hacia ti, porque he visto a tu alma gemela, y ella es un espíritu hermosísimo.

Así, con el amor de un hermano en Cristo, soy tu amigo,

 

Calígula, el Emperador Romano

quien fue, y el Cristiano que es.

 

 


 

 

Julio César escribe, que la posición terrenal de una persona no determina su morada espiritual

 

Soy el espíritu de una persona que, cuando vivía en la tierra era llamado César.

(¿Cuál de los deferentes Césares eres?)

Pues, existe sólo un César verdadero — todos los demás con este nombre son sólo imitaciones. Yo fui Julio César y fui el Emperador de Roma, y el conquistador de los Galos y de los Egipcios.

Ahora me encuentro en una condición de obscuridad, y también sufro, por mis acciones en la tierra, que eran malas y numerosas.

No soy un emperador ahora, sino un espíritu, que se encuentra en la condición de no tener a nadie, que le haga reverencia — ni el más mísero de mis esclavos se digna de doblar su rodilla o de saludarme como su superior. ¿Y por qué? Porque en el mundo de los espíritus, una persona es, como el desarrollo de su alma le hace, y el mío ha sido muy retardado por mi falta de creencia y fe, como ahora lo veo.

Te digo eso solamente, para que conozcas, que la posición en la tierra no puede determinar la posición de la persona, cuando pasa al mundo de los espíritus. Quiero decir, la posición de la persona en la tierra no influye en la menor medida en la posición de la misma persona en el mundo de los espíritus. Muchos de mis esclavos me superan en su desarrollo y en su espiritualidad.

(Pero tú puedes desarrollarte igualmente.)

Bien, puede ser, pero me encuentro en la posición que te estoy explicando.

(Existe un espíritu, y sé que puede ayudarte.)

Desconozco esta clase de espíritus y dudo de su existencia.

(Bueno, me atrevo decir, que hay unos espíritus luminosos alrededor de ti, en este momento, quienes te ayudarían con mucho gusto. Mira alrededor. Y cuando los ves, pregunta por el Profesor Salyards.)

Veo a algunos espíritus luminosos, y pregunté por el Prof. Salyards, y veo que es un espíritu hermosísimo y muy luminoso, y estoy dispuesto a escuchar lo que diga. Dice que estuvo bien enterado de mi historia en la tierra, pues ha leído muchos libros tratando de mi vida y logros; y se alegra verme y mostrarme el camino hacia una condición superior y más feliz de existencia. Me cae muy bien, y creo que iré con él y le escucharé.

(También tienes que tratar de hacer, lo que sugiera.)

Bien, intentémoslo.

Así, me despediré, y buena suerte. Y soy tu amigo ahora, pues demostraste tanto interés por mí.

Julio César

 

 


 

 

La Sra. Padgett confirma, que Julio César escribió

 

Yo estoy aquí, Helen.

Bien, vine a decirte que no debes escribir más esta noche, pues no te encuentras en muy buenas condiciones. Quizá no lo creas, pero es así, y es lo mejor que termines.

(¿Quién fue el último espíritu que escribió?)

Fue César, como me dicen. No es un espíritu muy luminoso, pero tal vez tu viejo Profesor puede ayudarle.

(¿Cuándo voy a oír noticias de los Celestiales otra vez?)

Bien, todavía no están listos para reanudar sus escritos, pues parece que algunos de estos espíritus antiguos están aquí y desean escribir, y ellos tienen temas, de los que escriben, y que están en conflicto con el plan, que estos mensajes del Maestro tratan de establecer y realizar. Tengo que terminar ahora, y te deseo buenas noches.

Tu verdadera y amorosa,

Helen

 

 


 

 

César está buscando el Amor Divino. La luz rompe en su alma.

 

Yo estoy aquí, César.

Bien, sólo quiero decirte, que desde que te escribí la última vez, seguí tus consejos y escuché los consejos de los altos espíritus, a los que me mandaste, y pasé orando, como ellos me lo enseñaron, y ahora, me encuentro en condiciones mucho mejores de o que estuve, y la opinión que ahora tengo de la vida en el mundo de los espíritus, es muy diferente.

Sigo en cierta obscuridad, pero la luz rompe en mi alma y consciencia, y comienzo a percatarme, de que mi destino, como me lo imaginaba durante tantos años, no es un destino de todo, y que mi concepción de mi estado fijo estaba totalmente equivocada, y era el hijo, si puedo expresarlo así, de mi condición mental y de mis creencias, que vinieron a mí, cuando llegué al mundo de los espíritus, y me di cuenta del hecho, de que mi posición de un gran hombre en la tierra, no me había preparado para ninguna grandeza en el mundo de los espíritus. Entonces me sentí tan desilusionado y consternado, viéndome como un espíritu desnudo, de cualidades que me llevaron a las tinieblas y los sufrimientos, que por lo tanto traté de evitar la asociación con los demás espíritus, nutriendo mi desengaño en aislamiento y en la creencia, de que para mí no podía haber cambio alguno en mi condición, y que no podía progresar, saliendo de la terrible soledad y fatiga de mi alma.

