Revelaciones Angelicales – el Evangelio revelado nuevamente por Jesús


 

Capítulo 16

Verdades del mundo de los espíritus:

Los Infiernos

  

El infierno y la duración del castigo. (Pablo)

La prueba existe entre espíritus en los infiernos. (Jesús)

No existen demonios ni Satanás, si se les considera como personas verdaderas y ángeles caídos. (Jesús)

Los espíritus que tienen poco desarrollo del alma, pueden ayudar a los que tienen aún menos desarrollo que ellos mismos. (Juan)

  


 

 

Los Infiernos

 

 

El infierno y la duración del castigo

 

Yo estoy aquí, Pablo

Deseo simplemente decirte, que estuve presente en la iglesia esta noche y escuché al predicador decir a su congregación lo que él no conocía sobre el infierno. Lo que él dijo, en muchos detalles, fue falso; sin embargo, era agradable oírle decir a su gente, que no habría sufrimiento físico, aunque él no les explicó, porqué no podría haber ese sufrimiento. Yo quiero decir que ningún espíritu, cuando entra en el infierno, lleva consigo su cuerpo físico, o cualquier otro cuerpo, que tiene la substancia, que puede ser afectada por fuego y azufre y otras cosas irrazonables, que las iglesias así enseñaron por muchos años, y así aterrorizaron a sus miembros, y, por consiguiente, les conducían a creer que el Padre era un Padre "cruel" e "iracundo", exigiendo que su "sed por satisfacción" se sacie por el chisporroteo de los cuerpos de Sus hijos en el fuego. No, ¡esta doctrina condenable no es verdad, y me alegra ver que las iglesias ya dejan de creerla o de enseñarla!

Pero la doctrina que el predicador enseñó, es igualmente mala, y tan inútil como la anterior, por la razón que el castigo de los pecadores y de los que están fuera de armonía con Dios es un hecho, que todos notarán cuando vengan al mundo de los espíritus. Y al serlo así, la enseñanza que este castigo es eterno, es tan dañina como la primera que mencioné.

¡Qué extraño es, que los predicadores y los profesores intentan hacer creer a su gente y sus oyentes, que Dios es un ser tan colérico y vengativo, y que tiene menos amor y misericordia, que el Padre terrenal más envilecido los tiene por sus hijos! Es muy deplorable, que estos supuestos instructores sobre las características de Dios, traten de blasfemar, sin hacer caso de Sus grandes Cualidades de Amor y Ternura, y de Su deseo que todos Sus hijos sean felices.

¡Ay, te digo, que estos predicadores tendrán que responder por un pecado trágico, cuando lleguen a rendir cuentas! Y esto no será en "el gran día del juicio", como enseñan, sino tan pronto como entren en la vida espiritual y se den cuenta del gran daño, que causaron a muchos que les seguían en sus enseñanzas. Y se darán cuenta de ese resultado temible muy pronto después de su entrada en el mundo de los espíritus. Porque vendrán a ellos, como las nubes de testigos, los espíritus de los que estaban bajo sus instrucciones en la tierra, trayendo consigo todas las evidencias de los resultados de su creencia errónea y de las manchas de este gran pecado de la blasfemia.

Yo, Pablo, escribo esto, porque yo mismo he sufrido por esta misma causa. En la tierra, enseñé una doctrina, igual a la que estos predicadores ahora están enseñando, e incluso ahora me doy cuenta, que soy responsable en un cierto grado de muchas creencias falsas. Pero agradezco a Dios que no soy responsable de todo lo que se me atribuye en la Biblia, y que si mis enseñanzas verdaderas fuesen conocidas y enseñadas, la creencia oculta y errónea que ahora es tan frecuente entre los cristianos, no existiría. Te digo que los mortales no se imaginan los grandes resultados nefastos y deplorables, que fluyen de su creencia en la Biblia en muchos detalles. Este libro contiene falsedades, falsificaciones e imputaciones que no tienen ninguna semejanza con lo que enseñó el Maestro o cualquiera de sus apóstoles. Y tú puedes darte cuenta fácilmente, de cuán ansiosos estamos, de que estos errores y mentiras se quiten de las mentes y las almas de los hombres.

El infierno de los predicadores ortodoxos, como se ha enseñado antes - es decir, un infierno de azufre y fuego - no es el infierno verdadero, y no tiene ninguna existencia, excepto en las mentes de estos creyentes ortodoxos.

El infierno verdadero es un lugar y una condición, y lo primero está vinculado con lo segundo. La condición del alma y de la creencia de los hombres crea los infiernos en una gran parte, sin embargo, el infierno es un lugar fijo de permanencia, hecho y establecido, y de un carácter adecuado, para que el alma según su condición lo habite. Para ilustrarlo, un alma que es menos vil, que está menos llena de pensamientos malvados, del recuerdo de hechos malvados y de la creencia falsa, está en un lugar muy diferente que el alma, que alberga más de este mal en sí. El alma anterior no encontraría su residencia en el mismo lugar que la última alma, igual que el alma altamente desarrollada no encontraría su hogar en el mismo lugar que el alma menos desarrollada.

El cielo es un lugar, o muchos lugares, adecuado para el desarrollo del alma. En el otro extremo, el infierno es un lugar adecuado para las almas, que están en una condición de degradación y mal. Quiero que se me entienda, que el lugar y la condición del alma son términos correlativos - el hogar del alma depende de la condición del alma. Así que estos diversos infiernos varían, para que estén adecuados para las almas de espíritus según la profanación del alma.

Como dije antes, el infierno es un lugar y una condición. Y el hombre que cree, que no es nada más que una condición de su mente o de su alma, encontrará una sorpresa maravillosa y también decepcionante. Sé que la condición la mente y del alma crea el infierno de un hombre en el más alto grado, y que él es la fuente principal de su sufrimiento y de la obscuridad que lo rodea y le envuelve. Con todo, esta condición no es la única fuente de ese sufrimiento o de la obscuridad en donde se encuentra. El infierno es también un lugar. Es un lugar que tiene todos los aspectos e ingredientes, que están en exacta concordancia con el estado de una persona, según lo producido o causado por la condición de su mente o alma.

No es un lugar de carácter universal, adecuado para albergar a todas las almas, independiente de las condiciones de grados de contaminación, de pecado y de obscuridad. No es un solo lugar, formando un hogar común para todas las almas caídas, sino se compone de muchos y de diversos lugares. Y como se ha dicho, existen muchos infiernos, con gradaciones del aspecto y de los alrededores, que sean convenientes para causar los sufrimientos adicionales que las almas tienen que aguantar. La expresión: "las profundidades más bajas del infierno", no es sin sentido, sino refleja una verdad - un hecho verdadero, existente, cuya realidad muchos espíritus ahora están experimentando.

En su sentido más amplio, el infierno es cualquier lugar fuera del cielo; y el cielo es ese lugar, donde todo que entre en él - su aspecto y calidades y sus habitantes - esté en armonía perfecta con las leyes respectivas de Dios y Su voluntad referente a las mismas.

Y esta declaración implica el hecho de que hay varios cielos. El cielo de los redimidos, o de aquellos, que recibieron la Esencia Divina en su alma y se convirtieron en la Naturaleza Divina del Padre, es un cielo distinto de ése, en donde viven los que restablecieron la condición perfecta de su amor natural, como lo tenían los primeros padre antes de su caída - la condición de la restitución a la humanidad de esa perfección, la que se perdió por la desobediencia del primer hombre y de la primera mujer.

Los mortales creen generalmente, que el cielo es una condición. Y la Biblia, en la que tantos creen, procura describir este cielo con sus calles de oro, y las puertas nacaradas, etc.; y, de hecho, es un lugar verdadero, substancial, que tiene todos los elementos y aspectos de un hogar de dicha, los mismos que ayudan a traer felicidad y alegría a sus habitantes, adicionalmente a la felicidad que su perfección y desarrollo de alma, les brinda.

Entonces, si el cielo es un lugar, que consiste de substancia verdadera, perceptible a los espíritus que lo habitan, ¿por qué no pude también el infierno ser un lugar de substancia verdadera, con esas cualidades y aspectos adecuados exactamente, para aumentar la infelicidad de los que se encuentren en el?

El mundo de los espíritus, el cielo y el infierno son lugares de substancia, teniendo sus planos, divisiones y limitaciones de ocupación. No son conceptos míticos, invisibles, de la mente, como ustedes, los mortales, ordinariamente se imaginan que son los fantasmas. Los espíritus de mortales son verdaderos, y más substanciales que los cuerpos físicos de mortales; además, estos planos y divisiones del cielo y del infierno, tienen una existencia más verdadera, de lo que los mortales la tienen en sus lugares de morada o del confinamiento en la vida terrenal.

Los infiernos son lugares de obscuridad y de sufrimientos, pero en ellos no existen fuegos o azufre, etc., como los predicadores y los profesores de las iglesias ortodoxas los pintaron tan comúnmente, porque no hay nada en ellos, lo que alimentaría los fuegos o que podría ser afectado por los fuegos. Y no hay demonios o Satanás, aunque sí hay espíritus malvados de los hombres que son más facinerosos, depravados y horripilantes de lo que se les jamás representó al demonio y a sus ángeles.

En tus comunicaciones, recibiste algunas descripciones muy realistas del infierno por parte de los que están viviendo realmente en el, y los que están sufriendo sus torturas y realidades, y no me tomaré el tiempo aquí para procurar describirlo detalladamente. Diré solamente que, igual que la mente de los hombres no logró nunca imaginarse las maravillas y las bellezas del cielo, tampoco nunca logró idearse los horrores y los sufrimientos del infierno.

Pero de todo esto, los hombres no deben entender, que el castigo y la obscuridad, que los espíritus malos sufren en los infiernos, son infligidos específicamente por el Padre por la "ira" que tenga contra estos espíritus, o para complacer "deseos por la venganza" o incluso para satisfacer una "justicia ultrajada", porque no es la verdad.

Cuando el hombre se convierte en un espíritu, él es su propio juez y verdugo, sometiéndose y recibiendo los resultados inexorables de la ley de lo que un hombre siembra, eso también cosechará. Ésta es una ley que hay que cumplir necesariamente para llevar a cabo la armonía del universo de Dios, que, por supuesto, es una necesidad absoluta. Puede parecerle al hombre, a primera vista, que es una ley áspera y cruel, sin embargo, en sus funcionamientos y resultados, incluso para el espíritu individual que sufre en la cosecha, es una ley muy benigna y benéfica, porque la obscuridad y los sufrimientos de pocos años, como ustedes, los mortales, dicen, producen una eternidad de luz y felicidad.

La ley debe regir. Pero en toda la aparente dureza, en el sufrimiento y en la falta de misericordia, el Gran Amor del Padre cubre a quien sufre, y finalmente consigue, que el alma profanada y perversa se transforme en un ser de pureza y bondad.

Los hombres tal vez nunca pensaron en este hecho: que si fuera posible, que estos espíritus malvados viviesen en el cielo, sus sufrimientos e infelicidad serían mayores que lo que aguantan viviendo en un lugar que está más de acuerdo, en su ambiente y aspecto, con sus propias condiciones torcidas del alma. Así pues, incluso en sus infiernos, el Padre es Misericordioso y Bueno con ellos. Con respecto a la segunda propuesta del predicador en su sermón - es decir, la duración del sufrimiento o de la vida del espíritu en el infierno - su conclusión fue, que esta duración del espíritu en el infierno es eterna, infinita, e interminable. ¡Cómo le debe haber lastimado y haber violado las enseñanzas de su alma y su concepto del Padre Amoroso, al llegar a semejante conclusión! Sin embargo, siendo limitado por sus credos, y por la dominación de su creencia, que la Biblia es la autoridad única sobre el infierno así como el cielo, en la convicción de su mente (y aquí deseo acentuar la palabra mente, porque su corazón no estaba de acuerdo), él declaró que la duración de los sufrimientos y de la vida en los infiernos es eterna; y que la expresión de Jesús lo demostró, no solamente porque estaba en la Biblia, sino también porque el significado verdadero de la palabra griega original no puede tener ninguna otra traducción. Cuando dijo eso, no sabía, o si lo sabía, no lo recordaba que ese Jesús, incluso si él utilizó esa expresión, no habló en griego, y para obtener el significado verdadero de la palabra usada por Jesús detrás de la palabra griega, él (el predicador) tiene que buscar la palabra como fue pronunciada por Jesús, para encontrar su significado verdadero.

Así, muchos predicadores y comentaristas en la Biblia procuran determinar una verdad vital por un matiz del significado, que piensan una palabra determinada en su original pudo haber tenido. Pero no existe fundamento ninguno para concluir que esa palabra tenía, cuando se la utilizó, un matiz en el significado, o que la original, como se la imaginan, realmente fue la palabra que originalmente se pronunció o se escribió. Parecen perder de vista el hecho, de que las escrituras de la Biblia - yo quiero decir, los manuscritos a los que se refieren para comprobar la veracidad de su conclusión - están muy lejos de las escrituras originales, y que, a causa del proceso de copia y recopia de la palabra, en la que confían, el matiz en el significado, que le asignan en sus interpretaciones, muy posiblemente no es la traducción exacta de la palabra originalmente usada. Por supuesto, no tienen ninguna manera de verificar este hecho; y, por lo tanto, tienen que recurrir a la mejor autoridad a la que puedan tener acceso. Pero bajo esas circunstancias, no es justificable, determinar un interrogante vital para el futuro y el destino del hombre por el matiz en el significado, que se puede dar a una o más palabras, sin referencia a otras alegaciones en el mismo libro, que tengan relación con el tema de la pregunta.

El predicador dijo en su conclusión en cuanto a la pregunta, él debe regirse por la Biblia solamente, que él no tenía ningún derecho de permitirse especulaciones referentes a las filosofías de otros hombres; y que él no podría encontrar nada en la Biblia, que justificaría una conclusión diferente de que la duración del castigo en el infierno es eterna. Bien, él no fue honesto consigo; porque si él hubiese buscado poco más a fondo, y hubiese dado tanto crédito a otras partes de la Biblia como al pasaje, lo que él citó, él habría encontrado una declaración fuerte de manera que los espíritus malvados en el infierno tienen la posibilidad de seguir adelante y salir; y no solamente eso, sino también que parte de la gran misión de Jesús, sobre cuya presunta declaración el predicador basó su conclusión, consistió en mostrar el Camino e inducir a estos espíritus malvados, que salgan de sus infiernos. Esto era el primer trabajo del Maestro después de convertirse en un espíritu, y él no hubiese procurado predicar a estos espíritus facinerosos en el infierno, si no hubiese existido ninguna posibilidad de que abandonen el mismo (Primera Epístola de Pedro 3:19,20). "... siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados que en otro tiempo fueron desobedientes, cuando en los días de Noé la paciencia de Dios esperaba, mientras se construía el arca. En esta arca fueron salvadas a través del agua pocas personas, es decir, ocho").

También, el predicador hubiese podido considerar más a fondo la contradicción presentada en la Biblia que, en el tiempo de Noé, debido a sus grandes pecados como mortales, Dios "castigó" a sus hijos como Él nunca castigó a ninguno de sus hijos por su desobediencia, destruyéndolos en su totalidad por una gran catástrofe, quitando a Sus únicas criaturas humanas que vivían de la faz de la tierra, y dejando así solamente a Noé y su familia, para servir como recordatorio del gran fracaso de Dios Mismo en su creación de lo más perfecto y de lo "muy bueno".

No, además de reconocer esta contradicción obvia, si el predicador hubiese buscado en la Biblia, él habría encontrado, que el infierno, que contenía a los espíritus de toda la raza humana que vivía en el tiempo del diluvio (con excepción de Noé y su familia), no fue eterno en su duración.

Y otra vez, si el predicador hubiese buscado incluso un poco más, él habría encontrado que el Maestro mismo declaró, por implicación forzosa, que, por lo menos para algunos de los malvados, que habían llegado a ser habitantes del infierno, existió la posibilidad de liberación en ciertas condiciones. Me refiero a la aseveración atribuida a él donde dijo, "Y a cualquiera que diga palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero." (Mateo 12:32.)

Ahora, para cualquier hombre razonable, existe solamente una interpretación de esta declaración, a saber: que para cualquiera y todos los pecados, con excepción del pecado contra el Espíritu Santo, habrá el perdón en el mundo venidero así como en el mundo mortal. Y porque esto es un hecho, es una conclusión incontrarrestable, que el Padre no obligaría a nadie permanecer en el infierno después de haberle perdonado los pecados.

No, el predicador no había buscado en las Escrituras, como era su deber hacerlo. Si hubiese podido liberar su mente de la creencia, que los credos de su iglesia le habían metido en su intelecto, y de las enseñanzas de los padres antiguos, así como de las iglesias que habían enseñado esas doctrinas falsas y condenables por tantos años, su conclusión habría sido muy diferente.

El predicador negó las viejas enseñanzas sobre el sufrimiento físico en el infierno, o de fuego o azufre, etc., y expresó su conmiseración con esos predicadores y otras personas, que habían enseñado esa doctrina, y con su responsabilidad tremenda y las futuras cuentas por rendir. Y su conmiseración fue necesaria y apropiada. Pero deseo decir aquí que él necesita tanta conmiseración, si no más, por la predicación de sus doctrinas falsas, como esos predicadores a quienes él se refiere. Él tiene más luz, o puede tenerla, y sus cuentas serán respectivamente mayores.

Te he escrito una larga carta y estás cansado, así que debo terminar. Pero antes de hacerlo, déjame decir la verdad, que el infierno no es un lugar de castigo eterno, que todos los infiernos, así como otras partes del mundo de los espíritus, son lugares de la progresión, y que el privilegio de la prueba no se le quita a ningún espíritu, no importa cuán malo sea; porque todos son hijos de Dios. Y en sus planes para perfeccionar la armonía del universo y la salvación del hombre, todos los infiernos serán vaciados y los infiernos mismos serán destruidos.

Pero los hombres no deben pensar por esto que la duración del sufrimiento en estos infiernos es necesariamente corta, porque no es verdad. Algunos de los habitantes malvados de estos lugares han permanecido en esa obscuridad y en el sufrimiento por siglos, como los mortales cuentan el tiempo, y pueden ser por siglos más. Pero el tiempo vendrá cuando despertarán al hecho de que pueden llegar a ser hijos de la luz; entonces, cuando se esfuercen por progresar, tendrán éxito.

Mientras más pronto la humanidad aprenda, que el infierno no es un lugar de castigo para satisfacer la "cólera" de un Dios "airado", sino simplemente el lugar de vida natural y necesario para el espíritu, cuya condición de alma y de la mente exige esa localización, mejor será para ellos. Además, que la condición cambia, y realmente cambiará. El infierno de la morada de un espíritu cambiará hasta que, finalmente, para ese espíritu, todos los infiernos desaparezcan.

Ya estás cansado y debo terminar. Así pues, te agradezco, y te dejo mi amor y mis bendiciones. Yo soy

Tu hermano en Cristo,

Pablo

 

 


 

 

La prueba existe entre los espíritus en los infiernos

 

Yo estoy aquí, Jesús

Tuviste razón en tu conjetura que estaba contigo esta noche y, como te imaginaste, yo estaba parado cerca de ti, cuando el predicador entregaba su sermón. Sentiste la influencia mi amor y simpatía, y también recibiste los pensamientos que sobreponía en tu cerebro.

El sermón del predicador fue un avance sobre la creencia del ortodoxo en muchos detalles. Pero en el detalle más importante, y en el que afectará a los mortales indispensablemente en su progreso en la vida espiritual, él estuvo equivocado, muy equivocado. Me refiero a su aseveración, que él no viera o conociera ningún pasaje en la Biblia, que le permitiría afirmar que exista una oportunidad para los espíritus de mortales para recibir el perdón, o para progresar de la condición de infierno a la luz y al cielo en el mundo de los espíritus, a menos que hayan comenzado a emprender ese viaje en la vida terrenal. Esto, como te dije, es una doctrina condenable, y, a partir de la época de mi vida en la tierra, ha infligido más daño en todos los siglos, que la mayoría de las otras enseñanzas de la iglesia, que asevera ser el representante de mí y de mis enseñanzas.

Muchas almas pobres llegaron al mundo de los espíritus con esta creencia firmemente fijada en sus mentes y conciencia. Y la dificultad fue muy grande y los muchos años antes de pudieron despertar de esta creencia y darse cuenta de que el Amor del Padre les espera en su vida espiritual igual que en su vida terrenal, que la oportunidad de la prueba nunca se cierra al hombre o al espíritu, y que eso nunca sucederá hasta el tiempo, cuando se retire la gran ocasión para el hombre, de convertirse en habitante de los Cielos Celestiales. Incluso entonces, la oportunidad de purificar su amor natural no cesará, y nunca lo sucederá, hasta que todos los que tienen la oportunidad, se convertirán en hombres perfectos en su amor natural.

Si hubiese buscado en las Escrituras, en las que él tan implícitamente cree, habría encontrado una autorización para aseverar que, incluso en el mundo de los espíritus, a los espíritus no redimidos de pecadores en la tierra, que morían sin haber llegado a ser reconciliados con Dios, se les predicó el Evangelio de la salvación (Primera Epístola de Pedro 3:19,20). Además, cuando él declaró que consta en la Biblia, lo que dije: "Y a cualquiera que diga palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero", si entonces el predicador hubiese fundado la construcción natural y la única implicada en esta aseveración, él habría encontrado, que el pecador, que descuida la oportunidad en la tierra, todavía tiene otra ocasión para su salvación en "el mundo venidero", como allí se refiere al mundo de los espíritus.

Así pues, incluso según su propia fuente de creencia y de la fundación de su conocimiento de estos sucesos del futuro, como predicador sincero de las Escrituras, estaría en el derecho, e incluso en la obligación, de declarar que la prueba no termina con la muerte física del mortal.

Hay un infierno, o más bien varios infiernos, igual que existe un cielo, o varios cielos. Y cuando un hombre se convierte en un espíritu, se le obliga a ocupar uno u otro de estos lugares - no porque Dios decretó que, debido a su creencia o condición en la tierra, un espíritu determinado debe ocupar ese lugar, sino porque la condición del desarrollo de su alma (o la falta de desarrollo) le hace apropiado y le destina a ese lugar y a ningún otro.

Dios hizo Sus Leyes de Armonía, y estas leyes nunca cambian. Y cuando un alma determinada consigue una condición de acuerdo con estas leyes, entonces esa alma se convierte en uno solo con el Padre y en un habitante de Sus Cielos. Y siempre cuando esa alma permanece fuera de esa condición, está en el infierno - que es la condición de estar fuera de la armonía con las leyes de Dios. Esto es el infierno, y no hay otra definición comprensiva de ello - cada situación o lugar que no es el cielo, es el infierno.

Por supuesto, hay muchas gradaciones del infierno, y estas gradaciones se producen por la condición del desarrollo del alma de los habitantes, que se determina por la cantidad y la cualidad de la contaminación y del pecado que existe en estas almas. El alma se desarrolla mientras el amor se purifica y se suprime el pecado. E igual que este proceso avanza, el alma comienza a desarrollarse.

Dios decretó que su universo, de hombres y objetos, sea armonioso. Solamente la criatura, hombre, se salió de esa armonía. Y a medida que el universo continúe, el único destino para el hombre es que vuelva a esa armonía de la que se salió por causa su albedrío desviado. Si Dios hubiese decretado, que el pecador que muere en sus pecados, siga por siempre en sus pecados y en un estado de antagonismo con esa armonía, como el predicador por la necesaria implicación declaró, entonces Dios mismo se convertiría forzosamente en la causa y la potencia para derrotar sus propias leyes de armonía, lo que ningún mortal sano podría creer, si él cree, o no, en las Escrituras.

Las leyes de Dios son fijas, inmutables, y siempre en armonía entre ellas y Su voluntad. Al saber eso, cada hombre pensante conocerá, y debe conocer, que siempre cuando un predicador, laico, filósofo o científico expone una propuesta u opinión, demostrando que, para que exista una cierta condición o verdad, las leyes de Dios tendrían que trabajar en conflicto o en oposición la una con la otra, entonces esa propuesta o opinión es falsa y no tiene ninguna base en la realidad.

Y por eso, para aceptar esta aseveración del predicador, que no existe la prueba después de la muerte, o como él dice, ninguna ocasión para progresar desde el infierno, que el mortal lleva consigo al mundo de los espíritus, el hombre tiene que creer, que para satisfacer Su "cólera" y para complacer las "demandas" de Su presunta justicia, el Padre Amoroso pone Sus leyes en conflicto entre ellas y destruye la armonía de Su universo.

El predicador habló, así dijo, como un científico y no como un profesor de religión. Pero, cuando él declaró la existencia eterna de los infiernos, la deducción que él hizo violó una de las leyes fundamentales de la ciencia; es decir, que de dos leyes que están en conflicto en el funcionamiento del universo de Dios, no pueden ambas tener validez como verdades. Solamente una de estas dos, que está en armonía con el resto de las leyes conocidas, debe valer como verdad. Entonces digo que, fundado en las Escrituras o fundado en la ciencia, el predicador no tenía ninguna base para presentar la afirmación falsa y deplorable, de que la muerte física acaba con la posibilidad del hombre de progresar de una condición o un estado de existencia en el infierno hacia la pureza y libertad del pecado, y a la armonía con las leyes perfectas de Dios, y los requisitos de Su Voluntad.

El predicador habló de su intelecto - a creencia mental de muchos años, y la memoria hace eco de lo que él había oído decir por otros predicadores y profesores, que dejaron en su conciencia las creencias en sus doctrinas falsas. Pero muy adentro en su alma, donde arde el Amor del Padre, y el sentido del alma crece, él no cree esta doctrina. Porque él se da cuenta de que este Amor del Padre es tanto mayor, más puro y más santo que cualquier otro amor que existe en el cielo o en la tierra, y que el Padre, de Quien proviene, debe ser más santo, más misericordioso, clemente y considerado de Sus hijos que cualquier padre mortal de los suyos. También, como el padre mortal, teniendo en su alma el Amor Divino, él sabe que su hijo no podría cometer ningún pecado u ofensa, que posiblemente podría llegar a ser imperdonable, o que él no permitiría con alegría al niño arrepentirse en cualquier momento. Y él debería verlo así, porque si él niega al Padre, de Quien este Amor Divino proviene, un Amor y una Compasión tan clemente a sus hijos al igual que él, el padre terrenal, ¡entonces el atributo supremo de Dios, Quien es Amor puro, no fuese igual al amor de su criatura! ¡El derivado fuese mayor, magnífico, más puro, y más Divino, que la Fuente de Agua viva de donde se deriva!

No, en su alma, el predicador no cree esta enseñanza falaz. Y ocasionalmente, él sufre en su alma por el conflicto que ocurre entre el cautiverio mental de su creencia intelectual y de la libertad de su sentido del alma - la criatura del Amor Divino que está en él, y de la única parte de Divinidad que él posee.

Y así se demuestra la paradoja grande y verdadera de la existencia, en el mismo mortal al mismo tiempo, de una creencia intelectual y de un conocimiento del alma, tan apartados como los antípodas. Y también se demuestra la verdad, la gran verdad, que la mente humana y el alma humana no son lo mismo, sino son diferentes la una de la otra, como la criatura de una creación especial (la mente) y la creación de la única parte del hombre hecha a la imagen de su Hacedor (el alma) tienen que ser necesariamente.

