76 Sermones Del Antiguo Testamento De La
Biblia
Introducción
1: El Camino hacia la Inmortalidad
2: La falta de la Cristiandad al no predicar el Amor del Padre
3: La falta de la verdadera Gracia de Dios en la Cristiandad hoy en día
4: El cumplimiento verdadero de la Ley — el Amor del Padre
5: la fe verdadera y la justicia de Abraham
6: La mala comprensión del sacrificio de sangre
7: El rito Cristiano llamado misa
8: Jeremías, el siervo sufrido
9: El Nuevo Corazón en el Antiguo Testamento
10: El amor humano es un requisito previo para la apreciación del Amor Divino
11: El Amor Divino del Padre anunciado en las experiencias de José
12: La confianza de Rut en el Amor del Padre
1: El Camino hacia la Inmortalidad
Recibido el 16 de Julio de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Sí, yo estoy aquí en respuesta a tu solicitud de que te escriba un sermón para la gente, que tengan interés en aprender más sobre el Evangelio, que yo realmente prediqué, cuando estuve en la tierra, un Evangelio diseñado para indicarle al hombre el Camino hacia la Inmortalidad, a través de la posesión del Amor del Padre, por la oración y la subsecuente transformación del alma humana, de una alma humana en una alma en posesión de la Esencia de Dios, y por lo tanto Divina.
Sí, esta fue mi misión, cuando estuve en la tierra, y esto fue el gran mensaje, que mi Padre en el cielo me envió a predicarlo a los Judíos, y a toda la humanidad, y es el mensaje que me esforcé, y sigo esforzándome, por traer a la humanidad por los muchos siglos, desde aquel entonces hasta la presente fecha, para que las nubes, que han aparecido por la incomprensión humana de mi obra y misión, por lo menos puedan ser despejadas, y la humanidad pueda ver exactamente, lo que prediqué, cuando aparecí en la tierra, y lo que es el Camino exacto, en el que el hombre puede avanzar, hacia su unión con el Padre en Su Amor Divino y Misericordia, y por lo tanto, lograr aquella inmortalidad del alma, que está buscando tan ávidamente y con tanto empeño, y que a pesar de ello, parece escabullirse a su comprensión y sus ansias frustradas.
Y en estos sermones deseo confirmar que, lo que he escrito a través del Sr. Padgett, es correcto, y que el verdadero y único Camino al Padre y Su Amor fue explicado en los mensajes, los que yo y los muchos altos espíritus asociados conmigo en el escrito de estos mensajes, fuimos capaces de transmitir a la humanidad, a través de él.
Así que, en este primer sermón arribamos a las preguntas: ¿Por qué sucede, que las iglesias fracasan al dirigir el hombre hacia el Amor del Padre, y qué es necesario, que los líderes religiosos lo hagan, para realizar la comprensión, de que el Amor de Dios está disponible, y que es la posesión de Su Amor en el alma humana, que produce su transformación en una alma llena de Su Esencia, dueña y consciente de su inmortalidad?
Porque deseo exponer en este primer sermón, por qué es importante, que la humanidad, independientemente de sus afiliaciones o su fondo religioso, escuche la voz del Maestro, y obtenga esa inmortalidad, que Dios, el Padre, anhela otorgar a quienquiera se dirija a Él en Amor y Oración, y la que los atavíos y malas concepciones de las presentes iglesias hacen tan difícil e incierta, para las mismas congregaciones, a las que sirven e intentan guiar. Puesto que las iglesias de hoy día, ya que están construidas sobre las especulaciones de hombres, que no podían comprender mi mensaje, y quienes elaboraron falsas doctrinas, basadas en la falsa noción de mi deidad, como parte de la supuesta trinidad, no pueden indicar el Camino hacia el Padre y Su Amor, porque no tienen ninguna concepción del Padre y de Su Amor, que guíe a los hombres a buscar y obtener aquel Amor, y la posterior transformación del alma de lo humano en lo Divino.
Las iglesias de hoy no pueden inspirarle al hombre, para que busque al Amor de Dios, porque ya no lo comprenden, y por tantos siglos no lo comprendieron, que el Amor de Dios, del que el alma humana goza a través de la oración a Él por su venida, es el Camino, y el único Camino, hacia la salvación del hombre.
Estas iglesias subrayan mucho el orden moral de la sociedad, como lo hizo Moisés, cuando se desarrolló el concepto de los Diez Mandamientos, para la conducta humana, y se lo aplicó, y el orden moral, como he explicado muchas veces, sólo tiene la fuerza de purificar las almas humanas, y llevarlas a la armonía con las Leyes de Dios, pero carece del poder de llevar a cabo la transformación del alma, no importa cuán purificada sea, en una alma Divina, llena del Amor de Dios y Su Misericordia.
Ninguna obediencia a un código moral, repito, ni, para el mismo propósito, efecto mágico alguno de la sangre de una persona, no importa si esta se encuentre en la vida física, o si fuese una vez un mortal y ahora sea un espíritu, puede dar origen a la transformación del alma en una alma Divina, porque sólo el Amor de Dios, transportado en el alma humana a través del Espíritu Santo, en respuesta a la oración sincera, puede lograr esta transformación, y ninguna iglesia, como ahora se constituyen, enseña esta gran realidad, y esto es el verdadero mensaje, que yo, como el Mesías designado de Dios, enseñé. Y por esta razón, tengo que repetirlo, el Camino hacia el Padre y la inmortalidad no yace en las iglesias, ni en su doctrina de conducta moral, o la eficacia de la sangre de Jesús, o en la creencia en mi nombre, o en cualquier otro concepto religioso, que los sacerdotes y pastores de las mismas iglesias enseñan.
El Camino hacia el Padre, permíteme destacarlo una vez más, es sólo, como yo lo enseñé en la tierra, como yo lo estoy explicando ahora, y como yo lo expliqué en los mensajes, que escribí a través del Sr. Padgett. Este sermón está bien claro al exponer, que las iglesias no poseen el conocimiento, para conducir a la humanidad hacia la unión con el Padre. Por eso, a la humanidad, hay que entregarla el Verdadero Evangelio, e indicarla el Camino. Los líderes religiosos en el mundo actual tienen que seguirme en mis enseñanzas, llevar a cabo mi obra, y despertar a la humanidad a esta Verdad fundamental: Que todos podemos estar en unión en el Amor Divino de Dios, a través de la oración, y esto por todos los medios a nuestra disposición, que ayuden a traer la Palabra a toda la carne. Y será a través de la enseñanza de la Verdad por Ustedes, mis discípulos y colaboradores en todas partes en esta nueva era, que mi verdadera iglesia puede florecer y florecerá, desde ahora en adelante en la tierra.
Pienso haber escrito suficiente sobre los puntos cardenales, tratados en este sermón, y continuaré escribiendo, y exponiéndoles a los interesados, que la Verdad por fin ha sido entregada, primero a través de los mensajes, y ahora a través de mi Iglesia del Nuevo Nacimiento, que enseñará el Camino hacia el Padre y Su Amor, como Jesús el Mesías lo hacía, cuando vivía en la tierra.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
2: La falta de la Cristiandad al no predicar el Amor del Padre
Recibido el 24 de Agosto de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Estuve esperando para escribirte otro sermón sobre el Amor del Padre y Su afán, de que la humanidad reciba Su Amor, y lleguen a ser Sus hijos inmortales a través de la oración a Él; y también deseo continuar con las razones, por las que las iglesias no se encuentran en la posesión de esta gran Verdad.
Ahora, no quiero decir nada, lo que se pueda interpretar como derogatorio a las excelentes prácticas religiosas, como la ayuda comunitaria, caridad, bienestar social e instrucción moral, que las iglesias realizan, como fuerzas para llevar al hombre a la armonía con las Leyes de Dios, a través de la obediencia a los códigos morales y éticos, como el Decálogo de Moisés, sobre todo, o sus equivalentes, desarrollados y practicados en iglesias orientales.
Porque la religión moral y ética era la única categoría religiosa conocida a estas iglesias del Este y al Judaísmo, previo a mi venida, y es la realidad, que la Cristiandad, en todas sus ramas y derivaciones, simplemente perpetua aquel tipo de religión — la vida moral y ética — con una aleación pagana positiva, que eleva blasfemamente mi personalidad a una segunda parte de la Divinidad, parte que no existe, y sin la comprensión, de que no venía para purificar las almas a través de los principios morales y éticos, como Moisés lo hizo, y lo que solamente confirmé como Leyes dadas por Dios, sino que yo, como el Mesías de Dios, venía para hacer disponible a la humanidad, a través de la oración al Padre por su transformación, una alma no sólo purificada del pecado, sino una alma Divina, producida por el constante influjo del Amor Divino del Padre, incapaz de pecar, insensible a la tentación, y ya no necesitando los Diez Mandamientos de Moisés, los códigos morales y éticos de otras religiones.
Este Amor Divino, el don amoroso del Padre para quienquiera que lo busque sinceramente en la oración, es transportado en el alma por el Espíritu Santo, que no es la llamada tercera persona de la trinidad, ni siquiera el Espíritu de Dios del Antiguo Testamento, como lo predican las iglesias, sino aquella Energía de Dios, designada para realizar esta misión delicada, y es lo que los Cristianos equivocadamente llaman y predican como la Gracia de Dios, que cumple la ley. Porque no es el Espíritu Santo que cumple la ley, sino el Amor del Padre, y es este Amor y no el Espíritu Santo, que en realidad es la Gracia, que se extiende por el alma.
Y este estado de Gracia, si se me permite utilizar este término, no es una condición fija o estática, debida a la creencia en mi nombre y la participación en el rito de la misa, hecho por el hombre, y sus orígenes paganos, o por una expiación asumida por mí, realizada a través de mi crucifixión, como las iglesias la enseñan, sino que es un proceso continuo en la transformación de alma en la Esencia Divina, a través de la oración constante y sincera al Padre por Su Amor, en este mundo y en el que sigue, a través de toda la eternidad de tiempo.
Este mensaje de la vida eterna a través del Don del Amor Divino de Dios, fue el mensaje, que yo, como el Mesías de Dios, enseñé a los Hebreos y a toda la humanidad, cuando estuve en la tierra, y representa el único Camino para lograr la inmortalidad del alma, por la Unión con Dios.
Deseo enfatizar y repito, para que se lo entienda bien, que este Amor no es el amor humano, que l hombre tiene o puede tener por su prójimo y por Dios, una distinción que las iglesias no comprenden, porque ellas creen que el amor es globalmente idéntico, y que yo amo, y que Dios ama, a la humanidad con el mismo amor, que el hombre tiene pro Dios y su prójimo. Esto no es verdad, porque la riqueza de amor por el prójimo es sencillamente la riqueza del amor humano, que Dios confirió al hombre en su creación; pero el Amor de Dios por Sus hijos es Divino, y sólo puede venir en el alma humana a través de la oración al Padre por su influjo, y de esta manera sucede, que el proceso de la transformación en el alma Divina por el Amor del Padre tiene lugar.
La potencialidad de recibir el Amor del Padre, Amor que nunca había formado parte del hombre originalmente, pero que a pesar de esto, estaba disponible en la creación del hombre, se perdió por los primeros padres humanos con su Caída; y permaneció perdido, hasta llegó a estar disponible otra vez con mi venida. Porque sucedió, como un ser humano, dueño de una alma llena del Amor Divino del Padre, lo que significa una alma Divina, y poseyendo la Esencia del Padre, que fui el primer y único hijo engendrado del Padre en ese instante, y fui, y sigo siendo, de esa manera el Mesías. Nací del Espíritu Santo en el sentido, como lo he dicho, de que fue esa Energía de Dios que trajo, y trae, el Amor del Padre en mi alma, y en el alma de quienquiera que busque Su Amor a través de la oración sincera. Como ser humano, nací como nacen todos los humanos de la misma manera, de mis padres, María y José, y no de una manera misteriosa y metafísica, como las iglesias lo enseñan. Así que aquí de nuevo, las iglesias ni comprenden quien fui yo, ni quien soy, me hacen nacer de una virgen, en violación de la Ley de Dios de la Reproducción, y carecen de la comprensión del Amor del Padre, y cómo Este, a través de la oración, facilita a la humanidad obtener aquella salvación para la vida eterna, la que el alma humana está anhelando.
Terminaré ahora, pues he dicho lo que me propuse para este segundo sermón, pero existen muchas otras cosas, de las que deseo escribir, en lo relacionado con la falla de las iglesias, de no predicar las buenas nuevas del Amor del Padre; y volveré para continuar estos mensajes. Así, permíteme exhortar a todos, a quienes les lleguen estos sermones, que tengan fe en Su Amor y Misericordia, que oren con toda su alma por el influjo del Amor del Padre, y que difundan que el verdadero Evangelio del Mesías, Jesús el Cristo, está revelándose nuevamente a la humanidad.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
3: La falta de la verdadera Gracia de Dios en la Cristiandad hoy en día
Recibido el 25 de Agosto de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Deseo entrar en más detalle, en lo que se refiere al mensaje del Amor del Padre y su disponibilidad para toda la humanidad a través de la oración a Él por su influjo, y las razones por las que las iglesias, como hoy en día se constituyen, no poseen el mensaje de las "buenas nuevas de la inmortalidad", como yo lo prediqué, cuando me presenté en la tierra como el Mesías de Dios.
Permíteme repetir, que el concepto Cristiano de una trinidad Divina, es nada más que una fabricación humana, y nadie es bautizado por el Espíritu Santo, en el sentido, como se lo enseña en las iglesias.
Todo el mensaje de mi ministerio, cuando estuve en la tierra, las buenas nuevas de que el Amor Divino del Padre estaba disponible para el alma humana, y que es este Amor, que transforma el alma humana en una alma Divina, y por lo tanto, permite a la humanidad lograr la inmortalidad, fue torcido en un amor, que es humano y está sujeto a la profanación. Y la Voluntad del Padre, que el hombre llegue a la unión con Él en Su Amor, no se cumplió, y no se la enseña por las iglesias. Pero deseo declarar ante ti, con toda la autoridad de la que dispongo, que Dios no se deja burlar, y que Su Voluntad tiene que prevalecer, y lo hará, y será que, a medida que los hombres mismos vengan al Padre por este Amor, y por el mismo se conviertan en Sus verdaderos hijos, en el libre albedrío, en el amor y en la comprensión de alma de las Verdades, estos sermones y otros, que seguirán, indicarán el Camino hacia Él.
El Amor, pues, del que ahora se preocupan las iglesias, que profesan Cristiandad, no es el Amor Divino, el que vine a revelar y hacerlo asequible a los Judíos y a toda la humanidad, sino es aquel amor, que sólo es humano, y que le fue conferido a la humanidad con la implantación del alma humana en este ser viviente, llamado hombre. Aquella alma fue creada a imagen de Dios, y no a Su Esencia, por eso, no importa lo que enseñen las iglesias, el alma humana no es Divina, y el hombre no puede mirar en su interior, para desarrollar una supuesta chispa Divina, porque esta no existe. Sino que puede desarrollar sencillamente las cualidades del alma humana, que ya posee, su amor humano por su prójimo, y su amor humano por Dios, como Moisés ya lo había enseñado.
Por esta razón las iglesias, ni importa si lo quieran o no, han seguido considerando los Diez Mandamientos como el código moral, según el que los Cristianos deben vivir; porque si bien enseñan, que mi sangre derramada redime a los fieles de sus pecados, se dan cuenta, de que los buenos feligreses siguen pecando, al igual que toda la humanidad, y que el Amor, que Jesús presuntamente les tiene, no les impide pecar, y que solamente por la obediencia a los Diez Mandamientos, en conjunto con incentivos y exhortaciones de parte de los sacerdotes, y las amenazas de un infierno sempiterno de azufre y fuego, los fieles son capaces de lograr cierto progreso, en sus sinceros empeños contra las tentaciones, y el disfrute ilegítimo de sus deseos materiales.
Por eso, en sus oraciones a Dios, buscan Su Ayuda, para que sus almas se purifiquen del pecado, y de hecho, Dios ayuda al penitente sincero, enviándole sus ángeles de apoyo, para fortalecer el albedrío humano en aquellas personas, que buscan esa ayuda; sin embargo, el problema para el fiel Cristiano sigue siendo un problema de pecado, y de los esfuerzos de la voluntad humana, por eliminar las tendencias pecadoras, a las que se inclinan las almas, y también por mantener alejadas las nuevas tentaciones, con las que lucha su carne. Y a medida que pequen, aquellos que se arrepienten sinceramente, y se dirigen a Dios en la oración, encuentran que realmente logran cierto alivio, pues, aunque parezca raro, el alma penitente ya no es la misma alma que pecaba, ya que su condición es diferente, y ella se purifica del pecado; pero aquella condición purificada está sujeta a las tentaciones de los planos terrenales, y sólo con su albedrío humano y su deseo de no pecar, a causa de su amor humano sincero por mí o, como piensan, por Dios, y por el miedo de lo que piensan puede ser la ira de Dios y el purgatorio, peor el infierno eterno, intentan no pecar, y por cierto tiempo pueden tener éxito, pero se desaniman al encontrar que, a pesar de sus creencias, de que se encuentran en el Camino hacia Dios, tarde o temprano sucumben a las maldades, que se adhieren firmemente a sus almas, y vuelven a pecar, y este proceso continua repetidas veces y con poca disminución en su vida; y el único consuelo, que el Cristiano sincero puede obtener, es la sensación, de que está ganando en cierto grado en esta guerra constante contra el pecado, pues su albedrío sigue fortaleciéndose, y su amor incrementado por su Deidad se suma para disminuir en esta medida su deseo de pecar.
Y así encuentra que la gracia, o su bautismo por el Espíritu Santo, o el amor y el sacrificio redentor de Jesús, de los que él supuestamente es el receptor en virtud de su fe en el nombre de Jesús, no le ha purificado del pecado, y por lo tanto, no ha cumplido en verdad con la ley, porque tiene que continuar viviendo según las Leyes de Dios, para no pecar. Pues conoce que, si los Mandamientos fueron dados por Dios, para que no peque, entonces el supuesto sacrificio de Cristo se realizó también, para que no peque, y el Espíritu Santo, del que cree que se encuentra dentro de él, debería haber sido el poder, protegiéndole de los deseos de pecar, y haciéndole libre del pecado. Pues Pablo enseñó en Romanos 2:14-15, que los Cristianos pueden hacer por su naturaleza las cosas contenidas en la ley, y esto nunca ha sucedido. Y por lo tanto, el sincero feligrés encuentra, que su gracia, como las iglesias la enseñan, no ha cumplido con la ley, la que tienen que seguir obedeciendo; y él tiene que encontrar su consuelo en el pensamiento, de que, como ha sido enseñado, la sangre de Jesús cubrirá sus pecados. Sin embargo, si esto es así, entonces la Cristiandad degenera en una religión, donde la humanidad puede seguir violando las Leyes de Dios, pues la sangre de Jesús tapará los pecados de aquellos, que creen en su nombre, y Dios puede aceptar en Su Santa casa una alma cargada de pecado y maldad, sencillamente por la fe en aquel nombre.
Por lo tanto, los Cristianos, y toda la humanidad, tienen que comprender, que la sangre, ni de Jesús, ni de otra persona, tiene el poder de lavar los pecados, que cada uno cometió; y que una alma se purifica sólo en la proporción, como ella obedezca las Leyes de Dios. Los Cristianos tienen que comprender también, que la "gracia", de la que se les instruyó, que era suya, como el resultado de su fe en Dios, o en Jesús, como la llamada segunda persona de la trinidad, no es la Verdadera Gracia — el Amor del Padre — que viene a los hombres sólo a través de la oración al Padre por ella, y que es sólo una purificación de su propio amor humano, sin el poder certero de eliminar el pecado, como lo tiene el Amor Divino, que no sólo purifica el alma humana, sino que la transforma también en una alma Divina. Y esta es la razón, por la que los Cristianos, a pesar de su adhesión a la llamada expiación asumida por Jesús, están tan preocupados por la reincidencia moral — el pecar después de que se les había dicho, que ya ganaron la salvación a través de la creencia en el nombre de Jesús — y por esa razón, los Católicos tienen su "purgatorio", la purificación del alma después de la muerte material, después de que se les había dicho, que la sangre de Jesús les redimió del pecado. Y esta es la causa, como he dicho, por la que la Cristiandad hoy en día, no obstante la prédica de los sacerdotes y pastores, no es nada más que una religión idéntica con el Judaísmo, poniendo su confianza definitiva en los Diez Mandamientos de Moisés, para la purificación del alma humana, sin el poder del Nuevo Corazón, que yo vine a traerlo a los Judíos y a toda la humanidad, y por eso, las iglesias ignoran el mensaje de la inmortalidad — a través de la oración al Padre por Su Amor — como yo lo enseñé, cuando estuve en la tierra como el Mesías de Dios.
Con todas mis bendiciones, y aquellas del Padre, yo soy
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
4: El cumplimiento verdadero de la Ley — el Amor del Padre
Recibido el 26 de Agosto de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Me dio mucho placer poder escribirte, demostrando que las iglesias Cristianas, como se constituyen actualmente, predican una religión, que no se distingue, en sus fundamentos vitales, de la religión del Judaísmo, de donde partieron, pues están enseñando los principios morales y éticos de la conducta humana, como el Camino hacia Dios; y ciertamente, como he demostrado, estas iglesias, haciendo esto, perpetúan el código Mosaico, que conduce a la obediencia de las Leyes de Dios, y a la purificación del alma humana, con un lugar en los Cielos Espirituales, preparados para el alma humana purificada del pecado.
Estas iglesias creen que yo, como el Mesías de Dios, o como Dios Mismo, encarnado como el Hijo, traje la salvación a la humanidad, es decir, a aquellos miembros, que adhieren a esta creencia, a través de mi supuesto sacrificio en la cruz, donde se considera mi divina sangre derramada como el rescate de los pecados de aquellos, que creen en este presunto sacrificio. Para algunos, esto significa que pueden seguir pecando, porque sus pecados ya les fueron perdonados, como creen equivocadamente, y que la absolución de los pecados por la iglesia es suficiente, para mantenerles en un estado de gracia. Esto es completamente falso y pernicioso.
Otros, con una mejor comprensión, de lo que el pecado involucra, declaran que el sacrificio de amor de Cristo, como creen, compromete al hombre a responder a este Amor con su propio amor, lo que tiene que manifestarse a través del rechazo del pecado. Y otros se sienten atraídos a su iglesia en su amor humano por aquel, a quien consideran su salvador, pues se les enseña que, lo que es lo suficientemente descabellado, cada pecado individual renueve el sacrificio, que yo supuestamente hice en la cruz por el pecador, y que se me somete a las agonías de la crucifixión repetidas veces, a medida que se cometa cada pecado. No existe comprensión alguna aquí, que el cuerpo espiritual del hombre, desprendido del cuerpo material por la muerte, ya no está sujeto a las aflicciones corporales del mundo material. En estos casos, tenemos una apelación al amor humano del hombre, para fortalecer su voluntad contra el deseo de pecar. Y esto es Judaísmo, tengo que dejarlo bien claro, no importa si las iglesias lo entiendan o no. Porque justo como se exhorta al Judío para que no peque, por el Amor de Jehová y la Torá, así se exhorta al Cristiano, para que no peque por el amor de su salvador. Y el efecto, siempre cuando sea exitoso, es el mismo: El fortalecimiento del albedrío humano contra el pecado, y el subsecuente paso hacia adelante en la purificación del alma.
En resumen, la doctrina de lo que el Cristiano llama el Espíritu que vive en el alma, o el bautismo con el Espíritu Santo, no significa nada, porque el Espíritu en su alma no ejerce ninguna acción purificadora sobre la misma; y el llamado cumplimiento de la ley por la gracia, como las iglesias lo enseñan a los Cristianos, es falso y no existe.
Pues, si bien a las iglesias les gustaría decir que, por el llamado sacrificio de Cristo y la fe del hombre en su nombre, el hombre no peca, no pueden afirmar eso en veracidad, porque es abundantemente evidente en toda la humanidad, que las cosas no están así.
No obstante, la perfección del alma a través del Amor, era mi mensaje como el Mesías, y eso era lo que mis seguidores inmediatos y sus discípulos enseñaban, como se lo puede encontrar en el Nuevo Testamento, y si las falsas doctrinas de mi sacrificio y derramamiento de sangre fuesen eliminadas, como interpolaciones que son, y si mi mensaje fuese comprendido e interpretado correctamente, entonces sería la verdad, lo que estarían predicando, porque la iglesia primitiva, libre de nociones posteriores Griegas y paganas, de la misa y de la trinidad, que fueron agregados, estaba llena de individuos, que habían obtenido en cierta magnitud, y algunos en considerable riqueza, la verdadera Gracia — el Amor del Padre — que, como la Esencia de Dios, es lo que elimina el pecado del alma, cuando realiza su transformación en una alma Divina, y de este modo, logró una condición de alma en ellos, donde las leyes de Moisés ya no hacían falta y la Torá se cumplía por la Divina Presencia del Padre Mismo en las almas de aquellos, a quienes venía, cuando ellos la buscaban con la oración sincera.
Así puedes ver, que las iglesias actuales no predican mi mensaje del Amor del Padre, que conduce a la transformación del alma en una alma Divina y su pureza concomitante, sino que predican, en lugar de eso, las falsas doctrinas de salvación a través de mi supuesto sacrificio en la cruz, y la remisión del pecado, que resulta a través del derramamiento de mi sangre, con la consecuencia, de que la auténtica Gracia — el Amor del Padre — que, como enseñé, sólo viene al hombre a través de la oración a Dios, no se la busca, y no ha encontrado la oportunidad, excepto en relativamente pocos casos, para purificar y transformar las almas humanas. Y por esta razón, los Cristianos no han experimentado el Amor del Padre en sus almas, ni la remisión de los pecados, como piensan, porque todavía siguen pecando y ser tentados para pecar sin cesar.
Y por lo tanto, si bien muchos Cristianos continúan siendo feligreses, y adhieren a los ritos y ceremonias de sus iglesias respectivas, se dan cuenta de que el gran Gracia Salvadora, que les ha sido prometida y afirmada, que era suya con nada más que la creencia en mi nombre, no ha sido experimentada como una realidad en su vida, y ellos se sienten decepcionados y frustrados, realmente lo son, porque el Nuevo Nacimiento no es suyo en verdad.
Y la respuesta dada por las iglesias es pura especulación, y una esperanza piadosa, que la creencia en el nombre de Jesús les dará, cuando mueran, un lugar en el Cielo, y que hasta entonces tiene que tener fe en las enseñanzas de las iglesias. Que respuesta más pobre y apologética es esta, y lo contradictoria que es a su propio Nuevo Testamento, que predica con autoridad las evidencias en esta tierra, de la transformación, que la Gracia de Dios — Su Amor — realiza en el alma humana; en Pedro, en Saúl de Tarso (Pablo), en María Magdalena, en Leví el publicano (Mateo), en Juan y Santiago y mis otros discípulos, en Nicodemo ben Gurión, en Bernabé, Cornelio, Apolo, Aquila y Priscila, Silas, Timoteo y en muchos otros que podría nombrar, muchos de ellos murieron como mártires por su cierto conocimiento de su inmortalidad de alma a través de la posesión del Amor del Padre, por el que yo vine, para hacerlo asequible a la humanidad, como el Mesías de Dios.
Los Cristianos tienen que aprender que, lo que ellos llaman el Espíritu Santo, que habita en el alma del creyente en mi nombre, es un mito. Y la prueba de la falsedad de aquella doctrina, es el hecho brutal pero incontrovertible, de que los Cristianos, igual que otras religiones de la humanidad, siguen siendo tentados y pecan.
Y los Cristianos, como otras personas, continuarán pecando en este mundo, y sufrirán por los efectos de sus pecados mucho tiempo en el mundo por venir, hasta que dejen de creer en mi nombre por su salvación, y oren al Padre por Su Amor, por lo que, en respuesta a esta oración, Su Amor — Su verdadera Gracia — es transportado en sus almas por el Espíritu Santo, y realiza aquella transformación del alma, de almas humanas en almas divinas, en el verdadero cumplimiento de la Ley.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
5: la fe verdadera y la justicia de Abraham
Recibido el 25 de Septiembre de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Es tan importante, que la humanidad conozca, de que manera la Cristiandad, como ahora se constituye, no propaga el mensaje de la vida inmortal, como yo la enseñaba, cuando vivía en la tierra, por lo que tengo que amplificar el tema en detalle. Ya que a los Cristianos se les enseña, y ellos lo creen, que pueden lograr la salvación de una manera especial, a través de la fe en mi nombre, y a través de la llamada comunión conmigo, hay que abrirles los ojos en lo relacionado con esta falacia trágica, para que puedan tener una mente y un corazón abiertos al Amor del Padre.
Y así sucede, que tengo que continuar permitiendo conocer a estos Cristianos y a toda la humanidad, que solamente la fe en my nombre no bastará para su salvación, porque esa fe cubrirá sus pecados en la vista de Dios. Esta noción religiosa, desde luego, se remonta a un dicho en el Génesis 15:6, diciendo que "Abraham creyó a Jehová, y contóselo por justicia." Y por eso se les dice a esta gente, y ellos lo creen, que si tienen fe en el nombre de Jesús, también se lo será contado por justicia, y sus pecados serán blancos como lana en los ojos del Padre.
Pero esto es uno de los muchos pasajes en las Escrituras, que no representa correctamente, lo que sucedió en los tiempos de Abraham, y la supuesta prueba de su fe con Isaac, porque el relato en el Antiguo Testamento fue escrito, en su redacción final, cerca de dos mil años después del evento, que supuestamente describe, y los ideales que se difundían en aquel entonces, a saber, el regreso de Babilonia y la profunda fe en Dios, fueron muy diferentes de los pensamientos religiosos de los tiempos de Abraham, cuando prevalecían sacrificios humanos de niños y la creencia en dioses de la fertilidad. Y cuando Abraham tuvo fe en el Padre, su fe habría sido vacío y vano, si no hubiese sido acompañado su fe con obras, y salido de Ur de los Caldeos. Y cuando Abraham tuvo fe, tuvo fe en que Dios no deseaba que sacrificara su hijo Isaac, y por lo tanto, llevó a cabo aquella fe en obras, sacrificando un animal en su lugar. Porque Abraham se rebeló contra las costumbres de la época, de sacrificar niños, porque si hubiese colocado a Isaac en el altar, no lo habría hecho por obediencia a Dios, sino en obediencia a los ritos y ceremonias de sacrificio de sus días. Pues Dios, a través de sus mensajeros, le había revelado a Abraham, que no trajera a su hijo Isaac para sacrificarlo, y la fe de Abraham en Dios fue tan firme, que obedeció con obras, rompiendo con las costumbres religiosas de aquel entonces. Y esta era la verdadera fe de Abraham, y su obediencia a Dios, porque Dios jamás probó a una persona de semejante manera, porque Dios no es brutal, como tantas veces se le pinta en las Escrituras, sino que es un Padre cariñoso y amoroso quien, a través de Abraham, fue capaz de realizar, en aquella zona del mundo, el cese de esa horrible práctica en los tiempos que siguieron.
Y por eso deseo demostrar, cuál era la auténtica fe de Abraham, y cómo fue mal interpretada por los autores del Antiguo Testamento, quienes insertaron la aparición sobrenatural del carnero, y la prueba cruel de su fe, como parte de la historia, que no podían entender de otra manera; y deseo exponer, que la fe de Abraham no era estéril, sino que conducía a la acción y obras contrarias a lo que se acostumbraba en aquellos días, y en el logro de estas obras, Abraham realizó lo que era justo. Pues, como dijo mi hermano Santiago en su Epístola, la fe de Abraham alcanzó la expresión suprema a través de sus obras, porque no existe fe sin la práctica de esta fe, y de este modo, cuando Abraham creyó a Dios, le fue imputado a justicia, y fue llamado "amigo de Dios." (Santiago 2:23.)
Y por eso les digo a los Cristianos del presente, que creen que su fe es su justicia, y que sus pecados serán tapados por su fe en my nombre, que sufrirán una enorme decepción, cuando lleguen al mundo de los espíritus, y se den cuenta de que su Cristiandad se basó en la falsedad, y que sus pecados, lejos de ser tapados por una lana blanca, serán perfectamente visibles a los ojos de espíritus capaces de ver aquellos pecados, y que el único Camino, como estos pecados pueden ser eliminados, conduce a través de las operaciones de la Ley de Compensación, en amargura, lágrimas y remordimientos, o por la fe en que Dios, en Su Gran Bondad y Misericordia, responderá a sus súplicas por Su Amor, y alivia, de este modo, las heridas de sus propias almas y sus incrustaciones malignas.
Así, Cristianos, no se dejen cegar por un dicho en las Escrituras, que puede llevarles a una conducta contraria a las Leyes de Dios, sobre la base de una premisa falsa, de lo que está contenido en la Biblia, es la Palabra de Dios y por lo tanto sagrado, pues mi hermano Santiago tenía que predicar contra una fe carente de una conducta en la vida — una actitud que ganó terreno en ese tiempo, y que sigue siendo perpetuado por varias de las iglesias. Porque ni los ritos, las ceremonias, ni vanas creencias religiosas, lograrán la purificación del alma, y un lugar en los Cielos Espirituales, sin la conducta en conformidad con las Leyes de Dios, no obstante la iglesia o su posición.
Concluiré ahora, y la próxima vez te escribiré sobre: "Por qué el derramamiento de sangre no puede traer la remisión de os pecados," como las iglesias actuales lo aseguran.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
6: La mala comprensión del sacrificio de sangre
Recibido el 22 de Octubre de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Esta noche deseo escribir sobre, por qué la sangre, sea del hombre o de la bestia, no tiene la eficacia de redimir la humanidad del pecado, como diversas iglesias lo enseñan.
Este pensamiento es el apogeo de lo que se llama la misa, como la Iglesia Católica la practica, y constituye la base de lo que se conoce como la comunión en otras iglesias. Este rito no tiene fundamento en el Judaísmo, y está escrito, erróneamente, que fui yo, quien instituyó la ceremonia en la Última Cena, pero a la iglesia le gusta señalar algunos incidentes sin importancia en las antiguas Escrituras, como indicativo para el futuro rito, los que explicaré como no teniendo ninguna relación con la misa, y que son sencillamente una severa distorsión de los hechos, para coincidir con las opiniones de la iglesia.
La iglesia también afirma, que la eficacia del sacrificio de sangre queda escrita planamente en el Antiguo Testamento, y ya que ese libre es sagrado, y la Palabra de Dios, entonces es un hecho, y no cabe la menor duda, de que este rito purifica del pecado. La aseveración, a la que se refieren, desde luego, es que "la vida se encuentra en la sangre", tomada del código de sacrificios en Levítico. Esta afirmación, y lo que realmente significa, exige que la humanidad obtenga la explicación, que su importancia demanda.
El culto rendido a una Deidad, a través de un sacrificio de sangre, datando de una era previa al amanecer de nuestra civilización, era ampliamente difundido. Significaba el aplacamiento de dioses iracundos, y la liberación de ciertas virtudes, que la sangre, especialmente la de seres humanos, supuestamente poseía. Los pueblos bárbaros de aquellos días, viviendo a diario muy cerca de una muerte violenta, o sea a través de la guerra, o en la lucha con animales salvajes, observaban muy rápidamente la relación entre la sangre derramada y la pérdida de vida, y por lo tanto, no es nada raro, que con el tiempo, la sangre y la vida se consideraban como sinónimos. Por supuesto, había otras ideas en lo relacionado con la fuente de la vida, porque también se percataron, de que los muertos no respiraban, y algunas culturas acogieron la noción, de que la vida se encontraba en el aliento. Lo importante para recordar es, que ninguna de estas concepciones bárbaras es sagrada, sino que no fueron nada más que intentos primitivos, para comprender la fuente de vida.
El pueblo Hebreo aceptaba la idea de la eficacia de la sangre simplemente, porque era ampliamente aceptada en aquel entonces, y no porque era la verdad o sagrada. Y de este modo, las prácticas basadas en este concepto se desarrollaban como un crecimiento sociológico, alienado y separado completamente de la religión. Por lo tanto, los Hebreos derramaban la sangre de animales sobre el suelo, y se cercioraban de que la carne para su consumo no contuviese sangre, como sus leyes diarias lo prescribían.
La gran contribución, que los Hebreos hicieron a la práctica del sacrificio de sangre, fue el rechazo de sacrificios humanos, como se lo puede ver en el relato de Abraham. Esto fue un enorme avance humano, pero el hecho, de que sacrificios de animales se ofrecían, como el Antiguo Testamento lo describe, no hizo aquel sacrificio sagrado, ni estableció de ninguna manera la verdad, de que el derramamiento de sangre animal purificaba del pecado. Entonces, como siempre, el pecado sólo podía purificarse por una alma penitente, buscando el perdón en la oración al Padre.
La clase sacerdotal entre los Hebreos, por supuesto, estaba en favor de retener estas actitudes primitivas, no por su veracidad, porque no eran la verdad, sino porque a través de la continuación de estos ritos, los sacerdotes ganaban su sustento, ya que ciertas partes de los animales inmolados se reservaban para los sacerdotes. Esta clase, dedicada a la instrucción religiosa, pureza y conducta ética de la gente a la que servían, había que darle ánimo, desde luego, pero no es difícil ver, que con el tiempo, esta clase sacerdotal, o muchas personas en esta clase, comenzaban a perder de vista los estándares morales y éticos de la vida, en los que supuestamente debían guiar al pueblo, en favor de aquellas actividades rituales, a las que eran los únicos herederos, y las que les proporcionaban, en sus propios ojos, una importancia única; y por esta razón, cuando la vida nacional fue destruida por el cautiverio Babilonio, la religión, o mejor dicho, los rituales relacionados con su religión, llegaron a ser dominantes y más importantes que nada. Y de esta manera sucedió, que estos sacerdotes investían muchas de las costumbres antiguas primitivas Hebraicas con la aura de la religión y de lo sagrado. Y después del regreso de Babilonia a Judea, los sacerdotes y escribas escribieron de nuevo muchas de las antiguas historias, para adaptarlas a la imaginación de la clase sacerdotal, y así ocurrió, que el brutal concepto primitivo del sacrificio de sangre de animales por los pecados fue retenido con tanto vigor por los sacerdotes, pues estaba indispensablemente conectado con su alimentación, sus actividades y su importancia.
Todo el concepto de la remisión del pecado a través del derramamiento de sangre se funda, por lo tanto, en una costumbre cruda y primitiva, y no es de ninguna manera sagrado, ni santo, ni la Palabra de Dios, como la Iglesia Católica lo acepta ciegamente, cuya misa es sencillamente una continuación de este concepto primitivo.
Los profetas de Israel y Judá, conscientes de la falsedad del sistema de sacrificios, trataban de enseñarles repetidas veces a la gente, la religión de la conducta ética y moral. Pues Miqueas, en los tiempos de Israel, declaró que estas cosas solamente eran necesarias para la rectitud: hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.. Y el Salmista dice: " Sacrificio y presente no te agrada. Entonces dije: He aquí, vengo; El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado." Y otros profetas, con dichos provenientes de los mensajeros de Dios, escribieron de similar manera. Terminaré ahora, pero continuaré con este tema en mi siguiente sermón.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
7: El rito Cristiano llamado misa
Recibido el 4 de Noviembre de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí esta noche, para informarte acerca del rito Cristiano llamado la misa, o transubstanciación, y para entregarte más pruebas y razones adicionales, por qué esta ceremonia no fue ordenada por Dios, como afirma la, ni fue jamás instituido por mí, ni pude jamás hacerlo.
En mi último sermón, te he dicho que el principio fundamental, en el que se basa este rito, el carácter sagrado de la sangre, o, debo decir, que la vida del ser viviente se halla en la sangre, nunca fue le revelado al hombre por Dios, tampoco es la verdad en el sentido, de que la sangre es el componente del hombre, al que todos los demás componentes están sujetos, y del que el Padre hizo dependiente el principio de vida. En primer lugar, porque existen organismos vivientes, que no tienen un sistema de circulación sanguínea, y porque en el reino animal, la vida depende, si se lo analiza a fondo, de la salud de todos los órganos individuales, y de su interrelación, para formar un integrado funcionamiento completo como unidad. Y además, la vida sería imposible, sin aquellas condiciones físicas, de las que se deriva la vida en la tierra. Mejor que decir que una parte en particular del ser es sagrada, es el ser mismo que es sagrado.
Ahora, la iglesia que se desarrolló, en los varios siglos siguiendo mi aparición en la tierra, con la misión del Padre entonces, que los tiempos de la salvación habían llegado a través de la oración a Él por Su Amor Divino, esta iglesia, permíteme repetirlo, dio origen al rito de la misa, tomado de las ceremonias paganas, que giraban alrededor del sacrificio de un dios y su resurrección, y la aspiración de lograr la comunión con aquel dios, a través de participar de su carne y sangre. Esto se llevaba a cabo a través de la participación en aquellas festividades paganas, donde se comía la carne y la sangre de aquel animal sagrado a, o identificado con, aquel dios. Y así, gran parte del mundo antiguo rendía tributo al toro sagrado, a través de Siva, a través de Dionisio, y a través de Mitra.
En Palestina, el culto Canaanita del toro se extendió temporalmente a los Hebreos, y podía verse en los baalim, o dioses. Puesto que los primitivos Cristianos llegaron a considerarme como parte de la trinidad, y como sacrificio en carácter, llegaron a identificarme con el cordero de sacrificio los Hebreos. Pero ya que no podían participar de la carne y de la sangre de este cordero sacrificado, por razones de la festividad de la Pascua, encontraron un substituto en el pan y el vino — pan y vino, porque esta clase de comida quitaba del rito Cristiano cualquier similitud superficial con las prácticas paganas en uso, de festejar con la carne y sangre del animal, y porque esta práctica parecía relacionada, por lo menos para los líderes de la iglesia en aquellos días, al pan y vino, de los que se suponía, que el rey de Salem, Melquisedec, los había dado a Abraham en el relato en el Génesis. Esto les brindó la oportunidad a estos clérigos de afirmar, ya que Melquisedec era un sacerdote-rey, yo también había aparecido con el papel de un sacerdote-rey.
Quiero declarar aquí muy enfáticamente, que yo nunca he sido un sacerdote, ni en la tierra, ni en el mundo de los espíritus, durante todos estos siglos, y que nunca practico ritos de una naturaleza religiosa, y que mi única acción de reverencia al Padre es la oración intensa a Él por Su Amor Divino, lo que hacía, cuando vivía en la tierra, y siempre después de que había ingresado en la vida como espíritu, y tratar de llevar a cabo con todo mi poder e influencia la Voluntad del Padre, y ayudar a dirigir a la humanidad hacia Él y Su Gran Amor Redentor.
Yo nunca fui un rey, como Melquisedec lo era, tampoco traté jamás de convertirme en rey, y el Nuevo Testamento es correcto al afirmar, que evitaba el intento de mis seguidores ignorantes de hacerme rey en Palestina. Y la única razón, por la que soy el Maestro de los Cielos Celestiales, es el estado de mi alma, que está llena en cierto grado de la Esencia del Padre, Su Amor, y la que continuaré llenando de Su Amor por toda la eternidad. Nunca estuve conectado con Melquisedec, de ninguna manera, ni como rey, ni como sacerdote, y tampoco sirvió Melquisedec pan y vino con otros propósitos, que los de ser anfitrión de Abraham; y pan y vino fueron la comida, porque estos alimentos estaban fácilmente a la disposición en Palestina, y esto puede verse en el nombre de mi propio lugar de nacimiento, Belén, lo que significa Casa de Pan, y en las uvas, que decoraban el telón del Templo en Jerusalén, y las muchas parábolas de la vid, que utilizaba en mis enseñanzas.
Ahora, una de las razones, por las que el episodio de Melquisedec tiene tanta importancia para los Cristianos, como evidenciado en la epístola para los Hebreos, es que el Salmo 110 dice, en parte, "Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec." Este Salmo supuestamente fue compuesto por el rey David, por lo que se presume que el texto significa, que el Padre hizo del Señor de David (de lo que algunos eclesiásticos piensan que se refiere a mí) un sacerdote como Melquisedec. En realidad, este Salmo nunca fue compuesto por David, sino por un miembro de su corte, y diseñado para David mismo, por lo que el significado era, que David no sólo era rey por la Gracia de Dios, sino que esta lealtad también le convirtió en sumo sacerdote. La ocasión de esta mención de David, en conexión con deberes eclesiásticos, vino cuando él mandó llevar el Arca a Jerusalén, cuando bailó ante el Señor con todo su poder, y fue ceñido con un efod de lino, y cuando también ofreció sacrificios abrasados y ofrendas de paz, y bendijo al pueblo en el nombre de Dios.
De la misma manera, las primeras líneas del 110, diciendo: "El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra", no significan, pues, como se las ha interpretado, que Dios dijo al Señor de David, lo que se refiere a mí, sino que Dios dijo al Señor del autor, lo que se refiere a David. Si lees este Salmo cuidadosamente, verás que las referencias a la ira de Dios descubren, que la canción no es una revelación de Dios, como algunos creen, sino sólo la personificación de David, el rey, como siervo de Dios, que desfogará su ira sobre las naciones paganas.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
8: Jeremías, el siervo sufrido
Recibido el 19 de Diciembre de 1957
Yo estoy aquí, Jesús
Estoy interesado en decirles a todos mis oyentes y lectores en este sermón, cómo y por qué el capítulo 53 en Isaías, tratando del siervo sufrido de Dios, no se refiere a mi in primer lugar, ni tiene relevancia para mi misión como el Mesías de Dios, en la que yo, poseyendo una alma Divina a través de al eficacia del Amor del Padre, predicaba el mensaje, que la oración a Dios por Su Amor llevaría al hombre a la unión con el Padre.
En primer lugar, tengo que informarte, que a los escribas Hebreos, en su redacción de los viejos manuscritos, les gustaba la compilación de material parecido bajo un título, o mejor digo, bajo el nombre de un autor, no importa si este fuese el único escritor o no. Muchos de los Salmos atribuidos al rey David, no fueron escritos por él. Y muchas de las historias las Crónicas y en los Libros de los Reyes muestran diferencias en el contenido, según el relato fue escrito por la fuente anterior o posterior. Por eso, quiero decirte que el Libro de Isaías no fue escrito por un sólo profeta, sino por varios, aunque el título en el Antiguo Testamento indica una sola persona. Debes conocer, que dos de los Isaías escribían antes de la destrucción del Templo y del cautiverio en Babilonia, pero que el tercero escribía como exiliado en Babilonia y lamentaba en sus escritos los sufrimientos, que Jeremías había aguantado, al tratar de llevar al pueblo a una comprensión de su calamitosa situación. Así que, cuando el último Isaías escribía sobre el siervo sufrido de Dios, si bien pensaba de un amanera general, que Israel era esta entidad, pensaba en Jeremías, porque ciertamente, la vida y la muerte de Jeremías fueron de una naturaleza, por la que él era un, o el, siervo sufrido de Jehová, como los Hebreos en aquel entonces llamaban al Padre.
Pues, tienes que saber, que Jeremías sufrió hasta la muerte, por su misión, que el Padre le encargó, para que el pueblo y los regentes enderezasen sus caminos, o de lo contrario, creasen condiciones de consecuencias espirituales y materiales, que provocarían la destrucción de Jerusalén, y el exilio del pueblo. El sacerdocio y el pueblo buscaron su muerte, a causa de su profecía de la caída del Templo, y por llamarlo una guarida de la iniquidad. Por esto y por su osadía al reprender sus violaciones del código moral y ético de la religión Hebrea, los sacerdotes y la gente intentaban hacer el llamado a sentenciarle a la muerte. Él se salvó en su juicio sencillamente, porque fuerzas moderadas prevalecían en una atmósfera, en la que la soberanía de la nación resultaba ser el factor principal de estabilidad, y ayudaba a restaurar el orden y el sentido común, mientras que en mi propio caso, la falta de soberanía contribuía a crear condiciones de histeria. Más tarde, un sacerdote del Templo le dio una paliza a Jeremías, y le puso en la picota, para aguantar las miradas hostiles y amenazas de los transeúntes. Cuando Jerusalén cayó, y el pueblo fue llevada al cautiverio en Babilonia, entre los grupos que quedaban atrás, se encontraban aquellos, que culparon a las profecías de Jeremías del destino de la nación, y cuando se les presentó la oportunidad, le asesinaron en Egipto.
Ahora, el último Isaías, quien escribía como exiliado en Babilonia, se enteró del triste fin del profeta y, comprendiendo que Jeremías había tratado de prevenir la catástrofe, a través de dirigir al pueblo de regreso a los Caminos de la ley y de la rectitud, evocó la figura y los sufrimientos de Jeremías como un siervo de Dios, quien había sufrido y muerto por su misión, de desviar a la nación de sus caminos malignos, y es este episodio en la historia del pueblo Judío, que produjo el capítulo 53 de Isaías. En Babilonia, en ese tiempo, la concepción de una víctima divina, que sacrificaba su vida por otros, era bastante común, como de igual manera ocurría en otros cultos orientales, y podía verse en los sufrimientos, la muerte y la resurrección triunfal del dios Tammuz. Sin embargo, el Isaías Babilonio pensaba que Jeremías había fallecido por los pecados de su pueblo, y no, como los Cristianos desean interpretarlo, como expiación por sus pecados. El autor sentía, que la figura de Jeremías podía compararse con uno de estos dioses orientales, ya que había sacrificado realmente su vida, en su intento de mantener a la gente de su nación alejada de la maldad, y de esta forma, del desastre.
Profundamente conmovido por la trágica experiencia de Jeremías, y en contacto estrecho con las fuerzas espirituales de aquel entonces, el Isaías Babilonio percibió, que otro profeta de días posteriores surgiría, y sufriría un destino similar, al tratar de salvar a su pueblo del pecado y de la destrucción. Y aquí, tuvo una vaga idea de lo que iba a suceder conmigo, no porque realmente adivinó estos eventos, sino porque comprendió que, si el pueblo continuaba actuando de cierta manera a través de los años, inevitablemente actuarían de la misma manera en los tiempos futuros.
En resumen, el Isaías Babilonio nunca trató de profetizar mi muerte, como inherente en el papel del Mesías, y jamás sugirió ni dio a entender, que el derramamiento de mi sangre en una cruz fuese necesario para la salvación del hombre. Pero sí quiso decir, que el conocimiento y la obediencia al llamado hacia la rectitud, contribuiría a mantener a la humanidad alejada del mal, y esto era, y sigue siendo, una creencia común — que aquellos en el mundo de los espíritus pueden, a través de sus oraciones a Dios, interceder con Él en favor de otras personas. Este Isaías tenía una sensación, de que el alma de un siervo sufrido de Dios, o sea de Jeremías, como probablemente pensaba, o de otro profeta, era la clave para la salvación, y en de este modo tenía razón, porque fue mi alma, transformada en Divina a través del Amor del Padre, que trajo la potencialidad de la vida eterna a la humanidad. Isaías estaba consciente del "corazón de carne", declarado por Jeremías, y pensaba que, en vista de su gran postura para la rectitud, a Jeremías le había sido conferido este corazón por Dios.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
9: El Nuevo Corazón en el Antiguo Testamento
Recibido el 25 de Enero de 1958
Yo estoy aquí, Jesús
Sí, yo estoy aquí esta noche para informarte el Nuevo Corazón, y lo que realmente significa para la humanidad. Quisiera decirte, que es el Nuevo Corazón, que me hizo, y sigue haciendo, el Mesías de Dios, y que fue el Nuevo Corazón, que fue profetizado en el Antiguo Testamento por estos escritores antiguos, que poseían la percepción espiritual para conocer, cuál sería el Plan para la salvación de las almas de la humanidad, y fue reconocido por los apóstoles y discípulos, que seguían mis enseñanzas, que el Nuevo Corazón, y lo que realmente es, constituía el cumplimiento de la Promesa de Dios de la salvación, en los días cuando yo vivía en la tierra y predicaba mi misión del Amor del Padre.
Te he dicho en mis sermones, que el Camino hacia el Padre conduce sólo a través de la oración al Padre por Su Amor Divino que, cuando es transportado en el alma humana por medio del Espíritu Santo, logra la eliminación en el alma de aquellas acumulaciones y tendencias contrarias a la pureza del alma, y realiza, sobre todo, la transformación de aquella alma en una alma Divina, la morada, donde la Esencia de Dios habita en la humanidad, trayendo el reino de Dios a quienquiera que sea aquel personaje.
Esta transformación del alma humana en una alma Divina, a través de la oración al Padre por Su Amor, era, y sigue siendo, el Nuevo Corazón, el que los escritores y profetas predijeron en el Antiguo Testamento, y se cumplió con mi venida. Estas predicciones eran los presagios verdaderos de la venida del Mesías, porque decían, de qué manera el Mesías comprobaría su afirmación de ser el hijo de Dios: Primero, poseería en la tierra una alma llena del Amor Divino del Padre, y sería, en el sentido de un ser humano, poseyendo una alma Divina, que el Cristo tendría el Nuevo Corazón, y traería el reino de Dios con él a la tierra.
Muchas de las predicciones, en que se refiere al tiempo, al lugar y a las condiciones asociados con el Mesías, son, por supuesto, correctas, y trataré cada una de ellas a su debido tiempo, pues son relevantes para mi plan de exponer las Verdades del Padre, pero aquí tengo que decirte, que mucha distorsión se efectuó por aquellos, que se afanaron a establecer, que yo naciese de una virgen o de la simiente de la mujer, o que hubiese venido como sacerdote-rey o expiación por el sacrificio, y estas llamadas predicciones son falsas, y nada más que interpretaciones hechas por el hombre, para adaptarse a nociones elaboradas y preconcebidas, con el fin de atraer a los paganos hacia la iglesia.
Primero, quisiera relatarte sobre la idea del Nuevo Corazón y lo que significaba, en los períodos a las que se refiere, para los autores, que transmitieron el pensamiento del Nuevo Corazón en el Antiguo Testamento, y luego quiero decirte, cómo el pensamiento de un Nuevo Corazón llegó a ser aceptable para los Hebreos, cuando la religión significaba, en gran parte, miedo a un Dios omnipotente, y el apaciguamiento de aquel Dios a través de sacrificios.
Ahora, el profeta Samuel, cuando escribió su antiguo relato de la unción de Saúl, como el primer rey de los Judíos, narra lo que él dijo que Saúl hiciera — que fuese hacia el Monte Tabor, que muchos siglos después sería el escenario de muchas de mis actividades, y allá recibiría el Espíritu del Señor, que le transformaría en un nuevo hombre, y Dios estaría con él. Para el profeta Samuel, esto significaba, y se lo explicó a Saúl de esta manera, que tendría que ser después un hombre según el Propio Corazón de Dios, un hombre puro en sus pensamientos y conducta. Por supuesto, ni Samuel, ni Saúl tenía comprensión alguna del Nuevo Corazón, siendo una transformación del alma, realizada por el Amor del Padre, porque Su Amor no estaba a la disposición de la humanidad en aquel entonces, sino que entendían, que un nuevo corazón significaba la eliminación del sin a través de la purificación forjada en el alma humana, por la influencia del Padre. Este efecto limpiador, así creían, se realizaba por el Espíritu del Señor, como se lo llamaba en el Antiguo Testamento, enviado por Jehová.
Esto medio de purificación no fue un pensamiento original con Samuel, sino que él lo utilizó, porque sabía que había forjado un nuevo corazón en Jacob, es decir, había provocado un cambio en el carácter de Jacob, por lo que él, realmente, era un hombre nuevo, y Dios Mismo cambió su nombre a Israel. Así Abraham era un hombre de Dios, un hombre según el Propio Corazón de Dios. Por lo tanto, Samuel sintió que Saúl, con sus responsabilidades como el rey de los Judíos, descartaría de su alma aquellos pecados y tendencias malignas adherentes, y se purificaría, a través del Espíritu de Dios, de estos males. No tenía el don de la profecía, como se lo insertó en la Biblia muchos siglos después, por diferentes redactores, sólo el reconocimiento, de que Saúl podía llegar a ser un nuevo hombre en su corazón, y purificarse del pecado a través de la Ayuda de Dios, si Saúl así lo deseaba. Y esto sucedió, como sabemos, hasta que los viejos males del plano terrenal comenzaron a reafirmarse, cuando Saúl empezó descuidar la oración a Dios, y persiguió su propio camino, impulsado por sus propios deseos y voluntad.
Este pensamiento vuelve a presentarse, cuando Jeremías (Capítulo 24, versículo 7) habló de los higos buenos y malos, en los tiempos del cautiverio en Babilonia, y dijo: "Les daré corazón para que me conozcan, que yo soy el Señor: y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón." Esto significaba, que los medios les serían dados a los Hebreos en Caldea, para que comprendiesen, que la fe en Dios y la obediencia a Sus Mandamientos de rectitud, justicia y misericordia eran los únicos requisitos necesarios, para asegurar la supervivencia en los desastres materiales.
Ezequiel también, al recibir sus mensajes del mundo de los espíritus, que transmitían esperanza a los cautivos en el país extranjero, afirmó que el pueblo de Israel tendría otra oportunidad para ser hombres según el Propio Corazón de Dios, no por sus propios esfuerzos, sino a través de la Ayuda de Dios, pues Dios les daría un corazón (Capítulo 11, versículo 19) y esto significaba, como yo lo entendí, el Suyo Propio, y Él les daría un nuevo espíritu, el Suyo Propio; quitaría el corazón pétreo de su carne, y luego les daría un corazón según el Suyo Propio. Su Auxilio, en resumen, les facilitaría su desprendimiento del pecado, por lo que, cuando el profeta lo inspeccionó, lo significaba la capacidad del pueblo de obedecer las Leyes y Estatutos de Dios. Y una vez más (in Capítulo 36, versículo 26), Ezequiel fue impresionado para utilizar el mismo lenguaje: "Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne", y en versículo 27 "...y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra."
Y significaba, que el hombre no podía ayudarse a sí mismo para purificarse, pero podía lograrlo con la Ayuda de Dios, pues, si el hombre estaba dispuesto, Dios le daría este Nuevo Corazón, que sería libre del pecado y de la maldad. No por medio de un rito o de una ceremonia, o por una danza, sino como dijo el profeta Miqueas, haciendo lo correcto en la vista de Dios, y como dijo Amós, permitiendo que la justicia brote como una corriente poderosa.
Ahora, como he dicho, el Nuevo Corazón para Samuel, para Jeremías, y para Ezequiel, significaba la purificación del alma humana del sin, porque nada más allá de esta purificación era conocido a los Hebreos antes de mi venida, pero había otras cosas en el Antiguo Testamento, que hablaban, no de la ley y de la justicia, sino del Amor — el Amor del Padre por Sus hijos — y fue este Amor, el que por fin capté y me di cuenta, de que era el Nuevo Corazón, que Dios les había prometido a los Hebreos a través de Sus profetas. Y si bien para ellos el Nuevo Corazón significaba algo diferente, para mí, en la plena experiencia del Amor del Padre encendido en mi propia alma, el Nuevo Corazón significaba el Amor del Padre, la ayuda que liberaría al hombre del pecado para siempre, y aún más, le daría aquel Corazón en unión con El del Padre, Divino con El del Padre a través de toda la eternidad. Sucedió de esta manera, que llegué a comprender y conocía en mi alma, que yo fui el hijo Divino del Padre.
En mi siguiente sermón, te contaré sobre el Amor del Padre prometido en el Antiguo Testamento, cómo el pueblo llegó a comprender, que Dios no era un primitivo Dios de terror, a quien tenían que apaciguar a través del sacrificio, sino un Dios de Amor por Sus hijos, y cómo yo llegué a comprender, que yo fui el Mesías, por aquel Amor en mi propia alma.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
10: El amor humano es un requisito previo para la apreciación del Amor Divino
Recibido el 18 de Febrero de 1958
Yo estoy aquí, Jesús
En mi noveno sermón, escribí sobre el Nuevo Corazón, y cómo sucedió, que durante los largos intervalos registrados en el Antiguo Testamento, los hombres llegaron a estar conscientes, de que si el hombre se volvía a Dios, Él le ayudaría a convertirse en un hombre según Su Propio Corazón, lo que para ellos significaba, una alma libre de la maldad, e imbuida de un sentido de rectitud, justicia y misericordia del uno al otro. Mostré cómo esto tuvo lugar en el tiempo del profeta Samuel, con la unción de Saúl, y cómo en tiempos posteriores, los profetas estaban convencidos, de que en el transcurso del tiempo, Dios derramaría Su Espíritu sobre Sus hijos, y les daría un Nuevo Corazón, donde el alma sería libre pecado y maldad, y radiante con la pureza de justicia, amor y misericordia.
Ahora, en mi último sermón, también mencioné específicamente a Ezequiel y Jeremías, porque ellos fueron los profetas, que utilizaban principalmente el término, el Nuevo Corazón, o el corazón de carne, en el sentido, de que la purificación del alma estaba a disposición del hombre, cuando el mismo buscaba el Auxilio de Dios para obtenerla. De hecho, el mensaje recibido por los profetas decía, que llegaría e día, cuando el hombre estaría listo para recibir Su Ayuda, y que Dios prometió Su Ayuda, cuando este día habría llegado.
Pero cuando yo, como joven, estudiaba el Antiguo Testamento con el Amor del Padre ya encendido, y incrementando constantemente en mi propia alma, encontré que la purificación del alma humana estaba asequible para la humanidad por la obediencia a Sus Mandamientos, como se encuentran en los Diez Mandamientos entregados a Moisés, y que la promesa del Nuevo Corazón, el corazón de carne, donde el Espíritu de Dios sería derramado sobre la humanidad, tenía que significar algo encima y más allá, de lo que entonces estaba a la disposición de la humanidad. Y encontré, con el Padre Mismo como mi mentor, que el Camino a la divinidad del alma no conducía a través de sacrificios o rituales, nacidos del miedo, ni en el desarrollo del amor humano, sino por la realización de Su Voluntad de obtener Su Amor a través de la oración sincera a Él.
Y encontré que, conjuntamente con el concepto de Dios, como alguien quien se regocijaba en la sangre de Sus enemigos, o quien castigaba a un creyente, si no cumplía exactamente con los rituales de las muchas ofrendas que, tengo que decírtelo, Dios nunca ordenó a Moisés, para que las escribiese, existía una creciente comprensión de Dios, como un Padre, quien ama a Sus hijos, quien se regocijaba en cariño, misericordia y rectitud, donde Sus hijos podían venir a Él, y purificar la contaminación de sus almas. Y vi, partiendo de la base en los escritos inspirados en el Antiguo Testamento, que Dios era un Dios del Amor Divino y de Misericordia, y que el Nuevo Corazón, prometido por Dios al hombre, era una alma llena de Su Amor, el mismo que no sólo podía purificar aquella alma, sino también transformarla en una nueva alma, inmortal en su posesión del Amor del Padre. Y el Amor del Padre en mi propia alma, me dijo que el Nuevo Corazón, que hasta el tiempo de mi venida sólo podía constituir una alma purificada, significaba que el alma de la humanidad podía transformarse ahora en una alma Divina, llena de la Esencia del Padre, el Amor Divino, y que yo, Jesús de Nazaret, hijo de José y María, poseía en mi alma el Amor del Padre, y que yo fui, en la misma medida, divino. De esta manera me di cuenta, de que yo era el Ungido, el Mesías, a través de quien la salvación sería entregada a la humanidad, y que en mí, el Nuevo Corazón del Antiguo Testamento había encontrado su cumplimiento.
Ahora, para que la humanidad conociera y apreciara el maravilloso Amor y la Misericordia del Padre, otorgando Su Esencia Divina para la vida eterna de Sus hijos, con la felicidad incrementada para ellos a través de todo el infinito tiempo, la humanidad tenía que desarrollar una comprensión, de que este Amor era, y su poder de restringir la maldad, y el único Camino en el que podía lograrse fue, a través del registro de la historia del amor humano, porque este es, lo que había sido conferido al hombre en su creación, y era algo que podía comprender.
Y así, el mensaje de amor en el Antiguo Testamento, es un mensaje del amor humano, con la promesa de aquel Amor Mayor, que yo fui enviado para hacerlo asequible para la humanidad. Pero la historia de aquel Amor Mayor, interrumpida por mi muerte y mal interpretada por aquellos, que seguían a mis apóstoles, ha sido desplegada plenamente sólo para las almas en el mundo de los espíritus. Y Los que han aceptado este mensaje como verdad, han llegado a la Gloria del Padre, y están viviendo con Él en los Cielos Celestiales, hijos redimidos del Padre y ángeles Divinos del Amor Divino. Pero aquellas almas, que viven en el mundo material, y muchas que vivieron en el mundo material desde el día, cuando yo proclamé el mensaje del Amor Divino a la humanidad, no oyen el mensaje, que yo proclamaba, y están buscando su camino a Dios a través del desarrollo de su amor humano, y este Amor no puede conducir a los Cielos Celestiales y al alma Divina, sino sólo a los Cielos Espirituales del alma purificada, pero todavía humana.
Ahora, el desarrollo del amor humano en el Antiguo Testamento, es una narrativa, sobre la que muchos volúmenes pueden llenarse, y no puedo hacer más en estos sermones, que trazar las líneas de guía para una elaboración adicional, pero ya en Abraham, el hombre según el corazón de Dios, el amor humano sale radiante. Su amor por su hijo Isaac, rompiendo con la práctica del sacrificio humano, en uso durante sus días, para apaciguar las deidades de ira, en las que la humanidad entonces creía; sus súplicas a Dios, para que les perdonara la vida a los pecadores de Sodoma; sus propuestas a Lot, el hijo de su hermano, para un arreglo pacífico de su disputa sobre el ganado; y su rescate del mismo Lot del cautiverio, cuando Sodoma fue capturada por caudillos saqueadores, revelan el Amor, que Abraham tenía por sus prójimos y por su Dios, muchos cientos de años, antes de que el Primer Mandamiento a Moisés fuera entregado al pueblo, como un Mandamiento obligatorio de Jehová.
Y los autores del Antiguo Testamento tratan con Jacob, hijo de Isaac, el abridor de pozos, y cómo Jacob llegó a ser el príncipe de Israel, después de sus años turbulentos de engaño y maña. Desde el robo de la primogenitura y bendición de su hermano, una llega a un Jacob diferente, una persona, que mostró su aflicción, cuando sus hijos mataron los varones del pueblo de Hamor y Siquem, quien quiso casarse con Dina, después de haberla violado. Y Jacob, muchos años después de haber engañado a su hermano, no trata de escaparse o pelear contra Esaú, sino que se decide a entregar cierta forma de restitución en forma de un regalo. Y Esaú, cuando vio su hermano menor, corrió a su encuentro, y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron.
Y esta fue la clase de amor humano, entre padre, hermano e hijo, que la humanidad pudo entender, y tenía que entender, antes de que pudiesen comprender el Amor, que el Padre Celestial tenía por Su hijos.
En mi siguiente sermón, continuaré con el desarrollo del amor humano en el Antiguo Testamento.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
11: El Amor Divino del Padre anunciado en las experiencias de José
Recibido el 4 de Abril de 1958
Yo estoy aquí, Jesús
Yo estoy aquí otra vez esta noche, para continuar mi serie de sermones, mostrando el desarrollo del amor humano, y el Camino a la perfección del alma humana, en el Antiguo Testamento; y esto como el preludio y necesario requisito previo al otorgamiento de la potencialidad de recibir el Amor del Padre sobre la humanidad.
Ahora, en este sermón, deseo exponer, que la narración de José y sus hermanos es de una gran importancia para el Antiguo Testamento, como documento que señala, y señalaba por muchos siglos, que el amor humano, como precursor del Amor del Padre, puede superar el mal; y este relato, con su drama del duelo del padre, el celo y el resentimiento de los hermanos, el cambio de carácter en el joven muchacho, a través del sufrimiento como esclavo en un país extranjero, y su generosidad hacia sus hermanos culpables, perdonándoles su pecado, y ayudándoles a la prosperidad, es una historia, que provocaba que fluyeran muchas lágrimas, y una conmoción en el alma, al darse cuenta, de que la bondad expuesta por José alcanza lo más noble en el corazón humano, y da un conocimiento íntimo, de que su bondad descansa latente en toda la humanidad, y que viene como un Gran Regalo del Padre, en Su maravilloso Amor y Misericordia.
Esta historia, o por lo menos parte de ella, especialmente la que trata de la esposa de Potifar, era popular tanto en Egipto, como en Palestina, y desde luego, los aspectos, que tratan de las costumbres y los nombres Egipcios, son auténticos, pero el elemento, que trata de amor, perdón, y cambios en el corazón humano, forjados por sufrimientos y remordimientos, y también la concepción, de que el Padre utiliza las acciones viles de sus hijos no redimidos para finalidades benéficas, es el resultado de la comprensión interna espiritual del autor Hebreo, de que el amor humano, la misericordia y el perdón son manifestaciones del alma, y que, a medida que se practiquen, el hombre anda por los Caminos de Dios, y se avecina mucho a Él.
Ahora, José, siendo el hijo predilecto de Jacob, cosechó la enemistad de sus hermanos, algunos de ellos, teniendo madres diferentes, tramaron planes, para zafarse de él; en medio de este odio está la figura de Rubén, quien, aunque violó la cama de su padre con la concubina Bilha, no consintió al asesinato de José, y sugirió a su vez, que le echasen en una fosa. En realidad, se propuso sacarle de allí más tarde, pero salió de la vecindad para obtener agua, pero cuando regresó, encontró que José ya no estaba. Ahora, le habrían asesinado a José, si no hubiese aparecido, por suerte, un grupo de Árabes nómadas en ese momento, pues Judá, con Rubén un hijo de Lea, propuso venderles a José en la esclavitud, en vez de matarle.
Pero cuando Rubén regresó, para rescatar a José de la fosa, este ya se había ido, porque un grupo de mercaderes Midianitas, parte de una caravana, habían pasado, y en la ausencia de Rubén, los hermanos le vendieron a los Árabes, y ellos le vendieron en Egipto a Potifar, capitán de las guardias de Faraón. Y Rubén rasgó sus vestidos. Y tornó a sus hermanos y dijo: "El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?" Porque Rubén fue el primogénito de Jacob, y de cierta manera responsable de la seguridad de los hermanos, y sintió que se había cometido un crimen terrible contra uno de su número, y que no pudo enfrentarse a su padre con esta noticia.
El anciano padre lloró amargamente, y no le pudieron consolar, y los hermanos se dieron cuenta de la enormidad de su pecado, y el profundo dolor, que habían infligido a su padre, sólo se sumó a su sentimiento de culpabilidad y remordimiento.
Pero José se salvó por su fe duradera en el Padre, y en la rectitud de su conducta hacia la gente. Porque el golpe del odio de sus hermanos, y las falsas acusaciones de la esposa de Potifar, quien le echó en la prisión de Faraón, no pudieron impedirle, a pesar de las circunstancias desfavorables, a las que le obligaron a hacer frente, superar estos grandes males; porque él era bueno, cariñoso, y los Egipcios en el poder opinaban, que podían confiar en él. Y sobrevivió, y finalmente, su don de interpretar sueños, que estaba muy en boga entre los Egipcios en aquellos días, le permitió prevalecer.
En lo que sigue, la historia trata, como José pagó en amor y perdón el odio, que había bullido contra él en sus hermanos. Porque José amó cariñosamente a sus hermanos y su anciano padre, porque este era un amor, que se mantenía completo por Su Amor por Dios, pues, atribuía a Dios el olvido de las heridas, que él había sufrido de las manos de sus hermanos, y veía en ellos su propia carne y sangre, en un país de extranjeros.
Ahora, José sabía que, en el transcurso de la hambruna, que acechó todos los países de esa región, sus hermanos tendrían venir a él con el tiempo por pan, y sabía, que con el tiempo se inclinaría ante él en obediencia, como uno de sus sueños lo había predicho. Pero José más que nada quería su amor, y si ellos mostrasen sólo remordimiento sincero por su crimen contra él, estaba dispuesto derramar su afecto sobre ellos. Y al igual que José amaba a los que habían pecado contra él, ¿no ama el Padre con su Eterno Amor a los que pecan contra Él y Sus hijos?
El resto de la historia, básicamente, somete a los hermanos a la prueba. El requisito, de que tenían que traer al menor de los hermanos, Benjamín, para comprobar su palabra, les colocó en una posición precaria, porque si algo sobrevenía al más joven, sabían que su anciano padre no sobreviviría la pérdida. Si, por el otro lado, no traían a Benjamín a Egipto, morirían de hambre. Se encontraban atrapados en la posición terrible, de exponer a un hermano a la muerte, y también a su padre, precisamente de la misma manera, como lo habían hecho tan cruelmente hacía muchos, muchos años. Pero los hermanos de José habían cambiado. Pues, cuando antes trataron de destruir, llenos de odio, ahora trataron de salvar en sinceridad. Y este cambio de corazón se expone adicionalmente por el hecho, de que si regresaban a Egipto con Benjamín, también ponían su propia vida en juego, porque con los sacos llenos de oro, por orden de José, se enfrentaron con la acusación de hurto.
El dilema con Benjamín, y el abandono de Simón como rehén en Egipto, los hizo creer, que la retribución por el crimen contra José había llegado. Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le oímos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven; y no escuchasteis? He aquí también su sangre es requerida. Y ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos. Y se apartó José de ellos, y lloró.... (Génesis 42:21–24)
Pues José vio, que no sólo estaban ahora muy conscientes de las aflicciones y del luto de su viejo padre, y que tenía suficiente valentía, para hacer frente a la amenaza de una calamidad, para que ellos, su padre y sus familias pudiesen sobrevivir, sino que también habían despertado al hecho del terrible crimen, que habían cometido contra uno de los suyos. Y, en este gran amor y misericordia, no buscó la restauración ni la retribución, sino el cambio en sus almas del intento maligno y la acción por el amor. Y esto se había logrado, pues mientras los hermanos habían desechado la vida de José, sin importar lo que le sucedería, ahora trataron de proteger la vida de Benjamín con la suya propia como garantía, especialmente Judá, quien había propuesto vender a José a la esclavitud en Egipto. Y cuando Judá, al regreso de los hermanos a la casa de José, cuando encontraron el dinero en el costal de Benjamín, implora desesperadamente, que le retuviesen como garantía en lugar de Benjamín, para que su anciano padre, Jacob, no muriera de amargura. José no puede contenerse, y se revela a sus hermanos, por el amor común, que ambos le tienen por su padre, y por su hermano Benjamín.
Entonces dio su voz con lloro... Y dijo José a sus hermanos: "Yo soy José: ¿vive aún mi padre?" Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. (Génesis 45:2-3), y siguió perdonándoles, y que no se entristeciesen, ni se lo pesase, haberle vendido a Egipto, encontrando una razón por aquello: Que fue la Voluntad de Dios, que él viniese a Egipto, para que fuese el medio para salvarles de la hambruna. Y lloró y abrazó a su hermano Benjamín, y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos. Y el relato termina con la alegría de Jacob, y la estancia de los Hebreos en Egipto.
La historia de José, pues, es intensamente humana, donde el afecto paternal y el amor fraternal son capaces de superar envidia y odio, y de llevar a cabo, después de muchísimos años, un gran servicio para la humanidad.
De una importancia considerable es la concepción, que José tiene del Padre, porque en muchos respectos, se encuentra en un nivel muy superior, a lo que entonces se consideraba una deidad, incluso entre los Hebreos, pues, gran parte del concepto, que esta gente abrigaba de Dios, estaba empotrado en las ideas generales, que entonces prevalecían en el mundo civilizado de aquel día. Al Padre, se le consideraba como un dios, a quien tenían que apaciguar por varias ofrendas y sacrificios, los que, si no fuesen rendidos según el modo prescrito, traería la ira de dios sobre la tribu, en forma de desastres, o plagas que destruían las cosechas y los animales domésticos, o las invasiones de bárbaros sanguinarios.
En el relato de José, sin embargo, el Padre es verdaderamente un Padre de Amor, cuando Él cuida de Sus hijos, minimiza los efectos sobre ellos de las maldades de la humanidad, y las vicisitudes de la naturaleza, y les rehabilita para su bien propio y común. Si bien no previene a los malos pensamientos o acciones por Su autoridad, pues al hacer esto, violaría la integridad del albedrío humano, que Él creó y respeta, sin embargo, Él trama y realiza, a través de Sus mensajeros, circunstancias que elevarán a Sus hijos del abismo, a donde ellos envían a otros, o en donde ellos mismos don echados. Aquí, pues, no estuvo un Dios tribal colérico o celoso — como algunos en el Antiguo Testamento le ven, para hacerle propicio por rituales o ceremonias, ni un Dios temible por su venganza de fechorías humanas — sino un Padre universal amoroso, cuidando con afán de las necesidades de Sus hijos, sin importar si son Egipcios o Hebreos, y ayudando a aliviar sus sufrimientos, debidos a las fallas materiales de la naturaleza, a través de aquellos de Sus hijos, que responden a su llamado espiritual, y también a través de aquellos en el mundo de los espíritus.
José se salva, porque tiene la profunda fe fundamental en el Padre, que le permite superar cada golpe y obstáculo a través de Su certera Ayuda; alcanza el punto, donde esta fe da la fuerza de apartar el feroz resentimiento hacia sus hermanos, que uno sólo puede sospechar de la narrativa, y en su lugar, llenar su alma del amor humano tan abundantemente, que puede amar y perdonar con una profunda devoción a aquellos, quienes le maltrataron tan despiadadamente — y el resultado es el vencimiento de las adversidades enormes, en el beneficio de todos.
Pero esta historia no trata solamente del amor humano, sino también permite una ojeada a este Amor tanto mayor — el Amor Divino del Padre, que sería otorgado a la humanidad. Porque el corazón de José está tan lleno de generosidad, amor y misericordia hacia sus hermanos y su padre, tan intenso en su naturaleza, y llevando consigo acciones tan nobles y magnánimas, que la gente en todas partes, que leyeron la narración, consideraba su amor y misericordia mucho más allá de las capacidades humanas, y les hacía sentir, que semejante derramamiento de amor y misericordia tenía que ser divino, y que habían sido impartidos a José por el Padre, para realizar la salvación de Sus hijos de una angustia tan enorme. Y así sucedió, que los hombres obtuvieron una vaga idea, de que tenia que existir el Amor Divino, y cómo este Amor tenía que ser, y de esta manera vieron en José un prototipo del Cristo que vendría — aquella persona, que llevaría en sí el Amor mismo, con el que el Padre ama a Sus hijos.
Con todas mis bendiciones, y aquellas del Padre, yo soy
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales
12: La confianza de Rut en el Amor del Padre
Recibido el 10 de Abril de 1958
Yo estoy aquí, Jesús
En este sermón continúo mostrándote, como el Antiguo Testamento de los Hebreos desarrolló historias, en las que algunos de los personajes actúan hacia sus prójimos en un espíritu de amor, atestiguando aquel amor humano, que fue implantado en la humanidad por Dios, y era el precursor de este Amor sublime, que el Padre pone a la disposición de quienquiera de Sus Hijos, que lo busque en la oración sincera, para que, habitando en sus almas, provea la salvación, que yo, como el Mesías de Dios, traje conmigo cuando vivía en la tierra.
Este relato trata de Noemí y su nuera Rut, quien siguió a la anciana viuda, de regreso de Moab hacia su Belén natal, en Judea, de donde había venido con sus hijos en el momento, cuando la hambruna azotaba el país de Palestina. Y en Moab, Noemí, la viuda, vivía con sus dos hijos y nueras, hasta que, dada la dureza de los tiempos, ambos hijos fallecieron, y ella se decidió a regresar a su país natal, con el pensamiento, de que sus nueras quizá encontrasen nuevos maridos en su propio país,
Ahora, la concuñada de Rut, Orfa, regresó a su pueblo y a aquellos dioses, a los que los Moabitas rendían culto en aquel entonces, y de hecho, Noemí pidió a Rut, que hiciera lo mismo, pero Rut respondió con aquellas palabras, que llegaron a ser tan conmovedoras en el alma, en su apelación religiosa, no sólo en el Hebreo, sino también en muchos otros idiomas por todo el globo.
"Y Rut respondió: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque dondequiera que tú fueres, iré yo; y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga el SEÑOR, y así me dé, que sólo la muerte hará separación entre mí y ti." (Rut 1:16-17)
Ahora, de estas palabras memorables, se puede concluir que Rut, la Moabita, hija de un pueblo pagano, había recibido cierto conocimiento inusitado o milagroso del Padre, para poder de esta manera abandonar a sus propios dioses locales, y adherir al Dios, cuya existencia se le había revelado a través de su marido Hebreo y su suegra; y en cierta medida, esta es la verdad. Pero en realidad, la naturaleza amorosa del Padre, en la extensión como era conocida a los pueblos de aquellos días, se le había revelado a través de su relación con Noemí. Porque Noemí era cariñosa y amorosa, tratando sus nueras con solicitud y ternura, y cuidando de su bienestar, que provocó en Rut un gran sentimiento de amor y devoción, y por lo tanto, quiso compartir la suerte o las vicisitudes con esta mujer, que para ella era como una madre. Y fueron estas cualidades de calor, amor y afecto, de preocupación por Rut y su interés, que llevaron a Rut a que se diera cuenta, de que aquí había una persona, que en su manera de vivir exponía una alma, que brillaba con la luz de su amoroso Padre en el Cielo.
Y así, Rut concluyó, y había tenido muchos años de vida conjunta con Noemí, para arribar a esta decisión, de que una mujer de tan buen corazón como Noemí, sólo podía existir, si su Creador — su Dios — poseía las maravillosas cualidades de amor y cariño, las que Él había conferido a Su Creación. Y debido a que Noemí era una Hebrea, Rut sabía en su corazón, que el Dios de los Hebreos era un Dios de Amor, el mismo que manifestó a través de Sus hijos.
Y cuando Rut se estableció en Belén, encontró que, justo como una mujer Hebrea podía ser amorosa y cariñosa en un grado, como no lo había experimentado con anterioridad en su vida, así un hombre Hebreo podía ser tan tierno y amoroso, no importa si era su esposo o no. Porque cuando Booz la vio espigando en los campos, su corazón salió a su encuentro en simpatía, por su carácter sin pretensiones y su humildad, su aceptación resignada a los eventos duros en su vida, a los que había estado sujeta, y su disposición de someterse a su misericordia. Estas cualidades le ganaron favores en sus ojos. Y una vez más, deseó recompensarla por todo el cariño, que ella, siendo pagana, había dado a Noemí, su pariente, y él la admiró por su valentía al abandonar a sus padres, y llegar a vivir en un país de extranjeros. Y sabía, que ella había colocado toda su confianza en el Padre Celestial, y siendo un hombre religioso y dotado de un sentido de responsabilidad hacia sus bienes, de los que sentía eran una clase de fideicomiso de la Bondad del Padre, sintió que su confianza en el Padre no debía ser en vano, sino merecía la recompensa. Y Noemí dijo a su nuera: "Sea él bendito del SEÑOR, que aun no ha dejado su misericordia ni para con los vivos ni para con los muertos", (Rut 2: 20) y estuvo hablando de su pariente, Booz.
El resto de la historia trata del negocio, en el que el pariente más cercano fue incapaz de desagraviar el campo de Noemí, porque hubiese estropeado su propia herencia, y por lo tanto, Booz recibió la oportunidad de hacerlo, y también de obtener a Rut como su esposa, de acuerdo con la ley Hebrea, que le permitía al pariente más cercano casarse con la viuda de aquel hombre, o con otra mujer elegible.
Y así sucedió, a través de su amor por Noemí, su suegra, que Rut, la mujer pagana de Moab, abandonó su país natal, y se aferró a ella; y sucedió por este cariño y amor, que Booz vio el tratamiento de Rut de la esposa de su hermano fallecido, que él mismo apreció las cualidades del corazón caluroso de la Moabita, y él se enamoró de ella, sin importar su diferente raza. La historia, pues, tiene cierta relación con aquella de José, demostrando la convicción de los Hebreos de aquel entonces, y también de muchos sinceros Hebreos en la actualidad, con la que confiaban en el Amor de Dios y Su Misericordia, para que les sacara de la fosa de mala suerte y tiempos problemáticos. Pues la bondad de Noemí, de Rut y de Booz, trabajando conjuntos en armonía y amor humano, fue capaz de superar las vicisitudes sufridas por las dos mujeres, como resultado de los tiempos duros, en hambruna y peste, que prevalecían en aquellos días de los Jueces. Y la prosperidad y felicidad final, que siguió a las pruebas, que acosaban a las dos mujeres, fue vista como la Mano de Dios en Su Gran Bondad y Misericordia, extendida para liberar a Sus hijos de las maldades del mundo. Y leyendo el relato de Rut, la gente veía en la narrativa la gran influencia, que el amor humano sincero y la buena fe, como la herencia espiritual, conferido al hombre con la creación del alma humana por Dios, posee, corrigiendo los males forjados por la acción de las cosas materiales, y también por aquellos, en los que el alma yace dormida. Por lo tanto, Rut es una de las grandes historias del Antiguo Testamento, que demuestra el desarrollo del amor humano, como una clase de amor dado a la humanidad por el Padre, quien, si bien Sus hijos aman con un amor humano, ama a Sus hijos con este Amor Divino, que es Su Esencia, y que ahora está disponible para todos, que buscan aquel Amor con ansias serias y en la oración.
Antes de concluir, deseo señalar un número de otros aspectos del relato, los que contribuyen a convertirlo en una de las grandes narrativas universales, que tiene relevancia para la naturaleza del Padre como Dios de Amor. Pues, si bien aparece en el Antiguo Testamento de los Hebreos, y trata de un período de tiempo afectando la vida de este pueblo, a pesar de ello, la obra pertenece a todos los hijos del Padre. Porque Rut no es una Hebrea, sino una mujer de los Gentiles, y esto demuestra, que el ser humano merece el amor y el afecto, la lealtad y el cariño, sin consideración de su raza o religión, y podría sumar a esto también el color de su piel, porque el hombre es el hijo del Padre en virtud de su alma creada, y tratándose el uno al otro con amor, significa manifestar la Naturaleza del Padre, por lo menos en la medida, en la que entonces era asequible para la, y mostrar que Dios existe, a través de las obras de sus seres creados. Y para que los hombres se amen el uno al otro con el Amor Divino, tiene que participar en aquel Amor, con el que el Padre ama a Sus hijos, y nosotros, mortales y espíritus, que poseemos aquel Amor en nuestros corazones, llegamos a estar en unidad con el Padre en aquel Amor, en la medida de esa posesión.
Como conclusión, permíteme afirmar que en su forma final, redactado muchos siglos después de haber sido plasmado en escrito por primera vez, se convierte en una protesta contra la prohibición sacerdotal de matrimonios mixtos entre Hebreos y Gentiles en el momento, cuando Ciro permitió a las Judíos Babilonios, que regresasen para reconstruir Jerusalén. Esto dio origen a mucha aflicción y adversidad entre la gente de matrimonios mixtos. La historia de Rut fue un llamado por amor, tolerancia y valores humanos, por encima de consideraciones estrictamente raciales.
Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales