Revelaciones Del
Nuevo Testamento
Revelaciones—primera
parte
Revelación 1: La relación entre Jesús y su primo
Revelación 2: Vida y ministerio de Juan Bautista
Revelación 3: El Amor Divino es un Don Privilegiado del Padre
Revelación 4: Jesús proclama ser el Mesías
Revelación 5: Por qué no se le aceptó a Jesús como el Mesías
Revelación 6: La creación del hombre
Revelación 7: El Reino de Dios está dentro de ustedes
Revelación 8: Jesús explica la omnipresencia de Dios
Revelación 9: La niñez de Jesús en Egipto
Revelación 10: El encuentro de Jesús con Nicodemo
Revelaciones—primera parte
Revelación 1: La relación entre Jesús y su primo
Mensaje recibido el 24 de Marzo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí otra vez, para escribir acerca de las verdades y errores contenidos en el Nuevo Testamento, pero antes de hacerlo, quisiera esclarecer la pregunta del Doctor con referencia a la relación entre mi primo, Juan Bautista, y yo. Antes de comenzar mi misión, había discutido las líneas generales y también los detalles de nuestras misiones respectivas con Juan, y acorde con las expresiones e indicaciones del Antiguo Testamento, pensamos que era aconsejable que Juan fuese mi precursor y preparase el camino para mi venida. Esto significaba, que Juan predicaría en varios lugares y distritos rurales con anterioridad a mí, para que el camino estuviese preparado para mi llegada; a saber, la curiosidad y la especulación acerca de mi mensaje serían despertadas por Juan. Juan predicaba principalmente cerca de las orillas del río Jordán, y nunca se alejaba mucho de el, y sucedió cerca del Jordán, que los soldados de Herodes le tomaron preso y le llevaron ante el mismo.
Juan y yo nunca predicamos juntos en el mismo lugar, porque eso hubiera anulado el propósito mismo de su misión, la preparación del camino para mi subsecuente venida. No sólo esto, sino también el tenor y la substancia de nuestras predicaciones fueron muy diferentes. Juan predicó el arrepentimiento, y el se refirió al arrepentimiento en el sentido tradicional de la palabra — el dar la espalda al pecado y al error, y una obediencia renovada a la ley de Moisés, con amor por Dios y por el prójimo, conduciendo a la condición del hombre natural perfecto. Yo también prediqué el arrepentimiento, porque dije: "Arrepentíos, que el Reino de los cielos se ha acercado, creed en el Evangelio." Ahora, el significado que yo di a la palabra arrepentimiento, no fue el mismo que Juan aplicab, porque yo me referí con arrepentimiento al dirigirse nuevamente a Dios y al buscar los Cielos Celestiales a través de la oración, porque yo enseñé que el gran Regalo de la Inmortalidad había sido reotorgado a los hombres por el Padre Celestial en mi persona, y que las ansias del alma por Su Amor y su búsqueda por este Amor a través de la oración sincera, era el arrepentimiento verdadero. Y cuando dije: "no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento", quise decir que los pecadores podían recibir el Don del Amor Divino, dirigiéndose a Dios, igual que los justos, porque estaba a disposición de ambos, pero, desgraciadamente, no fueron los justos sino los pecadores de mis días, los que se arrepentían y buscaban a Dios y a Su Amor, mientras los justos, o los que pensaban eran justos, rechazaban en su autocomplacencia el Gran Don, que hubiesen podido obtener sencillamente pidiéndolo.
Hay más de lo que quisiera escribirte, y esto con referencia a las palabras: "más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios." No utilicé la palabra "camello", porque no tiene ninguna asociación con la palabra "aguja", y nunca se me ocurrió usarla, como se la encuentra en muchas versiones del Nuevo Testamento. Tampoco dije que sería difícil para un hombre rico entrar en el Reino Celestial, porque si lo hubiera hecho, entonces se entendería que era más fácil entrar para el pobre que para el rico, y esto no fue lo que quería decir, porque el ingreso en el Reino es un asunto individual y depende de los deseos del alma o su estado latente, aunque una consideración superficial podría sugerir, que el hombre rico, por su adicción a sus tesoros terrenales, tuviese menos interés en la condición de su alma. De hecho, dije: "más fácil es pasar un cable por el ojo de una aguja, que entrar un mortal en el Reino de los Cielos", y fue esta imposibilidad aparente para un hombre de entrar en el Reino Celestial, que llevó a Pedro a preguntar: "¿Quién pues podrá ser salvo?"
Esta costumbre de los discípulos de preguntar, fue normal, porque los estudiantes de la religión en los países orientales solían hacer preguntas a sus maestros y rabinos, y de hecho, les enseñé que, a través de la oración sincera al Padre por Su Amor, el alma humana se transforma de la imagen de Dios en Su Esencia misma, y cuando el alma esté llena de Ella en tal grado, que pueda ingresar a los Cielos Celestiales, todos los pecados y deseos por pecar se erradican, y de esta manera el hombre será salvo. Este sermón mío fue eliminado por copiadores y revisores posteriores del Nuevo Testamento, porque no podían entenderlo, y en lugar de ello, escribieron: "Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios todo es posible."
Esta declaración, en si misma, ciertamente es verdad, pero como substituto por la lección sobre el Amor Divino, la que estaba enseñando en este momento a mis discípulos, oculta a las personas, que leen el Nuevo Testamento, el mensaje mismo, para cuya proclamación el Padre me había enviado.
Por eso ves, qué importante es, que recibas mis mensajes en buenas condiciones, para que este triste estado de cosas, que es tan perjudicial y deletéreo para el conocimiento del hombre del camino hacia el Padre, pueda ser remediado por las verdades y hechos en referencia al Nuevo Testamento.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 2: Vida y ministerio de Juan Bautista
Mensaje recibido el 3 de Marzo de 1955
Yo estoy aquí, Juan Bautista
Me alegro de que me permitas escribirte ahora. Me doy cuenta de que estás cansado después de haber recibido el mensaje de Jesús, pero me gustaría dar algo más de información acerca de mi vida.
Nací en el mes de Junio (según el calendario de ustedes), cerca de seis meses antes de mi primo Jesús, en las cercanías de Ain Karim, una aldea pequeña, no muy lejos de Jerusalén, y como sabes, fui hijo de un sacerdote, quien sirvió en el Templo de Jerusalén, y todos en mi familia fueron piadosos, devotos y llenos de una interpretación estricta referente a las leyes, las que los Judíos creían haberlas recibido de Dios a través de Moisés, y para mi padre, estas leyes de Moisés y los Diez Mandamientos representaban la parte más importante de la religión Judía, y él me enseñó un código moral estricto, que absorbí en mi juventud y que posteriormente se convirtió en el principio cardinal de mi breve ministerio como precursor de las Buenas Nuevas de Jesús.
Durante mi madurez, fui un asceta y evité toda carne y bebidas alcohólicas, y comí solo la comida más rudimentaria, para no estar sujeto a las pasiones de hombre, y luego me convertí en un ermitaño y viví en una cueva, lejos de las obsesiones de los hombres y de su sociedad.
Cuando Jesús y su familia regresaron de Egipto a Nazaret, para habitar entre su gente en Galilea, tuve muchas ocasiones de verle y hablar con él allá, y eso continuó por un período de muchos años, hasta en el tiempo de mi ministerio, que comencé unos pocos meses antes que el de él. Este ministerio fue elaborado entre nosotros, y formó parte de un plan concebido con anterioridad, y el Evangelio no tiene razón en declarar, que yo no conocía a Jesús, sino que yo ungí a aquel, sobre quien viera descender el Espíritu Santo en forma de paloma. Yo conocía a Jesús y le ungí, no porque viera una paloma y escuchara una voz desde el Cielo, sino porque estuve convencido en mi corazón, de que él era el Mesías y que yo era su profeta, quien debía anunciar su venida. No obstante, quisiera dejar constancia de que no entendía verdaderamente, que Jesús trajo consigo la Inmortalidad, que resulta de la posesión del Amor Divino, incluso ni tenía yo este Amor Divino en mi alma en el momento de mi ejecución.
Como adolescente y hombre joven, para ganarme el sustento, solía trabajar en los trigales, y se puede decir que era un agricultor, pero mi vocación verdadera era la de un profeta, en el sentido como Elías lo fue, es decir, de proclamar a los regentes y al pueblo, que se arrepintieran de sus acciones malas, y que regresaran al rumbo de la integridad, que Dios ordenó a los Judíos que siguieran, como la gran meta de la religión, profesando amor por Dios y por el prójimo.
No es verdad, como algunos teólogos creen, que intenté liderar un movimiento de reforma, independientemente de Jesús, tampoco estuve influenciado por los Esenios, cuya idea de pureza les condujo a comunidades aisladas, lejos de las llamadas contaminaciones de la civilización Hebrea genuina, o de las influencias del Helenismos, y donde ellos celebraban sus prácticas religiosas; porque, como Jesús, yo no creí en el retiro del mundo, sino en llevar el mensaje de Dios al pueblo, y como creí en abluciones como el símbolo de la pureza espiritual, necesariamente tuve que predicar donde hubo agua fácilmente accesible, y esto fue el río Jordán.
Y fue en este sentido, que yo fui un profeta de verdad, porque no sólo prediqué el arrepentimiento a todos quienes escucharon, sino también denuncié lo que consideré la mala conducta de Herodes, por su transgresión de la ley matrimonial de Dios, porque yo consideré su matrimonio ilegal, un hecho que traería sobre sus súbditos la ira de Dios. Al contrario de lo que dice la Biblia, Herodías no vivió con Herodes, mientras su medio hermano estaba con vida, porque ya había muerto en el momento, cuando la pareja real se casó, para nosotros, los Fariseos, a quienes yo pertenecí, el matrimonio no era legal, porque ninguna mujer, como nosotros entendíamos la ley, podía contraer matrimonio con el hermano de su esposo fallecido, en el caso de que hubieran hijos del primer matrimonio. Por eso, Salomé, la hija de Herodías y del hermanastro de Herodes, invalidó este matrimonio para Herodes, y fue esta violación de nuestra ley del matrimonio levirato, que incitó mis prédicas contra él.
Es la verdad, desde luego, que Herodías se encolerizó contra mí, porque, como miembro de la clase gobernante, ella fue una Saducea de corazón y no creyó en lo correcto de mi punto de vista. Por esa razón, ella estuvo contenta de verme en prisión y silenciado. A Herodes, no le importó mucho esta parte de mis prédicas, porque ciertamente no estuvo de acuerdo conmigo sobre la interpretación de la ley matrimonial, la pelea entre los Fariseos y Saduceos ya duró dos siglos, y estas disputas legalistas no tuvieron la urgencia para él, como esta en especial tuvo para Herodias, pero sí le preocupó la actitud, que sus soberanos Romanos tomaron contra encuentros religiosos, que podían ser un pretexto para asambleas sediciosas y rebeldes, y a él le pareció sabio retirar la causa de posibles fuentes del desorden de su territorio, por medio de mi arresto.
Herodes envió a unos soldados, disfrazados como viajeros, para buscarme sin levantar ninguna sospecha, y a pesar de que no estaba predicando en territorio bajo su jurisdicción, me secuestró a su país y me llevó a su fortaleza de Maquerus, cerca del Mar Muerto. Allí me recluyeron por aproximadamente diez meses, o hasta el cumpleaños de Herodes, según el calendario de ustedes, a finales de Febrero del año 29. Yo sé que Herodes no deseaba necesariamente mi muerte, pero Herodías lo pidió, y su deseo fue concedido. Salomé o Solomit, sí bailó en esa fiesta, pero no es verdad, que por su baile Herodes le concedió su petición por mi muerte; al contrario, ella me aseguró nunca haber solicitado mi decapitación, y yo puedo dejar constancia de que mi cabeza nunca fue llevado ante el rey en un charol. Esto, por supuesto, son los detalles fantasiosos, que estudiantes del Antiguo Testamento asocian con el relato del festival de Purim, cuando el rey Assuero juró conceder a Ester cualquier cosa que pidiera en su banquete.
En el momento de mi muerte, no poseí, como dije, el Amor Divino, pero sí poseí una gran riqueza del amor natural en su estado puro, y me encontré en buenas condiciones espirituales, y cuando fue posible para los espíritus, obtener el Amor en el tiempo de la Transfiguración, cuando Moisés y Elías lo obtuvieron, yo fui uno de aquellos, quienes entonces comprendieron el significado verdadero de la misión de Jesús, y yo recé por el Amor Divino y lo obtuve. Esta Transfiguración tomó lugar menos de seis meses después de mi muerte, pero yo me encontré en un estado espiritual, que me hizo posible captar su importancia y buscar el Gran Don.
Como espíritu, vigilé el progreso de los esfuerzos de Jesús para ganarse al pueblo Judío, y a menudo vine a él para ofrecerle consolación, y también traté de advertirle al tiempo de su arresto, cuando él, poco tiempo antes de que se aproximara Judas con los verdugos del sumo sacerdote, se trasladó al jardín de Gethsemaní para orar, y parece que tenía conocimiento de su muerte pendiente. Esto ha sido exagerado por los copistas de los Evangelios, quienes intentaron demostrar que Jesús fue destinado a morir en la cruz, y que fue su misión derramar su sangre por la traición y la crucifixión, y todas las declaraciones atribuidas a Jesús, de que su tiempo "no había llegado o que su tiempo ya había llegado", no son verdad, sin embargo, el hecho es que Jesús sí tuvo un presentimiento de su desastre venidero, y yo traté de conseguir su atención y advertirle de la traición.
Juan Bautista,
del Nuevo Testamento
Revelación 3: El Amor Divino es un Don Privilegiado del Padre
Mensaje recibido el 21 de Abril de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Responderé a la pregunta, que el Dr. Stone quiso sabe, si era posible para los Espíritus Celestiales, seguir obteniendo el Amor Divino del Padre por toda la eternidad, una vez que el privilegio de obtener este Gran Don haya sido retirado de la humanidad. Ya te he escrito al respeto, que aunque el privilegio de obtener este Gran Don sea retirado de los mortales y espíritus, que no han obtenido nada del Amor Divino del Padre en el momento de su retiro, aquellos, cuyas almas gemelas vivan en los Cielos Celestiales o quienes tengan algo del Amor Divino en sus almas y estén progresando a través de las esferas hacia los Cielos Celestiales, se quedarán con el privilegio de obtener el Amor Divino por cierto período de tiempo, como un período de gracia, antes de que el privilegio les sea retirado también a ellos.
Ahora, en el caso de Espíritus Celestiales, el privilegio de obtener el Amor Divino nunca podrá ser retirado, y esto también tiene validez para las almas con algo del Amor, que están progresando hacia los Cielos Celestiales, porque el Padre no puede retirar de una alma Su Amor y Su Naturaleza Divina, una vez que El haya otorgado a esta alma Su Gran Regalo, porque cuando algo de la Naturaleza Divina habita en una alma, Ella nunca puede ser quitada, y esta alma tiene el privilegio de buscar siempre más de la Naturaleza del Padre por toda la eternidad. El Amor Divino in el alma del hombre o del espíritu, le da a este mortal o espíritu un parentesco en la naturaleza con el Padre, nacido como resultado de la unidad, que entonces existe, entre el alma de este mortal o espíritu y el Gran Alma de Dios, aunque sea solo en cierto grado, y de hecho, este parentesco crece siempre más cerca de través de toda la eternidad, de manera como siempre más de la Naturaleza de Dios es transportado en el alma de este mortal o espíritu. Dios no retira Su propia Naturaleza o Esencia del alma del mortal o del espíritu, que ha cumplido con la Voluntad del Padre y ha obtenido, aunque sea solo en menor grado, Su Naturaleza Divina. Y por eso, el Padre puede retirar este privilegio de una alma, que no tiene el Amor Divino, y estas almas no han perdido nada de lo que hayan poseído antes, pero el retiro del Amor de una alma poseyendo una porción de El, significaría que Dios quita de esta alma el Gran Don, que el alma obtuvo por la oración, y este retiro conllevaría que los deseos serios de esta alma por Su Amor Divino serían en vano. Así, que no importa si el Don del Amor Divino es retirado, eso significa que su retiro tiene validez solo para quienes no lo hayan buscado, y quienes se hayan mostrado indiferentes a su presencia, sin deseo por obtenerlo. Nunca será retirado a quienes lo han buscado a través de ansias serias de sus almas, y los que lo han recibido, se quedarán con El, y permanecerán con el privilegio de buscarlo en mayor riqueza a través de toda la eternidad.
El Amor Divino es la Esencia y la Naturaleza de Dios, y siempre existe, porque si no existiera, Dios no podría existir, y por eso no significa que, cuando sea retirado por Dios, que deja de existir. Por la época, en la que tú y el Doctor viven, y por un cierto número de siglos futuros, este Don seguirá fluyendo desde la fuente del Ser del Padre, y cuando eso cese, no significa necesariamente, que el privilegio será retirado por toda la eternidad, porque a almas no nacidas, se les retendría la oportunidad de buscarlo en la vida mortal como también en el mundo de los espíritus, y por eso uno se puede imaginar que el Amor Divino pueda fluir por un período, cesar por otro período, y por fin ser reotorgado en la plenitud del tiempo, y esto puede o no puede continuar en una serie de mareas altas y bajas, si el Padre así lo desea.
II
Mensaje recibido el 3 de Mayo de 1955
Yo diría en respuesta a tu pregunta, que los primeros padres recibieron el libre albedrío para usar los deseos de su alma tal como lo querían, y el resultado de estos deseos demostró, que la pureza del alma no fue una protección contra la contaminación, y la desobediencia y las transgresiones, que siguieron, no sólo fueron las aberraciones de los primeros padres, sino también de los hijos, y altamente intensificadas por los mismos, hasta que el mal llegó a ser una fuerza más poderosa que la pureza, y el hombre y sus descendientes degeneraron en cuerpo y espiritualidad, a tal punto que parecían a las bestias del campo, y en algunos aspectos incluso fueron peores. El hombre quiso ser libre de la dependencia de Dios, y trató de ser co-igual con Dios en su poder, sabiduría y en la Inmortalidad, sin pagar homenaje a su Creador, así que el orgullo, la arrogancia y la independencia fueron los primeros pecados, que entraron en las almas de los hombres y las profanaron, y el asesinato ya no quedaba muy lejos, porque el pecado es la profanación del alma, sin tener en cuenta la índole o el grado.
A pesar que fue Dios, quien retuvo a los hombres la posibilidad de obtener el Amor Divino después de su caída, la condición del hombre cambió de una manera, cuando entró el pecado, que fue imposible buscar el Amor Divino en este estado, en su orgullo e independencia, el hombre quiso que se le retirase el Amor como indicador de la influencia protectora de Dios. Cuando el hombre pecó a cause de su deseo por independencia de Dios, él mostró a Dios, que no quiso la ayuda de Dios en su progreso a través e la vida como mortal, y cuando llegó al mundo de los espíritus, se evidenció el mismo sentido de independencia de Dios. Dios sí retiró Su privilegio de obtener el Amor Divino, pero el hombre Le había indicado, que no lo quería, si eso implicase el reconocimiento de Dios como su Creador, y de Quien dependería en sus buenos dones, y él estaba determinado a vivir en El por ser el maestro de su propia alma. La misma situación deplorable se manifiesta hoy en día, igual que en el tiempo de la gran caída, entre muchos individuos, y ellos continuarán con esta actitud incluso después de pasar el mundo de los espíritus, y de hecho, la mayoría nunca se dirigirá a dios por este Amor Divino, aunque el privilegio existe desde que yo aparecí en la tierra.
Hay espíritus buenos y malos en las diversas esferas, atraídos al hombre por una condición similar del hombre — alma, y el deseo de un hombre por actuar acorde con las leyes de Dios, atraerá espíritus de aquellas esferas impregnadas del sentido de la pureza de las leyes de Dios; los deseos del hombre por pensar y cometer el mal también atraerán a espíritus del plano terrenal, y el deseo de los hombres por buscar la unidad con el Padre a través de la oración, igualmente causará inevitablemente la creación de condiciones conduciendo a la atracción de los Espíritus Celestiales a este hombre, o de estos espíritus, cuya tarea es ayudar al hombre, para que se dirija al Padre, y ayudarle a obtener el Amor Divino o mayor cantidad de El.
El retiro del Amor Divino algún día en el futuro indica, que solo se trata de un privilegio otorgado a la humanidad por un Padre Amorosa, y no significa que el Amor Divino será retirado de la humanidad por toda la eternidad, porque en realidad, esto es algo que todavía no ha sido revelado a los Cielos Celestiales, pero como yo conozco al Padre, no puedo creer que Dios en Su Gran Bondad y Misericordia no tenga un plan de salvación, facilitándoles a todas Sus almas creadas la oportunidad de buscar la unidad con El, aun cuando en el tiempo de su encarnación el Don de la Inmortalidad haya sido retirado.
Porque igual que se les concedió a las almas de los hombres la oportunidad de aprovechar el privilegio de obtener el Amor como espíritus, un privilegio que les ha sido negado en la carne antes del tiempo de mi aparición, así no se puede decir definitivamente, que algún día en el futuro, en el momento que a Dios le parezca apropiado, el privilegio no sería restaurado de alguna manera después del segundo retiro. Y aunque los Cielos Celestiales estarán llenos, y sus puertas cerradas después del segundo retiro, esto no significa que no será creado otro Cielo Celestial en los Reinos de Dios, porque como dije en la tierra: "En la casa de mi Padre muchas mansiones hay", y las posibilidades de las acciones de bondad y de amabilidad amorosa de Dios son proporcionales a Sus maneras infinitas de controlar Su universo y a sus criaturas que contiene. Dios, Quien es todo Amor, Misericordia y Sabiduría, no les dará a los hombres, Sus hijos, una piedra si Le pidieren pan, o una serpiente si le pidieren pescado.
En este momento, me despediré y afirmo que soy tu hermano mayor y amigo.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 4: Jesús proclama ser el Mesías
Mensaje recibido el 25 de Mayo de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
La discusión que tuviste con el doctor con referencia a mi sermón en la sinagoga de Nazaret, fue muy importante, donde yo aseveré, que era el Mesías ante la congregación entera. Y por supuesto, esta aseveración creó un sentimiento, tal como se describe en el Nuevo Testamento. Mi sermón se basó en el Capítulo 61 de Isaías, y fue profético en que trató de la liberación de los prisioneros del cautiverio, como le había sucedido al pueblo Hebreo, y fue, por eso, aclamado por los Hebreos de mi tiempo como una gran profecía, que ya se había cumplido. Generalmente, los comentarios basados en este texto fueron de naturaleza histórica, y fueron concebidos con el propósito de alabar la Bondad de Jehová con Su pueblo elegido. Y entre aquellos, quienes tenían una perspicacia más espiritual, el significado de la entrega de los cautivos fue interpretado como dar la espalda al pecado por parte de los malhechores, esclavos del pecado. Esto fue bueno, en su alcance, pero, por supuesto, el significado fue restringido a la purificación del alma, y no llegó a la transformación del alma y la eliminación del mal del alma por la intervención del Amor Divino.
Ahora, cuando recité el pasaje de Isaías, no sólo recité las líneas recordadas en el Nuevo Testamento, sino procedí a leer el capítulo entero, como era costumbre. Y el pasaje principal en aquel capítulo fue: "mi alma se alegrará en mi Dios. Porque él me ha vestido con vestiduras de Salvación". Y con eso, quise decir que mi alma se regocijó, porque había sido dotada con la Inmortalidad (que es el verdadero significado de la salvación), y que esta Inmortalidad de mi alma fue el resultado de haber recibido la cantidad suficiente del Amor Divino, que estaba ahora disponible por la Bondad Amorosa del Padre Celestial. Y este fue el significado de la declaración, que hice a los oyentes en la sinagoga — "Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy." Y así fue, que me proclamé el Mesías en la posesión de un alma consciente de su Inmortalidad. Y también proclamé las Buenas Nuevas, que esta Inmortalidad, que era mía, podía ser obtenida ahora por quienquiera que la buscase, a través de la oración sincera al Padre por Su Amor Divino.
Cuando recité el pasaje sobre la entrega de los cautivos, quise decir libertad de pecado, no por adherencia a la ley Mosaica solamente, lo que fue el caso antes mi venida, sino por la eficacia del Amor Divino del Padre, que así reacciona y transforma el alma, que pierda su deseo por pensamientos y hechos pecaminosos. Y cuando leí, "el Espíritu de Jehová está en mí y me ha ungido para proclamar las Buenas Nuevas," quise decir, que el Padre me había nombrado para predicar el reotorgamiento del Amor Divino, que se había convertido en realidad en mi propia alma; y porque yo había sido ungido como el Cristo por el Principio del Amor funcionando en mi alma, debía yo predicar el reotorgamiento del Amor del Padre a toda la humanidad, y enseñar el Camino para convertirse en uno con el Padre por el Amor Divino. Así había yo venido, como el Mesías para proclamar la Inmortalidad a toda la humanidad por medio de la oración por el Amor del Padre, y que el pecado y la enfermedad ahora podían ser eliminados por Su Gran Don.
Así ves, que me proclamé a mí mismo, que era el Mesías, a quien el pueblo Hebreo había esperado por mucho tiempo, y que por eso cualquier declaración, que indica que Pedro adivinase mi identidad por Gracia celestial, no es verdad, y fue insertada sencillamente para reforzar y a dar autoridad a la aseveración de la iglesia, de que yo había otorgado la primacía a él como mi sucesor. Es verdad, que fui incapaz a realizar milagros de fama en este momento a causa de la situación peculiar, en que me encontraba, que había vivido por veinte años más o menos en Nazaret. La gente, que me había conocido por tanto tiempo, ahora de repente debería creer, que yo fui el Mesías. Eso era muy difícil para ellos, porque no fue un asunto de pedir a forasteros, que me aceptasen a mí o a mis enseñanzas y curaciones, sino que la gente cambiase sus ideas acerca de mí, después de las que ellos se habían formado durante veinte años. Puesto que yo nunca curaba antes de mi ministerio público en la ciudad donde vivía, la gente estuvo escéptica, que yo pudiese de repente realizar, lo que no había hecho durante los pasados veinte años. Fue esta fuerte corriente de incredulidad, lo que no me hizo posible el empleo de mis poderes de curación, porque quien recibe, también tiene que tener fe en el don de la curación.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 5: Por qué no se le aceptó a Jesús como el Mesías
Mensaje recibido el 14 de Junio de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Escuché la conversación de ustedes con referencia a varios versículos del Antiguo Testamento, conversación que demuestra su escepticismo en cuanto a muchos de los eventos supernaturales recordados allí, y también en cuanto a las profecías de Isaías, tratando del niño que sería llamado Dios, y me gustaría decirles, que el Doctor y tú tenían razón en la creencia, que estos versículos no son interpretados correctamente, y que contienen mucho, lo que no es la palabra de Dios, sino de escribas que pensaron escribir lo correcto. Dios jamás aprobó el saqueo de ningún país o pueblo, conquistado o invadido por los Hebreos, como en el caso de los Egipcios citado por el Doctor. Y se pude citar muchos casos más, donde de infligió crueldades a seres humanos con al aparente aprobación de Dios, por ejemplo los niños que se burlaron de Eliseo, el profeta, que supuestamente fueron "curados" por él y devorados por una osa, porque el profeta nunca tuvo el recurso de semejantes maldiciones o venganza contra los niños, y este episodio fue insertado sencillamente para demostrar el poder supernatural, que creían tenía el profeta. Y de la misma manera, Pedro jamás hizo volver de la muerte a la persona de Tabita o Dorcas en Joppe, porque nadie puede regresar a la vida a una persona que realmente falleció, y así sucedió que Dorcas estaba enferma, mas no muerta, y Pedro sí tuvo poderes de curación en este tiempo a través del Amor Divino, sin embargo, no regresó a la vida a la mujer, como se anota en el Nuevo Testamento, sino la sanó de su enfermedad.
Y en lo referente a la curación por Pedro en Jerusalén, los versículos, de los que el Doctor leyó, Pedro jamás constató que esta curación se llevó a cabo por mí, sino por el poder de Dios, y escritores posteriores, con el interés en exaltarme a la divinidad, sencillamente reemplazaron la palabra Dios por "Jesucristo", y pensaron que la substitución equivalía a lo mismo. Y existen muchos ejemplos más en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento de eventos supernaturales, que nunca tomaron lugar, y que no son más que relatos, y uno de estos es el horno, en donde supuestamente el profeta Daniel y los otros Hebreos fueron lanzados, calentado siete veces más de lo acostumbrado, sin causarles daño, un relato escrito para animar a los Judíos para que tuviesen más fe en Dios, a causa de las señales supernaturales, que El realizó y que los Judíos entonces y en el tiempo de mi generación tomaron ansiosamente como prueba de la existencia de Dios y Su cuidado por Israel.
II
Mensaje recibido el 5 de Noviembre de 1955
Quisiera continuar con las Verdades del Nuevo Testamento, y hablar acerca de mis enseñanzas en el Templo en Jerusalén, en el otoño antes de mi muerte. Porque fue la primera vez que tuve la oportunidad de presentar mis declaraciones, de que yo era el Mesías, ante los sacerdotes principales y los gobernantes y los más educados del pueblo Hebreo en asuntos religiosos. Y di a conocer, que mi misión era aquella de proclamar la Nueva Alianza entre el Padre Celestial y el pueblo de Israel, y que el Amor Divino del Padre estaba ahora presente y podía ser obtenido por quienquiera que lo buscase, por medio del ansia sincera del alma. También, que yo era la señal visible de Su presencia, porque en mi alma descansaba la Naturaleza y Esencia del Padre en la forma del Amor Divino; y que mi alma era de esta Naturaleza y Esencia del Padre, y por eso Inmortal.
Pero a los gobernantes Hebreos, mis aseveraciones les parecían falsas, porque Isaías había profetizado, que nadie iba a saber, de donde el Mesías vendría, mientras a mí me conocían bien — que era Jesús de Nazaret. Y ellos tampoco consideraron a un hombre proveniente de su ciudad natal, sino de aquella, en que él vivía la mayor parte de su vida y con la que se le asociaba. Así Jerusalén fue considerada la ciudad del gran rey David, más que Belén, donde realmente nació. El Nuevo Testamento insinúa, que los líderes Hebreos no sabían, que yo nací en Belén, y que por eso la profecía de Isaías con respecto al origen desconocido del Mesías se la pudo aplicar a mí. Pero el hecho es, que ellos no sólo sabían, de donde provenía yo, sino que también conocían a mi padre José, un miembro del Sanedrín, y que él también venía de Belén.
Este tipo de argumento, sin embargo, mostró mala fe y un recurso en la determinación de los sacerdotes, de no reconocerme como el Mesías; porque esto, así sentían, hubiese afectado su alta posición como líderes religiosos de la nación, a lo que ellos no estaban dispuesto a renunciar. Y aquellos recursos fueron un subterfugio y una manera de debatir problemas, que les encantaba, poniendo énfasis en distinciones intelectuales, argucias, resultado de interpretaciones sutiles de la ley, y ajenas a los problemas reales básicos y a la perspicacia espiritual, que se obtiene a través de la búsqueda del alma por saber la verdad.
Y así, replicando a sus objeciones diminutas, derivadas de las Escrituras, en su propio estilo, proclamé, que no fue verdad, que ellos sabían de donde yo provine, o Quien fue mi Padre; porque mientras ellos se refirieron a José como mi padre, a quien conocían bien, yo me refería a Dios, mi Padre Celestial, a Quien no conocían. Tampoco sabían de donde yo vine como un alma Divina, ni cómo o cuando fui creado. Más tarde se eliminó la referencia de los rabinos a mi padre José de los Evangelios, porque la mención de mis padres terrenales les molestó inmensamente a los revisores posteriores del Evangelio, quienes laboraron celosamente para hacer de mí un "hombre-Dios nacido de una virgen," y la segunda persona de la supuesta Trinidad, la que, por supuesto, carece de fundamento real.
Además les dije que, si ellos conocían al Padre, ellos también me conocían a mí, Su hijo, como enviado por Él, y me reconocerían como el Mesías. Y citando de Isaías, como los líderes Hebreos hicieron, declaré que el Padre había dicho, "Aplicad el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David. Mira, que por testigo de las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones."
Y esto lo que cité, fue conocido por todos, quienes recibían la instrucción con respecto al Padre Celestial, así que ellos sabían, que Él había nombrado a un Mesías sobre ellos, un descendiente de David. Como consecuencia, ellos deberían aceptarme como su Mesías, ya que yo había, realmente, venido a capacitar sus almas para la vida, haciendo disponible el Don de la Inmortalidad en el Amor Divino del Padre, acompañado por el poder de la curación y milagros, los mismos que realicé por el Padre, dando fe así de la verdad de mi misión.
Además, les informé que, si ellos deseaban determinar la verdad de mis palabras, deberían someter a prueba y examinar mis enseñanzas (que el Amor del Padre estaba ahora disponible), rezando al Padre por Él con la oración seria; para que constataran que, si eso se hacía en sinceridad, el Amor del Padre — transmitido por el Espíritu Santo — ardería y brillaría en el alma, por dicha señal ellos notarían, que Su Amor estaba presente en su alma.
Y también declaré, que estas enseñanzas no eran mías sino del Padre, las mismas que Él me ordenó proclamar a los hijos de Israel; y que, porque había sido enviado por Él, no pude hacer nada por mi propia cuenta, sino sólo lo que el Padre me asignó — lo que quiere decir, el poder que yo recibí del Padre. No dije, que pude hacer lo que hacía el Padre, o imitarle a Él, como el Evangelio declara, porque eso me daría un poder igual al del Padre, lo que es blasfemia. Porque ningún mortal o espíritu jamás, por toda la eternidad, tendrá poder igual al del Padre. Pero después de mi muerte, y muchos años después en conformidad a la falsa doctrina, que fue elaborada en el período temprano Griego de la Cristiandad, se hizo una revisión para hacerme co-igual al Padre. Y me gustaría decir aquí que, si tal absurdo fuera admitido por un solo momento, se prestaría a su propia destrucción, y comprobaría su propia falsedad; porque si jamás se ha visto al Padre Celestial poner Su Vida por Sus ovejas, Israel, tampoco pude yo, Jesús, haber puesto la mía en el sentido, como se lo entiende en el Nuevo Testamento — que mi sangre derramada y el sacrificio en la cruz dan la remisión de los pecados.
Cité de los Salmos y del profeta Samuel sobre la alianza Davídica, diciendo, "yo levantaré después de ti a un descendiente tuyo, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará una casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre. Yo seré para él, padre; y él será para Mí, hijo."
