Revelaciones Angelicales—el Evangelio revelado nuevamente por Jesús
Capítulo 3
Las verdades alrededor del nacimiento y de la vida de Jesús de Nazaret
Jesús continúa su anterior mensaje con respecto a su nacimiento y vida.
Prof. Joseph Salyards comenta sobre el mensaje de Jesús.
Jesús jamás fue erudito en la Sabiduría de la India o de Egipto o de Persia. (Santiago, el Menor)
Jesús afirma, que jamás estuvo en la India y Grecia estudiando filosofías, como algunos aseveran.
Jesús proclamó, que él fue el Mesías, en la sinagoga de Nazaret. (Jesús)
La condición del mundo cuando Jesús vino a enseñar. (Jesús)
Jesús no realizó todos los milagros aseverados en la Biblia. (Pedro, el Apóstol)
Un Espíritu relata, que escuchó las enseñanzas de Jesús, cuando él estuvo en la tierra. (Elameros)
Dios no ordenó que Judas traicionara a Jesús. (Juan)
"Espera hasta que yo vuelva."-- la experiencia del Judío Errante. (El Judío Errante)
Juan confirma la experiencia extraordinaria del Judío Errante.
Helen Padgett comenta sobre el mensaje escrito por alguien conocido como el Judío Errante.
Qué pasó realmente en la crucifixión de Jesús. (Samuel, profeta del Antiguo Testamento)
José de Arimatea describe lo que pasó después de que se colocara los restos de Jesús en la tumba.
Lucas, el Apóstol explica la desmaterialización del cuerpo terrenal de Jesús.
Jesús declara, que él no es Dios o que no se le debe adorar como Dios, y explica cual fue su misión.
Las verdades alrededor del nacimiento y de la vida de Jesús de Nazaret
Yo estoy aquí, Jesús.
Quiero escribirte esta noche acerca de mi nacimiento y mi vida hasta el tiempo de mi ministerio público.
Nací en Belén, como sabes, en un pesebre, y cuando tenía unos días de edad, mis padres me llevaron a Egipto para escapar a los soldados de Herodes, quienes fueron enviados a destruirme, y quienes mataron a un gran número de niños varones de menos de dos años de edad. La historia Bíblica de mi nacimiento, la huida de mis padres, y el homicidio de los inocentes es substancialmente correcta; y deseo añadir solamente que, cuando mis padres llegaron a Belén, no fueron obligados a buscar el pesebre en un establo por su pobreza, para que yo pudiese nacer, porque se les abasteció con fondos y todo lo necesario para hacer mi nacimiento confortable para mi madre; y, de hecho, mi padre no era pobre en bienes terrenales, como se consideró a la pobreza en aquellos días.
La Biblia dice que vinieron Hombres Sabios y trajeron regalos de oro e incienso a mis padres, o mejor dicho a mí, pero mis padres me contaron, que no fue tanto, en lo que se refiere al valor monetario de lo mismo, y que los gastos de la huida a Egipto fueron cubiertos con fondos, que mi padre tenía antes de su llegada a Belén.
Después de que llegaron a Egipto, mi padre buscó la casa de un Judío, quien era su pariente, y vivió allá por mucho tiempo, haciendo el trabajo, para el cual le capacitó su profesión; y por su trabajo sostuvo a su familia y, en cierto grado, me educó a mí y mis hermanos, porque yo tenía cuatro hermanos y tres hermanas, nacidos todos, excepto yo, en Egipto.
Cuando llegué a la edad, asistí a la escuela común prevista para niños pequeños, y se me enseñó aquellas cosas, que tenían que ver con la religión de los Judíos, y algunas cosas que no eran religiosas en su naturaleza. Jamás se me enseñó la filosofía de los Egipcios u otras filosofías paganas; y quienes aseveran, que recibí mis ideas religiosas o enseñanzas morales de alguno de estos filósofos, están equivocados.
Mi enseñanza en cuanto a asuntos religiosos, fue derivada de las enseñanzas del Antiguo Testamento o, más bien, de profesores judíos, cuyo libro de texto fue el Antiguo Testamento.
Mi desarrollo en el conocimiento de las Verdades, que yo enseñé durante mi ministerio público, se originó por mis facultades espirituales interiores; y mi maestro fue Dios, Quien, por Sus ángeles y por mis percepciones del alma, hizo que aquellas Verdades llegaran a mí, o, más bien, el conocimiento de ellas, y no las conseguí por ningún otro camino.
No nací con el conocimiento de que yo era el hijo de Dios, enviado a la tierra para enseñar estas grandes Verdades, o que yo debería anunciar el reotorgamiento del Gran Regalo de la Inmortalidad a la humanidad y los medios como conseguirlo, sino este conocimiento de mi misión vino a mí después de que me convirtiera en hombre, y tuviera frecuentes comuniones con Dios por mis sentidos espirituales.
Jamás estuve en la presencia de los sacerdotes Judíos, explicándoles la ley y haciendo preguntas cuando tenía más o menos doce años de edad, como se declara en la Biblia. Y no fue antes de mi primera aparición, después de convertirme en hombre, que traté de demostrar a sacerdote o laico, que yo era el mensajero del Padre, enviado por Él a proclamar las buenas nuevas de la restauración de la Inmortalidad, y de Su Gran Amor, el mismo que era necesario para convertir a todos los hombres en uno solo con Él y a darles un hogar en Su Reino.
Nunca fui un muchacho u hombre pecador, y en mi corazón no sabía, que era pecado; y aunque parezca extraño, jamás traté de enseñar a otros estas Verdades, antes de que Juan Bautista anunciase mi misión.
En los días de mi niñez, fui igual a otros chicos, disfrutando de los juegos de niños, tuve los sentimientos de un niño, y nunca pensé que era otra cosa que un niño. De ninguna manera fui diferente a otros niños, excepto en lo particular que mencioné, y cualquier otro relato diferente de mí es falso.
Mis enseñanzas fueron aquellas, las que el Padre me había encargado desde el principio, pero de las que tuve conciencia sólo después de que me convertí en un estrecho comunicante del Padre, y aprendí de mi misión por Él. Así que tienes que creer que, yo fui un hijo de hombre así como un hijo de Dios, y esto en el sentido literal. Yo no hubiese sido verdadero a mi misión, si hubiera proclamado, que era el único hijo de Dios, porque no es verdad, y los hombres no deberían enseñarlo así.
Sí, yo sé que se dijo, que a mi madre se le informó del objetivo de mi nacimiento, y que bendita mujer era, pero no es verdad. Mi madre, como ella me dijo, no tenía ninguna razón para suponer, que yo fuese diferente de otros niños nacidos de hombres. La historia del ángel de Dios que vino y le dijo, que tenía que someterse al nacimiento de un niño, que fuese engendrado por Dios o por Su Espíritu Santo, y que ella, como virgen, tenía que estar encinta y dar a luz a este niño, no es verdad; porque ella jamás, en toda su vida, me contó, que ella tuvo tal visitante. Y sé, que ella se sorprendería mucho, como muchos hombres, que tal cosa como el nacimiento de un niño por una virgen pueda suceder. Así ves, la narración Bíblica de como fue engendrado, y todas las circunstancias alrededor, no son verdad.
Mi padre José nunca supuso que yo no fuese su hijo; y la historia del ángel, quien vino y le dijo, que no debería rechazarle a ella por las apariencias, no es verdad, porque él jamás insinuó en todas mis conversaciones con él, que yo era otra cosa que su propio hijo.
Entre mis doce años de edad, y mi ministerio público, vivía en la casa con mis padres y ayudaba a mi padre en su negocio de carpintería; y durante todo este tiempo, no hizo nunca una alusión de que no fuese su hijo, o que yo fuese diferente de otros niños, excepto que no hice cosas pecaminosas.
Cuando comencé a recibir este Amor Divino en mi alma, llegué muy cerca del Padre, y esta relación me llevó a descubrir que yo era el enviado por Dios, para cumplir con una misión, y para declarar una gran e importante Verdad; y finalmente la voz en mi alma me dijo, que era el verdadero hijo de mi Padre, y lo creí y comencé a enseñar y predicar las Verdades de Su Amor otorgado, y de la salvación de los hombres.
Conocía a Juan desde niño -- él era mi primo, y nosotros a menudo jugamos juntos. En los años posteriores, discutimos la verdad de mi misión y la manera como se debería proclamarla al mundo.
Juan fue un gran síquico, y vio en su visión quien era yo y cuál era mi misión en la tierra; como consecuencia, cuando llegó el tiempo, él hizo el anuncio de mi venida. Él se dio cuenta de la diferencia en nuestras misiones, y habló de que él no era digno de desatar mis sandalias; sin embargo, él no comprendió totalmente mi misión y la gran Verdad del otorgamiento de la Inmortalidad al hombre por el Padre.
Yo me convertí primero en el Cristo, cuando fui ungido por mi Padre, y esto ocurrió en el momento de mi bautismo por Juan. Yo, como Cristo, soy diferente de mí como Jesús. "Cristo" significa aquel Principio, que el Padre ha conferido en mí, que me hizo uno solo con Él en la posesión de este Gran Amor. El Cristo es aquel Amor mismo hecho manifiesto en mí como hombre. Este Principio de Cristo es universal y está por todas partes, igual como es el Espíritu Santo, pero yo estoy limitado en mi lugar de ocupación, igual como tú.
Tan sólo como Jesús, jamás prometí el gran don mencionado en la Biblia, tal como que donde dos o tres se encuentran reunidos, allí estaré yo también; porque sería imposible para mí estar en todos los lugares al mismo tiempo. Pero Cristo, siendo sin forma o limitación, es omnipresente, y en consecuencia puede cumplir mi promesa en este respecto. El Cristo está vivo tanto hoy como siempre. Nunca fue crucificado y jamás murió, como lo hizo Jesús.
Bueno, pienso que estás con demasiado sueño ahora para continuar. Necesitas dormir. No sé de ninguna influencia especial ejercida sobre ti para producir sueño.
Continuaré en un futuro cercano.
Tu hermano y amigo,
Jesús
Yo estoy aquí, Jesús.
Continuaré la carta sobre mi nacimiento y trabajo, la que anoche comencé.
Cuando estuve satisfecho, de que fui elegido por mi Padre para llevar a cabo Su Trabajo anunciando al mundo el otorgamiento de Su Gran Don del Amor Divino, que forma parte de Su Naturaleza, y que constituye el Principio predominante de aquella Naturaleza, comencé con mi ministerio, y continué trabajando por la redención de la humanidad en la tierra, hasta mi muerte en la cruz. Entonces no fui tan perfecto como lo soy ahora, y mi conocimiento de las Verdades del Padre no fue tan grande como lo es ahora.
Sin embargo, deja que los hombres conozcan, que lo que yo enseñé fue la verdad, aun cuando no enseñase toda la Verdad, y que ellos aprenderán, que yo soy el hijo verdadero de mi Padre y el mensajero especial, por quien estas Grandes Verdades debían ser enseñadas a la humanidad.
Cuando aún estaba en la tierra, no estaba tan lleno del Amor del Padre como lo estoy ahora, y no tenía el poder de hacer sentir a los hombres, que este Amor es lo único, que los reconciliaría con el Padre y les haría uno solo con Él, como lo tengo ahora. Así, los hombres tienen que creer, que yo estoy comunicándoles las Verdades reales, que les mostrarán el Camino hacia el Amor del Padre y a su propia salvación.
Tú tienes en tu mente el deseo de saber, como sucedió que los Hombres Sabios vinieran a mí con sus ofrendas y su adoración, si yo no fui creado especialmente por Dios para convertirme en Su hijo y representante en la tierra.
Bien, los Hombres Sabios vinieron, pero su venida no sucedió a causa de algún conocimiento, que ellos tenían, de que yo fui un niño creado Divinamente, o que yo no fui un niño natural. Ellos vinieron, porque ellos fueron astrólogos, y en aquel tiempo vieron una nueva y magnífica estrella en los cielos, la que para ellos significaba, que algún acontecimiento importante había ocurrido. Y como habían estudiado el Antiguo Testamento, en donde se refiere a la estrella como la anunciadora del nacimiento de un salvador, ellos concluyeron que aquella estrella era la indicada, y que mi nacimiento (porque era humilde como ellos lo esperaban) fue aquel, a que se referían las Escrituras; y en consecuencia que yo era el Cristo, de quien hablaban. Pero aparte de este conocimiento como astrólogos, y aquel de las Escrituras, no tenían conocimiento de que yo era el Cristo, que iba a nacer. Y cuando se asevera, que ellos tenían alguna información de Dios o de Sus ángeles de que yo era el Cristo, esa afirmación no es verdadera.
Yo lo sé, porque, desde mi venida al mundo de los espíritus, me encontré con estos hombres y hablé con ellos, y ellos me contaron, lo que ahora escribo. Así, yo fui el Cristo, a quien se refiere la Biblia -- quiero decir las profecías del Antiguo Testamento -- sin embargo, aquellos Hombres Sabios no tenían otro conocimiento del hecho, que aquel que te he contado.
Yo sé, que fui enviado por el Padre para llevar a cabo la misión, la misma que cumplí, y que ha sido la intención desde el principio, que se me ungiera como el Cristo, pero no lo sabía antes de que me convirtiera en hombre, y entonces un ángel y mi propia voz interior me dijeran, cuál era mi misión.
Mi madre, padre o mis hermanos no lo sabían. E incluso después de haber proclamado mi misión y mostrado los maravillosos poderes, que me habían sido dados, ellos no creyeron en mi misión, sino pensaron, que estaba fuera de mí -- lo que quiere decir, como ustedes dicen, loco creyendo, que yo era el elegido de mi Padre. La Biblia misma muestra, que esta fue su opinión.
Así, yo soy el Cristo de la Biblia, y el instrumento elegido del Padre para revelar las grandes Verdades, las mismas que yo proclamé, y las que proclamaré a través de ti, sin embargo, no soy el único hijo engendrado de Dios en el sentido, como se lo acepta generalmente. Y mucho menos soy Dios. Como he dicho, hay sólo un Dios, y yo soy sólo Su hijo y maestro, quien fue enviado al mundo para anunciar el otorgamiento del Don de la Inmortalidad a la humanidad y el Camino, como los hombres puedan obtenerla.
Yo trataré más sobre mí mismo, de manera como progresemos en nuestros escritos. No dejes que nadie crea que nací de la "Virgen María", o que fui engendrado por el Espíritu Santo, o que yo soy Dios, porque todo esto no es verdad.
Por ahora terminaré. Con todo mi amor y mis bendiciones, y las Bendiciones del Padre, te diré buenas noches.
Tu amigo y hermano,
Jesús
Yo estoy aquí, tu viejo profesor.
Yo estoy muy feliz y quiero decirte, que estás en una mejor condición para escribir, mucho mejor que antes, cuando comencé a escribirte. Me alegro tanto por eso, porque indica una mejora en tu condición física así como mental.
Estuve muy interesado en el último mensaje del Maestro, porque presenta hechos que no están de acuerdo con la historia Bíblica y con lo que me hicieron creer a mí. Por supuesto, él sabe cual es la verdad y, cuando él nos cuenta algo, nosotros jamás debemos dudar de él ni por un momento, y tampoco lo debes tú.
Y cuando llegues a analizar y considerar las declaraciones, que él hizo, las encontrarás más razonables que la historia contenida en la Biblia. En sus declaraciones, no hay nada milagroso, o que clame por una creencia mas allá de la razón concebible. Todo es tan natural y de acuerdo con el funcionamiento de la naturaleza, como lo ha sido observado en el caso del nacimiento de cualquier otro ser humano.
Su declaración sobre cómo y cuando le llegó el conocimiento, que él fue el elegido de Dios para llevar a la tierra las Buenas Nuevas de la restauración de la Inmortalidad y del Amor Divino del Padre, que esperan a toda la humanidad, es, como creo, muy nueva y será sorprendente para la mayoría de los hombres. ¡Pero cuán razonable que es! Si él hubiese conocido desde el tiempo de su nacimiento, que él fue el Cristo, quien había prometido a los Judíos, ¿es posible que, durante todos los treinta años, cuando él permaneció en la obscuridad, él no hubiese dado a conocer su misión, y comenzado el trabajo de proclamar las Buenas Nuevas a la humanidad, las mismas que él después sí proclamó? Parece totalmente increíble, que no hubiese actuado así.
Los años de veinticinco a treinta, son años muy importantes en vida de un hombre, y muchas cosas grandes se logran por el hombre durante ese período de la vida; y no es razonable, que alguien, quien tuviese el conocimiento desde su niñez, que él era el mensajero especial de Dios, revestido con todos los poderes y el conocimiento de la Verdad, como Jesús demostró después de que comenzase su ministerio público, hubiese permanecido en silencio durante los años, que mencioné, y no hubiese dado al mundo el beneficio de estas grandes posesiones. No, para mí, su historia es una historia en consonancia con la razón y tengo que creerla. De todos modos, es suficiente el hecho, que él dice que es verdad.
Bien, con anterioridad había esperado resumir mi discurso sobre las leyes del mundo de los espíritus, pero tu tiempo ha estado tan copado, que no pude interrumpirte. Pero muy pronto, si te lo agrada, continuaremos.
Con todo mi amor, te diré buenas noches.
Tu viejo profesor y maestro,
Joseph Salyards
Yo estoy aquí, Santiago, el Menor.
No escribiré mucho esta noche, sino rezaré al Padre, que te bendiga y haga que incremente tu fe.
(pregunta)
No, yo jamás pertenecí a alguna de aquellas sectas, ni tampoco Jesús. Él jamás fue erudito en la sabiduría de la India o de Egipto, o de Persia, como asevera el autor, a quien estabas leyendo esta noche. Él aprendió por el Padre y los ángeles de Dios, y su conocimiento fue aquel que vino de estas enseñanzas y de la apertura de sus percepciones del alma. Él no fue un hijo de Magos, o de los Hombres Sabios de cualquier de los países referidos; sino en su conocimiento y sabiduría, él fue únicamente el hijo del Padre.
Yo volveré pronto y te escribiré. Hasta entonces, buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Santiago
Yo estoy aquí, Jesús.
No estuve jamás en la India y Grecia, ni en aquellos otros lugares, estudiando las filosofías de los sabios Griegos e Hindúes. Jamás recibí mi conocimiento de ninguna otra fuente que por mi Padre, en mis comunicaciones con Él, y por las enseñanzas de las Escrituras Judías. Después de regresar de Egipto, y hasta que comenzase mi ministerio público, viví en nuestra casa en Nazaret con mis padres todos los años de mi vida.
Ni Juan ni Pablo jamás comunicaron, que hubiese estado en estos países extranjeros, estudiando las filosofías de los maestros que se mencionan. Juan jamás viajó conmigo fuera de Palestina, y jamás vi a Pablo, mientras estuve en la tierra.
Juan era un hombre de mucho afecto. Él estuvo conmigo mucho tiempo durante mi ministerio, pero no fue lo que se llama un hombre estudiado; ni tuvo conocimiento de las filosofías de los hombres mencionados. Fue sólo el hijo de un humilde pescador, y fue elegido por mí como uno de mis discípulos a causa de su susceptibilidad a mis enseñanzas y la gran posibilidad de que desarrollara el Principio del Amor. Así no debes creer las declaraciones contenidas en ese libro sobre el tema.
Bien, tú tienes que terminar. Pero recuerda que estoy contigo y te amo.
Tu amigo y hermano,
Jesús
(Este mensaje y el que sigue, con el título "Por qué no se aceptó a Jesús como el Mesías prometido," fueron entregados por Jesús a través del Dr. Daniel G. Samuels, el segundo instrumento elegido por Jesús, siguiendo el paso de James Padgett al mundo de los espíritus.)
Yo estoy aquí, Jesús.
La discusión que tuviste con el doctor con referencia a mi sermón en la sinagoga de Nazaret, fue muy importante, donde yo aseveré, que era el Mesías ante la congregación entera. Y por supuesto, esta aseveración creó un sentimiento, tal como se describe en el Nuevo Testamento.
Mi sermón se basó en el Capítulo 61 de Isaías, y fue profético en que trató de la liberación de los prisioneros del cautiverio, como le había sucedido al pueblo Hebreo, y fue, por eso, aclamado por los Hebreos de mi tiempo como una gran profecía, que ya se había cumplido.
Generalmente, los comentarios basados en este texto fueron de naturaleza histórica, y fueron concebidos con el propósito de alabar la Bondad de Jehová con Su pueblo elegido. Y entre aquellos, quienes tenían una perspicacia más espiritual, el significado de la entrega de los cautivos fue interpretado como dar la espalda al pecado por parte de los malhechores, esclavos del pecado. Esto fue bueno, en su alcance, pero por supuesto el significado fue restringido a la purificación del alma, y no llegó a la transformación del alma y la eliminación del mal del alma por el trabajo del Amor Divino.
Ahora, cuando recité el pasaje de Isaías, no sólo recité las líneas recordadas en el Nuevo Testamento, sino procedí a leer el capítulo entero, como era costumbre. Y el pasaje principal en aquel capítulo fue, " mi alma se alegrará en mi Dios. Porque él me ha vestido con vestiduras de Salvación " Y con eso, quise decir que mi alma se regocijó, porque había sido dotada con la Inmortalidad (que es el verdadero significado de la salvación), y que esta Inmortalidad de mi alma fue el resultado de haber recibido la cantidad suficiente del Amor Divino, que estaba ahora disponible por la Bondad Amorosa del Padre Celestial. Y este fue el significado de la declaración, que hice a los oyentes en la sinagoga -- "Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy." Y así fue, que me proclamé el Mesías en la posesión de un alma consciente de su Inmortalidad. Y también proclamé las Buenas Nuevas, que esta Inmortalidad, que era mía, podía ser obtenida ahora por quienquiera que la buscase, a través de la oración sincera al Padre por Su Amor Divino.
Cuando recité el pasaje sobre la entrega de los cautivos, quise decir libertad de pecado, no por adherencia a la ley Mosaica solamente, lo que fue el caso antes mi venida, sino por la eficacia del Amor Divino del Padre, que así reacciona y transforma el alma, que pierda su deseo por pensamientos y hechos pecaminosos. Y cuando leí, "el Espíritu de Jehová está en mí y me ha ungido para proclamar las Buenas Nuevas," quise decir, que el Padre me había nombrado para predicar el reotorgamiento del Amor Divino, que se había convertido en realidad en mi propia alma; y porque yo había sido ungido como el Cristo por el Principio del Amor funcionando en mi alma, debía yo predicar el reotorgamiento del Amor del Padre a toda la humanidad, y enseñar el Camino para convertirse en uno con el Padre por el Amor Divino. Así había yo venido, como el Mesías para proclamar la Inmortalidad a toda la humanidad por medio de la oración por el Amor del Padre, y que el pecado y la enfermedad ahora podían ser eliminados por Su Gran Don.
Así ves, que me proclamé a mí mismo, que era el Mesías, a quien el pueblo Hebreo había esperado por mucho tiempo, y que por eso cualquier declaración, que indica que Pedro adivinase mi identidad por Gracia celestial, no es verdad, y fue insertada sencillamente para reforzar y a dar autoridad a la aseveración de la iglesia, de que yo había otorgado la primacía a él como mi sucesor.
Es verdad, que fui incapaz a realizar milagros de fama en este momento a causa de la situación peculiar, en que me encontraba, que había vivido por veinte años más o menos en Nazaret. La gente, que me había conocido por tanto tiempo, ahora de repente debería creer, que yo fui el Mesías. Eso era muy difícil para ellos, porque no fue un asunto de pedir a forasteros, que me aceptasen a mí o a mis enseñanzas y curaciones, sino que la gente cambiase sus ideas acerca de mí, después de las que ellos se habían formado durante veinte años. Puesto que yo nunca curaba antes de mi ministerio público en la ciudad donde vivía, la gente estuvo escéptica, que yo pudiese de repente realizar, lo que no había hecho durante los pasados veinte años. Fue esta fuerte corriente de incredulidad, lo que no me hizo posible el empleo de mis poderes de curación, porque quien recibe, también tiene que tener fe en el don de la curación.
Terminaré ahora, con mi amor y mis bendiciones, y suscribo,
Tu hermano y amigo,
Jesús
Yo estoy aquí, Jesús.
Quisiera continuar con las Verdades del Nuevo Testamento, y hablar acerca de mis enseñanzas en el Templo en Jerusalén, en el otoño antes de mi muerte. Porque fue la primera vez que tuve la oportunidad de presentar mis declaraciones, de que yo era el Mesías, ante los sacerdotes principales y los gobernantes y los más educados del pueblo Hebreo en asuntos religiosos. Y di a conocer, que mi misión era aquella de proclamar la Nueva Alianza entre el Padre Celestial y el pueblo de Israel, y que el Amor Divino del Padre estaba ahora presente y podía ser obtenido por quienquiera que lo buscase, por medio del ansia sincera del alma. También, que yo era la señal visible de Su presencia, porque en mi alma descansaba la Naturaleza y Esencia del Padre en la forma del Amor Divino; y que mi alma era de esta Naturaleza y Esencia del Padre, y por eso Inmortal.
Pero a los gobernantes Hebreos, mis aseveraciones les parecían falsas, porque Isaías había profetizado, que nadie iba a saber, de donde el Mesías vendría, mientras a mí me conocían bien -- que era Jesús de Nazaret. Y ellos tampoco consideraron a un hombre proveniente de su ciudad natal, sino de aquella, en que él vivía la mayor parte de su vida y con la que se le asociaba. Así Jerusalén fue considerada la ciudad del gran rey David, más que Belén, donde realmente nació. El Nuevo Testamento insinúa, que los líderes Hebreos no sabían, que yo nací en Belén, y que por eso la profecía de Isaías con respecto al origen desconocido del Mesías se la pudo aplicar a mí. Pero el hecho es, que ellos no solo sabían, de donde provenía yo, sino que también conocían a mi padre José, un miembro del Sanedrín, y que él también venía de Belén.
