Revelaciones Del
Nuevo Testamento
Revelaciones—tercera
parte
Revelación 23: Jesús explica el onceavo Mandamiento
Revelación 24: Jesús explica pasajes de la Oración y corrige más pasajes en el Evangelio según Juan
Revelación 26: Con la venida de Jesús, Dios se reveló a Sí Mismo verdaderamente
Revelación 27: Lo que el Padre quiso decir dando un Nuevo Corazón al pueblo
Revelación 28: Jesús nunca predicó el odio contra los Judíos
Revelación 29: La clase de Mesías esperado por los Judíos
Revelación 30: El Sermón de la Montaña y las Beatitudes
Revelación 31: "Sobre esta piedra edificaré mi iglesia"
Revelación 32: Los primeros seguidores que recibieron el Amor Divino, más allá de la segunda muerte
Revelaciones—tercera parte
Mensaje recibido el 27 de Enero de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí, otra vez, para escribirte acerca del Antiguo Testamento y su relación conmigo como el Mesías, es decir, los pasos en las Escrituras, que muestran e indican el camino al desarrollo de las verdades espirituales, que por fin condujeron al Amor Divino.
En mi último mensaje para ti, hablé del profeta Oseas, y expuse que él se concentró en el tema del amor, y este tema consistía de una variedad doble: el amor natural del hombre por una mujer y la gran calidad de este Amor por los caminos pecaminosos de su esposa; pero en segundo lugar, tenemos un cambio de este amor natural al amor otorgado por el Padre, porque este amor del profeta fue símbolo del Amor del Padre por Su Israel errante.
La importancia del mensaje de Oseas, pues, no fue el tipo usual de mensaje profético, llamando a Israel culpable y a sus líderes a arrepentirse y regresar a leyes morales y a rendir culto a Jehová, sino un mensaje que cambió su dirección del amor del hombre, para concentrarse en el Amor Infinito, y por eso podemos llamarlo Amor Divino para la humanidad, emanando del Padre. Y fue aquí donde aprendí la lección del Padre como un Padre de Amor y no sencillamente un Padre de advertencias, de "ira", de "enojo" por el pecado, o como un líder en la batalla para ganar la victoria sobre los adversarios de Israel o para salvarla de la destrucción.
Este concepto del Amor del Padre no se vuelve a encontrar entre los profetas de Israel o de Judá, porque la condición del pueblo en ambos países Hebreos fue así, que la llamada al arrepentimiento repetido tuvo que tomar precedencia durante los siglos subsecuentes sobre la llamada hacia el Amor del Padre y el Amor del Padre por Sus hijos. Sin embargo, existían otros escritos entre los Hebreos, que completaban mi conocimiento y comprensión de los atributos del Padre y de Su Amor Divino, que estaba esperando ser reotorgado a la humanidad en el momento que Él considerare justo y correcto en Su propia sabiduría; y estos escritos incluían algunos de los Salmos atribuidos a David y otros Salmistas, y son aquellos tratando de las ansias del alma humana por el Amor del Padre, el anhelo y el estremecimiento del alma por Dios y Su presencia.
Y estos escritos fueron importantes, porque desviaron la atención del pueblo de problemas nacionales, como las victorias, derrotas y amenazas de invasión por otros pueblos Semitas en aquel tiempo, y les condujo a pensamientos de sentimientos internos y introspección, y la consciencia de que Dios no fue solo el Dios de la nación de Israel, sino el Padre y Creador de cada alma individual, que buscando al Padre con seriedad, encuentra el camino a Él, para que Él brinde Su protección y Su Amor.
Combinando estas canciones de los Salmistas, con sus sentimientos altamente individualistas del deseo por la cercanía y por sentir la presencia del Padre a través de ansias sinceras de alma por obtener la protección y presencia amorosa del Padre, con la comprensión de que el Padre amaba a Sus hijos como alma individuales, y que quería que Sus hijos, como almas individuales, se dirigiesen a Él por su salvación respectiva y por la protección contra el mal de la vida terrenal, y por Su guía y Amor, que aquí estaba el camino para obtener los dones del Padre a través de las ansias sinceras de mi alma por la presencia, la guía y la protección del Padre y, en fin, lo que es más importante, Su Amor, ya que sabía por Oseas, que el Amor de Dios ardía como un fuego grande para transportarlo al alma que lo deseaba, y oré sinceramente al Padre, no sólo por Su guía y protección, sino por mi intuición y condición de alma y por la incitación del Padre Mismo, para que este Amor viniese en mi alma, el que esperaba, como yo sabía, a cualquiera que lo buscase en seriedad — a todos, fuesen pecadores, como Gomer, la mujer desleal, o una alma sin pecado.
Mis oraciones al Padre fueron recompensadas, no con el amor llamado el Espíritu de Dios, porque Su Amor viene en conexión con el amor del desarrollo y con los esfuerzos morales e intelectuales, sino con el Amor que nunca antes vino a la humanidad antes del Amor Divino que Oseas previó mas no recibió, pero que vino a mí por el Espíritu Santo. Este Amor Divino vino a mí cuando tenía una edad muy tierna, porque mis pensamientos y ansias de alma se concentraron en el Amor del Padre inconscientemente y sin palabras; pero el Amor del Padre comenzó a penetrar mi corazón en siempre más riqueza, cuando entendí que el Amor Divino del Padre estaba listo para ser otorgado al hombre y, especialmente, específicamente, a mí, si yo orase con la seriedad del alma, lo que motivaría que el Amor se transportara en mi alma, y con esta comprensión, o debería decir intuición, o sugerencias, hechas a mí por los mensajeros enviados por el Padre para informarme esto e instruirme.
Dejé que mis ansias de alma salieran aun más fuertemente y con mayor intensidad por el Amor del Padre, más que por cualquier otro de Sus regalos buenos, y el Amor vino, ardiendo siempre más vivo en mi alma, y sentí la incandescencia y la entrada del Amor en mi alma, y sabía que mis intuiciones y las sugerencias que llegaban a mí, fueron algo real. Y pronto llegué a convencerme, cuando crecí y llegué a la madurez, de que el Amor Divino me pertenecía y que este Amor Divino me garantizaba un lugar cerca del Padre.
Y, efectivamente, me sentí cerca del Padre y sentí Su presencia hasta tal punto de poder sentir Su Amor Divino en mi corazón frecuentemente, y por fin, casi permanentemente. Y con el Amor llegó la convicción de que yo tenía que ser el Mesías, cuya misión era anunciar a la humanidad las buenas nuevas de que el Amor Divino había sido reotorgado.
Y a través del estudio continuo de las Escrituras, comencé a darme cuenta de cómo los primeros padres habían fallado y de las consecuencias; y que esta muerte referida, significaba la separación de Dios, denotando la separación de la real presencia de Dios a través de Su Amor Divino; y yo había sido capaz de obtenerlo por primera vez a través de la Amabilidad Amorosa del Padre y Su Bondad Infinita, Misericordia y Amor por Sus hijos.
Y también, en las Escrituras se encontró la historia de Jeremías y el mensaje que este profeta perseguido, dio a su pueblo: el mensaje que Jehová daría algún día a su pueblo una nueva oportunidad de estar con Él, y que sellaría una Nueva Alianza con ellos, que sería grabada en su interior mismo, en su corazón y en su alma. Y esta Nueva Alianza entre Dios y el hombre, a través de la penetración del alma humana por la Existencia de Dios, me expuso, que yo había sido favorecido por esta Alianza a través del fuego viviente del Amor de Dios en mi alma, un fuego que pude sentir ardiendo en mi corazón con mis oraciones hacia Él.
Y así sucedió que me di cuenta de que yo fui el Mesías prometido al pueblo Hebreo y, de hecho, toda la humanidad. Y, como los otros profetas habían recibido su llamada, yo escuché la voz proclamando que yo fui el Mesías y que yo tuve que atravesar toda Palestina y proclamar el mensaje, sin tomar en cuenta las condiciones materiales prevaleciendo en el mundo en ese tiempo.
Tengo más que decir sobre este tema, del que te das cuenta que es muy importante, pero terminaré ahora y te deseo una agradable buena noche y una palabra para el Doctor, que le amo, y tú, que ambos estén de mucho ánimo. Y me suscribo,
Jesús de Nazaret — Jesús de la Biblia
Revelación 23: Jesús explica el onceavo Mandamiento
Mensaje recibido el 16 de Junio de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí esta noche para continuar mis mensajes sobre la verdad en los Evangelios, y proseguiré con Juan, sobre el mandamiento que les di a mis discípulos, y cómo la obediencia a este mandamiento traería a lo que se llama el Consolador; porque en Juan capítulo 14, yo dije, como se lo reporta en el Nuevo Testamento: "Si me amáis, guardad mis mandamientos." "Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado." Y esta declaración significó que yo, como el Mesías, estaba dando un mandamiento que tenía que ser colocado junto con, y encima de, los Diez Mandamientos de Moisés; y este mandamiento fue la Ley del Amor de Dios.
Dije a mis discípulos, que debían amarse los unos a los otros, no solamente que debían amar a sí mismos, sino a toda la humanidad, porque "los unos a los otros" fue un término que no significaba el círculo de los discípulos únicamente, sino todas las personas; y este Amor debía incluir a seres humanos llenos de intenciones vengativas, y mis discípulos tenían que amar tanto a sus enemigos como a sus amigos.
Y este amor que tenían que agasajar por la humanidad, no fue el amor natural, conferido a todos los hombres en su creación por Dios, sino el Amor Divino, que Dios había otorgado a la humanidad con mi venida; y este Amor pudo ser obtenido por mis discípulos, si creían que fue asequible y que pudo ser transportado en sus almas por la acción del Espíritu Santo.
Esto fue el significado de la frase muy importante: "como yo os he amado." Porque significó que yo había amado a mis discípulos con el Amor Divino, que Dios había implantado en mi alma a causa de mis ansias por Su Amor, y que mi amor por mis discípulos y, esto debería agregar, por toda la humanidad, fue el Amor Divino en mi alma y que había obtenido del Padre. Por lo que mis discípulos, y toda la humanidad, pudieron obtener, orando al Padre, el mismo Amor Divino en sus almas, que llenó la mía. Y este Amor Divino tenía que ser el Amor con El que mis discípulos tenían que amarse los unos a los otros y a toda la humanidad.
Este fue el único mandamiento que di a mis discípulos, y ningún otro, porque no les ordené que bebiesen o comiesen pan en conmemoración mía, porque tal acción no pudiese tener ningún mérito en traer el Amor Divino en sus corazones, y sólo pudo ser un acto de veneración, que imposiblemente pude desear imponer en mis discípulos; y esto sin importancia si pensé que la muerte posiblemente estaba cerca, o no lo pensé. Pero sí dije más bien: "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre." Ciertamente no expresé esto con tantas palabras, o con exactamente estas palabras, pero sencillamente quise decir que oraría, como siempre lo hice, al Padre, para que sus almas se abrieran al Amor Divino, al que el escritor se refirió con la palabra Consolador; y que este Amor seguiría ser transportado en siempre más riqueza en las almas de mis discípulos por toda la eternidad. No quise decir que pude orar al Padre para que mandase Su Amor Divino a mis discípulos solamente por mis oraciones, sino quise decir que las almas de los discípulos tenían que ansiar el Amor del Padre, por lo que podía ingresar a sus almas en condiciones de poder recibirlo.
También dije: "Si un hombre me ama, observará mi mensaje; si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor", lo que fue otra manera de decir que aquellos discípulos que creían que yo fue el Mesías, y que me amaban, creerían que mi alma fue inmortal a través del Amor Divino, y orarían al Padre por Su Amor como camino a la unión con Él y a la Inmortalidad, lo que fue el mensaje que enseñé, y que pedí a mis discípulos, y a todos mis oyentes, que lo aplicasen en su propia vida y rezasen de veras, y que el resultado sería que se llenarían del mismo Amor que el mío, y que de esta manera podríamos tener un Amor mutuo los unos a los otros, de la misma manera como yo oré al Padre, y recibí más de Su Amor, amé siempre más a Dios, y Su Amor por mí estuvo en mi corazón.
Estos escritos de Juan son correctos, demostrando que el Amor fue el gran tema de mis enseñanzas, pero no explican la Naturaleza Divina del Amor del Padre por Sus hijos, ni el hecho de que yo estuve lleno de Su Amor Divino y traté que mis discípulos lo obtuviesen de igual manera, a través del único camino cómo pudo ser obtenido — a través de la oración. No explica que este Amor, con El que mis discípulos debían amarse los unos a los otros, fue algo más que el amor ordinario, que los humanos tienen los unos a los otros, ni la naturaleza especial de mi amor por ellos y por la humanidad. Pero, añadiendo estas interpretaciones, el significado verdadero de estos pasajes del Evangelio se pone en claro.
Te he escrito esta noche sobre el tema, por tu deseo de obtener una confirmación en cuanto a las verdades en ciertas porciones del Evangelio según Juan, que necesitaban explicaciones, y porque sentiste que estaban muy cerca de la verdad, o incluso la contenían; y yo volveré a venir y escribirte sobre más material en los Evangelios, que originalmente trató de mis enseñanzas del Amor Divino, antes de ser borrado o mutilado de una manera de convertirlo en irreconocible.
Pienso haber escrito suficiente por esta noche, y así me despediré de ti y del Doctor, y con mi amor y mis bendiciones para él y para ti, terminaré y me suscribo
Tu amigo y hermano mayor,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 24: Jesús explica pasajes de la Oración y corrige más pasajes en el Evangelio según Juan
Mensaje recibido el 23 de Junio de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí, otra vez, para escribirte acerca de las verdades del Padre, y deseo hacer comentarios sobre La Oración, entregada al Sr. Padgett hace muchos años — la única oración necesaria para obtener el Amor del Padre; y al Doctor, hay que alabarle mucho por su perspicacia percibiendo todas las implicaciones de la Oración. Se debería comprender también, que cuando escribí: "a través de la muerte y del sacrificio de ninguna de Tus criaturas", me referí a la costumbre Hebrea de perdonar por el sacrificio de corderos y bueyes, del que se pensaba que quitaba el pecado. En aquel tiempo, no me referí a mí mismo como a alguien considerado siendo igual a Dios, ya que esta oración fue entregada antes de que ninguna idea hubiese entrado en la mente humana de que yo pudiese constituir semejante ser; y yo no lo enseñé, sino lo inserté sencillamente al entregar la oración al Sr. Padgett en mi capacidad como el Cristo resucitado, y para indicar una interpretación falsa, desarrollada en el transcurso de los años. Así se debe comprender, que en la enseñanza original de la Oración, estas últimas palabras, rechazando la idea de que mi persona forma una parte de la trinidad, no aparecieron.
Sólo menciono esto para explicar cualquier indagación que puedan surgir en cuanto a cómo este pensamiento, que no se encuentra en ninguna parte de mis enseñanzas en los Evangelios, se presenta en una oración, que supuestamente contiene mi lenguaje original, por lo menos en su substancia.
Yo sé, estudiaste el Evangelio de Juan, porque es aquel que más trata de mi relación con el Padre, y que contiene el material, que al ser interpretado correctamente, revela el Amor Divino como la Substancia que me transformó en el Mesías, y que me capacitó para asumir esta posición, incluso como mortal, exaltándome en los ojos de aquellos que comprendieron mis enseñanzas y reconocieron la relación especial que tuve con el Padre. Y fue este Amor Divino, que impregnó y llenó mi alma en el tiempo de mi aparición para emprender mi ministerio público.
Al mismo tiempo, como ya sabes, muchas de las declaraciones en el Evangelio según Juan no fueron escritas por Juan, sino por sucesores, quienes revisaron y redactaron con otras palabras el Evangelio en conformidad con su comprensión inferior de las verdades espirituales y bajo la influencia de las doctrinas transformadas, que gradualmente reemplazaron las verdades, con el propósito de satisfacer las condiciones impuestas por la comprensión disminuida de aquellas verdades.
Deseo continuar esta noche con el significado verdadero de expresiones dudosas en el Evangelio según Juan, que se le atribuyen, pero las que nunca escribió. En el capítulo 5, aparece el versículo: "Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere dar vida." (versículo 21) Ahora, este pasaje es muy engañoso, porque insiste en el pensamiento de que Dios impone Su Voluntad en la humanidad en el mundo de los espíritus, y que yo hago lo mismo, presuntamente, tanto en el mundo de los espíritus, como en el de la carne. Ahora, nada puede estar más remoto de la verdad que esta expresión, ya que implica que el hombre, no importa si en el mundo mortal o de los espíritus, está despojado del libre albedrío y sujeto a la Voluntad del Padre y a la mía; y si esto fuese el caso, entonces el hombre no fuese la suprema de las creaciones de Dios creaciones, sino solamente un títere. Y además, me atribuye un poder que no poseo, ni me interesaría ejecutarlo si lo poseyera, porque no tengo ningún deseo de obligar a un hombre, a que venga al Padre, ya que esta compulsión constituiría una violación de las leyes referentes a la creación del hombre, y este deseo fuese un deseo de violar las leyes de Dios, lo que es ajeno a mi naturaleza. Hay que destacar que el hombre tiene un libre albedrío, con el que determina sus acciones en la tierra y en el mundo de los espíritus, y nadie, ni siquiera Dios Mismo, puede infringir este libre albedrío sin violar las leyes de la creación del hombre.
Cuando el escritor escribió estas palabras, él estuvo bajo la impresión equivocada de que el destino, o la Voluntad superior de Dios, determina si un hombre busca o no busca al Padre; pero en realidad, se debería interpretar este pasaje que significa que el Padre lleva al alma muerta, por Sus Leyes de Compensación, que a la larga purificarán el alma de sus pecados, a que herede el plano del hombre natural perfecto. Y si esta alma se abre a las enseñanzas de los espíritus Celestiales y de sus colaboradores, entonces esta alma, aplicando estas enseñanzas, puede transformarse en una alma Divina a través de la oración al Padre Celestial. Por lo que esta alma no solamente es despertada de la muerte — es decir, del desconocimiento de su existencia — sino llega a tener conocimiento de la Inmortalidad y a ser dueña de la misma.
Y a esto se refiere la expresión "alma muerta" que Dios resucita de los muertos. Pero este proceso es el resultado del albedrío humano y de los deseos de su alma, y no de la Voluntad de Dios, imponiendo Su dictamen sobre el hombre. Y esto también tiene validez para las referencias a mí como el Hijo, porque el escritor, en su creencia equivocada, me colocó en un fundamento igual al del Padre, y a esto me referí en mi Oración para el Sr. Padgett. Pero la declaración está equivocada, ya que no estoy obligando a nadie a que tenga fe en mí o en mi mensaje, sino trato de entregar el mensaje del Amor del Padre a toda la humanidad, y luego permitir a los que escucharon el mensaje a que elijan libremente, si desean aceptarlo o rechazarlo. Y esta elección está a la disposición tanto de los mortales, como de los espíritus.
La humanidad tiene la elección, en la carne y en el espíritu, de decidirse a evitar los infiernos a través de la obtención de una cantidad suficiente del Amor Divino por la oración al Padre, y con el tiempo alcanzar los Cielos Celestiales, o estancarse en el sufrimiento y en las tinieblas, para purificarse a la larga. Pero esta es una elección libre del hombre mismo, y no existe ninguna compulsión de parte del Padre, tampoco existe algo como la "predestinación", gobernando la suerte del hombre; porque en estas materias, el hombre crea su propio destino, y todas las declaraciones implicadas o explícitas en el Nuevo Testamento contrarias a lo que digo esta noche aquí, son falsas y condenables, porque restan fuerza a la voluntad del hombre para elegir libremente, y le llevan a resignarse a especulaciones ilusorias e imposibles.
Pienso haber tratado el tema del libre albedrío y del destino del hombre, como se lo rechaza en algunos escritos atribuidos a Juan. Pero el tema es muy importante en la búsqueda del hombre, voluntariamente, por el Amor del Padre, y muy posiblemente volveré pronto para indicar falsedades parecidas en Juan y en otros Evangelios.
Así, estoy agradecido por permitirme escribir esta noche, y terminaré diciendo: Yo soy tu amigo y hermano mayor,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Mensaje recibido el 17 de Mayo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Me alegro estar aquí otra vez esta noche, para escribirte sobre los diversos puntos que salieron a la luz en sus discusiones, y comenzaré haciendo constar que mi conocimiento acerca de la desmaterialización de mi cuerpo no fue resultado de poderes síquicos que poseía en aquel tiempo, sino debido al conocimiento de alma, con el que contaba, a causa de la cantidad suficiente del Amor Divino, que entonces había obtenido a través de mis oraciones al Padre.
La historia de la crucifixión atrajo fuertemente a muchos escritores de esta y de pasadas edades, y es aquella fase en mi existencia mortal, a la que me referiría con menos gusto; sin embargo, es un factor que tiene que considerarse como parte de la vida de Jesús, el Mesías, por lo que escribiré algunos hechos acerca de ella.
En primer lugar, no fue Abril cuando me arrestaron y mataron, cómo tantas veces lo escribieron, sino ocurrió en Marzo, y existen algunos indicios de ello en el Nuevo Testamento, primeramente, que en el día previo a mi arresto, enseñé en la vecindad del Templo, y tronó, por lo que algunos de la gente que escuchaba mi discurso, pensaron que un Angel, o Dios, había hablado conmigo, así que el tiempo estaba nublado y cambiante de noche. Hacía frío, porque, como se lo registra en el Nuevo Testamento, Pedro tuvo que calentar sus manos en el patio del Sumo Sacerdote, y el día siguiente, en el escenario de la crucifixión, obscureció y se nubló, y hubo muchas personas pensando que esta obscuridad fue una indicación de la ira de Dios por la fechoría.
Ahora, el hecho es que Dios es Amor, y Su Amor Divino estaba abierto para aquellos responsables de mi muerte, y Él no expresó ira, porque Él nunca tiene iras; y la tormenta que obscureció el día sobre Jerusalén, simplemente correspondió al orden natural de los inicios de primavera en aquel tiempo.
Deseo decir que el juicio por el Sanedrín estuvo en conformidad, en un grado rudimentario pero superficial, con las leyes Saduceas, pero que en el estado de este cuerpo en aquel tiempo y su relación con los sacerdotes gobernantes, estuvieron dispuestos a aceptar mi muerto por medios injustos a través de testigos que perjuraron para eliminar a una persona, a quien consideraron inoportuna y peligrosa para la religión Hebrea, y una fuente de peligro potencial a su armonía con las autoridades Romanas.
También quisiera hacer constar que mi padre, José, estuvo presente en este juicio injusto, y observó como me abofetearon y condenaron, y le dolió el corazón viendo el tratamiento que recibí, y por la confirmación de su mayor temor. Y sus ojos, se le abrieron al estancamiento del Sanedrín en aquel tiempo, y se dio cuenta de lo que ellos consideraron religión, sólo era una farsa. Y se le abrieron los ojos al abismo enorme entre lo que era la religión practicada por su cuerpo más augusto, y lo que yo propuse en su lugar, no sólo restaurando su autoridad y pureza original, sino también impartiendo su excelencia y grandeza culminante. Y, de esta vergüenza y humillación que sufrió viendo a su hijo primogénito condenado y ejecutado como delincuente, nació la convicción de la inocencia de su hijo y de la justicia de su causa, y de la verdad de su misión.
Y debo decir, también, que ciertamente mi cuerpo fue desgarrado y extenuado por los golpes y brutalidades de mi ejecución, pero ni una sola vez durante aquel tiempo perdí la fe en mi Padre, ni en la verdad de mi misión; y el ardor en mi alma me aseveró constantemente, que pude morir solo en la carne, y que retendría mi consciencia después de mi fallecimiento. Y esto es verdad: porque el mismo ardor en mi alma continuó cuando llegué a ser un espíritu y miré mi cuerpo, que había sido atravesado por una lanza. También es verdad que el centurión Romano, que ejerció su cargo en la crucifixión estuvo convencido profundamente de mi inocencia y, por cierto, no dijo, como se lo relata en el Nuevo Testamento, que yo fui el Hijo de Dios (porque no comprendió este término), pero sí afirmó que creía en mi inocencia; y posteriormente, en Pentecostés, y con las prédicas de mis discípulos, y estando convencido de que yo había resucitado, él se convirtió al Cristianismo. Y lo mismo es verdad respecto al lancero, Corigino, como se le llama, quien clavó su lanza en mi corazón para determinar mi muerte: también él llegó a estar influenciado por mis enseñanzas en los días subsecuentes a Pentecostés, y también se afectó a algunos otros de la soldadesca Romana.
La historia de la crucifixión, en sus otros aspectos, es substancialmente la misma que se relata en el Nuevo Testamento, pero nunca articulé ninguna queja o duda de si Dios estaba conmigo; y las palabras atribuidas a mí: "Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", jamás las pronuncié, sino que fueron insertadas por un copista muchos años después, para que mi muerte concordara con las palabras del Salmista al respecto. Es verdad, me colocaron en medio de dos malhechores, pero nunca buscó uno de ellos la conversión, ni le dije que iba a estar en el Paraíso conmigo, ya que esto fue un favor que yo no pude conceder, porque su lugar en el mundo de los espíritus dependía de su condición de alma.
Respecto al amigo del Doctor, quisiera decir que es más fácil contactar el mundo de los espíritus de lo que se crea, porque existen muchos espíritus que abundan, listos y dispuestos a permitir el contacto; y la dificultad yace con los mortales, que viven solo para el mundo material y creen, que el mundo de los espíritus es sencillamente una fábula y que no se debería creer en ello; y esto es lo que impide la conexión. Y el tipo de conexión depende de la condición del desenvolvimiento espiritual del mortal.
Por lo que el amigo del Doctor no debe pensar, que por razones de no tener evidencia tangible de su contacto con los espíritus, no le creamos o no tengamos fe en su contacto establecido, porque de hecho, lo está haciendo, y sus esfuerzos en ayudarles tienen su efecto, dependiente de la voluntad de los espíritus, con los que se comunica, y de su deseo por mejorar su suerte. Y me gustaría hacer constar que esto también tiene validez para el Doctor; ya que, aunque se lo ha dicha antes, pienso que le estimularía para continuar el escuchar esta confirmación directamente de su amigo y hermano mayor, quien es
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Nota del editor: Jesús volvió a escribir esa misma noche, para responder a preguntas como sigue:
Sí, estoy aquí otra vez, porque todavía estoy presente con otros espíritus Celestiales, y responderé a la pregunta, declarando que fui presentado en el Templo como se lo describe en el Nuevo Testamento, y también que mi madre completó su plazo de purificación, que era de cuarenta días. Y la realidad es que los Reyes Magos no aparecieron en Belén antes de seis semanas después de mi nacimiento, y tan sólo unos pocos días más tarde, cuando Herodes conoció que los Magos habían desaparecido, expidió un decreto para masacrar a los bebés en esta ciudad y en la vecindad.
No atrapó a mi familia, porque mi padre comprendió muy rápidamente el ánimo de Herodes y su posible edicto dirigido contra mi persona, y se apuró a emprender viaje con mi madre y conmigo en el tiempo cuando los Reyes Magos partieron hacia el Este. Y esto explica el hecho de que mi madre pudo viajar hacia Egipto, porque se había recuperado del parto. Si el edicto de Herodes hubiese venido más temprano, mi padre no hubiese sido capaz de irse hacia Egipto, porque mi madre no hubiese podido viajar después de su alumbramiento.
Esperando que esto satisfaga a sus preguntas, terminaré ahora, y con todo mi amor y mis bendiciones para ti y para el Doctor, cláusula que omití de mi primer mensaje porque vi que querías terminar, me despido y me suscribo,
Jesús de la Biblia
Revelación 26: Con la venida de Jesús, Dios se reveló a Sí Mismo verdaderamente
Mensaje recibido el 17 de Marzo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Me alegro volver a escribirte esta noche, y como el Doctor tiene la impresión de que quiero escribirte sobre Jehová, lo haré, porque la materia es muy interesante, porque abarca el concepto de Dios, como Él es revelado al hombre en el Antiguo Testamento, y como Él es revelado adicionalmente a la humanidad en los Evangelios del Nuevo Testamento.
Puede sorprenderse el hombre al enterarse de que Dios es Jehová, o Yavé, de las Escrituras Judías y, al mismo tiempo, también el Padre Celestial, a quien me referí en el Nuevo Testamento; y esto a pesar del hecho de que Yavé es un Dios de "ira" y "venganza", y el Padre Celestial es un Dios de Amor, ternura y misericordia. Sin embargo, ambos son el mismo, invisible, verdadero Dios, el Creador de la humanidad, y Él siempre fue el mismo y nunca cambió, excepto que Su Amor ha sido otorgado a la humanidad con mi venida, y no fue conferido previamente; y es esta adición que constituye la diferencia real en el concepto, que la humanidad se ha formado del Padre en el Cielo.
Así ves que Dios siempre ha sido el mismo, con la excepción de que regaló a la humanidad Su Amor Divino con mi aparición en la tierra, por lo que el concepto entero acerca de Él por la humanidad cambió. Ya que con mi venida, Él se reveló a Sí Mismo verdaderamente, al revelar Su atributo mayor, Su Amor, que también es Su Naturaleza.
Jehová, o Yavé, se reveló primero a Abraham, en el Oriente Medio, pero no fue el primero en todo el mundo, porque los orientales fueron los primeros en realidad, que tenían una percepción del verdadero, invisible Dios. Y a Abraham y su simiente, Yavé apareció como un Dios tribal, un Dios tratando más con la comunidad que con el individuo. Y la lección más importante, que la simiente de Abraham, como Judíos, tuvo que aprender durante muchos siglos, fue el permanecer fiel al verdadero, invisible Dios, que entonces asumió las proporciones de Protector de la tribu y, posteriormente, de la nación; y la comprensión de que esta fidelidad a Jehová traería su recompensa y, a la inversa, que la infidelidad hacia Jehová y el rendimiento de culto a imágenes conllevaría sufrimientos comunitarios, derrotas en la guerra con pueblos paganos, y condiciones adversas de la naturaleza.
Y Dios nunca fue un Dios iracundo, celoso o vengativo, esto fue solamente el concepto que los Judíos de la época respectiva se formaron de Él; y sus ideas respecto a Él fueron condicionadas por sus experiencias y perspectivas generales de la época a la que pertenecían. Y, finalmente, el concepto fue ampliado para incluir el concepto supremo de Dios, que fue posible sin el Amor Divino, y esto fue el concepto de que Jehová era un Dios justo, que deseaba la honradez en la conducta de Sus hijos como individuos; y este concepto gradualmente llegó a ser más importante que los otros debido a la influencia de los profetas, quienes tenían una perspicacia mayor de la igualdad de los ricos y pobres, y unidos como hermanos en su culto del Dios verdadero.
Jehová, como he dicho, jamás fue un Dios iracundo, como los hijos de Israel lo concibieron, sino el hecho es que los pecados de la clase gobernante creó condiciones, que inevitablemente provocaron el establecimiento de un pueblo corrupto, incapaz de soportar las invasiones y estragos por invasores, no porque los profetas aprendieron eso de Dios, sino porque esta línea de conducta inevitablemente condujo a condiciones causando desastres. Y esto puede designarse como ley, porque la conducta fuera de la armonía con las leyes de Dios provocó condiciones, que impidieron la asistencia espiritual al pueblo que practicó estas infracciones de la armonía y las transgresiones. Por lo que, igualmente que la Ley de Compensación funciona implacablemente en el mundo de los espíritus, existe una ley correspondiente en el mundo material, que acciona, aunque no con la misma precisión y exactitud, en el mundo material. De todas maneras, la conducta en armonía con las leyes de Dios crea condiciones favorables para la ayuda espiritual; y, por ello, significa la ayuda de parte de espíritus llamados por Dios para brindar asistencia al pueblo o a los individuos.
Así, ves que Jehová no fue un Dios de ira o venganza, como se lo imaginaba era, pero tampoco fue un Dios de Amor, porque Su Amor Divino no estuvo activo, y los profetas quienes le comprendieron como un Dios Justo, llegaron a una comprensión tan cercana de Él como Él se les había revelado, pero al Amor faltaba, y los profetas no podían percibir un Amor, que no estaba evidente. Sin embargo, algunos de ellos sí tenían una cierta perspicacia en que Dios tenía este Amor, que algún día sería otorgado a los corazones de Sus hijos, y algunos lo consideraban como amabilidad amorosa, misericordia o ternura, pero no conocían realmente lo que era, porque no lo podían experimentar.
Dios se reveló a Sí Mismo como un Dios de Amor sólo cuando yo obtuve este Amor, y de esta manera sucedió que la Ley del Antiguo Testamento fue suplantada, o debería decir mejor, cumplida, por la Gracia del Nuevo Testamento. Y con Gracia me refiero al Amor Divino. Cuando un mortal posee el Amor Divino, Este puede crear condiciones que en cierto grado pueden superar las influencias engañosas de la carne, y capacitar a espíritus beneficiosos para que ayuden al dueño del Amor Divino. Pero su efecto se manifiesta, sobre todo, en el mundo de los espíritus, donde el pecado ya no está activo, sino que se encuentra en el proceso de ser erradicado, aunque en algunos casos este proceso es largo y tedioso, y el pecado sigue existiendo como lo hizo en la carne. Cuando digo "el pecado ya no está activo", quiero decir que ninguna acción pecaminosa, debido a condiciones de alma pecaminosas, puede ser utilizado por la Ley de Compensación contra el espíritu, una vez que este haya ingresado al mundo de los espíritus.
Dios, o Jehová, o Yavé, el Padre Celestial, por eso es el mismo, pero el título mencionado por último, exhibe una relación diferente con Sus hijos, porque ahora se trata de una relación de Amor y unión en la posesión de Su Naturaleza Divina, mientras que antes de que el Amor Divino fuese otorgado, la relación no implicaba este calor, sino que representaba la dependencia de los súbditos de su Regente. No obstante, Dios fue concebido por los Judíos como un Ser con un cuerpo parecido al de los seres humanos, y no existió ninguna noción de que Él es una Alma Infinita, sin comienzo ni fin, y que Su Naturaleza es el Amor Divino, y que Sus atributos son la sabiduría, el poder y la voluntad, sin límite. Incluso hoy en día, este concepto de Dios no se comprende bien, sino que el hecho de la limitación e imperfección de la mente humana, impide una concepción de Quién y Qué es Dios.
Pienso haber escrito suficiente sobre el tema de la relación entre Yavé y el Padre Celestial, y terminaré ahora despidiéndome, con todo mi amor para ti y para el Doctor. Continúen orando al Padre por siempre más del Amor Divino, mientras todavía esté disponible, porque es lo supremo en todo el universo; y tengan fe en que Él es el Padre, y que Él no les abandonará, si le preguntan en seriedad y sinceridad. Y me suscribo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 27: Lo que el Padre quiso decir dando un Nuevo Corazón al pueblo
Mensaje recibido el 11 de Enero de 1956
Yo estoy aquí, Jesús
Yo veo que has estado estudiando las enseñanzas y profecías del Antiguo Testamento, y me gustaría escribirte unas pocas palabras esta noche acerca de cómo llegué a conocer que yo fui el Mesías, quien había sido proclamado como el Salvador de los Israelitas. Ahora, te he escrito ya antes respecto a lo que aprendí del Padre, pero complementaré esto con material que te ayudará a tener más claridad en el tema.
El pueblo de Israel había roto la alianza que Dios había sellado con ellos, y Él anticipó la necesidad de realmente otorgarles Su propia personalidad Divina a través de Su Amor, con el fin de purificar y transformar sus almas, para que estuviesen libres y la tentación del pecado y de la maldad. Esto es lo que el Padre quiso decir dando al pueblo un nuevo corazón, lo que articuló a través de Jeremías y Ezequiel, y derramando Su Espíritu sobre ellos. Este, desde luego, no fue Su Espíritu que funciona en el reino de lo intelectual o de la moral, sino fue el Espíritu que transporta Su Amor Divino, que demostró poseer por Su pueblo a pesar de sus caminos pecaminosos. Porque, a través del profeta Oseas, Él había revelado que amaba a Israel, Su pueblo, como el marido ama a la esposa, aunque ella esté desleal. Por lo que Él iba a derramar Su Amor sobre Su pueblo a través de Su Espíritu — el Espíritu Santo — y de esta manera darle un Nuevo Corazón.
El Amor Divino en mi corazón siguió diciéndome que yo era el Mesías quien debía venir para traer la salvación al pueblo a través del Amor, que sería dado no sólo a mí, sino a todos que regresaren al Padre y lo buscaren a través de deseos serios, igual que la gente trata de hacer lo justo y acciones amables, porque así lo desean. La obtención del Amor del Padre fue una acción del alma brotando de las emociones y la voluntad practicada por las emociones, y abarcó la confianza en el Amor del Padre y Su misericordia, y la oración a Él que lo otorgase a cause de la búsqueda sincera.
Muchas de las profecías acerca de la venida del Mesías hechas por los profetas trataron de tiempos previos a mi venida y más cercanas a su propio tiempo, y trataron de Zorobabel, por Ageo y Zacarías, después de que Ciro, el rey Persa, permitió a los exiliados a que regresasen a Jerusalén; y también de Onías, en los días del regente Griego Antíoco Epífanes. Al mismo tiempo, se me dio a entender que las profecías de los voceros de Dios fueron aplicables no sólo a su propia generación, sino podían referirse de ley a tiempos posteriores, cuando estos tiempos provocarían circunstancias como aquellas originalmente referidas. Y esto puede verse en Isaías y Jeremías, cuando trataron de mantener Judá fuera de las guerras entre Egipto y los imperios orientales de Asiria y Babilonia.
Yo sabía por el Amor que ardía en mi alma, que la profecía del Nuevo Corazón estaba cumpliéndose en mi alma, y empecé a ver que muchos de los pasajes mesiánicos en (los libros de) los profetas se referían tanto a mí, como a mis precursores. Vi que cumplí muchas de las exigencias, por ejemplo que yo era de la casa de David, nacido en Belén, que vine en un momento cuando Judá era una dependencia de un poder extranjero, y que las profecías de Daniel situaron el tiempo de la venida del Mesías en mis propios días.
Los pasajes en Isaías sobre el sirviente sufrido ciertamente se referían a Israel, pero un hombre como la personificación de Israel se ajustó perfectamente al cuadro mesiánico; porque, en Oseas, Dios había reseñado a Israel como una mujer adúltera, y en Isaías como un viñedo, y en Jeremías de diferentes modos; y parecía que, cuando Dios se refería a Israel, Él indicó a alguien quien representaría a Israel a través del sufrimiento para la salvación de todos los hijos de Dios. Con Israel, Él denotó a uno de Sus hijos, que sufriría por su fe. Por lo que Dios, al decir Israel, realmente se refirió al Mesías.
Aquella señal que esperé fue la profanación del Templo, profetizada en el Libro de Daniel; y cuando Pilato hizo eso a comienzos del año A.D. 26, sabía que lo que había ocurrido en los días de Antíoco Epífanes, no se había limitado solo a su época, y que había sido repetido en la mía, y me trajo el conocimiento de que tenía que presentarme y proclamar el reotorgamiento del Amor del Padre — el Nuevo Corazón — como lo fue proclamado por los profetas, y que yo había sido ungido como el Mesías de Dios.
También lo sabía esto tanto por la vida de Jeremías y sus tribulaciones, como por las profecías de Isaías y Daniel, que me matarían, pero esto sucedería como resultado de los pecados de la humanidad, y no porque yo fui predestinado a ser crucificado o porque voluntariamente asumí los pecados de toda la humanidad y salvé a la humanidad del pecado pagando la penalidad por el pecado con mi sangre. Ahora, yo sé que esto es lo que se enseña, pero está totalmente equivocado y no tiene fundamente en la realidad.
Terminaré por ahora, porque ya es tarde y deberías conseguir un poco de sueño. Así, con mi amor por ti y por el Doctor, y por todos mis trabajadores, me despediré y me suscribo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 28: Jesús nunca predicó el odio contra los Judíos
Mensaje recibido el 11 de Julio de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Sí, yo estoy aquí en tu cuarto esta noche, con mucho deseo de escribirte un mensaje sobre el Evangelio de Juan, siempre cuando estés con ánimo y en condiciones de aceptarlo, y diré que Juan, capítulo 7, contiene una cantidad de pasajes que exigen esclarecimiento.
En primer lugar, nunca dije a ninguno de mis hermanos y hermanas, como se lo relata en este capítulo, que mi tiempo todavía no había llegado, mientras su tiempo siempre estaba oportuno. Porque esto significaría que yo tenía conocimiento del tiempo, cuando me arrestarían y entregarían a las autoridades Romanas para mi ejecución. Y esto es un punto que quisiera destacar: que yo no sabía cuando llegaría mi tiempo, y, por cierto, no en aquel momento. Y, más aún, nunca dije que su tiempo siempre estaba listo, porque la frase no tenía sentido. Si esto significaba lo mismo para ellos, que lo que supuestamente significaba para mí, entonces significaba que su tiempo de morir siempre estaba presente y podía ocurrir en cualquier momento; es cierto, el hombre está sujeto a la muerte a cualquier hora, sin embargo, su expectativa de vida depende, como regla general, de la edad. Y todos mis hermanos y hermanas, siendo menores a mí, podían esperar vivir mucho más tiempo, salvo enfermedad, accidente o problemas con los Romanos.
No subí a la fiesta, no por miedo a problemas con las autoridades Judías, sino porque cambié mis planos para venir a Jerusalén cuando las autoridades Judías menos me esperaban, por lo que podría aparecer y enseñar allá sin ser detenido por los Judíos y sin causar bullas entre ellos y mis discípulos. Porque, una vez en la ciudad, yo sabía que las autoridades no se atreverían a molestarme por miedo a la gente.
En mis enseñanzas al pueblo y también a los líderes Judíos, nunca intenté provocarles adoptando una actitud hostil contra ellos, sino que les impulsé y exhorté a que creyeran que el Amor Divino estaba a la disposición, como lo había sido prometido a la nación Judía a través de la palabra de los profetas antiguos, como Moisés e Isaías. Y enseñé el cumplimiento de las profecías. Lo que yo hice y lo que enfureció a la gente, fue lo diseñado para mostrarles que el Amor fue mayor y logró más que la ley, que no sería necesaria si el Amor de Dios descansaba en los corazones de todos mis oyentes.
Les enseñé orar a Dios por Su Amor Divino, y sólo cuando me pidieron mostrar pruebas de que el Amor existía, tuve que explicar que El me había sido dado a mí y ardía en mi alma. Y de esta manera siempre se presentaron problemas, ya que los Judíos no querían creer que este Amor Divino hubiese sido concedido a mí o a nadie más, mucho menos creían que el Amor Divino hubiese sido otorgado del todo.
En la Fiesta de las Cabañas, cuando los sacerdotes Hebreos llevaban cántaros llenos de agua en su procesión, utilicé Isaías, capítulo 58, para exponer que las aguas vivas del Amor Divino de Dios entrarían en el corazón de cada uno, si cada uno se dirigiese a Dios para buscarlo por medio de la oración sincera. Pero fue difícil para los Judíos, en la condición espiritual de poca profundidad en la que se encontraban, poder comprender mi mensaje. El Evangelio según Juan afirma que esto se refería al Espíritu Santo, al que el hombre iba a recibir, y porque yo todavía no había sido glorificado, el Espíritu todavía no había sido otorgado. Esto significa, por supuesto, que el Amor Divino todavía no había sido regalado, porque yo tenía que morir primero; pero esto no es la verdad, porque igual que el Amor Divino me había sido otorgado, podía ser otorgado a toda la humanidad que lo buscaba, y cuyas almas estaban abiertas a recibirlo. Es verdad, sin embargo, que el Amor Divino no vino fluyendo en las almas de mis discípulos en gran riqueza hasta Pentecostés.
Ciertamente es verdad, como se lo expone en Juan, capítulo 8, que discutí sobre Abraham con los Judíos, pero el relato respectivo, como ahora se encuentra en el Evangelio, está tan distorsionado, que parece que yo pensaba que los Judíos habían nacido del "diablo" — que eran descendientes de un asesino o una asesina, y que habían cortado su relación con Dios. Este pasaje ha causado mucho odio dirigido contra los Judíos por su intransigencia en no aceptarme como el Mesías. Pero si existe algo que yo no había venido a predicar, fue el odio contra una persona o contra una nación. Deseaba persuadir, a través del amor, a la humanidad a que llegase a buscar al Amor de Dios, y no obligar al hombre a venir a Dios a través de la fuerza o de la compulsión; y Juan, quien estaba lleno del Amor Divino de Dios en su alma, nunca predicó el odio contra los Judíos — un supuesto del que los Judíos le acusan injustamente — tampoco llamé a los Judíos hijos de Satanás, jamás.
Estaba apenado y me acongojé porque los Judíos no se dirigiesen al Padre y buscasen Su Amor, lo que les hubiese dado el estado de ser Sus hijos redimidos. Pero nunca me dirigí contra ellos en ira, ni les maldije jamás, ni llamé a su padre un asesino; porque si hacían la obra de Abraham o no, con todo, permanecían los hijos de su ancestro, Abraham, y su padre en un sentido real, espiritual era Dios, el Creador de la humanidad.
Por lo que verás que el relato de mis discípulos con los Judíos con referencia a Abraham fue distorsionado para incluir el odio. Jamás pudiese haber llamado a los Judíos los hijos del diablo, un asesino, ya que, como bien sabes, no existe tal criatura, y la falsedad de esta afirmación y la incomprensión del escritor nace de su identificación del padre de los Judíos como Satanás, un ser real que era un asesino. En su odio contra los Judíos, este escritor (y no fue Juan, sino alguien muchos largos años después de Juan, cuando los Cristianos fueron víctimas de la persecución por Judíos y paganos), negó que los Judíos originaban de Abraham físicamente y del Padre espiritualmente.
Quise exponer a los Judíos, que estaban desviándose del sendero trazado por Abraham, porque no confiaron en un mensajero mandado por Dios, quien les trajo las buenas nuevas de la unión espiritual con Dios a través de la oración por Su Amor, mientras Abraham puso toda su fe en Dios en una voz, de la que confiaba era de Dios, o venía de Dios. Y, por eso, proclamé que mi voz venía de Dios para llevar el mensaje de Dios a Sus hijos. Es verdad que les expliqué que, si observaban mis enseñanzas, no probarían de la muerte, nunca, y quise decir con esto que sus almas no sólo sobrevivirían la muerte física, sino que sus almas se revestirían de la inmortalidad, estando llenas del Amor del Padre.
La gran dificultad en ser comprendido, fue la falta de espiritualidad de los Judíos en aquel tiempo, y su incapacidad de percibir que yo no hablaba de la muerte física sino espiritual. Les dije que yo no moriría, porque mi alma era inmortal y por eso no estaba sujeta e la muerte; pero los Judíos, al fallar en la comprensión el significado espiritual de mis enseñanzas, pensaron que yo proclamaba que nunca moriría en la carne, declarándome superior a Abraham y haciéndome igual a Dios.
Nunca declaré haber existido como entidad consciente antes del nacimiento de Abraham, como se informa en este capítulo, lo que me convertiría en la segunda persona de una supuesta trinidad, ya que no existe esta trinidad, sino solo un Padre Celestial; y esto fue insertado para sostener el concepto de mi persona perteneciendo a la Divinidad, concepto que entonces había ganado gran aceptación en la primitiva Iglesia Cristiana.
Por lo que verás que muchos pasajes en el Evangelio según Juan reflejan escritos, que nunca provinieron de su pluma, sino de aquellas de individuos posteriores, quienes insertaron en su Evangelio muchas declaraciones e ideas, que nos llevan sencillamente a etapas posteriores en el desenvolvimiento de la religión Cristiana antigua.
Pienso haber escrito más de lo que acostumbro, pero por tu disposición y condición de recibir este mensaje, me ha dado mucho gusto escribirte. Tengo que pedirte que reces más por el Amor del Padre y que te mantengas más en contacto con Su gran Alma. Y, con mi amor por ti y por el Doctor, terminaré y aseguraré que yo soy tu hermano mayor y amigo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 29: La clase de Mesías esperado por los Judíos
Mensaje recibido el 12 de Mayo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí esta noche para volver a escribirte acerca de las verdades en el Nuevo Testamento, pero pospondré mi mensaje esta noche, para ocuparme de las respuestas a las preguntas presentadas por el Dr. Stone.
Ahora, los Judíos fueron muy irritados e indignados por el pensamiento, que un mortal pudiese llamarse a sí mismo el hijo de Dios, no en el sentido que todos los seres humanos son las criaturas, o hijos, de Dios, sino en el sentido especial que yo expuse — que yo estaba en el Padre y el Padre estaba en mí. Esto parecía a los Judíos una blasfemia, porque me colocaba en un nivel igual con Dios; y los Judíos sentían que esta blasfemia, que según su opinión destruía el significado de Dios para el pueblo Hebreo, merecía la muerte. Y ya que ellos no tenían el permiso de sus señores feudales Romanos de ejecutar sus sentencias de muerte, ellos me enviaron al Procurador Romano con la acusación de que yo intentaba incitar una revolución contra César, proclamándome Rey de los Judíos.
Los Judíos esperaban a un Mesías, que conduciría al pueblo a la victoria sobre los Romanos en la guerra, y liberaría al país del gobierno extranjero, pero no existía unanimidad en cuanto a quién o qué sería el Mesías; y había aquellos que pensaban que, viniendo de Dios y enviado por Dios, el Mesías sería un ser que viviría por siempre en la carne. Tan grande era su ignorancia de lo espiritual y la absoluta carnalidad sus mentes, que todas sus especulaciones y aspiraciones religiosas y espirituales enfocaron el plano material. Y, por eso, había los que pensaban que el Cristo viviría para siempre, y no podían comprender que Cristo significaba el Principio de Cristo, o la Esencia misma de Dios, que es el Amor Divino.
Este Amor infinito de Dios, que es de la Esencia del Padre, existe para siempre, y enseñé que, para vivir eternamente, uno tenía que nacer de nuevo de la Esencia del Padre; pero fue imposible para los Judíos comprender, que la carne no tenía parte en este nuevo nacimiento, y que la inmortalidad significaba la inmortalidad del alma. Y por esta razón, Nicodemo levantó la pregunta: "¿Cómo puede el hombre entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?"
Por esto, muchos Judíos fallaron en reconocerme como el Mesías, porque esperaban un Mesías inmortal en la carne. Pero después de mi crucifixión y resurrección, estor Judíos comprendieron el significado de mis enseñanzas, al verme vivo y aparentemente resucitado de los muertos. Y se dieron cuenta de que mi alma estaba viva, y entonces creyeron en mis enseñanzas y se dirigieron al Padre y Su Amor Divino. Pero algunos de ellos se convirtieron, porque me vieron resucitado y sintieron que yo tenía que ser este ser inmortal del que pensaban ser el Mesías.
Ahora, respecto a mis enseñanzas de la verdad, a pesar de las amenazas contra mi vida, pronunciadas por los Judíos, comprendí que mi misión tenía que continuar independientemente de las consecuencias, porque sabía que esta misión me había sido encargada por Dios, y yo había sido enviado por Él para declarar las verdades del Nuevo Nacimiento. Y sabía que acechaba el peligro, pero esperé poder escapar de los Judíos, y lo hubiese logrado, si mi más joven y más tempestuoso discípulo no hubiese dado riendas sueltas a su impetuosidad.
Y muchas de las expresiones que indican que yo había venido para morir en la cruz, son totalmente falsas y carecen de fundamento, porque consideraban mi crucifixión y sangre como el camino a la salvación, o mejor dicho, como la salvación misma. Y esto no es la verdad, y no vine para morir en la cruz, tampoco estuvo predestinado que así sucediera. Ni puedo decir que fui un salvador de la humanidad por mi muerte en la cruz; pero no hubo alternativa, si quería seguir fielmente a la misión que el Padre me había encargado.
No, no soy un salvador por preferir la cruz a la negativa a mi misión como el Mesías y a Dios, y sencillamente desempeñé mi misión hasta el final. Y no fuese Jesús, el Cristo, si no hubiese persistido hasta el fin. Mi crucifixión fue resultado del pecado en el mundo, pecado para cuya destrucción por mis enseñanzas había venido; y en fin, el pecado será destruido y los hombres regresarán al Amor del Padre y se convertirán en Angeles Divinos, o se transformarán en almas purificadas y vivirán en el Paraíso de los primeros padres andes de su caída.
Pienso que esto debe satisfacer al buen Doctor, en cuanto a las preguntas que me hizo, y así, con mi amor por él y por ti, a quien exhorto a que busque el Amor del Padre en siempre más riqueza para eliminar pensamientos carnales y acercarse al Padre, terminaré y mi despido.
Tu hermano mayor y amigo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 30: El Sermón de la Montaña y las Beatitudes
Mensaje recibido el 1 de Junio de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí esta noche para escribirte sobre el Sermón de la Montaña y como está relacionado con el Nuevo Nacimiento.
Estos sermones, cómo no, no fueron entregados de golpe, en un momento particular, como se lo expone en el Evangelio, sino son más bien el resultado de un gran número de sermones tratando de la vida espiritual de los Hebreos en aquel tiempo, y fueron compilados en forma de una sinopsis para cubrir una perspectiva considerable de verdades espirituales. Mucho de lo que se dijo, pertenecía al desarrollo del amor natural, porque este fue el único amor conocido por los Judíos en aquel entonces, y fueron estos sermones tratando del desarrollo de este Amor, como se lo encuentra en el código moral y en las exhortaciones del Antiguo Testamento, los que mejor se comprendían por mis oyentes, y los que podían ser utilizados como puente conduciendo a la nueva materia del Nuevo Nacimiento y del Amor Divino.
En los Evangelios, existe un número de bendiciones que evoqué, mas no en la forma particular como aparecen en los Evangelios, porque algunas de ellas no utilicé nunca, en absoluto, y algunas de ellas fueron el tema de considerables sermones, más que bendiciones cortas que se exponen en los Evangelios.
Sí dije: "Bienaventurados los pobres en espíritu", porque no quise decir que realmente estaban sin ninguna espiritualidad, sino que aquellos, que se daban cuenta que carecían de un desenvolvimiento espiritual, estaban bienaventurados porque este conocimiento, o intuición, de su deficiencia espiritual, les conduciría al Padre, y buscarían Sus leyes para obtener de esta manera un desarrollo espiritual, o se dirigirían al Amor Divino y obtendrían el desarrollo de alma necesario para la unión con Él y el nuevo nacimiento en Sus mansiones Celestiales. E incité a mis oyentes a que buscasen más bien el Amor del Padre, porque ahora estaba disponible para todos los que lo buscaban con sinceridad; y con este Amor vendría el conocimiento y la posesión de la inmortalidad.
Y también bendije a la gente que me escuchaba por su gentileza o mansedumbre, porque ellos recibirían la tierra por herencia. Ahora, con esto quise decir que, la violencia, las riñas y las guerras eran pecado en los ojos del Padre, y que la abstención de estas ofensas pondría al mortal en condiciones de llegar a la armonía con las leyes del Padre, y le capacitaría a purificar su alma hasta el grado de alcanzar con el tiempo los Cielos de las almas purificadas.
Pero también enseñé que la gentileza de corazón ahora pudo obtenerse a través del Amor del Padre, un amor que no sólo purificaría el alma, sino que la transformaría, por lo que los pecados de la venganza, del odio, de la ambición, del asesinato y de la amargura dejarían de constituir una incrustación del alma humana, y la resultante gentileza de corazón, transformado a través del Amor del Padre por Su hijos, acondicionaría a estos hijos para un hogar en los Cielos Celestiales. Y a esto me referí al decir: "Los mansos recibirán la tierra por herencia", porque no di a entender la tierra material, sino la tierra prometida de las esferas del alma, o el Nuevo Jerusalén, no para el cuerpo material, sino para el alma humana transformada en Angel Divino.
También dije: "Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación." Y con esto, quise indicar más que sólo un consuelo religioso, que viene de la resignación por la muerte de un ser querido y del pensamiento en que todos tenemos que fallecer, y que los sufrimientos del fallecido ya se acabaron, porque esto es la verdad, y esta actitud conduce al desarrollo del amor natural. Pero quise decir, también, que el consuelo para aquellos que han perdido a seres queridos vendría de la fe en que Dios es nuestro Padre, y que Su universo está poblado por los espíritus de los que abandonaron la tierra, y que estos espíritus están con vida y elaboran su progreso hacia la felicidad, como no se la puede lograr nunca en la tierra; y que la tumba simplemente acogió a la envoltura de carne, y que sus fallecidos seguían con vida y pasaban con ellos. Este fue el consuelo del que hablé, para el pueblo Hebreo, que tuvo muy limitada comprensión de los aspectos espirituales de la vida después de la muerte.
También bendije a la gente, diciendo: "Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán a Dios." Y no di a entender esto de una manera literal, porque es imposible, sino en el sentido espiritual; y con "los de limpio corazón" no me referí solamente a los que habían logrado el Paraíso de los Hebreos, que no ven a Dios, sino que tienen una comprensión intelectual de Su existencia, sino a los de limpio corazón en el sentido del ALMA — a saber, transformados por el Amor Divino, y a través de este Amor Divino vendría la capacidad del transformado para sentir realmente la presencia de Dios en su propia alma; ya que el Amor Divino es de la Esencia de Dios, y de esta manera, el alma transformada vería a Dios a través de las percepciones de alma. Con "ver" me refiero a "percibir con las percepciones de alma", y esto significa realmente sentir la presencia de Dios a través del Amor que arde en la propia alma.
Así ves, las bendiciones tenían un aspecto espiritual y del alma, y los que no podían comprender el significado del Amor del Padre, podían comprender las bendiciones, porque pertenecían al hombre natural.
Hubo dos bendiciones más atribuidas a mí, las que nunca mencioné, y estas fueron las llamadas bendiciones para los hombres que sufrían persecución a causa de su honradez, y la bendición para los que fueron perseguidos por su fe en mí. Bien, nunca traté de transmitir esta clase de bendiciones a la gente, cuya religión enseñaba la práctica de la honradez, y no hubo ninguna razón de alentarlos para que hicieran lo justo por mis bendiciones sobre ellos; tampoco bendije en aquel momento a mis oyentes, porque podría sufrir persecución por creer en mí. Nunca les enseñé que creyeran en mí, excepto como un maestro quien había venido para indicarles el camino a la unión con el Padre a través de la oración; y nunca se les ocurrió, y tampoco a mí, que sufrirían, o podrían sufrir, persecuciones a cause de estas enseñanzas. Y queda muy claro que estas dos bendiciones fueron insertadas a los Evangelios mucho tiempo después de su composición original, y que fueron interpoladas para cubrir la situación, que confrontó a los Cristianos muchos años después de mi muerte, cuando fueron perseguidos por los Judíos, paganos Griegos y por los Romanos. Y la autoridad para estas inserciones fue, alentar a los Cristianos en su fe, porque yo mismo les había bendecido por su fe y sus persecuciones, y que los Evangelios cubrieron precisamente la situación en la que se encontraban. Y los copistas posteriores, como ya hemos visto, cometieron esta clase de interpolación para satisfacer las necesidades actuales de la antigua iglesia Cristiana. Es cierto, las intenciones fueron buenas, pero no son la verdad, y mi interés en desenmascarar estas inserciones por lo que realmente son, está motivado por mi deseo, y la gran necesidad de conocer lo que los escritores originales realmente escribieron, y lo que se debe a las imaginaciones e intenciones de otras personas.
