Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús



 
 
Revelaciones Del Nuevo Testamento


Introducción

 

El nacimiento y la juventud de Jesús, revelados por María, madre de Jesús

Jesús como el Cristo

 


 
 

Introducción


 
 

El nacimiento y la juventud de Jesús, revelados por María, madre de Jesús

 

(Mensaje recibido por el Dr. Daniel G. Samuels en 1963)

Yo estoy aquí, María

Ya pasó mucho tiempo, como los mortales cuentan el tiempo, desde que te escribí, y entonces te informé muy poco. Tampoco me comunicaría contigo, sin haber recibido con anterioridad la aprobación por mi hijo, quien dio por primera vez a la humanidad un informe sobre el amor natural y estos precursores del Amor Divino, los que por fin condujeron al cumplimiento de la promesa del Padre en la persona de mi hijo, Jesús.

Desde el tiempo, cuando nuestra Hueste Celestial se regocijó en la oportunidad para transmitir mensajes serios a la tierra a través del Sr. Padgett, a quien escribí como muchos otros de nuestros altos espíritus, fue posible reanudar nuestras instrucciones a través de ti; y mi hijo emprendió a suplir el entendimiento básico del Amor Divino, con un estudio de las escrituras religiosas de los Judíos, para mostrar, cómo todo se llevó a cabo y cómo fue, que mi hijo, el Mesías, consiguió esta condición de alma, la que le trajo el conocimiento, que este título era suyo, y que algo de Dios Mismo, había impregnado su alma, convirtiéndola en una sola en la auténtica substancia con el Padre.

Este desarrollo de alma de mi hijo, desarrollo cuyo conocimiento es tan importante para la humanidad, para que comprenda lo que le permitió ser el Mesías de Dios, es la finalidad de los presentes escritos de mi hijo. El espera poder explicar a través de ellos no sólo el Antiguo Testamento como trasfondo del desarrollo de su alma, sino también el Talmud, parte del cual estaba disponible cuando él vivía, y estos escritos no canónicos de la época justo anterior a su venida, los que mostrarán la mente de Jesús, su manera de pensar, su comprensión, su perspicacia e intuición, las que alzaron su alma hacia el Padre, nuestro Dios de Israel, quien derramó su Amor Sagrado sobre mi hijo, y le convirtió, con el tiempo, en Su verdadero hijo unigénito, y de esta manera trajo a la luz la vida eterna para Sus criaturas..

La mayor parte, de lo que narra el Nuevo Testamento de mí es falsa. Estuve casada legalmente con José, mi esposo, quien fue un hombre joven. y no el anciano decrépito e impotente, como los autores le describen, los que trataron de transformarme en una virgen y madre de un hijo, cuyo Padre no tenía cuerpo ni espíritu, una Solo-Alma llena del Amor Divino y de Misericordia, incluso cuando quita, por la muerte, a los seres queridos, cuyos cuerpos ya no puedan funcionar o sostener la vida, como lo vemos en la tierra. No, yo fui una esposa, y la madre de ocho hijos de sangre y hueso, mi primogénito fue Yeshua, o Yeshu, porque la gente habló de diferente manera en la parte norte y central de Palestina, igual que la gente habla diferente en las varias partes de tu propio país. El nació exactamente como cualquier otro bebé, y ni él, ni José, y tampoco yo, tuvimos una idea de lo que sería su futura carrera; y esto es la verdad y totalmente contrario a lo que se explica en las Escrituras.

Jesús como niño fue serio, estudioso, piadoso, un niño bebiendo ansiosamente de la Fuente de Aguas Viva de la instrucción religiosa y del conocimiento de las exigencias de Dios para una vida correcta a través de la obediencia a Sus Leyes y amor por El. El conoció que algún día, un Mesías vendría para ayudar a los Judíos, dispensando la salvación al pueblo; y este pensamiento, que se apoderó de mi hijo, porque él vivía en los escritos de Jeremías y de los profetas, y también en los preceptos de los rabinos, se le adhirió a él y se convirtió en parte de él, a pesar de las ideas conflictivas, que chocaron y se fundieron en la atmósfera religiosa, y lo que confundió a muchos Judíos, especialmente de los distritos norteños, para creer que el Mesías sería un patriota, quien conduciría su país a liberarse de Roma.

Pasó mucho tiempo, antes de que Yeshu mostrara señales de un amor diferente del amor por mí, su padre, o sus hermanos y hermanas menores. El fue amable y gentil, pero poseyó un cierto misticismo — una relación con las colinas y el cielo, una manera de mirar las nubes distantes y beber un amor hacia los cielos de un azul luminoso, una modo intenso de acariciar las palabras de los maestros religiosos — un misticismo que le apartó de nosotros..

El comenzó a ser cada vez más diferente; cada vez habló más de Dios y Su Amor que, como nos indicó, fue comprobado por nuestras Escrituras, y cuando alcanzó los veinte años de edad, se preguntó si era posible que sería él. Esto no entendimos. Pensamos que trajimos al mundo un típico Judío piadoso de la secta de los hasidim, quienes preferían ser inmolados a violar sus creencias religiosas. Nuestros otros hijos, como Judas y Jacob (Santiago), tendían más a echar afuera a los Romanos; eran muy patrióticos, como muchos de los jóvenes de la zona.

Yeshu expresó su amor por su familia trabando duramente para ellos y ayudando a mi esposo. Era muy cumplido, obediente y protegía a los niños jóvenes, buscando vivir una vida de devoción a su familia y evitar los pecados de omisión y negligencia, como nuestra comunidad y religión los entendieron. El, también fue un patriota, pero poseyó una paciencia, que contrastó con la energía e impaciencia e impaciencia de sus hermanos menores. Ellos no podían entender, como el Dios de Israel podía permitir las crueldades, que los Romanos cometían en nuestro país — matanzas, flagelaciones, impuestos imposibles de pagar, toda índole de imposiciones, restricciones y violaciones, las que cometían bajo el beneplácito de los sumos sacerdotes Judíos y de los Saduceos.

Mi hijo Yeshu abogó por la paz y la tolerancia, porque dijo que nuestro Dios nos liberaría de nuestros enemigos, como en los días de Moisés, y que surgiría un líder para liberar la nación.

Yeshu empezó a hablar como si él fuese este líder. Mis hijos le escucharon, y estaban dispuestos a seguirle, porque vieron en él una fe en Dios, que podía ser hallado en los círculos gobernantes de Jerusalén, o entre los muchachos impulsivos de Galilea, tampoco entre los prácticos agricultores y negociantes, incluso ni entre los rabinos y Fariseos del país.

Pero cuando comenzó a hablar de su relación personal con Dios, que poseía en su propia existencia las Cualidades del Alma de Dios, pensamos que se había vuelto loco, porque según nuestras enseñanzas y conocimiento, esto era absolutamente imposible, producto de la mente de una persona, cuyos estudios religiosos le habían llevado a perder la cordura. No pudimos comprender la plena verdad de algo, que no poseíamos. Solo él conocía lo que sentía; y cuando por fin salió de nuestra casa para liberar a su pueblo, pensábamos que era un líder de los zelotes, marchándose para luchar contra Roma, sin embargo, nos quedábamos atónitos, porque no era beligerante sino hablaba de la paz con Roma a través del Amor de Dios en el alma humana. Por eso le considerábamos loco.

Mis hijas Lea y Raquel, a pesar de que le querían con todo su corazón, no querían saber nada con relación al idealismo de su hermano, sino que se mantenían firmes en las antiguas tradiciones de la Ley y de la Torá; y a mi esposo, José, quien no comprendió totalmente el alma de Jesús, cuando Pilato le entregó el cuerpo para su funeral, le pareció una maldición tener semejante hijo, luego lloró amargas lágrimas, cuando empezó a darse cuenta del valor del alma de nuestro hijo y del sacrificio hasta la muerte, que Jesús se había impuesto, no como un sacrificio de sangre, como cree la mayoría de los Gentiles, sino como sacrificio de su vida, para llevar a cabo su misión de predicar el Amor de Dios en los corazones de los hombres — despertando la oposición de los sumos sacerdotes, que temían estas enseñanzas no ortodoxas, y la respuesta Romana a cualquier mención del Mesías, al que ellos interpretaban como "Rey de los Judíos, ungido por Dios", especialmente cuando aquel era una persona a la que los Romanos consideraban como rebelde contra César.

Como yo, y como todos nosotros aquí en los Cielos Celestiales ahora lo comprendemos, al amor de Yeshu por su familia fue un amor natural purificado. Luego se convirtió en Divino a través de la oración; pero cuando la convicción vino a él, de que era el Mesías, nos dijo que tenía que dedicarse a la tarea de su Padre, proclamando las Buenas Nuevas de Su Amor, y que había nacido para hacer esto.

Su amor natural, que le hubiese conducido, como hombre joven, a pensamientos de amor y matrimonio, se profundizó al Amor Divino y, absorbido por El, albergaba un sentimiento maravilloso de devoción filial y fraternal, y le llevó a sentirse como el hermano más cariñoso de todos los hombres y mujeres — toda la humanidad — quitándole los pensamientos en mujeres y vida familiar. El amó a toda la gente con un amor, que se manifestó por amabilidad, por servicio, ayudando a otras personas, curando las heridas por las enfermedades, aliviando la aflicción y expresando compasión, consolando a los deprimidos, a los afligidos por la muerte, a los angustiados y a los desamparados.

El trajo la esperanza y enseñó la salvación a miles. Aun cuando no le comprendiesen, hubo una sinceridad, una fe absoluta y una convicción en la vida eterna del alma, las que hablaron a los corazones de la gente, si no a sus mentes, y muchos sentían que él fue la luz para el pueblo Judío, luz que mostraría el camino a Dios y a la paz, en este mundo y en el que sigue.

Yeshu demostró su fe, convicción y amor hasta el último momento, en la cruz de Gólgota; fue una valentía y paciencia más allá de la capacidad humana. Y, por fin, en el pie de la cruz, entendí algo de lo que él había dicho y lo que estaba en su alma, justo antes del fin, cuando me lamenté por el uno, a quien consideré un buen hijo, muriendo a causa de un trastorno, que se manifestaba en un rumbo diferente en la religión y en el desafío del poder Romano.

¡Cómo estuvimos equivocados, yo, mi familia y mi esposo! Comprendimos, sí, después de su muerte, cuando el dolor, el lamento y al amor habían raído un poco del Amor Divino en nuestras almas. José salió de su casa, predicando; Santiago fundó la secta de Jerusalén; Judas y Tomás se convirtieron en sus apóstoles.

Te relato esto, porque ahora fue solicitado, porque ahora tengo la oportunidad, creada para mí por fuerzas espirituales. Quisiera decirte con toda sinceridad, que no podía percibir nada extraño en el amor de Yeshu como niño, ni siquiera como adolescente, porque no había nada dentro de mí, permitiéndome la distinción de algo más allá, excepto mi amor como madre. No teníamos un Bar Mitzvah formal a los 13 años de edad, porque esto no se acostumbraba en nuestro tiempo, sino fue un desarrollo posterior; sin embargo, a él le encantaba discutir sobre las Escrituras con los ancianos religiosos.

Su Amor Divino le condujo hacia Dios, a pensar en Dios y ansiar la presencia de Dios; a orar, a evitar el pecado, asumir en su carácter las virtudes de la amabilidad, humildad, del servicio y de la consideración a otros, para no ofender sus sentimientos; y estas virtudes fueron para él las de mayor importancia.

También poseyó cualidades de firmeza, fe y convicción; de valentía, de fortaleza y firme resolución, enfrentando y encontrando, por fin, la muerte con tranquilidad, paciencia y unión con el Amor de Dios, sobrepasando cualquier imaginación. Así fue mi hijo Yeshu en la tierra.

Y con relación a mí misma, ahora te hablo como espíritu, que una vez fue la madre de hijas y también hijos. Y puedo penetrar en sus almas y ver la lucha, el dolor, el coraje y la fe que te animan.

Tú sabes, como resultado de esta gran tragedia en nuestra vida, la que dio origen a la turbulencia y a la persecución, y, con el tiempo, despedazando nuestra religión sagrada, la que mi hijo nunca quiso destruir, más bien cumplir sus promesas, mi vida familiar quedó destruida. Mi esposo salió para misiones de predicación, para calmar su corazón angustiado, la proclamación de la razón por la que su hijo había entregado su vida, y mis hijos siguieron su ejemplo y encontraron la muerte en sus misiones.

Te hablo como una madre que ha conocido el dolor, los pesares y la tragedia, y que los ha experimentado, cuando menos estaba en condiciones de enfrentarlos y superarlos — sin el Amor del Padre para consolar, para vendar, para sanar, para fortalecer, cuando eso hubiese significado lo máximo. Y solo después, mi amor por mi hijo se profundizó en el Amor Divino, y me dio la valentía, la serenidad, el amor hacia otros, y el conocimiento cierto de la vida eterna con Dios, lo que me dio la fuerza para enfrentar la vida con paz y amor en mi alma, y con la oración a El por Su Amor y Misericordia.

Mantén la fe en Dios, y ábrete a Su Amor, y superarás con confianza y, de hecho, paz de lamente, optimismo y felicidad todas esas circunstancias, que parecen estropear el cumplimiento de tus años. Y yo derramo encima de ustedes — aquellos que sientan mi amor y consejo maternal — todo mi amor, y les bendigo a ustedes y sus hijos.

Tu más cariñosa amiga,

María,

Madre de Jesús y Espíritu Celestial

 

 


 

 

Jesús como el Cristo

 

(Extracto de un mensaje por escrito, recibido por el Dr. Daniel G. Samuels en 1963)

Yo estoy aquí, Juan Bautista

Puesto que todo nuestra importancia religiosa al universo de los hombres tiene su fundamento en lo que Jesús manifestó, como transfiguración humana a través de este Amor Divino, él y su vida, y los pasos diversos en el progreso de su alma, como exhibido a aquellos con quienes él se reunió, son sumamente vitales e importantes. Ya que es la gentileza y calma de una naturaleza amorosa, lo que Jesús exhibió siempre y a todos los pueblos lo que, incluso como tierno niño, le hizo diferente de otros seres humanos. Porque todos tienen que entender, que el Amor Divino del Padre Celestial estaba elaborando su obra perfecta de transformación dentro del alma de Jesús, incluso como niño tierno. Y de manera como su alma, como entidad humana creada a la imagen, llegó a ser transformada más y más en lo Divino, cuando el Amor Divino se extendió en su alma y transformó las cualidades y energías naturales de lo natural en lo Divino, él llegó a ser una entidad aparte.

Nosotros, quienes nos reunimos con él, vivimos y jugamos con él, por supuesto, no comprendíamos por qué él nunca disfrutaba de travesuras, y tampoco teníamos conocimiento de otra disposición más transcendente de lo que nosotros éramos capaces. El gozó de la compañía natural y de juegos con otros niños de su edad. Y hay que explicar a los jóvenes de la actualidad, que Jesús mismo no conocía que él fuese de alguna manera diferente de todo el resto de las personas de su tiempo. El sabía que dentro de él existía una tranquilidad y un optimismo, que permanecieron todo el tiempo y que formaron una parte creciente de su naturaleza. El sabía que sentía bondad y afecto hacia toda la humanidad y todo ser viviente, y el se daba cuenta que no reaccionaba como lo hacían los otros — pero esta consciencia le llegó solo cuando maduró y progresó en el Amor.

Pasaba muchas horas meditando sobre la diferencia entre sus propias reacciones y las de sus compañeros. Pero todo esto fue un despertar gradual y lento de la consciencia a la obediencia y a la conformidad con este ego, que debería ser latente y exhibir toda la belleza y humildad de una alma en posesión de y transformada por el Don especial del Padre, el Amor Divino, en un Angel en la tierra, a quien ustedes deben mirar de vez en cuando, y comprender como el único milagro en todo el universo. Y un milagro no exclusivamente propio de Jesús como el Cristo, sino hecho disponible, a través de su fidelidad a la misión elegida, para toda la humanidad, para que lo aproveche y se adueñe de ello.

Tu hermano en Cristo,

Juan Bautista

 

 


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