Y ahora, cuando conozco lo diferente que es la verdad, siento que todos estos largos años de mi vida como espíritu, han sido desperdiciados, y deploro el destino, que me atrapaba tanto tiempo en aquella condición de estancamiento, orgullo, resentimiento y extrema desesperación.

Ahora estoy tan agradecido, que viniera a ti, y te contara de mi condición; y cuando me doy cuenta, de que mi venida a ti fue más por motivos de curiosidad, satisfecho de poder comunicarme con el mundo mortal, y no por la esperanza de recibir ayuda o beneficio, que pudiese obtener, doy las gracias a mi curiosidad.

Cuando me dijiste las cosas, como lo has hecho, pensé que eras un soñador vano, y el receptor de ciertos vicios inofensivos, que existían entre los hombres de mis días en la tierra, que solían declamar las glorias del mundo de los espíritus. No tenía fe en ellos, y no tuve ninguna en ti; y sólo cuando me di cuenta, de que estuviste tan serio, en lo que me explicaste, y cuando llegué en contacto con los espíritus superiores, que llamaste para que me ayudasen, y vi que ellos tenían algo, de lo que yo carecía — y lo que nunca había visto en ningún otro espíritu — comencé a pensar, que lo que tú me habías dicho, podía tener cierto fundamento en la verdad.

Y también pensé, que no podía empeorar más mi condición, si escuchaba a estos espíritus, para conocer lo que podían informarme, en lo relacionado a lo que ellos afirmaban era la verdad del progreso espiritual; y mientras más escuché, más me interesé. Después de poco, estuve convencido, de que podía haber cierta verdad, en lo que tan seriamente afirmaban era la verdad, y como experimento, me decidí a seguir sus consejos, y buscar este maravilloso Amor, del que me informaron, que no sólo me liberaría de mis tinieblas y los sufrimientos, sino que también me transformaría en un nuevo espíritu, en mi cuerpo y en mi alma.

Ay, que sorpresa y experiencia más maravillosas, que vino a mí; porque ya no soy el Emperador sombrío, apesadumbrado y aislado, sino un simple espíritu, que reconoce que la muerte es la gran niveladora, y que el rango, la posición y la grandeza en la tierra no determinan en una jota el estatus del espíritu para una posición de exaltación. Ahora soy un simple espíritu en mi consciencia, poseyendo sólo las cualidades, que la condición de mi alma me brinda, y comprendo que tengo que perseguir el mismo rumbo, y sufrir el mismo purgatorio, como los demás espíritus en una condición parecida de alma, no importa que sean príncipes o peones.

Bien, como he dicho, estoy tan agradecido, de que este conocimiento haya venida a mí, porque ahora soy libre de orgullo e ideas de superioridad, y de todo lo demás, que me había hecho pensar, que el Todopoderoso me había tratado injustamente, sin reconocer mis cualidades terrenales, y sin concederme la posición, a la que, como pensaba, tenía todo el derecho por mi grandeza. Resentí todo eso, y en mi resentimiento, llegué a ser un espíritu, que se nutría de sus perjuicios imaginarios, y de los pensamientos, de que sería autosuficiente, sin buscar el favor de semejante Dios. Por lo que ves, cuál puede ser el efecto de la arrogancia y del orgullo, y de una estima, que se glorifica a sí misma, de una mente pequeña, sobre la posibilidad de felicidad y progreso de un espíritu.

Pero ahora, estas cosas me han abandonado, y me doy cuenta, de que soy un Don Nadie, excepto que soy un hijo de Dios y el objeto de Su Amor, como tus espíritus amigos me lo dijeron y siguen diciéndome. Y en mi humildad — y soy humilde, porque te digo, que mi caída fue grande, y la consciencia de mi pequeñez fue extrema — conozco que necesito la ayuda del Padre, a fin de convertirme en un espíritu de luz, por lo menos en una pequeña parte. Y estoy orando, ansiando y buscando, con tanta sinceridad, este Amor.

César, una vez poderoso, ahora es César, el más humilde y débil, pero el más optimista. Me doy cuenta de la grandeza de la Misericordia de Dios, y de la gran posibilidad, de que me transforme en uno de estos ángeles gloriosos, que tantas veces acudieron a ti con sus mensajes de verdad y salvación para la humanidad.

En la tierra, se me consideraba una persona de una mente brillante y de un intelecto maravilloso, y lo que tenía de esto, sigo teniendo; y ahora que conocí el camino, ejerzo estas cualidades de la mejor manera que pueda, para ayudarme en mi búsqueda por la verdad y la luz.

Pensé que te lo escribiría esta noche, porque sé que estás interesado en mi avance, y aparte, me alivio decírtelo. Estoy rezando y ansiando, y estos espíritus rezan conmigo; pero hasta ahora, no tengo mucho de este Amor en mi alma, pero suficiente para saber — digo saber — que es real, y que abre el alma dura, incrédula al influjo de más riqueza de Su Esencia Divina. El Padre es bueno, y yo confío en Él; y con todas las posibilidades de mi alma estoy ansiando por su Amor, que me llene, y me libere de todas estas dudas de los siglos, y de la dureza de corazón y de la incredulidad.

Ahora conozco el camino, y ahora nunca más voy a recaer en el estado mental, que abrigaba durante tantos siglos; y puedo decir que César ha visto el faro de la luz de la esperanza, y el gran sol del conocimiento, que lo que los espíritus amorosos me cuentan, es la verdad.

Tengo que terminar ahora, pero a medida que progrese, me gustaría volver a ti y describirte mi avance.

Me despido y me suscribo,

Tu amigo, que desea todo lo mejor para ti,

Julio César

 

 


 

 

César narra sus experiencias luego de haber recibido ayuda de un espíritu Divino

 

Yo estoy aquí, César.

(¿Eres el mismo Julio César, que me ha escrito antes?)

Sí, soy el espíritu de aquel Romano, que pensaba tener tanta importancia, y luego se dio cuenta, de que era un espíritu insignificante, en su lugar en el mundo de los espíritus.

Bien, me alegra que pueda volver a escribirte, y especialmente, porque puedo informarte que, desde que te escribí la última vez, he progresado fuera de mis infiernos y tormento, y ahora me encuentro en la tercera esfera, donde existe tanto amor y felicidad. Ahora, esto te puede parecer un poco sorprendente, pero no lo es necesariamente, porque recordarás que, cuando te escribí la última vez, te informé que iría con el espíritu hermoso, que vino a mí por tu sugerencia, y escuché sus palabras de sabiduría, como ahora las reconozco, y consideré seriamente, lo que me dijera. Bien, fui con él, y él fue tan amoroso y paciente, y parecía tener tanto conocimiento de las verdades de Dios, que no sólo le presté atención una vez, sino muchas veces, e hice el gran esfuerzo de seguir su consejo.

Comencé a rezar al Padre por el influjo de aquel gran Amor Divino, el que el buen espíritu me informó, y continué rezando hasta que sentí Su influjo, y el efecto sobre mi alma fue maravilloso, pues, cuando el Amor vino a mí, vi que las tinieblas me dejaron, y también mis sufrimientos, y con este Amor vino conocimiento de aquellas verdades, que me había informado — quiero decir, una fe convincente, que estas cosas eran verdaderas. Cuando comencé a experimentar esto, continué orando con siempre más afán, y todas las ansias de mi alma y de mi mente, y de todas las partes mías, que podían tener sentimientos o aspiraciones, me dejaron, y seguí rezando sin cesar.

Como tal vez conoces, cuando vivía en la tierra, yo era una persona positiva y luchadora, y no perdí estas características, cuando llegué a ser un espíritu, a pesar de que permanecí tantos siglos en un estado de estancamiento e impotencia; porque durante todo este tiempo no conocía ninguna meta, que pudiese aspirar, y ninguna paz mejor a la que viví en los largos y tristes años de mi vida espiritual.

Pero tan pronto que encontré, que existía una futura condición de luz y felicidad, me dediqué con todas las energías de mi alma, a buscar aquella felicidad, y como me dijeron, que mi progreso dependía tanto de mis propios esfuerzos, no permití que nada interfiera en mis esfuerzos por la obtención de este Amor Divino, y gracias al Padre amoroso, por fin encontré alivio de mis tormentos, y la plenitud de amor, que me trajo dicha y la compañía de espíritus hermosos y amorosos.

Pero no debo omitir, que en todos estos esfuerzos de mi parte, tenía la ayuda y las oraciones de los muchos espíritus amorosos, que parecían tan ansiosos, de que recibiera este Amor, y llegara a la armonía con el Padre y Su Voluntad: Y ahora, ya no soy el resentido y maligno César, sino un hijo muy humilde y agradecido; porque sigo siendo nada más que un niño en el conocimiento de las grandes verdades, de las que oí hablar tanto, y en el Amor.

Incluso ahora, todo es tan maravilloso para mí, que apenas puedo comprender, lo que todo esto significa. Pero esto sí conozco: Que a pesar de que era por muchos largos siglos un espíritu sufrido, sin dar ni recibir amor, buscando solamente la soledad, y nutriendo mi resentimiento, ahora soy un espíritu luminoso, dando y recibiendo amor, buscando y nunca cansándome de la asociación de estos espíritus luminosos, con los que ahora establezco mi hogar. Y aparte de ellos, espíritus superiores y mayores vienen a mí, animándome para esforzarme y orar, y me relatan las maravillas, que todavía me esperan, y las que puedo obtener.

Soy el último, pero estos espíritus m explican, que puedo llegar a ser el primero, y siento que no existe ningún poder en todos los infiernos que pueda, y ningún poder en todos los cielos que quiera, impedirme el progreso y la obtención de un hogar en los Cielos Celestiales.

Deseo también decirte, que he venido muchas veces a ti, cuando los espíritus te escribían los maravillosos mensajes de verdad, y aprendí de ellos muchas verdades, que traté de apropiarme, y que me ayudaron tanto, y me revelaron algunos de los planes provistos por el Padre para la salvación de hombres y espíritus.

No puedes imaginarte el gran número de espíritus, que te acompañan, cuando recibes estos mensajes, y lo ansioso que muchos de ellos están, de conocer la verdad y recibir la ayuda, que estas verdades les brindan. Muchos han encontrado la luz y felicidad a través del conocimiento, que esto les brindó, y además, a través de la ayuda, que estos espíritus hermosos y amorosos les brindan; pues parece que, siempre cuando estos espíritus, que se encuentran en tinieblas, indiquen el deseo de conocer la verdad, los altos espíritus siempre están dispuestos y ansiosos de enseñar, ayudar y consolar a los espíritus obscuros.

No puedo explicarte, como todo no sólo me sorprendió, sino que me llevó a deplorar también, que dejara pasar tantos años desperdiciados, sin haber buscado la ayuda de estos espíritus, porque muchas veces hubiesen venido a mí, con su ofrecimiento de ayuda y consejo, pero los esquivaba y me volvía de ellos, pues no creía que pudiesen ayudarme. Qué equivocación más grande, y cómo pagué la cuenta por haber rechazado este camino a la salvación.

Y deseo decir además, que de hecho, si no hubiese venido a ti, a través de mi curiosidad más que nada, no estaría ahora en las condiciones en las que me encuentro; porque sólo después de que hablaste conmigo, me señalaste el camino, en el que podía obtener alivio, me facilitaste la conexión con estos espíritus y me aconsejaste que los escuchara, pensé en la posibilidad de ser rescatado o ser capaz de encontrar alivio de mis condiciones entonces infelices; y por eso, tengo que expresarte mi gratitud por tu amabilidad y, como entonces me dijiste, por tu amor por mí. Bien, soy un César diferente ahora.

No escribiré más, pero como te dije antes, volveré de vez en cuando, y te escribiré una carta de ciertas de mis experiencias en la tierra y en el mundo de los espíritus, durante los primeros años de mi vida como espíritu.

Así que espero que reces por mí, y que me des tus cariñosos pensamientos. Me despido.

Tu verdadero amigo,

César

 

 


 

 

Helen confirma, que Julio César escribió

 

Yo estoy aquí, Helen.

Bien, vine a decirte que no debes escribir más esta noche, pues no te encuentras en muy buenas condiciones. Quizá no lo creas, pero es así, y es lo mejor que termines.

Fue César, como me dicen. No es un espíritu muy luminoso, pero tal vez tu viejo Profesor puede ayudarle.

Bien, todavía no están listos para reanudar sus escritos, pues parece que algunos de estos espíritus antiguos están aquí y desean escribir, y ellos tienen temas, de los que escriben, y que están en conflicto con el plan, que estos mensajes del Maestro tratan de establecer y realizar. Tengo que terminar ahora, y te deseo buenas noches.

Tu verdadera y amorosa,

Helen

 

 


 

 

Elías — La esperanza de que todos los mortales tengan un destino futuro libre de preocupaciones e infelicidad.

 

Yo estoy aquí, Elías (el profeta del Antiguo Testamento)

Deseo escribirte esta noche unas pocas líneas sobre una materia, de la que pensé que era de interés para ti, a saber: "La esperanza de que todos los mortales tengan un destino futuro libre de preocupaciones e infelicidad." Sé que una vasta mayoría de mortales, que creen en las doctrinas Cristianas, piensan que, a un número considerable de la humanidad, les espera una eternidad en los infiernos de torturas continuas y tormentos, y que para evitar ese destino o estado futuro, los hombres tienen que creer, mientras vivan en la tierra, en ciertas doctrinas y conformarse a esas creencias, porque después de la muerte, no puede haber ninguna oportunidad para salvarse de ese destino. Desde luego, estas creencias son resultado de las enseñanzas de los que aseveran tienen la capacidad de interpretar la Biblia, mezclado con un poco de inspiración Divina, poder misterioso y sabiduría, que les es conferida a los que persiguen la carrera de ministros del Evangelio; y los hombres, por los largos años de entrenamiento o de herencia de aquellos, quienes durante muchos años creyeron en estas enseñanzas, naturalmente ejercen muy poco de pensamientos independientes, y aceptan las declaraciones de estos ministros casi como expresiones divinas de Dios Mismo. Esta clase de doctrinas causó mucho daño en su efecto sobre los mortales, y mucha infelicidad a los espíritus de los hombres en el mundo de los espíritus, porque las creencias acompañan a los últimos en su existencia como espíritus, y les impiden conocer la verdad por mucho tiempo, después de llegar a ser espíritus. Es una gran lástima, que los hombres pueden trabarse por esas falsas y condenables creencias, y generación tras generación continúa siendo sojuzgada por las enseñanzas de instructores desviados. Y deseo decir, que todas esas creencias son falsas, y no tienen fundamento en los hechos, y mientras más pronto la humanidad conoce esto, mejor será para su felicidad en la tierra y su prosperidad en el mundo venidero. Es verdad que existen infiernos y castigos, y que la mayoría de los hombres, cuando llegan a ser espíritus, tendrán que ingresar en esos infiernos y sufrir los castigos; pero el elemento de eterno o sempiterno no entra en la duración de ese estado o esa condición, porque no existe castigo, que se les inflija a los espíritus de los hombres para el propósito de obligarles a pagar una penalidad, que nunca podrá satisfacerse a través de toda la eternidad. Este castigo sólo sirve el propósito de purificación, y cuando eso se haya logrado, en el caso del espíritu en particular, que sufrió del mismo, el infierno deja de existir, y la existencia del castigo acaba de ser necesaria; y, por fin, la condición de cada hombre será la de una espíritu purificado, libre de pecados, mancillas y de la necesidad de infiernos o castigos.

Sé que lo que he escrito, ya te fue escrito en varias formas con anterioridad, pero sentí que tenía que decir justo eso de la manera, como lo he hecho.

Me alegro que te sientas mejor esta noche, y quiero asegurarte que, si rezas al Padre, continuarás creciendo en tu desarrollo espiritual, y como consecuencia, te sentirás mejor en todo sentido.

Con mi amor diré, buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

Elías

 

 


 

 

Juan: Nadie sufrirá en el infierno por toda la eternidad — todos progresarán.

 

Yo estoy aquí, Juan.

Estuve contigo esta noche, y escuché el sermón sobre el infierno, y me entristeció que el predicador no pudiese decirles a su gente más de las verdades, sobre lo que es el infierno, y cómo será el castigo para aquellos, que serán tan desafortunados de ir a ese lugar. Es una lástima, que estos líderes de la gente estén tan ciegos y sin conocimiento en cuanto a la verdad sobre el tema — y también sobre muchos otros, que tan erróneamente explican a sus congregaciones. Por supuesto, su conocimiento se basa en lo que ellos consideran son las verdades de la Biblia, y en mucho, lo que dicen se justifica por las enseñanzas del Libro; pero en muchos casos, sus enseñanzas son erróneas, por la construcción equivocada, que ellos fundan en las declaraciones de la Biblia. En ambos casos, enseñan como la verdad lo que no es la verdad, y el daño es tan nocivo, como si sus creencias y enseñanzas fuesen el resultado de lo que conocen es una falsedad. Falsedad es falsedad, no importa si nace de la convicción honesta o del error conocido, y el daño causado es el mismo en ambas instancias. El predicador, sin lugar a dudas, cree en lo que declara como la verdad, y algunas cosas que dijo, sí fueron la verdad, sin embargo el hecho, de que cree que estas doctrinas son correctas, no mitigará de ninguna manera su responsabilidad, en lo relacionado con el efecto de estos errores sobre sus oyentes. Porque sus sufrimientos y tinieblas, que por cierto seguirán sus creencias en estas enseñanzas erróneas, no disminuirán, porque el predicador fue honesto en sus declaraciones de lo que suponía era la verdad. La fuente del error no modifica, ni afecta en absoluto, los resultados, que fluyen de su aceptación y seguimiento, y el predicador, si bien no es un engañador consciente en estos casos, cuando venga al mundo de los espíritus, y conozca la verdad, experimentará los remordimientos y los sufrimientos, que siempre fluyen de la divulgación de falsedad y engaño.

El error trabaja su propio castigo, pero puede servir como algo de consuelo, y lo será para los que predican, y para los que aceptan la falsedad como verdad, el conocer que este castigo no durará para siempre, y que Dios no es un Dios de ira o de rencor, y que Su justicia nunca demanda más de lo que sea necesario para la eliminación del error, y el establecimiento de Sus verdades.

Vaya, Su justicia no sería justicia, si Él permitiera que continúe el error, e impidiera la recuperación de parte del hombre o espíritus de la verdad, sólo para el propósito de someterles al sufrimiento, a quienes desobedecieron, y separarles de Él por toda la eternidad.

Sólo quise decir esto sobre el sermón, y algún día vendré y escribiré una explicación a fondo, de lo que es el infierno, su propósito y función, y cuánto tiempo dura.

Que todos Ustedes continúen rezando al Padre por este Amor, y que tengan fe, y el tiempo pronto vendrá, (cuando) aquella fe será tan real y existente, como el sol, del que hoy disfrutaste tanto.

Así, mi hermano, con todo mi amor y mis bendiciones, diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

Juan

 

 


 

 

Helen — El hombre mismo tiene que esforzarse por superar la influencia de los espíritus malos.

 

Yo estoy aquí, ¿tengo que decirlo? — Tu verdadera y amorosa Helen.

En muchos casos, los espíritus malas influyen en los mortales en sus pensamientos y acciones, sin embargo, esto no siempre es el caso, y no sirve si los mortales así lo creen. Ellos no son solamente instrumentos maleables o sujetos de estos espíritus malos, sino son personas con el libre albedrío, controlados por sus propios apetitos, y si ellos piensan, que todas sus acciones malas originan de la influencia de estos espíritus malos, eso les colocaría en una condición muy servil y deplorable, y al mismo tiempo, retrasaría su desarrollo por sus propios pensamientos y acciones. No, los espíritus malos siempre provocan el mal, pero no todos los pensamientos y deseos de los mortales son el resultado de la influencia de estos espíritus.

El hombre tiene que darse cuenta, de que en él mismo se encuentra la causa de sus propios malos pensamientos y acciones, aunque intensificados por la influencia de dichos espíritus, y que él tiene que dominar estos pensamientos, para que sea capaz de ahuyentarlos de sí mismo y superarlos por pensamientos de una naturaleza diferente y superior. No bastará que los hombres piensen, que son malos solamente por la influencia de espíritus malos, porque pensar así, retrasaría su desarrollo, y al mismo tiempo, les quitaría la conciencia de su propia responsabilidad. Y por otro lado, la fuente de buenos pensamientos se encuentra dentro de ellos mismos, y si sólo buscan esta fuente, serán capaces de progresar en su condición moral; ciertamente, los espíritus buenos pueden ayudarles, sin embargo, en primer lugar, los hombres tienen que ayudarse a sí mismos, partiendo de lo bueno, que hay dentro de ellos.

Me gustaría escribirte a fondo sobre esta materia, y lo haré algún día, pero esta noche no estás en condiciones adecuadas, y no lo intentaré. Pero recuerda esto: no importa, cuál sea el mal que se exhibe en una alma, o da evidencia de que el alma está poseída, porque dentro de ella misma existe el poder para superarlo y erradicarlo. Quiero decir, los hombres tienen que esforzarse, comprender que son los maestros de lo bueno y de lo malo. Podemos ayudarles, si nos dejan — eso depende de Ustedes — y nadie más puede asumir la alabanza o la culpa por los resultados de sus pensamientos o acciones. Sin embargo, tienen que comprender también esto: cuando los espíritus malos entran en contacto con Ustedes, y de cierta manera les obsesionan, será más difícil para Ustedes ejercer su propia voluntad; y por lo tanto, los hombres deben rezar, para recibir ayuda de la Fuente Superior, para poder superar las influencias de los malvados. El carácter de su compañía determinará en alto grado la naturaleza de sus pensamientos y de sus acciones. Pero, sean buenos o malos sus asociados, sólo Ustedes son responsables de los resultados de sus pensamientos y acciones.

No debo escribir más.

Buenas noches. Tu verdadera y amorosa,

Helen

 

 


 

 

Jesús: Explica las condiciones precisas, para que los espíritus superiores puedan ayudarles a los que viven en esferas inferiores.

 

Yo estoy aquí, Jesús.

Veo que tu trabajo te impidió recibir mi mensaje esta noche, y si bien lo siento, no me quejo, porque tienes que hacer tu trabajo, y por ello alcanzar más rápidamente la condición, para comenzar con el esfuerzo de acumular, para obtener la posición que deseas, y que es tan necesaria para nuestra tarea. Estás mejor esta noche, espiritualmente, y tu conexión está muy completa, y yo podría fácilmente escribir mi mensaje, pero estás cansado físicamente, y no me parece sabio tratar de escribir, por lo que lo pospondré hasta mañana por la noche, cuando, así espero, nada interferirá.

(¿Te parece que mañana estaré en mejores condiciones, para recibir quizá un mensaje más largo y más claro mañana por la noche?)

Sí, esta es la idea correcta, y trataré de hacer el mensaje tan pleno y lúcido, como sea posible. Sé como te sientes respecto a la materia, y que deseas recibir el mensaje de la mejor manera, y sé que lo lograrás. No debes pensar, que yo no esté dispuesto a esperar, cuando tienes que atender tu trabajo profesional, o que no estaría contigo, aun cuando no podamos escribir, porque estoy contigo muy a menudo, tratando de ayudarte, como te lo dije. Por eso, ¡ánimo y confía en mí, y ten fe en mis promesas!

No escribiré más ahora, y diré que tienes mi amor y mis bendiciones.

(¿Podré verte realmente de alguna manera dentro de poco?)

Bien, en lo relacionado con esto, sé que podrás verme, en un futuro no muy distante, como dices, porque deseo que me veas. Tienes el poder de la clarividencia, pero no es aconsejable desarrollarlo en ti en este momento, porque deseamos que todo tu poder se concentre en la recepción de los mensajes; pero alguna noche, cuando estés rezando y yo esté contigo, recibirás el poder, y me verás como soy, mientras rece contigo. Me parece que esto fortalecerá tu fe, y te atraerá más a mí, y yo mismo quiero, que me veas como soy en realidad.

Bien, despidámonos y terminemos.

(Maestro, puedes entender que más bien esperaba recibir mensajes de ti, de una naturaleza muy alta, pero impersonal, no como los que de hecho me escribiste?)

Sí, entiendo, pero si viniera y te escribiera de una manera, como quizá pienses, "digna", como un espíritu excelso debería escribir, no sentirías la cercanía conmigo, que quiero tanto que la sientas, y además, posiblemente no entenderías lo que quiero comunicarte. Te es imposible acomodarte a mi condición, y por lo tanto, tengo que acomodarme a la tuya. Quiero que llegues a estar tan cerca de mí, como te sea posible, y para que esto suceda, ciertamente me convertí en humano como tú lo eres; de lo contrario, la conexión entre nosotros no podría existir, y yo te parecería como un ser muy lejano y nebuloso, que no podrías comprender, ni sentir su influencia. No, soy muy humana, cuando vengo a ti.

Pero diré esto: Para que puedas tener una idea un poco mejor de nuestra relación, que a medida que progreses en el desarrollo de tu alma y en la posesión del Amor del Padre, serás menos humano — me refiero a tu condición de alma, la que es esta parte tuya, que facilita la conexión entre nosotros — y yo me reuniré contigo en el plano que ocupes. Así ves, qué factor más determinante para nuestra conexión es tu condición de alma. Y si lo piensas por un momento, comprenderás con más claridad, por qué los espíritus obscuros pueden encontrar contigo una conexión más estrecha, que te permite ayudarles, de la que pueden encontrar con los espíritus superiores. Tratamos de establecer una conexión con ellos, pero sus almas no responden, y sólo después de que tú hayas hablado con ellos y dirigido su atención hacia nosotros — lo que abre sus almas a nosotros, por decirlo así — podemos entrar en contacto con ellos, hecho que nos facilita ganar su atención, y crear en ellos cierto interés por lo que les digamos.

Esto puede sorprenderte mucho, ya que piensas que nosotros, que somos mucho más excelsos, tenemos que poseer gran poder sobre estos espíritus obscuros, y así realmente es para ciertos propósitos; y con frecuencia les paramos, para que no hagan ciertas cosas, que no deben hacer. Pero esto, como tienes que comprender, significa que a través de nuestro poder les forzamos arbitrariamente, para que no hagan ciertas cosas, justo como en la tierra, las leyes, o su ejecución, restringen a los que desean violar las leyes de hacerlo.

Pero cuando llegamos a la tarea de tratar de dirigir sus pensamientos a aquellas cosas, que afectan la condición de su alma, coacción o fuerza no lograrán la meta. Entonces tenemos que tratar con el ejercicio de su libre albedrío, y en estos casos, sólo la persuasión o la influencia de amor puede posiblemente realizar la obra de ayudarles, para que salgan de su condición obscura y mancillada de alma. Tenemos que invitar y persuadir al alma, para que despierte, no podemos obligarla, y para lograr esto, tenemos que establecer una relación con estos espíritus obscuros, la que les lleva a abrir voluntariamente sus almas a nuestras influencias. El gran obstáculo para nuestra obra entre espíritus de esta categoría es, que no nos escuchan, ni entran en conversación con nosotros, y no podemos obligarlos, ni lograr nuestro propósito. Ningún hombre o espíritu puede ser forzado, jamás, para que abra su alma a los pensamientos superiores y esenciales del progreso de alma. Por supuesto, una vez que entremos en esa conexión con ellos, que nos permite llamar su atención, y que ellos escuchan lo que les decimos, podemos despertarles, informándoles los sufrimientos y tormentos, por los que tendrían que pasar, si continúan en su propia condición, y podrías decir, por una clase de fuerza mental obligarles a meditar sobre lo que les mantiene en su condición de tinieblas, pero esto no ocurre, a menos que primero podamos asegurarnos de su atención, y en cierto grado, de su confianza.

Por eso quizá puedas comprender, en cierto grado, la importancia de la tarea, que ahora estás cumpliendo entre los espíritus obscuros. Ellos, en su condición de tinieblas y falta de desarrollo de alma, no pueden ver el desarrollo que tú tengas; y para ellos, sólo eres un mortal, como ellos mismos lo fueron, en muchos casos hace poco tiempo. Y al enterarse de que pueden comunicarse contigo, vienen a ti, justo como una persona acude a otra para el propósito de conversar; y aparte del fenómeno de que espíritus y mortales conversan, a ellos no les pareces diferente de ninguna manera de lo que les parecieron los hombres, cuando vivían en la tierra. Todos son muy humanos, y para ellos, la conversación de Ustedes es muy natural, y por lo tanto, te escuchan con el mismo sentimiento de confianza, o más bien, no te desconfían, como lo harían en el caso de otros espíritus de su propia clase. Todos Ustedes son humanos conjuntamente, y las opiniones o ideas de Ustedes son para ellos exactamente las mismas, que anticiparían, si ellos estuviesen en la carne o tú fueses un espíritu como ellos.

Si bien estos espíritus obscuros pueden, bajo ciertas circunstancias, ver a los espíritus luminosos y hermosos, como a veces te lo cuentan, sólo ven el aspecto del cuerpo espiritual — no pueden ver la condición de desarrollo espiritual en estos espíritus luminosos, porque existe una ley, que las percepciones de un espíritu no pueden visualizar las condiciones de almas de otros espíritus de un grado superior de desarrollo, de lo que ellos mismos tienen. Y esto tiene validez para todos los espíritus, no importa la esfera, que ocupen, y por lo tanto entenderás, que a medida que progresemos en nuestras esferas de alma, mientras más alto ascendamos, más clara y más comprensiva llegan a ser nuestras percepciones de alma del Padre y de Sus Cualidades Divinas.

Por eso digo, en cuanto a la percepción real de estos espíritus obscuros, no pueden comprender el desarrollo espiritual auténtico de los espíritus superiores, a los que ven a menudo. La condición interior de los espíritus superiores les está oculta a los espíritus obscuros, igual que la condición interior de una persona no puede ser vista por otra. Sólo cuando personas parecidas se encuentran, la percepción es posible, es decir, no una percepción visual real, sino una percepción espiritual mutua.

Pero los espíritus superiores pueden ver las condiciones interiores de los que viven en esferas inferiores que ellos, y determinar justo cómo es el desarrollo de alma de estos espíritus inferiores.

También, tienes que comprender, que el aspecto del cuerpo espiritual indica y retrata, en gran parte, la condición del alma, y correspondientemente, un espíritu puede juzgar el verdadero desarrollo de otro. Quiero decir, aquellos pueden juzgar así, que ya progresaron por encima de los planos obscuros.

Bien, escribí más de lo que me había propuesto, pero como deseabas lograr cierta idea de lo que escribí, me decidí a tratar de explicarte estas materias, aunque sé de mis explicaciones, que no las puedes comprender a fondo, las que traté de instruirte.

Pero tenemos que terminar ahora.

Así, con mi amor, te diré buenas noches.

Tu hermano y amigo,

Jesús

 

 


 

 

Helen: Mensaje

 

Yo estoy aquí, tu verdadera y amorosa Helen.

Bien, cariño, recibiste un mensaje del Maestro esta noche, que no anticipabas. Te iluminará considerablemente acerca del tema, sobre el que ya te escribimos varias veces, pero no te lo pudimos explicar satisfactoriamente, porque nosotros mismos no lo comprendimos a fondo. Pero ahora pienso, que puedes tender cierta idea, por qué eres tan importante en esta tarea entre los espíritus obscuros.

No escribiré más ahora.

Tu amorosa y verdadera,

Helen

 

 


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