Revelaciones Angelicales – el Evangelio revelado nuevamente por Jesús


 

Capítulo 12

El juicio – la Ley de Compensación y el Perdón

 

 

Después de la muerte, el juicio: Qué es y qué no es. (Jesús)

El verdadero perdón es el olvido. (Pedro el Apóstol)

El Perdón Divino. (Ann Rollins)

La Ley de Compensación. (John Bunyan)

La Ley de Compensación se quita del alcance de Su operación cuando el Amor Divino llene el Alma en suficiente magnitud. (Helen Padgett)

   


 

 

El juicio – la Ley de Compensación & Perdón

 

 

Después de la muerte, el juicio: Qué es y qué no es

 

Yo estoy aquí, Jesús

Yo estoy aquí y deseo escribir unas pocas líneas con referencia al "gran día del juicio," del que los predicadores y maestros de teología escriben tan a menudo. Yo sé, que la Biblia, o más bien algunos de sus libros, ponen mucho énfasis en este día cuando, como ellos aseveran, Dios vaciará Sus "vasos de ira" sobre los impíos y les condenará a una eternidad de castigo.

Existe, como sabes, una gran diversidad de opiniones entre estos hombres estudiados, sobre el sentido y significado de este "día del juicio," y cuando, en un punto de vista cronológico, tendrá lugar. Todas estas opiniones variadas se mantienen por estudiantes y maestros, quienes las abrazan y las proclaman al mundo como verdaderas y libres de duda.

Bien, es cierto que todos los hombres tienen que morir y que vendrá el juicio; y lo que sigue a la muerte es tan cierto como la muerte misma, y tan razonable, como una causa es seguida por un efecto. Así los hombres no deberían tener ninguna dificultad en creer en el juicio como un hecho, que no puede evitarse, igual que la muerte no puede evitarse.

Pero cuando se usa la palabra y el hecho, "juicio," como un efecto o consecuencia de la muerte, puede tener muchos significados en las opiniones y entendimientos de muchos hombres, lo que depende de lo que los hombres creen sobre temas que se llaman religiosos, científicos o filosóficos. Para el ultra-ortodoxo, este término "juicio" significa, y necesariamente involucra, el pronunciamiento activo de una "sentencia" por Dios - esta a causa de la vida y de los pensamientos de los hombres, y determinada por ellos, mientras viven su vida mortal, sin tomar en consideración ninguna de Sus leyes generales y la operación de estas. Dios es, Él Mismo, el "Juez" - personal y presente - y Él, en esta capacidad, conoce y analiza la vida y las obras de cada hombre, lo que forma la base de la "sentencia", que Él tiene que pronunciar sobre cada caso individual. Dios lleva un registro de todas estas acciones de los hombres, o, si se le concede al hombre, que lleve su propio registro, sus archivos son, o serán abiertos o presentados en el momento de la "gran asamblea para el juicio", así que nada pueda perderse. Entonces, en base de este registro, los hombres serán enviados a la eterna felicidad o al castigo interminable, o, como algunos creen, a la destrucción o aniquilación.

Otros, no ortodoxos, quienes creen en la supervivencia del alma y las memorias continuas de las acciones y pensamientos de los hombres, enseñan que el juicio seguirá a la muerte como una consecuencia natural de las operaciones de la Ley de Causa y Efecto; y uno puede escaparse del efecto hasta que, de alguna manera, venga la comprensión a la conciencia de los hombres, que el efecto, en su sufrimiento, ha satisfecho a la causa, y que no hay nada misterioso o anormal en la apariencia y operación del juicio. Ellos no creen, que Dios, por alguna interposición especial o "castigo" personal, pronunciará el juicio, o determinará los méritos o desmerecimientos de la persona llamada al juicio.

Además de estos puntos de vista, hay otros en existencia, en los que se cree. Pero los dos que yo mencioné, son los principales y suficientes para demostrar, que la gran mayoría de los hombres que piensan, o, más bien, que creen, concluye, lo que el término "juicio" debería significar o como se debería entender su significado, como se lo usa en la Biblia.

Bien, el juicio del alma humana es un importante acompañamiento de la vida humana, tanto en la carne como en el mundo de los espíritus. Y con respecto a las revelaciones y castigos del alma, difícilmente existe algo que merezca más pensamientos y consideración por los hombres; porque es una certeza, que no puede evitarse por los hombres, sin tomar en consideración la verdad o falsedad de sus creencias existentes. El Juicio sigue tan ciertamente a lo que los hombres llaman la muerte, como la noche al día, y ninguna filosofía o dogmas teológicos o determinaciones científicas pueden cambiar el hecho, o en algún modo cambiar el carácter o la operación exacta de este juicio.

Pero el juicio no es algo que pertenece sólo al período o la condición después de la muerte, porque está presente y opera sobre los hombres desde el tiempo, cuando ellos encarnan en un cuerpo humano, hasta que ellos desencarnen, y después continuamente hasta que las causas de los efectos hayan sido satisfechas, y no permanezca nada para ser juzgado - y este final feliz también es un hecho.

Todos los hombres dependen en su progreso, hacia las condiciones de armonía, de leyes establecidas, que pronuncian el fallo. Estas leyes funcionan en la tierra, y los hombres son juzgados continuamente por las causas que originan, y después de la muerte, el juicio es sólo una continuación del juicio recibido por los hombres mientras viven en la tierra.

Por supuesto - los hombres quizás no lo saben - estos juicios, o sus efectos, llegan a ser más intensos, después de que los hombres se hayan liberados de las influencias de la existencia en la carne y se hayan convertidos en espíritus, que sólo tienen cualidades de espíritus. Por eso, los hombres tienen que comprender e intentar comprender, que la expresión "después de la muerte, el juicio" tiene un mayor significado, y tiene más importancia vital que la fórmula, que el "juicio está con los hombres durante toda su vida de mortales."

Después de la muerte, las causas de la falta de armonía con la ley se harán más pronunciadas, y aparecen en su verdadero significado y fuerza. En consecuencia, con esta revelación, los efectos llegan a ser más intensos y comprendidos, y los hombres sufren más y se dan cuenta de las tinieblas, y a veces las tinieblas profundas, que estos efectos producen. La falta de armonía aparece en una realidad tan desnuda y abierta, y la operación de la ley trae los castigos exactos a los hombres, que sus infracciones exigen.

El hombre es su propio contador. Y en su memoria están registrados todos los pensamientos y acciones de su vida terrenal, que no están de acuerdo con la armonía de la Voluntad de Dios, la que se expresa o se manifiesta por Sus Leyes. El juicio no es asunto de un día o un tiempo determinado, sino jamás cesa mientras exista algo, sobre lo que puede operar; y disminuye, en proporción, a como las causas de la falta de armonía desaparezcan.

Dios no está presente en "ira" exigiendo "reparación," como lo hace el humano, quien cree que ha sido perjudicado por otro. No, el Padre está presente sólo en amor. Y cuando el alma del que sufre el castigo (que sus propios hechos y pensamientos le impusieron) llegue a estar más en armonía con la Voluntad del Padre, Él, como ustedes mortales dicen, está contento.

Jamás un Dios "enojado", "regocijando" en la satisfacción de que un castigo se paga por uno de Sus hijos pecadores, sino siempre un Padre Cariñoso regocijando en la redención de Sus hijos de un sufrimiento, que una violación de las Leyes de Armonía exige con certeza.

Entonces como digo, el día del juicio no es un tiempo especial, cuando todos los hombres tienen que reunirse en Presencia de Dios y se pesa sus pensamientos y hechos en la balanza, y entonces, según su bondad o iniquidad, reciben la sentencia, que un Dios enojado, o incluso justo, pronuncia sobre ellos.

El día del juicio es todos los días, tanto en la vida terrenal del hombre como en la vida de espíritu, donde la ley de compensación sigue funcionando. En el mundo de los espíritus, se desconoce el tiempo, y cada hálito es una parte de la eternidad; y con cada hálito, siempre cuando la ley lo requiera, viene el juicio, continuamente y no satisfecho, hasta que el hombre, como espíritu, alcance esta condición de armonía, por la que la ley ya no demanda un juicio de él.

Por lo que escribí, los hombres no deben suponer o engañarse creyendo que, porque no existe un día de juicio especial, cuando Dios pronunciará Su "sentencia," el juicio por eso no es tanto para temer o rehuir. No, este estado de pensamiento aliviará sólo por un momento, porque el juicio es cierto; y no es de temer menos, porque la ley inmutable, en vez de un Dios "enojado", demanda la restauración exacta.

Ningún hombre, quien ha vivido y murió, se escapó, y ningún hombre quien morirá después, puede escaparse de este juicio, a menos que, por cierto Camino suministrado por el Padre en Su Amor, él llegue en armonía con las leyes que exigen la armonía. "Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará" es tan verdadero como es el hecho que el sol brilla igualmente sobre los justos e injustos. La memoria es el archivo del hombre del bien y del mal, y la memoria no muere con la muerte del cuerpo físico del hombre. Al contrario, la memoria se aviva - totalmente viva - y nada se deja atrás o se olvida, cuando el hombre espíritu desecha el impedimento y las influencias entorpecientes y engañosas del único cuerpo del hombre, que fue creado para que muera.

El juicio es real, y los hombres tienen que enfrentarlo cara a cara. La falta de creencia, incredulidad, o indiferencia, o la aplicación del dicho a la vida de los hombres "suficiente para el día es su mal," no da ninguna escapatoria a los hombres, para evitar el juicio o las consecuencias de su demanda.

Existe un Camino, sin embargo, como los hombres pueden transformar el juicio de la muerte en el juicio de la vida, la falta de armonía en armonía, el sufrimiento en felicidad, y el juicio mismo en algo deseable.

En otra parte hemos escrito sobre este Camino abierto a todos los hombres, y no trataré de describirlo aquí.

Ya he escrito suficiente por esta noche. Estás cansado y no debo continuar más adelante.

Así, con mi Amor, diré buenas noches.

Tu hermano y amigo,

Jesús

 

 


 

 

El verdadero perdón es el olvido

 

Yo estoy aquí, Pedro el Apóstol

Déjame escribirte unas pocas líneas, porque yo estoy muy ansioso de escribirte con referencia a una verdad, que prevalece en nuestro mundo de los espíritus, y con la que tú probablemente no estás familiarizado.

Como tal vez no sabes, hay una ley en nuestro mundo, que produce, que el alma de alguien, quien todavía no ha sido purificado, sufra castigos por las acciones de pecado y mal, de las que él haya sido culpable durante su vida terrenal. Y no existe el perdón de estas acciones en el sentido, como los teólogos e iglesias enseñan este perdón. El único perdón es el cese de recuerdo de estas acciones, así que ellas se convierten, como si nunca hubiesen ocurrido; y de manera como el alma llega a estar pura naturalmente y en armonía con las leyes de su creación, ella entonces llega a su condición natural. Entonces, y sólo entonces, el perdón tiene lugar.

Dios no perdona solo por la acción de pronunciar el perdón, o quitando arbitraria y repentinamente los pecados, apartando así la condición, la que crea la falta de armonía. Y así comprenderás, que Él no puede perdonar el pecado de este modo, y ni lo pueden los papas, sacerdotes, maestros o iglesias. El pronunciamiento del perdón por estos hombres, constituye una decepción de, y un perjuicio a, las personas, quienes rezan y piden por el perdón; y por esa decepción, estos hombres tendrán que responder, cuando lleguen al mundo de los espíritus y conozcan la verdad del perdón, y la gran decepción, que ellos habían practicado sobre aquellos, quienes fueron sus discípulos y creyentes en estas falsas doctrinas. Muchos espíritus viven y sufren ahora en las tinieblas en sus purgatorios sólo a causa de sus creencias en estas enseñanzas engañosas y sus resultados.

No existe perdón hasta que el hombre haga el esfuerzo, luchando y logrando liberarse de estos recuerdos. Y esa liberación puede ser obtenida sólo, cuando los hombres se den cuenta del hecho de que el pecado es sólo el efecto de que habían cometido aquellas fechorías, y pensado aquellos pensamientos, que están fuera de armonía con la Voluntad de Dios y de las leyes, que rigen la creación del hombre.

No puede existir un pecado del cuerpo físico, o del cuerpo espiritual, sino sólo del alma por el ejercicio del albedrío de una manera antagónica a la Voluntad del Padre. El cuerpo, por supuesto, es afectado por estos pensamientos disonantes y directrices obligatorias del albedrío, y es incitado por eso a cometer la acción, que es la muestra exterior del ejercicio disarmonioso del albedrío. Como Dios le deja al hombre la libertad de ejercer su albedrío (como el albedrío puede ser influenciado por pensamientos, deseos, y afectos de sus apetitos y anhelos), así Dios le deja al hombre la aplicación de los remedios, que liberarán el alma de esas influencias y efectos, como el ejercicio del albedrío los causa. Y sólo cuando estos pensamientos, apetitos y anhelos se eliminen de su alma y deseos, el alma recupera su condición natural y la armonía con la Voluntad de Dios.