Pienso haber escrito suficiente esta noche, y me alegro tener esta oportunidad de escribir como lo he hecho. Me gustaría que continúes estudiando el Nuevo Testamento, y vendré repetidamente para explicarte lo que realmente hice y dije. Por lo que te exhorto a que te mantengas en buenas condiciones de alma por la oración constante al Padre por Su Amor Divino y amorosa amabilidad; y añado mis oraciones y amor a aquel de los muchos Espíritus Celestiales que se unen a mí, que el Padre otorgue Su Amor en porciones incrementadas sobre ti y el Doctor. Y quiero que estés de buen ánimo en cuanto a tus asuntos materiales, en las que estamos trabajando para mejorarlos a tu satisfacción y a aquella de todos a quienes la acontece.
Así me despediré, y con todo mi amor por ti, me suscribiré,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 31: "Sobre esta piedra edificaré mi iglesia"
I
Mensaje recibido el 28 de Abril de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Sí, yo estoy aquí otra vez, y voy a escribir sobre el tema sugerido por el Doctor, a saber: "sobre esta piedra edificaré mi iglesia", dirigiendo mi palabra a Pedro.
Ahora, antes que nada, quisiera decir que no existe nada en los Evangelios que indique que Pedro haya recibido la primacía, porque, a decir verdad, no fue el primero en reconocer que yo fui el Mesías, porque el primero que lo hizo fue Juan Bautista, y fue resultado de su reconocimiento que comenzó a predicar el arrepentimiento y la venida del Mesías en el desierto; y fue él quien se procuró discípulos, y entre aquellos se encontraban Andrés y Pedro.
Fue Andrés quien trajo a Pedro y le contó que había encontrado al Mesías, y por eso vino Pedro. Y otra vez, Felipe y Natanael proclamaron ambos, que yo era el Mesías, es decir, el hijo de Dios, o el Redentor, por lo que no fue Pedro quien primero hizo este anuncio. Al mismo tiempo, hay que resaltar que nadie de ellos entendía mi gran misión. Sólo más tarde, Pedro obtuvo una cierta idea de lo que involucró mi misión como Mesías.
Cuando los Evangelios fueron escritos, el movimiento Cristiano estaba desenvolviéndose, y el relato, aunque destaca que Pedro reconoció que yo fui el Cristo, no demuestra nada en cuanto a que yo había otorgado el liderazgo a Pedro, y su predominio fue el resultado de las circunstancias prácticas en aquel tiempo. Porque Pedro fue el mayor de edad y disfrutó del respeto de los discípulos, y se reconoció su autoridad por su relación más cercana conmigo, y porque a menudo había dirigido mis palabras hacia él al enseñar a mis discípulos, y porque le había favorecido, llevándole conmigo, con pocos otros discípulos, al Monte de la Transfiguración. Por estas varias razones, preguntas respecto al movimiento fueron dirigidas a él para que diera una solución después de mi muerte, y él demostró ser capaz de asumir el liderazgo, una vez que le había sido otorgado, más o menos conscientemente.
Ahora, respecto a lo que realmente dije a Pedro, la frase "sobre esta piedra edificaré mi iglesia" es una distorsión de mi expresión hacia él, hecha por escritores posteriores, para que el Evangelio confirmare el liderazgo encargado a Pedro por la iglesia creciente. Y la cita de los Evangelios no representa con precisión mis palabras o el significado de mis palabras. Pedro simplemente habló por mis discípulos al responder a mi pregunta: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?", porque aquí, otra vez, él fue el vocero; Y cuando él me llamó el hijo de Dios, no fue un gran pronunciamiento que le había venido de Dios, porque Dios no habla directamente con los mortales.
Por lo que vemos que las palabras en el Evangelio son imprecisas, y fue una opinión muy común entre los discípulos. Y cuando dije: "Tú eres Pedro", no proseguí diciendo: "y sobre esta piedra edificaré mi iglesia", refiriéndose a Pedro, la piedra, ni a mí mismo, como roca más grande que Pedro, sino a la Roca de las Edades — el Padre Mismo, como revelado a la humanidad con Su Amor Divino ahora disponible para la humanidad. Y traté de edificar una iglesia que conocería al Padre Celestial a través del Amor, que había sido traído a la luz con mi venida. No tuve ninguna intención de edificar una iglesia basada en Pedro ni en mí mismo, sino sencillamente añadir el Amor Divino a las revelaciones que Él había dado a la humanidad, y las que convertirían a los hombres a Él con un corazón renovado a través de este Amor, y una alma hecha inmortal a través de su eficacia.
Nunca intenté establecer una nueva religión, porque la religión del Padre ya había sido establecida con el Judaísmo; y tampoco visualicé el cambio de las nuevas ceremonias o sacramentos, ni las enseñé, en mis esfuerzos por dirigir a la humanidad al Padre y recibir Su Amor Divino a través de las oraciones. Por lo que verás que la primacía de Pedro no contiene nada de verdad en cuanto a las enseñanzas Cristianas y que, más bien que la iglesia de San Pedro o de Cristo, existe sólo una iglesia, y esta es la iglesia del Padre Celestial.
Pienso haber respondido al Doctor con suficiente detalle para que él y tú conozcan lo que son los hechos verdaderos, y con esto y con mi gran amor y mis bendiciones para ambos ustedes por su amor e interés, concluiré y me despido.
Tu hermano mayor y amigo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
II
Mensaje recibido el 5 de Mayo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Ahora deseo decir unas pocas palabras sobre la primacía de Pedro, la que fue discutida por ti y el Doctor en cuanto a las palabras que presuntamente articulé para dar a Pedro el poder de atar y desatar en el cielo lo que le pareciere apropiado hacer en la tierra, y esto, por supuesto, es algo que nunca dije, y nunca concedí a Pedro, porque no pude instituirle como representante de Dios en la tierra, ni llevar a Dios que ratifique estas acciones que Pedro pensara serían necesarias; porque sólo el Padre podía designar a un mortal para ser Su representante en la tierra, como lo había hecho en el caso de los profetas Hebreos y Juan Bautista y, de una manera diferente, en el mío. Y el hecho es que, Pedro nunca, y en ninguna parte, afirmó ser el representante de Dios en la tierra, aunque sí es verdad que él y Juan estaban más cerca de mí que los otros apóstoles, más cerca aún que mis hermanos menores Santiago y José, y, siendo el mayor, naturalmente di a Pedro más responsabilidad que a los otros.
Este otorgamiento a Pedro del poder de desatar o atar en el Nuevo Testamento, no fue concedido por mí, sino por un escritor Griego posterior, quien utilizó términos Griegos para indicar una situación, que ahora ya era un "fait accompli", un hecho ya establecido, y fue insertado en el Evangelio de Mateo como autoridad legal para una práctica común y molde generalmente aceptado, en el que el movimiento Cristiano se había forjado.
De la misma manera, nunca había dado a Pedro las llaves del Reino, porque la única llave para los Cielos Celestiales es el Amor Divino, por lo que esta llave puede ser la posesión de todos los mortales y espíritus, que poseen el Amor Divino en un grado que les permite, por eso, abrir sus puertas. Pero aquí, otra vez, este símbolo de la primacía de Pedro fue insertado en el Evangelio para sancionar la posición de Pedro como líder de la iglesia; y el escritor deja traslucir su identidad Griega usando metáforas demostrando un conocimiento de paganismo Romano, refiriéndose, como lo hace, a Jano, el dios que, con llaves y caña, abrió las puertas de la guerra.
Me gustaría decir, sin embargo, que no vine para destruir el sacerdocio Hebreo, y no tengo ninguna intención de destruir una jerarquía sacerdotal, que cumple con la Voluntad del Padre, aun cuando sus enseñanzas se limiten, por su ignorancia, al camino hacia el hombre natural perfecto; y, de hecho, la iglesia no pudo obtener un mejor líder espiritual que Pedro, quien poseía una enorme riqueza del Amor Divino después del otorgamiento en Pentecostés, pero desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de sus sucesores.
Ni yo, ni Pedro podíamos perdonar el pecado, y ciertamente, el clero de todos los cultos religiosos no puede hacerlo, y ellos, los sacerdotes, están muy equivocados al creer que lo pueden.
La primacía de Pedro fue importante como un centro de consolidación en los primeros días del movimiento Cristiano, pero la insistencia en el Vaticano como cabeza de la iglesia Romana en los países, donde existe la iglesia Católica, sirve para una función totalmente diferente, imponiendo autoridad en las iglesias Católicas, impidiendo una divergencia de opiniones espirituales y doctrinales, con el desenvolvimiento y la conservación de un vasto poder mundano bajo el pretexto de salvar almas para Cristo.
Pienso haber dicho suficiente respecto al tema por el momento, y terminaré, con todo mi amor por ti y por el Doctor, y con mis oraciones por las bendiciones del Padre para ustedes, me despediré.
Tu hermano mayor y amigo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
III
Mensaje también recibido el 5 de Mayo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Escuché las observaciones por el Doctor, y puedo informarte al respecto que Pedro estuvo en Roma durante un período considerable de su vida, y que estableció su reputación como cabeza de la iglesia en esta ciudad; y que le crucificaron allí, más o menos al mismo tiempo que Pablo, poco tiempo antes de la destrucción de Jerusalén.
