Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús


 

 

Volumen II

Capítulo 11

 

La continuidad de la vida después de la muerte.

 

 

Mensajes incluidos en este capítulo:

Francis Bacon: Sobre la continuidad de vida después de la muerte.

Helen confirma que Francis Bacon escribió sobre la continuidad de vida después de la muerte

Samuel: La vida continua de una persona después de la muerte del cuerpo, como las manifestaciones de la naturaleza la demuestran, no es conclusiva.

Samuel — Continúa el mensaje anterior sobre la continuidad de la vida.

Pablo: ¿Cuál es el verdadero cuerpo, que resucita en el momento de la muerte física?

Pablo: continúa el mensaje anterior.

 

 


 

 

11.

 

La continuidad de la vida después de la muerte.

 

 

Francis Bacon: Sobre la continuidad de vida después de la muerte.

 

Permíteme escribir unas pocas líneas esta noche, sobre un tema que recientemente ha sido discutido por un espiritualista, un predicador, un filósofo y un científico; se trata de la continuidad de la vida después de la muerte del cuerpo físico. Cada uno de estos autores se acerca al tema de un ángulo diferente, pero todos llegan a la misma conclusión, basada en diferentes medios de argumentación, y esta es, que la vida continúa después de la muerte.

El tema es de una naturaleza, que interesa a la humanidad vitalmente, y vale la pena que las mentes más grandes de la investigación y de la ciencia lo consideren, y debería estudiarse tanto en la luz de la naturaleza, como en aquella de la auténtica demostración por las experiencias de los que han comprobado a la humanidad, por sus propias experiencias, que los espíritus de sus amigos y conocidos difuntos, y de otras personas de mayor o menor distinción, cuando vivían la vida física, efectivamente viven y comunican a los hombres su existencia, y la posesión de las facultades mentales, y los pensamientos que tenían, cuando eran mortales.

El estudio adecuado por el hombre demostraría este hecho, y lógicamente, la duda desaparecería, pero el problema es que los hombres no comprenden al hombre o su creación y sus facultades, y su relación con las cosas de la vida, conocida como el material y la materia. Es una creencia común, que la materia, como ahora existe, o más bien, lo que los hombres ven y conocen de la materia, es todo lo que se puede conocer, y que cuando deje de existir, lo que es netamente físico, como se lo entiende comúnmente, ningún otro o adicional conocimiento de ello puede ser obtenido o comprendido, por la mente finita del hombre.

Pero esta suposición aceptada no es la verdad, y si el hombre pensara sólo por un momento en lo que es la materia o el material, comprendería las posibilidades de su funcionamiento u operación, y también, como las mentes de los espíritus pueden aprovechar de la misma, interviniendo en ella en el mundo espiritual; es decir, en el mundo más allá de la comprensión de los cinco sentidos de los hombres, los que sólo son medios para los espíritus, que trabajan dentro del alcance ordinario de la vida física.

La materia es eterna, y existe en todas las esferas del mundo de los espíritus, justo como existe en la tierra, aunque en diferentes formas y atenuaciones, y en condiciones que pueden o no pueden ser los objetos de los sentidos físicos, o de los sentidos de la mente, que superan o existen aparte estos sentidos netamente físicos. La materia es, en su naturaleza esencial, la misma, a pesar del hecho, de que asume diferentes formas — algunas visibles a los sentidos ordinarios de los hombres, y algunas completamente fuera de la visión o sensación, y para esos sentidos no existen en absoluto, pero para los oros sentidos de la mente, existen en una forma tan real y tangible, y están sujetas a la influencia de la intervención de la mente, como la materia netamente física está sujeta a los cinco sentidos de los hombres.

El mundo en que los hombres viven, se compone de la materia, y el mundo en donde vivo yo, también se compone de la materia, de la misma naturaleza, pero de una consistencia y de cualidades objetivas diferentes. El material del universo siempre es materia, independientemente de si es reconocible por el hombre o no, si está sujeta a sus pensamientos e invenciones y usos o no lo está; y a medida que progrese el hombre en el estudio de la misma — me refiero a la práctica y al experimento — descubrirá que existen cosas, materiales en su naturaleza, que se van desarrollando en su consciencia, y las que llega a conocer, y de cuya existencia, hace pocos años, no tenía la menor idea. Por ejemplo, el descubrimiento y el uso de la electricidad, y el funcionamiento de las leyes naturales, que le permiten aprovechar los efectos de la telegrafía inalámbrica. Estos descubrimientos y funcionamientos de fuerzas de lo invisible, son nada más o menos, que cierta clase de conocimiento, controlando los mismos que han llegado a ser aparentes a su consciencia. Pero en todas esas operaciones, es la materia de la que se aprovecha, y no un poder espiritual, como los hombres comúnmente lo entienden. Por lo que ves, es la materia, tanto en lo físico burdo de la tierra, como en lo más atenuado e invisible del mundo de los espíritus, la que se utiliza para producir efectos, y en la que interviene la mente, no importa si es tangible y comprensible o no.

La mente es una entidad indivisible y unida, y no es separable en lo subjetivo y lo objetivo, como los hombres a menudo lo enseñan, excepto en lo siguiente: Que en su funcionamiento, aquella parte de la mente, que controla el cerebro en los asuntos ordinarios de la vida, puede ser llamada la parte objetiva, y aquella parte, que es apta y utilizada para controlar la materia, después de que haya sido transformada en lo puramente invisible, puede ser llamada la parte subjetiva. Pero es una sola mente, y existe en el hombre, mientras vive en la tierra, justo como existe y existirá, cuando se convierte en un espíritu.

El hombre, en su viaje a través de la vida, y me refiero tanto a su existencia en la tierra, como a la parte eterna de su existencia, es siempre material, es decir, su alma tiene un revestimiento y un aspecto material, y este revestimiento material cambia en su aspecto y en sus cualidades, a medida que progrese en las esferas, sin embargo, el físico burdo de su vida terrenal y lo espiritual sublimado de la parte eterna de su vida, son ambos materiales — reales, existentes y tangibles — y se usan para el propósito de su creación, a saber: La protección y la individualización del alma, que mora adentro.

Al ser eso así, puedes fácilmente comprender, que el hombre, cuando abandona el físico más tosco del cuerpo humano, no deja de consistir de materia, sino se transforma en un habitante de la materia más fina y más pura, que se llama su cuerpo espiritual; y este cuerpo está sujeto a las leyes, que rigen la materia, igual que su cuerpo físico estuvo sujeto a estas leyes; y el espíritu, que en este sentido es el hombre verdadero envuelto en la materia, controla y usa esta materia con más eficacia, de lo que lo hizo en la tierra, atado al físico. Toda la materia en el mundo de los espíritus es utilizada y formulada por los espíritus según su grado de inteligencia y desarrollo, a medida que se presente la ocasión para su uso, y este uso o los efectos del mismo pueden ser llevados al conocimiento de los hombres, según lo permitan sus limitaciones.

Por lo general, la comprensión humana de los efectos del control por un espíritu del material del mundo invisible, está limitada por la capacidad de sus cinco sentidos para comprender, y como estos cinco sentidos fueron creados para el sólo propósito de permitir o ayudar al espíritu, que se manifieste con referencia a lo que pertenece al enteramente físico de la tierra, raras veces ocurre, que los hombres puedan percibir la materia invisible, o el funcionamiento de las leyes que controlan la misma.

Ahora, por lo que he dicho, este espíritu es nada más que la mente del hombre — la misma mente indivisible, que poseyó cuando vivía en la tierra, pero que, debido a las limitaciones de los órganos físicos, no pudo funcionar respecto a la materia invisible, por lo que aquel hombre no pudo comprender esta función y sus resultados.

Cuando el hombre muere, sigue siendo el mismo como antes, en todas sus facultades, deseos y pensamientos, y en su habilidad para usar la materia, excepto que los órganos puramente físicos de su propia existencia ya no existen, y en cuanto a aquellos, él está muerto; pero, aunque te parezca raro, él puede — y a menudo lo hace — controlar los órganos físicos de otra persona viviendo en la carne, si esta persona se somete al control. Y si piensas por un momento, comprenderás que no hay nada admirable en eso. La mente del espíritu sigue siendo la misma mente, la que fue antes de su salida del cuerpo, con todos sus poderes, pensamientos y consciencia, y si puede lograr el control de lo que es necesario, para manifestarse a la consciencia de los hombres, no habrá ninguna dificultad en hacer esto, y nada fuera de serie o sobrenatural. Sus propios órganos, como el cerebro, los nervios, los cinco sentidos, se fueron, y el cerebro de cualquier otro ser mortal, sujeto al control de su propia mente, mientras aquella mente demanda el uso o el control exclusivo de esos órganos, este cerebro no puede ser controlado por la mente despojada de sus propios órganos físicos, porque existe una ley, que ninguna mente en su estado normal puede ser invadida por otra mente, y a menos que la mente, cuya sede y funcionamiento están dentro del cuerpo espiritual, encerrado en el cuerpo físico que posee estos órganos, consienta al control de estos órganos por otra mente, aquella no puede utilizar estos órganos. Pero el poder yace en el espíritu desencarnado o en la mente sin cuerpo; sólo falta la oportunidad.

Cuando el espíritu desea controlar el material invisible, es limitado sólo por su inteligencia y su conocimiento de la ley gobernando este control, y su progreso en las esferas de los espíritus.

Bien, he escrito suficiente esta noche, pero volveré y ampliaré mi mensaje.

Dándote mis gracias, me despediré.

Tu amigo,

Francis Bacon

 

 


 

 

Helen confirma que Francis Bacon escribió sobre la continuidad de vida después de la muerte

 

Yo estoy aquí — Tu verdadera y amorosa Helen.

Bien, querido, me alegra que estés en condiciones, de recibir nuevamente los mensajes de los espíritus, que desean escribirte con referencia a lo espiritual.

El espíritu que acaba de escribir estuvo muy ansioso por hacerlo, y se lo permitimos, para que puedas ganar una idea, de lo que es el material del universo, y el poder que los espíritus tienen sobre el mismo.

Pero esta no es la clase de mensajes que queremos transmitirte, y no permitiremos que se interfiera con frecuencia en este particular, y hasta que nuestros mensajes no hayan sido entregados todos, no debes pensar en esas cosas.

El Maestro estuvo hoy contigo, y está satisfecho por la manera como piensas, y dice que pronto comenzarás a recibir nuevamente los mensajes superiores, y todos nosotros tenemos muchas ganas de escribir. Sigue orando al Padre, y pensando en las cosas superiores del mundo de los espíritus.

Esta noche te agostaste bastante, por eso no escribiré más ahora, y sólo diré que todos te amamos, y que estaremos a tu lado para ayudarte en tus pensamientos. Así, ámanos y despídete.

Tu verdadera y amorosa

Helen

 

 


 

 

Samuel: La vida continua de una persona después de la muerte del cuerpo, como las manifestaciones de la naturaleza la demuestran, no es conclusiva.

 

Yo estoy aquí, Samuel.

Deseo escribir poco tiempo sobre un tema, que es importante para aquellos, quienes dudan de la realidad de la vida futura.

Sé que una vasta mayoría de los mortales creen en una existencia futura, y en la inmortalidad del alma, pero existe un número considerable de mortales, que desconocen estos hechos, o que no tienen creencia alguna acerca del tema, y simplemente dicen: "No sé." Y a esta última categoría de personas, les quiero escribir.

En primer lugar, Todas las personas conocen, si conocen algo, que viven, y que tarde o temprano, lo que ellos llaman la muerte, es inevitable, no importa cuál sea su causa. Por lo tanto, la vida implica, que existe algo como una vida continua, y la muerte, para esta gente, les demuestra que la vida, como la conocen, deja de existir, y que el cuerpo material, en el que esta vida se manifiesta, se desintegra gradualmente en sus elementos originales, que componen este cuerpo.

Ahora, una persona netamente materialista parecería estar en lo correcto con sus conclusiones que, cuando la vida, que sólo se puede manifestar a través de lo material de la naturaleza, deja de existir, y el cuerpo se vuelve desanimado y muere, pues que eso es el fin no sólo del cuerpo, sino también del individuo. Y si no hubiese otra manifestación de la vida, que esta por lo físico, entonces no habría fundamento sobre el cual se pueda basar la suposición, de que con la muerte del cuerpo no termina todo.

Sé que hubo quienes aseveraron, por argumentos, que aun cuando muera la parte material de la vegetación, vendría la primavera, y la materia vuelve a exhibir la vida, que antes se manifestó en ella, y por eso, por analogía, la muerte del cuerpo humano sólo significa, que la vida volverá a aparecer en evidencia, en algún otro cuerpo u otra forma.

Pero viéndolo de cerca, y razonando con exactitud, se verá que los dos objetos de demostración no son iguales, porque aparentemente muere la parte material del reino vegetal, pero no todo muere, porque aun cuando puedan ver aparentemente, que el cuerpo particular del árbol o de la plante, o cada parte del vegetal, entra en descomposición o putrefacción, de hecho, eso no es verdad. No todo de la planta material, que albergó o manifestó vida, muere, hasta que del resto aparezca y crezca un cuerpo nuevo, y la vida, que animó el cuerpo que pareció haber muerto, continúe en él, esperando el nuevo crecimiento para el despliegue de su existencia.

La flor muere, y el arbusto, sobre el que crece, puede parecer morir, sin embargo, las raíces continúan albergando el principio de vida, que permite que el arbusto crezca de nuevo, que tiene su génesis en estas raíces, y es la misma vida, que originalmente existió en el arbusto. Arranca el arbusto de raíz, y expónlo a los elementos hasta que muera y comience a desintegrarse, y luego vuelve a plantarlo, y verás que no crecerá, por la razón de que la vida, que le animó, se fue.

Y a la misma conclusión se llegará, cuando aplicas la misma investigación y el mismo modo de pensar a cualquier especie del reino vegetal. El grano de cereal parece aparentemente muerto, pero en realidad no está muerto, sino continúa conteniendo el principio de vida, que permitió el crecimiento del tallo, de la hoja y de la espiga encima de la hoja. Nada en el reino vegetal se reproduce o forma la base para un nuevo crecimiento, a menos que alguna parte del crecimiento viejo retenga en sí la fuerza vital.

En la investigación de los hombres con respecto a la vida vegetal, él descubrió que un grano de cereal, que fue sepultado en las manos de una momia Egipcia por más de tres mil años, cuando se lo sembró en la tierra, reprodujo el tallo, la hoja y la espiga del cereal, justo como fue el cuerpo material original. ¿Y por qué? No porque cuando el grano de cereal fue plantado den la tierra, recibiera nueva vida o una fuerza, que no contenía, sino porque el grano nunca dejó de estar con vida, que existía en él, cuando creció de la semilla original, para formar el grano perfecto. El grano nunca perdió su vida, y nunca murió, aunque aparentemente muriera. Siempre hubo una parte del cuerpo original, que continuó existiendo, y que mantuvo encerrado en sí el principio de vida. Din la preservación de una parte del cuerpo original, nunca hubiese existido la manifestación de vida, que dio origen al crecimiento de aquel cuerpo. Ese fenómeno, como lo llamas, no fue la resurrección de un cuerpo material, que murió, se descompuso y dejó de existir, sino que fue solamente la resurrección de aquella parte del viejo cuerpo, que nunca murió, sino que siempre retuvo en sí el principio de vida. Y eso, digo, no es un argumento para la futura existencia del hombre, visto desde un aspecto netamente material.

Cuando el cuerpo de una persona muere, queda destruido por toda eternidad, sea por la putrefacción natural, sea por incineración o, a veces, por caníbales, por lo que no permanece ninguna porción de su cuerpo, en la que se pueda preservar el principio de vida; y en cuanto al cuerpo material, desaparece en su totalidad — ninguna raíz queda en el suelo, y ningún grano ni semilla se preserva, de que podría surgir un nuevo cuerpo.

Por eso digo, el fenómeno del vegetal, que aparentemente muere y, después de una estación de año, brota de nuevo, y produce un cuerpo similar al que anteriormente vivió y murió, no suministra ninguna demostración ni argumento del que, por la lógica, se pueda deducir la conclusión de que, cuando una persone muere, no dejaría de existir, o que volvería a vivir.

Desde el punto de vista puramente físico, el materialista tiene los mejores argumentos, y puede preguntar, con todo derecho: "Cuando muere una persona, ¿volverá a vivir?" Y puede responder a la investigación diciendo, que la naturaleza no suministra ninguna prueba de que eso sucedería.

Se puede decir que la vida penetra toda la naturaleza, y que constituye la base para toda existencia, y esta aserción es verídica; pero de ello, no sigue, que una manifestación de la vida en particular, como por ejemplo una persona individual, cuando una vez deja de manifestarse, volvería a reproducirse en aquella identidad particular de manifestación material, o en aquella forma o existencia, que constituiría la misma identidad, que dejó de existir.

Para demostrarle al hombre, que sí existe una existencia continua después de la muerte del cuerpo — y me refiero a una existencia individual, idéntica — se precisa algo más que el argumento de la analogía en la naturaleza, o con la parte material de la naturaleza, donde aparece la vida, luego desaparece aparentemente, y luego vuelve a aparecer. Ya que la discusión sobre esta fase del tema tomará más tiempo, de lo que tienes esta noche para recibirlo, pospondré el tratamiento hasta otra vez.

Con todo mi amor, diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

Samuel

 

 


 

 

Samuel — Continúa el mensaje anterior sobre la continuidad de la vida.

 

Yo estoy aquí, Samuel.

Deseo continuar mi mensaje sobre el tema de la continuidad de la vida humana, después de la muerte del cuerpo, como las manifestaciones de la naturaleza la demuestran.

Como dije, la muerte y resurrección aparente de cosas del reino vegetal, no suministra ningún argumento, de que el hombre continuaría viviendo después de la muerte del cuerpo físico.

Ahora, sé que es difícil comprender, donde puede haber algo en las manifestaciones de la naturaleza, para comprobar esta vida persistente, y que la gente, para cuyo beneficio estoy escribiendo esto, no estará dispuesta a utilizar evidencia de una naturaleza espiritual, para comprobar la continuidad de la vida, y por lo tanto, me restringiré a asuntos materiales.

Bien, en primer lugar, no existe la muerte para nada en todo el universo material de Dios. Cada elemento primario contiene vida, aun cuando la vida no esté perceptible para la conciencia de los hombres, pero es una realidad. Cada átomo o electrón, como los científicos denominan estas partículas de materia, que se reduce a sus proporciones infinitesimales, está preñado de vida; y la descomposición muy aparente de substancias materiales no es nada más ni menos que el resultado de la operación de la vida que contienen, llevando a cabo los cambios en la forma o expresión.

Si los científicos investigan y analizan las partes constituyentes de las partículas de toda clase de materia, aunque parezca carente del principio de vida, encontrarán que la ida, en algunas de sus expresiones, está contenida en estas partículas, y que no existe nada en la materia de la naturaleza, que sea completamente inerte. No existe la inercia — sólo parece existir; y si bien no es aparente al ojo natural, de que cada cosa de materia contiene vida, existe fuerza y moción, y así son los hechos.

Este principio de vida penetra todo — tiene validez para todo, y forma parte de todo, que tiene el aspecto de la existencia natural. El grano de arena en la playa, o el polvo del árbol descompuesto, todo contiene vida, y esta vida no está más ausente de estas cosas materiales, de lo que están los elementos, que componen esta forma visible de la materia, que nunca se pierden ni desaparecen. Es la verdad que estos elementos cambian en su forma y su composición, sin embargo, nunca dejan de existir, ni se desvanecen. La nada significa carencia, y en la creación de Dios no hay carencia. Todo se constituye de substancia, y no existen vacancias sin llenar.

Y por lo tanto, ya que la vida es el principio fundamental de la existencia, y que la vida existe en todas partes, y que no existe ningún espacio vacío en la naturaleza, la vida lo penetra todo, no importa si el ojo o los sentidos del mortal puedan percibirla o no.

Cuando la materia se descompone o desintegra, no lo hace por la ausencia de vida, sino como resultado de la operación de este principio de vida, sobre la materia de tal manera, que los elementos se separan, y que cambian en forma y en aspecto.

Conozco que se dice que la acción de los elementos, es decir, de fuego, agua, aire y químicos conocidos y desconocidos, causa la desintegración o incluso la desaparición de la materia, pero eso no es estrictamente la verdad, ya que estos elementos no afectan a las cosas mismas, como resultado primario de sus acciones, sino lo que afectan es la vida en esta materia, y a media que disminuya la vida o cambie, los materiales, de los que la vida forma parte, se desintegran o disuelven, como se dice a veces, en aire; y jamás muere ninguna parte de la substancia material, no importa cuán diminuto que llegue a estar — es decir, en el sentido de que pierda vida.

La vida es de una naturaleza dan delicada, y es tan susceptible a la división o reducción a una pequeñez, casi infinitamente, que ninguna substancia puede llegar a ser tan pequeña, que la vida deje de ser parte de ella, y el principio vital de su existencia.

Como se conoce, la roca sólida no sólo puede reducirse a polvo, sino a líquido, y luego evaporar, y entonces convertirse en gas, y finalmente en algo que ya no es perceptible para la consciencia del hombre, y a pesar de ello, el principio de vida existe en todas esas formas de la roca material; y lo que termina aparentemente con la nada, contiene vida igual que la roca original, o cualquiera de sus formas subsecuentes en el proceso de reducción hasta la aparente extinción.

El materialista acepta estos fenómenos como la verdad, y ciegamente y con plena convicción asevera, que nada en la creación se pierde o se aniquila. Si esto es la verdad, ¿por qué no la es también la conclusión lógica, de que la roca aparentemente inanimada, o el animal sin raciocinio, o el hombre las facultades de razonar, nunca se aniquila ni se pierde? ; o en otras palabras, ¡nunca sufre la muerte, que lleva a la nada!

Pero ellos dicen, si bien esto es la verdad, a pesar de ello, la materia, que forma estos varios aspectos de la existencia, no vuelve a unirse necesariamente o probablemente, para volver a formar un ser idéntico, que una vez apareció como una existencia, y luego se disolvió en los elementos, que compusieron esta existencia; y por lo tanto, si bien los elementos de alguna forma pueden seguir viviendo para siempre, aquella forma, en la que una vez existieron, no volverá a aparecer. Sé que esto es una conclusión razonable, y está de acuerdo con las demostraciones de la ciencia, y es aplicable al hombre netamente físico igual que a otras manifestaciones de ola parte material de la naturaleza.

Pero incluso estos materialistas admiten que, en el caso del hombre, existe algo en su formación y en su existencia esencial, que es más o supera al conjunto de sus partes de composición física, y si bien dicen, que este algo es totalmente de una naturaleza material, admiten que es de una materia diferente y distinta de la materia, que forma el cuerpo físico visible.

No hablo del alma o de la parte espiritual del hombre, sino del intelecto y de los cinco sentidos, y de los poderes de razonar, que en su conjunto, desde luego, incluyen la memoria. Aquella parte del hombre, que abarca estas cosas, así tienen que admitirlo los materialistas, es distinta y diferente del cuerpo, y, aun cuando se conceda que son materia, ningún hombre la vio jamás, ni la sintió, ni percibió su existencia de ninguna otra manera, de lo que percibió aquello, que conoce es materia. Vio, escuchó y conoció los efectos de la existencia de estas cualidades materiales invisibles, como puede llamarlas, pero nunca demostró que murieran, cuando muere el cuerpo físico. El extremo, al que podemos llegar en esta dirección, es que desaparecieron y se perdieron para su conciencia; pero no puede afirmar, que se desintegraran, disolvieran, o se redujeran a una substancia gaseosa, o en aire, como lo vio suceder con el cuerpo físico visible. El límite de su conocimiento es, que con la muerte del cuerpo físico, esta otra pare material, como la llama, del hombre desaparece y jamás vuelve a aparecer para sus sentidos físicos.

Como digo, nunca observó, y tampoco tiene conocimiento de ninguna desintegración de estas partes materiales invisibles del hombre, en elementos primarios o átomos, o electrones, en la terminología que aplica al cuerpo físico, y por lo tanto, no está justificado al concluir, que esas consecuencias para la materia invisible seguirían a la muerte y disolución de carne, sangre y huesos del hombre. Esta clase de conclusiones es más especulativa que la idea, de que el material invisible no se disuelve en formas aun más invisibles, si se me permite usar esta expresión.

Como he dicho, la vida está en todo, visible e invisible, y que no existe vacío en la naturaleza. Mientras viva el hombre, queda demostrado que la vida se encuentra en esta parte invisible del hombre, y más abundantemente que en el cuerpo visible; y a medida que continúe la vida después de la muerte en los elementos de este cuerpo descompuesto, ¿por qué no podemos decir, que después de la muerte, la vida continúa en la parte invisible del hombre? Nada se pierde jamás, ni desvanece, y por lo tanto, estas partes del hombre no pueden ser aniquiladas, y en su existencia, tienen que contener vida.

¿Fue capaz el materialista una vez, de demostrar, para su propia satisfacción, que esta parte invisible del hombre, de la que dice que consiste de materia, deja de vivir? No puede decir, que los elementos del cuerpo físico, no importa que forma que asuman, dejen de vivir, sino al contrario, asevera afirmativamente, que ellos nunca se aniquilan y continúan existiendo; y como la vida es necesaria para su existencia, tienen que seguir teniendo vida.

Así, según sus propios argumentos, demostraciones y aseveraciones definitivas, la muerte del cuerpo físico no destruye los elementos, que componen aquel cuerpo, sino solamente la forma, en la que estos elementos se combinaban. Lo máximo que podemos deducir de esto es, en cuanto a la parte material invisible del hombre, si bien la materia, que compuso estas partes no muere ni se aniquila, sin embargo, su formación puede desintegrarse o cambiar; y por lo tanto, la identidad del hombre, en lo que se refiere a esta parte suya, ya no existe más. Pero esta conclusión no sigue como una secuencia lógica, y el materialista no dispone de nada, sobre lo que pueda basar su conclusión, excepto que ha visto y conoce que, cuando el cuerpo visible muere, se desintegra y por fin desaparece.

Nunca observó la desintegración de la parte invisible del hombre, aunque vio el decaimiento, incluso la destrucción, de sus manifestaciones; pero la causa de ello resulta ser una clase de decadencia o desorganización de una parte del cuerpo visible, a través del que se manifiesta lo invisible.

Estos materialistas tienen conocimiento del hecho, de que hombres perdieron brazos, piernas, u otras partes del cuerpo, y a pesar de ello, las partes invisibles permanecieron en estado perfecto, cumpliendo con sus funciones. También es verdad que a personas se les perjudicó sus órganos físicos de la visión o del oído, y como consecuencia, los órganos invisibles de la visión o del oído no funcionaban, pero este hecho no comprueba que estas partes murieron o dejaron de preservar la forma, que tenían antes de que los órganos físicos se dañasen; porque cuando los defectos de los órganos físicos se reparan, y estos órganos vuelven a condiciones de plena función, las facultades invisibles de la vista y del oído manifiestan su existencia una vez más, justo como lo hacían antes del perjuicio a los órganos dañados. Y hay tantos ejemplos similares más, a los que me pudiese referir, para demostrar que la muerte o la destrucción de cualquier parte del cuerpo visible, no destruye ni disuelve en sus elementos la parte material invisible del hombre.

Y aparte, los materialistas deben considerar la gran diferencia entre los poderes y objetos de la creación de estas partes visibles e invisibles del hombre, y se darán cuenta, de que lo puramente físico está totalmente subordinado y utilizado solamente, para facilitar que las partes invisibles se manifiesten y comprueban que el hombre verdadero es la parte invisible, y que el hombre puede perder parte de su revestimiento físico, y a pesar de ello, existir y realizar sus funciones, y ejercer sus Su poderes.

De este modo traté de demostrar que, si bien no se puede deducir ningún argumento de la analogía entre los vegetales de la naturaleza, que mueren y vuelven a vivir, y la muerte del hombre, pero tampoco se puede sacar ningún argumento del hecho, de que muere el cuerpo visible del hombre, y se descompone en sus elementos, para nunca más resucitar como el mismo cuerpo, demostrando que el cuerpo invisible del hombre muera y se disuelva en sus elementos, y que el hombre deje de ser el individuo, que era antes de la muerte del cuerpo físico.

Posiblemente no logré escribir mi mensaje tan clara y convincentemente, como lo hubiera deseado, pero en discusiones de esta clase es difícil transmitir los varios matices de pensamientos a través del médium mortal. Te agradezco tu cortesía, y concluiré ahora.

Así, con todo mi amor y las bendiciones del Padre, me despediré.

Tu hermano en Cristo,

Samuel

 

 


 

 

Pablo: ¿Cuál es el verdadero cuerpo, que resucita en el momento de la muerte física?

 

Yo estoy aquí, Pablo. Sí.

Vengo esta noche para escribirte sobre un tema, que muy probablemente te interesa, y que es importante para toda la humanidad. Si estás en condiciones de recibir mi mensaje, escribiré.

Bien, el tema es: ¿Cuál es el verdadero cuerpo, que resucita en el momento de la muerte física?

Por supuesto, sólo habrá una resurrección, y la misma sucederá, cuando el mortal llegue a ser un habitante del mundo de los espíritus. Nunca habrá lo que se llama la resurrección general de los muertos, porque el mortal sólo puede morir una vez — quiero decirlo en el sentido físico. Para vivir en los reinos del espíritu, es necesario que tenga un cuerpo espiritual, que preserva la identidad de su individualidad, y teniendo este cuerpo (y nunca está sin el mismo, después de la encarnación del alma en el cuerpo terrenal) y sin necesidad de otro cuerpo adicional, no existe la posibilidad de otra resurrección, o de que se añada otro cuerpo al uno, que el alma ya posee.

El cuerpo que muere, cuando el hombre deja de ser un mortal, se desintegra en sus elementos, y estos elementos forman nunca más el mismo cuerpo, que se descompone, y por lo tanto, es imposible que este cuerpo resucite. El único cuerpo que resucita, es el cuerpo que envuelve el alma del mortal en el momento, cuando abandona su vida terrenal.

Sé que muchos creen que, cuando el hombre muere, su existencia consciente termina, y él llega a ser, por decirlo así, muerto en cuerpo, alma y espíritu; que aunque el cuerpo físico se descompone y se vuelve polvo o cenizas, el alma y el espíritu de alguna manera misteriosa e inexplicable, continúan existiendo como entidad sin pensar y dormida, no sujeta a la sensación o actividad, y así permanece hasta el gran día de juicio, o hasta la venida de Cristo, cuando, en respuesta a la convocatoria, resucita, responde a la llamada, y vuelve a vestirse del cuerpo, que poseía en la forma humana. En su creencia, no es necesariamente el cuerpo exacto o idéntico, que una vez existía, pero el nuevo cuerpo será de carne y sangre, y de una naturaleza, que substancialmente será el mismo cuerpo que murió, fue sepultado y se descompuso.

Pero esto no es verdad, porque las leyes mismas de la naturaleza, con las que los hombres están familiarizados, comprueban la imposibilidad de tal suceso, y muchos argumentos se formularon y aseveraron, a fin de comprobar que esta resurrección no puede suceder jamás — que será absolutamente imposible, que los elementos, que constituían el cuerpo original, volvieran a congregarse en la misma forma, para darle al alma el cuerpo que desechó, cuando experimentó la libertad de las ataduras de la carne.

Pero los abogados de esta teoría falsa responden, que Dios es todopoderoso, y de alguna manera, los hombres no la comprenden, resucitará este cuerpo original, y envestirá el alma de él, para que la identidad del individuo aparezca. Hay que recordar, que Dios elabora y produces seres y entidades den armonía con las leyes, que Él estableció, y no por una acción especial, esporádica, sin respetar y contraviniendo, como dicen, estas leyes.

El hombre comprende, en cierto grado, el funcionamiento de estas leyes en lo que llama la naturaleza, o lo normal, y algunos espíritus comprenden no sólo lo que entiende el hombre, sino también el funcionamiento de estas leyes, que puede llamarse sobrenatural o paranormal, y las leyes trabajan de la misma manera, y sin cambio alguno ni interferencia en el un caso, justo como en el otro.

Igual que fuese imposible vestirle a un mortal, que posee un cuerpo carnal, de otro cuerpo carnal, así en el mundo de los espíritus fuese imposible, vestirle al espíritu, poseyendo un cuerpo espiritual, de un cuerpo adicional, ni importa si de carne u otra substancia. Este cuerpo espiritual consiste de verdadera substancia, y no es susceptible a revestirse de otro cuerpo.

Bien, veo que ya no estás en condiciones para escribir, y pospondré el resto del mensaje hasta más tarde.

No te he escrito por algún tiempo, y me alegro por la oportunidad de volver a escribir.

(Si puedes arreglártelo, para venir más a menudo, quizá me encuentres en mejores condiciones con más frecuencia, lo que ojalá dé origen a un incremento tanto en la cantidad, como en la calidad de tus comunicaciones.)

Entiendo lo que quieres decir, y acataré tu sugerencia, porque me parece sabia y deseable.

Vendré más a menudo para escribirte.

Así, con todo mi amor, te diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

Pablo

 

 


 

 

Pablo: continúa el mensaje anterior.

 

Yo estoy aquí, Pablo.

Terminaré mi mensaje esta noche, si estás de acuerdo. Muy bien, vamos a intentarlo.

Como estaba diciendo, el cuerpo que resucita de la muerte, no es el cuerpo físico, sino el cuerpo espiritual; y después de la primera resurrección, nunca habrá otra. Ahora estoy tratando la resurrección diferente de la del alma, o la resurrección de la muerte, de la que escribí con anterioridad. El cuerpo, al que una vez se coloca en la tumba, nunca más resucitará, y tampoco entrará ninguno de los elementos en otro cuerpo para el propósito de la resurrección. El cuerpo carnal fue creado para un sólo propósito, y cuando aquel propósito haya sido cumplido, ni cuerpo ni de derivado alguno suyo será utilizado para la resurrección. El cuerpo carnal consiste de materia, y como toda la materia, se utiliza exclusivamente para la vida en la tierra, y no puede utilizarse para ninguna función o el revestimiento de un espíritu en el mundo de los espíritus, y tampoco puede ser trasladado en los reinos del espíritu.

Toda materia del cuerpo tiene que morir, y nunca vendrá un tiempo, cuando los hombres puedan abandonar can la tierra, y entrar en la vida espiritual en estos cuerpos materiales.

Sé que está escrito, que ciertos de los profetas del Antiguo Testamento fueron trasladados a los cielos espirituales, vestidos de sus cuerpos carnales, pero esto no es la verdad, porque es imposible, que esto pueda suceder, ya que son las mismas leyes, que tiene validez para el cuerpo físico del santo y del pecador; ambos son de la tierra, terrenales, y tienen que quedar atrás, cuando los espíritus de los hombres entran en los cielos de los espíritus.

Po lo tanto, cuando los hombres creen y predican la resurrección general del cuerpo material, o la resurrección especial del mismo, están equivocados y no creen ni predican la verdad.

Carne y sangre, o carne sin sangre, no pueden heredar el reino, y ninguna creencia, ningunas enseñanzas pueden convertir, lo que es falso en lo correcto.

No deseo escribir más sobre este tema, porque muchas personas, que están familiarizadas con las leyes de la naturaleza, y muchas más, que llegarán a ser familiarizadas con estas leyes, conocen y conocerán y comprenderán la imposibilidad, de que lo material entre en el reino de lo espiritual.

Así, muchas gracias por tu amabilidad, y diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

por San Pablo.

 

 


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