Revelaciones Angelicales – el Evangelio revelado nuevamente por Jesús


 

Capítulo 11

El pecado y el error

 

 

El pecado existe solo porque es creado por la humanidad, y el hombre tiene que pagar los castigos. (Jesús)

Dios ama a todos sus hijos. Su Amor y Cuidado cubren a todos, aun cuando algunos son extraños a Su Amor y Misericordia. (Jesús)

Qué pueden los hombres hacer para erradicar la guerra y el mal de las almas de los hombres. Jesús jamás vino para traer una "espada," sino para traer la paz por sus enseñanzas. (Jesús)

La Señora Padgett comenta sobre el mensaje de Jesús acerca de la causa de la Guerra.

Dios no deja al lado Su Ley de Compensación, cuando responde a las oraciones del hombre. (Elías)

El mayor pecado es aquel contra el Espíritu Santo, que transporta el Amor Divino al alma. (Judas Iscariote)

  


 

 

El pecado y el error

 

 

El pecado existe solo porque es creado por la humanidad, y el hombre tiene que pagar los castigos

 

Yo estoy aquí, Jesús

Vengo esta noche porque veo, que estás solo y sientes la necesidad de compañía. Vengo a ti como un hermano y amigo, para animarte y hacerte sentir que, aunque no tengas un amigo mortal contigo, tú tienes un amigo en el espíritu, quien está más cerca que un hermano mortal, y quien te ama con un amor profundo y permanente.

Hoy la gente de tu país celebró lo que ellos piensan es mi cumpleaños. También me adoraron como uno de la "Trinidad," como ellos creen. Pero como te dije antes, esta adoración está totalmente equivocada y me disgusta. Sólo aumenta mi ansia y determinación, que se exponga esta gran falsedad y ya no se crea en ella.

Hay sólo un Dios, y este es el Padre. Él solo tiene que ser adorado, porque Él solo puede salvar a los mortales del resultado de sus pecados, y de las consecuencias de la gran caída de los primeros padres. No quiero que los hombres me consideren como algo más que a un hermano mayor, quien está lleno del Amor Divino del Padre, y está muy cerca de Él en las cualidades de Amor y fe.

Yo soy un espíritu, que posee un conocimiento de los atributos del Padre, como ningún otro espíritu lo tiene; sin embargo, yo soy sólo uno de sus hijos, como tú y el resto de la humanidad. Y que mis propios hermanos me adoran como a Dios, me hace muy infeliz, viendo que ellos tienen tan poco conocimiento de las Verdades del Padre.

Mañana, esta adoración y alabanza continuará, y tengo que contemplarlo con todo el disgusto que poseo, y me doy cuenta de que no soy capaz de corregir a los hombres en sus creencias y adoración. ¡Ay, te digo, la cosecha está madura y los trabajadores son pocos! Pero muy pronto, espero que esta verdad de la Unidad de Dios y de mi hermandad con toda la humanidad pueda ser revelada a la humanidad, por los mensajes que recibes y transmitas a los hombres.

La gran Verdad, que forma la base de la salvación de los hombres, es el Nuevo Nacimiento, y el hecho, que el Amor Divino del Padre está esperando a cada hombre, para que él le deje entrar en su alma y le haga uno solo con Padre.

Estoy contigo muy a menudo, y trato de inculcarte la gran necesidad de revelar estas Verdades, porque las almas de los hombres están ansiosas por la Verdad. Sus intelectos están descontentos con las presentes enseñanzas de la teología y con lo que dice la Biblia en muchos pasajes. Esto es deplorable, sin embargo, el tiempo vendrá, cuando la luz, para cuya revelación yo vine al mundo, brillará a cada hombre, que venga en búsqueda de mis enseñanzas.

Anoche, yo estaba leyendo cuando tú leíste un artículo, que abogó la eliminación de una gran parte del Nuevo y casi la totalidad del Antiguo Testamento de las enseñanzas Cristianas, y la formulación de una fe basada enteramente en mis conceptos y las escrituras de algunos de los autores de la Biblia. Este plan debe ser investigado por los Cristianos pensantes de hoy día y adoptado de una manera modificada.

La única dificultad para llevar a cabo este plan eficientemente, y que produzca los resultados deseados, es que la Biblia no contiene muchos conceptos míos, que revelan las Verdades, y contiene muchos conceptos, que se me atribuyen, los mismos que yo jamás los dije.

Toma esta expresión, sobre la que ahora ocurre una controversia, y a la que se refiere otro artículo contenido en el libro mencionado; es decir, que yo dije: no he venido para traer la paz, sino la "espada".

Ahora, mientras esto aparece en el Evangelio según Mateo como procedente de mí, yo jamás lo dije, ni usé ninguna expresión que entregase el significado, que algunos de los comentaristas se esfuerzan por interpretar en las palabras. Jamás enseñé la guerra contra el prójimo, y jamás en ningún tiempo formó este pensamiento parte de mis enseñanzas a los discípulos o a nadie más.

No, el militarismo está totalmente equivocado y contra todos los preceptos de la verdad. Ningún Cristiano ni nadie más, debería creer por un momento, que yo hubiese abogado tal acción, jamás.

Yo sé que la verdad causará una división entre los hombres, en cuanto a qué es la verdad, y puede incluso separar a los hombres y causar pensamientos amargos, e incluso que surja odio en las almas de los hombres hacia sus prójimos, con el resultado, que incluso un hermano quizás llegue a tener aversión contra su hermano, sin embargo, no fue el objetivo de mi venida a la tierra y de mi enseñanza de las Verdades, lograr semejantes resultados. Más bien, son los resultados de un conflicto inevitable entre la verdad y el error. La Verdad no puede entrar en compromisos, incluso por la paz, y el error no se someterá o reconocerá su falsedad, mientras pueda conseguir, que un mortal lo crea y lo defienda.

Y por el gran don del libre albedrío al hombre, la verdad misma, con todo el Poder y el Conocimiento del Padre respaldándola, no obligará a nadie, a que la acepte contra su voluntad. En consecuencia, como el hombre es muy falible y piensa y cree como sus facultades mentales limitadas le convencen, que cierta enseñanza es, o no, verdadera, él no estará dispuesto a renunciar a sus convicciones, hasta que la verdad venga a él de tal manera, que le convenza de su realidad. Y como los hombres difieren tanto en las operaciones de sus mentes y sus facultades de razonamiento, necesariamente habrá una gran división entre ellos en cuanto a lo que es y lo que no es verdadero. En consecuencia, surgirán disputas y odio, e incluso guerras entre ellos, por mantener sus creencias y opiniones respectivas sobre lo que es la verdad.

Estos sentimientos de discordia tienen que seguir necesariamente al adviento de la verdad, sin embargo, yo no vine para el propósito de traer una "espada," sino para el propósito de mostrar a los hombres, cuáles eran las verdades, y para traer la armonía y la creencia en estas verdades. Jamás se justifica el odio o la discordia o la guerra entre los hombres, no importa la causa. Y si los hombres sólo aprenderieran la verdad, jamás existirían estos sentimientos o acciones.

La Verdad es, por sí misma, una cosa aparte, y no admite variantes o modificaciones. Como consecuencia, la mente de los hombres tiene que someterse a la verdad y abarcarla; ella jamás se acomodará a las creencias de los hombres. Ella es fija e inmutable, y las creencias siempre cambian. Y si las creencias de los hombres no se basan en un conocimiento de la verdad, tarde o temprano tienen que cambiar, porque al fin la verdad será establecida en los corazones y mentes de los hombres, así que la armonía y la paz reinarán en todo el universo de Dios.

El error no existe en el mundo, porque Dios lo crease o permite que exista, sino solamente porque al hombre le pertenece un libre albedrío, que controla e influye en sus pensamientos y acciones, y que a su vez es influido por los deseos y apetitos de los mortales.

Yo sé, que se dice, que si Dios no permitiera la existencia del mal, de pensamientos y deseos carnales en mundo, no habría razón o posibilidad para el hombre ejercer su voluntad de cierto modo, que le llevaría a todos estos sentimientos de odio, etc., de los que hablo. Pero eso sólo significa, que si un hombre no tuviese el poder del libre albedrío, él no cometería ningún pecado y no permanecería en el error. Porque tú tienes que saber que, en su creación, él recibió (bajo ciertas condiciones) no solo el privilegio y poder de convertirse en una existencia enteramente libre del pecado (lo que es sólo la violación de las leyes establecidas por Dios), sino también el privilegio y poder de violar estas leyes. Así como él se comporte, así estará.

Todo en la naturaleza puede ser convertido en un instrumento dañino, si las leyes, que establecen el funcionamiento y la operación de estas cosas, son violadas. El pecado no existe como algo abstracto, sino es el resultado de la desobediencia a alguna ley, cuyas operaciones tienen que ser perseguidas en conformidad con su creación; y los hombres quienes la violan, tienen que sufrir las consecuencias de la violación. Los mortales no pueden darse cuenta plenamente, que cada ley lleva consigo un castigo por su violación, y esto vale para la ley ínfima en el universo material como también para la ley mayor en el Reino Espiritual. Y este castigo es tan seguro en su efecto, como la ley misma.

Un hombre puede ser creado, físicamente, casi perfecto. Y cuanto tiempo viva sin violar ninguna ley física, que opera para mantenerle en esta perfección física, tanto tiempo no sufrirá ni dolor ni falta de armonía en su existencia. Pero tan pronto como él viola esta ley, el castigo respectivo se presenta, y él sufre. Ahora, esto no se origina, porque existía algún dolor o sufrimiento en lo abstracto, y si el hombre no hubiese violado esta ley, él jamás conocería que existía algo como el dolor o el sufrimiento. Más bien, cuando él violó la ley, el castigo vino en operación que, como he dicho, siempre es el resultado de la violación de las Leyes de Armonía.

Y el mismo principio vale para la moral y el universo espiritual. Como he dicho, no existe el pecado o el error abstracto. Mientras un mortal sepa y siga la verdad, él jamás notará la existencia de algo como el pecado o el error. Pero en el momento, en que se viole la ley de verdad, el castigo se presenta, y el hombre se da cuenta de que el pecado y el error sí existen - no como una entidad abstracta, sino como algo concreto, sensible, lo que continuará existiendo, hasta que la violación de esta ley cese, y la armonía, en su operación, esté restaurada otra vez; o más bien, hasta que el hombre en sus pensamientos y acciones llegue en armonía con la operación de la ley.

Así ves, Dios no creó o permitió la existencia del pecado o del error, en el sentido de una entidad independiente, esperando para influir en los hombres, para que hagan lo equivocado y violen sus leyes de perfecta armonía. Más bien, cuando los hombres, en el ejercicio de su voluntad (la que Dios nunca fuerza) violan una de sus leyes y con eso interfieren con la armonía misma, ellos originan la desaparición de la armonía, lo que trae consigo dolores, sufrimientos, pecados y errores, que prevalecen en el mundo.

Qué los hombres piensen, si es que lo pueden, en el pecado o el error en el sentido abstracto, y entonces déjales intentar describirlo. ¿Cuál es resultado? Sólo vaciedad.