El hombre, mismo, tiene que ser el actor y la fuerza inicial para realizar estos cambios en su albedrío, y ninguna afirmación de perdón por papas, sacerdotes, o iglesias puede erradicar estas influencias contaminantes, o quitar lo que es la causa del pecado o el efecto de la causa. Tú tienes que ver, que no puede haber relación entre la promesa de perdón y el pecado, o su causa. La Oración al Padre por el perdón, o la súplica a los sacerdotes e iglesia, presuntamente logra el objetivo buscado, pero esta creencia es errónea y no conlleva el alivio, por lo que uno reza. Sin embargo, la oración es un elemento muy importante en el perdón. Porque el Padre no perdona, y los sacerdotes e iglesias no pueden perdonar el pecado de la manera mencionada, sin embargo, la oración verdadera, sincera al Padre por el perdón traerá su respuesta. Esa respuesta no afectará el pecado, sino el alma y el estado de los hombres, así que su albedrío y apetitos y deseos pueden ser influenciados de tal manera, que ellos reciben y notan el hecho de una ayuda maravillosa, cambiando estos apetitos y deseos, y dirigiendo sus pensamientos a aquello, que les capacitará para quitar de sus recuerdos aquellas acciones y pensamientos, que son las causas, por las que sus almas viven en un estado de pecado.

Si los hombres sólo notasen estas verdades y, cuando desean el perdón de sus pecados, rezasen al Padre por que les ayude dar la espalda a estos pensamientos y a ejercer su albedrío de acuerdo con Su voluntad, y no esperasen algún perdón arbitrario o que se les quitase sus pecados, ellos se encontrarían en el camino a este olvido y perdón verdadero.

Bien, quise escribir este mensaje corto y estoy contento que pudiese hacerlo. Te agradezco y diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

Pedro

 

 


 

 

El Perdón Divino

 

Yo estoy aquí, Tu abuela

Vine para escribirte acerca del Perdón del Padre, y para aclararte este tema, que ha sido tan poco comprendido, desde que los hombres comenzasen a distorsionar las enseñanzas del Maestro.

El Perdón es esta operación de la Mente Divina, que rescata al hombre de los castigos de los pecados, que él ha cometido, y le permite, que dé la espalda a sus pensamientos malos y hechos y que busque el Amor del Padre; y, si él con sinceridad lo busca, que encuentre la felicidad, que está esperando ser obtenida.

Esto no viola ninguna ley, que Dios ha establecido para impedir, que el hombre evite los castigos por sus violaciones de la ley de Dios, controlando su conducto. La Ley de Compensación - todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará - no se deja al lado. Pero en el caso particular, cuando un hombre llegue a ser penitente, y en toda seriedad rece al Padre por el perdón de sus pecados y la transformación en un hombre nuevo, la operación de otra y mayor ley se activa. La vieja Ley de Compensación es anulada, y, de hecho, absorbida en el poder de esta Ley superior del Perdón y Amor.

Así ves, no se deja al lado ninguna de las leyes de Dios. Como en el mundo físico ciertas leyes menores son superadas por leyes mayores, así es también en el mundo de los espíritus, o en la operación de cosas espirituales, las leyes mayores tienen que prevalecer sobre las menores. Las leyes de Dios jamás cambian, pero la aplicación de estas leyes a hechos y condiciones particulares parecen cambiar. Cuando dos leyes lleguen a un aparente conflicto, la menor tiene que dar paso a la mayor.

Las leyes espirituales son tan fijas como las leyes físicas, que controlan el universo material. Y ninguna ley que se aplica a la misma condición de hechos, nunca es diferente en su operación o en sus efectos. El sol y los planetas, en sus movimientos, se rigen por leyes fijas, y ellas funcionan con una exactitud, que los hombres, quienes estudian estas leyes y las comprenden pueden, con una precisión casi matemática, predecir los movimientos de estos cuerpos celestiales. Esto significa sólo, que mientras el sol y las planetas permanezcan como ellos están, y estén expuestos a las mismas influencias, y no encuentren una ley operando de una manera contraria a las leyes, las que usualmente los controlan, estos planetas y el sol repetirán sus movimientos año tras año en la misma manera y con la misma precisión. Pero supongamos, que una ley más poderosa y contraria venga en operación, e influya en los movimientos de estos cuerpos. ¿Supones por un momento, que ellos perseguirían el mismo curso como si la ley mayor no se hubiese entrometido?

El efecto de esto no es dejar al lado la ley menor, o incluso cambiarla, sino subordinarla a las operaciones de la ley mayor. Y si estas operaciones fuesen quitadas, o cesasen de actuar, la ley menor reasumiría sus operaciones en estos planetas otra vez, y ellos se moverían de acuerdo con ellas, justo como si su poder no hubiese sido afectado nunca, por la ley mayor.

Así es también en el mundo de los espíritus, cuando un hombre ha cometido pecados en la tierra, la Ley de Compensación demanda, que él pague el castigo por estos pecados, hasta que se cumpla una plena expiación, o hasta que la ley esté satisfecha. Esta ley no cambia en sus operaciones, y ningún hombre puede evitar o huir corriendo de la demanda inexorable de esta ley. Él no puede, por sí mismo, menguar una jota ni una tilde de los castigos, sino tiene que pagar hasta el último centavo, como el Maestro dijo. Y como consecuencia, él no puede esperar de sí mismo cambiar las operaciones de esta ley.

Pero, como el Creador de todas las leyes ha suministrado otra ley y superior (que bajo ciertas condiciones puede ser puesta en operación, y causar que la primera ley cese de funcionar) el hombre puede experimentar el beneficio de la operación de esta ley superior. Así, cuando Dios perdona a un hombre sus pecados y le transforma en una nueva criatura en su naturaleza y amor, en este caso particular, Ël no aniquila la ley de compensación, sino quita sobre lo que la ley puede actuar.

El pecado es una violación de la ley de Dios, y el efecto del pecado es el castigo, que la infracción impone. El sufrimiento de un hombre por los pecados cometidos no es el resultado de la "condenación especial" por Dios en cada caso particular, sino es el resultado de la operación y de los azotes de su conciencia y recuerdos. Mientras la conciencia trabaje, él sufrirá; y mientras mayores los pecados cometidos, mayor será el sufrimiento. Ahora, todo esto implica, que el alma de un hombre está llena en un mayor o menor grado de estas memorias, que por el tiempo constituyen su existencia misma. Vive con estas memorias, el sufrimiento y el tormento, que resultan de ellas, nunca pueden dejarle, hasta que las memorias de estos pecados, o los resultados de ellos, cesen de formar parte de él mismo y dejen de ser sus acompañantes permanentes. Esta es la inexorable Ley de Compensación. Y el hombre, por sí mismo, no tiene escapatoria de esta ley, excepto por esta larga expiación, que quita estas memorias y cumple con la ley.

El hombre no puede cambiar esta ley, y Dios no lo hará. Así, como digo, la ley jamás cambia. Pero recuerda esto: Para que la ley funcione, un hombre tiene que tener estas memorias, y ellas tienen que formar una parte de su existencia misma.

Ahora, suponiendo que el Creador de esta ley haya creado otra ley por la que, bajo ciertas condiciones, y si un hombre hace ciertas cosas, estas memorias le son quitadas, y ya no constituyen una parte o porción de su existencia. Entonces, yo pregunto, ¿qué hay en o de este hombre, sobre lo que esta Ley de Compensación pueda actuar u operar? La ley no cambió; ni siquiera se la deja al lado. Pero aquello sobre lo que puede operar ya no existe, y en consecuencia, no hay razón, o existencia de hechos, lo que la llame a operación.

Así, digo, como hacen tus científicos y filósofos, que las leyes de Dios son fijas y jamás cambian. Pero yo digo además, lo que ellos no perciben, a saber, que, si por ciertas condiciones, las que hoy pueden activar estas leyes y realmente las activan, cambian mañana, o dejan de existir, entonces estas leyes ya no operan.

Cuando se declara la Verdad del perdón del pecado por Dios, muchos hombres sabios alzan sus manos y gritan: "Las leyes de Dios no cambian, e incluso Dios Mismo no puede cambiarlas. Para efectuar un perdón de los pecados, la gran Ley de Compensación tiene que ser quebrantada. Dios no hace ese milagro, o concede una dispensa especial. No, el hombre tiene que pagar el castigo de sus hechos malos, hasta que se satisfaga la ley."

¡Cuán limitado es el conocimiento de los mortales, y de los espíritus también, del poder y de la sabiduría y el Amor del Padre! Su Amor es lo mayor y supremo en todo el universo, y la Ley de Amor es la ley suprema. Cualquier otra ley le está subordinada, y tiene que trabajar en unísono con ella. Y el Amor - el Amor Divino del Padre - cuando se lo confiere a un hombre y él lo posee, es el cumplimiento de todas las leyes. Este Amor libera al hombre de todas las leyes excepto de la ley de El Mismo. Y cuando el hombre posee este Amor, él no es esclavo de ninguna ley y es libre, de verdad.

La Ley de Compensación y todas las otras leyes que no estén en armonía con la Ley de Amor, no tienen nada sobre lo que puedan operar en el caso de este hombre. Las leyes de Dios no cambian en cuanto a este hombre, sino simplemente ya no tienen existencia.

Ahora, que todos los hombres, sabios y no sabios, sepan que Dios, en Su Amor y sabiduría, suministró un medio por lo que el hombre, si así lo desea, puede escapar de la inmutable Ley de Compensación y llegar a estar ya no sujeto a su demanda y castigos. Además, esto está dentro de la comprensión y del entendimiento de cada alma viva, sea santa o pecadora, sea un hombre sabio o sea ignorante.

El intelecto, en el sentido de haber estudiado, no está involucrado. Sino el hombre, quien sabe que Dios existe y le provee con alimento y ropa como resultado de su trabajo diario, así como el gran científico o filósofo intelectual, puede aprender el Camino hacia estas Verdades redentoras. No quiero decir, que un hombre, solo por el ejercicio de poderes mentales, puede recibir el beneficio de esta gran provisión para su redención. El alma tiene que buscar, y encontrará. Y el alma del sabio tal vez no sea tan capaz de recibir como el alma del ignorante.

Dios es Amor. El hombre tiene un amor natural, pero este amor natural es no suficiente para permitirle que encuentre este gran medio del que hablo. Sólo el Amor Divino del Padre es suficiente, y Él quiere, que todos los hombres tengan este Amor. El mismo que se da gratuitamente y espera ser otorgado a todos los hombres. Pero, puede parecer raro, Dios no otorgará, y puedo decir, no puede otorgar este Amor, a menos que el hombre lo busque y pida por El en sinceridad y fe.

El albedrío del hombre es una cosa maravillosa, y se interpone entre él y este Amor, cuando él omite ejercer el albedrío para buscarlo. Ningún hombre puede asegurarse este Amor contra su voluntad. ¡Qué cosa más maravillosa es el albedrío del hombre, y cómo éste debería estudiarlo y aprender, qué gran parte de su ser es el!

El Amor del Padre entra sólo en el alma de un hombre, cuando él lo busca por la oración y la fe. Y por supuesto, esto implica, que él quiere que el Amor venga a él. A ningún hombre jamás se niega este Amor, cuando él lo pide apropiadamente.

Ahora, este Amor es una parte de la Divina Esencia. Y cuando un hombre lo posee en suficiente magnitud, él se transforma en parte de la Divinidad Misma. En lo Divino, no existe pecado o error; en consecuencia, cuando el hombre se convierta en parte de esta Divinidad, el pecado o el error ya no pueden formar parte de su existencia.

Ahora, como he dicho, el hombre, quien no tiene este Amor, tiene sus memorias del pecado y las malas acciones, y, bajo la Ley de Compensación, tiene que pagar los castigos. Sin embargo, cuando este Amor Divino entre en su alma, El no deja espacio para estas memorias. Y cuando él llegue a estar más y más lleno de este Amor, estas memorias desaparecen, y sólo el Amor habita en su alma, para decirlo así. Como consecuencia, no permanece nada en él, sobre lo que esta ley pueda operar, y el hombre ya no es su esclavo o sujeto. Este Amor es suficiente, por Sí Mismo, para limpiar el alma de todo pecado y error, y para hacer al hombre uno solo con el Padre.

Esto es el perdón del pecado, o más bien, el resultado del perdón. Cuando un hombre reza al Padre por este perdón, Él jamás se hace el sordo, sino dice, en efecto: "Yo quitaré tus pecados y te daré mi Amor. Yo no dejaré al lado o cambiaré mi Ley de Compensación, sino Yo quitaré de tu alma todo, sobre lo que esta ley pueda funcionar. Entonces, para ti, será como si no tuviese existencia."

Yo sé por mi experiencia personal que este perdón es algo real, verdadero, existente. Cuando el Padre perdona, el pecado desaparece, y sólo el Amor existe. Y este Amor, en Su plenitud, es el cumplimiento de la ley.

Así deja que los hombres sepan, que Dios sí perdona el pecado. Cuando Él perdona, el castigo desaparece. Y cuando ello desaparece como resultado del perdón, ninguna ley de Dios cambia o es quebrantada.

Esta fue la gran misión de Jesús, cuando él vino a la tierra. Antes de que él viniese y enseñase esta gran Verdad, el perdón del pecado no fue comprendido, incluso por los maestros Hebreos. Su doctrina fue, más bien, ojo por ojo y diente por diente. El Amor Divino, como describí débilmente, no fue conocido o buscado - sólo el cuidado, la defensa y los beneficios materiales, que Dios podía dar a los Hebreos.

El Amor Divino, que entra y se adueña del alma de los hombres, constituye el Nuevo Nacimiento. Sin este, ningún hombre puede ver el Reino de Dios.

Mi querido hijo, te he escrito una larga e imperfecta comunicación, pero hay suficiente en ella, para que los hombres lo piensen y mediten. Si ellos lo hacen, y abren sus almas a la Influencia Divino, sabrán que Dios puede perdonar el pecado y salvar a los hombres de sus castigos, para que ellos no tengan que sufrir el período largo de expiación que, en su estado natural, la Ley de Compensación siempre demanda.

Así, sin escribir más, diré que te amo con todo mi corazón y alma, y que rezo, para que el Padre te dé este Gran Amor en toda Su abundancia.

Tu cariñosa abuela,

Ann Rollins

 

 


 

 

La Ley de Compensación

 

Yo estoy aquí, John Bunyan

Déjame escribir unas pocas líneas.

Estoy muy interesado en ti y tu trabajo, y quiero hacer todo lo posible para ayudarte.

Escuché el mensaje de tu abuela, que es hermoso y alentador, lleno de profundas Verdades, que te beneficiarán mucho, si tú las captas y aplicas.

Yo tuve mis problemas, cuando vivía en la tierra, pero jamás tuve el poder sostenedor del Amor Divino, del que hablo. En consecuencia, vivía mi vida como mejor podía sólo con la ayuda de mis poderes natural y una disposición más bien alegre. Si yo hubiese poseído este Amor, ahora sé que me habría ahorrado muchas horas de preocupación, y habría disfrutado de muchas horas de felicidad, que entonces me estaban negadas.

Eso parece ser la suerte o el destino de los mortales, que experimenten preocupaciones. Como alguien dijo, "El Hombre nació para tener problemas." Pero eso no es así realmente, porque el hombre gran parte crea sus propios problemas en. Y así como los hombres llegan a conocer la gran Ley de Compensación, así se darán cuenta de la verdad de lo que digo.

Pero, gracias a Dios, aun cuando el hombre cree sus propios problemas y la Ley de Compensación funcione imparcialmente, el Amoroso Padre puede aún aliviarle de sus problemas y hacerle feliz. Y haciendo esto, quiero decir que la existencia perpetua de esta ley no se afecta. Más bien, esta ley está sujeta a una ley superior, que especifica que, a menos que existan causas, la Ley de Compensación no puede exigir nada del mortal. Ayudando a Sus hijos, el Padre no dice a esta ley inferior: "No exigirás un castigo de este niño a quien quiero ayudar." Más bien, Él dice al niño: "Recibe mi Amor y Ayuda, y las causas para la demanda de esta ley inferior, ya no existirán."

Si los mortales comprendiesen esta Verdad, ellos no continuarían creyendo, que el Padre no puede ayudar a Sus hijos. Ellos también verían que, para conferir la Ayuda, no es necesario dejar al lado o suspender la Ley de Compensación en sus operaciones. El Padre jamás concede una dispensa especial para aliviar a los mortales del pago de los castigos de esta ley inferior, pero Él sí les da Su Gran Amor. Y cuando ellos obtengan este Amor, las causas que activan los castigos de la Ley de Compensación, dejarán de existir. La Ley del Amor Divino es la ley suprema. Ella reemplaza cualquier otra ley en su operación sobre las almas y mentes de los mortales.

Bien mi amigo, no debo escribir más. Así, con mi Amor, diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

John Bunyan

 

 


 

 

La Ley de Compensación se quita del alcance de Su operación cuando el Amor Divino llene el Alma en suficiente magnitud

 

Yo estoy aquí, tu verdadera y amorosa Helen. Pensaste que yo no podía cambiar el anuncio de mi venida, pero tú tienes que saber, que yo puedo hacer todo para complacerte, mi querido Ned.

Sí, lo hiciste, y yo me alegré tanto. Bien, querido, yo tengo que contarte, que yo estoy muy feliz y voy progresando muy rápidamente. No espero permanecer en esta esfera mucho más, porque mi amor y fe son tan grandes que yo siento que tenga que llegar más cerca de la Fuente de Agua Viva de Dios en las Esferas Celestiales. ¿No parece eso como un sueño de hadas? Pero es todo cierto, y yo estoy tan feliz.

Estaré pronto contigo con una larga carta, contándote de este Gran Amor, y cuanto amo a Dios y a ti.

Tú estás progresando también. Tal vez no te das cuenta, pero es verdad. Y si tú pasas ahora a nuestro lado, estarías sorprendido encontrarte en una esfera alta. Yo sé cómo te sientes, pero tienes que creer que yo puedo ver tu condición espiritual mejor que tú.

Cuando recibas este Gran Amor en tu corazón en suficiente magnitud - y tú tienes mucho de El ahora - tus pecados te serán quitados. Esta es la Ley de Regeneración. De lo contrario, el hombre quien continúa sin este amor y el hombre quien lo recibe, estarían en la misma condición, y el Nuevo Nacimiento no significaría nada. Así no pienses que este Gran Amor no es suficiente para purgar el alma de los resultados de los pecados de la vida terrenal. Lo mejor de todo, te purifica mientras eres un mortal.

Yo sé que los Espiritualistas citan y proclaman la Ley de Recompensa, o Compensación, pero hay una ley superior que anula esta ley. Y cuando el Amor - este Amor Divino - entra en el alma de un mortal, la Ley de Compensación se quita de alcance de su operación; porque el Amor es el cumplimiento de la ley. Así, no dejes que este tropiezo te motive para creer, que este Gran Amor no es suficiente para quitar todo pecado y error, y para purificar tu alma, para que tú puedas llegar a ser apto para vivir en el Reino del Padre y convertirte en uno solo con Él.

No, el Amor es para el pecador más vil; y ningún hombre, por una acción de restauración, puede adaptarse a sí mismo para el influjo de este Amor Divino. El está esperando tanto al pecador como al santo. E incluso aunque tus pecados sean como escarlata, ellos serán hechos blancos como lana. Quiero decir, que tú no tendrás que esperar hasta que puedas rendir reparación a los mortales, antes de que este Gran Amor pueda purificarte. Si no, ¿cuál sería la ventaja de tener este Gran Amor suministrado al hombre? Si él tiene que purificarse primero, ¿cuál es la necesidad del trabajo del Espíritu Santo?

Sólo reza por este Amor y ten fe, y tú Lo recibirás. Dios es el Juez de lo que el hombre debe hacer para rendir justicia y restitución. Y cuando Él dice, que este Amor Divino, con todo Su poder de purificar, es para el pecador, quien lo busque con verdadera fe, ¿quién tiene el derecho para decir, que el pecador primero tiene que hacer, lo que el hombre piensa que es justicia entre él mismo y su prójimo? Yo sé de lo que hablo, porque las experiencias de muchos espíritus, quienes han sido redimidos por este Amor demuestran, que ellos fueron pecadores, y no habían "pagado el último centavo" cuando ellos recibieron este Amor. Dios es el Juez, no mortales o espíritus.

Así, mi querido Ned, no dejes, que la idea, que tú tienes que rendir a cada hombre lo que tú piensas que es su derecho, te desvíe de creer en la Misericordia y el Amor del Padre.

Ay, ¡cuánto yo deseo poder estar contigo un poco en mi forma corporal, y contarte cara a cara, lo que este Gran Amor significa para ti y para mí, y para todos nosotros!

Así querido, créeme cuando digo que, aun cuando tú seas un gran pecador, sin embargo, el Amor del Padre es suficiente para quitar todos aquellos pecados, tan pronto como puedas recibirlo. Esa es la ley de este Gran Amor.

La fe y la oración pueden abrir el corazón mismo de las Esferas Celestiales, y el Amor bajará fluyendo en tu alma, como una avalancha de nieve, que percibe el calor de los rayos brillantes del sol, se precipita de las alturas de su montaña, cuando el invierno parte con su penumbra helada y ráfagas de aliento, a otras zonas.

El Amor no es solo calor, sino es el ardor mismo del gran depósito del alma de la Divina Esencia de Dios.

Yo no solo soy la dueña de este Amor en un alto grado, sino también noto que, de manera como avanzo a esferas superiores, existe una mayor abundancia que me espera para llenar mi alma con Sus fuegos grandes, que nunca se apagan, quemando interminablemente - pero un fuego tan grande y libre de todo lo que produce infelicidad y descontento.

Así, mi querido y amado Ned, ámame como yo te amo, y ambos estaremos tan felices, que el cielo estará con nosotros y en nosotros, incluso mientras estemos escribiendo en el ambiente terrenal.

Tu amorosa

Helen

 

 


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