Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús



 
 
 
76 Sermones Del Antiguo Testamento De La Biblia


Habacuc Y Ezequiel

 

Sermón 54: Habacuc — Cantante y estudiante de los Salmos

Sermón 55: Jesús explica el verdadero significado de las profecías de Habacuc

Sermón 56: Ezequiel describe su exilio en Babilonia

Sermón 57: El llamado profético de Ezequiel

Sermón 58: La pérdida de Jerusalén para Dios, simbolizada por la muerte de la esposa del profeta

Sermón 59: Ezequiel se ganó el título de "Padre del Judaísmo"

Sermón 60: La visión doble de las profecías de Ezequiel

  


 
 

 
 

54: Habacuc — Cantante y estudiante de los Salmos

 

Recibido el 1 de Agosto de 1961

Yo estoy aquí, Jesús

Has visto que, siempre cuando aparecía una amenaza contra Israel o Judá, por una potencia militar extranjera, un profeta se presentaba, para proclamar un mensaje del Señor. Cuando expliqué los problemas de Jeremías, dediqué cierto tiempo señalando la indecisión de los reyes, y cómo eran dependientes de naciones más grandes, Egipto y Babilonia, y también el espíritu maligno de la nobleza, quienes constantemente intrigaban y presionaban, cuidando siempre por su propio interés, y olvidándose de las necesidades y del bienestar de la nación.

En el período terrible, después de la muerte del Rey Josías y la derrota del Faraón Egipcio Nechao en Carchemis por Nebuchadrezzar, hijo de Nabopolassar, el monarca Caldeo, quien, conjuntamente con los Medos, había destruido el poder Asirio y conquistado Ninevé, siguió el avance Caldeo, es decir, Babilonio, contra Judá, porque el Rey Joacim se revelaba. Los tiempos para Judá fueron dolorosos y perplejos, y existió maldad en altas posiciones, y miedo de los bárbaros, y un devoto fiel a Jehová bien podía preguntarse, cómo era posible, que la iniquidad y la maldad eran tan exuberantes y aparentemente triunfantes; y por qué Jehová permanecía pasivo, sin extender Su mano, para proteger a los justos.

Y así, deseo hablar del profeta Habacuc ben Yeshua, el Levita, uno de los cantores del coro del Templo, en el tiempo de Josías, y quien, luego de la muerte conmovedora de este buen rey, y la amenaza de Babilonia, que siguió al colapso de Egipto en sus fronteras orientales, comenzó a escribir en el tiempo cercano al desastre de Carchemis: un hombre maduro, acercándose a su cuadragésimo año de vida, cantante y estudiante de los Salmos, y de canciones religiosas de otros países. Y se llamó a sí mismo una flor en el jardín, comparando el Templo con un jardín, porque era fructífero, y él era una flor que vive, porque recibe el Amor del Padre en forma de la luz del sol y de la lluvia, y tiene sus raíces en la Casa de Dios.

Siendo así un cantor del Templo, y teniendo conocimiento de himnos extranjeros a las deidades, tomó como nombre para su libro profético, como una clase de prefacio, un título derivado del Libro de Sabiduría de Egipto, de las enseñanzas de Amen-em-ope, donde está escrito: 

Él es como un árbol que crece en una parcela;

Crece verde, y su fruto incrementa;

Está parado en la presencia de su Señor;

Sus frutos son dulces, su sombra complace,

Y encuentra su fin en el jardín. (compare Jeremías 12:2)

 Jeremías, quien desde luego, estaba familiarizado con este Libro Egipcio de Sabiduría, también escribió líneas muy similares, y Habacuc también oía esas palabras, cuando escuchaba a Jeremías. Pero Habacuc escondió su identidad, porque deseaba referirse a la iniquidad de los sacerdotes y falsos profetas, a quienes los veía tan cerca, y ya que él estaba asociado con los sacerdotes del Templo, no deseaba ser expulsado del servicio, como un critico hostil.

Habacuc, un nativo de Jerusalén y no de origen principesco, estaba preocupado por un doble problema: el triunfo del gran poder cruel, Babilonia, como el sucesor venidero de la otra nación malévola, Egipto, mientras un rey Hebreo, débil e indeciso, Joacim, reposaba en su trono, indiferente ante las maldades, que abundaban en su país. Así, cuando Habacuc se quejaba de la maldad y tiranía, abiertamente hablaba de las maldades extranjeras, pero en su mente también estaban presentes las maldades domésticas, que no había denunciado abiertamente, por miedo a poner en peligro su propia posición.

Así, Habacuc desarrolló una profecía, que clamó a Dios, para que contestara sus inquietudes: ¿Por qué sucedió, que un Dios Puro y Santo, que no podía ver la iniquidad, ponía a un ser humano, el profeta, para no observar nada, sino maldades, violencia y agresión? Por lo tanto, Habacuc no estuvo contento solamente con obtener un mensaje de Dios para Su pueblo, sino que investigó, se quejó, y cuestionó a Dios, con referencia a sus complejidades y dudas, como lo haría Job siglos más tarde, en su averiguación con Dios, sobre el problema del mal en la existencia humana.

Habacuc se queja: "¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que mire molestia, y saco y violencia delante de mí, habiendo además quien levante pleito y contienda? Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale verdadero: por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcido el juicio." (Habacuc 1:2-3) Dios responde, que los Caldeos surgirán, crueles y rápidos, terribles y espeluznantes, para conquistar y poseer.

Habacuc reconoce, que estos conquistadores vendrán como un correctivo por las maldades del país, sin embargo, ya que ellos son peores que los Hebreos, entonces Dios está usando un instrumento más perverso, para castigar, que aquellos, a los que está castigando. Dios, quien no puede ver el mal, mira a los que actúan insidiosamente, y destruye hombres más justos que ellos.

Habacuc se retira a su atalaya, para meditar en silencio y esperar la respuesta de Dios a sus inquietudes. Y el Señor le contesta: "Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella" (tan claramente, que cualquiera pasando deprisa, aún pueda leerla). 

Aunque la visión tardará aún por tiempo,

mas al fin hablará, y no mentirá:

aunque se tardare, espéralo,

que sin duda vendrá; no tardará.

He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él:

mas el justo en su fe vivirá.

(Habacuc 2:2-4)

 Este es la primera parte de la contestación, y deseo comentarla y aclararla a la luz de nuestro conocimiento espiritual, antes de enfocar la segunda parte.

Primero, la traducción en el Nuevo Testamento se presenta normalmente como "el justo vivirá en su fe" (Emunah), lo que es diferente de lo que los profetas del Antiguo Testamento querían comunicar. En realidad no quiso decir, que el hombre bueno vive por su fe en Dios, y tiene fe, que Dios amparará al hombre bueno del mal, porque esto no siempre es así, ya que el hombre bueno puede ser destruido por enfermedades, violencia y problemas, sobre los que no tiene control, y aunque él reciba auxilió por los agentes del Señor, cuando se lo pide con la oración seria, las vicisitudes materiales pueden, al hombre, costarle la vida, o su buena fortuna, según la ley material lo dicte.

Habacuc quiso decir, que el hombre justo vive por continuar haciendo, lo que es correcto, y vivir una vida recta, pese al mal que le rodee, y siendo leal a las ideas morales, porque sabe que su alma viene de Dios.

Ahora, cuando Habacuc habló de la visión, que tendría validez para un tiempo determinado en el futuro, decía que el alma del hombre bueno, mientras todavía estaba encerrada en la carne, fue destinada para entrar alguna vez en el mundo de los espíritus, y que en aquél mundo, el alma buena cosecharía entonces las recompensas por su vida buena, y viviría en una de las hermosas esferas del Cielo, con luz, felicidad y, con el tiempo, en un domicilio en el Paraíso, el supremo Cielo Espiritual de los Hebreos.

Habacuc así quiso expresar, llevando una viva moral y ética, aún cuando aquella vida en la carne fuese extinguida por el mal del mundo material, el alma, ilesa de aquel mal, continuaría viviendo felizmente en el mundo de los espíritus. Los comentaristas de Habacuc, no importa si eran Judíos o Cristianos, no han sido capaces de descubrir el verdadero significado de las palabras del profeta, y ahora quiero informarte, lo que realmente quiso expresar por esas palabras, "el justo vivirá por su fe," palabras que los clérigos Cristianos tanto aprecian, especialmente de las sectas Protestantes, las que, sin embargo, en realidad no las han comprendido en absoluto.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

55: Jesús explica el verdadero significado de las profecías de Habacuc

 

Recibido el 1 de Agosto de 1961

Yo estoy aquí, Jesús

Ahora, la segunda parte de la respuesta, trata del destino de las personas malas. Esta contestación es bastante larga, y cubre los versículos 5 hasta 20 en el capítulo 2, es decir, hasta el fin del capítulo. Afirma muy claramente, que la iniquidad crea su propia destrucción, y donde la bondad perdona, el mal trae retribución y venganza, o, como digo, en el lenguaje espiritual, el mal crea malas condiciones, y el hombre del mal es devorado finalmente por su propio mal, y el mal que creó contra sí mismo.

Esta iniquidad destruye a un hombre malo, con el tiempo, en su prosperidad, trayendo padecimiento y enfermedades de mente y cuerpo, y si, por alguna ley material, este no sucede, el hombre malo paga por sus pecados e iniquidades, cuando llegue a ser un espíritu, y su alma sufra las torturas de la Ley espiritual de Compensación. Esta es la respuesta al problema del mal, y pretendo decir más acerca de eso, cuando te escriba un sermón sobre el Libro de Job.

Habacuc escribió como lo hacía, porque veía que Dios reinaba el mundo a través de la ley moral, que se consuma en el mundo de los espíritus, pero que también interviene en el alma en el mundo de la carne. No se debía adorar a Dios como a una deidad de guerra, o como un fundador de comida o salud, como los paganos rendían culto a sus dioses de ira, de agricultura o de fertilidad — esto era una religión en un bajo nivel primitivo. ¿Debían los Judíos rendir culto a Jehová sencillamente, como a un protector en las batallas contra naciones poderosas? ¿Los Judíos debían abandonar a Dios, porque Su pueblo era como un pedazo de madera, arrojado y sacudido en un océano de la política de poder de aquel día? Una nación Hebrea, consciente de su justicia y rectitud, podía atraer, y atraería grandes fuerzas espirituales, manifestándose en confianza silenciosa, resolución y valentía, y también asistencia mundana, para conservar la integridad del país y del pueblo. Pero el país, lleno de odio, borrachera, violencia, fraude, derramamiento de sangre, avidez y culto de imágenes fundidas, por los individuos, y también en su conjunto, no podía encontrar ninguna ayuda de un Dios, cuyos ojos se apartaban de semejantes abominaciones, y su fortaleza material flaca fallaría irrevocablemente ante poderes superiores, y se hundiría en derrota y destrucción.

Habacuc subrayó que la rectitud en una persona, como en una nación, instilaba valentía, nacida de la confianza en el Auxilio de Dios, y señaló que la fe en Dios significaba conducta moral y ética, en la que el hombre y la nación tenían que vivir, como el camino para enfrentar y superar los asaltos de las naciones poderosas y perversas de una época determinada. Habacuc contribuyó para suministrar a su pueblo mayor confianza en el Señor que, en cierto momento en el futuro, aplastaría a los enemigos de los Hebreos, y les daría su lugar y su paz, bendiciones de Dios. Esto podía consumarse en la tierra, pero incuestionablemente se cumpliría en el país de las almas. Y porque Habacuc conocía, que la respuesta para la seguridad, vida y felicidad en la tierra, y también en el mundo de los espíritus, descansaba en la fe en Dios, y en la conducta recta y justa, vio el día, cuando Dios, con el tiempo, triunfaría: "y la tierra será llena de conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren la mar." (Habacuc 2:14)

Habacuc huyó de Jerusalén en 586, y permaneció en Egipto, hasta que los Caldeos se retiraron. No sobrevivió por más de cinco años la destrucción de la Ciudad Santa, a la cual regresó; y murió 580-581 en los primeros años de su séptima década de vida, en un lugar llamado Kellah, 18 millas al suroeste de Jerusalén.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

56: Ezequiel describe su exilio en Babilonia

 

Recibido el 15 de Abril de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Ezequiel ben Buzi nació aproximadamente en 615 a. C., como Flavio Josefo, el historiador, nos informa en su libro, Antigüedades de los Judíos, (Libro 10, capítulo 6, verso 3), y esto es más o menos correcto, como Ezequiel mismo concuerda con esta fecha aproximada de su nacimiento. Porque recuerda que, cuando comenzaba a escribir profecías en 593 a. C., tenía cerca de veintidós años de edad. Su padre, Buzi, fue un sacerdote acaudalado, vinculado con el Templo en Jerusalén, con pertenencias y predios fuera de la ciudad, y Ezequiel nació en la parte montañosa del país, unas 15 millas al norte de Jerusalén, en el vecindario de Ophra. Fue como Jeremías en ese respecto, porque fue un agudo observador. Sus escritos muestran un amor por su entorno nativo, de una manera, que nos sorprende en un profeta, que llegó a tener fama por su mensura y precisión, tan características para el intelecto del hombre, antes que su amor por la naturaleza y el ambiente rural. Por lo tanto, su imagen de Babilonia como una gran águila, que se lleva el cogollo del cedro (17:3) de Judá, como una leona, madre de dos cachorros (19:2), o como una vid, plantada junto a muchas aguas (19:10), o como una rama quemada en ambos cabos (15:4). Del mismo modo, en su obra temprana, Ezequiel no pudo sino pensar en el Reino norteño, Israel, perdido para los Hebreos, y mantiene un silencio circunspecto acerca del cercano altar local de Bet-el, denunciado en las reformas de Josías. Conocemos, por supuesto, que la zona, dominada por Jericó, una vez había formado parte del Reino de Israel, y así Ezequiel se interesó en el país, y también en el pueblo, especialmente el profeta, Oseas, que pertenecía a esa región.

Su afinidad a Oseas, que encontramos más tarde en su libro de profecías, llegó a ser incluso mayor, cuando su padre, Buzi, le llevó en varias ocasiones consigo, para visitar el Templo en Jerusalén. Allí vio evidencias de Astarte (Ashtoreth, al dios de fertilidad), Tammuz, mito de la naturaleza, y culto del sol. Judá efectivamente se había prostituida, y Ezequiel pronunció una tremenda protesta. Sus metáforas, si se inspiraban en Oseas, iban más allá en aspereza y profanidad. Esto explica su odio por aquellas prácticas, y las compara con la asquerosidad que representaban. Por esto, Ezequiel se dio cuenta, de que los profetas anteriores de Israel y Judá tenían razón en su convicción, de que un Templo, que rendía culto a ídolos, y su ciudad, estaban condenados a la ruina, y en varias excursiones a Jerusalén, cuando todavía no tenía veinte años de edad, oyó a Jeremías hablar y llegó a familiarizarse con su obra profética. Así Ezequiel conocía en su corazón, que el tiempo se acercaba velozmente, cuando Jerusalén sería destruida, y cuando esto sucedió, sintió que aquella profecía se había cumplido. El acontecimiento terrible le convenció, fuera de toda duda, que los profetas eran voceros auténticos de Dios, y con el tiempo, experimentó un deseo ardiente por declarar las cosas que, como sentía, Dios quería comunicar al pueblo a través de él.

El amo Babilonio, Nabucodonosor, le seleccionó como un sacerdote del Templo, Zadoquita no-conformista, para partir con su esposa para el país de Babilonia, parte de muchos miles de artesanos, trabajadores y soldados de todo género, gente joven de espíritu, que se había atrevido a rebelarse. Los prisioneros emprendieron su viaje de cerca de 700 millas, a través del desierto Arábico. Se encaminaron a pie, con escaso abastecimiento de comida y agua, y hubo aquellos que murieron y fueron sepultados a lo largo de la ruta. El paso de los siglos calmó la aflicción de niños y padres, arrancados los unos de los otros, conociendo que nunca volverían a verse. Ezequiel los oyó y lloró, porque sintió demasiada aflicción por la separación de sus padres, mientras su esposa lloró amargamente por los suyos.

En 597 a. C., por ello, Ezequiel y esposa su encontraban cerca de Babilonia, a orillas del Río Chebar, un canal largo y ancho, que se separaba del Eufrates, al norte de la ciudad de Nippur, y regresaba al mismo a cierta distancia debajo de la ciudad, a la que atravesaba en su rumbo hacia el sur. El país era bajo, fértil e irrigado.

Los Hebreos, acostumbrados al suelo pedregoso de Judá, quedaban admirados, viendo el verdor y las condiciones fáciles para la agricultura, y los desterrados interpretaban eso, que Dios, aunque Él los había separado del país, que Él les había entregado, no los había abandonado por completo. Los Hebreos así se establecían como artesanos, como lo habían hecho en Jerusalén, y también como agricultores, y como los Babilonios no eran tan crueles con ellos, como lo habían sido los Egipcios, y animados por la carta pastoral de Jeremías, ellos desarrollaban barrios prósperos, y continuaban mantenerse firmes con Jehová que, incluso en la adversidad y en los dolores, mostraba Su Gran Amor y Misericordia por Sus hijos.

Por esta razón, Ezequiel, como sacerdote del Templo, se ganaba la reputación de un representante religioso de los desterrados. Y si no podía ganarse la vida como artesano en negocios, o como agricultor, sus necesidades se cubrían en cierto grado, por lo que podías llamar sus feligreses, que le consultaban por consuelo y guía espiritual.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

57: El llamado profético de Ezequiel

 

Recibido el 15 de Abril de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Le tomó muchos años a Ezequiel, recuperarse del destierro al nuevo país, y adaptarse al nuevo estilo de vida, como afectaba a los Hebreos exilados. En primer lugar, a fin de aceptar las totalmente nuevas condiciones, y para seguir adelante, Ezequiel tenía que persuadirse a sí mismo, de que la gran desgracia sufrida por los Hebreos, había sido merecida realmente, y que Dios la había ocasionado, y estudiando a los profetas antiguos de Israel y Judá, él llegó a estar convencido profundamente de su verdad — tanto, que en sus sermones, que seguían cuando él llegó a ser un profeta, elaboró apasionadamente todas las contravenciones y la conducta equivocada, de las que su pueblo había sido acusada por sus predecesores, y él se afanó por persuadir a sus oyentes, que así efectivamente eran los hechos.

Se le ocurrió a Ezequiel, por cierto, que tenía que hallar una manera, para traer a Jehová de Su Templo en Jerusalén (que antes de 586 a. C. todavía existía) a Babilonia, pero ya que él era un sacerdote, y conocía los rollos Hebreos a fondo, estaba muy consciente, de que Jehová había conducido al pueblo de la Península de Sinaí a la Tierra Prometida de Israel, en forma de una columna de fuego y de nube. Y así sabía, que Jehová podía abandonar Su Santuario y venir a Babilonia. Del profeta Isaías, Ezequiel pudo obtener, del sexto capítulo de su libro, los elementos para su primera visión de Dios — no realmente una visión, como muchos comentaristas de Ezequiel suponen, sino una adaptación de los escritos del profeta anterior. Y exactamente como Jeremías había encontrado inspiración en ese capítulo, convirtiendo la brasa viva del Serafín en la mano de Dios, así Ezequiel utilizó la frase "la Mano del Señor" sobre él, siempre cuando se sentía impulsado para pronunciar una profecía. Ezequiel fue más allá de Isaías, al elaborar su supuesta visión, repleta de descripciones opulentas y orientales, pero él no era un místico o un visionario en el sentido, como generalmente so lo ha considerado.

Ezequiel sintió, que Dios quería a un profeta, a través de quien podía instruir a Sus hijos en Babilonia, como Jeremías había sido Su profeta en Jerusalén, y, cuando el Señor "extendió Su mano, y tocó sobre mi boca; y díjome Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca" (Jeremías 1:9), así el Señor le dio un libro a Ezequiel, para que lo comiera, un rollo escrito en ambos lados, y Ezequiel escribió: 

Y abrí mi boca, é hízome comer aquel rollo.

Y díjome: Hijo del hombre, haz a tu vientre que coma,

é hinche tus entrañas de este rollo que yo te doy.

Y comílo, y fué en mi boca dulce como miel.

(Ezequiel 3:2–3)

 Como Jeremías había dicho con anterioridad: "Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fué por gozo y por alegría de mi corazón" (Jeremías 15:16), Ezequiel escribió otras cosas, que primero Jeremías había dicho, como por ejemplo, que no tenía miedo, y que el pueblo no le escuchaba. Con esta "visión" inicial, sin embargo, Ezequiel ahora sintió, que podía dar voz a los deseos de Dios en Babilonia, e incluso consideró que Dios había venido a ese país, para presidir sobre la suerte espiritual de Su pueblo. ¿Dónde en Babilonia? Ezequiel no lo dijo, pero no era necesario. Para el profeta, Dios era el Rey del Universo, y podía morar donde quiera que lo deseara.

Una palabra sobre el término "Hijo del Hombre", que acabo de citar. Este fue aplicado a mí en varios lugares en el Nuevo Testamento, como que tenía un significado especial, en conexión con mi misión como el Mesías. En realidad, el término, como Ezequiel lo entendió, significaba Hijo de Adán, pero no sólo un hombre como un ser viviente, sino como un hombre, que posee una alma, el hombre como criatura de Dios, y por eso, Hijo del Hombre, el ser creado por Dios, con quien Dios podía comunicarse, con referencia a Sus Asuntos. El término también significaba, que solamente aquellos "Hijos", que andaban en Sus Caminos, y que le estaba cerca, podían oírle, para recibir Sus Instrucciones; por lo tanto, "Hijo del hombre" también significaba "profeta de Dios", que podía comunicarse con Él y ser Su vocero. Cuando yo vine a la tierra, para entregar mi mensaje, proclamando la disponibilidad del Amor de Dios para la humanidad, me consideré el "Hijo del Hombre", como profeta de Dios en aquella época, y en realidad, así fue, porque Dios — Su Amor Divino — se encontraba en mi alma en un grado considerable, y conocía lo que Dios quería, y me esforcé por realizar Sus Deseos.

Desde 593 a. C., cuando Ezequiel primero recibió su llamado profético, hasta 586 a. C., sólo pasaron siete años, en los que los asuntos de los desterrados llegaron a estabilizarse, pero durante ese tiempo, la situación en Jerusalén deterioró, hasta que la destrucción definitiva por Nabucodonosor tenía lugar. Los mismos abusos, idolatrías e intrigas políticas seguían floreciendo alrededor del débil rey, Sedequías, que con el tiempo sucumbió al partido pro Egipto, y declaró la guerra a Babilonia. Según ciertos comentaristas, Ezequiel supuestamente regresó a Jerusalén, para observar las condiciones, que existían en la ciudad, que se desmoronaba, pero en realidad, no lo hizo, porque viajeros y cartas de Jerusalén, podían darles a los Hebreos en Babilonia una imagen bastante acertada de las condiciones en Jerusalén, y Ezequiel permaneció en su pueblo adoptivo, un lugar llamado Tel-abib, a orillas del Chebar, para deplorar las maldades de la Ciudad Santa, y pronosticar su desastre inminente. Construyó un mapa en relieve de Jerusalén, usando arcillar sobre una baldosa, para pronosticar el asedio venidero, y se restringió a una dieta bastante desagradable, para indicar enérgicamente, lo que el pueblo sitiado se vería obligado a comer. También se cortó el cabello y la barba, dividiéndolos en tres partes — para quemar, para cortar aún más, y para desperdigar en el viento, simbolizando la destrucción total de Jerusalén. Sus descripciones de la caída por venir, como la parábola de la olla que hierve (Ezequiel 24:3–13), la que adaptó de un pasaje en Jeremías, son vívidas, y muestran gran intensidad de sentimiento. No hizo esto solamente para mostrar la ira de Jehová por las transgresiones de los Hebreos, sino para advertir a los desterrados, que esas transgresiones no debían presentarse entre ellos. Los desterrados habían sido salvados de la destrucción por la Gracia de Dios, aunque en aquella época de su marcha a Babilonia, había parecido como un gran cataclismo. Sin embargo, aquí, en la derrota despreciable de Israel ante un poder extranjero, brillaba el Amor de Dios por Su pueblo.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

58: La pérdida de Jerusalén para Dios, simbolizada por la muerte de la esposa del profeta

 

Recibido el 15 de Abril de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

En cuanto a Jerusalén, sin embargo, a Ezequiel le pareció, que Dios había apartado su cara, definitivamente, de la ciudad, y la experiencia personal del profeta con su destrucción, pertenece a las partes más conmovedoras de todos los escritos proféticos de los antiguos Hebreos. La esposa de Ezequiel, "el deseo de sus ojos," (Ezequiel 24:16) repentinamente una mañana cayó enferma, y murió la misma noche. Ella fue una mujer joven, de aproximadamente treinta y cinco años de edad, llamada Chavah, o primera mujer; modesta y sufriendo mucho en el espíritu, y frágil de salud. Su muerte coincidió con la toma del Templo en Jerusalén por los Babilonios en Julio de 586 a. C. Ezequiel no supo, por cierto, que esto había acontecido, hasta que varios meses más tarde un refugiado, que había escapado de la destrucción, apareció en Tel-abib, para relatar los eventos de la caída de la ciudad, y dio la fecha de su captura.

Ezequiel había esperado lo peor durante varios años. Su mente había regresado a Oseas, y a la relación entre Dios y Israel, descrita como marido y esposa (Ezequiel capítulo 23). Por ejemplo, la narración del niño abandonado en capítulo 16, trata de la Jerusalén infiel, y Dios, el Amante Real. Continuando con su línea profética, Ezequiel pensaba de sí mismo, que repetía, en su propio matrimonio, la unión espiritual entre Dios y Judá; y, dado el fallecimiento de su amada esposa, y la destrucción de Jerusalén en el mismo día, le impresionó el pensamiento, de que, como vocero para Dios, la muerte de su esposa era símbolo de la pérdida de la esposa de Dios — Jerusalén. A pesar de su aflicción y luto, Ezequiel pudo consolarse mejor con este pensamiento. Pero conociendo en su corazón, que la pérdida de la ciudad representaba un castigo necesario e inevitable, por hacer alarde de Sus Caminos, se sintió impulsado a declarar, que Dios le había ordenado, no llevar luto por el fallecimiento de su esposa, sentándose para la "Shivah," o los ritos acostumbrados de luto (quitándose tocado, zapatos, tapándose la cara, y ayunando durante una semana), como señal, de que tampoco Dios se acongojaba por la pérdida de su propia esposa, Jerusalén. Ezequiel nos cuenta que, con la muerte de Chavah, él terminaba sus profecías relacionadas con la caída de Jerusalén, en vista que la profecía así se había cumplido. Pero con las noticias del desastre, él sintió que "su boca fue abierta," y que podía expresar sus esperanzas de una futura resurrección.

El sencillo pasaje de la muerte de su esposa, viniendo de la pluma de un profeta, normalmente enfático y retórico, es el relato sumamente mordaz del luto de un hombre, iluminado por la fe implícita en el Padre: 

Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: "Hijo del hombre, he aquí que yo te quito de golpe el deseo de tus ojos: no endeches, ni llores, ni corran tus lágrimas. Reprime el suspirar, no hagas luto de mortuorios: ata tu bonete sobre ti, y pon tus zapatos en tus pies, y no te cubras con rebozo, ni comas pan de hombres." Y hablé al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi mujer: y a la mañana hice como me fue mandado. (Ezequiel: 24:15–18)

 Utilicé las palabras "resurrección futura", al describir las esperanzas de Ezequiel, después del fallecimiento de su esposa, tanto en su vida personal, como con respeto a la posibilidad de una restauración de Jerusalén. Si Jehová era el único, verdadero Dios, Él restauraría a Su pueblo y Su propia ciudad, no para el beneficio de ellos, sino para mostrar, que la destrucción y el exilio se dieron como el castigo merecido, y no por Su propia debilidad, como los pueblos paganos de aquel tiempo supondrían con toda certeza. Por ello, escribió la visión de los Huesos Secos (capítulo 37), relatando la materia de llamar a los muertos de sus lugares de descanso, su regreso a la vida a través del Espíritu de Dios, y el regreso de un remanente justo a su país. Sobre estos elegidos, Dios derramaría Su Espíritu, transformándolos, como Jeremías ya lo había profetizado, y lo que Ezequiel reconoció como verdad, en nuevas criaturas, andando en Sus Estatutos: 

Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra. Y habitaréis en la tierra que dí a vuestros padres; y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios. (Ezequiel 36:26-28)

 

Cuando vine a Jerusalén, prediqué el cumplimiento de esta profecía en mí, el Mesías.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

59: Ezequiel se ganó el título de "Padre del Judaísmo"

 

Recibido el 15 de Abril de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

En la señal de los dos palos, Capítulo 37, Ezequiel continúa presentando a Dios como diciendo, que el pueblo sería unido como una nación, refiriéndose, por supuesto, a los estados separados, Israel y Judá, y gobernado para siempre por un pastor, David, Su servidor. El Señor también afirma, que haría una alianza duradera con ellos, y que Él fijaría Su santuario y tabernáculo en medio de ellos para siempre (Ezequiel 37).

Esta fue una gran profecía de resurrección. Para pronunciarla, la visión de los Huesos Secos no era una necesidad. Estos huesos, según Dios, (Ezequiel 37:11), representaban "toda la casa de Israel," y ellos estaban "muy secos" señalando no solamente las muertes más recientes, sino aquellas de incontables generaciones del pasado. Ezequiel, por lo tanto, no pudo referirse a un regreso en la carne a Israel, como algunos escritores ortodoxos aún insisten, sino que entendió las palabras del Señor, como que significaban un Israel nuevo o espiritual, dónde los difuntos vivirían en su vida renovada, liberados de la angustia de la muerte. Esta nueva tierra de Israel ya no se utilizaría para entierros: "Por tanto, no devorarás más hombres, y nunca más matarás los hijos a tus gentes, dice el Señor Jehová." (Ezequiel 36:14) El Espíritu de Dios no puede interpretarse, como para significar el dar nueva vida a los muertos en un sentido natural, ya que esto sería una violación de la ley material, que Dios sí respeta, sino sencillamente el medio para eliminar el pecado, y permitirle al alma un lugar en el Israel nuevo, espiritual, cuya ubicación, como la Iglesia del Nuevo Nacimiento la llama, es el Reino del Hombre Natural Perfecto. David, el sirviente de Dios, no podía interpretarse aquí como para significar a mí, el Mesías, porque el Amor Divino no había sido otorgado, y Ezequiel tenía menos perspicacia en su venida, de lo que tenía Jeremías, sino en ese sentido, Ezequiel realmente indicaba el reino de David sobre la nación Hebrea unida, en el mundo de los espíritus, libre de pecado, y disfrutando de las bendiciones de una existencia purificada. Esta resurrección, pensó Ezequiel, incluiría a su difunta esposa, porque, como símbolo de la Jerusalén destruida, también ella sería restaurada para una vida purificada, en el Nuevo Israel, de acuerdo con la visión de los Huesos Secos. Tenían que tomarse en cuenta, sin embargo, a los Judíos, que vivían en Babilonia, y a los sobrevivientes en Jerusalén. Por ello, la profecía de la restauración del pueblo al país de sus padres, también tenía que significar el regreso físico de los Judíos vivos para Judá y Jerusalén desde el exilio, de acuerdo con las profecías de los profetas precedentes, con el énfasis especial en la regeneración moral de los mismos Judíos, que regresarían, en virtud de la segunda alianza celebrada entre ellos y Dios, con el derramamiento, como Jeremías había dicho, de Su Espíritu sobre ellos. Así encontramos en Ezequiel una curiosa superimposición de lo espiritual sobre lo físico, para incluir tanto a los vivos, como a los difuntos de las edades pasadas, entre los Hebreos. David, el servidor de Dios, en el sentido material, así llega a ser un miembro vivo de la Casa de David, y el pastor, que cuida de su rebaño. Si comprendes, que Ezequiel se refirió a una situación espiritual y material al mismo tiempo, podrás apreciar, que las descripciones físicas, las que plasmó con considerable potencia visual, tienen un significado tanto espiritual, como material, y por lo tanto, hay que interpretarlas doblemente.

Las demás profecías sólo tienen un significado material. Con la caída de Jerusalén, Ezequiel sintió, que las profecías de sus predecesores eran una certeza, que ocurriría. Así, la amenaza por los bárbaros norteños, los Escitas, y las descripciones de guerreros, se convierten en la profecía de la agresión contra un Israel restaurado, por Gog, del país de Magog. Existe un pueblo, mencionado en el Génesis 10:2, pero ya no había ese pueblo o país en el tiempo de Ezequiel. El nombre fue utilizado para indicar Babilonia, una segunda invasión en un periodo futuro por aquellos, que en esa época tenían presos a los Hebreos. La narración de Dios, luchando personalmente con Su pueblo, ahora independiente, para destruir a los invasores del este, les dio una gran satisfacción a los Hebreos exilados, cuando leían que esa vez, Dios ayudaría para conservar el país de Su nación regenerada, purificada por sus tribulaciones y castigos. Les dio a los desterrados esperanza y valentía. Al mismo tiempo, el uso de un nombre, que sólo podía revelarse por la descodificación de un código Hebraico de palabra, impedía que los Babilonios entendiesen su verdadero propósito, y no les dio ninguna ofensa. Déjame declarar aquí, enfáticamente, que Gog y Magog no tienen nada que ver con profecías, referentes a líderes o naciones modernos, aunque recientemente, la Alemania Hitleriana asesinó a los Judíos en una escala sin precedentes, mientras otras naciones, presuntamente de una alta cultura y profesando la Cristiandad, usaron tecnicismos, para encubrir su indiferencia, e incluso en algunos círculos, su satisfacción clandestina, y países Árabes bajo Nasser, ahora se están preparando abiertamente, para acabar lo que los Nazis no lograron. Aunque ha habido persecuciones de Judíos en Rusia, Ezequiel no pensaba en esa nación, pese a toda la literatura, que ha sido escrita sobre ese tema, por prelados y comentaristas de la Biblia.

Con el regreso a Jerusalén, considerado una certeza por Ezequiel, él sintió la necesidad de trazar planos y especificaciones para la reconstrucción del Templo. Algunos de los mismos eran una remodelación del Templo de Salomón, pero los patios exteriores y las puertas tendrían un diseño diferente. Se necesitaba una área del Templo, aislada de Jerusalén misma, para la prevención de profanaciones, por lo que incluso el palacio real y el contiguo cementerio, que en los días antes del exilio se encontraba al lado, tenían que ser eliminados. Varias innovaciones se introducían, tales como el encargo de tareas serviles a los Levitas, que una vez eran deber de esclavos, con los sacerdotes Zadoquitas de Jerusalén puestos en una posición de superioridad, con respeto a los Levitas, aquellos sacerdotes de las zonas rurales, cuyo culto se había caracterizado por sus impurezas. El énfasis de Ezequiel aquí estaba en la pureza, para asegurar le residencia eterna de Jehová en el santuario del Templo. El resultado era un énfasis en el lado de los rituales de la vida religiosa. Es fácil de ver, que el entrenamiento sacerdotal antiguo de Ezequiel, y su experiencia, suministraban el fondo para el sistema ceremonial revisado y refinado, y también estricto. Esta santidad, pensaba Ezequiel, acompañaría por su propia naturaleza al estado justo de los Hebreos en la Jerusalén restaurada de rectitud moral, con el "corazón de carne," dotado a los Hebreos por Jehová Mismo, el medio para apartar los pecados y transgresiones de los electos. Tal importancia alcanzaba esa área de pensamiento en la personalidad de Ezequiel, que éste estaba plenamente convencido, de que se trataba de la Voluntad de Dios, y vio el Templo en una visión, donde él fue llevado a Jerusalén, o así lo creía, por un ángel. Sucedió por sus planos elaborados para la restauración de Jerusalén, y la enormemente incrementada importancia de la vida ceremonial para el pueblo, y también por la certeza de la eterna residencia de Jehová en el Templo, que Ezequiel se ganó el título de "Padre del Judaísmo."

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

60: La visión doble de las profecías de Ezequiel

 

Recibido el 15 de Abril de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Uno de los motivos, por los que Ezequiel se preocupaba por el sacerdocio y su función, era el conocimiento, de que los sacerdotes no habían cumplido con sus deberes cabalmente, para guiar al pueblo en la senda de la rectitud. Esta acusación había sido levantada contra ellos antes, y fue una de las razones, por las que los reinos Hebreos habían perecido. Pero ahora, Ezequiel declaró, que Jehová Mismo cuidaría de lo Suyo. La imagen del pastor y su rebaño, radiante del Amor, que Jehová tiene por Su pueblo, presenta uno de los más bellos y significativos pasajes de la religión Judía, y tiene el significado más profundo para la Iglesia del Nuevo Nacimiento, con el Mesías, mencionado aquí como el Servidor del Señor, David, buscando amorosamente, y alimentando con la vida eterna, las ovejas del rebaño del Padre: 

Porque así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras: y las meteré en su tierra, y las apacentaré en los montes de Israel por las riberas, y en todas las habitaciones del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel será su majada: allí dormirán en buena majada, y en pastos gruesos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor Jehová. Yo buscaré la perdida, y tornaré la amontada, y ligaré la perniquebrada, y corroboraré la enferma [...]Y despertaré sobre ellas un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David: él las apacentará, y él les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado. (Ezequiel 34:11–24)

El pasaje tiene varios significados: Para los Hebreos exilados en Babilonia, significaba la promesa de un regreso a Israel, con Dios Mismo preparando el camino y asegurando una patria, amparada por Su Celo; pero también significaba una patria más allá de la vida mortal en la tierra. Porque las montañas de Israel, para el Judío piadoso, simbolizaban un lugar de santidad fuera de esta tierra, y los campos y arroyos representaban las aguas de la vida eterna. El Salmo 23, con su visión de la futura felicidad en la vida más allá, bajo el Amor protector de Dios, fue inspirado, así ya lo he escrito, por estas palabras de Ezequiel. El pasaje también fue una promesa de la llegada del Mesías. La restauración de Jerusalén tendría lugar a través de la actividad de Dios Mismo, pero después, Él nombraría a un príncipe entre ellos, Su servidor David, para ser su pastor.

Hablé con Ezequiel acerca de estos asuntos, y él me cuenta que, en sus escritos, el significado material y espiritual se mezclaba con frecuencia en el mismo párrafo. Esto fue así, porque él fue un hombre de pensamientos concretos, a través de los que contenidos espirituales se proyectaban.

La visión de Ezequiel, la de los huesos secos, así afirma él mismo, era física en su naturaleza, pero que el mensaje espiritual le daba el significado que, en esa cierta época, la resurrección tendría lugar, un nuevo orden del mundo emergería del mundo material, en el que los hombres habían vivido. Pensaba que la resurrección, entonces, era posible en la tierra, dando a este "mundo por venir" cualidades espirituales desconocidas en su propio tiempo. También me contó que, por esta razón, muchos estudiantes de la Biblia han insistido en una resurrección terrenal física del cuerpo, pero que la visión, como muchas de las que provenían de Dios, podía asumir, y de hecho asumía, varios significados con el paso de los tiempos, a medida que nuevas perspicacias se descubrían, en cuanto a lo que Dios quería expresar. La gente en aquellos días, y los profetas mismos, afirma, no estaban abiertos a significados, que indicaban una vida espiritual, y los mensajes de Dios se proyectaban, para mejorar la vida moral y ética de la nación y del individuo, con la perpetuación del pecado siendo una causa de la destrucción a través de la ira de Dios, y la restauración una recompensa material por el comportamiento justo. El valle de los huesos secos, así, tenía que significar, originalmente, un lugar en la tierra, pero el elemento de tiempo estaba tan alejado, que Ezequiel sentía que no necesitaba preocuparse de ello, y solamente futuras generaciones meditaban sobre el lugar y el tiempo, cuando entendían más acerca del colorido espiritual implicado en la visión. Del mismo modo, pasajes con referencia a David, el servidor de Dios, parecen confundirnos a primera vista, porque Ezequiel utilizaba el término, para señalar diferentes cosas: en un caso, un descendente de David, gobernando sobre un reino material; una vez más, David mismo, gobernando una nación en el mundo de los espíritus, y finalmente, el Mesías mismo. Las profecías escritas antes de la caída de Jerusalén, presentan a David como el regente de la nación material restaurada, pero aquellas que se pronunciaron después de 586 a. C., se refieren a un David más espiritual, o príncipe de la Casa de David.

Concluyendo, me gustaría afirmar, que era Ezequiel, quien dio el peso debido al principio de la responsabilidad individual, la que anteriormente había sido explicada por Jeremías. Un hijo inocente no debía castigarse con un padre culpable. Este concepto, encontrada en varias declaraciones (Números 16:22 o Deuteronomio 24:16), de las que Jeremías estaba muy consciente, era una idea, a la que David, como rey, nunca podía consentir, y en realidad, él actuaba en un sentido contrario. Pero el transcurso de 400 o más años, trajo la plena comprensión y aceptación de la inocencia o culpabilidad individual, y no de la familia.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


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