Pero algún día, el conocimiento del alma superará la creencia mental. Entonces el predicador sabrá que la armonía y la falta de armonía no pueden coexistir todo el tiempo, ese pecado y el error deben desaparecer, y solamente la pureza y la rectitud deben existir; y que cada hombre y espíritu tiene que convertirse en uno solo con el Padre, o como habitante de los Cielos Celestiales, o como el hombre perfecto, que primeramente apareció a la llamada de Dios, y por él fue pronunciado "muy bueno".

He escrito suficiente por esta noche y tengo que terminar. Pero antes de hacerlo, deseo decirte que estuve contigo hoy, y vi que estuviste muy feliz en tus pensamientos y en tu experiencia del alma. Otros espíritus estuvieron también contigo, rodeándote con su amor y su influencia.

Persevera en tus esfuerzos para obtener este Amor Divino - reza al Padre, y vendrá a ti en creciente magnitud, y con el, una felicidad maravillosa.

Vendré pronto y te escribiré otro mensaje. Así pues, con mi amor y mis bendiciones, te diré buenas noches, y que Dios te bendiga.

Tu hermano y amigo,

Jesús

 

 


 

 

No existen demonios ni Satanás, si se les considera como personas verdaderas y ángeles caídos

 

Yo estoy aquí, Jesús

Estoy contigo esta noche para advertirte que no dejes entrar ninguna duda en tu mente o tu corazón, que realmente somos nosotros que te escribimos, porque nosotros, y nadie más, nos estamos comunicando contigo.

El libro que lees es una trampa y una mentira, porque no existen ángeles que se convirtieron en demonios, como el autor de ese libro asevera. Nunca hubieron ángeles que, por ambición o por cualquier otra razón, se rebelaran contra el poder del gobierno de Dios, y de tal modo perdieron su estado como ángeles. Nunca había un Lucifer, y nunca existieron ángeles que fueron lanzados de las almenas del cielo al infierno, como se escribió. Y como ya te dije antes, no existen demonios ni Satanás, si se les considera como personas verdaderas y ángeles caídos.

Los únicos espíritus en el mundo de los espíritus son, los que algún tiempo fueron mortales y que vivieron sus cortas o largas vidas en la tierra. Y siempre cuando se menciona a los ángeles en la Biblia - o más bien, en el Nuevo Testamento, en los pasajes que contienen mis expresiones o las de los apóstoles (y yo me refiero a esas expresiones que realmente dijimos) - la palabra "ángel" se refiere siempre al espíritu de algún mortal, que había atravesado la línea entre la vida y la muerte, como comúnmente se lo entiende.

Deseo informarte esto en detalle muy pronto, e instruirte en cuanto a quiénes fueron los ángeles de Dios, que supuestamente existían antes de la creación del hombre y del mundo, y quienes fueron los habitantes del cielo antes de que el espíritu de Dios ingresara en el hombre y le convirtiera en un alma viva, como dice la Biblia. Pero el tiempo aún no es maduro para instruirte en estas materias, porque hay tantas verdades más importantes por enseñarte primero - las verdades que son vitales para la salvación del hombre y su felicidad en la tierra y en el mundo de los espíritus.

Pero eso tienes que creer: que jamás son "demonios", que te escriben o de cualquier manera se manifiestan a o a través de cualquiera de los mediums numerosos, que se utilizan para demostrar la existencia de los espíritus de hombres en el mundo de los espíritus, no importa si estos mediums sean buenos o malos.

Hay espíritus de toda clase, igual que existen mortales de toda clase, teniendo todos los rasgos y características de mortales. Y algunos de estos espíritus se pueden llamar con todo derecho espíritus infames o malvados, e incluso demonios. Pero no son nada más o menos que espíritus, como te los describí.

Sé que la creencia de la mayoría de la humanidad es, que existen demonios, y que son creaciones independientes de Dios, y hechas por Él para tentar y para infligir todo tipo de apuro y de infelicidad a los mortales. Y debido al vasto número de años, que esta creencia ya existe, y el hecho de que muchas de las iglesias todavía enseñan, que existen esos demonios y que siempre intentan tentar y perjudicar a los hombres, es duro y será difícil sugestionar a los hombres que crean que no hay demonios, lo que es la verdad.

Como te dije, nunca había un demonio o los demonios en el sentido como mencionan y enseñan las iglesias. Por lo tanto, nunca hubiesen podido poseer mortales o ser expulsados de ellos.

Es verdad que, por el funcionamiento de la Ley de Atracción, y la susceptibilidad de los mortales a las influencias de poderes espirituales, los mortales pueden convertirse en obsesionados por malos espíritus - es decir, malos espíritus de hombres, que una vez vivían en la tierra - y esta obsesión puede llegar a ser tan completa y poderosa, que el mortal viviente puede perder toda su potencia para resistir esta influencia del mal espíritu, y puede estar obligado a cometer acciones, que él no desea, o puede mostrar todas las evidencias de una mente distorsionada, e incluso puede presentar el aspecto de una pérdida de su potencia de voluntad y la pérdida de su capacidad en el ejercicio de sus poderes comunes, los que le fueron conferidos en su creación. Y en estos casos relatados de expulsión de demonios, dondequiera que ocurrieran (y ocurrieron realmente en algunos de los casos mencionados), los únicos demonios que existieron, fueron los espíritus malvados que habían poseído estos mortales.

Y esta obsesión existe hoy, igual que entonces, porque ahora las mismas leyes que entonces están en operación. Muchos hombres están en una condición de vida malvada y de mente disturbada por la obsesión de estos espíritus malvados. Y si hubiese un hombre hoy en esa condición de desarrollo de alma y creencia como mis discípulos la poseían, él podría expulsar este supuesto "demonio" igual que los discípulos lo hicieron en los días bíblicos.

Pero los hombres no tienen esta fe, aunque hay muchos que recibieron la bendición del influjo del Espíritu Santo. Pero no tienen la creencia, que el trabajo como los discípulos lo realizaron, se puede realizar ahora por ellos. Y de hecho, la mayoría de ellos creen, que fuese contrario a la Voluntad de Dios, procurar ejercer esas potencias; por lo tanto, nunca tratan de hacer ese trabajo.

Pero cuando los hombres aprendan, que Dios es el Mismo en todas las edades - que sus leyes trabajan de la misma manera; que la humanidad es la misma, en cuanto se refiere a las posibilidades del alma; y que la fe, que Dios permitió que el hombre la obtenga, se puede poseer ahora por él, igual que fue poseída por mis discípulos - entonces tratarán de hacer este trabajo de benevolencia, y tendrán éxito. Curarán al enfermo y expulsarán a los demonios, abrirán los ojos al ciego y los oídos al sordo, y realizarán los "supuestos milagros" como en mis días en la tierra.

No hay y nunca había un milagro, en el sentido de producir un efecto por una causa que no fue el resultado de los funcionamientos ordinarios de las leyes de Dios; porque estas leyes, en su funcionamiento, nunca varían. Y cuando la misma ley se llama en operación sobre la misma condición de hecho, se producirán siempre los mismos resultados.

Así pues, si un mortal tiene en su alma la misma cantidad del Amor Divino de Dios, a la que los escritores de la Biblia se referían, o deberían referirse, cuando hablaron de la dotación por el Espíritu Santo; y déjalo tener la fe necesaria que, cuando él reza a Dios, que Él le dará el poder de ejercer este Amor en un grado suficiente para producir los resultados deseados; y entonces déjalo intentar ejercer el poder de expulsar demonios o de sanar, etc., y encontrará que sus esfuerzos lograrán el éxito. Dios es el Mismo siempre y en todas las circunstancias, y solamente los mortales varían en sus conceptos y condiciones.

Digo que no existen demonios como criaturas independientes de Dios, en contraposición a los espíritus de los hombres que vivieron una vez en la tierra, y debes creer que no los hay.

Te digo ahora, que los profesores de esas doctrinas falsas tendrán que pagar las penas por sus enseñanzas falsas, cuando vengan al mundo de los espíritus y vean el resultado de estas enseñanzas. Y no se concederá ningún alivio, hasta que hayan pagado el último centavo. Creer esas doctrinas conlleva los resultados, que realmente son duros de aguantar por cualquier. Pero para un profesor, enseñar a otros estas creencia y convencerlos de su verdad, si él la crea realmente o no, le trae sufrimientos y una duración de los sufrimientos a ese profesor, de lo que los hombres no tienen ningún concepto.

No escribiré más esta noche, pero al terminar, diré que tienes mi amor y mis bendiciones, y cumpliré mis promesas de modo que realices tus expectativas, y estés en condición para llevar a cabo el trabajo, para el que te hemos seleccionado.

(El Sr. Padgett hizo una pregunta.)

Bien, dejas entrar la duda en tu mente, y, por consiguiente, tu alma no responde, aunque, puede parecerte raro, el Amor Divino está presente. Pero cuando exista esta duda mental, es como si hubiera una cubierta que previene, que brille la existencia del Amor en el alma y que produzca la gran sensación de felicidad y de alegría, que de otra manera podrías experimentar. La condición mental del mortal tiene indudablemente una gran influencia en la conciencia del hombre en cuanto a su posesión del desarrollo del alma y del Amor Divino. Por lo tanto, tiene que haber esta lucha continua entre las condiciones mentales y la conciencia del alma, mientras dure la vida en la tierra. Pero de manera que la creencia mental llegue a estar en armonía con la condición del alma, la lucha se debilitará siempre más y llegará a ser menos frecuente. Y es posible que la creencia mental cese totalmente y se subordine entera y absolutamente, o más bien, se absorba en la conciencia del alma que posee este Amor Divino del Padre.

Así pues, mi hermano querido, te diré buenas noches.

Tu hermano y amigo,

Jesús

 

 


 

 

Los espíritus que tienen poco desarrollo del alma, pueden ayudar a los que tienen aún menos desarrollo que ellos mismos

 

Yo estoy aquí, Juan el Apóstol

Deseo informarte esta noche sobre lo que hacen los espíritus, que no han recibido el Amor Divino del Padre, o lo que les sucede, como podrías decir, para salir de su obscuridad y sufrimiento, y progresar a una condición más feliz.

Bien, cuando estos espíritus de la vida inicua o pecaminosa primeramente vienen al mundo de los espíritus, ingresan en lo que se llama el nivel terrenal; y cuando digo el "nivel terrenal", quiero decir, esas esferas que son las más cercanas a la tierra, y participan en gran parte en lo material. Son recibidos por sus amigos, que posiblemente estuvieron con ellos en la hora de su muerte, y ellos les confortan hasta cierto punto y les familiarizan con su ambiente. Esto puede durar un tiempo más corto o más largo, lo que depende de la capacidad del espíritu para entender su condición cambiada de mortal a espíritu. Después de asimilar la condición de conciencia por el espíritu, estos amigos lo abandonan. Un espíritu de guía, cuyo deber es realizar la tarea, le acompaña o conduce al lugar, o al plano, que le es adecuado para ocupar, y que, por los funcionamientos de la Ley de Igualación, él debe ocupar. En este lugar, está rodeado por, y debe asociarse con espíritus de una condición similar del desarrollo como el suyo propio, hasta que algún cambio venga a él, que le acondicione para un lugar superior.

Por supuesto, este cambio puede venir pronto o le toma mucho tiempo para lograrlo - todo esto depende de la comprensión por el espíritu en cuanto a cuál es su condición, y al hecho de que existe una posibilidad para progresar. Él no puede dar origen a este cambio por sí mismo, porque la ley que fija su lugar o la condición, no deja de funcionar hasta que otra ley entre en la operación, que permite y ayuda en el cambio.

La única manera, como este cambio de condición puede llevarse a cabo, es por las influencias de otros espíritus de una posición más iluminada y superior a la del espíritu, de cuya posición hablé. Estas influencias no vienen necesariamente de los espíritus, que han recibido el Nuevo Nacimiento, sino pueden venir de los espíritus que no saben nada sobre El, y que tienen solamente el amor natural. E incluso no necesitan ser de un alto orden del desarrollo del intelecto o del alma, sino que deben estar en una condición, que conozcan y pueden indicarle al espíritu inferior la posibilidad de progreso y la manera, como puede lográrselo.

Muchos espíritus, que se encuentran en una posición o condición obscura, pueden ayudar a otros, que están en una condición aún más obscura, igual que un estudiante de un curso bajo en una escuela en la tierra, muy posiblemente no puede ser capaz de enseñar todo lo que se enseña o puede aprenderse en esa escuela, sin embargo, él puede enseñar a aquellos de un curso inferior al suyo propio, las materias las que el había aprendido en el progreso de su propio curso.

Todos los espíritus tienen un trabajo que realizar. Y estos espíritus de poco desarrollo, se dedican a enseñar a los de menos desarrollo, la manera de conseguir la misma condición, que los que los enseñan poseen. Pero, por supuesto, estos últimos no pueden enseñar nada que pertenece a una condición superior a aquella en donde se encuentran. En esos casos, el progreso es muy lento por muchas razones, y a veces le toma siglos a un espíritu, para progresar de este plano muy bajo a uno superior, donde solamente existe una cantidad mínima de felicidad.

Así ves, para ayudar a estos espíritus obscuros, no es necesario que el espíritu que ayuda tenga el Amor Divino en su alma. Pero todo eso significa, que el espíritu al que se ayuda de esta manera, no puede progresar posiblemente más allá de lo que su amor natural, la conciencia moral y las dotaciones intelectuales le permiten. Ninguna progresión del alma a una comprensión del Amor Divino del Padre o a las Esferas Celestiales ocurrirá. Es importante que tú y toda la humanidad lo conozcan, por la razón que tú y otros pueden aprender lo que el desarrollo verdadero del alma significa, y cómo los espíritus que poseen este desarrollo del alma, pueden ayudar con eficacia al resto de los espíritus, buenos o malos.

Aparte de esto, puedes suponer que los espíritus a los que oyes charlar en las sesiones de espiritismo, donde todas las clases y condiciones de espíritus se reúnen y prometen ayudar a los mortales y los espíritus, no poden ayudar, porque algunos de ellos mismos están en condiciones obscuras y bajas. Sin embargo, de cierta manera, todos los espíritus pueden ayudar a otros espíritus que estén en una condición inferior; y a veces, en el principio de la progresión, lo hacen más satisfactoriamente que los espíritus más altos. Esto se debe a que estos espíritus obscuros, que intentan ayudar a los espíritus más obscuros, están más en armonía con ellos, y los espíritus más obscuros les escuchan con más interés y creencia en la posibilidad que pueden ayudarles.

Pero esta es una ayuda que no trabaja de tal manera que lleve a los espíritus, que reciben esa ayuda, a perder sus deseos y recuerdos muy rápidamente, y a progresar a los planos superiores sin el gran sufrimiento del que te hablamos.

Pensé escribirte esto por la razón que, en tus investigaciones y enseñanzas de la vida espiritual, tal vez no des la importancia debida a la posibilidad de un espíritu obscuro ayudando a otros. Todas las fases del don de médium, cuando se las conduce sinceramente, tienen su lugar apropiado y trabajan en el plan de Dios para la salvación; y ninguna de ellas se debe considerar como inútil o sin designio especial.

Por supuesto, la fase de la ayuda a los espíritus mencionada arriba, es la forma más baja, y es simplemente preliminar al gran trabajo que los espíritus superiores hacen, realizando el gran plan de salvación, que te ha sido explicado. El trabajo importante es el de los espíritus, que conocen lo que es el Amor Divino del Padre, y lo que prepara a los espíritus y a los mortales para el disfrute de la gran felicidad que prevalece solamente en las Esferas Celestiales (y también en las Esferas del alma en un grado inferior).

Cuando un espíritu, que es obscuro, aprenda de este gran Amor, y se esfuerce por obtenerlo, y rece sinceramente por la ayuda del Espíritu Santo (que es el mensajero del Amor de Dios), él progresa mucho más rápido, y su sufrimiento y obscuridad le dejan más pronto, y gran felicidad viene a él.

Sin embargo, te digo, el trabajo de estos espíritus inferiores, de los que hablé, es un gran trabajo, y no debe subestimarse. Así recuerda, lo que he escrito y da el debido crédito a este trabajo.

No escribiré más, sino con todo mi amor y mis bendiciones, te diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

Juan

 

 


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