Tu amigo y hermano mayor,
Jesús
Revelación 32: Los primeros seguidores que recibieron el Amor Divino, más allá de la segunda muerte
I
Mensaje recibido el 13 de Abril de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí esta noche para escribirte acerca de algunos de los tópicos levantados en la discusión entre tú y el Doctor respecto al otorgamiento del Amor Divino y el tiempo, cuando les era posible a los mortales y espíritus obtenerlo.
Lo primero que me gustaría esclarecer es el reotorgamiento del Amor Divino a los mortales, y quisiera reiterar que mis discípulos no tenían una noción sucinta de lo que el Amor Divino realmente es, y que la persona con el conocimiento aproximado de El fue María Magdalena, a través de una cierta predisposición de su alma; Es cierto, Pedro y Juan habían obtenido una pequeña porción del Amor Divino, pero no fue antes de Pentecostés que el Amor viniera a ellos en una abundancia que les permitía comprender mi verdadera misión, mientras estaban en la tierra.
No es verdad que dije, como se lo registra en el Evangelio según Juan, que si yo no les abandonara, el Espíritu Santo no vendría a ellos, y que mi salida hacia el Padre fue un requisito previo necesario para que el Consolador, o "Paráclito", apareciera; y que yo lo enviaría a ellos desde mi posición cercana al Padre. Esta declaración, como tantas otras en el Nuevo Testamento, no es verdad, porque Amor Divino había sido conferido a la humanidad con mi unción por Juan Bautista para iniciar mi ministerio, y no fue necesario que yo pasara al mundo de los espíritus, para que el Espíritu Santo comenzase a transportar el Amor en las almas de mis discípulos y de los hombres dispuestos a escuchar mis Buenas Nuevas y a orar.
En realidad, sin embargo, esto es lo que ocurrió, porque mientras estaba con vida en la tierra, mis discípulos siempre pensaban en un Mesías material, quien sería el Rey de los Judíos en un sentido físico; pero cuando pasé al mundo de los espíritus, mis discípulos se enfrentaron con la alternativa de abandonarme como el Mesías a quien esperaban, o mirarme como el Mesías en el sentido puramente espiritual. Y con mi resurrección, es decir, con mi materialización, mis discípulos rechazaron la idea de abandonarme como su Mesías, y me vieron como el Salvador, a quien habían buscado, como Salvador sobre el pecado y el camino al Padre a través del Mandamiento que les había dado en la última cena: "Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado."
Y con mi muerte, les vino no sólo la comprensión de que mi misión fue espiritual, sino fueron afectados también profundamente tanto por su sincera aflicción y congoja, como por la lástima y la simpatía, por mi muerte de la manera brutal que me había sido impuesta. Y esta aflicción, el amor y la congoja fueron profundos y continuos, y fueron este amor, la congoja y la aflicción que cambiaron la dirección de sus corazones y almas hacia el Padre en una gran ansia y aspiración por el Amor. Y fue esto lo que culminó en la gran riqueza de Amor que les fue conferido en Pentecostés, no sucedió todo de golpe, sino se había acrecentado por aquellos cincuenta días dentro de sus almas, hasta que el conocimiento y la posesión del Amor rompieron sobre ellos como una gran bulla y un fuerte viento. Y de esta manera obtuvieron el Amor Divino en un grado, que llegaron a estar agudamente conscientes de su presencia y cualidades en sus almas.
Quisiera hacer constar que nunca escuché la palabra "Paráclito", porque esto fue una adición posterior por los Griegos al término "Espíritu Santo," y no hacía falta agregar la palabra para transmitir el exacto funcionamiento que tiene, pero sus funciones verdaderas ya no se comprendieron en aquel entonces.
Respecto al mundo de los espíritus, la situación fue diferente, no en lo que refiere a la creencia, porque existía una enorme cantidad de espíritus en las esferas del hombre natural perfecto, que estaban casados con sus perspectivas religiosas, y se rehusaron inflexiblemente escuchar lo que podría desarreglar sus ideas, por mucho tiempo valoradas y abrigadas, de Dios y de la relación del hombre con Él. Pero hubo muchos en estas esferas que, al estar carentes de los errores y profanaciones de la carne, estaban dispuestos a buscar el Amor, una vez que había sido proclamado oficialmente por mí, después de mi unción por Juan Bautista. Y hubo algunos, cuya condición de alma les permitía percibir la verdad de mis enseñanzas, y ellos empezaron a rezar y obtener el Amor. Y en el tiempo de la Transfiguración, ya existían algunos que, por la disposición de sus almas, habían buscado y obtenido un poco del Amor, y entre ellos incluso estaban algunos de las esferas por debajo de la sexta, que hasta entonces había sido la esfera suprema al alcance de los espíritus. Y por ello, sucedió en la Transfiguración, que Moisés y Elías, los líderes de ese grupo de espíritus, que habían entendido y obtenido un poco del Amor en sus almas, aparecieron como representantes de este grupo espiritual; y la voz del espíritu que proclamó: "a él oíd" perteneció a uno de ellos, que había obtenido algo de este Amor, y en este mismo grado fue Divino.
Una vez que un espíritu haya obtenido el Amor Divino, y aquí debería agregar al mortal también, independientemente del grado en que le haya sido regalado el Amor en respuesta a sus oraciones, se ha formado una cierta relación entre ese espíritu o mortal y el Padre Celestial, a través de la transmisión de este Amor, la que no puede ser interrumpida; porque esta conexión a través del Amor Divino es un vínculo de la naturaleza de alma que no puede romperse. Y el retiro del Amor Divino del Padre, no significa que este retiro sea una acción incluyendo a aquellas almas que, por su fe en Dios como su Padre Celestial y por sus ansias de alma, han obtenido una porción del Amor Divino y han cumplido al Voluntad del Padre, Quien quiere que Sus hijos vengan a Él voluntariamente y busquen la unión con Él por su propio libre albedrío y deseos serios.
El retiro del Amor del Padre no se extenderá a aquellas almas, que de esta manera llegaron a ser Sus hijos en la Substancia, aun cuando esta Substancia esté pequeña en cantidad, pero incluirá a aquellos espíritus y mortales, cuyas almas se encuentran en un estado de letargo o estancamiento, por lo que no tienen ninguna concepción de, o deseo por conocer, al Padre Celestial y Su gran Generosidad y Misericordia, y cuya intención exclusiva es la obtención del reino supremo del hombre natural perfecto.
Ya te he escrito también sobre estas almas, cuyas gemelas están en los Cielos Celestiales, pero que están en los planos intelectuales o morales de desarrollo. Pero bajo todas las circunstancias, se hará el mayor esfuerzo para traer a todas las almas la oportunidad de obtener el Amor Divino a través de la oración al Padre, antes de que la consumación del tiempo decrete la gran separación.
Terminaré ahora, porque pienso haber escrito suficiente sobre el tema, y con mi amor por el Doctor y por ti, y con mis bendiciones y deseos que el Padre derrame sobre ambos grandes porciones del Amor Divino, me suscribiré,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales.
II
Mensaje recibido el 5 de Mayo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Estaba escuchando tu discusión con el Doctor en cuanto a la posibilidad de que las almas, que han rechazado el Amor Divino, nunca tendrán una segunda oportunidad después de que el Amor Divino haya sido retirado.
En cuanto conocemos hoy en el mundo de los espíritus, al retiro del Gran Don seguirá la Segunda Muerte, donde aquellas almas con el Amor Divino serán separadas de aquellas sin El, y llegarán a ser habitantes de diferentes ubicaciones en el Cielo de Dios — los en los Cielos Celestiales, y los que progresarán hacia los Cielos Celestiales, y aquellos que poblaran el Paraíso del hombre natural perfecto, y los que progresan en esa dirección a través del desenvolvimiento de sus facultades morales e intelectuales.
Ahora, en el transcurso del tiempo, aquellos espíritus del hombre natural perfecto estarán obligados, después del retiro del Amor Divino, a contentarse con la clase de desarrollo para la que los deseos de su alma les adecuaron, y este desarrollo, por fin, terminará, porque es finito. Y estas almas se darán cuenta, en el transcurso del tiempo, de que existe algo de lo que carecen y no pueden obtener; y a la larga comprenderán, si Dios no cambia la condición bajo la que viven en los cielos espirituales, que esto lo que falta es el Amor Divino. Y su arrepentimiento y remordimiento llegarán a ser un crujido de dientes, como dicen las Escrituras.
U es posible que esto sea la manera de Dios, para que estas almas conozcan su gran pérdida y estén dispuestos a dirigirse, por fin, al Amor Divino de Dios, Quien, en Su gran misericordia Y amabilidad amorosa, siempre les acogerá con mucho placer a Sus hijos pródigos en Sus mansiones de Inmortalidad. Por lo que podría ser, que algunas almas así corregidas por su primer falla de aprovechar la oportunidad de obtener porciones del Amor Divino, buscarán, por la consciencia de su deficiencia, y por su remordimiento, si realmente reciben otra oportunidad, el Amor Divino del Padre. Y podría ser que el Padre extenderá Su misericordia a aquellos que entonces vendrán a Él con ansias sinceras y oraciones. Pero también podría ser que todavía existirán almas rechazando el Amor Divino, aun cuando reciban una segunda oportunidad, y permanecerán contentas con su amor natural por toda la eternidad.
A pesar de no saberlo con certeza, yo sé que el Amor Infinito del Padre se convencería que almas en busca de Su Amor, si reciben una segunda oportunidad, no serán rechazadas, sino perdonadas por el Padre, cuyo Amor y Misericordia difícilmente puede dar la espalda al alma arrepentida, que por eso es más sabia, y que viene con ansias sinceras de alma al Padre, deseosa de Su Amor y el cumplimiento de las ansias y aspiraciones de su alma.
Terminaré en este punto del tema, y confío que tú y el Doctor comprendan, que tenemos que poner nuestra esperanza y fe en el Amor del Padre, y que, si nos acercamos a Él en arrepentimiento y deseosos de Su perdón, nunca sufriremos desengaños.
Tu hermano mayor y amigo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales