Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús



 
 
76 Sermones Del Antiguo Testamento De La Biblia


Oseas Y Amós

 

26: La Consciencia de Oseas del Amor del Padre

27: Jesús explica las profecías de Oseas

28: Jesús estudió las profecías de Oseas

29: Amós, el primer profeta de Israel

30: Amós y Oseas fueron obedientes a Dios

 


 
 

 

26: La Consciencia de Oseas del Amor del Padre

 

Recibido el 21 de Julio de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

Deseo cambiar de tema ahora, de la discusión de los Salmos más antiguos, y abrir los libros de los profetas. Aquí está, dónde tenemos la esencia de lo que es lo más noble en la religión Judía, ya que eleva la religión a un culto sublime de rectitud, conducta ética y moralidad, no sólo para la nación, sino también para el individuo. En una proporción considerable, ellos andan mano a mano con, estimulados y motivados por, las leyes del Pentateuco, los instrumentos legales, que suministran y son la aplicación práctica del estándar, establecido por los profetas.

Ahora, de David a Oseas, transcurrieron aproximadamente 250 años. Quiero omitir la obra de Salomón y la construcción del primer Templo, como un diferente aspecto del Judaísmo, sobre el que ahora estoy hablando; a saber, el desarrollo entre los Hebreos del amor humano, como el precursor del Amor Divino, y mi venida como el Mesías de Dios.

Aunque Amos fue en realidad el primero de los profetas del reino norteño de Israel, después de su separación de Judá, voy a comenzar con Oseas, hijo de Beeri, porque en él, expreso claramente por primera vez, se halla el conocimiento, de que Dios ama su nación elegida, o hijo, Israel, con un Amor, no como el ser humano ama a Dios o a su prójimo, como el primer mandamiento de Moisés enseña, sino con el Amor Divino del Padre por Sus hijos. Quiero que veas y conozcas, con total convicción en tu alma, que yo no venía como el Mesías para traer a la humanidad algo nuevo y revolucionario, sino como el cumplimiento del Antiguo Testamento. Vine para convertir el Amor Divino — ya conocido por Oseas como desbordándose en Dios, más de 750 años antes de mi venida — en el gran instrumento de la salvación, y una realidad, y disponible para todos los hombres, tanto Judíos, como Gentiles, de igual manera, y esto a través de la oración por el Amor Divino del Padre. Fui el Mesías de Dios, porque el Amor Divino, que los hombres podían percibir penumbrosamente en el amor y el perdón de José en Egipto, en la bondad y fidelidad de Rut, Noemí y Boaz, y en la certera misericordia de David, el Amor Divino, repito, llegó a ser en mí una porción de la gloria del Padre, habitando en mi propia alma, absorbiendo en Su Esencia mi propia humanidad, y haciendo de la misma una parte del Atributo Viviente del Padre. A través de la comprensión, de que el Amor del Padre estaba presente, y que yo podía poseerlo, si lo buscaba sinceramente en la oración, yo lo hacía constantemente, y a través del conocimiento y la perspicacia, los mismos que obtuve por la oración, e incrementando constantemente el Amor Divino en mi alma, a través de la oración, me di cuenta, de que fui el Mesías, ya que fui el primer humano, que poseía una alma llena de la Esencia del Amor Divino del Padre.

Ahora, las hermosas cualidades de amor, perdón y fidelidad, que encontramos en las Escrituras, con referencia a José y Rut, llegaron a la humanidad a través de la pluma de otras personas, como narraciones, y en las Crónicas sobre David, encontramos una biografía, escrita por otras manos, aunque algunas de las mismas eran bastante cercanas en su tiempo a la era de David. En los Salmos, ya expliqué que muchos editores y sacerdotes revisaron y volvieron a escribir los Salmos, por lo que es difícil determinar acertadamente, lo que es en realidad de David, y lo que se debe a otros autores. Pero, en el caso de Oseas, sus escritos tratan directamente con él mismo, su vida familiar íntima, y sus visiones como profeta de Israel.

Oseas fue un hombre de gran sensibilidad y espiritualidad, y sus sufrimientos resultaron de su matrimonio con una mujer descarriada, que se llamaba Gomer, lo que le hizo volverse a Dios, como un medio de consuelo, porque realmente amaba a Gomer, y se sentía desolado, por sus devaneos con otros hombres. Y Dios le dio solaz, y le dio a entender que, justo como su esposa, a través de su infidelidad, le causaba (a Oseas) agonía en el alma, así lo hacía la infidelidad de Israel, el pueblo elegido o novia de Dios, causándole al Padre pena e infelicidad. Pero, como en el caso de José y sus hermanos malintencionados, José, por Su Amor, perdonó a aquellos, que habían pecado contra él. Y como Dios perdona a Su elegido, Israel, así Oseas tenía que perdonar a su Gomer infiel. Y Oseas, de verdad, le perdonó, y después de haberla vendido en esclavitud, él se arrepintió y la redimió, sometiéndola a una clase de período de prueba, para que ella pudiese regresar una vez más como su esposa, después de que ella hubiese abandonado a sus amantes.

Ahora, esto no es un cuento, como algunos comentaristas de las Escrituras opinan, sino que es un relato cierto, de cómo, a través de la oración y fe en el Padre, el profeta Oseas aprendió a sublimar su amargura, por una esposa desviada, en una magnífica concepción del Amor del Padre por Israel, Su novia, y obtuvo cierta idea del Perdón Divino. A través de su propia pena, Oseas penetró con inusitada perspicacia en el conocimiento, de que el Amor Divino existía, como el Gran Atributo del Padre, ya que adolece o se regocija, es rápido para la misericordia y el perdón, y siempre lleva la esperanza, de que la persona, a la que ama, deje de estar separada de él, por su regreso al Padre, y por la purificación de alma a través del arrepentimiento. Y la Palabra de Dios, a través de sus ministros, llegó a la consciencia de Oseas, diciendo: 

Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Como los llamaban, así ellos se iban de su presencia; a los Baales sacrificaban, y a las esculturas ofrecían sahumerios. Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba. Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor: y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida. No tornará a tierra de Egipto, antes el mismo Assur será su rey, porque no se quisieron convertir.

¿Cómo tengo de dejarte, oh Ehpraim? ¿He de entregarte yo, Israel?

¿Cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como a Zeboim?

Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis conmiseraciones.

(Oseas 11: 1 – 5, 8)

 

Esta es la primera vez, que se representa al Padre, en la profecía Hebrea, como exhibiendo los mismos delicados sentimientos de amor y pena, cuanto más significativos, pues el énfasis pesó, en aquella época, y por mucho tiempo después, sobre la supuesta ira y venganza de Dios. Aquí está un Dios de Misericordia y Compasión, una concepción, que no iba a prevalecer, hasta el momento seleccionado de mi venida, aun cuando había sido señalado, como he dicho, en las Escrituras Hebreas, por las narraciones de José y Rut, y la personalidad de David.

Ahora, en el Libro de Oseas, este Amor Divino de Dios por su Israel, no se destinaba a un individuo, sino a toda la nación. El pensamiento, de que Dios podía amar a cada individuo en la nación, o que este podía poseer Su Amor, no pudo entrar, y no lo hizo, en la mente de Oseas. Porque el tema ardiente de su era, y por siglos o más después, fue el amor del hombre por Dios, para guardarle del pecado, y el reconocimiento del Dios Viviente, para mantenerle en la senda de la rectitud.

Los profetas trataron de cuidar, que el pueblo no recayera en el paganismo, y de intentar preservar a los regentes de la nación, para no llegar a ser políticamente tan mundanos, como para descuidar la moralidad y al verdadero Dios. El amor, por lo tanto, por Dios fue la gran solicitud de los profetas, y no el Amor del Padre por Sus hijos. Como he dicho, esta fue la gran perspicacia de Oseas.

Ahora, cuando yo me dediqué al Libro de Oseas, y estudié el carácter del hombre, y Su Amor por su Gomer desviada, estuve impresionado por el pensamiento, de que fue el Amor de Dios por Oseas — un individuo — que permitió al profeta sufrido aceptar a Gomer, y que fue Su Amor por Oseas, que le sostuvo en sus aflicciones, y le permitió obtener solaz. Y sucedió por ello, y también por la ojeada, que yo tenía del Amor de Dios a través de José, Rut y el Rey David, y por las obras de otros profetas, que discutiré, que me di cuenta, de que el Amor de Dios estaba inundando el mundo como una luz, no importa si hombre estaba consciente de ello o no.

La humanidad jamás buscó este Amor porque, para ellos, fue como si no existiera, y ellos rezaron a Dios por auxilio en cosas materiales, y también por la purificación. Por lo tanto, no estaba disponible, pero comprendí que, si el Amor de Dios estaba presente, como entendí era el hecho, entonces debía rezar por Su posesión, lo que hice, y me di cuenta de Su Amor de Alma en mi propia alma.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

27: Jesús explica las profecías de Oseas

 

Recibido el 23 de Julio de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

En mi último escrito he señalado, cómo Oseas, a través de pena personal, aprendió que, como el hombre ama con un amor humano, así ama el Padre con el Amor Divino, y que este Amor significaba, que Dios buscaba el regreso de sus hijos desviados, en este período de civilización, su pueblo elegido, Israel. Esto significaba que, si bien este regreso había sido hecho por Israel mismo, por el libre albedrío, a pesar de ello, Dios haría un esfuerzo, para enseñar o educar a Sus hijos, para que Israel amase al Padre. Significaba que las lecciones en la educación, podían ser acompañadas por experiencias desagradables. Esto no significaba, que Dios castiga a Sus hijos, por las fechorías que ellos cometieron, porque el castigo es el sueldo del pecado; esto no puede ser más ajeno a la verdad. Pues el Padre no castiga, pero al pueblo, cuya nacionalidad y religión estaba enlazada inextricablemente con el conocimiento del Dios Viviente, había que recordarle repetidas veces, durante los siglos, que no se les pudo permitir llegar a ser absortos sólo en las cosas materiales de la vida, descuidando de aquella espiritualidad, que significaba pulcritud de alma a través de una vida ética y moral.

Las vicisitudes, a través de las que el pueblo de Israel así pasó, no fueron castigos de Dios, aunque veremos, que los profetas así lo pensaban, sino que fueron el efecto producido por causas, que en su totalidad no fueron fortuitas, ni se desarrollaron únicamente como resultado de una ciega progresión de eventos o fuerzas. Eventos históricos, tengo que decírtelo, no sólo son los resultados de un funcionamiento natural de la historia — porque los hombres, y los pensamientos y las acciones de los hombres, por lo bueno o por la maldad, son las fuerzas dominantes en la marcha de la historia; las guerras, exterminios y desastres similares, hechos por el hombre, resultantes del pecado, del error y de la perversidad humanos, ensombrecen con creces las calamidades producidas por el universo en evolución. Los problemas, con los que el pueblo de Israel se encontró, no deben, por eso, atribuirse a un Dios iracundo y castigador, aunque deseo repetir, que esta fue la unanimidad de opinión entre los profetas, que vociferaron contra las maldades, que veían en Israel.

Las mismas, en realidad, provinieron de las hechuras de Salomón y sus consejeros: Su concepto de la religión como simple ritual y templo, en vez de la ética, su afán por la opulencia y placeres materiales, muy apropiado para un monarca pagano, su imposición de impuestos agobiantes sobre el pueblo, su matrimonio con mujeres paganas y su convivencia con concubinas de cultos paganos, alentando sus abominables ceremonias en el Templo, consagrado a Dios, todo esto para el propósito de promocionar alianzas con estados vecinos de ideas y prácticas bárbaras, y también por sus placeres, descuidando al Padre y Sus Leyes.

La cadena de eventos así condujo a la ascensión de Roboam, y su estúpida aceptación del consejo, que le entregaron sus jóvenes cortesanos, rechazando severamente la petición de sus súbditos norteños, de un alivio de su carga de impuestos, con el resultado, de que el reino norteño, Israel, se separó del resto del país, y dos reinos, Israel y Judá, nacieron. Cada uno de los mismos era mucho más débil políticamente, como entidades separadas, de lo que hubiesen sido como un Israel unificado, y la tendencia hacia prácticas paganas en el culto, el uso de lugares altos, como Dan, y Bet-el, y la consiguiente sucesiva pérdida del concepto de moral y ética, y la disociación de la alta fe en el Jehová Viviente, todo esto contribuyó a bajar a los Hebreos, arrastrándolos hasta el nivel de las naciones paganas, y perdieron la fortaleza, que necesitaban para mantenerse contra las naciones de su época. Fue esta debilidad moral y física, entonces, y no el castigo del Padre, que ocasionó la caída de las naciones Hebreas — primero de Israel, y por último de Judá. Los profetas vieron las maldades morales del pueblo como las razones de los golpes y las amenazas de desastre, los que los Hebreos afrontaban, y con intenso amor por su pueblo y por Dios, y con una maravillosa comprensión, de que el regreso a las leyes de Dios les investiría, a través de la fe, de Su Protección, vociferaron poderosamente contra el pecado y la maldad. Supusieron que Dios era un vengador divino de la maldad, la que Él no podía tolerar, si bien también estaban claramente conscientes, de que las políticas y hechuras de las naciones Hebreas mismas eran las causas de sus propias dificultades.

Las profecías de Oseas siguen el mismo tono. La mayoría de sus escritos trata del inminente exilio de Israel en Asiria, ocasionado por el deterioro moral del reino. Pues Oseas profetizó en los días de Jeroboam II (un hijo de Joás, el abuelo de Jehú, Rey de Israel, 825 a.C.). "E hizo lo malo en ojos de Jehová, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat [de Sereda en Manasés], el que hizo pecar a Israel." (2 Reyes 14:24) Este Jeroboam II se dedicó a asuntos mundanos, permitiendo cultos paganos bajo sacerdotes inicuos, y luchando contra sus vecinos, para restaurar a los Israelitas ciertas ciudades, que habían sido conquistadas, en otros tiempos, por los Arameos, y así extendió sus fronteras, para incluir muchas ciudades Arameas. El resultado fue, que los Israelitas no sólo fueron los receptores de pecado, sino que los paganos conquistados también ejercieron sobre ellos un impacto de decadencia moral, que el sacerdocio gustosamente aceptó. Oseas no pudo mirar esta situación, sin darse cuenta, de que, si Dios era el guía y director de Su pueblo, no podía, como pensaba, permitir, que esto continuare indefinidamente, y sintió que Dios castigaría a Israel por su vergonzoso modo de vida.

Oseas así predice no sólo la terminación de la casa gobernante Israelita, sino también de toda la nación. Y declara, como viniendo de Dios: "Haré cesar el reino de la casa de Israel. " (Oseas 1: 4) y en Capítulo 4, Oseas presenta un cargo general contra el pueblo:

"Oid la palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová pleitea con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra." (Oseas 4; 1). Y Después de nombrar, una por una, las fechorías de la mentira y del asesinato, del robo y de comportamiento adúltero, y otras, declara que el país se acongojará. Los sacerdotes, aquellos que debían guiar en el Camino, son señalados con ira:

" Mi pueblo fué talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos . . . . Comen del pecado de mi pueblo, y en su maldad levantan su alma . . . . Tal será el pueblo como el sacerdote: y visitaré sobre él sus caminos, y pagaréle conforme a sus obras." (Oseas 4:6, 8, 9)

Oseas entonces continúa, en el nombre de Dios, azotando contra las idolatrías, que se encontraban en el reino norteño: "Sobre las cabezas de los montes sacrificaron, é incensaron sobre los collados, debajo de encinas, y álamos, y olmos que tuviesen buena sombra: por tanto, vuestras hijas fornicarán, y adulterarán vuestras nueras." (Oseas 4:13)

Aquí Oseas quiso decir que, puesto que Dios y el pueblo Hebreo eran como marido y esposa en su matrimonio, su culto de dioses paganos y baalim era como un adulterio en la relación matrimonial, y que, por lo tanto, los hijos serían incapaces de apreciar la confianza y lealtad del voto matrimonial, y destruirían el respeto por sí mismos en relaciones deplorables.

Por eso dice el Señor: "Sacerdotes, oid esto, y estad atentos, casa de Israel; y casa del rey, escuchad: porque a vosotros es el juicio . . ." (Oseas 5:1) y continúa declarando, que la iniquidad de Israel es de una naturaleza, que las almas del pueblo se separaban del Todo-Alma del Padre, y se hallaban en semejante condición, que no podían pensar en buscar a Dios; si lo hacían, no lo encontraban. Sus hechuras crearon una costra sobre sus almas, por lo que no podían ver la rectitud, irradiando del Padre, como si una nube obscura encubriera el brillo del sol de los ojos del observador. Únicamente por el alejamiento de la nube obscura — la maldad y el pecado — por el pueblo mismo, podía la cara de Dios revelarse nuevamente ante ellos. Continuaré con las profecías de Oseas en mi siguiente sermón.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

28: Jesús estudió las profecías de Oseas

 

Recibido el 20 de Agosto de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

En mi último sermón señalé, cómo Oseas, el gran profeta de Israel, vio el castigo acercándose, como resultado de las iniquidades y de la degradación moral, a las que el reino norteño había degenerado. Pero también dije, que Oseas se equivocaba al pensar, que era el Padre, quien traía el castigo por el pecado, porque el Padre no castiga.

Sin embargo, las fechorías, que los Israelitas de ese tiempo practicaban, con su pérdida incrementada de moralidad y su deterioro en la inmoralidad y cultos paganos, ineludiblemente crearon condiciones materiales, que obraron contra ellos. El pueblo perdió su alta fe en Dios y lo que Él representaba para ellos: rectitud y justicia. Ellos perdieron, en una palabra, su noble idealismo, que les había entregado el acero y los tendones, para tomar Caanán como el país, que Él les había prometido. Perdieron su fe en que Él les protegería — y así perdieron su enlace con Él. Solamente por un regreso a Él, pudo el enlace ser restablecido.

Las fuerzas espirituales del Padre fueron incapaces de auxiliar y amparar a Israel, porque el contacto espiritual había sido roto, por el hundimiento del pueblo en el materialismo y en malas prácticas. Los dos reinos Hebreos — y específicamente Israel en aquella época — quedaron así abiertos para las tormentas de materialismo y las fuerzas materialistas dominantes, que entonces prevalecían. Porque justo como dije, cuando predicaba en Palestina, "Pagad pues a César lo que es de César," el hombre está sujeto a los poderes, que estén activos en el reino, al que pertenece, y si el hombre está sujeto al reino del plano terrenal, allí tiene solamente las fuerzas de aquel plano, a las que puede aferrarse, y tiene que acatar, lo que aquellas fuerzas le imponen.

Ahora, en las condiciones del plano terrenal de aquellos tiempos, Israel, como una gota de agua contra un poderoso océano, fue sacudido por las naciones más numerosas y más poderosas del Fértil Creciente, y no tenía nada que le hubiese amparado. Buscó alianzas con otros países, pero si puedo usar la Palabra "alma" en una connotación colectiva, ¿qué clase de seguridad pudo encontrar en naciones en condiciones de alma similares o peores? Sólo si el alma regresa al Padre y le busca, puede recibir Su Protección. Sólo cuando Israel dejaba sus costumbres malignas y regresaba a Dios, obedeciendo Sus Estatutos de justicia y rectitud, pudo Israel elevarse encima del plano terrenal, establecer el enlace espiritual con Él, y obtener su protección.

Ahora, Oseas tenía gran perspicacia espiritual, y le fue dado el don para darse cuenta, que el único Camino para Israel, para sobrevivir, fue el retorno al Señor. En su libro, escribió de una manera, que el pueblo podía comprender, y atribuyó las condiciones, buenas y malas, a la obra de Dios. Pero en lugar de decir: "Obra el mal, y el mal obrará en ti," él solamente pudo decir: "obra el mal, y Dios te castigará." Pero tenía la perspicacia, para darse cuenta, de que una vez que el pueblo sufriera un desastre, comprenderían que ese desastre fue ocasionado por sus propios pecados y, rechazando sus pecados e iniquidades, volverían a Dios, y buscarían Su Ayuda: "Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda. ¿Dónde está tu rey, para que te guarde con todas tus ciudades? ¿y tus jueces, de los cuales dijiste: Dame rey y príncipes?" (Oseas 13:9–10)

Si no había camino para el pueblo, para tener fe en Dios, y obedecer Sus Estatutos de rectitud (en su modo de vida), entonces su propia maldad crearía las fuerzas malignas, que les alcanzarían. O, como Oseas pensaba, Dios utilizaría otras naciones como Su instrumento de castigo.

Así, en su amor por su pueblo, Israel, él les exhortó a abandonar su maldad, y volver a Dios, antes de que fuese demasiado tarde — y antes de que el castigo, que él vio como se avecinaba, pudiese golpear sus horripilantes azotes. Solamente el arrepentimiento de la maldad cometida, y un regreso, con corazón contrito, pudo influir en Dios. Una conversión superficial, exterior a Dios, sin el cambio en el corazón, era inútil. "Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando a Jehová, y no le hallarán; apartóse de ellos." (Oseas 5:6)

Y en esta conexión, el ritual de sacrificio no tiene ningún valor: "Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos." (Oseas 6:6)

El tema principal en Oseas, entonces, es el arrepentimiento por el pecado, y una renovación de la fe en Dios, andando en Sus Estatutos. El castigo es no sólo por castigar, sino para permitir a Israel, reformar y corregir su camino, para obtener los estándares morales y éticos, fijados por Dios. En las Palabras de Oseas, Dios dice: "Andaré, y tornaré a mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán a mi." (Oseas 5:15)

Oseas entonces profetiza el regreso a Dios, después del desastre por venir, y la subsecuente renovación y vida para la nación: "Venid y volvámonos a Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él." (Oseas 6:1–2) Esta, entonces, fue la promesa de redención, entregada por Dios para los Israelitas, a través de la boca de Oseas. No tuvo nada que ver conmigo, Jesús, como algunos Cristianos opinan. Ellos profesan ver en estas palabras una profecía de mi resurrección, en el tercer día. Nada puede estar más lejos de la verdad. Oseas no tenía ninguna idea de mi venida, como me ha dicho, y sus palabras se dirigieron solamente al pueblo Hebreo, sin la menor idea, de que sus palabras pudiesen ser interpretadas mal, aplicándolas a otra situación, más de siete siglos más tarde.

Pero Oseas tuvo cierta perspicacia en la redención de su pueblo. Esta redención consistió de dos partes: Significaba un regreso a Palestina del exilio en Asiria, pero también significaba la redención de los pecados, y un regreso al Señor. Ya que, en su época, se presumía que Dios vivía en el Templo en Jerusalén, un regreso al Señor significaba un retorno material al país, y también una reforma moral. Me apena decir, que algunos autores sobre este tema piensan, que ese retorno significaba un regreso físico solamente — no fue así, y, a decir verdad, cuando en siglos posteriores el Padre fue concebido más correctamente, como siendo universal y presente en todas partes del mundo, un regreso a Él significaba un regreso a Sus Estatutos y Leyes morales. El fuerte énfasis, puesto por los autores Hebreos en el retorno físico o la congregación de los exiliados, se hizo inevitable por los dos exilios, sufridos por el pueblo Hebreo, durante el milenio del que estoy hablando. Más tarde, me di cuenta, de que el regreso al país, dónde Dios habita, era un concepto, que en su más amplio significado, realmente representó un regreso a la pureza original del alma, y la vida en los cielos espirituales. Cuando predicaba en Palestina, yo tenía el conocimiento, de que por último, este regreso a Dios y al país significaba, el regreso al mundo de los espíritus, pero con un hogar en los Cielos Celestiales, donde el Amor Divino en el alma le brinda su morada con el Padre Mismo.

Ahora, cuando Oseas habló de un regreso a Dios, quiso decir en primer lugar, una regeneración moral, un renacimiento, siguiendo el castigo del exilio en Asiria que, como se dio cuenta, se avecinaba rápidamente. Ese exilio, pensaba, duraría "hasta el fin de los tiempos", pero el regreso significaría finalmente una renovación de su herencia bajo David, su rey. ". . . Después volverán los hijos de Israel, y buscarán al Señor su Dios, y a David su rey; y temerán al Señor y a su bondad en el fin de los días." (Oseas 3:5)

Aquí, entonces, Oseas tuvo un concepto claramente mesiánico — felicidad definitiva para el pueblo Hebreo, bajo un rey proveniente de la casa de David. Sería un reino, establecido a través del arrepentimiento a su total satisfacción, con Dios su protector, y gobernado por un descendiente de su gran rey, David.

Aquí está uno de los primeros conceptos Hebreos del Mesías — no el Mesías como lo concebían los Cristianos, cerca de ochocientos a mil años más tarde, sino el Mesías, como lo concibió uno de los más grandes de los profetas Hebreos, en los comienzos del relato de la sagrada profecía. Porque Oseas dice: "Y los hijos de Judá y de Israel serán congregados en uno, y levantarán para sí una cabeza, y subirán de la tierra: porque el día de Jezreel será grande." (Oseas 1: 11)

Esto significaba, que después del exilio de los Hebreos, tanto los Israelitas, como la gente de Judea, regresarían al país, unidos como un estado y, habiendo elegido su rey, abandonarían el país de exilio, para regresar a su propia tierra. Ellos, al mismo tiempo, se regenerarían en el espíritu, obedientes a los Estatutos de Dios, porque el día de Jezreel significaba el día de la redención. Su único líder, entonces, era el rey de su nación redimida — su Mesías. Esta es una de las profecías relacionadas con mi venida, contenida en los libros de los profetas, un tema que trataré, cuando exponga el desarrollo de amor en el Antiguo Testamento.

Una vez que Israel abandone sus costumbres malignas, y retorne a Dios, entonces Dios derramará sobre el país y el pueblo gran abundancia de vida y fertilidad. Oseas quiso decir a su pueblo, que esa abundancia y la vida no eran sólo para este mundo de lo material, sino para la vida del alma — y la única manera, como pudo comunicar a su pueblo este sentimiento, fue escribiéndolo de un modo, que podían comprender. Ya que no eran capaces de entender el idioma tratando de la vida en el mundo de los espíritus, escribió acerca de las buenas cosas, que anhelaban en este mundo, pero en tan maravillosa poesía y belleza, que algunos del pueblo percibían que, por su grandeza, las mismas iban más allá de sus esperanzas más acariciadas, y sólo podían asegurarse en un mundo ideal. Este mundo para ellos fue el tiempo de la redención por el Mesías.

En ese tiempo, los pecados de Israel serían olvidados, porque el alma purificada no puede mantener un recuerdo del pecado, ellos abandonarían la idolatría, volviéndose a la fe en el Padre, llamándole, como la verdadera iglesia, Ishi, mi marido. Y el Padre regresaría a Su pueblo en Amor — el Amor Divino, que el Padre tiene por Sus hijos. "Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos." (Oseas 14: 4)

Y, Oseas afirma, el Amor Divino será como entre marido y esposa: "Y te desposaré conmigo para siempre; desposarte he conmigo en justicia, y juicio, y misericordia, y miseraciones. Y te desposaré conmigo en fe, y conocerás al Señor." (Oseas 2:19–20)

Sucedió por mi estudio de Oseas, que me di cuenta, de que el Amor de Dios era diferente del amor humano, y que el hombre podía poseerlo.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

29: Amós, el primer profeta de Israel

 

Recibido el 21 de Agosto de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

Amós es el primero de los verdaderos profetas de Israel, que ejerció su ministerio durante el reinado de Jeroboam II. Ya te he dicho, que este rey era un idólatra y materialista en su actitud, dedicando su gobierno a la ampliación de su dominio, y haciéndolo tan poderoso como podía. Nadie pudo haberse atrevido a pronosticar la destrucción de este reino dentro de cincuenta años, desde la advertencia del profeta. A pesar de ello, Amós lo hizo, y tuvo razón. No basó sus profecías en visiones, sino en el conocimiento del funcionamiento de las fuerzas espirituales, que intervienen en el alma humana. Si una persona es mala en su corazón, atrae almas malignas del mundo de los espíritus, y las mismas ayudan a crear condiciones, que llevarán al pecador al desastre. A veces, las condiciones materiales son favorables, en una proporción, que la presión de las fuerzas malignas no puede socavar suficientemente la posición favorable de la persona en referencia, y por lo tanto, la gente especuló por la obvia prosperidad de los malos individuos. Y a la inversa, existe gente que, si bien se esfuerza realmente por vivir según estándares morales y éticos, no parece poder prosperar, o experimenta dificultades materiales, ocasionando inquietudes en cuanto al poder de Dios, para proteger a Sus hijos de la maldad. Puedes ver, que de esto, con el tiempo, evolucionó el relato de Job, que discutiré más tarde. Pero aquí, permíteme decir, que adversas condiciones materiales, como por ejemplo producidas por las maquinaciones de la maldad, asociados egoístas, o eventos locales o nacionales, pueden presentar obstáculos para el avance, o provocar pérdidas, y el hombre está sujeto a las leyes materiales que prevalecen en un momento determinado.

La aseveración: "Estarás sujeto a los poderes que haya," es verdadera, a pesar de ello, también lo es la en II Crónicas 25:8 que "En Dios está la fortaleza para ayudar." Aunque las condiciones materiales, o del plano terrenal, no están sujetas a leyes espirituales, sino a leyes materiales, Dios, a través de sus ángeles de ayuda, o espíritus, trata de proteger a aquellos, que le buscan, y que trabajan para superar condiciones materiales desfavorables para ellos. A veces, el esfuerzo consume, lo que a seres mortales les parece considerable tiempo, medido a veces incluso en años, pero es sencillamente un punto de vista, y hay que recordar bien, que los esfuerzos por los espíritus continúan incansablemente, y que el tiempo sí vendrá, cuando las fuerzas protectoras serán capaces de imponerse sobre las condiciones en la tierra, o cuando las mismas cambien, producir una mejora en las situaciones materiales del hombre. Durante este tiempo, el hombre con fe en Dios, y que ora a Dios, puede guardar contacto con las fuerzas espirituales, que le dan valentía y fortaleza en su tiempo de adversidad, y le permiten aguantar, dándole una perspicacia en las verdaderas proporciones de sus dificultades, y él las ve, por lo tanto, como realmente son: Muy temporales, cuando se las compara con su vida completa, tanto mortal, como espiritual. Más aún, Dios, tengo que decírtelo, dio al hombre un libre albedrío para actuar, y por este don mismo, se quitó a Sí Mismo el poder absoluto, para forzar al hombre, a que este actúe, como Él así lo desea. Por lo tanto, Él no puede forzar al hombre, o no lo hace, para que actúe contrario a lo que el hombre desee, aun cuando esto suceda para el mal definitivo, y existen también leyes nacionales y universales, que Él creó, y que Él, por esta razón, no puede anular, para amparar al hombre o a la vida. Lo que puede hacer, sin embargo, es activar leyes superiores que, si el hombre les obedece, pueden neutralizar aquellas en función.

Por ejemplo, Dios, a través de mí, hizo disponible para la humanidad Su suprema Ley espiritual, jamás conocida por la humanidad, Su Amor Divino, en un tiempo, cuando el pueblo Hebreo estaba siendo desgarrado y afligido por la más cruel y más brutal de las naciones tiranas, Roma. Solamente el Amor Divino y su posesión en abundancia, pudo haber transmitido a Israel la fortaleza, valentía y fe, para aguantar y superar la gran tormenta de maldad, que desfogaba su ira sobre la nación, y pudo haberles permitido percibir este yugo, como lo que realmente era — un huracán de gran violencia, pero con todo, pasajero, en el océano del tiempo eterno, y una tormenta, de la que Israel debía buscar refugio, y no confrontarse con ella. El amor humano no era adecuado para la inmensa tarea, de afrontar la maldad humana mayor, que fue la antigua Roma, y así Israel adoptó el rumbo desastroso de la sublevación y destrucción. Como el Mesías de Dios, yo habría podido evitar este desastre para mi pueblo, si hubiesen creído en mis palabras, y rezado al Padre por Su Amor.

Ahora, justo como muchos en Judá habían bajado, en el día después de mi venida, hasta el nivel de los paganos, actuando como ellos lo hacían, con fuerza, y para ser castigados por la espada, así los líderes en la tierra de Israel se habían hundido en la bajeza de los paganos, apartándose de los Estatutos el morales y éticos del Padre para la vida de la nación, y actuaban como lo hacían los vecinos pueblos, y seguían su idolatría, su inmoralidad y la degradación de su comportamiento. Así, Amós profetizó contra los pueblos alrededor, los Sirios, los Filisteos en Gaza, Asdod y Ascalón, los Edomitas al sur de Judá, los Amonitas y los Moabitas. Lo hizo para mostrar, que Dios era el Dios de todos los pueblos, de los paganos y también del pueblo Hebreo, y que las consecuencias de su maldad sería su destrucción. Y entonces, como profeta de Israel, advirtió a los Israelitas de sus pecados e iniquidades, y profetizó destrucción no sólo por sus costumbres malignas, sino también, porque ellos habían despreciado la Ley de Dios, con quien sus padres habían celebrado una alianza sempiterna. Estas fechorías incluían la idolatría, el soborno, traiciones de justicia, la opresión de los pobres, prácticas sexuales inmorales, profanación del altar, la seducción con vino a los nazareos, que se habían comprometido a abstenerse de bebidas alcohólicas, y también la opresión de los profetas, que advirtieron al pueblo de sus maldades. Sí, Amós alzó su voz contra las vacas de Basán, las mujeres, que oprimían a los pobres, aplastaban a los menesterosos e incitaban a sus hombres a la lujuria, y él protestó contra las prácticas al estilo de los paganos en Bet-el, Gilgal y otros altares.

También recordó al pueblo el castigo, que Dios le había asignado, si no regresaban a Él — hambruna, falta de alimento, sequía, falta de agua pura para beber, plagas y pestilencia, guerra y muerte; todo esto había sido ostensiblemente advertido, para que regresasen a Dios y Sus Estatutos, pero no había tocado los duros corazones de Israel — y por lo tanto, la destrucción del país se avecinaba. Amós implora al pueblo, para que buscase al Señor, que un compasivo Señor podía salvar a un remanente: "Empero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis: . . . Los que convierten en ajenjo el juicio, y dejan en tierra la justicia, miren a Él . . . El Señor es su nombre." (Amós 5: 4, 7–8) "Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos será con vosotros, como decís. Aborreced el mal, y amad el bien, y poned juicio en la puerta: quizá Jehová, Dios de los ejércitos, tendrá piedad del remanente de José.." (Amós 5: 14–15)

Con esto, Amós quiso decir que, si bien las malas condiciones, por las fechorías cometidas, ahora estaban tan avanzadas, que los desastres por venir ya no podían ser apartadas, sin embargo, un regreso a Dios y Su rectitud podía detener el pleno caudal de desastre, por la reaparición de ciertas fuerzas favorables, y así podía evitar su exterminio total, y permitir que se salvara un remanente del pueblo.

Amós, entonces, informa al pueblo, que ninguna cantidad de celebraciones o ceremonias religiosas pueden quitar los pecados. Lo que Dios quiere, es rectitud y justicia, y no sacrificios:

Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me darán buen olor vuestras asambleas. Y si me ofreciereis holocaustos y vuestros presentes, no los recibiré; ni miraré a los pacíficos de vuestros engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, que no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Antes corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.

(Amós 5:21–24)

Amós nos cuenta, que suplicaba a Dios, a través de la oración, para que impidiera la ola venidera de desastre, y nos relata, cómo era capaz de comprender las palabras y las advertencias, que los mensajeros de Dios le entregaban: y las mismas venían en forma de imágenes o pinturas poéticas, que todo el mundo pudo interpretar. Estas pinturas eran la manera, de que el cerebro de Amós interpretaba los mensajes que recibía. Sólo podían ser entregados a través de él, de una manera familiar para él, o para sus experiencias en la vida. Así, la guerra de inanición se describe de tal modo, que langostas devoran la hierba del país (Amós 7:1–2), y las advertencias de devastación por fuego señalan, que el fuego devora parte del mar, ( Amós 5: 4), y la advertencia del desmoronamiento de muros y de destrucción se lleva a cabo por medio de la plomada de albañil, un símbolo del juicio, ejecutado según la rectitud de la causa. Al final de las advertencias, Amós fue informado, que Dios ya no podía retener el juicio, y eso significaba, que las condiciones de maldad ya no podían ser contenidas, y como una inundación devastadora, reventaría los muros de contención, y arrasaría todo en su camino.

En conexión con estas profecías de perdición, Amós tuvo que mostrar su valentía. El sacerdote oficial de Bet-el, Amasías, informó al rey, Jeroboam, que Amós conspiraba contra él, levantando desconfianza en las mentes del pueblo, proclamando que el rey moriría por la espada, e Israel sería llevado al cautiverio.

El sumo sacerdote, por su propia autoridad y con la aprobación del rey, le ordenó a Amós, que partiese y volviese a Tekoa, de donde provenía, ya que Bet-el no era un lugar, que le daba la bienvenida a él y sus profecías. Intrépidamente, Amós contestó que él no era un profesional profeta — lo que significa que él no predeciría solamente aquellas cosas, que el rey quería oír, sino que en realidad era un mensajero de Dios, porque él declaraba aquellas cosas que Dios, a través de Sus ángeles, le había ordenado que dijera. Informó a las autoridades que, de verdad, había estado contento con su humilde tarea, como maestro de ovejas y cuidador de árboles, pero que el Señor le había apartado del cuidado del rebaño y de los árboles, y le había dicho: " Ve, y profetiza a mi pueblo Israel." Aquella profecía fue temible. Amós también pronosticó la perdición de la familia del sacerdote, y también la muerte en la casa del rey. Amós así mostró aquella valentía, que verdaderos profetas — portadores de noticias de destrucción y advertencias de desastres — tenían que exhibir en Israel, a fin de afrontar a los airados gobernantes y sacerdotes, y como mensajeros de Dios, repetir con toda tranquilidad la profecía y abrigar confidencia en el Señor, incluso si la profecía impopular significaba la muerte física para el portador. Jeroboam no tomó represalias contra Amós, y el regente no murió una muerte violenta, pero posteriormente, el siguiente rey, Uzías, trató de destruir al profeta, y él y Amasías mandaron a matar a Amós a golpes, aplastando su cabeza con varas de hierro.

En conclusión, Amós tenía una sensación persistente que, no obstante las deficiencias de Israel, la destrucción total de la nación no tendría lugar, a pesar de la certeza, que él sintió, del castigo para la nación:

En aquel día yo levantaré el tabernáculo de David, caído, y cerraré sus portillos, y levantaré sus ruinas, y edificarélo como en el tiempo pasado: Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les dí, ha dicho el Señor Dios tuyo.

(Amós 9: 11, 15)

Y así, en un apéndice, en capítulo 9, del que algunos sintieron, que provenía de otra mano, él experimentó la gran expectativa, de que un día de redención seguiría, cuando el pecado sería eliminado de los pecadores, y ellos vivirían en el abrigo del Amor del Padre.

La presciencia misma, que él predijo del desastre venidero para Israel, le dio la perspicacia que, como el único pueblo que había aceptado al Padre, y tenía cierta comprensión de Sus Caminos, no permitiría que pereciera la nación entera, justo como no había permitido, que murieran en Egipto, y que tenía que haber algunos entre ellos que, si bien callados en el tiempo de corrupción, retenían un amor de justicia y misericordia, y mantendrían viva la luz de la Torá de Dios.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

30: Amós y Oseas fueron obedientes a Dios

 

Recibido el 22 de Octubre de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

Ahora quisiera repasar brevemente, y resumir, el lugar de Amós, en el desarrollo del amor humano en el Antiguo Testamento, el precursor del Amor Divino, el que, en el transcurso de tiempo, fui designado, por el Padre, para poseerlo en mi alma, y por lo tanto, para proclamar su realidad y presencia a toda la humanidad. Si no hubiesen existido hombres, como Moisés, de quien hablaré aparte, o los profetas, las mentes y corazones de los hombres no hubiesen sido, como eran, guiados en los caminos predeterminados, como el único Camino para una alma perfecta, y hacia una intensa consciencia de la realidad de aquel Padre, cuya influencia de Amor y Misericordia seguía fortaleciendo los lazos del alma humana con su propia gran Todo-Alma, por lo que, con el tiempo, la aceptación de los Eternos Mandamientos de amor por Dios y por el prójimo, por al menos una nación, hablo de Judea, y por otros pueblos, en un grado variable, le hizo posible enviar, en Su momento seleccionado, a Su Mesías, para el renacimiento del corazón humano, y su participación en la Esencia Divina, a través de la oración a Él.

El relato de Oseas, como hemos visto, fue una historia de la intuición del Amor del Padre por la humanidad, y yo señalé, cómo Él controló la vida de este hombre, hasta el punto, donde él ejemplificó, como un verdadero profeta, el Amor que el Padre tiene por Sus hijos. Oseas, por supuesto, en sus problemas con Gomer, mostró en su alma humana el pleno amor humano, del que él fue capaz como un ser humano, y no pudo poseer, y no poseía, el Amor Divino, del que en aquella época sólo el Padre fue el depositario. Pero la realidad de su amor humano, y los sufrimientos que ese amor conlleva, es la razón, por la que te traigo ahora la verdad, que los profetas, en su inflexible e inquebrantable lucha por la ley moral y ética, y en la obvia austeridad, que caracterizó su demanda por absoluta adherencia a esas leyes, llevaron dentro de sus almas un gran amor por sus compatriotas Judíos, reprendiéndolos para que corrigiesen su conducta, y hablando intrépidamente, sin tomar en cuenta la conveniencia personal, seguridad o peligro, para traer a casa, para los mismos Judíos, el regreso a los caminos de Dios, para que Dios pudiese manifestar Su Amor por ellos, y ampararles de sus propias necedades y excluir amenazas y peligros. Aunque no lo hayan expresado en exactamente estas palabras, ellos proclamaron que, si el pueblo reconociese al Padre y anduviese en Sus caminos, Él los guiaría a través de las vicisitudes y dolores del mundo material, y conduciría sus sendas hacia una patria material y espiritual de seguridad y amor.

Amós comprendió esto con todas sus implicaciones. El humilde podador de árboles y pastor, en su vida de rústica sencillez, aceptó dentro de su ser, como un imperativo absoluto, la obediencia a los Mandamientos de Dios, como la única salvación del alma, y como la protección contra fuerzas hostiles de la naturaleza y naciones — porque vio en la naturaleza la mano de Dios y, en las actividades de otros pueblos, la arcilla con que Dios moldeaba Su Obra, y llevaba a cabo Sus Designios. Y si se dio cuenta, de que las Leyes de Dios servían para el desarrollo de todo lo bueno, que está personificado en Su Amor, pensó (pero erróneamente) que el rechazo de Sus Leyes, cometiendo la maldad, produciría la ira y cólera de Dios, las que serían similares a la ira y cólera en el corazón humano. No comprendió que la maldad creaba sus propias malas condiciones, que se elevarían como una barrera contra la Protección y el Amor de Dios, por lo que Dios sería menos capaz de auxiliar, ya que Sus mensajeros de Amor y Misericordia encontrarían mayor dificultad, al penetrar por las condiciones pecaminosas, rodeando el alma maligna.

La determinación de Amós, de dirigirse a Bet-el y denunciar las condiciones de maldad, que existían en Israel fue, por lo tanto, motivada por una alma altamente desarrollada en el amor humano, y no por la ira, hacia su prójimo. Él entendió, que no le incumbía juzgar, sino transmitir el mensaje de Jehová, en el que tenía implícita fe, y quien tenía que ser el Juez y Administrador, a través de otros pueblo, del juicio, que Él deseaba ejecutar sobre ellos. Si Dios no hubiese amado a este pueblo, que fue el Suyo propio, no habría manifestado tanto afán por su corrección; tenían que vivir, como Su pueblo elegido, según los mandamientos, que Él les había entregado a través de Moisés, como una señal de Su Amor por ellos, justo como, en ese mismo Amor, Él los había liberado de la esclavitud en Egipto.

Aquí entonces, tenemos el relato del Amor de Dios por Su pueblo, a través de la corrección, que abandono de Sus Mandamientos precisaba; porque si no hubiese existido ninguna corrección, el pueblo habría recaído, sin lugar a duda, en un paganismo total, compitiendo con los paganos en actos abominables, de matanzas rituales de sus hijos primogénitos, y apestando por las acciones y pensamientos podridos de corrupción, como, por ejemplo, las acusaciones y cargos, planteados por Amós contra los Hebreos y los pueblos aledaños, enfocan vívidamente, y el mundo, o gran parte del mismo, hubiese sido entregado a la brutalidad y bestialidad del animal disfrazado como humano, sin alma y carente del enlace con su Creador, y carente de su plenitud de amor, cariño y misericordia para el prójimo.

Amós habló en términos de la nación entera de Israel, porque en aquella época de su vida, e incluso en tiempos posteriores, el individuo era, de cierta manera, como un grano de arena en la playa, Pero también habló de las varias clases de transgresiones, y el efecto del castigo contra Israel, como todos los oyentes de Amós podían entender, que se sentiría por la nación como individuos. El hecho mismo, de que Amós, como una persona, pudo subir a Bet-el, enfrentarse con una asamblea hostil de adoradores corrompidos, y vociferar su mensaje de acusación y perdición en el nombre de Jehová, dio al individuo, como una alma humana, mayor reconocimiento en los círculos religiosos de Israel. Su osadía, su resolución, su valentía, enfrentando violencia física por sus principios, preparó el camino para otros profetas, para Isaías y Jeremías, y para el posterior reconocimiento, de que la nación se basaba en la fe del alma individual, que era esta alma, que daba prosperidad a la nación, o la conducía a su perdición, y que era esta alma, que era responsable de sus propias acciones y actos, y de su salvación o separación de Dios.

Amós, en su era, defendió la justicia — la justicia para el pueblo, y la libertad de opresión por dirigentes corruptos y egoístas. Los mismos siempre conducían al hundimiento de los pueblos, porque el mensaje de la religión, de la hermandad del hombre, siempre se desecha, cuando la prosperidad material está a la vista. Por estas razones, el alma humana, débil frente al materialismo, necesita el poder del Amor Divino, para superar el mundo y la carne, y para llevar al hombre a la unión con el Padre. Amós declaró, que las acciones de justicia y amor eran las bases de la fe en Dios, y el único verdadero fundamento de todo orden social; sus palabras constan como un monumento para Dios como la Fuente de nuestra humanidad, como gente viviente y como seres vivientes, sobre los que, en la abundancia de Su Tierno Cariño, Dios derramaría Su Amor Divino, y les daría la vida eterna con Él.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


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