Este tipo de argumento, sin embargo, mostró mala fe y un recurso en la determinación de los sacerdotes, de no reconocerme como el Mesías; porque esto, así sentían, hubiese afectado su alta posición como líderes religiosos de la nación, a lo que ellos no estaban dispuesto a renunciar. Y aquellos recursos fueron un subterfugio y una manera de debatir problemas, que les encantaba, poniendo énfasis en distinciones intelectuales, argucias, resultado de interpretaciones sutiles de la ley, y ajenas a los problemas reales básicos y a la perspicacia espiritual, que se obtiene a través de la búsqueda del alma por saber la verdad.
Y así, replicando a sus objeciones diminutas, derivadas de las Escrituras, en su propio estilo, proclamé, que no fue verdad, que ellos sabían de donde yo provine, o Quien fue mi Padre; porque mientras ellos se refirieron a José como mi padre, a quien conocían bien, yo me refería a Dios, mi Padre Celestial, a Quien no conocían. Tampoco sabían de donde yo vine como un alma Divina, ni cómo o cuando fui creado. Más tarde se eliminó la referencia de los rabbis a mi padre José de los Evangelios, porque la mención de mis padres terrenales les molestó inmensamente a los revisores posteriores del Evangelio, quienes laboraron celosamente para hacer de mí un "hombre-Dios nacido de una virgen," y la segunda persona de la supuesta Trinidad, la que, por supuesto, carece de fundamento real.
Además les dije que, si ellos conocían al Padre, ellos también me conocían a mí, Su hijo, como enviado por Él, y me reconocerían como el Mesías. Y citando de Isaías, como los líderes Hebreos hicieron, declaré que el Padre había dicho, "Aplicad el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David. Mira, que por testigo de las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones."
Y esto lo que cité, fue conocido por todos, quienes recibían la instrucción con respecto al Padre Celestial, así que ellos sabían, que Él había nombrado a un Mesías sobre ellos, un descendiente de David. Como consecuencia, ellos deberían aceptarme como su Mesías, ya que yo había, realmente, venido a capacitar sus almas para la vida, haciendo disponible el Don de la Inmortalidad en el Amor Divino del Padre, acompañado por el poder de la curación y milagros, los mismos que realicé por el Padre, dando fe así de la verdad de mi misión.
Además, les informé que, si ellos deseaban determinar la verdad de mis palabras, deberían someter a prueba y examinar mis enseñanzas (que el Amor del Padre estaba ahora disponible), rezando al Padre por Él con la oración seria; para que constataran que, si eso se hacía en sinceridad, el Amor del Padre -- transmitido por el Espíritu Santo -- ardería y brillaría en el alma, por dicha señal ellos notarían, que Su Amor estaba presente en su alma.
Y también declaré, que estas enseñanzas no eran mías sino del Padre, las mismas que Él me ordenó proclamar a los hijos de Israel; y que, porque había sido enviado por Él, no pude hacer nada por mi propia cuenta, sino sólo lo que el Padre me asignó -- lo que quiere decir, el poder que yo recibí del Padre. No dije, que pude hacer lo que hacía el Padre, o imitarle a Él, como el Evangelio declara, porque eso me daría un poder igual al del Padre, lo que es blasfemia. Porque ningún mortal o espíritu jamás, por toda la eternidad, tendrá poder igual al del Padre. Pero después de mi muerte, y muchos años después en conformidad a la falsa doctrina, que fue elaborada en el período temprano Griego de la Cristiandad, se hizo una revisión para hacerme co-igual al Padre. Y me gustaría decir aquí que, si tal absurdo fuera admitido por un solo momento, se prestaría a su propia destrucción, y comprobaría su propia falsedad; porque si jamás se ha visto al Padre Celestial poner Su Vida por Sus ovejas, Israel, tampoco pude yo, Jesús, haber puesto la mía en el sentido, como se lo entiende en el Nuevo Testamento -- que mi sangre derramada y el sacrificio en la cruz dan la remisión de los pecados.
Cité de los Salmos y del profeta Samuel sobre la alianza Davídica, diciendo, "yo levantaré después de ti a un descendiente tuyo, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará una casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre. Yo seré para él, padre; y él será para Mí, hijo."
Así, si ellos conocían al Padre y honraban Su Palabra, ellos me conocerían igualmente, porque proclamé la salvación eterna del alma por Su Amor, que fue evidenciada en mi propia alma y atestiguada por Su Poder actuando por mí. También atestigüé que, mientras ellos no conocían al Padre, yo sí Le conocía, y fui enviado por Él. Y declaré, que Dios fue mi testigo de la verdad de mi misión -- una misión, que yo desempeñé por Su Gloria, y no por la mía.
Tampoco quebranté la ley Mosaica, con respecto al Sábado, cuando sané e restauré a uno de los hijos del Padre en aquel día. Porque si la circuncisión fue superior al Sábado, cuando un miembro del cuerpo fue restaurado, ¿cuánto más importante que el Sábado fue aquella acción, donde un cuerpo entero fue restaurado?
Como consecuencia, declaré que su rechazo a mí como el Mesías, en base de que había sanado en el día Sábado, fue sólo un subterfugio para negarme el reconocimiento y para esconder su propia violación de la ley Mosaica -- haciendo un miembro del cuerpo más importante que el cuerpo mismo; y que fueron ellos, no yo, quienes fueron culpables de la transgresión. Además, declaré que, porque el Padre conocía y estaba en mí por haberme otorgado el Don de Su Amor en respuesta a mis aspiraciones del alma y mi oración, y ya que este Amor era Su Naturaleza y Esencia, también así conocía yo al Padre y, de la misma manera, estaba yo en Él.
Jamás dije que yo era el Buen Pastor, porque me refería al Padre; y esta declaración fue insertada muchos años después de mi muerte, para elevarme a ser igual a Dios. En su lugar, declaré que el Padre fue el Buen Pastor -- el redil es el Reino del Cielo -- y que yo era la puerta por donde las ovejas entraban en el redil y en la Presencia y en el Conocimiento del Pastor (o Portero) Quien abre la puerta y Es el Padre. El Padre da la vida eterna a Sus ovejas, y yo soy el Camino -- la puerta -- por la que las ovejas pueden entrar en el redil de la vida eterna. En los Salmos, se indicó que el Buen Pastor -- Dios -- usaría a David como asistente para conducir las ovejas en el redil.
Pienso que he dicho suficiente sobre este tema, y que he explicado muchas cosas que son obscuras en el Nuevo Testamento. Con mi bendición sobre ti y el doctor, y en todos mis discípulos, quienes desempeñan el trabajo del Padre, terminaré y suscribo,
Tu hermano y amigo,
Jesús
Yo estoy aquí, Jesús.
Te sientes mejor esta noche, e intentaré escribir un poco. No sé si estás en la condición de recibir un mensaje formal, pero te diré algunas cosas, que serán de interés para ti y para la humanidad.
Cuando vine al mundo para enseñar las Verdades de mi Padre, el mundo estaba casi desprovisto de una concepción espiritual de la relación verdadera de Dios al hombre, y Dios sólo era un Ser de Poder e "Ira". Sucedió por la concepción de Él, que los Judíos estaban tan desprovistos del verdadero conocimiento de Su Naturaleza y Sus Atributos. Sólo Le conocían a Él como un Dios, Quien estaba interesado en su bienestar material, y no se daban cuenta de que Él era un Dios, Quien quería, que ellos Le reconociesen a Él como su Padre Espiritual y Salvador de los pecados y de la naturaleza mala, que ellos poseían. Y en consecuencia, cuando yo vine, ellos me consideraban -- quiero decir, aquellos quienes me aceptaban como su Mesías -- como a uno quien les redimiría de la esclavitud, en que sus conquistadores Romanos les habían sometido, y les llevaría a ser una nación grande e independiente, más poderosa que todas las naciones de la tierra y apta para reinar sobre el mundo entero.
Ellos no tenían una idea de mi verdadera misión en la tierra. E incluso mis discípulos, hasta poco tiempo antes de mi muerte, me consideraban sólo como su salvador de las cargas, que el yugo Romano les había impuesto. El único de mis discípulos, quien tenía una ligera idea de lo qué significaba mi venida a la tierra, fue Juan, y eso por la gran cantidad de amor, que parecía formar parte de su naturaleza y existencia. A él le expliqué mi verdadera misión y le enseñé las verdades espirituales, las mismas que vine para enseñar -- y el único Camino, por cual los mortales podían recibir este Amor del Padre, que era necesario para hacerles uno con el Padre, y capacitarlos a participar en la Divinidad del Padre. Como consecuencia, sólo en el Evangelio de Juan está escrito el único requisito necesario para una salvación plena y para la redención de la humanidad. Quiero decir la declaración que los hombres tenían que nacer de nuevo para entrar en el Reino del Cielo. Este es el único verdadero camino, como un hombre puede convertirse en un hijo verdadero del Padre, y llegar a ser apto para vivir y disfrutar del Reino del Padre plenamente.
Los otros discípulos tenían más o menos una idea de esta Verdad necesaria, pero no la comprensión plena de lo que ella involucraba. Pedro poseyó más de este Amor que los otros discípulos, excepto Juan, y por El, él también comprendió, que yo era el hijo verdadero de mi Padre. Pero él jamás comprendió ni declaró, que yo fuese Dios. Él fue un hombre lleno de celo y ambición, pero su desarrollo de Amor no fue suficiente para poder entender plenamente, hasta después de mi muerte, que mi Reino no sería un reino terrenal. Después, la convicción vino a él con toda su verdad y plenitud, y él se convirtió en el más poderoso e influyente de todos mis discípulos.
Después de Pentecostés, todos mis discípulos comprendieron, cual era mi verdadera misión, y ellos fueron al mundo y predicaron las doctrinas verdaderas de mi misión en la tierra, y del Amor del Padre por Sus hijos. Ellos también predicaron el hecho, de que este Amor estaba esperando a todos, quienes buscasen por El.
Así ves, muchos de mis discípulos no poseyeron la concepción verdadera de mi misión, cuando estuve en la tierra, y ellos no fueron verdaderos discípulos de mí en el significado propio de lo que significaba el Amor del Padre, y de lo que yo intenté predicarles. Ahora tengo en la tierra muchos mortales, quienes comprenden mis enseñanzas mejor que mis discípulos, cuando viajaban conmigo por Palestina, y con un mayor grado de conocimiento del alma.
Pero existe un gran número de hombres y mujeres, quienes viven ahora, quienes no comprenden mis enseñanzas, aun cuando ellos crean, que comprenden la Biblia y las interpretaciones de sus enseñanzas, de acuerdo con las doctrinas aceptadas de los eruditos y llamados maestros de sus verdades.
No creo que puedas escribir más esta noche, y así terminaré y diré, que tienes que continuar reforzándote, espiritual y físicamente, para que así podamos continuar nuestros escritos más rápidamente y con mayor satisfacción.
Así, cree que yo soy Jesús, tu verdadero amigo y hermano, quien está contigo muchísimas veces, intentando ayudarte y hacerte feliz y contento.
Con mi amor y mis oraciones, yo soy,
Jesús
Yo estoy aquí, Pedro.
Yo vi lo que estabas leyendo (el Evangelio según Lucas) y tengo que informarte, que muchos de los supuestos milagros como curaciones y resurrecciones de muertos, y controles de las leyes o expresiones de la naturaleza, jamás ocurrieron. No, estas narraciones no son verdad y son los resultados de la imaginación de los hombres, quienes intentaron agregar algo al libro, que Lucas escribió. Por supuesto, hay un fundamento verdadero para algunos de estos supuestos milagros, pero en lo que se refiere a otros, no hay fundamento en absoluto.
Jesús sí sanó a los enfermos, y curó a los ciegos y los sordos y a la mano seca y al hombre paralítico, y resucitó a supuestos muertos, pero no en la manera como se la describe en el Nuevo Testamento; y no es bueno para los hombres, que crean en la verdad de todos de estos milagros.
(pregunta)
Bien, este incidente jamás ocurrió; porque expulsando a los malos espíritus, Jesús no hubiera tenido la autoridad o el poder de permitirles, que entren en los cerdos. Y no hubiese estado en consonancia con su amor e ideas de justicia, permitir que los cerdos recibieran a estos espíritus y por eso pereciesen, como dice el relato. Y, además, el resultado de tal acontecimiento fuese, que a los dueños inocentes se les hubiese quitado y echado a perder su propiedad. En todas las realizaciones de milagros por Jesús, o en cualquiera de sus enseñanzas, él jamás hizo o dijo nada, que resultara perjudicial para un ser humano. Para él, todos los hombres fueron los objetos de su amor y de la salvación, para la cual él vino a la tierra, mostrándoles a los hombres el Camino.
Algún día, analizaré estos milagros en un mensaje, y te informaré de aquellos, que él en efecto realizó, y aquellos, que son meras fantasías de algunos de estos maestros, quienes tenían imaginaciones muy maravillosas, y quienes las usaron para agregar algo a las verdades de las escrituras originales de Lucas.
(pregunta)
Bien, hay un poco de verdad en esto, porque estuvimos en una tormenta y tuvimos miedo. Él durmió, y nosotros le despertamos, pero él no calmó la tormenta y las olas y les ordenó apaciguarse. Más bien, él calmó nuestros temores hablándonos y dándonos su ejemplo y, a nosotros, se nos pareció como si no hubiese ninguna tormenta. Porque cuando el miedo nos dejó, fue como si nosotros no estuviéramos sensibles a la tormenta, en lo que se refiere al peligro de ahogarse o perecer. No, esta es otra interpolación y no se lo debe creer.
Muchos milagros que se atribuyen a Jesús, jamás se realizaron, aunque a nosotros nos pareció, como si no existiera ningún límite para los poderes de Jesús.
Pero algún día vendré y escribiré exhaustivamente sobre esta materia. Tengo que terminar ahora.
Tu hermano en Cristo,
Pedro
Yo estoy aquí, Juan Yorking -- espíritu de alguien, quien murió hace muchísimos años en un lejano país, y cuando las Verdades de la Cristiandad fueron conocidas y practicadas por los discípulos del Maestro en la pureza, como él las enseñó. Yo fue un discípulo de él, pero la historia no me conoce. E igual como muchísimos otros, quienes vivían en aquellos días, trabajé de una manera humilde entre los pobre y sencillos de la tierra. Mi trabajo se llevó a cabo principalmente en los países de afuera, pero cerca de Palestina, y yo fue uno, quien recibió comunicaciones de aquellos espíritus del mundo de los espíritus, quienes habían vivido en la tierra como Cristianos. Estas comunicaciones fueron recibidas en nuestro servicio público, e interpretados o explicados para la gente común por aquellos maestros, quienes tenían el don de la interpretación.
Fueron comunicaciones como estas, a que Juan se refería, cuando él nos aconsejó a probar los espíritus, para saber si ellos eran de Dios, o en otras palabras, para saber, si ellos eran espíritus, quienes tenían un conocimiento de las doctrinas de Cristo, y quienes venían a enseñarnos las Verdades, como ellos las veían que existían en el mundo de los espíritus, y quienes eran discípulos del Maestro.
Yo sé que Jesús enseñó el Nuevo Nacimiento y el Amor Divino, y el reotorgamiento del Gran Don, el que había sido perdido por nuestros primeros padres en el momento de su desobediencia.
También sé, que él jamás nos enseñó a contemplarle como Dios, o que alguna muerte que él iba a sufrir, nos salvaría de nuestros pecados o nos llevaría a la expiación con el Padre, o que el Padre exigió algún sacrificio para complacer Su "ira", o pagar alguna deuda que el hombre Le podía deber a Él.
No, las cosas mencionadas al último, no formaron parte de nuestra fe o comprensión de lo que fueron las Verdades de las enseñanzas del Maestro.
También tuvimos los poderes maravillosos, que Jesús poseía en el sentido de curar, expulsar a malos espíritus, etc., y nosotros jamás los consideramos como milagros, sino como el resultado del ejercicio de los poderes, los mismos que venían a nosotros, cuando recibimos el Amor Divino, y tuvimos la fe, que hizo de este Amor y todo lo que lo acompañaba cosas de existencia real.
Jesús fue siempre un hombre de amor y misericordia y benevolencia, y él jamás descansó de su gran obra haciendo el bien a los mortales. Pero estas obras estaban sólo subordinadas a la otra gran misión, que él desempeñaba. Encima de todo, él fue un maestro del Amor del Padre, y de la necesidad, de que el hombre recibiera este Amor, para convertirse en uno solo con el Padre, y un hijo aceptado, cuya herencia sería la Inmortalidad y el cielo.
Así puedes ver fácilmente, qué desviación ha ocurrido de nuestras enseñanzas y fe y prácticas, y de las vidas y de la comprensión de sencillos discípulos del Maestro.
Ahora veo, que las creencias en los dogmas de la iglesia y en los "misticismos" de Dios son, lo que constituye al Cristiano, que el desarrollo del alma es poco enseñado o realmente comprendido, ni por predicadores, ni por la gente, y que el secreto verdadero de la salvación del hombre se ha perdido del mundo.
Ahora estoy en las altas Esferas Celestiales, donde el Amor del Padre es más abundante, y donde los espíritus de los hombres viven en eterna felicidad con el conocimiento, que la Inmortalidad es suya.
No escribiré más esta noche, ya que es tarde y tú estás cansado.
Pero antes de terminar, permíteme decir, que estás recibiendo la revelación de la verdadera religión de Jesús, así como verdades sobre la condición y existencia del mundo espiritual y de los Cielos Celestiales.
Así, con mi amor y mis bendiciones, soy
Tu hermano en Cristo,
John,
El humilde discípulo del Maestro.
(Juan Yorking -- Yo era un Judío.)
Yo estoy aquí, Elameros.
Yo soy Griego, o más bien, el espíritu de un mortal, quien una vez fue Griego, y vivía en los días, cuando Jesús caminaba por las colinas y planicies de Palestina, enseñando sus nuevas doctrinas del Amor Divino y del Reino del Cielo.
Yo no fui un discípulo de él o un creyente en sus enseñanzas, porque fui un discípulo de Platón y Sócrates, y estuve contento con la verdad de su filosofía y no creí, que hubiese otras verdades que las contenidas en ella.
Yo fui un viajero, y a veces visité Palestina; y en varias ocasiones escuché a Jesús, enseñando a las multitudes, que parecían estar tan interesadas en sus discursos. Tengo que confesar, que a veces me asusté por sus doctrinas, y reconocí que ellas trataron de temas parecidos a aquellos contenidos en mi filosofía, sin embargo, ellos eran diferentes y daban un significado nuevo y espiritual a estos temas, en lo que yo antes nunca había pensado.
Pude ver, que él no fue un estudiante de filosofía o un hombre educado, como nosotros comprendíamos que debían ser hombres educados; sin embargo, él trató las preguntas de una manera tan iluminada y con tanta autoridad, que comencé a preguntarme, de dónde provenía su sabiduría. Y a veces, cuando dijo que él no hablaba de su propio conocimiento, sino que su Padre hablaba a través de él, yo casi estuve dispuesto a creer, que realmente fue así.
Tienes que recordar, que yo creí en Dios y en los dioses menores o demonios, quienes ejecutaban Su Voluntad. Y cuando Jesús habló de su Padre, lo que significaba Dios, no fue nada raro para mí, en cierto modo, aceptar lo que él declaró. Y después recuerdo que estuve impresionado por el hecho, de que él no habló con una mente, que había sido desarrollado por el estudio de las filosofías, sino con una mente, que parecía contener lo que le había sido implantado por alguna gran inteligencia exterior. Él habló, como decía, con el conocimiento, y especulaciones no parecían formar parte de sus conclusiones, o la causa de alguna de sus deducciones.
A pesar de estas impresiones en mí, en mi propio concepto, que mi filosofía era la única verdadera, y que mi conocimiento de ella era pleno, yo era demasiado "sabio" para tratar de darle cierta consideración a lo que yo le había escuchado decir, y en consecuencia, dejé que pasasen las verdades, las que él pronunció, sin hacerles caso.
Le vi y le escuché enseñar sólo unas pocas veces, y después escuché de su crucifixión y muerte como un malhechor, y me olvidé de él.
La próxima vez, cuando le vi, fue en el mundo de los espíritus, donde él continuó enseñando después de haberse convertido en un espíritu. Y él enseñó las mismas doctrinas, que yo le había escuchado enseñando en la tierra, pero él fue entonces un espíritu maravillosamente brillante y glorioso.
No pienso que pueda escribir más esta noche. Vendré otra vez.
Tu hermano en Cristo,
Elameros.
Yo estoy aquí, Juan.
Hay algunas cosas en mi Evangelio, que no parecen estar muy claras, y quizás son contradictorias; pero tienes que recordar, que muchas de estas escrituras no fueron mías o escritas según mi dictado. En el transcurso del tiempo, muchas cosas fueron añadidas a y sustraídas de lo que yo realmente escribí y, en consecuencia, se encuentran mezclados lo verdadero y lo falso.
Será una tarea muy difícil para ti, distinguirlos por la lectura simple o incluso por el estudio de la Biblia, porque el tenor de las escrituras es el mismo. La única manera, como puedes separar lo verdadero de lo que no lo es, es esperar hasta que Jesús te dé sus mensajes. Por supuesto, nosotros podemos también ayudarte.
(El Sr. Padgett hizo una pregunta a Juan acerca de la llamada "traición" de Jesús por Judas Iscariote.)
Bien, esta no era la palabra que él usó, porque él jamás enseñó, que Dios ordenó, que Judas le traicionase. En efecto, la muerte de Jesús nunca formó parte de lo que el Padre consideró como necesario para la realización de su misión. Por supuesto, era cierto que Jesús iba a morir. Pero la manera de su muerte, no fue preordenada, como mi Evangelio, escrito en tu Biblia, declara.
Judas no fue un hombre malo, como se le pinta. Y su traición (como se llama) al Maestro, no se llevó a cabo por el propósito de gratificar alguna avaricia, como se podría suponer, o por algún celo o deseo de vengar un mal, sino porque él fue impulsivo y tuvo una creencia en los poderes y la capacidad de Jesús, de superar a los líderes Judíos en su lucha para impedir los objetivos de la misión de Jesús. Y pensó, que iba a hacerle al Maestro y a su causa un gran favor por haberles demostrado a estos Judíos, que el Maestro no podía ser silenciado o perjudicado por cualquier acción de ellos. Fue en realidad una acción, que nació de su amor por y la creencia en la grandeza de los poderes del Maestro.
Bien, te explico que Jesús jamás dijo nada de eso. Incluso, nunca nos contó, que uno de nosotros iba a traicionarle, y yo lo sé, porque estuve presente.
Si Jesús sabía, que Judas le iba a traicionar, él no se lo dijo a nadie de nosotros en ese entonces. Y nosotros sólo nos dimos cuenta por primera vez, cuando Judas realmente cometió la acción. Yo no creo, que Jesús lo supiera antes de este tiempo. En verdad, él me dijo, que él estuvo sorprendido por la traición de Judas. Así no debes confiar en la declaración de la Biblia, en lo que se refiere a lo ocurrido en ese entonces. Judas fue el más joven de los discípulos, y no fue tan fácil controlarle en sus impulsos y acciones, como hubiese sido si él hubiera sido mayor.
(pregunta.)
Sí, yo sé, pero todos ellos se basan en las mismas escrituras erróneas. Porque tienes que saber, que estos Evangelios, como tú los tienes, no son los originales, escritos por aquellos, cuyos nombres llevan.
No dejes que estas cosas dañen tu creencia en las verdades esenciales, que la Biblia contiene.
El problema es, que se da a Jesús, como individuo, la importancia, que se debería dar a sus enseñanzas. Eso le desagrada a él muchísimo. Y uno de los grandes objetivos, por los que vuelve a escribir sus verdades, es corregir este error, y hacer que las verdades, que recibió del Padre, sean las cosas notables.
A medida que progreses en tus escritos, verás que esto es el gran objetivo, de lo que él escribirá.
(El Sr. Padgett preguntó acerca de la progresión de su alma.)
Bien, te diré que estás en camino para recibir el Amor del Padre en gran abundancia. En efecto tanto, que te darás cuenta de que tú eres uno con Padre.
Veo que tienes ahora algunas dificultades en tu camino, pero ellas pronto desaparecerán y te dejarán libre para hacer este gran trabajo. Así, mi consejo es, que creas en el Maestro y reces al Padre, y pronto serás un hombre mucho más feliz.
(pregunta)
Cuando vivía en la tierra, fui un hombre casado, y la madre de Jesús vivió con mi familia hasta su muerte. Ella, María, ahora vive cerca de mí. Ella es un espíritu hermoso y lleno del Amor del Padre. Pero no debes suponer que ella, porque fue la madre de Jesús, tiene una posición más exaltada, que de lo contrario hubiese tenido. Los vínculos familiares no determinan nada en las esferas superiores -- el desarrollo del alma es el criterio. Muchos espíritus viven en esferas más altas que María.
No escribiré más ahora.
Tu hermano en Cristo,
Juan.
Yo estoy aquí, Efraín. Yo soy el espíritu de un Judío, quien vivió en el tiempo de Jesús y fui un miembro del Sanedrín. Yo fui uno de sus jueces en el momento de su condenación por blasfemia y enseñanzas iconoclastas contra las creencias y doctrinas de la fe Hebrea, y fui uno de aquellos, quienes votaron por la sentencia de muerte contra él. Haciendo esto, fui tan honesto en mi convicción y acción, como le fue posible a un sincero creyente en su fe.