Así digo, Dios no creó el pecado o el error, sino dio al hombre, el gran don del libre albedrío, libre y no sujeto a Su control, y entonces el hombre se convirtió en el ser responsable que es. Pero dando al hombre este gran don, Él no abandonó o subordinó Su Voluntad a aquella del hombre, ni confirió al hombre el poder de cambiar o modificar Sus inmutables Leyes, lo que Él Mismo no hará. Y dentro de las limitaciones, donde el hombre puede ejercer su albedrío - es decir, cuando el ejercicio no interfiere con la Voluntad de Dios o Sus Leyes - el hombre puede ejercer este albedrío con impunidad y, de hecho, sin responsabilidad. Pero cuando él abusa de la Voluntad de Dios o viola una de Sus Leyes en el ejercicio de esta voluntad, entonces no se controla al hombre en el ejercicio de su voluntad, sin embargo, por la violación, tiene que pagar el castigo, que la violación conlleva.

Dios decretó que, Su Universo sea armonioso en su funcionamiento, y que ningún hombre destruya o interfiera está armonía; y ningún hombre puede. Pero, porque el hombre es una parte de esta armonía, cada acción suya, que tiende a interferir con ella (y no lo hace, excepto en cuanto a él mismo) conlleva en sí misma el castigo por esta infracción.

Supongamos a un hombre, quien violó esta armonía (y por eso llega a estar él mismo sin armonía), y que vuelve a llegar a esta armonía, entonces, para él, no existiría ni el pecado ni el error. Qué cada hombre haga esto, y no existiría ni el pecado ni el error en todo el universo de Dios.

Así repito, no hay pecado ni error en lo abstracto en todo el universo. Sólo aparecen, cuando el hombre mismo, en el ejercicio de su albedrío, interfiere con la armonía de las leyes de Dios. No importa la causa de esta interferencia; cómo se ejecutó el albedrío del hombre, o por que razón resulta la disonancia. El efecto es el mismo, porque la armonía y la falta de armonía no pueden existir juntas, no importa cuál sea la causa. No importa, si, en un caso, la causa parezca perdonable, o incluso aparentemente forzada sobre el individuo. La excusa por la causa, o su aparente justificación, no hará que lo que está fuera de la armonía juntarse y trabajar en unísono con las leyes de armonía de Dios.

Y como consecuencia, el hombre, cuyo albedrío puede ser disculpado de la manera mencionada por herencia, o ambiente, o falta de instrucción mental o moral precisa, está igualmente fuera de la armonía con la ley violada, como el hombre, que a propósito viola la ley. El castigo tiene que imponerse exactamente igual en ambos casos, porque el único remedio es la restauración de la armonía.

Pero hay una diferencia entre los individuos de lo que se puede llamar la clase involuntaria, y los individuos de la clase voluntaria: A la primera, le resultará más fácil y será más rápido, que vuelva a esta condición de armonía, que a la última.

Así, el hombre no debe acusar a Dios, que permita la existencia del pecado y del error en el mundo, porque no existen, si no que el hombre los crea por el ejercicio equivocado de su albedrío.

Todos los pecados y errores conllevan sus sufrimientos. Y si no existiesen los sufrimientos, y a los hombres se les fuese permitido ejercer su albedrío sin la pena por las leyes, que gobiernan el universo, y sin incurrir en castigos, entonces el único resultado sería, que la anarquía prevalecería en todo el Universo de Dios, donde los hombres viven, y en el universo espiritual igualmente.

Sin embargo, el albedrío y su gran concesión de libre ejercicio acompañan al mortal cuando abandona su cuerpo material.

Así, con todo mi amor, te diré buenas noches.

Tu hermano y amigo,

Jesús

 

 


 

 

Dios ama a todos sus hijos. Su Amor y Cuidado cubren a todos, aun cuando algunos son extraños a Su Amor y Misericordia

 

Yo estoy aquí, Jesús

Estuve contigo esta noche en la reunión y escuché lo que el predicador dijo, y él declaró algunas verdades. También dijo algunas cosas, que no fueron verdad, tal como: "Sólo aquellos, quienes han sido convertidos, son hijos de Dios."

Todos los hombres son hijos de Dios. Su Amor y Cuidado cubren a todos, y les quiere mucho. De lo contrario, Él no les hubiese reotorgado Su Amor y el privilegio de convertirse en habitantes de Su Reino Celestial.

El solo hecho de que son pecadores, no los hace menos hijos Suyos, a quienes Él tan ansiosamente quiere redimir y llenar con el Amor Divino. Y cuando el predicador dice, "Ellos, quienes son pecadores, no son hijos de Dios," él no declara la verdad; porque todos ellos son Sus hijos - algunos para disfrutar de la vida pura y la dicha, que la purificación de su amor natural les trae, y otros para disfrutar del Reino Celestial y habitar en el, lo que el Nuevo Nacimiento les conseguirá. Pero todos son Sus hijos, aunque algunos se extraviaron y se convirtieron en extraños a Su Amor, justo como el hijo pródigo, quien abandonó la casa de su padre y viajó a un lejano país.

Este doctrina, que los pecadores no son hijos de Dios, es condenable y dañina, y les llevará a muchos a perder la esperanza a llegar a ser más que hijos de la perdición, o como estos ortodoxos dicen, del diablo.

La Misericordia del Padre es para todos. Algunos de Sus hijos no se deciden a buscar y recibir el Amor Divino, que, cuando lo posean, haría ángeles de ellos, sin embargo, ellos siguen siendo Sus hijos. Y cuando se acabé el tiempo, o antes del tiempo de la Gran Consumación, ellos se convertirán en seres puros y felices, como fueron los primeros padres antes de su caída.

Y este predicador tiene una gran cantidad del Amor Divino en su alma, y busca con sinceridad más en el Camino correcto, sin embargo, sus creencias y enseñanzas en cuanto al destino y la condición futura de aquellos, quienes pueden recibir este Amor y convertirse en uno solo con el Padre, están equivocadas. Este error tenderá a retrasar su propio progreso en el desarrollo de su alma y en su avance hacia el Reino de Dios.

Él está poseído de estas creencias, por supuesto, a causa de su estudio e interpretación de algunas de las declaraciones de la Biblia. Por eso, no enseña lo que él no cree, o lo que es falso según su propia conciencia. No obstante, es falso, y él tendrá que sufrir las consecuencias de esa falsa creencia y sus enseñanzas.

Su ignorancia no invocará los castigos de la ley, que se aplica al embustero deliberado o maestro de falsas doctrinas, sin embargo, tampoco le excusará o le liberará de los castigos de esta ley, que demanda que se crea y se enseñe la verdad y sólo la verdad. Él tendrá que abrogar estas falsas creencias, aun cuando tenga algo del Amor Divino en su alma; porque siempre cuando exista la falsedad en la creencia en el corazón y alma del hombre, estos atributos se oponen al influjo del Amor y al progreso de esta alma hacia la unidad perfecta con el Padre.

La Verdad es un hecho por sí mismo. No puede tener afiliación con la falsedad, no importa si la falsedad es el resultado de la ignorancia; porque toda falsedad es el resultado de la ignorancia, y tiene que ser erradicada de los corazones de los hombres, antes de que pueda haber esta armonía entre Dios y el hombre, la que la naturaleza misma de la verdad requiere. Así, si ningún hombre puede ser el hijo de Dios, porque no está en esta perfecta armonía, que la verdad absolutamente demanda, Dios no tuviera ningún hijo en absoluto entre los hombres. La condición del pecador y esta del hombre, quien ha experimentado el Nuevo Nacimiento, difiere sólo en el hecho, que el uno no comenzó a tener en su alma la Esencia de la Verdad, mientras el otro, en cierto grado, tiene esta Esencia. Todos pueden tener esta Esencia, y en gran abundancia. Algunos jamás tendrán la Esencia de la Verdad Divina; sin embargo, ningún hombre será abandonado sin la esencia de la verdad, la que conduce al hombre perfecto.

La Verdad de la existencia de un ángel y la verdad del hombre perfecto son igualmente verdades, aunque la primera es de un grado y una naturaleza superior a la otra.

Nuestros primeros padres fueron hijos de Dios - Sus Propias criaturas, buenas y perfectas - y después de su caída, ellos fueron no menos Sus hijos; porque Su amor fue tan grande para ellos que, en la plenitud de la perfección de Sus Planes, Él otra vez les otorgó el privilegio de recibir Su Amor Divino, y me envió para proclamar el hecho y para mostrar a los hombres el Camino para la obtención de este Gran Amor. La muerte, que había existido por todos los largos siglos, fue suplantada por la Vida potencial, y yo me transformé en el Camino, la Verdad, y la Vida; y la Inmortalidad llegó a ser una posibilidad para los hombres.

Así todos los hombres son hijos de Dios en una relación u otra, lo que, en un caso, depende si un hombre renuncia a sus pecados y está contento con la perfección de su amor natural y el hogar que pertenece al hombre perfecto, o si, en el otro caso, él busca el influjo del Amor Divino en su alma, que le capacitará para entrar en los Cielos Divinos y tener la certeza de la Inmortalidad.

Cuando Dios reotorgó este Amor Divino al hombre, no existía ningún hombre ni espíritu quien pudiese haber sido llamado Su hijo, si, como el predicador dijo, fuese necesario que los hombres o espíritus hubiesen recibido este Amor y hubiesen sido convertidos antes de este reotorgamiento. Ninguno había recibido este Amor, que es lo único o el único Poder en todo el Universo de Dios, que puede convertir a un hombre muerto por la transgresión y el pecado, en un ángel Divino. Sin embargo, Dios amó a todos Sus hijos. Él les confirió este Gran Don, no porque ellos fueron convertidos o sin pecado, sino porque ellos fueron sus hijos, a los que Él creó y siguió amando. Si Dios hubiese amado sólo a los justos, no existiría nadie, quien podría haber sido el objeto de Su Bondad. Él no hubiese tenido hijos o niños de Su Amor.

Y ahora, que Él ha reotorgado este Regalo, y algunos de los hijos de los hombres lo han recibido y lo tienen y están más en armonía con Él, no es verdad, que aquellos quienes fueron Sus hijos y niños antes de Su otorgamiento, ahora son algo menos que Sus hijos y niños, porque ellos no han buscado y obtenido este Regalo. No, el Amor del Padre es tan grande, ancho y profundo, que El emana para todos los hijos de la tierra y espera su llamada por Su otorgamiento. Pero la oveja perdida es tanto Su hijo cuanto son las noventa y nueve, que se encuentran seguras en el redil. La perdida tal vez nunca encuentra el redil o entra en el, donde aquellas, que tienen Su Amor Divino están acogidas, sin embargo, esta oveja es y permanece el objeto de Su Amor.

Dios es Amor - y el amor no conoce limitaciones en su altura o profundidad. Existe en los más altos cielos, y llega hasta los más bajos infiernos, y logrará de su propia manera y en su propio tiempo su propio cumplimiento. Todos los hombres vendrán en armonía con la Voluntad del Padre, la que es perfecta. E incluso aunque algunos, y puedo decir la mayoría de los hombres, no acepten la invitación para convertirse en ángeles de Su Reino Celestial, lo que no es obligatorio, sin embargo, ellos cumplirán con Su Voluntad por transformarse, en el futuro, próximo o lejano, en libres de pecado y error de su propia creación, y en tan puros y perfectos como fueron los primeros creados y pronunciados "Buenos" por el Padre.

El mayor enemigo del hombre es él mismo, a pesar de haber recibido la promesa de poseer el Amor Divino y con eso se ha convertido, de hecho, en un Divino hijo del Padre, y quien cree en los errores de la Biblia y las malas interpretaciones de sus Verdades, declara que todos los otros entre la humanidad son "odiados" por Dios, son objetos de Su "ira," y víctimas ciertas de la condenación eterna y tortura por siempre.

Es deplorable, que esas creencias y declaraciones existan y continúen por decirse, especialmente por parte de aquellos, quienes se encargan de guiar a las masas en el camino a las Verdades y los Planes de Dios para la felicidad de los hombres, y hacia la redención del mal y de los pecados, que les causan tanto sufrimiento.

Pero todo eso muestra el poder y la ceguera de una creencia basada en el error y las falsas enseñanzas. Y puede parecer raro, pero estos líderes de los ignorantes pueden tener algo del Amor Divino en sus almas. Sin embargo, sus creencias mentales e intelectuales están tan fijas e inmóviles, que incluso la posesión de este Amor no les permite, que comprendan que el Amor del Padre es para todos, y que la ira no forma parte de Su Existencia, sino es en realidad una cualidad del hombre pecador, que estos creyentes en el error, le atribuyen a Él.

Si se puede decir, que Dios odia algo, entonces Él odia el pecado; pero Él ama al pecador quien es la criatura de Su Voluntad, y quien es tan desafortunado por haber creado, lo que le contamina, y que conlleva, que él se desvíe lejos, no solo del Padre, sino también de su propia creación perfecta y pura.

Bien, he escrito lo suficiente por esta noche, y espero que esto, lo que he dicho, pueda resultar beneficioso no solo para el pecador, sino también para el hombre, predicador, o seglar quien posee algo del Amor Divino, pero proclama que sólo él u otros como él, son hijos de Dios.

Como dijo Pablo, "Ahora ven oscuramente por medio de un espejo, pero entonces verán cara a cara"; y cuando lo hacen, verán tales evidencias y manifestaciones del Amor del Padre, que sabrán que ellos y sus hermanos pecadores son todos hijos del Padre, aunque uno pueda ser un heredero del Reino Celestial y de la Divina Esencia del Padre, mientras el otro pueda ser un heredero sólo del amor natural puro y un hombre perfecto, lo que el llamado "Adán" poseyó antes de su caída.

Tengo que terminar ahora, pero al hacerlo, diré que no debes permitir, que alguno de estos creyentes ortodoxos, para ponerlo así, estorbe tu fe en nuestras comunicaciones; porque ellos conocen sólo, lo que la Biblia les cuenta, y tú conoces las Verdades, las mismas que nosotros declaramos.

Pronto volveré y te escribiré un mensaje de la verdad, que ya quise escribir por algún tiempo. Cree que te amo y estoy contigo, rezando por ti y ayudándote por mi influencia.

Buenas noches, y que el Padre te bendiga.

Tu hermano y amigo,

Jesús

 

 


 

 

Qué pueden los hombres hacer para erradicar la guerra y el mal de las almas de los hombres. Jesús jamás vino para traer una "espada," sino para traer la paz por sus enseñanzas

 

Yo estoy aquí, Jesús.

Te quiero decir, que estuve contigo esta noche en la iglesia. Escuché el sermón del predicador y me sorprendió, que él realmente aseverase, de la manera descrita, que todas las guerras, persecuciones y ultrajes, que han sido perpetrados en la humanidad desde mi venida, pueden ser atribuidos a mi venida y mis enseñanzas. Yo, por supuesto, puedo sólo resentir la imputación, y declarar que el predicador entendió mal la causa de estas guerras y persecuciones. Y decir que ellas se deben a mis verdades, o las verdades que yo enseñé, no solo es una injusticia contra mí sino también un gran perjuicio a las verdades y objetivos de mi misión para la humanidad.

Jamás intenté por la fuerza o presión obligar a ninguna alma humana, a creer en mis verdades o a convertirse en un discípulo mío, en la iglesia o fuera de ella.

Mi misión en la tierra fue, mostrarles a los hombres el Camino al Amor del Padre, y declararles el Gran Don de este Amor; también, demoler y destruir las creencias erróneas y la ignorancia, que entonces existían entre los hombres, sobre lo que era necesario para buscar y obtener este Amor del Padre y su propia salvación. Y por cuanto las verdades morales o espirituales, cuales enseñé, rebatían las falsas creencias y prácticas de los hombres, hubo, necesariamente, un conflicto en los pensamientos y vidas de aquellos, quienes me siguieron, y aquellos, quienes persistieron en sus creencias existentes. En ese sentido, yo traje una "espada" al mundo. Pero no fue una espada gritando por derramamiento de sangre y homicidio y persecuciones; fue la espada que traspasó las almas de los hombres, donde este gran conflicto debe y tiene que ser combatido hasta el final.

Ninguna nación puede ser más espiritual en su gobierno, o en su tratamiento de otras naciones, que los individuos que la componen. La nación no puede ser mayor que, o diferente de los individuos, quienes la controlan, no importa si este control esté centrado en uno o en más individuos, o en un jefe mundano o religioso. Si el gobernante no es un verdadero discípulo mío (aunque él lo asevere), no puede atribuirme los resultados de sus acciones y hechos, cuando él pone en acción sus pensamientos, deseos y ambiciones. La presente guerra (Primera Guerra Mundial), de la que el predicador habló con semejante horror y lamentación, no se debe a mi venida al mundo como un iconoclasta o destructor del pecado y error, sino al hecho, de que los hombres rehusaron ser controlados o persuadidos por mis doctrinas de paz. Ellos actuaron así a causa del pecado y de malos deseos y de la ambición inmoral, que ellos poseían y permitieron ser controlados por ella. La "espada", que él asevera que yo traje al mundo, no causó, que estos deseos pecadores e inhumanos y ambiciones se manifestasen en forma de guerra y de todos los males, que la siguen. No, esta guerra no forma parte de mi guerra o del Plan del Padre para traer la salvación a la humanidad.

La causa es esta y sólo esta: El ejercicio de los deseos de los hombres, que controlan las naciones, para incrementar su poder y territorio y subyugar las naciones, así como sus anhelos pecadores por lo que ellos llaman la gloria y la ambición no satisfecha. Si ellos hubiesen comprendido mi guerra, cada uno de estos hombres encontraría su enemigo en sí mismo y en ninguna otra parte; y la gran guerra sería una guerra del alma y no la guerra de naciones.

Cada nación reclama que su guerra es justa y que Dios está en su lado, y reza, por que Dios les ayude a superar a sus enemigos. Pero quiero decir aquí (y eso puede asombrar a aquellos, quienes piensan, que si creen tener razón, y rezan a Dios por el éxito, sus oraciones serán respondidas), que Dios sólo oye las oraciones del justo, o del pecador, quien reza por la misericordia y salvación. Jamás en toda la historia de la humanidad, Dios respondió a las oraciones de los hombres o naciones, por que les ayude a aniquilar a otros hombres o naciones, y esto a pesar de los relatos en el Antiguo Testamento de las muchas veces, cuando Él supuestamente ayudó a los Judíos para destruir a sus enemigos.

Si los hombres sólo piensan por un momento, que Dios es un Dios de Amor, y que todos los pueblos son Sus hijos, y reciben en partes iguales Su amor y cuidado, se darán cuenta, que Su amor no Le permitiría sacrificar la felicidad o el bienestar de una clase de Sus hijos, para satisfacer los deseos de venganza u odio o la justicia ultrajada, como ellos la conciben, de otra clase de Sus hijos.

En todas las creencias de este tipo, los hombres entendieron mal a Dios y Su naturaleza. En cuanto a los hombres, igualmente con otras criaturas, Sus poderes están gobernados por Sus inmutables leyes, y aquellas leyes no respetan a las personas. El Hombre recibió un libre albedrío, que él puede ejercer de manera justa o pecadora, y Dios no controla a la fuerza ese ejercicio. Pero el albedrío, empleado correcta o equivocadamente, está sujeto a la ley, que impone castigos o recompensas, según y conforme si la ley es violada u obedecida.

Esta guerra, de la que tantos mortales creen y declaran, que es un castigo infligido a los hombres por sus pecados y su desobediencia - es decir, que fue causada especialmente por Dios por esa condición de los hombres, y algunos exegetas de la Biblia enseñan, que ella fue profetizada hace siglos - esta guerra, digo, es en realidad el resultado de las condiciones y operaciones pecadoras de las almas y pensamientos de los hombres, el efecto natural de las causas, que el hombre mismo creó, y el funcionamiento exacto de las leyes, que esa causa puso en operación. Y en una condición parecida, donde la misma causa existe, las leyes funcionarán invariablemente, y las guerras estallarán y recurrirán hasta que la posibilidad de las causas deje de existir.

Dios jamás cesa de amar y preocuparse de la humanidad. Él siempre desea, que los hombres sean felices y uno solo con Él Mismo, y que ellos ejerzan su albedrío de acuerdo con Su voluntad y Sus leyes. Pero lo cierto es, Él jamás trata de obligar a los hombres por compulsión o fuerza, que ejerzan su albedrío de una manera, que voluntariamente no quieren. Si Él hiciera eso, los hombres cesarían de ser la mayor de Su creación, y serían incapaces de darle a Él este amor voluntario y la obediencia, las que únicamente son aceptables para Él.

Pero de lo que yo he dicho, no se debe deducir que el Padre esté indiferente a los sufrimientos y calamidades de los hombres, que las guerras traen a la humanidad, porque no lo es. Y si, en Su sabiduría, Él considerara que fuese lo mejor para el bien permanente de los hombres, quienes están metidos en la presente guerra, que Él intervenga por la sola fuerza de Sus poderes y termine la guerra, lo haría. Pero, en esta sabiduría, Él ve que hay un bien, que los hombres deben tener, que es mayor y más eterno que su bienestar físico y material. Y este bien mayor no puede obtenerse por ellos, si Él de golpe para la guerra sin considerar sus almas, pensamientos, y deseos. La ley de compensación tiene que trabajar para las naciones tanto como para los individuos, aun cuando los inocentes aparentemente sufran tanto como los culpables.

En la tierra, como los hombres ahora están constituidos - es decir, en su condición de pecado y desobediencia a las leyes de su existencia - no se puede esperar una justicia exacta, y no existe, porque esta justicia está sujeta al arbitrio de los hombres, y no al de Dios. Un hombre está influido por sus deseos, los que en cambio controlan su voluntad, y ella origina sus acciones y hechos, los que necesariamente conllevan sus consecuencias. Estas consecuencias pueden ser evitadas sólo por la ausencia de hechos; y estos, por un ejercicio diferente del albedrío; y esto, por el cambio de deseos. Así, cuando un hombre desea y quiere eso, Dios no dejará al lado la Ley de Compensación y no causará resultados que no son las consecuencias de esos deseos y la voluntad.

Pero Dios siempre quiere, que estos resultados malos no existan. Y por la influencia de su Amor y del Espíritu Santo, Él llama a los hombres, que aprendan el Camino para impedir totalmente la posibilidad, que estos resultados vengan a ellos, sea como individuos o sea como naciones. Él suministró el Camino, y enseña a los hombres el conocimiento de aquel, a través del que las causas, que producen estos resultados perjudiciales, puedan ser totalmente destruidas, e impedidas, para que jamás surjan para infligirles los resultados deplorables, tal como se manifiestan en la presente guerra.

Dios no interferirá por Su solo Fíat, para que un lado u otro de aquellos, quienes están metidos en esta guerra de inútil derramamiento de sangre y carnicería, salga victorioso. La Ley de Compensación tiene que trabajar. Y todo lo que los líderes de las naciones respectivas sembraron, eso las naciones tienen que cosechar; y en esto, los inocentes tienen que sufrir en esta cosecha porque, así como están las condiciones, la ley no podría trabajar su cumplimiento, a menos que todos dentro del alcance de su operación, sientan su operación.

Pero el Padre y el ejército de Sus ángeles y espíritus de los hombres trabajan para llevar esta terrible catástrofe a su fin. Has escrito mucho, y es tarde, así que pospondré la consideración más detallada de este tema.

Cree que estoy contigo y te amo, y te sostendré en tus deseos por hacer mi trabajo.

Tu hermano y amigo,

Jesús

 

 


 

 

La Señora Padgett comenta sobre el mensaje de Jesús acerca de la causa de la Guerra

 

Yo estoy aquí, Tu verdadera y amorosa Helen

Recibiste un mensaje maravilloso del Maestro esta noche, y causará sorpresa, sin duda, en muchos quienes creen, que Dios adjudica un arbitrio especial a cada oración, sin tomar en consideración la operación de Sus Leyes.

Pero el Maestro mostró claramente, que esta creencia es errónea, y que el hombre mismo puede impedirle a Dios, que responda a la oración. No quiero decir, que no será posible para Él hacerlo, si Él decide ejercer Su Poder, sino que el hombre, por su propia voluntad y sus hechos, se coloca a sí mismo en una condición, que Dios tendría que violar Sus Propias Leyes para responder de acuerdo con las oraciones del hombre, lo que Él no hará.

Yo sé, que tú encontrarás el mensaje muy interesante, pero no tanto como el que seguirá. Porque el uno coloca al hombre en la condición de tener que depender de sí mismo sin esperanza en la Ayuda del Padre, y el otro mostrará, que el Padre no solo está dispuesto y listo para ayudar a los hombres en su aflicción, sino también mostrará el Camino como Él ayudará, y la certeza absoluta, que esta ayuda llegará.

Tu verdadera y amorosa

Helen

 

 


 

 

Dios no deja al lado Su Ley de Compensación, cuando responde a las oraciones del hombre

 

Yo estoy aquí, Elías, profeta del Antiguo Testamento (Elíyah)

Escribiré un mensaje corto esta noche, ya que es tarde y estás cansado.

Bien, quiero decir, que el mensaje que recibiste del Maestro, contiene algunas de las verdades principales, que afectan la relación de Dios con el hombre en su vida mundana o material.

Cada verdad, que fue pronunciada, contiene un elemento que muestra, que el hombre tiene que esperar y saber hasta cierto grado, que Dios no interferirá con la ley de compensación en cuanto a sus efectos y resultados. Él sólo ayudará al hombre, que quite las causas que tan ciertamente conllevan los resultados. Y cuanto más pronto los hombres sepan eso y más plenamente lo comprendan, mejor llegarán a ser capaces de evitar las consecuencias del pecado y de la violación de la ley, y comprenderán, que ninguna oración provocará a Dios que conteste, cuando sería necesario suspender o dejar al lado Sus leyes o la operación de ellas.

Él contestará a la oración, cuando la oración pide, que quite las causas, pero jamás cuando sólo se aplica a los efectos.

Los hombres tienen que aprender esta verdad, y en sus oraciones pedir, que aquellas cosas o causas, las que (en acatamiento de la ley de compensación) conllevan resultados que son dañinos para ellos, sean quitadas o eliminadas de sus acciones y hechos, así como de sus deseos.

Yo podría escribir un largo mensaje sobre este tema, pero no lo haré ahora, porque no estás en condición para recibirlo.

Vendré pronto y escribiré por fin.

Así, con mi Amor, diré buenas noches.

Tu hermano en Cristo,

Elías

 

 


 

 

El mayor pecado es aquel contra el Espíritu Santo, que transporta el Amor Divino al alma

 

Yo estoy aquí, Judas Iscariote

Vengo esta noche para escribirte un corto mensaje, porque yo he estado interesado en lo que tú y tus amigos dijeron con respecto al " mayor pecado."

Ahora, para mí, y por mucho tiempo, el pecado mayor en todo el Universo de Dios fue mi pecado, traicionando a Jesús a los Judíos. Y fue un pecado real, vivo, terrible, y tan enorme, que no pude continuar mi vida ni enfrentar el recuerdo de esta tragedia abominable. Pero desde que se me perdonó este pecado, me he convertido en un redimido hijo del Padre, en un habitante de los Cielos Celestiales y un dueño de la Inmortalidad, me doy cuenta y ahora sé, que mi pecado no fue el mayor, aun cuando haya sufrido por largos años, después de transformarme en un espíritu.

