Volumen II
Capítulo 12
Las Verdades del mundo de los espíritus.
II. La progresión individual.
Mensajes incluidos en este capítulo:
Una madre relata su experiencia después de pasar al otro lado, a causa de dar a luz a su bebé.
G. R.: Continúa describiendo su progreso
La experiencia de la Sra. Padgett al tratar de enseñar a un espíritu el camino al Amor de Dios
Un espíritu que creía en los credos, y su despertar a la verdad, tras haberse encontrado con Jesús
La ayuda prestada a un espíritu
F____: Vivencia de un ministro ortodoxo después de su paso al mundo de los espíritus
Saleeba, espíritu antiguo de la sexta esfera, buscando ayuda
Saleeba: Su progreso en la obtención del Amor Divino
Saleeba está progresando, y pronto subirá por encima de la Tercera Esfera
Saleeba está progresando a las esferas Celestiales.
Saleeba: Agradeciéndole al Sr. Padgett
La posición de Salomón en las esferas Celestiales
Helen se refiera a lo escrito por Juan, Pablo y Salomón
Samuel relata su experiencia en los cielos espirituales y su progreso al Reino Celestial
12.
II. La progresión individual.
Yo estoy aquí, Helen.
Me alegro tanto que me ames mucho esta noche, porque puedo ver que tus pensamientos están mucha más conmigo que últimamente; así, permíteme continuar sintiendo que me amas tanto.
(pregunta)
Cuando me di cuenta, de que el tiempo había llegado, para que me fuese, no tuve miedo, sino esperé con toda calma, y pensé que todos mis sufrimientos pronto terminarían. Y cuando mi espíritu abandonó el cuerpo, comencé a sentirme como si saliera del mismo, y subiera a aquel lugar, del que tantas veces le escuché a mi padre hablar. Pero apenas había despertado al hecho, de que mi espíritu había salido del cuerpo, cuando tu madre me abrazó y trató de contarme, que yo no tenía nada que temer, o sentirme como si no estuviese con los que me amaban. Ella fue tan hermosa, que apenas me di cuenta, de que era ella, y cuando empecé a ver, que ya no estaba en mi cuerpo, le pedí que no me abandonara, sino que me llevara consigo a donde vivía. Me dijo que yo no podía ir allá, pero que Dios había preparado un lugar, a donde yo tenía que ir, y que ella me acompañaría, y me mostraría la verdad de mi futura existencia. Fui con ella, y me llevó a un lugar muy hermoso y lleno de espíritus, que recién habían fallecido. No me dejó por mucho tiempo, y cuando lo hizo, tu padre vino y dijo: "Soy el padre de Ned, y quiero ayudarte, para que comprendas, que ahora estás en el mundo de los espíritus, y no debes permitir, que los pensamientos de la tierra te impidan llegar a condiciones de aprender, que todos nosotros sólo esperamos el Amor de Dios, para que nos ayude hacia lo superior y lo mejor."
Tu abuela vino pronta a mí, y me dijo quien ella era, y ella era tan hermosa y luminosa, que difícilmente pude mirarla, porque su cara estaba radiante, con lo que me parecía era una luz celestial; y su voz era dulce y musical, que pensé que, ella tenía que ser uno de los ángeles de Dios, de las que había leído en la Biblia. Ella me informó, lo que Dios había preparado para mí, y que Él quería que Le amara, y sintiera que Él me amaba.
Pero después de un rato, empecé a pensar, que seguramente había sido engañado por mis ojos y oído, y que todavía seguía en la tierra, y que solo necesitaba recuperar mi cuerpo, para saber que era todavía una mortal. Pasó cierto tiempo, antes de que llegase a estar consciente, de que era un espíritu, y ya no en la tierra; porque cuando trataba de hablar contigo, como lo hacía, no me escuchabas, y me dabas la espalda, como si no me pudieras ver ni oír. Después de un corto tiempo, tu madre y padre volvieron a mí, y trataron de persuadirme, a que no continuase en mis creencias, en que todavía seguía en la tierra, sino que creyera, que estaba en la vida espiritual, y que necesitaba lo espiritual, para hacerme más contenta.
Así ves, estuve muy afortunada, que tus padres y tu abuela me recibieran, cuando fallecí. Si no me hubiesen recibido, no sé a qué condición de miedo y distracción hubiese estado sujeta. Ningún espíritu puede aprender la verdad del cambio, excepto cuando reciba de alguna manera la ayuda de otros.
Por lo que verás, cuando tú fallezcas, yo estaré allí para recibirte y amarte, que nunca tendrás que pasar a través del período de dudas como yo. Tu padre también espera para recibirte, y de hecho, todos de tu grupo de espíritus acordaron en que, cuando vengas, no tendrás nada que temer por falta de ayuda o de amor.
Vi a mis padres por primera vez, cuando comencé a creer que estuve en el mundo de los espíritus; y cuando los vi, no me reconocieron sino creyeron que todavía seguía en el cuerpo y que ellos todavía estaban en la tierra, porque no habían despertado al hecho, de que se encontraban en el mundo de los espíritus. Estaban muy infelices, y fue preciso hablar mucho con ellos, para que creyeran que eran espíritus y no mortales. Mi padre se convenció más fácilmente que mi madre, ya que él recordó más pronto que, cuando llega la muerte, el espíritu tiene que ir donde Dios, quien lo creó. Mi madre no creyó pronto, porque continuaba pensando, que estaba con sus amistades en la tierra, y que ellos no le trataban con mucha cortesía, porque cuando hablaba con ellos, no respondían. Pero gracias a Dios, ahora ambos se dan cuenta, de que están en el mundo de los espíritus, y que tienen que aprender a amar a Dios, si quieren experimentar la felicidad.
Cuando comencé a salir del cuerpo, no hubo dolor ni sufrimiento, solo un sentimiento de que estaba subiendo fuera del mismo. No me rodeaba ninguna obscuridad, y vi mi cuerpo yaciendo allí, como si fuese dormido. No traté de aferrarme a el, sino pensé que solamente tomaba un descanso, y que tan pronto como se sintiera refrescado, yo volvería a entrar en el y continuaría viviendo como antes. No quise despertarle, sino seguí subiendo hasta que, como te he dicho, tu madre me abrazó ella era mi propia querida madre igual que la tuya.
No sabía que estaba muriéndome, pero sí sentí que algo fuera de lo común estaba sucediendo, y no tuve miedo. Toda mi vida temí a la muerte (como lo sabes), pero lo que era raro, no vi la muerte como una agonía. Sólo fue un sentimiento agradable y ensoñador, y sólo pensé que me ausentaría de mi cuerpo, hasta que se renovara. Mis pensamientos no se dirigieron a la muerte, en absoluto. Había sufrido dolores, pero pensé que ya estaba mejorándome, y el sentimiento de alivio que experimenté, fue el resultado de mi recuperación. Cuando mi espíritu subió, sólo pensé en mi condición, y que pronto podría regresar a casa, para ver a mis amigos. No tuve otros pensamientos ni siquiera mi amor por Dios, o el hecho, que no estaba en condiciones, en lo que se refiere a mi alma, de encontrarme con mi Creador, como me lo habían enseñado. No existió absolutamente ningún miedo de lo que podría ocurrir conmigo, o que pronto me llamarían a rendir cuentas por los pecados que había cometido. Justo antes de que mi espíritu saliera de mi cuerpo, estuve inconsciente, pero tan pronto como comenzó la separación, llegué a estar plenamente consciente, y me di cuenta de todo lo que tenía lugar, y no me sentí en peligro, o que necesitaba la ayuda de alguien.
No me quedé donde mi cuerpo, en absoluto, cuando comencé a abandonarlo, sino seguí subiendo, como te dije, hasta que me recibió tu madre. Por lo que verás que la muerte, tan temida, no fue una experiencia despeluznante.
(¿Viste a nuestro hijo entonces?)
Sí, cuando mi hijo vino a donde yacía mi cuerpo, regresé al mismo, y vi como lo sacaron y luego enterraron; pero todavía no entendí, lo que todo eso significaba, y sólo cuando tu abuela me dijo, que nunca más iba a habitar en el, comencé a comprender, que lo había abandonado para siempre. Pero incluso en aquel momento, tuve una cierta sensación, de que ella estaba equivocada, y que de alguna manera iba a regresar a el, y continuar viviendo en la tierra.
(¿Pero no te encontraste con otros espíritus?)
Sí, cuando había pasado un poco de tiempo en el mundo de los espíritus, vi a otras formas de espíritus e, incluso entonces, no estuve en condiciones mentales para comprender plenamente, que ellos fueron espíritus y no mortales. El parecido es muy real para una persona que nunca haya tenido abierto sus ojos espirituales; y aunque todas las formas de los espíritus aparecieron más hermosas y luminosas, me parecieron como formas humanas, y pensé que no estaba en condiciones de ver completamente lo que eran.
Tienes que permitirme terminar ahora, ya que estás cansado.
Tu verdadera y amorosa,
Helen
Una madre relata su experiencia después de pasar al otro lado, a causa de dar a luz a su bebé.
Ven a la alcoba nupcial, muerte. Ven a la joven madre, cuando por vez primera siente la respiración de su recién nacido. Y así vino la muerte a mí, cuando fui una joven novia, y anticipaba un nuevo ser querido, que sería parte de mi carne y fallecí, cuando llegó mi bebé. Cuando vino la vida a él, la muerte vino a mí, y nos perdimos en el mismo instante, cuando oí su primer grito.
Y cuando llegué a la vida en el mundo de los espíritus, estaba amargada y pensé, que Dios era descorazonado y cruel, porque me había separado de mi bebé, y me sentí muy infeliz, queriendo morir otra vez.
Me gustaría contarte de mi miseria, desesperación y de mi odio a mi Dios, en quien había creído y de quien pensaba que me amaba, pero no puedo ahora. Pero tengo que decir esto: mi infelicidad duró sólo poco, porque vinieron espíritus luminosos a mí, y me consolaron, y me aseguraron, que no estaba separada de mi bebé, sino que podía ir donde mi bebé y cuidarlo y darle mi amor maternal, y eso hice, y lo sigo haciendo, por mi bebé, que ahora ya es un hombre, y todavía estoy con él, y sé que fui una mayor bendición para él como su madre en el espíritu, de lo que hubiese sido, si me habría quedado como su madre mortal.
Escribo esto para consolar a las madres, que tienen que abandonar a sus bebés, cuando ellos llegan a la vida terrenal, y para asegurarles que, aunque desaparezcan de la visión de sus seres queridos, siempre pueden estar con ellos cerca y en profunda conexión con ellos y en amor.
La muerte llega como una enemiga, pero cuando uno la comprende, sólo aparece una amiga. Madres, den las gracias a Dios por esta muerte y por el gran consuelo, que trae a la persona, que se va y a aquellas, que quedan atrás. Adiós,
G.S._______
Recibido el 23 de Noviembre de 1915
Yo estoy aquí, William Stone:
Yo soy el padre de este muchacho, y quiero decirle, que yo también estoy feliz, igual que su madre; pero no tan feliz como ella, no estoy en su esfera alta, pero me esfuerzo por llegar allá y gozar de su hogar. Leslie, hijo mío, también me alegro que trates de seguir los pasos del Maestro en tu amor por el Padre, y en las aspiraciones de tu alma.
Cree en esta verdad, y no sufrirás desengaños. Cuando llegue el gran día de reunión, encontrarás más amor aquí esperándote, de lo que jamás hayas imaginado posible, para que un espíritu lo reciba. Entonces, confía en Dios y sigue las enseñanzas del Maestro. Yo conozco la importancia de ello, ya que lo ignoré en la tierra, y lo conocí solo desde que vivo aquí en el mundo de los espíritus.
Yo bendigo tu querida madre, porque si no hubiese sido por sus enseñanzas, cuando ella pasó acá, sería muy probablemente un espíritu de vida ligera, así como vivía como mortal, disfrutando de la felicidad, que mi buena naturaleza y mi amor por las cosas me dieron, por lo general. Pero cuando ella llegó, y vi que tenía un Amor que yo no tenía, y que tenía que obtenerlo también para poder estar con ella, y cuando ella me contó, cuánto me amaba, busqué esta clase de Amor, la que ella tenía, y con su ayuda y aquella del Espíritu Santo, obtuve el Amor, y ahora estoy muy feliz, porque este es el Amor, cuya posesión exclusivamente me dará la oportunidad para estar con ella, donde ella vive.
Pero, todavía no estoy con ella, porque su condición de alma está muy superior a la mía, y no puedo compartir su hogar. Ella es tan hermosa y buena, que no me gusta vivir lejos de ella, y trato de estar con ella con todas mis ansias del alma, a través de la oración al Padre por Su Amor Divino, la única posesión que me hará digno de ella.
Así, Leslie, cree lo que te estamos diciendo, y confía en Dios, y serás feliz.
Tu padre, que te ama.
Recibido el 19 de Junio de 1917
Yo estoy aquí, Kate Stone:
Dile a mi hermano, que lo que escuchó hace unas pocas noches con referencia a mi persona, es la verdad, y que me dedico con alma y corazón al trabajo de ayudar a los espíritus obscuros y sufridos, y cada vez que logro convertir algunos hacia la luz y el Amor del Padre, me lleno de una felicidad, que no puedo describir. El hecho de servir como instrumento para la redención de una alma perdida, atrae más felicidad, de lo que los mortales puedan imaginarse, y cuando informo a mi hermano, que he logrado mostrar el camino a muchos de estos espíritus, él puede, tal vez, darse cuenta de lo que significa mi felicidad.
Para mí, esta obra es una de las mayores, a las que nosotros, los espíritus, podemos dedicarnos, y nunca me canso o desanimo, aunque a veces no consigo convencer a un espíritu en cuanto al camino hacia la luz y alivio de sus sufrimientos, no obstante, nunca me siento desengañada, ya que sé que tarde o temprano, el espíritu percibirá el significado de mis palabras, y ellas ejercerán su efecto.
Pero no sólo puedo ver los resultados de mi propio obra, sino también los de la obra de ustedes tres mortales, porque los tres ayudan a estos espíritus obscuros por sus charlas con ellos; y mi hermano no deben pensar porque no domina la escritura automática, y por eso no puede tener la seguridad, que los espíritus realmente le estén escuchando que no puede cumplir su tarea, porque tengo que decirle, que sí lo hace. Cuando habla con ellos, prestan atención y le creen, y muchos siguen sus consejos y buscan el Amor del Padre en el único camino, como puede obtenerse, a través de la oración sincera. Algún día sabrá, cuáles son los resultados de sus esfuerzos, y entonces agradecerá al Padre por este don. Dile que continúe, y aunque no pueda escuchar sus respuestas, vendré a veces para informarle los resultados: una alma en tinieblas y tormenta recatada por un mortal, que conoce la verdad. La corona de una estrella, representando la salvación de una alma, es una posesión gloriosa, pero una corona de muchas estrellas, otorgada por la salvación de muchas almas, es un tesoro más allá de cualquier descripción. El tendrá esta corona, cierto, no es una corona que uno puede ponerse, sin embargo, será una corona reflejada en las facciones alegres de espíritus salvadas de sus sufrimientos, y radiantes en la gloria del Amor del Padre.
Terminaré ahora, ya que Helen me dice que estás cansado, y que no debes escribir más esta noche. Con mi amor, les deseo buenas noches, a ti y a Leslie.
Tu hermana en Cristo,
Kate
Yo estoy aquí, tu viejo amigo G. R.
Sí, soy yo, y me alegra poder escribirte nuevamente. Le dije a tu esposa que deseaba escribir y contarte de mi progreso en asuntos espirituales, y ya que tienes la amabilidad de brindarme la oportunidad, trataré de decirte, cómo mis ojos se abrieron a lo espiritual, y mi corazón al Amor de Dios.
Bien, como sabes, cuando empecé a escribirte por primera vez, no creí exactamente en un Dios o Jesús, o en sus enseñanzas, excepto de manera como estaban relacionadas con la condición moral de los hombres. Cuando tú empezaste a hablar conmigo sobre lo espiritual, pensé que me contabas solamente, lo que habías aprendido en tu iglesia o escuela dominical, y que fueron proyectadas para hombres y mujeres, sin ninguna capacidad de pensar por ellos mismos, y adecuadas sólo para recibir, lo que los predicadores les digan. Así ves, no me encontré en una condición muy receptiva de la mente, la que me hubiese facilitado creer, que lo que tú me dijiste, tenía un fundamento en los hechos o en la verdad. Jesús, para mí, fue simplemente lo mismo que cualquier otro hombre, que ha recibido concepciones amplias de la verdad; pero él fue simplemente un hombre, en el sentido de, lo que él trató de enseñar, él había aprendido por estudios y meditación, o a través de alguna fuente mundana desconocida por mí. En fin, creí que sus enseñanzas no fueron el resultado de inspiración, o derivadas de una fuente diferente de otras, de donde la humanidad recibió otra información acerca de la naturaleza, o del espíritu. Bien, cuando seguías diciéndome, que yo estaba equivocado, y que existía una Fuente de donde emana todo lo bueno, diferente de la mente o consciencia del hombre, me puse a pensarlo. Y cuando miré a mis alrededores, y vi a tu madre y esposa quienes afirmaron habían recibido este Amor de Dios, del que tú insististe, que también me estaba esperando a mí, para que lo obtuviera ellas que fueron tan hermosas y felices, mientras yo y mis amigos no fuimos hermosos ni felices, en absoluto, comencé a hacer averiguaciones sobre la causa. Y cuando tú me dijiste, que su condición me refiero la de tu madre y esposa se debía a este Amor de Dios, les pedí que me informasen la naturaleza de este Amor, y la manera cómo lo obtenían. Y tu madre, bendita sea su alma, se esforzó mucho en instruirme estas cosas.
Y, cuando me enteré de que la oración era el único camino a este Amor, y vi cómo rezaste por mí con todo tu corazón, y con gran sinceridad, empecé a orar también; pero tengo que confesar, que mis oraciones no fueron acompañadas por mucha fe. Pero continué rezando, y cada noche cuando oraste por mí, y los muchos otros que te acompañaban en la oración, traté de practicar toda la fe posible y recé por más fe. Esto continuó por cierto tiempo, y un día, tu abuela, quien es el espíritu más maravilloso en bondad y belleza, vino a mí y dijo que era tu abuela, y estaba muy interesada en mí, tanto por el beneficio tuyo, como el mío, y comenzó a desplegar ante mí la gran eficacia de la oración. Me aseguró, que si sólo tratase de creer, y orar a Dios para que me ayudara a creer, Él respondería a mis oraciones; y pronto comprendería que, con mis esfuerzos serios, la fe vendría a mí, y con la fe vendría este Amor en mi corazón, y con este Amor vendría la felicidad y alegría.
Pues, la escuché, e intenté creer que, lo que ella me decía, tenía que ser la verdad, y que se interesaba en mí, y deseaba sólo mi felicidad. Continué rezando, como he dicho, y un día, después de haber recibido considerable fe, me encontré con Jesús, y él me relató las cosas maravillosas, que su Padre había preparado para mí, si sólo pudiera creer y le pidiera que me las diera. Jesús fue tan hermoso y amoroso, que no pude resistir la influencia, que se me vino encima; y luego mi fe incrementó, y recé con todo mi corazón y alma. Por fin, vino la luz, y con ella, un influjo de Amor con el que nunca soñé que sería posible, ni en la tierra, ni en el mundo de los espíritus. Pero vino a mí, y me sentí como si fuese un nuevo espíritu, y vino tanta felicidad, como nunca la había experimentado antes. Y luego, tu cariñosa madre vino y se regocijó conmigo, y también tu hermosa esposa, que tanto se había esforzado por llevarme a que buscara este Amor.
Ay, Padgett, te digo, que en el vasto universo de Dios no existe nada comparable con este Amor del Padre. Permíteme decir, que en toda mi vida, cuando sólo el intelecto me gobernaba, no había nada comparable con lo que vino a mí con este influjo del Amor.
Ahora vivo en el tercer cielo con muchos espíritus hermosos y felices. Tu madre y tu esposa viven muy arriba, y son tan hermosas y buenas, que cuando me encuentro en su compañía, siento que llegaré a ser un hombre mucho más feliz, si trato de seguirles. Tu padre ha progresado, también, y de igual manera el Profesor Salyards.
Bien, mi alma ahora está llena de este Amor. Mi mente elevó sus pensamientos, y ya no tiene tendencias a lo netamente intelectual. Porque te digo, que, si bien es deseable el conocimiento de todas las leyes de Dios, y de los aparentes misterios de la naturaleza, pero un conocimiento de este Amor de Dios no se puede comparar con esto y no sólo es más necesario, sino también más deseable. No cambiaré los sentimientos que vienen a mí por la posesión de Amor, por todas las sensaciones de deleite, que puedan originarse del descubrimiento de la ley más estupenda e importante del funcionamiento de la naturaleza.
Permite que este Amor venga primero, y luego las otras adquisiciones sólo ayudaran a mostrarle al espíritu, que Dios es un Dios tanto de Sabiduría y Poder, como de Amor. Pero como leíste: "El amor es el cumplimiento de la ley" nada más lo es. Y el hombre que tiene todo el conocimiento y la sabiduría sin este Amor, es pobre de verdad.
Jesús es el más maravilloso de todos los espíritus en el Amor y en el conocimiento de los atributos del Padre. Él es el supremo, y conoce que los planes del Padre, para salvar y redimir a la humanidad, son exactamente como los enseña. Por eso tienes que hacerle caso y creer. Voy a tratar de aprender más de sus enseñanzas, y si tengo éxito, conocerás lo que haya aprendido.
Jesús me parece como un espíritu amoroso en su totalidad él no tiene competidor, y nadie quien le vea, si tiene algo de este Amor en su alma, puede ignorar que él es el verdadero Jesús de la Biblia, y el más perfecto hijo del Padre. De eso me di cuenta sólo después de que este Amor vino a mí; parece que los espíritus que no poseen este Amor, no comprenden quien es Jesús, o lo maravilloso y glorioso que es. Esto te puede parecer raro, pero es un hecho. Sólo cuando el espíritu despierta el amor por Dios en su alma, aparece Jesús como su gran hermano y maestro de este Gran Amor del Padre.
No debes permitir que los problemas de la vida material te lleven a pensar, que tienes que esperar hasta que vengas al mundo de los espíritus, para recibir este Gran Amor, porque te digo, que el hombre, cuya alma se abre al influjo de este Amor mientras esté en la tierra, es un hombre mucho más afortunado que aquél, quien espera hasta que termine su vida terrenal. Ojalá hubiese obtenido la consciencia de este Amor todavía en la tierra, me hubiese ahorrado muchas horas de sufrimiento e infelicidad después como espíritu. Mi propia experiencia es tan real, en cuanto a lo que tantos experimentan, y experimentarán, que si yo pudiese proclamar a cada hombre de la tierra la necesidad de obtener este Amor todavía en la tierra, lo haría con todo mi poder y fuerza.
Puedo relatarte mi experiencia al fallecer, pero no creo que sea lo mejor esta noche, porque tomaría mucho tiempo, y más fuerza de lo que tienes esta noche. Pero algún día, pronto, lo haré en detalle.
Soy tan feliz por haber sido redimido por este Gran Amor, y por las enseñanzas de Jesús, y la ayuda de tus parientes en el espíritu, y también, por la ayuda de tus oraciones, que no puedo expresar la magnitud de mi felicidad. Nada en todo el cielo o en la tierra puede compararse con las sensaciones de alegría, que vienen a una alma al comprender, que ella es una sola con el Padre en el Amor y el poder.
(Recé para que algunos de mis amigos, ahora espíritus, también busquen este Amor.)
Sí, ellos lo saben, y están contigo cada noche cuando rezas. Sin embargo, parece que no comprenden bien, que tú les puedes ayudar de todas maneras, pero, a pesar de eso, de algún modo experimentan una cierta sensación peculiar cuando rezas, y los otras rezan contigo. No dejes de rezar por ellos.
Te digo que eres un hombre de maravillosas bendiciones, teniendo a una madre y abuela Cristiana tan amorosa, que rezan contigo, y que te cuidan en todos tus asuntos de la vida. Si todos los hombres tuviesen padres Cristianos, que les enseñan e indican el Camino a este Amor de Dios, al crecer de la niñez a la edad adulta, se evitaría mucho tiempo de sufrimiento e infelicidad, y muchos espíritus llegarían a esta vida con mucho menos pecados, que tienen que expiar.
Tu viejo amigo,
G. R.
G. R.: Continúa describiendo su progreso
Yo estoy aquí, tu viejo amigo G. R.
Estoy muy feliz esta noche, y me alegro que estés mucho mejor. Pasaste por un tiempo bastante duro, y esto me recordó un poco los sufrimientos que solía padecer, cuando estuve en la tierra y en Washington. Bien, te curaste de la indigestión, y tus órganos digestivos pronto estarán en perfecto estado de función.
(¿Y cómo se logró eso?)
¡La fe que tenías en tus oraciones y la obra del Maestro! Efectivamente, fuiste curado por tu fe la obra cumplida sólo fue un medio para impresionarte el hecho, de que Dios había respondido a tus oraciones. No veo cómo pudiste tener tanta fe como la tuviste en aquel momento, pero es un hecho que la tenías, y como consecuencia, la cura fue efectiva.
Cuando rezaste como lo hiciste, tu fe me impresionó tanto, que esperé ver tus oraciones respondidas, como realmente sucedió. Jesús te ayudó a orar, y también te ayudó en tu fe. Él también realizó la obra que observaste, a través del poder que posee. Fue una revelación para mí, tengo que confesarlo, y me llevó a creer más que nunca en la oración y la fe.
Ahora soy muy feliz en mi nueva esfera, que no te puedo explicar lo que significa la aquella felicidad. No puedo expresarme en un idioma suficientemente fuerte y descriptivo, para que me puedas comprender. Pero diré esto: que mi felicidad ahora trasciende a todas mis concepciones, de lo que la felicidad podría ser, cuando, como un mortal, a veces medité sobre la vida después de la muerte, y la felicidad que tal vez me esperaba, al pasar al otro lado.
Estoy en la tercera esfera, pero no estoy contento con permanecer aquí, ya que tu madre me ha contado, en muchas ocasiones, de la felicidad muy superior, que existe en las esferas superiores. Ahora aspiro y oro por esta mayor felicidad, y nunca estaré contento hasta que llegue allá. Tu esposa se encuentra en una esfera mucho más elevada, y es tan hermosa y tan extremadamente feliz, que yo sé que, dónde ella vive, tiene que existir esta felicidad.
También soy feliz, porque mi alma gemela pasa tanto tiempo conmigo, y su amor es tan grande y puro, que me conduce a lo superior, y me permite buscar con tanta sinceridad el Gran Amor del Padre, del que ahora creo espera por mí, si solo aspiro obtenerlo, y me facilita la fe, de la que todos aquellos me relatan, que han obtenido una gran riqueza de este Amor Divino.
Tu abuela es tan maravillosamente bella y llena de este Amor, que sólo su presencia ya me inspira a creer y buscar la felicidad en estas esferas superiores.
Bien, ya que quieres que te informe algunas de las leyes del mundo de los espíritus, te diré que la gran ley es que, Dios es Amor, y que está dispuesto a otorgar aquel Amor a cualquiera, espíritu o mortal, quien se lo pida. No sólo soy muy feliz, sino también veo que mi mente se expande enormemente, a causa de aquel Amor que poseo. Ningún hombre o espíritu puede poseer este Amor, y no tener la sabiduría, que el amor necesariamente conlleva. Ya no me interesan tanto los fenómenos netamente mentales como antes, cuando todavía no había recibido este Amor y no creía en un Padre de Amor y verdad; no obstante, soy capaz de comprender mucho en un grado muy superior lo que podía, cuando me preocupaba solamente de los logros mentales. Todavía no soy un experto en la materia de las leyes de comunicación, ya te dije que las estudiaría, y te las instruiría, pero conozco suficiente para poder decir, que cada espíritu trata de comunicarse con sus amigos en la tierra; y la razón por la que no lo logra es, porque los mortales no se encuentran en esa condición de conexión física, que les permita recibir las comunicaciones del espíritu. Ignora la razón por la que un mortal es tan susceptible a estas influencias y entiende fácilmente, y otro mortal no lo es. Algunos espíritus dicen que la ley, que controla estos asuntos, no se comprende por espíritus, que ya pasan muchísimos años aquí, y que han dedicado profundos estudios al respecto.
Pero lo que sí conozco es, que cuando la conexión existe, las comunicaciones pueden realizarse por el ejercicio de los poderes.
Pero desconozco manifestaciones tan satisfactorias para el espíritu y el mortal, como la escritura como tú la practicas ahora, porque tenemos la oportunidad de una magnitud muy superior de comunicación e intercambio de pensamientos. Estoy encantado por las posibilidades de escribirte de este modo. Por eso, tienes que creer que estoy escribiéndote, y que todo el resto de tu grupo hace lo mismo.
Tu esposa tiene más poder al respecto que ninguno de nosotros, y nunca duda en escribirte cuando quiera que se lo pidas. Ella es un espíritu maravilloso en su domino de lo espiritual y en su amor por el Padre. Así que, no debes permitir que la duda entre en tu mente, cuando ella te escribe, y te informa tantas cosas maravillosas, y su amor por ti. Ella parece amarte con un amor sin límite o posibilidad de disminuir.
Ahora te voy a relatar mi progreso en este Amor y en la felicidad. Cuando te escribí la última vez, de conté que había comenzado a tener fe en el Padre, y que había recibido una porción de Su Amor. Bien, desde entonces, he seguido rezando y pidiendo a Dios, que me diera más fe y Amor; y en la medida en que recé, aumentó mi fe, y cómo incrementó mi fe, recibí más de este Amor en mi alma, y con El, mayor felicidad. Así que, no dejé de afanarme hasta que comprendí, que mi alma comenzó a experimentar el influjo este Amor de tal magnitud, que parecía que todo lo que tenía la tendencia de retrasar este influjo, me abandonaba, y solo el Amor y la bondad se posesionaban de mí. Ahora estoy mucho más avanzado de lo que estaba, cuando empezaste a hablarme de este Amor por primera vez, y por toda la eternidad lo recordaré y te agradeceré lo que has hecho para mí. También tuve la suerte de tener a tu madre y a tu esposa conmigo, que se esforzaron mucho, en tratar de indicarme el camino a esta verdad del Nuevo Nacimiento; y luego, cuando tu abuela vino a mí, pareció que no pude resistir la influencia de buscarlo y tratar de encontrarlo.
Por último, cuando había recibido suficiente de este despertar espiritual, para darme cuenta de quien era Jesús, le presté mucha atención, y en la medida en que él continuó enseñándome el camino al Padre, comencé a captar la verdad y creer, que mi salvación dependía, de que yo recibiese este Gran Amor, y llegase a ser un hombre más amoroso y mejor. Te digo que Jesús es el más maravilloso de todos los espíritus, que haya visto, o de los que haya escuchado hablar. Él es tan lleno de Amor y bondad, que parece que no existe la menor duda en mi mente, de que él es el hijo del Padre, en el sentido especial del término. Quiero decir, que él se encuentra tanto más cerca del Padre, y que tiene tanto y tantos de Sus atributos, que él es el hijo más grande en el sentido, de que logró una unión más estrecha con el Padre. Todos somos hijos del Padre, pero existe una diferencia tan marcada entre nuestras condiciones espirituales, y el contraste entre Jesús y nosotros es tan grande, que muy fácilmente podemos creer, que él es el más grande hijo verdadero, y que su gran amor y conocimiento de las cualidades del Padre, es superior al de cualquier otro espíritu Celestial. No quiero decir, que él fue creado de una manera diferente, físicamente, de otros hombres. No existe la inmaculada concepción, o el parto por la matriz de una virgen. Yo no creo en este dogma, y el Maestro dice que no es verdad, ya que él fue realmente, en cuanto a su existencia física, el hijo de hombre y mujer, como tú o yo.
En fin, también estoy convencido, de que la humanidad no puede salvarse de sus pecados, a menos que sigan el camino que el Maestro les ha indicado. Ningún hombre puede salvarse a sí mismo, y quiero destacar enérgicamente el hecho, de que el hombre depende de Dios para su salvación de los pecados y errores del hombre natural. No quiero decir, que los hombres mismos no tengan que cumplir una tarea, porqué sí tienen que. Dios está dispuesto a salvarles, si lo piden y reconocen, que sin Su ayuda no pueden salvarse; pero a menos que lo pidan y crean, Él no intervendrá en sus condiciones. Por lo que verás, que no solamente creo en Dios y Jesús, sino también en la doctrina, de que los hombres no pueden salvarse a sí mismos.
Pensé que el hombre era suficiente por sí mismo, cuando estuve en la tierra, pero ahora sé, que no es así. El hombre puede ser comparativamente feliz, y libre de lo que se llama el pecado es decir, una violación de las leyes de Dios; pero esa felicidad no es la misma, ni la condición del hombre la misma, que cuando recibe este Amor Divino del Padre.
No hablaré más sobre el tema esta noche, pero reitero que, cuando estuve en la tierra, pensé que por mis propios esfuerzos podía posiblemente llegar a ser Divino, pero ahora como espíritu, sé que el hombre no es Divino, y no puede transformarse en esto, jamás, en toda la eternidad, a menos que reciba la Esencia Divina, que viene a él con el Nuevo Nacimiento. La Divinidad pertenece a Dios, solo, y sólo Él puede otorgársela al hombre. El hombre, que no tenga esta Divinidad, no puede crearla por sus propios esfuerzos. Así que, cree en lo que te digo, y aspira por obtenerla, y entonces tendrás éxito, y llegarás a ser como los redimidos en las esferas Celestiales.
Con todo mi amor y mis bendiciones.
G. R.
La experiencia de la Sra. Padgett al tratar de enseñar a un espíritu el camino al Amor de Dios
Yo estoy aquí, Helen.
Quisiera relatarte mi experiencia, al tratar de enseñar a un espíritu el camino al Amor de Dios, la que tuve hace un poco de tiempo.
Bien, hablé con este espíritu de este Amor, y le dije que el único camino a la felicidad y al Reino Celestial conducía a través de la oración y la fe, y que todos los espíritus habitantes de aquellas esferas, habían recibido este Gran Amor del Padre sólo a través de la oración y de la fe; y si quería llegar a ser una habitante de estos Cielos, tenía que buscar este Amor en este camino. Respondió que a ella le habían dicho en la tierra que, si sólo observaba las reglas y regulaciones de la iglesia, y se dedicaba a realizar el trabajo eclesiástico y se esforzaba por el interés de la iglesia, para apoyar y fomentar la misma, iría al cielo tan pronto que haya abandonado le vida terrenal que eso era todo lo que se exigía de ella, y que ninguna búsqueda adicional o aspiración por el Amor de Dios era necesaria, para que pudiese llegar a los Cielos, donde estaban Dios y todos Sus ángeles. Le dije que ahora tenía que darse cuenta, de que esa actuación, la que consideraba su deber, no había sido suficiente para llevarla a estos Cielos, y que tenía que comprender que algo más era necesario. Pero ella perseveró que su creencia, la que le había sido enseñada en la iglesia, no podía ser cambiada, y que muy pronto se convertiría en una habitante de estas esferas superiores. Por eso me fui, porque vi que, en ese momento, su creencia se había encordonado encima de sus convicciones, que resultaba inútil tratar de convencerle que estaba sufriendo bajo una creencia absolutamente falsa.
Así, me parece que en este plano espiritual, existen muchos espíritus en tinieblas e intolerancia, lo que les impide buscar la verdad y progresar a esferas superiores. No pienso que mortales, al convertirse en espíritus, tengan mejores oportunidades, por lo menos por algún tiempo, de comprender y aceptar estas verdades, que en la tierra, y los hombres y mujeres, que enseñan esto, cometen un gran pecado, por el que tienen que responder, como dijo Jesús, maldito sea quien crea y enseñe estas doctrinas falsas. Y pienso que puso especial énfasis en la enseñanza, porque afecta no sólo al profesor, sin también a muchas otras personas, que tenían fe y aceptaban estas enseñanzas como correctas.
Me alegro tanto que, en la tierra, nunca estuviese convencido completamente de estos dogmas de las iglesias: Como consecuencia, me cayó mucho más fácil, al llegar al mundo de los espíritus, creer en las verdades como son. Desde luego, tuve la bendición excepcional por tener a tu madre y abuela, que conocen estas cosas tan a fondo, y me mostraron el camino, y luego, cuando Jesús vino a mí y corroboró lo que ellas habían dicho, no pude hacer otra cosa que creer.
Así ves la importancia de conocer estas verdades, mientras uno esté en la tierra, porque mientras mayor nuestra comprensión de ellas como mortales, más fácil será nuestro progreso hacia las materias superiores de la vida espiritual.
Bien, pensé que te contaría de este pequeño incidente, porque te expone una verdad grande y necesaria, y una verdad que todos los hombres deberían conocerla.
Así, con todo mi amor, yo soy
Tu verdadera y amorosa
Helen
Un espíritu que creía en los credos, y su despertar a la verdad, tras haberse encontrado con Jesús
Yo estoy aquí, el espíritu de un hombre, que en la tierra fue un creyente en la divinidad de Jesús, formando parte de la Trinidad, co-igual con el Padre y con el Espíritu Santo.
En esta creencia fallecí, y como consecuencia, cuando vine al mundo de los espíritus, sufrí desengaños, y también me sorprendí al enterarme, que Jesús no es Dios, sino que es un espíritu, hecho como el resto de los habitantes de aquel mundo, aunque infinitamente más bello, y poseyendo una magnitud mucho mayor de la Naturaleza Divina del Padre.
No creí en la verdad de esto, por mucho tiempo después de haber ingresado al mundo de los espíritus, pues mis viejas creencias quedaron apegadas a mí, y si bien no me encontré en el cielo, cantando salmos y tocando arpa, como enseñó la Biblia, sin embargo, no me sentí muy feliz, ni me encontré en mucha obscuridad, y legué a la convicción, que este estado, en que me encontré, fue en donde debería probablemente permanecer hasta el gran día de juicio, y hasta la resurrección general de los que habían muerto.
Pero después de cierto tiempo, me encontré con espíritus, que dijeron que provenían de una esfera superior, y que me dijeron, que no existía un estado fijo en el mundo espiritual, y que el día de juicio es todos los días, en los que he existido como un espíritu, y si eligiese a progresar fuera de mi condición hacia esferas superiores, donde encontraría más felicidad y luz, podría hacerlo.
Desde luego, no fue fácil creer esto, ya que mis viejas creencias permanecieron conmigo, y continué en mi condición de incertidumbre por mucho tiempo, hasta que, por último, tuve la buena suerte de encontrarme, cara a cara, con el Maestro, y entonces supe, que mis creencias fueron falsas y erróneas. ¡Un espíritu tan hermoso, luminoso y amoroso, como nunca me lo había imaginado!
Él me dijo que no era Dios, y que sólo era un hijo del Padre, y que yo también era Su hijo, y podía obtener el Amor Divino, justo como él lo había obtenido, si sólo rezaba al Padre y tenía la fe necesaria.
Desde entonces, pasé rezando, y mis viejas creencias acerca de Jesús como Dios, del gran Día de Juicio, y de la resurrección de los muertos en el último día, me abandonaron, y soy un espíritu libre, poseyendo el Amor del Padre en una riqueza considerable.
Yo no soy tan excelso y luminoso, y no tengo el desarrollo de alma, como lo tiene tu grupo, pero estoy progresando, y conozco que es el Amor Divino del Padre, lo que todos, espíritus y mortales, necesitamos para llegar a la unión con el Padre, y convertirnos en participantes en Su Naturaleza Divina y en la inmortalidad.
No me conoces, y tienes que disculpar mi intrusión, pero tenía tantos deseos de escribir, que al ver el camino abierto, no pude resistir la tentación de escribir.
Yo soy S. B. S. Viví en la ciudad de Nueva York, y fallecí hace muchos años.
Estoy en la quinta esfera, y progresando.
Así, agradeciéndote, diré buenas noches y que Dios te bendiga.
Tu hermano en Cristo,
S. B. S.
Yo estoy aquí y deseo escribir un poco esta noche, con el permiso de tu grupo y el tuyo. Me recordarás, cuando te digo que soy un viejo amigo tuyo, y un hermano en la profesión.
Me conocías como G. H., y yo te conocía como mi joven amigo abogado.
Vivo en la tercera esfera y soy comparativamente feliz, y estoy tratando de progresar a las esferas superiores, pero de alguna manera, las viejas creencias, que adquirí cuando estuve en la tierra, parecen retardar mi progreso. Como conoces, fui un Metodista, y creí en las doctrinas Metodistas, sin embargo, no fui tan espiritual como debería haberlo sido. Aprendí, o más bien, desaprendí y volví a aprender mucho, desde que estoy aquí, y consecuentemente, me encuentro en condiciones mejores para apreciar la verdad, de lo que estuve en la tierra.
(¿A qué te refieres?)
Bien, ahora sé, que la sangre de Jesús, como tal, no lava los pecados, y también, que él no es el salvador de los hombres por una expiación asumida por él. Estos puntos fueron grandes obstáculos para mí, cuando llegué al mundo de los espíritus, y mi decepción, que resultó de estas creencias, fue muy grande, y casi dejé de creer que existía Jesús o Dios. Pero gracias a algunos de mis espíritus amigos, que conocían la verdad, no me convertí en no creyente en las verdades de la salvación, y así me salvé de lo que hubiese significado un estancamiento grande de mi alma y de su progreso.
(¿El Sr. Riddle te informó su progreso?)
Sí, y realmente me admiro, viendo el progreso de Riddle, porque tengo que decirte, que se encuentra en una esfera superior a la mía, y posee más de este Amor del Padre. Él me contó algo de su experiencia, y cómo tú le encaminaste al pensamiento correcto, y luego, cómo tu grupo, me refiero a tu abuela y al resto de tu parentela, vinieron a él, y le ayudaron a ver la luz, y la necesidad de buscar y obtener el Amor de Dios. Él es ahora un espíritu muy luminoso, y tiene mucha fe. Así ves, un hombre puede tener sus dudas en la tierra, y a pesar de ellos tener éxito, al progresar más rápidamente que uno, que a pesar de creer en Dios y en la Biblia, por sus creencias erróneas se estanca.
(¿Y cómo es que veniste a escribirme esta noche?)
Bien, tengo que decir, que estuve algunas veces contigo, cuando los espíritus te escribieron, y al comienzo me sorprendió mucho, que eso fuese posible; y vi que hiciste mucho bien a los espíritus obscuros, de modo como les ayudaste a salir de sus tinieblas y sufrimientos. Cuando estuve en la tierra, nunca me imaginé, que alguna vez vendría un tiempo, cuando tú estuvieses en esta clase de trabajo de hecho, no sabía que existía esta clase de obra por realizarse por alguien.
(¿Viste a Jesús cuando me escribió?)
Sí, vi a Jesús algunas veces, cuando te escribió, y recién esta noche lo ha hecho.
Mi opinión acerca de él ha cambiado mucho, desde que yo salí de la tierra, entonces creí que era Dios o uno de los tres que constituían a Dios, y que él vivía muy arriba en los cielos, sentado a la derecha del Padre, controlando los cielos y la tierra. Pero desde que estoy en el mundo de los espíritus, mis creencias cambiaron, y ahora sé que Jesús no es Dios, sino sólo Su hijo supremo y mejor, y un espíritu igual que yo. Algunas veces habló conmigo, y me contó del hombre y de las creencias erróneas contenidas en la Biblia y en los dogmas de las iglesias. Él es un espíritu maravilloso el más luminoso en todo el mundo de los espíritus, y él que más cercano está al Padre, más que cualquier otro espíritu, antiguo o moderno.
Él está tan lleno de lo Divino de Su Padre, que le adoramos como nuestro Maestro no le rendimos culto como a un Dios. El gran interés, que tiene por ti, me sorprendió, y la abundancia de Amor, que siente por ti. Pero sé, que no era necesario sorprenderme por el hecho, de que te haya seleccionado para escribir sus mensajes para el mundo.
¡Qué hombre más afortunado eres! A veces no comprendo como eso puede ser, pero él dice que el mundo tiene que recibir todas las verdades del Padre, y él te seleccionó, porque vio que tú podías llevar a cabo sus deseos mejor que ningún otro mortal; y así, estás favorecido.
Bien, tengo que terminar, ya he escrito una carta muy larga, y algunos otros también desean escribir. Así, mi querido hermano, me despediré.
Tu viejo amigo,
G.H.
La ayuda prestada a un espíritu
Permíteme escribir un poco. Necesito tu ayuda, y creo que puedes ayudarme, porque me dijeron que ya ayudaste a otros antes de mí.
Yo soy un espíritu en tinieblas y desesperación. Soy un hombre muy malo, pero nunca lo sabía, antes de llegar al mundo de los espíritus, y aquí vi claramente la clase de carácter que tengo. Ningún hombre realmente conoce su propia condición, hasta que se haya desprendido de la envoltura mortal, y se haya convertido en un espíritu transparente; entonces, cada pensamiento íntimo se conoce, y él se convierte, para decirlo así, en el espejo de su propio ser.
Mi vida no fue, lo que el mundo podría llamar una vida mala, y traté de vivir, como pensaba, de manera correcta en la vista de Dios y del hombre, pero no fue más que la apariencia exterior. Quiero decir, que me engañé a mí mismo. Mi alma no estaba involucrada, sino solamente mi condición intelectual en cuanto a lo que era correcto o equivocado. Las Beatitudes, no las poseí y la religión de alma, no la poseí. Fui un miembro estricto de la iglesia, y me conformé con todas las convenciones y dogmas de la iglesia, en cuanto a su apariencia exterior y al mismo tiempo, no me dediqué al culto verdadero, desde el alma, de Dios. Pensé que, por la observancia de los dogmas y creencias de mi iglesia, cumplía con la Voluntad de Dios, y que nada más era necesario. Fui bautizado y confirmado por los dignatarios adecuados de la iglesia, y me dijeron, que era un hijo de Dios, y que tenía la certeza de la salvación. Y cuando me convertí en adulto y llegué a ser, lo que te sorprenderá, un clérigo, encontré un consuelo profundo, administrando los servicios de la iglesia, y recibiendo y confirmando a candidatos para la membresía.
Pero todo esto no me llevó a la verdadera comunión y unión con el Padre, porque no tenía el Amor del Padre en mi alma. Mi intelecto era Cristiano en su totalidad, pero mi alma no estaba en unísono con el Amor del Padre. Cuántas veces pensé, qué cosa más maravillosa y satisfactoria era el encontrarse dentro del redil de Dios. Me refiero a Su iglesia, la que había sido establecida por Jesús, y que había llegado a nosotros en sucesión apostólica. ¡Pero qué equivocación! La sucesión apostólica por sí misma es un gobierno eclesiástico sin significado, y esta sucesión no puede conferir a ningún sacerdote o clérigo, el poder de otorgar a las almas de los hombres el Amor o la Misericordia del Padre. Esto he aprendido, a mi pesar, desde que me he convertido en un espíritu.
Por eso digo, los que piensan, que los sacerdotes o obispos pueden otorgar este Amor del Padre, o pueden convertir el alma del hombre en un receptor de este Amor, que despierten al hecho, de que no existe semejante poder en los ministros de la iglesia. Solo Dios mismo, como ahora lo creo, puede realizar esta gran obra.
Así, cuando entré en esta vida como espíritu, y encontré que no estaba en el Reino de mi Padre, como lo había creído, estuve dolorosamente desilusionado, y en mi decepción, comencé a pensar que todas las enseñanzas de la Biblia no eran más que cuentos de hadas, y que no había ningún Dios, o si realmente existía, había engañado a Su iglesia, porque les llevó a creer a los miembros de esta iglesia, que ellos eran los hijos especialmente redimidos del Padre. Me había encontrado en este estado de dudas por mucho tiempo, y solo hace poco, he comenzado a ver la verdad, y a conocer, que el camino al Amor de Dios no conduce a través de las iglesias por sí, sino solo a través de las verdaderas y serias aspiraciones de alma; que ningún mediador es necesario, sino que Dios está esperando y dispuesto a otorgar este Amor a cualquiera, que se lo pida en sinceridad.
Ningún sacerdote o obispo puede relevar un alma de los pecados, o perdonar al pecador; y ningún hombre puede alcanzar el Amor o favor del Padre, excepto a través de esta súplica directa, individual al Padre. El sacerdote puede indicar el camino, si sabe como hacerlo, pero son tan pocos, los que lo conocen, por la razón de que no sólo enseñan, sino también creen que, todo lo que un hombre tiene que hacer es conformarse con las demandas de la iglesia, y que al hacer esto, Dios esta dispuesto a acogerlo en Su Reino.
Pero que todos estos hombres sepan, que si sólo dependen de la conformidad con los deberes, sufrirán desengaños, al igual que yo, al pasar al mundo de los espíritus donde solo la verdad puede prevalecer, y donde todo lo que está escondido en la tierra, será descubierto.
Ahora, no se me debe entender, como si yo quisiera desacreditar las iglesias o el bien que están haciendo, porque muchos de sus miembros, a pesar de los dogmas y creencias, han recibido esta unión verdadera de alma con el Padre y muchos predicadores han declarado verdades en sus sermones, los que han sido los medios para conducir a sus oyentes a una comprensión verdadera del Amor del Padre. Lo que quiero expresar es, que las iglesias enfatizan demasiado la necesidad de conformarse con sus dogmas y credos, y que descuidan enseñar a los hombres el verdadero camino al Reino.
Las únicas oraciones que alcanzan el corazón del Padre, son las que llevan las verdaderas aspiraciones del suplicante al trono de gracia. Los hombres pueden repetir las oraciones escritas por toda su vida, y si las oraciones no expresan las aspiraciones y deseos del aspirante, no tienen más efecto que la repetición de la tabla de multiplicaciones.
Y si los hombres lo consideran por un momento, verán que esto tiene que ser la verdad; solo el alma del hombre puede recibir este Gran Amor del Padre, y cuando se repite estas oraciones escritas, sin que las ansias del alma entren en estas recitaciones, el alma no está abierta para el influjo de este Amor, y por ende, el hombre no puede beneficiarse.
Por eso digo, que los hombres deben conocer, que la religión es un asunto exclusivamente entre Dios y cada alma individual, y ninguna iglesia, ni sacerdote, ni obispo puede, a causa de una autorización alegada, salvar el alma de un hombre de los pecados de la vida, o llevar esta alma a la unión con el Padre. Todo lo que los sacerdotes y obispos pueden hacer, es indicar el camino, si lo conocen, y cuando lo hacen, han brindado un mayor servicio a la humanidad, de lo que tal vez comprendan.
Ahora veo la falsedad de mi dependencia de la realización de mis deberes con mi iglesia, sólo como deberes. Cumplí con mis deberes, pero maté a mi alma de hambre, no intencionalmente, sino porque pensé, que el cumplimiento de los deberes era todo lo necesario. Algún día, espero, que los hombres conozcan, que tan sólo hay un camino a Dios, y este conduce a través de sus oraciones sinceras, personales, llenas de fe.
Bien, he escrito suficiente.
Fui un clérigo de una iglesia en una ciudad del Oeste. Mi nombre fue W___ y fallecí en 1871. Ahora estoy conociendo el camino.
Vine a ti por ayuda, porque vi que estabas rodeado de espíritus luminosos y bellos, que tienen que poseer este Amor en sus almas en gran riqueza; y pensé que si pudiera encontrarme con ellos, y ellos me dijeran lo que este Amor significa desde su experiencia personal, podría beneficiarme.
(Permíteles que se te presenten.)
Bien, agradezco la introducción, y por cierto, me siento afortunado por haberlos encontrado son tan hermosos y amables. Te lo agradezco mucho, y algún día, con el permiso de todos Ustedes, volveré y te escribiré.
Así, con mi todo mi amor, me despido,
W____
F____: Vivencia de un ministro ortodoxo después de su paso al mundo de los espíritus
Permíteme decir solo unas pocas palabras, porque estoy ansioso por escribir y narrarte, que estuve contigo esta noche en tu última visita a la casa de mi hijo (Sr. F____), y esperé que se presente la oportunidad para escribir; pero, como sabes, sufrí un desengaño, y sé que lo mismo pasó a mi hija, pues esperaba que, en el caso que hubieras podido llamar a la casa de su hermano, habría podido recibir una comunicación de mi parte.
Pero como no pude escribir allí, pensé que te acompañara a tu casa con la esperanza de poder escribir, como ahora lo hago, porque te escuché decir que habías recibido una carta de tu esposa todas las noches, y si esto sucediera esta noche, tendría la oportunidad para escribir.
Bien, quiero que mi hija sepa que apoyo su búsqueda por la verdad, la que puede encontrar en el espiritualismo, siempre cuando busque de la manera correcta; y, a pesar de que algunos miembros de mi familia no creen en eso y lo tratan con indiferencia o incredulidad, sí se puede encontrar muchas verdades en el espiritualismo. El mismo es una verdad, y espera que los mortales lo investiguen y aprendan que es verdad, y el contiene estas verdades que les conducirán a una felicidad muy superior a aquella, de la que ahora disfrutan en la tierra, y a una felicidad sumamente mayor a lo que pueden encontrar, si llegan al mundo de los espíritus sin conocimiento de estas verdades.
Ellos, me refiero a mi familia, conocen, desde luego, que fui un ortodoxo estricto y que creí en las enseñanzas de la Biblia, como la iglesia, a la que pertenecí, las en enseñaba, y las que yo mismo enseñé, y que fallecí con esta creencia firmemente establecida y llegué al mundo de los espíritus imbuido completamente por esta creencia, con la esperanza de encontrar a Jesús y ser admitido ante la presencia de Dios; y, según mis creencias, tenía todo el derecho de tener esta expectativa. Pero, desgraciadamente, ¡cuán diferente fue mi experiencia, cuando abandoné el mundo mortal, y cómo mis expectativas se hicieron pedazos al instante, para decirlo así!
Cuando mi espíritu abandonó mi cuerpo, estaba plenamente consciente del cambio por el que estaba pasando, y sabía que estaba muriendo, pero me mantenía perfectamente calmo y sin nada de miedo. No sufrí dolores, ni angustia por lo que iba a encontrar, sino más bien sentí una expectativa feliz en el pensamiento, que mis problemas de la vida terrenal ya se terminaron para siempre, y que pronto estaría en paz y encontraría mi hogar entre los hijos elegidos de Dios, y que Jesús vendría a darme la bienvenida y a acogerme en sus brazos de amor. Todas las expectativas que poseía antes de mi fallecimiento, estaban conmigo, y bastante acentuadas, y no se introdujo en mi mente ninguna duda que hubiera podido perturbar mis esperanzas, en ningún momento, de que realmente iba a experimentar las mismas. También esperé poder encontrar a mis seres queridos, quienes se habían ido ya antes, y disfrutar de la felicidad de su presencia y de su condición purificada de sus almas.
Bien, me hallé a mí mismo, como un espíritu, separado de su cuerpo, lleno de alegría y, como dicen lo mortales, más liviano que el aire. Para expresarlo en el sentido figurativo, parecía caminar sobre el aire, nada podía interponerse a mi ascensión al reino luminoso, donde esperé encontrar a mis seres queridos y al Cristo de mis creencias y de mi amor.
Apenas me di cuenta de la separación de mi cuerpo, antes de que algunos seres queridos me recibieran, me dieron la bienvenida con amor y alegría y me contaron que se alegraban tanto que yo hubiera pasado al otro lado, donde ellos estaban, y que yo no debía tener miedo o dudas de que entonces ya era un habitante del mundo de los espíritus. Apenas te puedo describir la alegría que experimentaba, y como las memorias de los problemas y cargas de la vida terrenal me abandonaron, y como parecía encontrarme en un ambiente de amor y de alegría celestial. Mi encuentro con ellos fue más de lo que había anticipado, y pensé lo raro que era, que no se me había ocurrido en la tierra imaginarme la belleza y la grandeza del hogar espiritual, del que Jesús había dicho, que iba a prepararlo para todos los que creyeran en él, y pensar en el gran sacrificio y la expiación, por los que él vino a la tierra, y a los que realmente se sometió por el bien de la humanidad.
Pero pronto recordé, que mi gran expectativa fue ver a Jesús, y sentir la influencia de su amor, y también, ingresar a los cielos donde habitaba el Padre y unirme a las huestes poderosas, cantando aleluyas y canciones de agradecimiento. Y entonces pregunté a mis queridos ángeles, dónde estaba Jesús, y cuando iba a entrar ante la presencia del Padre, para recibir Su bendición de reconocimiento como un hijo lleno de fe y obediente.
Y entonces, de una manera amable para aliviar mi desengaño, me explicaron que Jesús vivía en las Esferas Celestiales, y el Padre, pues, nunca Le habían visto que El se encontraba muy arriba en las Esferas, donde ningún espíritu había entrado jamás, y que nadie había visto Su cara o escuchado Su voz no importa cuán excelso o desarrollado fuese el espíritu. Que estaba equivocado en mis creencias, y que solo por el desarrollo del alma en el amor, podría posiblemente ascender a las Esferas Celestiales, donde habitaba el Maestro. Que la creencia en que la sangre lavara los pecados, o en la expiación asumida por Jesús, no cualificaba a mi alma para las Esferas Celestiales, y que solo el Amor Divino en mi alma y la libertad de mis creencias erróneas podrían darme la oportunidad de convertirme en dueño de las mansiones, las que Jesús estaba preparando para aquellos, quienes consiguieren la expiación con el Padre. Y que, lo que ellos me explicaban, fue la verdad, y que algún día, Jesús me diría lo mismo; yo no podía ir a su hogar, sin embargo, él, con frecuencia, bajó al plano terrenal y se esforzó en ayudar y consolar a espíritus, que no tenían el amor del alma, que les permitiría llegar a ser hijos de las esferas superiores.
Ya te puedes imaginar mi sorpresa y desengaño, y como se me presentó la desnudez de mis creencias. Y cuando pensé en la larga vida que había dedicado a la cultivación y al establecimiento de estas creencias y expectativas en mi propia mente, y que no tenía otro conocimiento u otra esperanza de salvación, empecé a dudar de todo lo que se me explicó; y mi Dios dejó de existir, y Jesús, como mi salvador, ya no era mi salvador, sino un hombre que me había decepcionado durante todos los años de mi vida; me resentí mucho y mi corazón se endureció, me rehusé creer en algo. Porque pensé, en la tierra estuve honesto conmigo mismo y honesto con Dios, y se me aseguró que la Biblia era la revelación verdadera de Dios, conteniendo el plan seguro y único para la salvación del hombre, y yo creí con toda mi devoción en este plan y me había esforzado por vivir una vida que me diera el derecho de ser salvado, pues, como digo, pensé en todo eso, y me di cuenta de mi decepción, lo que me llevó a la rebeldía, y casi odié a Dios y a todos los espíritus.
Por algún tiempo se me permitió hundirme en estos pensamientos sin interrupción, y luego mis amigos me dijeron, que estos pensamientos eran muy dañinos, y que impedirían que conociera el verdadero camino a la salvación y a la felicidad, y que mientras más me hundiera en mis sentimientos de amargura y pensamientos de decepción, más tiempo duraría el estancamiento en mi progreso, y mi ambiente se obscurecería aun más.
Muy pronto me dijeron, que todo n el mundo de los espíritus era controlado por las leyes inmutables de Dios, y que estas leyes exigían, que yo me trasladase a aquel lugar, que era adecuado para mi condición de alma, y que ellos tendrían que abandonarme por el momento. Y además me explicaron, que ninguna creencia del mundo entero podía determinar el lugar, en donde un espíritu recién llegado tenía que encontrar su hogar, si esta creencia no era la verdad; y que mis creencias que yo tenía y de las que dependía para mi salvación, no fueron la verdad.
Bien, encontré mi hogar, y con el las tinieblas, en las que permanecí por mucho tiempo, rehusándome a creer, lo que me dijeron en cuanto al verdadero camino hacia la luz y la felicidad, y en este lugar quisiera constatar, que no es fácil dejar al lado o cambiar las creencias de una vida entera en la tierra, aun cuando los alrededores y el desengaño demuestren al espíritu, que estas creencias tienen que ser falsas; y que la creencia una creencia netamente intelectual es un factor importante para la determinación del destino temporal del alma.
Ya he escrito mucho, y no relataré en todo detalle cómo conocí la verdad y encontré la luz, y cómo me encaminé en mi progreso a las esferas superiores, o cómo Jesús vino a mí y me inundó con su amor, y me contó de todo lo que sería mío, si solo hiciera caso a sus consejos.
El dijo, que la gran piedra de tropiezo, en el progreso de un espíritu en su búsqueda por la verdad y las mansiones un las esferas superiores, es esta creencia errónea y condenable en la expiación asumida por él, etc., la misma que tantos espíritus, que llegan al mundo de los espíritus, llevan consigo.
Ahora estoy muy feliz, y vivo en la quinta esfera, donde la belleza y la felicidad superan toda la imaginación; y si tuviera la oportunidad esta noche, trataría de comunicarte una ligera idea de mi casa y de sus alrededores, y de los espíritus hermosos, que forman mi compañía.
(¿Hay algún mensaje que quieres mandar a tu hija?)
Algún día, yo sé, ella vivirá en este hogar, porque no tendrá esta carga de las creencias, las que yo tuve que superar. Y justo aquí tengo que decir, que ella conoce, cuánto la aprecio, y cuánto yo, ya que poseo tanto del grandioso Amor del Padre, la amo, y por eso ella tiene que saber, que nunca le engañaría, por nada en el mundo; y con ese conocimiento, tiene que seguir mis consejos y buscar el Gran Amor de Dios, que convirtió a su padre en un espíritu tan feliz. Ella tiene que salir de estas viejas creencias ortodoxas, con referencia al plan de salvación, y orar directamente al Padre por Su Amor, y así recibirá todo lo necesario para una gran felicidad en la tierra y para un gozo indescriptible en el mundo de los espíritus.
Le acompaño muchas veces en sus problemas terrenales, y trato de ayudarle y consolarle, y, a veces, tengo un poco de éxito. Ella tiene que recordar, que estas pruebas solo existen por el momento, y luego desaparecerán para siempre, y que el amor y la influencia, con los que su padre la rodea, nunca dejarán de estar con ella; y que en el momento, al que los mortales tienen más temor me refiero a la muerte su padre y otros seres queridos estarán con ella y la acogerán en sus brazos de amor, y nunca tendrá que tener miedo o temer en cuanto a dónde se encuentra, porque el amor será tan grande, que su alma responderá así, y todo el resto será olvidado. Por eso aconsejo a mi hija, que trate de no permitir, que sus preocupaciones y problemas le pesen mucho, para que no descuide la presencia del consuelo, que intentamos traerle.
Bien, he escrito tanto como me parece justificado, considerando que necesitas tu tiempo también para otros, pero tu esposa, que es tan buena, me dice que no debo temer haber consumido demasiado de tu tiempo, porque ella tiene interés en revelar a los mortales, lo que aumente su felicidad en la tierra y les de la certeza del cielo.
Me gustaría comunicar algo a mi esposa, pero veo que no está en condiciones de recibir mi mensaje, porque sufre como yo sufrí, inconscientemente, en las creencias dogmáticas de su iglesia. Ojalá pudiera visitarle en mi apariencia terrenal, para informarle los errores de sus creencias, y las verdades, que me liberaron y convirtieron en un hijo verdadero del Padre, lo haría con la velocidad de la luz, y con la esperanza, que mi amor para ella me daría. Nunca la amé en la tierra como ahora lo hago, y cuando venga al mundo de los espíritus, no llegará como una forastera, porque un amor mayor a todo, lo que conciba, la recibirá, y ella reconocerá al amante.
Dile a mi hija, que lea lo que escribí a su madre, y aunque su madre no lo creerá, algo de lo que dije encontrará un lugar en su memoria, la que le acompañará al mundo de los espíritus, y le ayudará en su desengaño por no ver realizadas sus expectativas.
Y lo que te dije a ti, hija mía, también lo digo a mis hijos, y les imploro que piensen en lo que es tan vital para ellos como mortales y también, cuando se conviertan en espíritus.
Algún día, con tu permiso, regresaré y escribiré a mi gente. Te agradezco mucho, y con todo amor para todos mis seres queridos, te diré buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
F_____
Saleeba, espíritu antiguo de la sexta esfera, buscando ayuda
Permíteme escribir un poco, porque necesito ayuda, y vi como ayudaste al último espíritu que escribió. (Para mí) fue maravilloso ver el cambio que experimentó, cuando le contaste del Amor de Dios, y cuando ella fue con este espíritu hermoso, que habló tan cariñosamente con ella, pensé que también había esperanza para mí.
Por eso sé que me ayudarás, porque lo necesito tanto, y parece que estás dispuesto a ayudarnos a todos.
Yo soy una mujer, que vivía hace muchísimos años en un país muy lejano del tuyo; y en un tiempo que se remonta por los siglos. Fui una Princesa Egipcia, y vivía en el tiempo, cuando tu Jesús, de quien te escuché hablar, fue desconocido al mundo. Me enseñaron la filosofía de los antiguos Egipcios, y Osiris e Isis fueron nuestro dios y diosa. Les rendimos culto, pero no en amor o adoración de alma, sino en miedo y suspenso. Ellos no fueron el Padre amoroso, como dicen es el Dios de Ustedes, sino fue la amenaza de poder e ira, lo que llamó nuestra obediencia a través del miedo de castigo, y las torturas de los infiernos, en los que, como suponíamos, ellos gobernaban, y donde atormentaban a los mortales desobedientes. Por lo que verás, nuestras almas no se desarrollaron en el amor, sino nuestras mentes fueron controladas por el miedo, y ofrecimos nuestros sacrificios para apaciguar las terribles amenazas de su furia.
Por mi naturaleza, fui una mujer amorosa, y en mi vida aparte de mis creencias religiosas, mostré compasión y simpatía. Las personas sometidas a mi gobierno me amaban, y eran súbditos agradecidos y obedientes; pero cuando algo llegó a ser una cuestión de nuestro culto y deberes religiosos, sacrifiqué a muchos de ellos, para satisfacer la ira y las exigencias de nuestros dioses. En el principio, estos sacrificios se celebraban públicamente, pero aumentaban tanto en su magnitud, y resultaban tan nocivos para el bien de la nación, en su aspecto político, que posteriormente nuestros sacrificios se celebraban en privado, pero se celebraban de todas maneras.
Nuestras creencias fueron tan reales y sinceras, como las de Ustedes Cristianos, en su Dios de Amor y misericordia; y cumplimos con la voluntad de nuestros dioses con tanta convicción de cumplir con nuestro deber, como Ustedes hacen la voluntad del Padre, en la creencia de que están cumpliendo con su deber.
Pero como veo ahora, qué diferencia en el móvil, y que diferencia en el resultado. Nuestro móvil fue apaciguar a nuestros dioses iracundos, y por ello prevenir, a que su ira cayera en nosotros, quienes continuamos viviendo, y el móvil de Ustedes es llenarse del Amor y de la Misericordia de un Padre de Amor, y llenar sus almas de lo que les permite vivir en Su presencia y llegar a ser supremamente felices.
Durante los largos años, que he vivido en el mundo de los espíritus, conocí todo esto intelectualmente, y muchas otras cosas, que me muestran la crueldad y degradación de las creencias prevalecientes, cuando fui una mortal, y que causaban la muerte, física, de hombres y de mis súbditos, y también la muerte de sus almas.
El amor, para nosotros, no fue nada divino. La obediencia y el calmar la furia de los dioses, eso fue lo divino para nosotros.
Y ahora, ciertamente, he escuchado de este Amor del Padre de Ustedes, y he visto los efectos de este Amor sobre su aspecto, y la obvia felicidad de los adoradores de su Dios, sin embargo, nunca he entendido este Gran Amor, salvo de una manera intelectual. Mi alma nunca ha sentido la influencia de este Amor, y nunca antes opiné, que era necesario buscar el secreto de la obtención del beneficio de este Amor. Pero ahora, veo que hay algo más en este secreto, que solamente el conocimiento de la existencia del Amor, del que la mente me dice que, sí tiene que existir; y así, al haber escuchado durante mis viajes a la tierra de tus reuniones con los espíritus, que buscan este Amor, o más bien una salida de sus tinieblas y sufrimientos, y al haber visto el efecto de algunos de sus esfuerzos, he venido a ti, para conocer el camino, si es posible, por el que pueda lograr la experiencia en mi alma, de la que te escuché hablar, y también a los hermosos espíritus, que acuden a ti.
Desde luego, mis creencias antiguas todavía tienen cierta influencia en mí, aunque me percaté de que Osiris e Isis son mitos; no obstante, este conocimiento negativo, no me suministró los medios, por los que pueda alcanzar este Amor, del que estás hablando. Por cierto, conozco que los dioses furiosos no existen, sin embargo, todavía queda un vacío en mi alma, del que estoy consciente, que nunca ha sido llenado. Por eso te ruego que me ayudes a encontrar el camino, que me conduzca a este Amor, que llena el alma, el Amor del que hablas. Te estaré sumamente agradecida, si me asistes, y proseguiré por aquel camino.
En los años desde mi venida al mundo de los espíritus, he vivido en un número de esferas, cada una sucesivamente superior a la anterior. Pero en ninguna de las esferas en las que viví, encontré que los habitantes poseyesen este Amor de alma, que aspiro obtener. En las esferas superiores, en donde he vivido, y en la suprema, existe en maravilloso desarrollo de las cualidades mentales, y el conocimiento poseído por estos espíritus habitantes, supera a toda concepción de los mortales. El pecado no existe en estas esferas supremas, y la felicidad es muy grande, y los espíritus son hermosos y luminosos. Pero en mi comparación de la belleza y luminosidad de estos espíritus, con los que afirman tener este desarrollo de alma en el Amor, percibo una gran diferencia.
Tenemos nuestros amores y armonías, y la paz reina cimeramente, pero a pesar de ello, no estoy satisfecha, y lo mismo pasa con muchos que viven, donde yo vivo. Pero la causa de esta insatisfacción nos queda oculta, y solamente, como digo, por mis visitas al plano terrenal y por escuchar de este Amor, llegué a convencerme, de que el gran secreto de nuestro descontento puede encontrarse entre aquellos espíritus, que afirman tener este maravilloso Amor. Por eso vengo a ti, y te pido que me indiques el camino como conocerlo.
(¿Hablaste con algún espíritu luminoso en el plano terrenal?)
Bien, he visitado el plano terrenal muchas veces desde que me he convertido en un espíritu, y en ocasiones, he conversado con los espíritus que aseveran tener este Amor, y algo, sí, me contaron de este Amor, pero nunca reflexioné mucho acerca de ello hasta en los últimos tiempos. Fui feliz en mi condición, como te la narré, y no me pareció que valiese la pena investigar el hecho de lo que significaba este Amor. Pero de algún modo, últimamente, fui poseída por el deseo de conocer más de eso, y por lo tanto acudo a ti, porque veo que otros se te acercan y dicen que necesitan ayuda.
No fui donde los otros, de los que me hablas, porque pensé poder obtener más ayuda acudiendo primero a ti. Los espíritus que buscan tu ayuda dicen, que pueden de cierta manera conseguir una ventaja, por haberse dirigido primero a ti. No sé por qué, pero ellos lo creen; y cuando vi el efecto de su venida a ti, pensé que podía ser correcto, y por lo tanto he venido.
(¿Cómo te llamas, y cuando viviste en la tierra?)
Fui la hija de uno de los Faraones antiguos, y me llamaba Princesa Saleeba.
No sé como calcular los siglos, pero viví antes de la construcción de las pirámides, por lo que puedes ver, que ya llevo mucho tiempo en el mundo de los espíritus.
(¿Puedes relatarme algo sobre las varias esferas, en las que viviste?)
No ahora, pero algún día volveré, y entregaré una descripción más detallada de las esferas, a través de las que he progresado.
(Quisiera sugerir que busques a mi madre, Ann Padgett. Ella te enseñará el Camino, para obtener este Amor.)
Llamé por tu madre, y ella es tan hermosa. Tiene que poseer una gran riqueza de este Amor. Dice que me enseñará el camino para obtenerlo, y que me amará y me llevará al espíritu más grande en todo el mundo de los espíritus, en quien podré ver este Amor desarrollado en su mayor perfección. Y voy con ella.
Así que, recuerda mi promesa de volver, porque volveré.
Así, agradeciéndote, y con mis más cordiales saludos, me despido,
Saleeba
Saleeba: Su progreso en la obtención del Amor Divino
Yo estoy aquí, Saleeba.
Me encuentro en condiciones mucho más felices, de lo que estuve cuando te escribí la última vez, y quiero decirte que es el Amor de Dios en mi alma, el que causa mi mayor felicidad. Tu dulce esposa me brindó su compañía por mucho tiempo, explicándome este Amor, e indicándome el camino como buscarlo, y yo le creí y seguí su consejo, y como consecuencia, encontré una gran magnitud de aquel Amor. Es un creador de felicidad tan magnífico y quiero más de el.
Estoy viviendo en la tercera esfera, porque encuentro mucho más del Amor de alma aquí, que en la sexta, y lo que quiero ahora es aquel Amor. Así ves, no puedo vivir, donde no abunda este Amor. Cuando reciba más de el, regresaré a la sexta y contaré a los espíritus allá, de la gran felicidad que he encontrado, y trataré de persuadirles, a que lo busquen también, y creo que muchos lo harán.
Soy tan feliz que me haya metido en tus escritos, como efectivamente lo he hecho, porque de lo contrario, no hubiese conocido el camino a este Amor y la felicidad. Siempre te consideraré mi amigo y hermano, y haré todo en mi poder para ayudarte.
Hasta ahora, no he encontrado a nadie de mi raza en estas esferas del alma, pero puede que haya algunos de ellos allí. Pero si lo logro, muy pronto habrá algunos de ellos en mi esfera.
(pregunta)
Olvidé mucho de lo relacionado con mi vida terrenal, pero me acuerdo de mis padres y de algunos de mis asociados, y de algunas partes de mis creencias religiosas. Y en alguna ocasión, te contaré de estas cosas.
También te informaré mis experiencias al pasar a través de estas esferas, en mi progreso a la sexta, donde tuve que detener mi progreso. Es raro que no me percatara de ello hasta hace poco, pero así realmente sucedió.
Ningún espíritu que vive en la sexta esfera, es tan hermoso como los espíritus de la tercera esfera, que poseen el desarrollo del alma y los espíritus netamente intelectuales nunca pueden volverse tan hermosos, como los que tienen el Amor de alma. Bueno, tengo que terminar, ya que sólo quise comunicarte que no te he olvidado.
Volveré pronto para relatarte lo que te prometí.
Así, me despediré. Tu amiga y hermana,
Saleeba
Saleeba está progresando, y pronto subirá por encima de la Tercera Esfera
Yo estoy aquí, Saleeba.
Bien, estoy contigo otra vez, y quisiera decirte que soy tan feliz, ya que he progresado mucho desde que te escribí hace poco.
Todavía sigo en la Tercera Esfera, pero vivo en un plano superior, y con espíritus que tienen el desarrollo del alma en un alto grado, y en su amor me siento tan feliz, que no te lo puedo describir plenamente.
Ay, qué cosa más maravillosa es el Amor Divino, y considerando los largos años, que viví como un espíritu sin conocimiento alguno de este Amor, apenas puedo expresar mi pesar por la desafortunada posición, en la que he vivido. Ahora conozco, que Jesús es el verdadero líder de todos los espíritus, que tienen este gran desarrollo de alma, y que él puede enseñar el camino al Reino del Padre como nadie más lo puede; y aparte, cuando me encuentro con él, me doy cuenta, de que él mismo tiene tanto de este Amor, por lo que todo lo que diga tiene que ser la verdad.
Pronto progresaré a una esfera superior, así me dicen, y recibiré aun más del Amor, y luego, dentro de poco, visitaré a mi propia gente, y les informaré los milagros y glorias en mi hogar recién encontrado. Qué tiempo más bendito y feliz que anticipo entre estos espíritus, que ahora se encuentran en tanta ignorancia de lo único, que nos trae esta gran felicidad.
No me encuentro en la condición ahora, de describirte mi residencia o mi vida en la tierra, como lo he prometido, pero algún momento cumpliré con mi promesa.
Tienes que pensar amablemente de mí, y permitir que tu amor venga a mí, para que yo sienta su beneficio; porque tengo que decirte, que los pensamientos amorosos de un mortal, que conoce lo que es el Amor Divino, tienen una influencia maravillosa en los espíritus y su avance en las esferas espirituales.
No escribiré más esta noche.
Así, con mi amor y mis más cariñosos pensamientos, yo soy,
Tu hermana en Cristo,
Saleeba
Saleeba está progresando a las esferas Celestiales.
Yo estoy aquí, Saleeba.
Quisiera decir sólo unas pocas palabras, para que sepas lo feliz que soy, y cuánto del Amor Divino llena mi alma, Amor del que tu me contaste primero. Ay, mi amigo, es difícil frenarme, para que no pregone el hecho, de que soy una hija redimida del Padre, sabiendo que Su Amor es mío, y que viviré a través de toda la eternidad, disfrutando de la felicidad, que Su Amor y Misericordia me han conferido.
Tuve la intención de cumplir con mi promesa, e informarte mi vida en la tierra, hace muchos miles de años, y lo haré algún día, pero ahora soy tan feliz por esta grandiosa posesión, que no puede pensar suficientemente en estos asuntos terrenales, para poder relatarte mi experiencia como una mortal. Espera un rato, y trataré describirte todo de mi vida terrenal, en lo que puedas estar interesado.
Muy pronto ahora iré donde mi pueblo, y le relataré lo que he encontrado, y les exhortaré a que lo busquen, y confío en que sigan mi consejo. Hay muchos entre ellos, que son espíritus buenos y puros, con el amor natural en un estado, que les da mucha felicidad y contento, sin embargo, cuando veo la gran diferencia entre la felicidad de la que están gozando, y la felicidad que podrían tener, no puedo abstenerme de visitarles e informárselo.
Sé que te alegras que yo sea feliz, y te interesa mi progreso, y por lo tanto, me gusta venir e informarte mi condición.
No escribiré más esta noche. Así, cree que te amo como una hermana, rezo por ti, y pido al Padre, que te dispense mucha felicidad, y que llene tu alma con Su Amor, y que te bendiga.
Buenas noches. Tu hermana,
Saleeba
Saleeba: Agradeciéndole al Sr. Padgett
Yo estoy aquí, Saleeba.
Sí, sólo quiero decirte que soy muy feliz, y siento que tengo que decírtelo, porque tú me llevaste a buscar este Amor, y a encontrar el camino al desarrollo de mi alma.
Sé que no te interesa tanto, que yo te escriba, como te interesa que otros te escriban, pero sé además, que nadie siente más gratitud para ti que yo. Por eso ves, a medida que progrese, tengo que acudir para contarte de mi felicidad.
(Quiero que compartas tu felicidad conmigo.)
Sí, eso es lo que quiero, y tú pareces comprender lo que es necesario, y me alegro poder venir a ti. Así, mi querido hermano, piensa en mí de vez en cuando, y reza al Padre, para que me dé más de Su Amor Divino, que me llevará a la unión con Él.
No escribiré más, sino me despido.
Tu hermana en Cristo,
Saleeba
La posición de Salomón en las esferas Celestiales
Salomón del Antiguo Testamento.
(¿Qué te motiva a escribirme esta noche?)
Bien, estaba visitando el plano terrenal, y por coincidencia vi a los últimos dos espíritus, que te visitaron. Pensé que te visitaba también.
Conozco a Pablo y a Juan, y converso con ellos a veces, pero yo no vivo en una esfera tan alta como la suya. La sabiduría, de la que se dice, que yo la tenía en un grado preeminente, no es equivalente al Amor, en cuanto a la elevación de un espíritu en el Reino del Padre; y ellos poseen más del Amor que yo. Sin embargo, abrigo la gran esperanza, de que algún día recibiré este Amor, que llena el alma, en una riqueza, que me permitirá vivir con ellos, y con los otros seguidores del Maestro. Me refiero a sus discípulos.
Llegué a ser un seguidor del Maestro hace muchos años, y sé que él es el único Camino al Padre y quiero decir con esto, el Camino que sus enseñanzas indican, es el único Camino. Te puede sorprender un poco que yo, de quien se dice haber sido un hombre tan sabio y bueno, no soy tan excelso como los discípulos. Bien, por cierto, viví y morí muchos años antes de los discípulos, y uno podría suponer, que yo hice un progreso más rápido que ellos, pero no es así, porque mi progreso, antes de la venida de Jesús, fue solamente intelectual, y después de su venida, pasó mucho tiempo, antes de que comenzara el progreso de mi alma. Por eso, tienes que recordar, que el hecho, de que a un espíritu le llaman un espíritu antiguo, no implica que esté muy altamente avanzado en las esferas porque un espíritu antes de la venida de Jesús a la tierra, pudo lograr solamente un progreso intelectual y en el amor natural de su alma, y entonces no pasó más allá de la sexta esfera de las esferas espirituales. Pero después de su venida, y después del reotorgamiento de la Inmortalidad y del Amor Divino por Dios a la humanidad, los antiguos tuvieron la oportunidad de progresar en el desarrollo de su alma, como era previsto, y fueron capaces de ascender a las esfera Celestiales superiores.
Me gustaría escribir más, pero estás cansado. Por eso, me despido.
Salomón el Sabio
Helen se refiera a lo escrito por Juan, Pablo y Salomón
Yo estoy aquí, Helen
Bien, mi amor, estás cansado, y no debes escribir mucho esta noche, porque te hará mal. Por eso, te diré un poco, y luego terminas.
Bien, Veo que quieres conocer, si los espíritus, que te escribieron la noche pasada, me refiero a los discípulos y Salomón, realmente eran los que te escribieron. Me alegro poder decirte, que efectivamente fue así. Ellos fueron las personas, como las que se presentaron, y tienes que creer.
Tuve una conversación con San Juan, después de que te había escrito, y me dijo que estás en el camino hacia el Reino. Él es tan amoroso, y parece tan lleno del Amor, que no puedo más que amarle. Sin embargo, no es tan glorioso como el Maestro. Nadie lo es él es todo Amor. Pero San Juan es un espíritu maravilloso, y tiene mucho interés en tu obra y, indudablemente, te escribirá a veces.
(¿Hablaste también con Pablo?)
No hablé con San Pablo, porque salió inmediatamente después de terminar su escrito, pero un día lo haré, cuando venga a ti, como dice que lo hará.
(¿Y con Salomón?)
Tampoco hablé con Salomón, porque se fue después de que había terminado. Puedes imaginártelo como un espíritu maravilloso en su aspecto, debido a la gran cantidad de años desde que vivía en la tierra. Pero los años no cambian el aspecto. Luce tan joven como tu propio grupo, aunque más hermoso y amoroso. No es un espíritu que tiene el aspecto de su raza, pero, como he dicho, el aspecto resulta del desarrollo, no importa la raza a la que uno pertenecía en la tierra.
Cuando un espíritu, que fue un negro en la tierra, obtiene este desarrollo de alma, ingresa a la esfera que corresponde a su desarrollo, y no se hace distinción alguna entre los espíritus a base de lo que haya sido su raza en la tierra. Cuando un espíritu, que fue un negro en la tierra, adquiere el desarrollo de alma, pierde el color que le distinguió en la tierra, y él asume el aspecto que el desarrollo de su alma le proporciona. Ya no es un negro, sino un espíritu redimido del color correspondiente.
Por eso ves, el color de un mortal en la tierra no determina su color en las esferas superiores.
En el plano terrenal de la tierra, el color se aferra al espíritu, y a veces es más intenso. De hecho, un hombre puramente blanco puede llegar a ser bastante obscuro en aquel plano, y los negros se vuelven más obscuros. Como he dicho, la condición del alma determina el aspecto.
Por lo que el cielo de todas las razas puede ser el mismo, siempre que los individuos de esas razas obtengan el Amor Divino en la misma magnitud.
Qué ciegos que somos en la tierra en cuanto al hecho, de que todos los humanos somos hijos de Dios, y que Él les ama a todos de igual manera, no importa cual sea su color o nacionalidad. Bien, tienes que terminar ahora.
Así, con todo mi amor, yo soy,
Tu verdadera y amorosa
Helen
Samuel relata su experiencia en los cielos espirituales y su progreso al Reino Celestial
Yo estoy aquí, Samuel. Soy Samuel, el profeta.
Quisiera contarte que ahora estoy en condiciones de relatarte mi existencia aquí en el mundo de los espíritus, y lo que conozco acerca de las verdades de las doctrinas de Jesús, como yo las he conocido, desde que el Amor Divino me llenaba, Amor que él trajo a la tierra y al mundo de los espíritus.
He llevado muchísimos años en esta vida espiritual, más de lo que podrías pensar, leyendo el relato de mi vida en la tierra, como está contenido en el Antiguo Testamento, porque aquel libro no hace constar correctamente el tiempo, cuando viví como un mortal. Muchos miles de años transcurrieron, desde que viví y realicé mi tarea como profeta y maestro en la tierra, y durante todos estos largos años, aprendí mucho sobre el mundo espiritual, sus condiciones y leyes. En primer lugar, no soy un espíritu, que se había entregado a la maldad, de la que los hombres por lo general están poseídos, cuando se convierten en espíritus, porque cuando viví en la tierra, estuve muy cerca del Padre en Sus pensamientos y amor. Me refiero al amor, que Él confirió al hombre en aquel entonces. Este amor no fue el Amor Divino, sin embargo, fue un amor suficiente para brindarles felicidad a los hombres, cuando lo poseían libre de pecado y error, y cuando trataban de obedecer la Voluntad del Padre, como ellos comprendían esta Voluntad. Muchos pensaban, que comprendían esta Voluntad, cuando en realidad sólo conocían lo que las leyes de Moisés les enseñaban, era lo correcto en los ojos de Dios. Pero algunos de los hombres recibían una perspicacia más profunda en la mente y el amor del Padre, para bendecir a los hombres y brindarles la felicidad en su amor natural, y consecuentemente, estaban más cerca de Él, y comprendían mejor Su Voluntad, y lo que le agradaba.
Desde que me he convertido en un espíritu, he aprendido muchas verdades, que no entendía en la tierra, y que son necesarias conocerlas, para poder disfrutar de este Amor en su plenitud.
Sin embargo, jamás poseí el Amor Divino, hasta que Jesús vino a la tierra, para indicar a los hombres y espíritus, lo que este Amor significaba, y qué necesario que era obtenerlo, para llegar a ser parte de la Divinidad de Dios.
Ahora no puedo ver, que yo haya gozado más del favor de Dios porque entonces poseí sólo el amor natural al igual que muchas otras personas, que tenían el privilegio de recibir las inspiraciones por Sus ángeles, que les llegaban de vez en cuando, y las que les capacitaban para decir a los moradores de la tierra, lo que fue el propósito que Dios quería que lo realizaran.
Sólo fui un hombre, en el sentido de que poseí solamente este amor natural, y por lo tanto, no pude avanzar en el mundo espiritual más allá, de lo que el amor natural me permitía.
Me encuentro ahora en un cielo, que el Amor Divino me ha abierto, y que me permite disfrutar de la gran felicidad, que aquel Amor les brinda a todos, quienes lo poseen.
Cuando vivía en el mundo de los espíritus, antes de obtener este Amor Divino, sólo poseía la clase de felicidad, que proviene del amor natural, y no sabía nada de la felicidad, de la que ahora disfruto. Así ves, el espíritu que no posee este Amor Divino, no puede subir más, en las esferas espirituales, de lo que esté preparado para ocuparlo, a causa de este amor natural, y la fuente principal de felicidad es el amor natural, y el desarrollo de las facultades mentales. En la tierra, es posible que un hombre obtenga esta felicidad, y que viva en el cielo del hombre natural perfecto, como yo lo hice, antes de obtener el Amor Divino.
Fui un espíritu en la superior de las esferas espirituales, y fui muy feliz, como pensaba, pero cuando obtuve este Amor Divino, me di cuenta, de que la felicidad de mi condición anterior no fue nada en comparación con la de mi presente condición, y por eso, quiero decirles a toda la humanidad, que tienen que buscar este Amor superior, si desean obtener la dicha que es suprema.
Yo sé que esta charla ligera no parece ser muy instructiva, pero yo quiero solamente enfatizar el hecho, de que viví como un hombre, aunque en la forma de un espíritu, antes de que obtuviera el Amor Divino, y que sólo con la venida de aquel Amor en mi alma, participé de la Divinidad del Padre.
(¿Qué pasó con algunos de los grandes maestros religiosos del pasado?)
Bien, ellos siguen viviendo en los cielos espirituales, porque todavía no han aceptado la doctrina de Cristo del Amor Divino. Viven y enseñan las doctrinas, que enseñaron en la tierra, solamente muy mejoradas.
(¿Pero por qué no han buscado y encopntrado este Amor en todos estos años?)
No lo sé, excepto que están satisfechos con lo que están enseñando, y con la felicidad en la que viven. Te puede parecer raro, que no hayan encontrado este Amor durante todos estos años, pero es una realidad, y no lo buscan. Siento que han descuidado una gran oportunidad, y han perdido mucho, dejando que todos estos años pasen sin haber buscado la gran verdad.
Los diferentes maestros de las varias religiones, que vinieron a la tierra, ocupan planos en estos cielos espirituales reservados exclusivamente para ellos. Ellos, los Judíos, siguen pensando que su religión es la única verdadera, y que son el pueblo elegido de Dios, y que todos los demás están equivocados en sus doctrinas.
Bien, tengo que terminar. Así, te agradezco tu amabilidad, y me despido.
Samuel
Yo soy el espíritu de Aarón, el profeta del Antiguo Testamento y hermano de Moisés, como está escrito.
Sólo quiero decir que, cuando leíste el mensaje del espíritu de Henry Ward Beecher, yo también lo leí, y es una descripción maravillosa, de lo que es la inmortalidad, y cómo fue entregada por primera vez a la humanidad, después de la caída de los primeros padres.
Conozco la verdad de la que escribió, porque experimenté la falta de este Amor Divino por muchos miles de años, antes de la venida de Jesús y del reotorgamiento de este Amor Divino, que es lo único en todo el universo de Dios, que puede traer la inmortalidad a los hombres.
Así, predica esta gran verdad al mundo entero, y que el hombre conozca que, hasta que no obtenga este Amor Divino, nunca puede llegar a ser inmortal. Es tan difícil que los hombres comprendan esta verdad, y que aquellos, que salen como los maestros de los hombres en asuntos espirituales, comprendan que sólo este Amor les salvará de sus pecados, y les convertirá en parte de la Divinidad del Padre, y seguros de la inmortalidad.
Yo viví en una época, cuando no teníamos el privilegio de obtener este Amor, y, como consecuencia, la inmortalidad, y teníamos que encontrar nuestra felicidad en nuestro amor natural, y esto significaba un amor tanto hacia Dios, como hacia nuestro prójimo; pero si bien este amor nos permitió experimentar mucha felicidad, no confirió aquella Esencia o Naturaleza Divina, la que ahora convierte nuestra felicidad en suprema, y también en armonía con el Padre.
Tuve muchas experiencias al enseñarles a los hijos Hebreos, que sólo había un Dios, pero en aquel entonces, mi concepción de Dios no fue la misma que es ahora. Entonces le consideré más como un Dios de ira y celo, no como un Dios de Amor y misericordia.
(pregunta)
En mi encuentro con los magos de los faraones Egipcios, recibí la ayuda del mundo de los espíritus, y se me confirió poderes inusitados, los que nunca antes o después poseí; pero sirvió el propósito de conmover al rey, para que dejara salir de Egipto al pueblo de Dios, como nosotros nos llamábamos a nosotros mismos. Cuando esto se logró, nunca más volví a poseer estos poderes, ni tuve la ocasión de necesitarlos.
Pero aquellos poderes no fueron más que las influencias, que vinieron del mundo de los espíritus, y Dios mismo no habló conmigo o con Moisés, como está escrito. Sólo Sus espíritus o ángeles nos dijeron que hacer, y nos dieron el poder para cumplirlo.
Este poder existe todavía, y cuando se dé otra vez la ocasión, será entregado al medio seleccionado para cumplir con la Voluntad del Padre. Incluso en cuanto a Jesús, a quien se le confirió el poder más grande de todos los mortales, que una vez vivieron, este poder se le fue dado por los ángeles de Dios, en obediencia a las órdenes del Padre.
No te puedo explicar ahora, de qué manera estas órdenes fueron dadas por Dios, porque no me entenderías, si lo tratara. Pero basta decir, que los altos ángeles tienen percepciones de alma tan desarrolladas, que pueden recibir y comprender estas instrucciones del Padre. Todo esto es, yo sé, extraño para ti, pero es la verdad, y por lo que no entiendes, no debes dudar de que exista una relación tan estrecha entre Dios y Sus espíritus Celestiales, por lo que saben lo que es la Voluntad del Padre. Vivo en una Esfera Celestial, muy arriba, pero no tan alta como aquella en donde viven los apóstoles. Pero tengo suficiente desarrollo para saber que es la verdad, lo que te estoy escribiendo, por mi propio conocimiento.
No escribiré más esta noche, pero volveré algún día, y te instruiré las leyes que prevalecen en nuestras esferas Celestiales.
Así, con todo mi amor, diré que soy,
Tu hermano en Cristo,
Aarón
el profeta del Antiguo Testamento
Yo soy el espíritu de Sara fui la esposa de Abraham.
Quiero decirte que soy una Cristiana, y vivo en las esferas Celestiales.
(La Biblia dice que mandaste a Agar al desierto, para que muriera.)
Sí, pero existe mucho en la Biblia que no es la verdad. Bien, cuando dice que mandé a Agar al desierto, o procuré que fuese expulsada al desierto, para que muriese de hambre esto es una calumnia, y me ha hecho gran injusticia, porque no fui tan mala mujer.
Abraham tampoco la expulsó, sino que ella se fue por voluntad propia, porque había cometido lo que la condenó en su propia consciencia.
(¿Qué había hecho?)
Bien, ella se había acostado con mi esposo y tuvo un hijo de él. Sé que la Biblia dice que, esto fue ordenado por Dios, o que yo le había instigado a Abraham, para que tuviese un hijo con ella, pero esto no es cierto.
(¿Y ahora eres feliz en las esferas Celestiales?)
Sí, soy feliz, y así es Abraham y nuestro hijo Isaac, y su hijo Jacob; pero ellos vivieron sin el Amor Divino durante muchos años, ya que sólo estuvo disponible para nosotros, cuando el Maestro vino a la tierra. Sé que piensas que es raro que yo venga y escriba, pero como estuve con Aarón en el plano terrenal, y me atrajiste por la luz, que llena el espacio alrededor de ti, le seguí a Aarón y llegué acá, y después de que el escribiera, también escribí.
(¿Hay muchos espíritus presentes ahora?)
Sí, veo a un gran numero de espíritus hermosos rodeándote, y a algunos de los apóstoles, que son tan hermosos y luminosos. Ellos parecen interesarse mucho en ti, y dicen que has sido seleccionado para realizar la tarea del Maestro en la tierra, revelando las verdades, las que te escribirá. No entiendo todo esto, pero si el Maestro dice que esto es, lo que hay que hacer, entonces lo harás.
Tengo que terminar ahora, pero, por favor, cree que soy Sara, como te lo he dicho. Te dejaré ahora, y me despido.
Tu hermana en Cristo,
Sara,
la esposa de Abraham
Yo estoy aquí, Latimer,
Fui el mártir, a quien quemaron en la hoguera por mi fe en Dios, y en la salvación por la fe y por las obras, como las Escrituras lo enseñan.
Mi apellido fue Latimer Hugh.
Sólo vengo para decirte que ahora soy un espíritu feliz, y un habitante del reino del Padre. Vivo en los Cielos Celestiales, y soy un seguidor del Maestro, como lo fui en la tierra.
(Adoraste a Jesús como a Dios?)
No, no le adoro ahora como a Dios. Creí en esa falsa doctrina en la tierra, pero ahora sé que existe sólo un Dios, a quien hay que adorar, y que Jesús es Su más excelso hijo. Me sorprendí, tengo que confesarlo, cuando entré en el mundo de los espíritus, y no entré en el cielo para ver a Dios en Su trono, y a Jesús sentado a su derecha. Pero no me tomó mucho tiempo, hasta que entendí la verdad, porque Jesús mismo vino a mí, y me explicó que él no era Dios, y que yo no debía rendirle culto como tal. Pero amamos a Dios como seguidores de Cristo, adoramos al Maestro como nuestro profesor y hermano mayor.
Cuando entré en el mundo de los espíritus, me encontré en la segunda esfera entre espíritus de luminosidad y amor, y después de poco tiempo, entré en la tercera esfera, donde el amor abunda más, y entonces mi alma se llenó tanto de este Amor, y los errores de mi creencia me abandonaron, progresé luego de esfera a esfera, hasta que llegué al lugar, donde vivo ahora, y doy las gracias a Dios por Su Amor y misericordia.
No creo que el hecho, de que fallecí como un mártir por mis creencias, tuviese un efecto, permitiéndome alcanzar una esfera superior a aquella, en la que de lo contrario hubiese entrado. No fue la manera de mi muerte, lo que determinó mi domicilio en el mundo de los espíritus, sino el desarrollo de las cualidades de mi alma. Si yo adherí a una creencia, en lo que yo pensaba eran verdades, pero lo que no eran verdades en realidad, y esa creencia, proclamada y mantenida, había causado mi ejecución, fácilmente puedes ver que el sólo hecho, de que morí por mi creencia, no hubiese ayudado al desarrollo de mi alma en la verdad auténtica de ninguna manera, y por lo tanto, el sólo hecho, de que morí como un mártir por la verdad auténtica, no me ayudó a obtener un lugar en el mundo de los espíritus, que yo no hubiese obtenido, su yo hubiese fallecido a causa de una muerte natural, con las mismas creencias. El modo de la muerte de un hombre no determina nada, sin que es su modo de vivir y el desarrollo de las cualidades de su alma, los que determinan el lugar, donde debe vivir en el mundo de los espíritus.
Desde luego, la muerte del mártir a veces despertará las cualidades de alma cualidades o concepciones, que de lo contrario no se hubiesen despertado, y por eso se incrementará al amor del mártir por el Padre; y de esta manera, esa muerte puede ayudarle en su progreso hacia lo superior. Pero como digo, el desarrollo del alma fija el primer hogar del espíritu. Me refiero al desarrollo en el momento de la transición.
Mi querido hermano, tengo que terminar ahora, pero volveré algún día, y te escribiré.
En Amor,
Hugh Latimer
Yo estoy aquí, George Whitefield.
Fui un predicador de Inglaterra y contemporáneo de John Wesley. Vivo en las Esferas Celestiales, donde habitan solo aquellos, quienes han recibido el Nuevo Nacimiento, sobre el que ya te escribieron otros y más antiguos espíritus.
Solo quisiera decirte, que sigo siendo un seguidor de Jesús, pero mi conocimiento de lo que él fue y es, ha cambiado un poco. Ahora, no le veo como Dios, o como parte de Dios, sino como Su verdadero hijo, y como el supremo de los espíritus en el mundo de los espíritus. No existe nadie quien podría compararse con él en su belleza, espiritualidad o en su conocimiento de las verdades de Dios.
Yo solía predicar a miles acerca de la expiación asumida por él y su sacrificio de sangre, pero ahora veo su misión con otros ojos. No es su muerte en la cruz, la que salva a los hombres de sus pecados, tampoco su sacrificio, el que apacigua la ira de un Dios enojado, sino son su vida y sus enseñanzas del reotorgamiento del Amor Divino a la humanidad, y del camino cómo obtener este Amor, las que salvan a los hombres de sus pecados. No hacía falta apaciguar la ira de un Dios enojado, porque no existía un Dios enojado, solo un Dios lleno de Amor y Misericordia; y si los hombres creen, que serán quemados por siempre en un infierno de fuego, a menos que den la espalda a sus pecados, entonces los predicadores de la categoría, a la que yo pertenecía, les toman el pelo, y nunca obtendrán el Amor del Padre por medio de estas enseñanzas. Dios es Amor, y los hombres tienen que conocer esto y Su Amor es para todos, para cualquier raza y nación.
Ahora veo la gran equivocación que cometí, en mi concepción de Dios y de la misión de Cristo en la tierra, cuánto daño causé a los mortales por mis prédicas, y cómo difamé al Padre de Amor. Pero yo estuve honesto en mis creencias, y enseñé la verdad como yo creía que era la verdad, no obstante, esto no altera el hecho, de que muchos mortales, después de convertirse en espíritus, se rezagaron mucho tiempo en su progreso espiritual, por estas creencias falsas, las que tenían que cambiar para poder progresar, y que tenían que comenzar nuevamente con sus esfuerzos por encontrar las verdades de Dios.
Y así como en la tierra trabajé duro y prediqué con mucha elocuencia, con el fin de convencer a los mortales de estas doctrinas perjudiciales, así estoy trabajando ahora y predico con mucha elocuencia, con el fin de convencer a los espíritus, que llegan con estas creencias, de que las cambien y vean la verdad, como realmente es..
Me gusta el movimiento, que el Maestro ahora inicia para difundir en la tierra la verdad sobre lo espiritual, y estoy dispuesto a seguirle en todos sus esfuerzos, para lograr la salvación de los hombres, no sólo del pecado, sino también de las creencias falsas.
Por eso vengo a ti esta noche, para expresar mi simpatía y mi interés por la causa.
Permite que tu obra prosiga, y trata con tus mejores esfuerzos, que los hombres conozcan las grandes verdades, las que el Maestro enseñará. Nosotros todos, nos uniremos a la obra y haremos todo en nuestro poder para acelerar la gran cause de la redención de la humanidad del pecado y de la ignorancia.
El hombre tiene que desarrollar su alma por la obtención del Amor Divino, porque no se puede inspirar a un hombre, para que predique grandes y sublimes verdades espirituales, a menos que tenga la capacidad en su propia alma de sentir y comprender las verdades.
No escribiré más esta noche.
Yo soy tu verdadero amigo,
George Whitefield