En consecuencia, estuve libre de prejuicio contra Jesús como hombre, y como creí, como fanático. Y sucedió sólo, porque estuve convencido de que él era un atacante de, y peligroso para, nuestra religión y el bienestar de mi raza, que yo consentí su muerte. Los mortales de estos días no pueden comprender totalmente la relación exacta de Jesús y de sus enseñanzas con la seguridad de nuestra religión y la conservación de la fe, de la que nosotros creímos, que nos había sido transmitido por Dios directamente a través de nuestros profetas y maestros. Y cuando nos vimos confrontados con lo que creímos que eran las enseñanzas destructivas e irreligiosas de Jesús, y después de hacer en vano numerosos esfuerzos para suprimirle por amenazas y persuasión, concluimos, que nuestro deber absoluto e indisputable con Dios demandó, que él fuese quitado de la esfera de su acción, incluso cuando tal resultado pudiese lograrse sólo con su muerte.
Si los mortales de hoy en día pudiesen comprender nuestras convicciones religiosas profundas y el sentimiento de deber, que descansó en nosotros, para proteger y guardar la totalidad de las Divinas doctrinas y enseñanzas de nuestra fe, y especialmente aquella que declaró, que Dios era Uno Solo, no juzgarían la acción de los Judíos, condenando a Jesús a la muerte, de que hubiese sido algo inusitado o inesperado. Para nosotros y para nuestra religión, él estaba en la posición de un instigador de sedición -- igual que hombres en los tiempos modernos han ocupado la posición de instigadores de traición hacia los gobiernos civiles, y han sufrido los castigos, los mismos que se les infligieron con la sanción de sus gobiernos.
Pero él, así nos parecía, no solo fue culpable de la traición a nuestra vida nacional, sino también culpable de la traición a la vida superior y dada por Dios del gobierno religioso de nuestra raza -- el elegido de Dios, como nosotros creíamos sincera y celosamente.
Incluso en días posteriores, aparecieron hombres y reclamaron, que eran los ungidos especiales de Dios con misiones, que tenían que cumplir. Ellos reunieron seguidores alrededor de ellos, a quienes impresionaron con la verdad de su carácter y su misión y sus enseñanzas, y, por un corto tiempo, se les permitió declarar sus aseveraciones y doctrinas. Después, de repente se les dio muerte por decreto de aquellos, quienes fueron la autoridad, juzgándoles por perturbadores y enemigos de la iglesia o del estado. Y ahora, ellos han sido olvidados y sus doctrinas han desaparecido de la memoria.
Sólo en el caso de Jesús, su muerte particular ha sido recordada por todas las edades. Y aquellos, quienes fueron la causa y fueron responsables de su muerte, han sido profanados y maldecidos, y acusados con el homicidio de Dios.
Bien, escribo esto para mostrarte, que los Judíos, quienes quitaron la vida y demandaron la crucifixión de este hombre justo, no fueron impulsados por otros o diferentes motivos que aquellos, quienes causaron que los mismos seguidores y fieles de este Jesús asesinaran y crucificasen, muchas veces desde entonces, a otros hombres, quienes reclamaron ser los hijos de Dios dotados con misiones especiales para la salvación de la humanidad.
La sinceridad de los Judíos, quienes tomaron parte en esta gran tragedia, no puede ser cuestionada. Incluso sus superiores Romanos comprendieron que, en ese entonces, las demandas por la muerte de Jesús no surgieron del rencor personal, o de la satisfacción de alguna venganza en contra del individuo. Ellas surgieron solamente, porque los Judíos creyeron, y así declararon, que Jesús fue un enemigo y aspiraba la destrucción de la fe Divina y de las enseñanzas de la nación Israelita, y un seductor de la gente. Y sólo por el auge subsecuente y la propagación de sus enseñanzas y de las Verdades, que él declaró - lo que causó que tantos habitantes de la tierra se convirtieran en sus seguidores - es que la acción de los Judíos, causando su muerte, ha sido llamada el gran crimen del mundo, y que el pueblo mismo ha llegado a ser odiado y perseguido, y destruido como una nación, y dispersado a todos los rincones de la tierra.
No escribo esto para disculpar o mitigar el gran error, que cometimos causando la crucifixión y muerte del hijo verdadero de Dios, sino sólo para mostrar, que los Judíos (aunque, como ahora lo sé, por equivocación) hicieron lo que otros hombres, con la misma fe y las mismas convicciones y los celos por la conservación religiosa de su nación, hubiesen hecho en circunstancias parecidas, Judíos igual que Gentiles o paganos.
Pero el gran elemento trágico en todo esto no es, que Jesús fue crucificado, sino que los Judíos estuvieron tan equivocados y fallaron en reconocer y aceptar a Jesús como su Mesías, por tanto tiempo esperado, y libertador -- no de sus condiciones materiales de esclavitud, sino de la esclavitud del pecado y error, en que habían vivido por tantos siglos. Esto, digo, fue su tragedia, y ha seguido siendo su tragedia continua y fatal desde entonces hasta hoy día. Y las perspectivas son, que seguirá así por muchos años más, y que generaciones de Judíos pasarán de la vida en la tierra, al mundo de los espíritus bajo la sombra de esta gran tragedia.
Siguen creyendo -- y esta creencia es una parte de su existencia, y tan firmemente fijada como en los días del gran error -- que tienen a Abraham como su padre, y que su fe y ejemplo son suficientes para mostrarles el verdadero camino hacia Dios y a la salvación; que son el pueblo elegido de Dios; y que adorando al único y sólo Dios y observando los sacramentos y fiestas y Mandamientos de Dios, que les fueron dados por y a través de Moisés y los profetas, y como están contenidos en el Antiguo Testamento, ellos encontrarán el Cielo de Dios aquí en la tierra y descansarán en el seno de Abraham después de su muerte. Ellos creen, además, que la observancia de los preceptos morales y éticos de su Biblia, es todo lo que es necesario para desarrollar sus naturalezas espirituales, que no hay nada más allá de tal desarrollo, que se podría desear o buscar, y que ellos algún día llegarán a la condición Adámica de recompensa y felicidad, que es lo máximo en la futura existencia del hombre.
Algunos aún están esperando la venida de un Mesías, quien les restauraría su pasada gloria, y reinaría en la tierra como el rey y gobernante de todas las naciones, y que ellos serían sus súbditos elegidos y seleccionados para colaborar en la administración del reino de este Mesías.
Y quiero decir a mi pueblo, con la certeza del conocimiento que proviene de la experiencia y observación real, que Jesús de Nazaret fue el verdadero Mesías, quien llevó al mundo (y primero a los Judíos) la Verdad de Dios y Sus Planes para la salvación de la humanidad, y la restauración potencial de todo lo que ellos habían perdido por la caída de sus primeros padres por su desobediencia. Y si la gente de mi nación le hubiese recibido y aceptado y seguido a sus enseñanzas, ahora no serían la raza dispersada, sin patria, y perseguida en la tierra, que es en la actualidad. Ni estuvieran ahora satisfechos en el mundo de los espíritus con sus casas y su felicidad en los Cielos Espirituales, sino muchos de ellos serían habitantes de los Cielos Celestiales y dueños de la Inmortalidad y del Amor Divino de Dios.
Recibiste muchos mensajes describiendo el Plan del Padre para la salvación de los hombres, y qué es el Amor Divino, cómo puede ser obtenido, y cuál es Su efecto en el alma del hombre y en el espíritu, una vez que uno lo posee. Y no intentaré entrar en una explicación de estas cosas en este momento. Pero con todo el amor que tengo por mi raza, además de un conocimiento del gran error y de la insuficiencia de su fe para llevarles a ser uno con Dios, les aconsejo y incito que busquen la Verdad y la apliquen en sus almas individuales. Y afirmo que la Verdad está contenida, y el Camino puede ser encontrado, en los mensajes que recibiste de Jesús y de otros altos espíritus.
Yo soy un creyente en estas Verdades, un discípulo del Maestro, y un habitante de los Cielos Celestiales. Pero quiero decir, que estas Verdades no vinieron a mí como una parte de mi fe antes de pasar muchos largos años de mi vida en el mundo de los espíritus, y que yo vivía en tinieblas y sufrimiento por muchos años.
Te diré buenas noches y suscribo como
Tu hermano en Cristo,
Efraín.
Yo soy el hombre, quien dijo a Jesús, cuando él cargó su cruz al Calvario, "Continúa," y a quien él dijo, "Espera hasta que yo vuelva." Y por años y años esperé hasta que finalmente él viniera a mí, no como el Jesús reencarnado, sino como mi hermano y amigo en la posesión del Amor Divino, el que recibí en mi alma después de largos años de espera y sufrimiento en la tierra.
Yo sé que esto se considera una leyenda por los mortales, pero fue un hecho real, y doloroso, para mí. Yo fui realmente un judío errante y no encontré el descanso en ninguna parte. Incluso la muerte no venía a mí para liberarme de una vida, que fue una torture y una causa de recuerdo de mi inhumanidad contra Jesús.
Ahora ya llevo muchos siglos de vida espiritual, y estoy en los Cielos Celestiales; porque el Amor Divino del Padre es suficiente para redimir al más vil de los mortales, y a los perpetradores de los peores pecados, de sus condiciones de tinieblas y sufrimientos.
Ojalá hubiese sabido, cuán querido hijo de Dios fue el Maestro, cuando pronuncié mis palabras viles y maldiciones crueles, jamás hubiera abierto mi boca excepto para bendecirle y consolarle cuando anduvo su camino fatigado con la cruz. Pero no le conocía, y pensé que servía a mi Dios, cuando le insulté -- a él quien, como pensé, era un blasfemo y destructor de nuestra religión.
Pero yo pagué la pena, incluso mientras vivía en la tierra, y sufrí torturas, que ningún hombre puede comprender. Porque como seguí viviendo, y la muerte siempre me huía, poco a poco me di cuenta de que había cometido un pecado contra el elegido del Padre; y la sentencia de Jesús contra mí se convirtió en algo, de una realidad maravillosa y siempre presente.
Porque ahora sé, que él me amó, incluso a mí, y que mientras yo pasé errando y sufriendo, él estaba conmigo, tratando de ayudarme a abrir mi alma al Amor Divino, que fue el único libertador de mi perdición.
Yo sé que esto te puede parecer extraño e increíble, e imposible en el funcionamiento de los designios de Dios tratando Sus criaturas; pero fue la verdad, y yo lo sé.
¡Pero el Maravilloso Amor! ¡Ay, cómo podría jamás expresar mis sentimientos de gratitud al Padre y a Jesús! Mientras permanecí en mi estado ignorante y descorazonado, el mismo Jesús estuvo conmigo muchas veces en su amor, tratando de ayudarme. Muchos espíritus me lo dijeron, y eso es la verdad.
Escribo esto, porque quiero que tú y el mundo sepan, que este Amor le está esperando a toda la humanidad, y que no existe pecador tan vil que El no le pueda convertir en un ángel Divino de los Cielos Celestiales de Dios.
No escribiré más ahora excepto para decirte, siempre cuando tú leas sobre mí, recuerda que ya no soy el Judío Errante, sino un hijo redimido del pecado y del error, y muy querido por el mismo Jesús, a quien yo traté tan cruelmente.
Con mi amor, te diré buenas noches.
Suscribiré como mejor me conocen.
El Judío Errante.
Yo estoy aquí, Juan.
Bien, fuiste sorprendido por el último mensaje, y no es de extrañar. Yo sé que esta historia fue solo una leyenda para ti, como sucede con la mayoría de los otros mortales, que igualmente la pensaron.
Y otra vez, el Judío errante no estaba en tu mente, como sé, porque estuve presente antes de que comenzaras a escribir; y sé exactamente, cuál fue el contenido de tu mente, y cuáles fueron las expectativas que tuviste. Recito estos hechos para dejártelo bien claro, que este mensaje no es el resultado de alguna "mente subconsciente", de la que hablan los filósofos. El mensaje vino solamente, porque el espíritu, quien escribió, vino a ti y tomó control de tu cerebro y mano, y realmente escribió el mensaje.
Él es en verdad el hombre conocido como el Judío Errante, y la leyenda es verdadera en cuanto a como él trató al Maestro, como él dijo, y la sentencia del Maestro contra él, que espere hasta que él vuelva.
Naturalmente, surge la pregunta: ¿Cómo pudo el Maestro haber impuesto tal sentencia, o que poder tuvo el Maestro, para hacer lo que es tan contrario a todas las leyes comunes conocidas de Dios? Bien, la pregunta es pertinente y adecuada, y se merece una respuesta.
En el momento de la crucifixión del Maestro, él estaba rodeado por una multitud de espíritus, en quienes estaban investido los más maravillosos poderes del mundo de los espíritus. Ellos le acompañaron en su fatigada marcha a la cruz maldita, todos tratando de sostenerle y escuchando sus palabras, y muchos de ellos conocían sus pensamientos y la congoja de su alma. Y cuando él descansó, porque cargaba con la cruz, ellos estuvieron con él y escucharon la orden inhumana del Judío y la respuesta del Maestro. Determinaron entonces, que la sentencia debía ser llevada a cabo y jamás terminaría, hasta que el Judío hubiese recorrido el mismo camino fatigado de sufrimientos, por el que él vio a Jesús pasar, y hasta que él buscase alivio de la manera correcta, la misma que el Maestro proclamó en la tierra a los mortales.
Los espíritus estaban con el Judío, sosteniéndole continuamente en su vida física, así que el amigo, a quien él esperaba y por quien él rezaba -- quiero decir la muerte -- no vendría a él hasta que el Gran Amor del Padre llegaría primero a redimirle de los resultados de la sentencia. Y tan extraño como te puede parecer, al mismo tiempo que estos espíritus ejercieron sus poderes para prolongar la vida física del hombre, también trataron de influirle, para que abriera su alma al influjo del Amor. Y entre aquellos, quienes así trabajaron, estuvo el Maestro mismo.
Pero las viejas creencias de este Judío en las enseñanzas de las leyes de Moisés, y en Abraham como su padre y gran médium de su salvación, y este gran poder, que él tenía -- el albedrío humano -- impidieron la apertura de su alma por muchos largos años. No hasta que él fuese convencido, que la sentencia del Maestro estaba ejecutándose, él comenzó a darse cuenta, que las enseñanzas de su fe, y de Abraham, no fueron suficientes para su salvación, de la perdición abominable pronunciada contra él. Entonces le llegó la idea, que el hombre, al quien él había maldecido, podía haber sido en efecto el hijo de Dios, y que sus enseñanzas del único Camino al Padre y a la felicidad, eran por este Amor. Porque mientras tanto, había vivido entre los Cristianos y había aprendido, lo que fueron las enseñanzas de este Amor, que estaba esperando a todos, y que podía ser obtenido por todos por la oración y sumisión del albedrío humano.
Bien, sufrió y buscó por todos los medios procurarse esta muerte, pero esta siempre lo esquivaba, hasta que, finalmente, se quebrantó su voluntad y la Verdad vino a él y, con ella, la oración. Y después vino la libertad.
Porque yo debo decirte, que cuando el alma de un mortal reza con seriedad y con verdaderas ansias, todos los poderes de todos los espíritus en los Cielos Espirituales o Celestiales no pueden impedirle a este Amor, que responda a la oración, y que libere al alma ansiosa y, hasta cierto grado, la convierta en una sola con el Padre.
Las sentencias de los espíritus y ángeles no pueden existir contrariamente a lo que demanda este Amor; y porque es así, los mortales pueden comprender con facilidad, que todos los poderes de los infiernos y de los individuos malos no pueden prevalecer sobre este Amor. Y así comprenderás, además, que las oraciones verdaderas de un alma ansiosa, son más poderosas que todos los poderes de los ángeles y espíritus y "diablos" combinados -- y ellas llevarán la respuesta del Padre. Así, puedes entender, cuán importante criatura es un pobre mortal cuando, en verdad y seriedad, él viene al Padre buscando Su Amor.
Bien, cuando vine esta noche, no había pensado en escribirte el mensaje que he escrito. Pero como me di cuenta, que podrías estar pensando acerca del mensaje del Judío Errante, dudando que las leyes de la naturaleza pudiesen ser dejados al lado, incluso por orden del Maestro, pensé que era mejor escribirte como lo hice. De hecho, no se dejaron al lado ningunas leyes de la naturaleza, sino los poderes de los espíritus se emplearon para preservar los órganos y funciones físicos de este Judío, para que su vida permaneciese, y el principio vitalizante realizara su trabajo de preservar al Judío como un mortal viviente. No te admires por esto; porque tengo que decirte, antes de que se acaben estos mensajes, se te dirá muchas verdades, que serán más asombrosas y contradictorias a lo que los hombres llaman las leyes de la naturaleza, como es el caso del Judío Errante.
No escribiré más ahora. Con mi amor en ti y en tu amigo, te diré buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Juan.
Yo estoy aquí, Tu verdadera y amorosa Helen.
Bien querido, recibiste algunos mensajes sorprendentes esta noche, y no me admiro que pienses que tal vez no sean realmente de aquellos, quienes se presentaron con su nombre. Pero el hecho es, que las personas, quienes te dijeron que escribían, en efecto lo hicieron.
El Judío es un espíritu muy brillante de las Esferas Celestiales, pero también es muy humilde. El efecto de su gran sufrimiento en la tierra se muestra claramente en su gran humildad. ¡Qué cosa más maravillosa es tal experiencia! Y cuando te contó de sus años largos, fatigados en la tierra, parecía que él, por un momento, pasara otra vez por la experiencia; pero por supuesto, no fue así, porque el Amor que hay en él, impidió que la congoja de aquellos años encontrase más que un alojamiento temporal en sus recuerdos. Bien, se puede creer en la verdad de lo que él escribió, no solo porque Juan le corroboró, sino también porque muchos otros espíritus quienes estuvieron presentes entonces, dicen que es la verdad.
Tu verdadera y amorosa
Helen.
Yo estoy aquí, Samuel, profeta del Antiguo Testamento.
Déjame escribir unas líneas esta noche, porque no te he escrito por mucho tiempo. Quiero contarte sobre la escena, que se te pintó esta noche por las palabras y la música en la iglesia (el Sr. Padgett atendió un Servicio de Pascua, en el año 1921).
Bien, como tal vez no sabes, muchas de las escenas, que te fueron presentadas tan persuasivamente a tu imaginación, jamás sucedieron así realmente. Y el drama que se representó, fue la producción de la mente creativa, que tan frecuentemente se usó para reproducir cosas, que tuvieron su origen sólo en estas imaginaciones.
Cuando Jesús fue crucificado, no hubo una gran multitud de gente, porque se le consideró sólo como un malhechor común, quien estaba pagando los castigos que seguían a la violación de la ley, como se le acusó a él. Por supuesto, hubo soldados, un gran número de los miembros del Sanedrín Judío, y unos discípulos presentes; pero no hubo una afluencia fuera de lo común para presenciar la ejecución. Jesús no fue el único, a quien se crucificó entonces. A los otros dos, también se les consideró (igual como los Judíos consideraron a Jesús) violadores de sus leyes, que debían ser castigados colgándoles de la cruz.
Las palabras, que Jesús supuestamente pronunció en el momento de su muerte inminente, no las pronunció, y ninguno de sus discípulos hubiese podido oír las palabras, que él posiblemente dijera, porque se les mantuvo a distancia de la escena inmediata de su ejecución. Sólo después de que se le había declarado muerto y encontrado listo para ser descolgado de la cruz, se les permitió a sus discípulos acercarse a su cuerpo y quitarle del árbol. Los otros, quienes estaban encargados con la ejecución, no oyeron ningunas palabras de él, y como he dicho, sus discípulos no pudieron oír nada y así no pudieron informar sobre algo supuestamente dicho por él. Hasta donde es conocido, él murió tan valientemente -- es decir, sin miedo o duda en cuanto al futuro -- como cualquier otro quien sufrió el mismo destino. Las palabras que él presuntamente pronunció, no se pronunciaron así, y él no llamó al Padre por su ayuda, para que la copa amarga pase de él. Todos los reportes de que él lo dijo o lo hizo en ese entonces, no son verdad, sino son sólo producto de la imaginación de aquellos, quienes escribieron de él en tiempos posteriores.
No había un estallido repentino de la naturaleza o de cosas materiales. Y el relato, que se abrieron tumbas y surgieron cuerpos de ellas, y que ellos fueron vistos y se habló con ellos en la ciudad, es pura ficción, y no tiene fundamento en la realidad. Yo sé que los Cristianos de hoy en día no estarán dispuestos a recibir estas declaraciones como verdaderas, por los largos años de creencia en estas cosas, que prevalecían durante siglos. Por qué los hombres querrían creer en estas representaciones de cosas que jamás ocurrieron, es difícil de entender, porque en sí mismas, no tienen importancia, excepto como un esfuerzo en fabricar, que las circunstancias maravillosas, que ellos pretenden que rodeasen la muerte de Jesús, fuesen tan dramáticas e impresionantes posible para la humanidad.
Si ellos sólo pensasen, tienen que darse cuenta, que la muerte de Jesús, acompañada de todos los ambientes sobresaltantes descritos en la Biblia, no proporcionó una sola iota de ayuda en la manera de salvar un alma humana o enseñarle a esta alma el verdadero Camino al Reino del Padre. Fue su vida, la que tuvo el efecto de salvación -- no su muerte -- y mientras más temprano los hombres aprendan esta Verdad, más temprano aprenderán el hecho, que ninguna muerte de Jesús pudo salvarles de ellos mismos, o mostrarles el camino al Reino Celestial.
Yo sé que los hombres no querrán creer lo que he escrito, y continuarán en su creencia, que todas estas circunstancias trágicas rodearon la muerte de Jesús. Y supongo, que esta creencia continuará con ellos por mucho tiempo más. Pero lo que yo he dicho es la verdad; y ningún hombre puede, por cualquier funcionamiento posible de las Leyes de Dios, encontrar alguna esperanza o promesa de Inmortalidad en estas cosas.
Tal vez me preguntas cómo sé que Jesús no pronunció palabras en el momento de su muerte, y puedo responder diciendo, que él mismo me lo ha dicho.
Esta noche, no estuvo presente en ninguna de las iglesias, donde su muerte en la cruz se celebraba, y no estará hasta que se haya acabado el tiempo de la gran veneración y adoración a él por las iglesias. Esta veneración le desagrada mucho, y no desea atestiguarla; como consecuencia, él se queda en su hogar en las altas Esferas Celestiales. Él desea, que los hombres adoren sólo al único verdadero Padre, a quien él adora, y así reciban la verdadera bendición del Padre.
Con mi amor, te diré buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Samuel.
Yo estoy aquí, José de Arimatea. Quiero escribir solo unas líneas, para que sepas, que yo en realidad existía como un mortal, y que yo soy el mismo hombre, quien colocó el cuerpo de Jesús en la tumba, donde nunca antes se había colocado un cuerpo.
Estuve con él en su muerte, y estuve con su cuerpo, cuando fue colocado en la tumba y sellado. Y yo sé y testifico, que ningún hombre u hombres o sociedad de hombres, como se ha dicho, robó su cuerpo de la tumba. Su cuerpo fue sepultado, como era la costumbre de mi tiempo, y fue envuelto en sudarios y adaptado para un largo sueño en la tumba, como supusimos.
No fui un verdadero Cristiano todavía, sin embargo, sus doctrinas me parecieron como que contenían la Verdad, porque tuvieron una inspiración viva por ellas, la misma que no encontré en las enseñanzas de la teología Judía, porque yo era un Fariseo. Nunca pensé que su muerte fue justificable o estuve de acuerdo con ella, pero no pude impedirla; y sintiendo, que un gran crimen se había cometido por el pueblo al que yo pertenecía, intenté hacer una pequeña expiación por el gran crimen, dándole sepultura en mi nueva tumba.
Por supuesto, no creí que él iba a resucitar de manera como él lo había indicado a algunos de sus discípulos; y cuando le sepultamos, sólo pensé, que esta tumba sería su sepulcro hasta que la naturaleza hubiese destruido su cuerpo, como lo hacía en el caso de todos los otros quienes habían sido sepultados.
Como puedes imaginarte, estuve interesado en los procedimientos, que se realizaron por los líderes Judíos en su esfuerzo en comprobar que él, Jesús, no resucitaría de la tumba el tercer día, y vigilé junto con los soldados. Y puedo testificar, que ningún mortal jamás quitó las piedras de la entrada de la tumba.
Estuve allí cuando vino el ángel y los soldados fueron adormecidos, de lo que habla la Biblia. Y yo, José, digo esto sabiendo, que muchos no lo creerán (porque la Biblia no lo menciona) -- que yo vi que las piedras fueron quitadas rodando y este ser resplandeciente estuvo como guardia en la entrada de la tumba. Me asusté y salí del lugar, y estuve tan conmovido, que no regresé allí hasta la madrugada. Entonces vi a María y la oí haciendo preguntas sobre el paradero de su querido Maestro. Y más maravilloso aún, vi al hombre, a quien preguntó, como de repente se reveló a ella. Y puedo testificar, que fue el mismo Jesús, cuyo cuerpo yo había ayudado a colocar en mi tumba.
Él no fue de carne y sangre, como dicen, porque él apareció de repente; y su apariencia no fue la misma que aquella de Jesús, cuyo cuerpo había sido sepultado. Pero cuando él mismo se reveló a María, tuvo el mismo semblante y los mismos ojos maravillosos de amor, que yo conocía tan bien, y la misma voz de amor y afecto. Yo lo sé, y quiero contarle al mundo, esto es la verdad.
Antes de que viniera Pedro, entré en la tumba y la encontré vacía; y cuando Pedro vino, estuve con él en la tumba y vi su sorpresa. Oí sus palabras de admiración y asombro, porque a pesar de que el Maestro les había dicho antes de la crucifixión, él no creyó o comprendió, y estuvo sorprendido y perplejo, como lo estuvimos todos.
Jesús de Nazaret resucitó de esta tumba, y su cuerpo carnal fue desmaterializado. En cuanto a su desaparición, no la pude explicar entonces, como nadie pudo hacerlo quien vio a Jesús después de su resurrección. Pero ahora sé, que a través de sus grandes poderes síquicos, como tú los llamarías, él causó la desintegración de este cuerpo en sus elementos, como muchos espíritus ahora pueden hacerlo, ya que tienen este poder.
Sí, Jesús resucitó de la tumba, pero no de los muertos; porque él jamás murió, como tú jamás morirás. Tan sólo murió la vestimenta física, que envolvió su alma.
Ahora estoy en los Cielos Celestiales y paso mucho tiempo con él, y sé que él es el mayor y más maravilloso de todos los espíritus en las Esferas Celestiales, y el más próximo a la Fuente Principal del Amor de Dios. Él es en efecto Su hijo más querido. También quiero decir, que él te escribe sus mensajes de la Verdad, y él estuvo contigo esta noche por un corto tiempo. Escúchale y sabrás que tienes un amigo en él, quien está más cerca que un hermano o padre o madre.
Mi hermano, terminaré ahora, y dejándote, te diré que tienes mi amor y mis bendiciones.
Tu hermano en Cristo,
José.
Yo estoy aquí, Lucas, el autor del Tercer Evangelio, que fue.
Estuve contigo esta noche en la reunión de los Espiritualistas, y escuché la declaración del conferencista en cuanto a las probabilidades, de lo que sucedió con el cuerpo de Jesús después de la crucifixión.
No presencié la crucifixión, y por supuesto no vi personalmente, que sucedió con el cuerpo de Jesús. Pero aquellos, que sí estaban presentes, me contaron, que la descripción en la Biblia de su sepultura en la tumba de José fue verdadera. El cuerpo fue sepultado en la tumba de José y dejado allí por aquellos, que lo colocaron en la tumba, la que fue sellada y se puso un guardia sobre ella para impedir, que nadie se acercase e interfiera con el cuerpo, porque Jesús había anunciado, que él iba a resucitar en tres días.
Después de sellar la tumba, Jesús resucitó y, sin su cuerpo de carne, salió de la tumba y descendió a las esferas inferiores, donde vivían los espíritus obscuros en ignorancia y sufrimientos, y les predicó sobre el reotorgamiento del Don de la Inmortalidad. El cuerpo de carne se volvió tan espiritualizado, o etéreo, por el poder que Jesús poseía, que sus partes componentes fueron diseminadas por él al alrededor de la atmósfera, y él retuvo sólo su cuerpo espiritual, en el cual él después apareció a los discípulos y a otras personas.
Cuando él apareció en la reunión de los apóstoles, donde Thomas, "el incrédulo," estaba presente, él añadió a su forma (porque me comprenderás mejor, si uso tal expresión) elementos de lo material, para que el cuerpo fuese en su aspecto igual a la carne y sangre, como cuando fue colocado en la tumba, y antes de que él hubiese diseminado estos elementos, como he dicho.
La carne y sangre, que encierran la forma espiritual del hombre, como tal vez has escuchado, está cambiando continuamente en obediencia a las leyes comunes de la naturaleza, como el hombre las comprende. Y como Jesús comprendió y tuvo el poder de llamar en operación a otras leyes de la naturaleza, él causó que esas otras leyes funcionaran así, que se efectuó la diseminación de los elementos de la carne y sangre, y él se quedó sólo con su forma espiritual.
Esto, yo sé, ha sido un gran misterio para la humanidad desde el tiempo del descubrimiento de la ausencia del cuerpo de carne de Jesús, por los guardias en su tumba. Y porque esto era tan misterioso, y como única explicación de tal desaparición, los hombres creyeron y enseñaron, que el cuerpo de carne y sangre de Jesús realmente resucitó de los muertos, y por eso, que el cuerpo real de carne y sangre de los mortales también resucitará en lo que ellos llaman "el gran día de la resurrección."
Pero ningún cuerpo de carne y sangre resucitó, y la forma espiritual de Jesús no permaneció en la tumba después de la diseminación del cuerpo material; porque ninguna tumba u otro lugar pudo limitar al espíritu.
Recordarás, que en el tercer día Jesús apareció a María, quien conocía muy bien la apariencia de Jesús. Sin embargo, ella no le reconoció, sino pensó, que él era el jardinero, y así sucedió con los discípulos, quienes viajaron con él a Emaús. Ahora, si él hubiese retenido su cuerpo de carne y sangre, ¿acaso no supones que ellos le hubieran reconocido?
Si él tuvo el poder de reasumir este cuerpo material, en el cual Tomás metió su mano y encontró, que fue un cuerpo en la apariencia de carne y sangre, ¿te parece extraño o maravilloso, que él hubiese tenido el poder de desechar su cuerpo terrenal, mientras estaba en la tumba, y causar que se evaporase en el aire?
Esto, así me dicen, es la explicación verdadera de la desaparición del cuerpo material de Jesús. Y a mí y a otros, quienes comprendemos las leyes de la naturaleza -- quiero decir esta naturaleza que está fuera del alcance de los hombres -- no es nada sorprendente o digno de ser considerado un misterio.
Me alegro que te acompañara a la reunión esta noche, porque me impresionó qué deseable fue, que este gran misterio ya no sea un misterio.
Con todo mi amor, yo soy,
Tu hermano en Cristo,
Lucas.
Yo estoy aquí, Thomas Carlyle.
Sólo quiero decir que estuve presente cuando Lucas escribió, y escuché que lo dijo, y estuve muy interesado. Esta misma pregunta solía ser una gran piedra de escándalo para mi creencia en la resurrección de Jesús, porque me pareció, que la resurrección del cuerpo material era tan improbable, bajo las circunstancias como se cuenta en la Biblia, que me fue muy difícil creer la historia.
Pero ahora puedo comprender con mucha facilidad, porque estoy familiarizado con las leyes que rigen la formación y desintegración de la materia, como dice el científico, que hicieron posible, que el cuerpo físico de Jesús desapareciera en la atmósfera alrededor.
Quisiera que hubiese comprendido este hecho, cuando era un mortal, porque entonces muchas otras cosas probablemente me hubieran parecido verdaderas. Yo hubiese permanecido en un estado diferente de creencia en cuanto a cosas espirituales, y mi progreso aquí hacia esferas superiores no se hubiese rezagado.
Es deplorable que este llamado "misterio" no fue explicado en la Biblia, porque si hubiese sucedido así, el hombre ahora no estuviese en tinieblas en cuanto al significado de la resurrección. Y muchos miles, quienes creían que el alma y el espíritu fuesen a la tumba para esperar "el gran día de juicio", no estuviesen en tal condición de engaño, y no tuviesen que sufrir las consecuencias de esta creencia falsa, en el estancamiento de su progresión del alma que seguramente vendrá a ellos.
Espero que des esta explicación al mundo y dejes saber a los hombres la verdad, que no habrá una resurrección del cuerpo de carne, como enseñan las iglesias, y que tal cuerpo ya no contiene un alma o un cuerpo espiritual cuando muera.
No escribiré más esta noche, pero volveré.
Tu hermano en Cristo,
Thomas Carlyle.
Yo estoy aquí, Jesús.
Cuando estuve en la tierra, no fui adorado como Dios. Simplemente se me consideró como el hijo de Dios en el sentido, que en mí fueron implantadas las Verdades de mi Padre, y muchos de Sus maravillosos y misteriosos Poderes. No me proclamé Dios. Ni permití a ninguno de mis discípulos, que creyera que yo fui Dios, sino sólo que yo fui Su querido hijo, enviado para proclamar Sus Verdades a la humanidad y a mostrarles el Camino al Amor del Padre. No fui diferente a otros hombres, excepto que poseí este Amor de Dios a tal grado, que me liberó del pecado, e impidió que el mal, que forma parte de la naturaleza de los hombres, se convirtiera en parte de la mía.
Nadie quien cree, que yo soy Dios, tiene conocimiento de la verdad, o obedece a los Mandamientos de Dios adorándome. Tales devotos blasfeman y perjudican mucho a la causa de Dios y de mis enseñanzas. Muchos hombres se hubiesen convertidos en verdaderos creyentes en, y adoradores del Padre, y discípulos de mis enseñanzas, si no hubiese sido interpolado en la Biblia este dogma blasfemo. No sucedió con mi autoridad o como consecuencia de mis enseñanzas, que tal doctrina muy perjudicial fuese promulgada o creída.
Yo soy sólo un hijo de mi Padre, como tú eres; y estuve siempre libre del pecado y error con respecto a la verdadera concepción de la relación verdadera de mi Padre con la humanidad, sin embargo, tú también eres Su hijo. Y si buscas con sinceridad y rezas al Padre con fe, puedes convertirte tan libre del pecado y error como yo estuve entonces, y estoy ahora.
El Padre es Él Mismo, Solo. No hay otro dios además de Él, y no se debe adorar a otro dios. Yo soy Su maestro de la Verdad, y soy el Camino, la Verdad, y la Vida, porque existen aquellas cualidades de bondad y conocimiento en mí, las mismas que me capacitan mostrar el Camino y conducir a los hombres a la vida eterna en el Padre, y enseñarles, que Dios ha preparado un Reino, donde pueden vivir por siempre, si ellos así lo desean. Pero a pesar de mis enseñanzas, los hombres y aquellos, quienes asumieron altos rangos en lo que se llama la iglesia Cristiana, impusieron doctrinas tan discordantes de la verdad que, en estos últimos días, muchos hombres, en ejercicio de una libertad iluminada y de la razón, se convirtieron en infieles y dieron la espalda a Dios y a Su Amor, y pensaron y enseñaron, que el hombre, mismo, es suficiente para su propia salvación.
Ha llegado el tiempo, cuando hay que enseñarles a estos hombres que sepan que, aunque las enseñanzas de estas supuestas autoridades sobre las verdades de Dios estén todas equivocadas, ellos -- estos mismos hombres -- están en el error, cuando se rehusan de creer en Dios, y mis enseñanzas. Cuáles son mis enseñanzas, lo sé, son difíciles de comprender por las escrituras del Nuevo Testamento; porque muchas cosas contenidas en el, jamás las dije, y muchas cosas que sí dije, no están escritas en el.
Ahora voy a dar al mundo las Verdades, como yo las enseñé, cuando estuve en la tierra, y muchas que yo jamás revelé a mis discípulos o inspiré a otros, que las escribiesen.
Nadie puede venir al Amor del Padre, excepto que él nazca de nuevo. Esta es la grande y fundamental verdad, la que los hombres tienen que aprender y creer. Porque sin este Nuevo Nacimiento, los hombres no pueden participar en la Esencia Divina del Amor de Dios, que, cuando un hombre Lo tiene, le hace uno solo con el Padre. Este Amor viene al hombre por la el Espíritu Santo, que causa que este Amor fluya en el corazón y alma y los llene de tal manera, así que todo pecado y todo error tienen que ser erradicados.
No voy a decirte cómo opera el funcionamiento del Espíritu esta noche. Pero digo, si un hombre reza al Padre, cree, y pide con sinceridad, que se le dé este Amor, él Lo recibirá; y cuando El llegue a su alma, él lo notará.
No dejes que los hombres crean, que ellos pueden llegar a esta unión con el Padre por su propio esfuerzo, porque no pueden. Ningún río puede subir más arriba de su fuente. Y ningún hombre, quien sólo tiene el amor natural y está lleno de error, puede, por sus propios poderes, causar que este amor natural participe en lo Divino, o causar que su naturaleza sea liberada de tal pecado y error.
El hombre solo es una criatura y no puede crear algo superior a sí mismo; así el hombre no puede subir a la Naturaleza de lo Divino, a menos que lo Divino primero entre en este hombre y le convierta en una parte de Su propia Divinidad.
Todos los hombres, quienes no reciban una parte de esta esencia Divina, permanecen en su estado natural. Y ellos pueden progresar a grados superiores de bondad, y libertad de pecado y de todo aquello que tienda a hacerles infelices, sin embargo ellos aún serán sólo hombres naturales.
Vine al mundo para mostrar a los hombres el camino a este Amor Divino del Padre y para enseñarles Sus verdades espirituales, y esa fue mi misión. Aparte, vine para enseñarles el camino para mayor felicidad en la tierra, así como en el mundo de los espíritus, enseñándoles el camino hacia la purificación del amor natural, aun cuando ellos podrían escoger el camino de la purificación del amor natural y negarse a buscar y procurar el Amor Divino, y convertirse en uno con Padre.
Que los hombres piensen bien sobre esta materia de suma importancia, y aprendan, que la felicidad del hombre natural y la felicidad del hombre, quien ha obtenido atributos de la Divinidad, son muy diferentes, y en toda la eternidad tienen que estar separados ya que son distintos.
Mis enseñanzas no son difíciles de entender y seguir. Y si los hombres sólo las escuchan y las creen y las siguen, aprenderán el Camino y conseguirán un estado perfecto de felicidad, que el Padre ha preparado para Sus hijos. Nadie puede procurarse este estado de dicha Celestial, a menos que él primero reciba este Amor Divino del Padre, y así se convierta en uno solo con el Padre.
Yo sé que se piensa y enseña, que la moralidad y una vida correcta y un gran amor natural asegurarán la felicidad futura de un hombre, y así realmente es hasta cierto grado. Pero esta felicidad no es está felicidad superior, que Dios desea que tengan Sus hijos, ni indica el Camino a esta felicidad superior, la que vine a la tierra a enseñar.
Pero mis Verdades encontraron un hogar en algunos corazones y mentes, y ellos fueron preservados para salvar a la humanidad de las tinieblas espirituales totales y un retroceso en la adoración sólo por forma y ceremonia.
Yo he escrito esto para mostrarte, que no debes dejar, que las enseñanzas de la Biblia, y lo que hombres escribieron o se les adjudica haber escrito en ella, te impidan que recibas y comprendas lo que yo escribo.
No escribiré más esta noche, pero continuaré contándote las Verdades, que serán mi Nuevo Evangelio para todos los hombres. Y cuando ellos hayan escuchado mis mensajes, creerán que hay sólo un Dios -- y uno sólo, a Quien se debe adorar.
Con mi amor y mis bendiciones, acabaré por ahora.
Jesús.
Yo estoy aquí, Mateo.
Déjame escribir unas pocas líneas esta noche, porque quiero hablarte de una verdad, que me parece importante, que la humanidad conozca a fin de que ellos puedan comprender la verdad de su salvación personal. Yo soy un espíritu desarrollando su alma y un habitante de los Cielos Celestiales, donde sólo aquellos, cuyas almas hayan sido transformadas por el Amor Divino en la misma Naturaleza y Esencia del Padre, pueden encontrar una habitación.
No escribiré mucho, y tengo una verdad, que quiero comunicarte, y esta es: que ningún hombre o espíritu puede jamás recibir la plena salvación, la que Jesús enseñó y ejemplificó en su propia persona, quien no llegue a poseer este Amor Divino del Padre en su alma, y se libere de las condiciones y atributos, que pertenecen a su alma creada.
Esta alma no fue creada con ninguno de los Atributos o Cualidades Divinos, sino sencilla y exclusivamente sólo con aquellos, los que puedes llamar humanos, y los que todos los hombres y espíritus tienen, quienes no han pasado por la transformación.
El "hombre-Dios," como a veces se designa a Jesús por los autores religiosos y teólogos de ustedes, no poseyó estos Atributos Divinos, que son de la Naturaleza y Esencia del Padre, en el momento de su creación o apariencia en la carne, sino sólo los atributos humanos, que pertenecían al hombre perfecto -- es decir, al hombre quien fue la criatura perfecta, como él existía antes de la caída de los primeros padres (cuando el pecado todavía no había entrado en sus almas y en el mundo de la existencia de los hombres). Desde el tiempo de su nacimiento, Jesús fue el perfecto hombre, y como consecuencia sin pecado. Todas sus cualidades morales estuvieron en completa armonía con la Voluntad de Dios y las leyes controlando su creación. Sin embargo, él no fue mayor a los primeros padres antes de su acción de desobediencia.
No había nada de Dios, en el sentido de lo Divino, que entró en su naturaleza o componentes. Y si el Amor Divino no hubiese venido en su alma y la hubiese transformado, él hubiera permanecido sólo la perfecta criatura, y de una cualidad no superior o mayor que fue otorgada al primer hombre. Con respecto a sus posibilidades y privilegios, Jesús fue como el primer hombre antes de su caída, o muerte de la potencialidad de convertirse en Divino. Pero Jesús fue diferente a él en esto: que él adoptó y se adueñó de estos privilegios, y como consecuencia llegó a ser Divino; mientras el primer hombre se rehusó a aceptarlos, los perdió, y permaneció solo un hombre -- aunque no el hombre perfecto como él fue creado.
Y Jesús se hizo Divino a causa de su posesión del Amor Divino, sin embargo, él jamás se convirtió en el "hombre-Dios," y nunca podrá hacerlo, porque no existe, y jamás puede ser un "hombre-Dios." Dios es Dios, Solo, y jamás se convirtió y jamás puede convertirse en hombre; y Jesús es hombre, sólo, y jamás puede convertirse en Dios.
Pero Jesús es preeminentemente el hombre Divino, y se le puede llamar con todo derecho el hijo más querido del Padre, porque él posee más del Amor Divino, y como consecuencia más de la Esencia y de la Naturaleza del Padre, que cualquier otro espíritu de los Cielos Celestiales; y con esta posesión, mayor poder, gloria y conocimiento vienen a él. Se le puede describir y comprender como el dueño y la manifestación de la Sabiduría del Padre; y nosotros, los espíritus del Reino Celestial, reconocemos y admitimos esta sabiduría superior de Jesús, y estamos obligados por la misma grandeza y fuerza de la sabiduría a honrar y obedecer su autoridad.
Y este trascendente y mayor dueño de la Sabiduría del Padre, es el mismo cuando viene a ti y revela las Verdades de Dios, como él es cuando está investido de toda la gloria por su proximidad al Padre en las supremas esferas del Reino Celestial.
Cómo dijo la voz en el Monte, "¡ESCUCHADLE!" te repito a ti y a todos, cuantos tengan el privilegio y la oportunidad de leer u oír sus mensajes: ¡ESCUCHADLE! Y cuando oigan, ¡CREAN Y BUSQUEN!
Bien mi hermano, me pareció apropiado escribir este corto mensaje, y espero, que te pueda ayudar en el trabajo. Regresaré. Buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Mateo.
(Llamado San Mateo en la Biblia.)
Yo estoy aquí, Juan.
Vengo para escribirte unas pocas líneas sobre la exposición de lo que se supone que fueron retratos del Maestro, y la que viste esta noche.
Bien, los objetos exhibidos fueron muy interesantes y mostraron, a través de los siglos, las diferentes y diversas concepciones de los artistas, como el Maestro supuestamente lucía. Pero tengo que decir, que ninguno de ellos es un correcto semblante de él, como él lució en la tierra, o como él lució después de su resurrección de los muertos y cuando se apareció a sus discípulos y a otras personas.
Yo comprendo cómo el predicador y muchos otros, quienes estuvieron presentes en la iglesia esta noche, aman a Jesús y disfrutan de la creencia que, observando algunos de los retratos, ellos pueden recibir una concepción de su apariencia. Y sólo me hubiera gustado, que su apariencia se hubiera mostrado en algunos de los cuadros. Pero como dije, ninguno de ellos tenía un semblante con el Maestro, a quien conocía y estaba asociado, y también le vi después de su resurrección de la tumba.
Ninguno de ellos expuso la gran luz espiritual, que brilló de su semblante, incluso cuando él sufrió en la cruz. Y ninguno de ellos dio incluso una débil ojeada de su belleza espiritual, que tenía cuando él reuniéndose con pecadores, sus amigos y discípulos les ayudó.
Jamás escuché de algún retrato de él, que hubiese sido pintado mientras vivía en la tierra, o incluso después por alguien, quien le había visto. Los más antiguos de estos retratos, que se presentaron esta noche, fueron hechos años después de su muerte, y fueron pintados por hombres, quienes no habían podido obtener una descripción del Maestro de nadie, quien le hubiese visto.
Yo sé que no hubo un original, como lo supuso el predicador, que diera una idea a los artistas, que pintaron los retratos que viste, porque jamás hubo un original. No, el Maestro pasó la tierra sin dejar alguna reproducción de su apariencia.
Los retratos fueron el resultado de lo que los artistas concibieron en sus cerebros artísticos, si me permites usar la expresión, o sea, como el Maestro, quien había expuesto tan maravillosas cualidades del corazón y de la mente, debería lucir. E igual que sus concepciones de las cualidades espirituales y humanas del Maestro, fueron diferentes, así sus retratos resultaron diferentes; y la única base para sus cuadros fueron sus propias concepciones espirituales o no espirituales.
El Maestro, por supuesto, como el resto de nosotros, quienes fuimos sus discípulos, fue un Judío; y es muy natural suponer, que él tuvo las facciones y el pelo y la barba de un Judío común. Y como los Judíos continuaron viviendo en su patria sin cambiar mucho en la apariencia desde el tiempo del Maestro, los artistas, quienes le concibieron como un Judío, basaron su supuesto retrato de él en la apariencia de un Judío, como ellos le vieron en el tiempo, cuando pintaron los cuadros.
Y Jesús fue un Judío, pero no fue lo que podría llamarse un típico Judío en su apariencia, ni más que en otras cualidades, porque él tuvo esta condición del alma en él, que determinó y moldeó en gran parte su apariencia.
Sus ojos no fueron obscuros o cafés, sino de un azul violeta, y su pelo fue claro con reflejos castaños. Su nariz fue prominente y un poco larga, y su barba fue del color de su pelo y no tan larga como era la costumbre en aquellos días. Y él jamás usó una navaja en su cara. Su frente no fue muy alta o ancha, pero estuvo bien formada y algo afeminada, y no indicó que allí había un desarrollo mental tan grande como uno podría suponer.
Porque yo tengo que decir aquí, que su conocimiento no fue tanto el conocimiento del cerebro, como del corazón y del alma. Y como sabes, y como todos los hombres pueden saber, quienes se procuran el desarrollo preciso del alma, el alma tiene su propio cerebro, que es usado para la revelación del conocimiento de lo que pertenece a las Verdades espirituales. Los mortales tal vez no comprendan bien el significado de esta afirmación, pero tengo que decirles, que en ciertas circunstancias y condiciones, el cerebro -- o para ser más exacto, la mente -- del hombre natural es absorbida completamente por la mente del alma.
Así digo, no es una conclusión correcta suponer, que Jesús, a causa de que tenía todo el maravilloso conocimiento de las Verdades de Dios, su Padre (como él prefería llamarle a Dios), tenía que tener un gran desarrollo de aquellas partes del cerebro, que se exhibe normalmente por una frente grande o prominente. Su cabeza, en efecto, no fue muy grande, pero compacta y hermosamente formada.
Llevó su pelo partido en la mitad y le llegó hasta los hombros, el mismo que tenía un poco rizado -- una hermosa cabeza de pelo, que parecía estar llena de vida.
Ningún artista tuvo una concepción correcta de su apariencia, y ningún retrato o escultura transmite un rastro de semejanza con él. Pero como la gente nota, cuán hermoso estuvo por dentro, quizás pueden ver una concepción más clara de su apariencia en sus propias imaginaciones, que cualquier retrato pintado les puede dar.
A veces deseo que hubiese un verdadero retrato de él en la tierra, como él apareció durante el tiempo de su gran trabajo de amor en la tierra, así que aquellos, quienes le aman pudiesen tener el placer adicional de conocer su apariencia física. Pero tal vez no sea así, porque, como los mortales naturalmente veneran las imágenes de los "santos" (y por la imagen, veneran los originales), hubiese el peligro, que si existiera una imagen del Maestro, los mortales le adorarían incluso más ahora -- y cualquier adoración le es muy desagradable y, como él ha dicho, es una blasfemia.
Uno debe amar al Maestro y anhelar su presencia, porque tal presencia tiene en sí misma un maravilloso amor y una influencia para ayudar y hacer feliz a aquellos, quienes están en la condición de sentir su presencia. Pero él no debe ser adorado.
Bien, como estuve contigo esta noche en la iglesia, pensé que podría interesarte, que se te diga la verdad con referencia al Maestro y sus supuestos retratos.
Desde luego, no es necesario, que hubiese una imagen de él, verdadera o no, para capacitar a los mortales a disfrutar de su presencia, porque él sigue trabajando entre los mortales hoy como cuando estuvo en la tierra; y su amor se da hacia ellos, y su deseo de que ellos se conviertan en ser uno con el Padre. Y cuando los mortales sinceramente anhelan su presencia, tarde o temprano, como permiten las leyes de sus limitaciones, él estará con ellos y les consolará y ayudará, si ellos le permiten entrar en conexión. Esto es lo que significa, que él está frente a la puerta y golpea. Cuando la puerta se abre, se establece la conexión; y entonces se sentirán su amor e influencia.
Pero la dificultad aquí es, que los mortales lo suponen ser, y lo confunden con, el Gran Amor del Padre, cuando, de hecho, este amor de Jesús es el mismo Amor en cualidad (pero no en cantidad) que el mortal mismo puede conseguir por oraciones serias y sinceras aspiraciones de su alma. El amor de Jesús jamás puede transformar un alma humana en la Substancia del Amor del Padre, porque este Amor de transformación sólo puede venir del Padre, y es otorgado por medio del Espíritu Santo, como te hemos explicado.
Así que todos los mortales amen a Jesús con el fervor y la plenitud de sus almas, y ansíen por su amor, pero haciendo esto, no se olviden o dejen de saber que, en este amor, para llegar a ser como Jesús, tienen que buscar el mayor Amor del Padre, y darle a Él todas las ansias y deseos de sus almas por el influjo de este Amor en sus almas. Y mientras más reciban de este gran Amor Divino, mejor podrán amar a su gran hermano, Jesús.
Bien, he escrito suficiente por esta noche. Regresaré pronto y te escribiré un mensaje formal. Así recuerda lo que te dije hace algunas noches, y cree y confía, y no serás desengañado.
Con mi amor y la Bendición del Padre, te diré buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Juan.