Como el pecado puede cometerse tanto por omisión como por la acción afirmativa, y mi traición del querido Maestro fue atroz, sin embargo, incluso en mi caso, y como aplicable a mí, mi mayor pecado fue el de no buscar el Amor Divino del Padre. Nosotros no lo ignoramos, porque el Maestro nos había enseñado, que este Amor estaba a nuestra disposición y nos esperaba, que lo buscásemos y lo obtuviésemos. Pero yo no lo había buscado por el camino correcto, y por supuesto, no lo obtuve. Y en esa omisión, no fui el único de los discípulos culpable de este pecado.

No, incluso nosotros, quienes habíamos pasado tanto tiempo con el Maestro, no comprendimos totalmente la importancia de la obtención de este Gran Amor. Nosotros estuvimos más interesados en establecer su Reino en la tierra y, como nosotros pensamos, un Reino material, controlado por poderes espirituales manifestados por él, y por nosotros como sus discípulos. En nuestras mentes, lo material fue de más importancia que lo espiritual. Y nuestras expectativas fueron, que este gran poder vendría y que el Maestro se convertiría en nuestro rey.

Como digo, él nos había enseñado, que este Amor Divino estaba a nuestra disposición y que, por la oración y buscando seriamente, nosotros podríamos recibirlo. Pero, para nosotros, hubo tantas cosas importantes por cumplir - con relación, como digo, más inmediatamente a nuestra vida terrenal - que nosotros descuidamos el Gran Don, que debíamos buscar. Y, como consecuencia, en mi caso, yo tenía que sufrir por mucho tiempo antes de despertar al hecho, que no fue tarde, incluso para mí, para recibirlo.

Mi pecado de traición me había sido perdonado, de esto me di cuenta, que los recuerdos de ello me iban abandonando, y que iba progresando en la manera de purificar mi alma en su amor natural; que, como el espíritu de un antes asesino, yo llegué a la felicidad y luz.

Y entonces me acordé de lo que el Maestro me había dicho acerca de este Gran Amor y, después de poco tiempo, me había despertado lo suficiente para esforzarme por obtener este Amor. Y como experimenté este despertar, mis asociados de los viejos tiempos, quienes habían progresado a esferas superiores, vinieron a mí y, en su gran belleza y amor transcendental, me ayudaron a progresar y a rezar, hasta que finalmente este Amor viniese a mí. Entonces me di cuenta de que no solo me había sido perdonado totalmente mi pecado de homicidio, sino también este mayor pecado de rechazar y descuidar la búsqueda del Amor Divino.

El pecado del asesino o de algún violador de las Leyes de Dios, excepto este de rechazar el influjo de este Amor, puede ser y será perdonado a un hombre, y él se convertirá en puro y feliz en su amor natural. Pero este perdón no le convertirá en un habitante de los Divinos Cielos o en un heredero de la Inmortalidad; mientras el perdón del pecado de rechazar al Espíritu Santo no solo quitará de él los recuerdos y máculas de todos los otros pecados, sino también le abrirá los portales mismos de los Cielos Celestiales y le dará un hogar en el Reino del Padre.

Y así ves, cada pecado, excepto este de pecar contra el Espíritu Santo, puede ser perdonado a un hombre, con el resultado, que él se convertirá en el hombre perfecto. Pero el perdón de todos estos pecados muchas veces repetido, si eso pudiese ocurrir así, no le haría un ángel Divino.

Y no te necesito explicar, porque puedes con facilidad ver de lo que he escrito, que el pecado mayor en todo el mundo es el pecado contra el Espíritu Santo; el pecado de descuidar o rehusarse dejar, que el Espíritu Santo traiga el gran Amor Divino del Padre a y en el alma del hombre. Este pecado es el mayor no solo a causa de los resultados que origina, sino también porque continuará siendo el pecado imperdonable, mientras el hombre se rehuse a permitir su perdón.

Cuando el pecado de homicidio y estos pecados similares se cometen, el pecado entonces termina y sólo sus consecuencias tienen que ser sufridas y el castigo pagado. Pero el pecado contra el Espíritu Santo es un pecado permanente, cometido cada día y hora y minuto, y jamás tiene un fin, hasta que el mortal busque y reciba el influjo de este Amor Divino. Como se te escribió muchas veces, sí, la gran mayoría de los hombres y espíritus continuará por siempre cometiendo este pecado. Y porque continúan los efectos sobre ellos, se convertirá en, y es, el pecado imperdonable.

Como nosotros estamos muy interesados en ti, y hemos determinado, que no te extravíes de estas Verdades Divinas, mis espíritus hermanos de las Esferas Celestiales lo pensaron apropiado, que te escriba sobre este tema, ya que el mundo considera, que yo cometí el pecado mayor en toda la historia del mundo; y que yo explique que el pecado mayor en todo el mundo es el pecado contra el Espíritu Santo.

Nosotros todos sabemos eso; y, mientras yo escribo, tú tienes que creer, que todos nosotros, y el Maestro también, declaramos que el pecado, que yo nombré, es el pecado mayor, porque es verdad.

Y ahora, para ser un poco más personal, para tu gratificación y consuelo, quiero contarte, que ustedes tres no serán declarados culpables de haber cometido este gran pecado, porque ustedes tienen mucho de este Amor Divino en sus corazones y almas. Y el Espíritu Santo está con ustedes a menudo en respuesta a sus oraciones, y en respuesta a las nuestras también. Porque nosotros todos rezamos por ustedes, para que sus almas tengan este Amor del Padre, justo como la levadura entreverada en la masa.

Yo he escrito más de lo que esperé, y terminaré ahora. Pero estén seguros, que ustedes tienen nuestro Amor y las Bendiciones del Padre.

Tu hermano en Cristo,

Judas

 

 


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