Así, si ellos conocían al Padre y honraban Su Palabra, ellos me conocerían igualmente, porque proclamé la salvación eterna del alma por Su Amor, que fue evidenciada en mi propia alma y atestiguada por Su Poder actuando por mí. También atestigüé que, mientras ellos no conocían al Padre, yo sí Le conocía, y fui enviado por Él. Y declaré, que Dios fue mi testigo de la verdad de mi misión — una misión, que yo desempeñé por Su Gloria, y no por la mía.
Tampoco quebranté la ley Mosaica, con respecto al Sábado, cuando sané e restauré a uno de los hijos del Padre en aquel día. Porque si la circuncisión fue superior al Sábado, cuando un miembro del cuerpo fue restaurado, ¿cuánto más importante que el Sábado fue aquella acción, donde un cuerpo entero fue restaurado?
Como consecuencia, declaré que su rechazo a mí como el Mesías, en base de que había sanado en el día Sábado, fue sólo un subterfugio para negarme el reconocimiento y para esconder su propia violación de la ley Mosaica — haciendo un miembro del cuerpo más importante que el cuerpo mismo; y que fueron ellos, no yo, quienes fueron culpables de la transgresión. Además, declaré que, porque el Padre conocía y estaba en mí por haberme otorgado el Don de Su Amor en respuesta a mis aspiraciones del alma y mi oración, y ya que este Amor era Su Naturaleza y Esencia, también así conocía yo al Padre y, de la misma manera, estaba yo en Él.
Jamás dije que yo era el Buen Pastor, porque me refería al Padre; y esta declaración fue insertada muchos años después de mi muerte, para elevarme a ser igual a Dios. En su lugar, declaré que el Padre fue el Buen Pastor — el redil es el Reino del Cielo — y que yo era la puerta por donde las ovejas entraban en el redil y en la Presencia y en el Conocimiento del Pastor (o Portero) Quien abre la puerta y Es el Padre. El Padre da la vida eterna a Sus ovejas, y yo soy el Camino — la puerta — por la que las ovejas pueden entrar en el redil de la vida eterna. En los Salmos, se indicó que el Buen Pastor — Dios — usaría a David como asistente para conducir las ovejas en el redil.
Pienso que he dicho suficiente sobre este tema, y que he explicado muchas cosas que son obscuras en el Nuevo Testamento. Con mi bendición sobre ti y el doctor, y en todos mis discípulos, quienes desempeñan el trabajo del Padre, terminaré y suscribo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 6: La creación del hombre
Mensaje recibido el 16 de Agosto de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí para escribirte sobre el tema: ¿Quiénes fueron los ángeles, que presuntamente existieron antes de la creación del hombre?
Como sabes, el hombre fue creado por Dios de los elementos del universo, y se implantó en el hombre el alma, o el hombre verdadero o espiritual, lo que le distinguió de las otras criaturas de Dios. Y con esta alma, Dios dio al hombre la posibilidad de obtener la naturaleza propia de Dios, a través de las ansias del alma humana por la unidad con Él. El orgullo y el deseo por dominar el ambiente físico, de lo que pensó que le iba a asegurar la Inmortalidad, condujo al retiro del Amor Divino y la potencialidad del hombre, de llegar a ser uno solo con Dios, se perdió hasta que yo aparecí en Palestina y prediqué la Inmortalidad a los Judíos.
El descenso del hombre de su posición como elegido de Dios, para participar en Su naturaleza y esencia, fue rápido, y en el transcurso de solo unos pocos centenares de años, el hombre llegó a ser no muy diferente de las bestias del campo en su conducta, y en algunos aspectos fue peor. Porque el hombre, al recibir su alma humana de Dios, también recibió con ella la comprensión de que él era un hijo de Dios, aunque no redimido, y como consecuencia de su estado de hijo de Dios, se le implantó una consciencia de las leyes de conducta, las que Dios había decretado, y por eso el hombre sabía que pecó, cuando rompió los mandamientos de Dios, e incluso en su peor estado y mas bajo descenso, el hombre siempre tuvo una voz pequeña dentro de él, una voz que nunca fue apagada completamente por los excesos y la violencia, que llegaron a ser habituales en su existencia pecaminosa.
La muerte del cuerpo físico, y el camino hacia la purificación, que el alma, al entrar en la vida como espíritu, tiene que elegir, con el tiempo trajo al alma del hombre, en el mundo de los espíritus, la libertad de las excrecencias y profanaciones, que había acumulado durante la vida en la tierra, y estas almas purificadas se empeñaron en ayudar a los mortales abstenerse de violaciones de la ley, y al mismo tiempo les impregnaron con una consciencia renovada de Dios como su Creador. Estas almas purificadas fueron los ángeles del Señor, porque fueron almas purificadas del pecado, y porque cumplieron las órdenes de Dios, tratando de ayudar a los hombres, para superar la debilidad de su carne, y para dirigirse al Padre.
Cuando revelé la Inmortalidad en el alma del hombre, sea en la tierra o sea en el mundo de los espíritus, los hombres podían, si así lo elegían y deseaban, llegar a ser capaces de recibir el Amor Divino, a través de la intervención del Espíritu Santo, y convertirse en Angeles Divinos del Señor, no solamente purificados del pecado, sino también llenos de la Esencia del Padre, en un grado hasta como convertirse en dueños de la Inmortalidad, y adquirir la consciencia de esta realidad.
Los Angeles Divinos de Dios trataron de dirigir al hombre y al espíritu a Dios, no sólo como hijo, en el sentido creado, o servidor, sino también para que el hombre busque Su Amor, participe en Su Naturaleza e Inmortalidad, y llegue a ser Su hijo en el significado real y Divino del término.
Después de la creación del hombre, existían por eso ángeles en el sentido, como lo he explicado, pero el gran ángel o mensajero — porque ángel significa mensajero de Dios — ha sido y es el Espíritu de Dios, que es obediente a las leyes físicas de Dios, y cumple la Voluntad del Padre, trabajando no sólo en la vasta infinidad de Su universo, y efectuando estos constantes reagrupaciones y cambios en Sus cielos, sino también influyendo en el intelecto del hombre, y su rasgo moral, siempre desde que el hombre fue creado por el Padre.
El Espíritu de Dios es el gran ángel o mensajero de Dios, que se manifestó durante toda la eternidad. Fue este Espíritu del Señor, al que se describió en Génesis, moviéndose sobre la haz de la tierra, trabajando y desarrollándola, para preparar el día, cuando la vida y seres vivientes podrían existir y sobrevivir en ella. Fue este Espíritu del Señor que ejecutó los decretos de Dios, y puso en movimiento estas fuerzas y elementos cósmicos, que al fin formaron esta nueva combinación, la que conoces como el sistema solar, y este Espíritu, cuando el Señor lo ordene, llevará a cabo la destrucción del sistema, y dará origen a un nuevo orden y a una nueva dispensación. Antes de la creación del hombre, el único ángel activo de Dios fue Su Espíritu, Su energía activa, cuyas intervenciones proclamaron Su Majestad, eternamente.
Adán y Eva, o a quienes representan, fueron creados a través de la intervención del Espíritu de Dios, la energía activa de Dios, que llevó a cabo la agrupación de aquellos elementos, empleados para la formación del hombre, tal como Él formó las otras criaturas vivientes en la tierra, pero, el hombre no fue el hombre, hasta que lo puramente espiritual — y con eso no me refiero al cuerpo espiritual, que consiste de material sublimado, sino al alma, al imagen de Dios — fu otorgado al hombre. Los primeros padres no conocen cuando llegasen a ser almas, es decir, cuando Dios realmente les implantara sus almas, porque no existe manera como de relatar, cuando fueron humanos en su aspecto sin sus almas, porque sin sus almas, no existía memoria alguna en un grado, que este hecho o estado hubiese podido ser recordado por ellos, tampoco conocen, cómo se realizó la implantación del alma, aunque sucedió en sus cuerpos; y diré, ahora, tampoco yo conozco como se lo realiza, porque nunca he visto una alma, a pesar de poder percibir su presencia a través de mis sentidos de percepción en mi alma; pero cuando por fin todo esto se había consumado, los primeros padres estuvieron conscientes de que fueron seres humanos, y que fueron la creación del Padre.
II
Mensaje recibido el 8 de Septiembre de 1955
El hombre, como comúnmente se lo considera, es una creación que pasó a través de lo que llamarías un largo período de desarrollo, como todas las criaturas de Dios durante este período del desarrollo terrestre, que proveyó para seres vivientes la posibilidad de existir y de sobrevivir.
La naturaleza del hombre, por ende, es tanto animal, o material, acorde con las condiciones de su existencia física, como espiritual, al mismo tiempo, acorde con las cualidades y atributos del su alma, cualidades y atributos regalados a él en el momento, cuando Dios le otorgó una alma. En resumen, la naturaleza del hombre es dual, y por eso, el hombre posee pasiones y sentimientos animales, y en relación con estos, están aquellas emociones y sentimientos, que pertenecen a su naturaleza espiritual, como consecuencia de que había recibido una alma. La referencia de la Biblia a la creación del hombre, refiere a la creación del hombre a la imagen de Dios, o al tiempo, cuando Dios, el Gran Alma, concedió al hombre una alma, y le convirtió en la mayor de Su creaciones.
En otras palabras, el hombre posee un juego doble de emociones, y la actividad o dominación de los sentidos animales en el hombre, pene en movimiento estos pensamientos y acciones relacionados con su existencia material o animal, y esto no es fuera de armonía con las leyes de Dios, pero sí lo es cuando estos pensamientos y las acciones que resultan violan la ley de Dios, entonces son pecaminosos y conducen a la infelicidad. La influencia de estas mociones, estos pensamientos y estas acciones pecaminosos sobre el alma es de tal naturaleza, que las emociones y aspiraciones espirituales del hombre entren en una fase latente, prácticamente como si fuesen no existentes, y el alma misma se incrusta con la maldad. El hombre sabe, cuando sus pasiones físicas y las acciones que resultan, violan las leyes de Dios, y por eso tiene que emplear su voluntad para prevenir esas violaciones, y para permitir a sus sentimientos, que se ejecuten de acuerdo con el propósito, para el que le habían sido dados, y también para permitir del desarrollo de su naturaleza espiritual, y simultáneamente con ella, el conocimiento de su alma y la su relación con Dios, su Creador.
A través de la oración, de los pensamientos y de las ansias del alma, la naturaleza espiritual del hombre puede ser desarrollada, para dominar la personalidad, y actuará de acuerdo con los sentimientos y las emociones de su alma; sin embargo, si el hombre permite que sus emociones animales dominen sus emociones espirituales, y que quebranten las leyes referentes de Dios, entonces el alma se incrusta con estas excrecencias perniciosas, o, mejor diré, el alma es contaminado por ellas, y cuando fallece el mortal y el espíritu ingresa al mundo de los espíritus, el alma tiene que pasar por un período de sufrimiento, en el que se eliminan los elementos contaminantes adquiridos durante la vida terrenal, y el alma vuelve a su pureza original.
La purificación del alma está sujeta a lo que dicte la Ley de Compensación de Dios, porque a ninguna alma profanada se le permitirá un lugar en los cielos espirituales de Dios. El Paraíso de los Hebreos no puede ser alcanzado sin esta purificación, sin embargo, el tiempo necesario, como dirías tú, en este proceso de purificación depende del alma misma; del despertar que experimenta, de su condición, y de estas circunstancias en el mundo de los espíritus, principalmente su propia voluntad, pero también la ayuda por otros, lo que le permitirá el progreso necesario, todas las almas en el mundo de los espíritus, con el tiempo, serán purificadas.
Esta fue la condición del hombre, antes del otorgamiento del don del Amor Divino, lo que yo traje a la luz en el tiempo de mi ministerio público en Palestina. Porque nadie, antes de mi venida con ese don, podía lograr la unidad con el Padre Celestial, con la transformación de su alma en una Alma Divina, a través del derramamiento del Amor Divino en su alma, por medio de la oración sincera al Padre por este Amor, la Esencia del Padre, y transportado en el alma humana por la intervención de Su Espíritu Santo.
Esto es, en resumen, la evolución del hombre del ser natural al alma purificada, y, si él así lo desea, al estado de Angel Divino. El alma es la sede de las emociones espirituales, proviene de Dios, y tiene la potencialidad de convertirse en una sola con Dios, si así lo desea, mientras el don del Amor Divino, obtenido a través de la oración seria al Padre, esté todavía a disposición.
Los sentimientos materiales, también una creación de Dios, no tienen nada de la substancia del alma, y no tienen una existencia permanente en el mundo de los espíritus, pero sí existen en el mundo de los espíritus por cierto período de tiempo, porque el hombre pasa de su vida mortal, con todos sus deseos y sentimientos terrenales; estos, y sus perversiones, que perjudican el alma, sin embargo, con el tiempo desvanecen durante la vida como espíritu.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 7: El Reino de Dios está dentro de ustedes
Mensaje recibido el 7 de Noviembre de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Deseo escribirte acerca de la frase: "El Reino de Dios está dentro de ustedes", como aparece en Lucas, capítulo 17, versículos 20-21, y que condujo a una comprensión totalmente equivocada de lo que quise explicar. La realidad es, que un cierto vocero de los Fariseos me preguntó, cuando vendría el Reino de Dios, y mi respuesta fue, que en mi persona ya había venido, ya que adondequiera que iba, llevaba conmigo el Reino. Este es el significado de los versículos: "Y preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el Reino de Dios, les respondió y dijo: El Reino de Dios no vendrá con observación;" — lo que quiere decir, que el Reino no vendría como una manifestación visible a los ojos del hombre mortal — "ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el Reino de Dios dentro de ustedes está." Sin embargo, la palabra Griega "entos" (entoV), no significa "dentro de ustedes" sino "en medio de o entre ustedes". La traducción incorrecta se dio por el hecho, que el traductor no trató de escribir lo que realmente significa la palabra Griega, sino lo que le pareció razonable en la luz de su comprensión imperfecta, de lo que estos versículos significaban para él, porque él pensó que solo la fe en Jesús y la fidelidad al rito de la comunión le convertirían en uno solo con Jesús — y por ende con Dios.
De hecho, existen en el presente unos cultos, que interpretaron las palabras del traductor equivocadamente, en el sentido que indicarían que el Reino de Dios es una parte del hombre — el alma — que proviene directamente de Él. Y que por el desarrollo y el perfeccionamiento de los atributos del alma, el hombre desarrolla el Reino de Dios dentro de sí mismo. En verdad, el desarrollo de las facultades del alma ayudará al hombre purificar su alma, y alcanzar el Paraíso de los primeros padres antes de su caída de la Gracia. Sin embargo, este no es el estado, que el alma obtiene por su transformación, la misma que solamente toma lugar por la eficacia del Amor Divino, entrando en una alma en oración a través de la intervención del Espíritu Santo. El Paraíso, o la purificación del alma, es el estado del hombre natural perfecto, pero no tiene nada del Angel Divino ni de la unión con el Padre.
Y existen algunos que indican 1 Corintios, capítulo 3, versículo 16 — "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" Y esta gente no logra comprender, que el templo de Dios, al que se menciona y se refiere allí, es el alma y no el cuerpo, porque el cuerpo no consigue la salvación, ni fue creado a la imagen de Dios como el alma, y que el alma es el templo de Dios solo cuando la naturaleza de Dios reposa en ella a través de la oración al Padre por la unión con Él, y esta unión solo se logra por el Amor Divino del Padre, El que es de Su Esencia, así que existe una gran equivocación en cuanto a lo que es el templo de Dios — es solamente el alma llena del Amor del Padre, porque el alma que no posee este Amor Divino, solo es la imagen de Dios, y no un templo en donde habita Dios.
Y adicionalmente, existen aquellos quienes erróneamente creen, que el Reino de Dios está dentro de ellos, porque Cristo está dentro de ellos. Acorde con las enseñanzas de su iglesia, y sin comprender o saber lo que es el Cristo, sienten que poseen la unión con el Padre a través de la fe en mi nombre, en la eficacia de mi sangre derramada y en el sacramento de la eucaristía. Ahora, la palabra Cristo, como generalmente se la utiliza hay en día, se usa en el sentido de el ungido, o el Mesías, o el Salvador, y es la verdad, pero en realidad, el Cristo significa el principio del Amor Divino de Padre, hecho disponible para la humanidad, como por primera vez fue derramado en mi alma, cuando por primera vez proclamé mi misión en la tierra, y es este Amor Divino que salva, cuando ingresa al alma del mortal o espíritu, que lo busca por medio de oraciones serias al Padre. Y de ninguna otra manera — ni por la sangre en la cruz, ni por ningún sacramento misterioso de pan y vino — tomará lugar la unión con el Padre, porque solo el Amor del Padre tiene el poder de expulsar los errores y maldades del alma humana, y por eso dar un nuevo corazón al hombre, libre del pecado y transformado de la imagen de Dios en su Esencia Misma.
Así que, teniendo Cristo dentro de ustedes, significa que ustedes tienen el Amor Divino del Padre habitando en su alma. Y si lees la epístola de Juan, el Apóstol, entenderás la verdad del dicho, de que el Reino de Dios está dentro de ustedes — porque Juan dijo (1 Juan, capítulo 4, versículos 10-12 y 16): "En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros. — Si nos amamos unos á otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él"... Juan dejó muy claro, cuando él habló del amor, él se refirió al Amor de Dios — al Amor Divino de Dios por el hombre, y que donde está Su Amor Divino, allí está también Dios y el Reino de Dios. Sí, el Reino de Dios puede habitar dentro de nosotros, pero solo si lo buscamos a través de ansias sinceras y oraciones al Padre por el don de Su Amor Divino — y con Su Amor vendrá la vida eterna y todo lo necesario para su sustento en este mundo y en el venidero.
Ya he dicho suficiente acerca de la frase: "El Reino de Dios está dentro de ustedes", y lo que realmente significa, y así, con mi amor por ti y el Dr. Stone, y con mi exhortación a todos ustedes, a que busquen el Reino a través de ansias sinceras del alma hacia el Padre, me despediré y me suscribo,
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 8: Jesús explica la omnipresencia de Dios
Mensaje recibido el 31 de Marzo & el 13 de Abril de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Quisiera escribirte sobre el tema de la omnipresencia de Dios, como fue presentado por una cierta dama al leer los mensajes recibidos por el Sr. Padgett. La señora mencionada es una persona de considerable intelecto con poderes analíticos, derivados del desarrollo de su amor natural y su énfasis en las cualidades morales y mentales del hombre, pero ella no pudo comprender el significado verdadero del Amor Divino, porque trató de captarlo con su mente y no con su alma. Por esta razón, intenta encontrar una base en las declaraciones que los mensajes contienen, para acusar contradicciones, pero si ella fuese capaz de absorber estos mensajes con las percepciones de su alma, no existirían contradicciones aparentes, solo una comprensión clara de la gran distinción entre la intervención del amor natural por el Espíritu de Dios y las funciones cumplidas por el Espíritu Santo.
Cuando Dios creó el alma humana, no la creó de la nada, sino produjo una alma a la semejanza de la Suya propia, y cuando otorgó al hombre un amor natural y los atributos de sabiduría, pensamiento, el sentido de justicia y misericordia, Él extrajo estos atributos de lo Suyos propios, pero privados de las cualidades Divinas. Así se los dio al hombre para encajar en la condición natural de su existencia, y para ser sincronizados perfectamente con ella. De la misma manera, el alma del hombre fue formada según el alma de Dios, pero sin la Esencia Divina de Dios, la que fue retenida en el acto de la creación, y el alma así formada, fue una alma humana hecha a la semejanza de la Gran Alma del Padre, pero carente de Su Esencia. Esta Esencia es el Amor Divino.
A los primeros padres, se les concedió la oportunidad de obtener este Amor Divino y adquirir una alma Divina a través de la oración, y con su desobediencia o negativa de buscarlo en el camino prescrito por Dios, perdieron el privilegio de recibirlo par sí mismos y para su descendencia, hasta que yo lo traje a la luz cuando aparecí en Palestina. Ahora, con la pérdida del privilegio, el hombre fue limitado a buscar su camino en el mundo material principalmente por las cualidades, las que permanecieron en él; a saber, su albedrío, su intelecto y sus rasgos morales, y estos, a partir de la creación del hombre, fueron hechos humanos, y por ende finitos.
El desarrollo de estos atributos es la función del Espíritu de Dios, que es esta fuerza o energía que interviene en todos los seres o cosas creados, y el Espíritu Santo, que interviene de una manera especial en la humanidad, es una parte del Espíritu de Dios, pero su función es el transporte de la Esencia de Dios a aquellas almas, las que lo buscan a través de la oración sincera al Padre, y por eso se puede decir, que tiene un lugar aparte o especial como indicado por su función excelsa, e incluso se podría decir, que existe aparte, pero el Espíritu Santo y el Espíritu de Dios no existen como entidades conscientes en el sentido como los mortales comprenden el término.
El Espíritu de Dios y el Espíritu Santo, considerados por algunos como una fuerza, son fuerzas separadas, utilizadas por Dios y propiedad de Dios, y fluyen del Alma de Dios, y en este sentido se las puede considerar como parte de Dios, sin embargo, no son parte de la personalidad de Dios de la misma manera como lo son Sus atributos; y similarmente, los atributos humanos originalmente vienen de Dios, y están integrados como unidad en el alma del hombre, pero no son parte de Dios, porque carecen de las cualidades Divinas del Ser de Dios. El Espíritu de Dios actúa sobre los atributos humanos y los desarrolla hasta su estado supremo de pureza y perfección, pero son humanos y siguen siendo humanos, sin consideración de su condición de profanación o pureza. Es cierto que el Espíritu de Dios emana del Alma Divina del Padre, pero no es Divino en sus funciones, y puede convertir una alma en Divina; solo la Esencia Divina, a través del Espíritu Santo, puede transformar una alma en Divina.
El Espíritu Santo no se comunica con los mortales o los espíritus directamente, ni apela a su raciocinio, y por eso no puede instruir ni informar ni de ninguna otra manera sugerir conscientemente, sino influye de manera indirecta en la mente humana, transportando el Amor de Dios en el alma del hombre y del espíritu, lo que, en el proceso experimentado por esta alma a través de los esfuerzos del Amor Divino, reacciona sobre el conocimiento, influyendo e informando el raciocinio, que a la vez acepta o rechaza la información y los pensamientos provistos por el alma iluminada por el Amor Divino. Así que yo nunca recibí instrucciones, y tampoco ninguna otra alma, por el Espíritu de Dios o el Espíritu Santo, cuya función no es la enseñanza, sino fuimos instruidos por la acción que el Amor Divino en nuestras almas ejerce sobre nuestras almas, y por la capacidad de nuestras almas de conocer lo que realmente es la verdad. En mi propio caso, fui instruido por Dios Mismo, porque ningún otro espíritu poseía el Amor Divino, antes de que yo lo traje a la luz, y por eso ningún espíritu fu capaz de comunicar verdades del Padre con referencia a Su Amor Divino a la humanidad, pero cuando yo obtuvo siempre más del Amor Divino en mi alma, progresivamente fui más y más capaz de recibir y comprender las verdades, que el Padre me enseñó con referencia a Su naturaleza, Sus atributos y mi misión en la tierra.
Así ves, ningún Espíritu de la Verdad ni Espíritu Santo puede venir a los mortales o espíritus para enseñarles las verdades de Dios, sino solo los espíritus, poseyendo el Divino en sus almas, enseñan el camino a la unión con el Padre, y en mi caso, fue el Padre Mismo. Los espíritus del hombre natural perfecto vienen a os mortales y espíritus para enseñarles el camino hacia la sexta esfera, el Paraíso del Antiguo Testamento, a través de la purificación del alma del pecado y de la profanación. Nosotros en los Cielos Celestiales, nos damos cuenta de que no conocemos todas las verdades de Dios, pero que continuaremos aprendiéndolas por toda la eternidad, de manera que nuestra alma reciba mayores porciones del Amor Divino por la oración, y nosotros somos humildes y agradecidos a la Amorosa Bondad y Misericordia del Padre, por habernos concedido la oportunidad.
Sin embargo, este mensaje puede interesarles a aquellos que busquen, y proveer una comprensión más clara de la relación de los atributos de Dios y del hombre con la acción del Amor Divino, y también esclarece lo que había dicho sobre el Espíritu de la Verdad y el Espíritu Santo.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 9: La niñez de Jesús en Egipto
Mensaje recibido el 10 de Enero de 1955
Yo estoy aquí, Jesús
Quiero que tú y el Dr. Stone conozcan que lo que escribí con referencia a mi vida, a través del Sr. James E. Padgett, es la verdad, y que todos mis hermanos realmente nacieron en Egipto, y que mi familia permaneció allá por aproximadamente diez años o más, y no solamente por pocos meses después de mi nacimiento. Y porque en estos días de mi aparición en la tierra las condiciones maritales fueron más primitivas que hoy en día, estos diez años o así son tiempo más que suficiente para el nacimiento de mis siete hermanos y hermanas.
Nuestra estadía en Egipto fue causada por e hecho de que mi padre pudo, después de un rato, abrir y establecer un negocio de una manera bastante exitosa, y que consiguió una buena y cómoda vida para su familia y sí mismo, con toas las comodidades a la disposición para un artesano en ese tiempo, y por esta razón vaciló en desmantelar la casa, en donde vivíamos, y regresar a través de los peligros de un viaje a Palestina. La segunda razón fue la seguridad, no sólo la mía sino de toda la familia, porque las condiciones en Judea seguían inciertas y poco favorables, incluso después de la muerte de Herodes, porque el gobernante Archelao, quien le siguió, continuó en sus caminos infelices, y mucha sangre corría en Judea, y hubo una gran incertidumbre, y no sucedió antes de diez años después de mi nacimiento, que Archelao, quien había sido degradado a Etnarco de Judea, fue reemplazado y enviado como exiliado a Galia. Incluso después de esto, las condiciones no mejoraban mucho por la hostilidad del pueblo contra sus regentes Romanos, así que mi padre y madre, después de vacilar mucho, se decidieron a desintegrar su hogar en Egipto y regresar a Palestina, y más específicamente, a Nazaret. Mi madre añoraba a su gente, e indicó que la situación en Galilea fue mejor que en Judea, y que fue lo correcto regresar a Nazaret; sin embargo, yo no fui un bebé, sino un muchacho de diez años de edad, y en Nazaret conocí con mi primo Juan, posteriormente conocido como el Bautista, y ya he escrito acerca de mi relación con él en un mensaje a través del Sr. Padgett.
Así ves, el relato del Nuevo Testamento de mi retorno a Nazaret es falso, porque no vino ningún ángel para ordenar a mi padre que regrese a Judea después de la muerte de Herodes, y yo, Jesús, lo declaro porque mi padre me informó las circunstancias con respecto a este incidente, y te narro lo que él me relató. Nuestro lugar en Egipto, donde establecimos nuestro hogar, fue una ciudad de consideración, llamada Heliópolis, no muy lejos de el Cairo, y permanecimos con un pariente nuestro, quien nos dio la bienvenida y nos facilitó el comienzo de una nueva vida en el nuevo país; y con nosotros estaba una comunidad bastante grande de Judíos, porque nos unimos por razones tanto de seguridad, como también de la vida social, con un lugar de adoración, un lagar para la purificación de las mujeres y también una escuela primaria, sobre todo para la enseñanza de los fundamentos de la religión Judía y la habilidad de leer y escribir, para mejorar nuestro poder de entender las Escrituras. Esta es la historia de nuestra vida en Egipto, sin consideración de lo que puedas leer en el Nuevo Testamento.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
Revelación 10: El encuentro de Jesús con Nicodemo
Mensaje recibido el 12 de Julio de 1960
Yo estoy aquí, Jesús
Ya hablé contigo sobre mi encuentro con Nicodemo, hijo de Gurión, el Fariseo, cuando estaba enseñando en Palestina. Nicodemo fue el hijo de un rabino, quien organizó discusiones religiosas con grupos, como se acostumbraba en estos días y también antes. No fue un sacerdote, y no celebró servicios en el Templo. De hecho, los Fariseos fueron los más interesados en la ley, no sólo en las leyes expuestas en las Escrituras, sino también de las interpretaciones, las que los siglos y las circunstancias hicieron necesarias para estas leyes, y estas interpretaciones fueron conocidas como la Ley Oral. Estas fueron discutidas principalmente por los Fariseos, la gente común de Jerusalén, porque ellos fueron los más interesados en la religión Hebrea; fueron pobres, los artesanos y comerciantes, pisoteados por los ricos y los sacerdotes aristócratas, a quienes las Escrituras no les importaban nada, excepto lo que protegía sus propios intereses en Ellas. Estos Fariseos se preocupaban profundamente de la inmortalidad del alma, ya que su propio apuro en la tierra les llevó a buscar la justicia en un mundo ideal más allá de la tumba, y sentían que la justicia de Dios, necesariamente, tenía que abarcar un Reino, donde la justicia y la honradez serían el orden establecido. Por esta razón, los Fariseos estaban dispuestos a escucharme a mí y a mi misión — la disponibilidad de la Inmortalidad del alma a través de la oración al Padre por Su Amor.
Ciertamente mi afirmación de que el Reino de Dios había llegado con mi aparición — es decir, la inmortalidad del alma era un hecho y podía ser obtenida — les despertó la curiosidad, sin embargo, no fueron capaces de comprender el principio del Amor Divino y de la Salvación a través del Amor Divino. Por algunos siglos habían luchado tenazmente contra la negativa de los Saduceos a la Inmortalidad, y se aferraron a la fe del ingreso del hombre en el Paraíso a través de la obediencia a los Diez Mandamientos y a la Torá (los 5 libros de Moisés) y a los decretos, preceptos e interpretaciones derivados de estas obras sagradas, así que el Amor Divino y la Salvación a través de El fueron ajenos a su manera de pensar y sus conceptos fundamentales de la religión. Esto es, en breve, el trasfondo de su inicial simpatía conmigo y su posterior rechazo.
Nicodemo, no obstante, tuvo un sentimiento intuitivo de que yo tenía razón, y porque él no fue capaz de comprender plenamente mis enseñanzas, una noche vino en secreto para escuchar de mí en privado lo que no había podido captar en mis sermones públicos en el mercado. Sintió también, que mis milagros de sanación entre la gente se debía a una gran piedad, y que yo por eso, tenía que ser un hombre de Dios. Él quiso saber más acerca del Reino de Dios, y como se podía ingresar. Al no poder comprender, como vi, el Amor Divino, ni la transformación del alma de la humana en la Divina a través del Amor del Padre, utilicé el recurso de una parábola, como siempre lo hacía cuando hablaba a la gente, "el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios."
Nicodemo pudo entender un renacimiento espiritual solo a través de la obediencia a las leyes de Dios, las buenas obras, la práctica de la misericordia y de la caridad, honradez en la conducta y piedad para la viuda y el huérfano; en resumen, él entendió el arrepentimiento del mal y el retorno a Dios en el sentido profético del término, y pensó que eso daba la inmortalidad al alma. Tuve que demostrarle que su práctica de las virtudes purificaba el alma, y la convirtió en un alma humana perfecta en los ojos de Dios, pero, para poder entrar en el Reino de Dios, el alma necesariamente tuvo que transformarse en una alma Divina, a través de la Naturaleza de Dios, el Amor.
A su pregunta, le mostré que el ser nacido de la carne era la obra de la matriz, y que ahí no existía ninguna posibilidad de un renacimiento, pero espiritualmente, el alma podía nacer otra vez; nacía como alma humana, pero podía volver a nacer como alma Divina, la transformación — o el renacimiento — tomaba lugar cuando e individuo buscaba el Amor del Padre a través de la oración y obtenía este Amor, el que penetraba el lama humana y la convertía en Divina. Era esta divinidad del alma, la que le daba la Inmortalidad, y que a uno daba la capacidad de ver el Reino de Dios, y no la perfección del alma humana que resultaba de las buenas obras y practicando la caridad y la honradez.
Si Pedro y Juan, mis discípulos más avanzados, no pudieron fácilmente comprender el significado del Amor Divino, entonces tampoco Nicodemo ben Gurión lo pudo en la charla que tuve con él, ya que vi el conflicto causado por el Amor Divino en su mente, con sus profundamente arraigados doctrinas legales y los preceptos de la Torá, y su incapacidad de aceptar mis buenas nuevas de inmediato.
Él me preguntó: "¿Cómo puede esto hacerse?" y así le dije que, igual que existían muchos fenómenos terrenales que no podía comprender, como el viento y sus movimientos, no era raro que tampoco podía comprender estos fenómenos del espíritu: "El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu." (Juan 3:8).
Y debido a que no pudo comprender el principio del viento, un fenómeno material, tampoco pudo comprender el funcionamiento de algo espiritual, el renacimiento. Y puesto que "ruah" (viento), también significa espíritu en Hebreo, utilicé este juego de palabras y traté de mostrarle que ambas cosas eran del Padre, tanto el Nacer de nuevo, como la existencia del viento, podían ser creídos y aceptados.
No dije, ni quise decir, que Nicodemo tuvo que volver a nacer del espíritu en el sentido como los Cristianos comúnmente interpretan las palabras atribuidas a Juan, es decir, del Espíritu Santo, porque el alma no vuelve a nacer del Espíritu Santo, sino del Amor de Dios, que viene en el alma, transportado por el Espíritu Santo, esta manifestación de Dios que ejercita esta gran misión de Dios. Tampoco dije que tenía que volver a nacer del agua, porque esto es sencillamente una interpolación muy posterior, dando una referencia al bautismo. Es totalmente equivocado, porque el bautismo no tiene eficacia en cuanto a la obtención del Amor Divino por el alma. Ciertamente, Nicodemo hubiese comprendido estas interpretaciones Cristianas aun menos que el Amor Divino, del que yo insistí que entonces estaba a la disposición de la humanidad, porque estaba presente en mi persona.
Nicodemo salió con una ligera idea del Amor del Padre, y varias veces me escuchó explicando que el Reino de Dios había venido; él estaba confundido por el nuevo concepto de la transformación del alma y sus ideas de un Mesías, anunciando un nuevo Reino ideal en la tierra, pero él comprendió más tarde en Pentecostés, cuando el concepto mental fue reemplazado por la emoción, porque Nicodemo me respetó mucho, y su reverencia se convirtió en amor y pena, lo que trajo el Amor Divino en su alma. Nicodemo, por fin, comprendió con su alma, y ahora está conmigo en los Cielos Celestiales, con mucho deseo de su amor e influencia por conducir a la humanidad a la unión con Dios.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales