Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús



 


76 Sermones Del Antiguo Testamento De La Biblia


El Rey David

 

13: La amabilidad abundante del Rey David

14: La fe inquebrantable de David en el Padre

15: La tolerancia del Rey David

16: El amor del Rey David por sus hijos rebeldes

17: El Rey David, un hombre de Dios

18: La alabanza de Dios por el Rey David

19: David expresa su concepto de Dios en sus Salmos

20: El segundo Salmo de David no alude a Jesús

21: David lamenta las injusticias existentes en su reinado

22: David contempla la vida después de la muerte

23: Jesús explica el Salmo 18

24: Explicando sacrificios eclesiásticos durante la era del Rey David

25: El Salmo Veintitrés

  


 


 
 

13: La amabilidad abundante del Rey David

 

Recibido el 21 de Julio de 1958

Yo estoy aquí, Jesús.

Te estuve informando sobre aquellas narrativas en el Antiguo Testamento, donde Dios se visualiza como un Dios de Amor, si no el Padre del Amor Divino, entonces el Jehová, cuyo Amor brilla en este nivel humano, exhibido por Sus hijos. En los sermones antecedentes, señalé cómo el amor entre hermanos, entre padre e hijo, y entre parientes políticos, refleja este Amor entre el hombre y su prójimo, indicativo del alma humana creada a imagen del Padre.

En este sermón, y en otros que seguirán, deseo informarte el desarrollo de este amor humano, como el más grande de los reyes de la nación Hebrea lo poseía, David Ha-Melec, como el pueblo Judío, con el más profundo afecto, le llama y siempre le ha llamado a lo largo de los siglos.

David, el menor de los hijos de Jesé (Isaí), un próspero terrateniente y ganadero de Belén, era un joven fuerte y ágil, que se dedicaba tanto a los sentimientos poéticos, como a la caza, y su padre vio, que se le debían dar lecciones de música, como se la entendía en estos tiempos. Cuando rey Saúl comenzó a sufrir de ataques de melancolía y cólera, se lo arregló para llevar a David a la corte como arpista, para sosegar a Saúl en sus momentos difíciles, pero David pronto logró ser el portador de armas de Jonatán, y le acompañó en varias incursiones en las líneas de los Filisteos. Por el otro lado, David nunca fue ungido en secreto por Samuel, para que llegase a ser el siguiente rey de los Hebreos, y esta historia fue insertada muchos años posteriormente en las Escrituras, cuando David ya ocupaba el trono en Jerusalén, a fin de fortalecer la pretensión de David de su legitimidad, haciéndolo aparecer como si Dios le hubiese elegido a través de Samuel, Su profeta. En realidad, David se apoderó del reino en una guerra contra el hijo de Saúl, Ishbaal, después de la muerte de Saúl y Jonatán en el Monte Gilboa. Generalmente se aceptaba, que Dios daba la victoria a su candidato predilecto.

De la misma manera, el relato del triunfo de David sobre Goliat de Gat, es sencillamente una leyenda, y nunca sucedió. El gigante Filisteo realmente fue muerto en batalla, pero por Elhanán, un soldado de David. Toda la narrativa del regreso de David a la casa de su padre, el enojo de su hermano, cuando apareció en el frente de batalla, su incapacidad de utilizar armadura, la completa ignorancia del rey acerca de David después, y la llevada de la cabeza del gigante a Jerusalén, cuando la ciudad todavía estaba en manos de los Jebuseos, pues David sólo la capturaría muchos años después, todo esto muestra la mano de un autor posterior, que introdujo en las Escrituras esta fábula de la hazaña de David, para enriquecer su fama de gallardía, y para destacar su confianza en Dios.

Pues David tenía fe implícita en el Padre, y buscaba Su ayuda y protección en cada movimiento suyo, y a través de sus oraciones a Él, sentía que Él le apoyaría y le liberaría de las manos de sus enemigos, incluso en las circunstancias más calamitosas. David cometió fechorías, malas en los ojos del Padre, y sabía que eso era mal hecho, y también cometió muchas maldades, que nacieron de las circunstancias prevalecientes de aquel entonces, y no las reconocía como malas en aquel momento, pero por las cuales tenía que rendir compensación con todo, sin embargo, la separación de David de Dios siempre era temporal, y siempre buscaba al Padre por Su perdón, por seguridad y salvación, y toleraba estoicamente, lo que sentía eran las respuestas de Dios para él, transmitidas a través de los profetas de su época, Natán y Gad.

Y es la verdad, que Dios sí liberó a David, a través de Sus ayudantes, de las manos de sus enemigos y su envidia, como Dios siempre libera a Sus hijos de los problemas del mundo material, los sostiene con valentía en los tiempos de aflicción, y prepara las circunstancias, en el momento apropiado, y a través de Sus agentes, en la carne y en el mundo de los espíritus, que reemplazan la malignidad de las condiciones físicas prevalecientes y las inclinaciones de seres humanos no redimidos. E incluso cuando las leyes materiales, que rigen las condiciones materiales, no pueden ser abolidas, y acaece la muerte, el alma humana siempre puede, en la actualidad, recibir el Amor Divino del Padre, y la felicidad, de una naturaleza, que el ser humano no tiene concepción alguna, que deriva de la posesión del Amor del Padre y una morada en Sus Cielos Celestiales, o de hecho la felicidad, que proviene de una alma purificada y un alto lugar en los Cielos Espirituales, que anula la infelicidad, que pueda presentarse al abandonar el mundo material y sus atracciones.

Y cuando David escribió sus Salmos, los que realmente escribió, tenía una comprensión transcendente, aunque no la posesión, del Amor Divino de Dios y Su Misericordia por él y por la humanidad, y su propio amor por Dios coincidía y estuvo concomitante con su amor y generosidad hacia otros seres humanos. Porque, como todos los pecados de David, poseía un corazón lleno de cariño, que superaba a creces, a lo que se podía anticipar de un refugiado, cazado por un rey celoso y, por el otro lado, del monarca Hebreo más poderoso de todas las edades, cuyos antojos y deseos eran ley.

Y si bien David está aquí, agradeciéndome porque diga esto, tengo que decir con toda imparcialidad, que la vida de David abundaba de cariño, caridad y generosidad, y en las líneas que siguen, expondré cómo estos maravillosos Dones del Padre para David, fueron utilizados, para el eterno honor de David, para ayudar, perdonar y abstenerse de la venganza. Tanto la nobleza fundamental del corazón de David, como su valor en la guerra, fue comprendido y apreciado plenamente por Jonatán, el hijo de Saúl, y el amor y la amistad entre los dos llegaron a ser legendarios a lo largo de los siglos. Vemos cómo la fidelidad de Jonatán hacia su amigo fue extremadamente útil en que David pudiese escaparle a Saúl, y lo mismo puede decirse de Mical, su esposa.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

14: La fe inquebrantable de David en el Padre

 

Recibido el 22 de Julio de 1958

Yo estoy aquí, Jesús

En historias y comentarios innumerables sobre David, su valor en la batalla, su poder de liderazgo, su habilidad en la ampliación de las fronteras de la nación Hebrea, e inevitablemente, sus pecados con Bath-sebah y su esposo Urías, son aquellos temas que surgen constantemente, y quizá estén garantizados y justificados para apreciar las cualidades del hombre, juzgando su carácter, y también debo añadir, desde el punto de vista religioso, su fe inquebrantable en el Padre y, desde luego, esto es verdad, pero también quiero decirte, que David también fue un hombre de un calor personal, y que demostraba cariño y compasión, no como un deber, del que pensaba que lo debía a Dios, sino que venía de su corazón, y que sentía como un se humano.

Por lo tanto, David abrigó un profundo afecto hacia Jonatán, considerándolo un amigo leal, y sintió compasión con el joven, cuyo padre era irascible y, a veces, incontrolable en sus ataques de cólera. Se unían en deportes viriles de aquella época, apropiados para el hijo de un monarca y su escudero, y llegaron a un mutuo aprecio de su brío en incursiones y en la caza. La infelicidad de Jonatán, como hijo del rey Saúl, que le hubiese sacrificado para cumplir con un juramento, como ocurría en los tiempos más antiguos, en los días de los Jueces, se aliviaba por su amistad con David, y por eso no nos debería sorprender, que él actuara para salvar a su amigo de la persecución por el hombre, que tantas veces no era como un padre para él.

Y así, Jonatán pactó con David: "Y si yo viviere, harás conmigo misericordia del SEÑOR; mas si fuere muerto, no quitarás perpetuamente tu misericordia de mi casa." (1 Samuel 20: 14 – 15) Pues David y Jonatán sabían en sus almas, que el cariño en la humanidad provenía de Dios, y que la ley de Moisés exigía: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Y por lo tanto, comprendían que el Amor del Padre actuaba a través del Amor, que el hombre le tenía al hombre, pero no tenía, por supuesto, ninguna idea, de que el Amor Divino fuese diferente del amor, que Moisés había proclamado: El amor por Dios y por el prójimo. Reconocían que el alma podía purificarse, pero jamás que podía llegar a ser Divina, a través del Amor del Padre, porque este Amor estaba desconocido y no podía ser poseído por la humanidad, hasta que yo, como el Mesías de Dios, llegué a la posesión de aquel Amor y proclamé su disponibilidad para la humanidad.

Y Jonatán vino para consolar a David, cuando tenía que vivir como forajido en el desierto y en diferentes lugares fortificados, y David 'derramó amargas lágrimas, cuando se enteró de la muerte de Jonatán, y de aquella de su padre, en el desastre de Monte Gilboa. Y lamentó:

... ¡Jonatán, muerto en tus alturas!

Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,

que me fuiste muy dulce; más maravilloso me fue tu amor,

que el amor de las mujeres.

¡Cómo han caído los valientes,

y perecieron las armas de guerra! (2 Samuel 1: 25 – 27)

En lo relacionado con la muerte de Saúl, David sintió que esa era un castigo de Dios, y la vindicación de su propia conducta ética, que no le fuese encargado destruir al gobernante sobre Israel, ungido por Dios, aunque estuviese dispuesto a hacerlo. Pues como fugitivo, David fue capaz de penetrar en el campamento de Saúl y tomar su lanza, cuando el rey estaba dormido. Y cuando Abisai, el hermano de Joab, estaba listo para matarlo, David le retuvo: "No le mates; porque ¿quién extendió su mano contra el ungido del Señor, y fue inocente? Vive el Señor, que si el Señor no lo hiriere, o que su día llegue para que muera, o que descendiendo en batalla perezca, me guarde el Señor de extender mi mano contra el ungido del Señor."

Hubo tanta fe en Dios, que no pudo cometer lo que él sintió era un crimen contra el representante de Dios. Es verdad, que esto no es la suprema ética, porque el alma pura no puede quitar la vida, incluso como expuesto en los Diez Mandamientos de Moisés, porque es una Ley de Dios, y no existen odio o pensamientos de venganza en el alma pura, no obstante quién sea la persona, que cause daños o transgreda la ley. Sin embargo, esta fe en Dios se manifestó con gran fuerza en David, pues relegando el castigo al Padre, David fue capaz de eliminar odio y venganza de sí mismo, lo que le facilitó la fuerza para obedecer la Ley de Dios: "No matarás." Por lo que el lamento de David sobre Saúl no significaba exultación sobre la derrota de un enemigo, ni se refirió a la enemistad y la envidia de Saúl; sólo pena, de que el líder de Israel haya perecido ante sus adversarios.

David tampoco ordenó la muerte del supuesto portador de las malas noticias en el Monte Gilboa, como se lo relata en las primeras dieciséis líneas del segundo Libro de Samuel, porque se trata de una inserción de un autor posterior, y no tiene fundamento en la realidad, subrayando sólo la aversión de David a que nadie mate al ungido del Señor. Más bien, los pensamientos de David estuvieron con el hijo de Jonatán, Meribaal, llamado Mefi-boset, que tenía ambos pies tullidos, y el cariño de David para él queda registrado en las Escrituras.

Y dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por causa de Jonatán? ..... a quien haga yo misericordia de Dios? (2 Samuel 9:1–3) Y venido Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, se postró sobre su rostro, y adoró. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: "He aquí tu siervo." Y le dijo David: "No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te haré volver todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás pan a mi mesa perpetuamente." (2 Samuel 9:6–7) Y David restauró, con el tiempo, todas las pertenencias de la casa de Saúl para el hijo de Jonatán.

Continuaré relatando el cariño de corazón de David en mi siguiente sermón.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

15: La tolerancia del Rey David

 

Recibido el 28 de Julio de 1958

Yo estoy aquí, Jesús

Los sermones que te estoy entregando acerca de David, el rey, son importantes, porque muestran a los lectores, que la guerra y la esgrima no son todo, lo que caracteriza al más grande de los reyes Hebreos, sino que hubo una faceta en su conducta, que revela su amor humano, que puede verse en su amabilidad, su compasión, y su tolerancia.

Para este propósito, nos dirigimos a los días, cuando David se vio obligado a huir de la ira de Saúl, y vivía como forajido en el país desértico, con una pandilla de varios centenares de hombres. Vemos que David sólo fue capaz de mantenerse a través de la rapidez en la acción, para escapar o atacar, y obteniendo alimento en muchos casos por una clase de tributo, arreglado entre David y los ganaderos de ovejas de la región, asegurando que los forajidos no harían incursiones y no matarían los animales o a los pastores.

Ahora, las Escrituras relatan como en una ocasión, David se enteró de que Nabal, un rico ganadero de ovejas de Maón, con quien David había llegado a un acuerdo, mató algunas de sus ovejas como alimento para sus trasquiladores, y para obtener ganancias por la venta de la lana. Así, David mandó a algunos de sus hombres, para conseguir alimento. Pero Nabal se lo negó, porque había oído, que Saúl no estaba lejos del Carmel, donde pastaba su ganado vacuno, y pensó que, si Saúl averiguaba que él proveía alimento a los fugitivas, Saúl en su ira podía marchar contra él y sus posesiones.

David, desde luego, dependía de estos arreglos para la comida, y si permitía que Nabal lo rompiera, él y sus hombres no podían mantenerse; y por eso, sin tomar en cuanta a Saúl y sus tropas, David marchó rápidamente contra Nabal.

Y David dijo a sus hombres:

"Cíñase cada uno su espada. " (1 Samuel 25: 13) Y ciñóse cada uno su espada: también David ciñó su espada; y subieron contra Nabal como cuatrocientos hombres.

Pero uno de los criados en Carmel dio aviso a Abigail, mujer de Nabal, diciendo:

He aquí David envió mensajeros del desierto que saludasen a nuestro amo Nabal, y él los ha zaherido. Mas aquellos hombres nos han sido muy buenos, y nunca nos han hecho fuerza, ni ninguna cosa nos ha faltado en todo el tiempo que hemos caminado con ellos, y cuando hemos estado en el campo. Hannos sido por muro de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas. Ahora pues, entiende y mira lo que has de hacer, porque el mal está del todo resuelto contra nuestro amo Nabal y contra toda su casa.

(1 Samuel 25: 14 – 17)

Entonces Abigail, sin consultar con Nabal, quien estuvo ebrio, preparó una cantidad considerable de provisiones, cargados en burros, y salió con ellos, para interceptar a David, antes de que llegase a la casa de Nabal. Y al hacerlo, se postró delante de David sobre su rostro, y le presentó las provisiones cargadas, implorándole que no buscase venganza.

Y dijo:

Señor mío, sobre mí sea el pecado . . . Y oye las palabras de tu sierva. No ponga ahora mi señor su corazón a aquel hombre brusco, a Nabal; porque conforme a su nombre, así es . . . Pero mío es el pecado: porque yo no vi los criados de mi señor, los cuales tú enviaste . . . que el Señor te ha estorbado que vinieses a derramar sangre, y vengarte por tu propia mano . . . Por eso, perdona a tu sierva esta ofensa; pues el Señor de cierto hará casa firme a mi señor, y mal no se ha hallado en ti en tus días . . . Y cuando el Señor hiciere bien a mi señor, no te será esto en tropiezo y turbación de corazón, el que hayas derramado sangre de Nabal y su casa . . .

Y David respondió:

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases; Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy el ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano . . . Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y tenídote respeto. (1 Samuel 25:24–35)

Y David le perdonó a Nabal y su casa, pues aunque estuvo muy enojado, no estuvo sordo a una plegaria de misericordia, porque provenía de una persona, que tomaba a su cargo el error de su esposo, y le mostró una profundidad de nobleza en su corazón, y de valentía, que tocó su propia bondad de corazón, lo apreció, porque si no hubiese existido cierta nobleza en el alma de David, sus plegarias hubiesen tocado oídos sordos. Y también tomó su venida como una señal del Padre, para que no se desahogara vengándose con su propia mano en Nabal; y detuvo su espada, porque estaba atento a lo que consideraba la Voluntad de Dios. Pues por su nobleza de alma supo, que Dios la había mandado, porque sabía que esta nobleza de alma sólo podía venir del Padre. Porque David tenía esta comprensión de corazón, que le revelaba, que el Padre era bondad, y que el amor, cariño y misericordia, la generosidad y todo lo que era noble, era Él; y estas cualidades venían al hombre a través de Él.

Y si bien Nabal no fue castigado por Dios, sus acciones contra David y otras personas contribuían, como siempre sucede, a crear condiciones adversas a él, porque la condición de alma de una persona atrae a espíritus de similares condiciones de alma; y la maldad en el alma de Nabal le atraía a malos espíritus, que ayudaban a tramar condiciones de maldad para él. Y él tenía miedo, de lo que David y Saúl pudiesen hacer, y también de lo que podía sucederle a manos de sus propios sirvientes, que estaban asustados, que los acontecimientos pudiesen traerles la muerte a manos de cualquiera de estos guerreros. Y dentro de diez días, Nabal falleció, pues su temor produjo, en su edad, un ataque cardíaco. Y David pensó, que esto era un castigo por Dios, y se alegró que había detenido su mano.

Y David también pensó, que esto era una señal de Dios, para que se casara con esta noble viuda, lo que hizo. Abigail estaba complacida, en vista que podía ver la generosidad del corazón de David, y le amó por eso. Ahora Abigail trajo consigo su fortuna y propiedad, y ayudó a darle a David un nuevo prestigio en Judea. Y su acción de tolerancia desarrolló condiciones favorables para él, y el Padre estuvo contento con el alma de David.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

16: El amor del Rey David por sus hijos rebeldes

 

Recibido el 1 de Agosto de 1958

Yo estoy aquí, Jesús

Sí, Yo estoy aquí una vez más, para continuar mi relato del Rey David, como hombre, cuyos impulsos innatos eran buenos, pues la fe en Dios, el cariño y la generosidad estaban en su corazón.

Traté de exponer que David, en su conducta hacia Saúl, Jonatán y Abigail, la esposa de Nabal, reveló un corazón, en el que la generosidad y la templanza estaban manifiestas visiblemente. A través de esta bondad en la acción, David ganaba un respeto y una popularidad, que le ayudaba a ganar la lealtad de centenares, y luego de millares de hombres, todo eso conduciendo a su ascenso al trono de Judá, y por fin, a la realeza, gobernando sobre toda la nación Hebrea.

Sus problemas internos como rey se originaron de su conducta pecaminosa hacia Betsabé y su esposo, Urías. David atrajo con eso condiciones malas, y también a los que le rodeaban; pues como David así se rebeló contra la Ley de Dios, así sus hijos y oficiales se rebelaron contra la palabra de David; y Absalón, su hijo nacido de una hija de la familia real de Gesur, en Aram, es decir, un distrito vecino en Siria, forjó un plan para desterrar a su padre, y convertirse en rey. Perteneciendo a la realeza por ambos lados de su familia, se consideró superior a los demás hijos de David, su padre; y en realidad, demandó venganza contra Amnón, su medio hermano, por el acto de violación de su hermana Tamar. Entonces huyó a Gesur, y allá vivió con un tío durante tres años. David, quien amaba a sus hijos cariñosamente, se afligió mucho por el asesinato, y también porque añoraba a Absalón, quien era saleroso y elegante, y le recordó un poco su propia juventud.

Absalón, quien se mantuvo bien informado sobre el estado mental de David, fue capaz de reclutar a su tío, Joab, en un esfuerzo de volver a Jerusalén; y logró esto, pero David, con su sentido de justicia, se rehusó ver la cara de Absalón. Esto continuó por cierto tiempo, hasta que el hijo del rey perdió la paciencia, y metiendo candela en los campos de cebada de Joab, le obligó a interceder ante David en su favor; y David se aplacó, y besó a su hijo como señal del perdón.

Porque David había sufrido mucho en esta contienda, y se dio cuenta, de que la ausencia de Absalón no traería a Amnón de vuelta a la vida. Pero no comprendió, o no quiso comprender, que Absalón procuró regresar a Judea, a fin de instigar una guerra civil contra su padre, y fue otro duro golpe para él, cuando le dijeron, que su hijo había levantado el estandarte de la rebelión contra él desde Hebrón, y estaba marchando hacia Jerusalén con una hueste de soldados.

Pero David tenía fe en el Padre y actuaba en aquella fe. Como en los días de la persecución por Saúl, sintió que la mejor política era huir, y alcanzar un lugar, desde donde podía reunir sus fieles sirvientes, y podía tener tiempo para prepararse para la batalla. Sin embargo, incluso en este momento crítico, cuando el destino lucía más sombrío que nubes de tormenta, David no se quedó indiferente al bienestar de sus seguidores. Su preocupación por los seiscientos Geteos, los Filisteos de Gat, que llegaron a ser sus partidarios, es un ejemplo de su bondad de corazón. Pues dijo el rey a Ittai Geteo: "¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar. ¿Ayer viniste, y he de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy como voy; tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; en ti hay misericordia y verdad." (2 Samuel 15:19–20)

Y respondió Ittai, con fe en que Dios le había hecho no deseado en su propio país, y fiel a su nuevo rey, diciendo: "Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo. Entonces David dijo a Ittai: Ven pues, y cruza el arroyo. Y pasó Ittai Geteo, y todos sus varones, y todos sus siervos. Y todos los de la tierra alrededor de Jerusalén lloraron en alta voz, cuando el rey y todo el pueblo pasaron el arroyo de Cedrón hacia el Monte de Olivos, en el camino al Norte, hacia el país de Israel (2 Samuel 15:21–23).

También iba Sadoc, y con él los sacerdotes y todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios, para llevársela consigo en su huida de Jerusalén y tener a Dios morando con ellos, como pensaban, pero David sabía que no necesitaba buscar a Dios en algún templo, sino que Dios podía ser alcanzado con la oración en cualquier parte, y tenía fe que Dios respondería a sus oraciones, o para liberarle de las manos de sus enemigos, o, como pensaba, para rechazarle, y independientemente de como fuese el caso, David aceptaría la decisión de Dios. Y dijo el rey a Sadoc: "Vuelve el arca de Dios a la ciudad; que si yo hallare gracia en los ojos del Señor, Él me volverá, y me hará ver a ella y a su tabernáculo. Y si dijere: 'No me agradas'; aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere." (2 Samuel 15: 25 - 26)

Y así, Sadoc y los sacerdotes regresaron el Arca de Dios a Jerusalén. Y David subió la cuesta de las olivas; y la subió llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando así como subían. Y ordenó a Husai, el araquita, su amigo, que permaneciera en Jerusalén y pretendiera servir a Absalón, para contrarrestar los malos consejos de Ahitofel, quien había conspirado con su hijo contra él. Y David mandó a Husai, a que pasara toda la información a los sacerdotes, Sadoc y Abiatar, que le transmitirían todas las noticias. Por eso, Husai saludó a Absalón como el rey, para servir al hijo, como lo había hecho al Padre.

Terminaré ahora, y continuaré con este tema en mi siguiente sermón.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

17: El Rey David, un hombre de Dios

 

Recibido el 2 de Agosto de 1958

Yo estoy aquí, Jesús

Otro ejemplo de la tolerancia de David se encuentra, cuando impidió que Abisai, el hermano de Joab, matara a Simei, un hombre de la casa de Saúl. Aquel individuo maldijo a David, cuando ingresó en la aldea de Bahurim. Simei salió de su casa, maldiciendo y recogiendo piedras, y las lanzó contra el rey y sus sirvientes. Y dijo Simei: "Sal, sal, varón de sangres, y canalla; el Señor te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado; mas el Señor ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón; y he aquí tú eres tomado en tu maldad, porque eres varón de sangre." (2 Samuel 16:7–8)

Lo que dijo Simei era la verdad, por supuesto, pues David estuvo involucrado en una serie de grandes conflictos, con severas matanzas infligidas tanto a los adversarios, como a los Hebreos mismos, y los prisioneros de guerra fueron muertos. Y David reconoció la verdad de las invectivas de Simei, y detuvo la mano de su siervo. Pues Abisai dijo: "¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Yo te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza." Y David respondió: "Yo no quiero tener nada que ver con esta matanza, hijo de Sarvia. Él maldice así, porque el Señor le ha dicho que maldiga a David; ¿quién pues le dirá: Por qué lo haces así?" ( 2 Samuel 16:9–10)

Porque David no era arrogante, sino moderado, y no buscaba la muerte de otras personas, si podía evitarla, aunque era el gobernante de la nación Hebrea, y su palabra era una orden; porque había aprendido una lección de la muerte de Urías, el Hetita, a quien mandó a matar, para poder apoderarse de Betsabé; y sintió que Dios había traído derramamiento de sangre entre sus propios hijos en retribución; además fue, como he dicho, cariñoso y tolerante en su naturaleza. Por lo tanto, según las ideas religiosas de su tiempo, sintió que su posición peligrosa se debía a la acción de un Dios, que se vengó por sus pecados, y él se resignó a lo que él creía era la decisión de Dios, en lo relacionado con la sublevación de Absalón. Estuvo equivocado aquí, pero esto se debía a la ignorancia en su época, y de hecho, también en la tuya, que el Padre Amoroso no se venga ni castiga, sino que el hombre se castiga a sí mismo en su propia consciencia, y que esta es una ley existente en el mundo de los espíritus.

Por lo tanto David dijo: "He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha a mi vida; ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, que el Señor se lo ha dicho. Por ventura el SEÑOR mirará a mi aflicción, y me dará el SEÑOR bien por sus maldiciones de hoy." (2 Samuel 16:11–12)

Y así, cuando David y sus hombres continuaban su retirada, Simei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo.

Ahora, cuando Absalón fue destruido en el bosque de Efraín, en Jordán, sólo unas pocas millas al sur del lugar natal de Eliseo, el profeta, y David estaba regresando victorioso a Judea, el mismo Simei se dirigió apresuradamente a Gilgal, justo al oeste del río Jordán, para encontrarse con David. Y vino con mil hombres de Benjamín, y miembros de la casa de Saúl; y se postró delante del rey, rogando: "No me impute mi señor mi iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día que mi señor el rey salió de Jerusalén, para guardarlos el rey en su corazón; Porque yo tu siervo conozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey."

Pero Abisai dijo a David: ¿No ha de morir por esto Simei, que maldijo y apedreó al ungido del Señor?" ( 2 Samuel 19: 19 – 21)

Pero si David le había perdonado la vida a Simei en los tiempos de su gran tribulación y amargura, y cuando Simei lanzaba piedras y maldecía, ¿cuánto más David estaba inclinado a perdonarle la vida al mismo hombre, en un momento de victoria, la que él, en fe sincera, atribuía al Señor? Y David respondió: "¿Qué tengo yo contigo, hijo de Sarvia, que me habéis de ser hoy adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel?". . . . Y David dijo a Simei: "No morirás." ( 2 Samuel 19:22-23) Y aquí una vez más, encontramos el noble corazón de David, con un sentido de misericordia y generosidad, que no tiene igual en su tiempo de un hombre, que actuaba como las condiciones bárbaras de su siglo se lo dictaban.

Ahora, antes de continuar con David, deseo informarte acerca de la frase: "¿Qué tengo yo contigo, hijo de Sarvia?", la que fue sacada de la historia en el Antiguo Testamento, e colocada por escritores del Nuevo Testamento en mi boca como sigue: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha venido mi hora." (Juan 2:4) De eso se supone, que yo lo había dicho en la fiesta de boda en Caná, según Juan, el Evangelista. No hace falta decirlo, ni convertí agua en vino, pues yo no fui Dionisio, el dios de la uva, ni me dirigí jamás a mi madre como "mujer." Esta frase fue insertada en esta fábula, asociándome con el Rey David, mi ancestro, remontándose mil años atrás, y con la alianza Davídica, de la que soy el cumplimiento.

Los escritores del Nuevo Testamento causaron un gran dolor de cabeza a la antigua iglesia, por el uso de la palabra "mujer", en vez de hacerme decir María, o madre. Muchos autores trataban de justificar esta palabra, porque suena irrespetuosa al oído. Bien, deseo repetirlo, que nunca la dije, ni realicé el milagro en su contexto. La palabra "mujer" se utilizó, a fin de establecer un paralelo a la construcción en el Antiguo Testamento "hijo de Sarvia," es decir, sin dar el nombre ni la relación. Pues tienes que saber, que tanto Abisal, como Joab fueron los sobrinos de David por su hermana Sarvia, y ya que se registró que David no había utilizado sus nombres, ni los había llamado sobrinos, así los escritores del Nuevo Testamento no utilizaron el nombre María, ni indicaron la relación "madre." Me alegra poder dar esta explicación en este momento, y los Cristianos, que lean esto, quizá se den cuenta de que estas palabras realmente provienen de Jesús de la Biblia, y son la verdad.

Quisiera saltar aquellos eventos en la rebelión contra David, que relatan la crudeza de aquel entonces, y las conspiraciones y batallas, pero sí quisiera mencionar a Husai, el amigo de David, quien permanecía en Jerusalén para contrarrestar a Ahitofel, el consejero del rey, que conspiraba con Absalón; y también deseo mencionar a Jonatán, el sobrino de David, y a Ahimaas, el hijo del sacerdote Sadoc, quien se escondió en el pozo en Bahurim, para escapar de los exploradores de Absalón, y para entregar a David los planes de su hijo rebelde; también a la mujer, que tapó el pozo con trigo majado, para frustrar a los perseguidores; y a Sobi, el Amorreo, y al anciano patriarca Barzilai, de Galaad, quien trajo alimento y equipo, para nutrir a David y a sus hombres en Mahanaim.

La batalla decisiva se luchó en la zona boscosa de Efraín, en lo que hay es Jordania, y los hombres de Absalón no fueron reto alguno para los hombres poderosos de David. El ejército de Absalón estaba bajo el comando de Amasa ben ltra, un Israelita, que había violado a la tía de Joab y a la sobrina de David. Él y otro rebelde, Seba ben Bicri, cayeron. Mientras tanto, el amor de David por Absalón seguía sin disminución. Su primer comando a sus generales fue: "Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón." ( 2 Samuel 18:5) Y fue una orden dada en público, para que el pueblo y los soldados comprendiesen los deseos del rey.

Porque si David era suficientemente misericordioso para perdonarle la vida a Simei, quien era un enemigo abierto, y miembro de la casa vencida de Saúl, ¿no le perdonaría la vida a su propio hijo, aunque este fuese tonto y ambicioso? Y David quiso castigar a su hijo, pero no matarlo. Y pensó que Absalón podía ver la luz después de su derrota, y estuvo dispuesto a perdonarle su ofensa, muy parecido al Padre del hijo pródigo, cuya parábola yo enseñaba en mi misión como el Mesías. Porque donde existe amor, existe también misericordia, justo como el Padre Celestial es todo misericordioso, porque ama a Sus hijos con un Amor, que supera la comprensión de la humanidad, aun cuando estos hijos ideen la maldad y trabajen aflicción al Padre. Y por lo tanto, David, en su pena y preocupación por su hijo desviado, mostraba aquella misericordia y aquel amor, lo que comprobaba que era un hombre de Dios.

Pues es un hecho, que la seguridad de Absalón significaba más para David, que el reino. Cuando los corredores llegaban, para reportar el rey las noticias de la batalla, sus primeras palabras no fueron: "¿Gané el día? ¿Sigo siendo rey?" Sino sus primeras palabras, con las que averiguó, mostrando el desasosiego que sintió por su hijo, fueron: "¿El joven Absalón está a salvo?" (2 Samuel 18:29)

Y cuando se enteró, de que Absalón había muerto, el rey se turbó, y se subió a la sala, que había encima del pasaje abovedado, en la entrada a la ciudad, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!" (2 Samuel 18: 33)

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

18: La alabanza de Dios por el Rey David

 

Recibido el 22 de Diciembre de 1958

Yo estoy aquí, Jesús

Estos sermones sobre el carácter del Rey David, que subrayaron los episodios mostrando su bondad esencial de corazón, en la difícil posición de líder de los ejércitos de Israel, durante las guerras de la nación contra sus vecinos hostiles, trataron de explicar, por qué David fue llamado un hombre según el propio Corazón de Dios. Precisamente por esta bondad de corazón, la que él fue capaz, en su mayor parte, de mantener a pesar de las brutales condiciones que prevalecían, fue llamado así.

Ahora voy a referirme brevemente a varios ejemplos más, del amor de David, lleno de misericordia y control propio, y luego dedicarme a los Salmos, que nos fueron transmitidos bajo su nombre, pues las canciones, que él componía, no sólo dominaban el pensamiento de aquellas, que fueron escritas por otros autores posteriormente, sino también ayudaban a guiar a muchos de las demás, por cierto, en el aspecto de la acción de gracias a Dios, lo que llegó a formar parte de los rollos del Mar Muerto.

En primer lugar, deseo relatarte, lo entristecido que David estaba, cuando, el General de las fuerzas de Saúl, fue asesinado por Joab, el sobrino de David. Abner había muerto al hermano de Joab, en la lucha entre los seguidores de David y Saúl, por la posesión del trono de Israel. Posteriormente, Abner buscó la paz con David como regente, pero cuando salió de Hebrón, después de una reunión con David, fue asesinado en venganza de sangre por Joab. El rey sintió que esto era traición, pero las costumbres de aquel entonces insistían en semejante desquite, no sólo en la persona del asesino mismo, sino en cualquiera de su parentela, aunque fuese totalmente inocente. Sucedió en obediencia a estas costumbres, que David entregó lo siete hijos de la Casa de Saúl a los Gabaonitas, como lo registra el Segundo Libro de Samuel, capítulo 21, y lo siete hijos inocentes pagaron el precio de las acciones de su padre contra este pueblo por la ejecución en la horca. La acción de devoción de Rizpa, protegiendo los huesos de Aja, su padre, y a las otras víctimas, conmovió a David, y él ordenó que se les diera un funeral decente, en la tumba familiar en Zela, en el país de Benjamín.

Así ves, en lo que se refiere a Joab, David no pudo hacer nada contra él, pues los tiempos eran salvajes; pero David, con una perspicacia espiritual superior, comprendió que el asesinato de Abner no era justo, no obstante las costumbres del país, y emitió una declaración pública, proclamando su inocencia de la muerte de Abner. Ordenó atuendo de luto por Abner, mandó sepultarlo en Hebrón, y asistió personalmente en al servicio. David, llorando en su tumba, compuso un canto fúnebre, lamentando su muerte, como víctima de la iniquidad humana.

Joab, por supuesto, también fue responsable de la muerte de Absalón, a quien, como sabemos, David amó con tanta ternura, y la desobediencia de Joab de las ordenes específicas de David, de perdonar la vida la vida de su hijo desviado, atravesándolo con flechas, cuando Absalón colgaba sin posibilidad de defensa de un árbol, provocó l acumulación de un intenso resentimiento, del que David jamás pudo despojarse. Y el asesinato de Amasa por Joab, cuando el primero era el capitán de la hueste de Judá (2 Samuel, Capítulo 20), David sintió que, si bien él mismo no se vengaría de Joab, su sucesor en el trono tenía que desembarazarse de un hombre, que le podía causar graves problemas. Y por lo tanto, encargó a su hijo Salomón (a quien prefería a Adonías, para complacer a Natán, el profeta, y Betsabé), que matara a Joab, y también a Simei, cuyos insultos seguían causándole rencor, cuando Salomón llegaría a ser el rey. Salomón obedeció, no tanto porque eran las instrucciones de David, sino porque Joab se había unido a un movimiento, para coronar a Adonías, y porque el nuevo rey no necesitaba mucho pretexto, para eliminar a una persona, que había calumniado a su padre, como miembro de una casa rival.

En estos actos finales, el papel de David ciertamente no era digno de elogio, no obstante las provocaciones, pero David, en sus últimos días de enfermedad y endeblez, ya no era la misma persona, cuya nobleza de alma arde tan esplendorosamente en sus muchas gentilezas hacia Saúl y Jonatán, hacia Abigail y Absalón, de hecho, hacia el mismo Simei, y hacia tantos más, cuya lealtad para él en sus circunstancias de angustia, nació de la semilla de aquel cariño y misericordia, que había derramado sobre ellos.

Este amor humano, que de este modo caracterizaba a David, el rey, en sus acciones, cuando se lo contempla en la luz de su época y posición excelsa en la vida, quizá sea comprendido mejor, cuando se lo complementa por un estudio de sus Salmos, los que escribió en varios intervalos de su vida, partiendo de sus días como arpista en la corte del rey Saúl, hasta sus experiencias con sus enemigos adentro y afuera de Jerusalén. Sus temas principales, lo que se puede anticipar por su vida, fueron la alabanza de Dios por Su Cariño y Misericordia, el reconocimiento de Su Fuerza y Poder en el universo físico, y su confianza en Dios, especialmente cuando las cosas lucían negras, debido a las condiciones y el pueblo hostiles. Estos temas, y otros, los consideré a medida como aparezcan. Estos Salmos de David, o en los que David tuvo su mano, fueron aproximadamente setenta, todos del Libro 1, con excepción de Salmo 1, y en el Libro 2, los registrados con los números entre 50 y 72, excepto 66 y 67. Los demás, están esparcidos en los otros tres libros, y hablaré sobre ellos también.

Estos Salmos de David, y los sumados a los mismos por Asaf, su músico, y por otras personas, llegaron a formar el libro de himnos del Segundo Templo, construido por Salomón, y eran una gran fuente de inspiración religiosa para la gente. De hecho, el Salterio, o como los Hebreos lo llamaban, el Libro de Alabanzas, daba valiosa ayuda y consuelo no sólo a los Judíos, sino también a los Cristianos durante muchos siglos, y los inspiraba a tener mayor confianza en Dios y fe en Su Misericordia.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

19: David expresa su concepto de Dios en sus Salmos

 

Recibido el 2 de Enero de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

Los Salmos de David, y aquellos escritos bajo su inspiración, son canciones de varios talantes — desde la alegría y exultación, hasta la aflicción, la penitencia y la desesperación. Son canciones de alabanza de Dios, esperanza y fe en Su Bondad y Misericordia, en el conocimiento de alma, que sólo la fe en Dios puede darle la fortaleza interior al hombre, para seguir adelante en vista de eventos y circunstancias hostiles, y contar con la liberación definitiva. Es el conocimiento, que el alma tiene, que Dios es la roca de salvación para el hombre, por lo que el obediente de la Ley de Dios, evitando el pecado, tendrá un lugar seguro con Dios, y además, que Dios liberará al hombre de la maldad del mundo material por esta fe. Estas canciones eran oraciones, que el alma destinaba a Dios en gran suplicación y petición, naciendo de la necesidad desesperada del alma por ayuda y certeza. Son canciones de acción de gracia por la Misericordia de Dios, canciones de gratitud y alabanza, canciones de confesión de pecado y fechorías, canciones por la fuerza para superar el mal, felicidad por la compañía Divina, y consciencia de fuerza renovada, a través de la respuesta de Dios a la oración. Y adicionalmente, existen canciones públicas o nacionales de batalla y victoria, plegarias por la liberación de la nación fatigada por la guerra, himnos de odio y venganza contra el enemigo, y por supuesto, canciones describiendo la vida y celebraciones cortesanas. Por lo que los Salmos son una colección de oraciones, que encajan en casi cualquier sentimiento, actitud y aspiración del alma humana.

Estos Salmos, pues, son una fase diferente del tema, que he estado discutiendo, porque si bien hasta ahora expliqué el Antiguo Testamento en términos del amor humano por el prójimo, por su percepción de las Leyes de Dios, a través de la creación de su alma humana, la lectura de los Salmos de David y de aquellos, que seguían su ejemplo, me llevan ahora a la consideración del amor del hombre por Dios, y su relación con Dios, como la suprema creación viviente del Padre en las inmediaciones materiales, en las que ha sido situado. Y verás, en la medida en que continúe con estos sermones, que la respuesta emocional a Dios, como el Creador viviente, eterno del universo, en términos de amor, confianza y deseo de acercarse más a Dios, por la obediencia a las leyes de conducta, reveladas a través de los líderes religiosos Hebreos, fue un paso necesario en el avance del alumbramiento espiritual del hombre, para que Dios responda con Su Promesa del Amor Divino, como medio para unir a Sus hijos con Él en la unidad de alma.

Ahora, el concepto de Dios de David se expresó de varias maneras. Le pintó, en el Salmo 18, por ejemplo, como un Dios amable de guerra, o dios de trueno, quien, de acuerdo con las creencias de las tribus Semitas, tenía un interés activo en Su pueblo, o en aquellos, a los que favorecía, y los salvaba de la muerte en batalla o por los enemigos. Y así, en el Salmo 18, David escribió, que en el peligro y las ambigüedades de la batalla, su único recurso era volverse a Dios, en quien ponía toda su confianza, y a quien amaba: 

Te amaré, oh Señor, fortaleza mía.

Señor, roca mía y castillo mío,

y mi libertador; Dios mío, fuerte mío,

en Él confiaré; escudo mío,

y el cuerno de mi salud, mi refugio.

(Salmo 18: 1 – 2)

 Pero, por supuesto, la diferencia entre un dios de guerra del antiguo Fértil Creciente, y el Dios de David era sencillamente, que el último era un Dios de rectitud, que demuestra misericordia con los que obedecen Sus Estatutos de conducta ética: 

Hame pagado el Señor conforme a mi justicia:

Conforme a la limpieza de mis manos me ha vuelto.

Porque yo he guardado los Caminos del Señor,

Y no me aparté impíamente de mi Dios.

 

Pues todos Sus Juicios estuvieron delante de mí,

Y no eché de mí Sus Estatutos.

Y fui integro para con Él,

y cauteléme de mi maldad.

(Salmo 18: 20 – 23)

 Y en su gran convicción, David repite: 

Pagóme pues El Señor conforme a mi justicia;

Conforme a la limpieza de mis manos delante de sus ojos.

 

Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,

Y recto para con el hombre íntegro.

Limpio te mostrarás para con el limpio,

Y severo serás para con el perverso.

(Salmo 18: 24 - 26)

 David se refirió aquí a que la adherencia a las Leyes de Dios, de la rectitud en la conducta, crearía condiciones espirituales favorables para el alma obediente, y que la bajeza de corazón crearía condiciones de tinieblas en este mundo y el que sigue.

Pero si el lector está escandalizado, leyendo que David alabó a Dios, porque supuestamente le dio "la cerviz de sus enemigos," (Salmo 18: 40) permíteme recordarte, que en el tiempo de David, el concepto de Dios no incluía misericordia para los enemigos de uno, a los que uno tenía que destruirlos como enemigos de Dios.

Y cuando en tiempos de guerra y tribulación, David veía a Dios, como venía en nubes de truenos y relámpagos, en tiempos de paz y meditación, podía volverse a Dios, como se manifestaba en la grandeza de los cielos, y podía verle como el Creador del Universo — el Dios universal de todos los fenómenos naturales: 

Los cielos cuentan la gloria de Dios,

Y la expansión denuncia la obra de sus manos.

Día tras día, a través de toda la eternidad, se declara este discurso de gloria,

Y noche tras noche, en la vista de la luna y de las estrellas

en su curso, tenemos el conocimiento de Sus Leyes de los cielos.

(Salmo 19:1–4)

 Y cuando David escribió este Salmo, introdujo ciertas ideas, demostrando que poseía conocimiento de la astrología Caldea y de otras partes orientales, donde habla de las voces de los cielos, refiriéndose a las influencias de las planetas, con el sol como cuerpo gobernante, o como escribió David, el "novio que sale de su tálamo, alégrase cual gigante para correr el camino." (Salmo 19:5) David, por supuesto, quiso decir, que el sol podía compararse con un novio, saliendo en la madrugada después de una noche de sueño; La novia era la luna, cuya luz reflejaba la de su consorte.

Estos pensamientos pueden rastrearse atrás hasta la antigua adoración del sol, y posteriormente, encontrarás en las Escrituras el uso de la palabra "novio", señalando a Dios, casado con su esposa espiritual, Israel, Su Elegida, y seguramente estás consciente, que los teólogos Cristianos tomaron prestada esta palabra, para convertirme en un "novio", y para casarme con mi "novia," la Iglesia. Y así, David escribió: 

No hay dicho, ni palabras, Ni es oída su voz.

Por toda la tierra salió su hilo,

Y al cabo del mundo sus palabras.

En ellos puso tabernáculo para el sol.

Y él, como un novio que sale de su tálamo,

Alégrase cual gigante para correr el camino.

(Salmo 19:3–5)

 Pero justo como Dios ha creado el universo físico, así, dice David, ha creado el alma, y justo como la ley de los cielos es perfecta, así es la Ley de Dios para el alma, y los estatutos para el ser humano conducen a una alma perfecta. Por lo tanto, para David, el Creador del Universo es también el Creador de la vida espiritual del hombre, y el Dios de Justicia y Rectitud: 

La ley del Señor es perfecta, que vuelve el alma:

El testimonio del Señor, fiel, que hace sabio al pequeño.

Los mandamientos del Señor son rectos, que alegran el corazón:

El precepto del Señor, puro, que alumbra los ojos.

El temor del Señor, limpio, que permanece para siempre;

Los juicios del Señor son verdad, todos justos.

(Salmo 19:7–9)

 Por lo tanto, David busca la ayuda de Dios, para protegerle del pecado: 

...Líbrame de los [errores] que me son ocultos.

Detén asimismo a tu siervo de las soberbias;

Que no se enseñoreen de mí:

Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.

(Salmo 19:12–13)

 Que la comprensión de David de su religión era claramente una relación personal entre Dios y el alma individual, y como tal, una tremenda influencia sobre los profetas, (especialmente los autores de los Libros de Isaías y Jeremías), queda demostrado muy lúcidamente en el Salmo 32, en el que David buscó el perdón del pecado. Sufriendo en su consciencia por la maldad en sus acciones, David no conocía otro camino para lograr la paz mental, que venir ante el Tabernáculo del Señor, para confesar su iniquidad, y buscar Su Perdón. Un hombre, cuyo pecado es perdonado por Dios, era, como pensaba, bendito. Y así escribió con toda la sinceridad de corazón: 

Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas,

y borrados sus pecados.

Bienaventurado el hombre a quien no imputa el Señor la iniquidad,

Y en cuyo espíritu no hay superchería.

Mientras callé, envejeciéronse mis huesos En mi gemir todo el día.

Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;

Volvióse mi verdor en sequedades de estío.

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.

Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones al Señor;

Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.

(Salmo 32:1–5)

Así, David sintió que, si venía ante el Señor, y sinceramente se arrepentía de sus fechorías, buscaba la absolución, el Padre no retendría Su perdón, y es un hecho, que David, volviéndose de este modo a Dios humilde y contritamente, fue capaz de obtener la paz, una paz asequible por el nivel superior en la condición de su alma, facilitado a través del remordimiento y la penitencia.

 In Salmo 41, David estuvo enfermo, y oró para que Dios le liberase de su enfermedad. También estuvo consciente agudamente, de sus deficiencias espirituales, y rezó para que Dios sanara su alma — es decir, le llevara a actuar y pensar en conformidad con los Mandamientos de Dios, para que su alma se desprendiera del pecado y de la maldad. Deploró el hecho, de que sus enemigos se alegrarían, si él muriera. Aquí, David tenía que pensar en los que le habían traicionado, que se vio obligado a huir de Jerusalén, en el tiempo cuando su hijo Absalón se rebeló contra él; Ahitofel, su consejero, se quedó atrás, para dar la bienvenida a Absalón, y aconsejarle un ataque inmediato contra David — un consejo, si hubiese sido aceptado, sin duda alguna habría llevado al hijo a la victoria, causando un desastre para David. También pensó en Mefi-boset, hijo de Jonatán, a quien David mantenía en su mesa y colmó de cariño, porque él también se quedó atrás, para ofrecer la bienvenida a Absalón, con la esperanza de obtener predios y privilegios, como nieto del rey Saúl. Por lo tanto, David lamentó en el Salmo 41: 

Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba,

el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar.

(Salmo 41:9)

 Una vez más, en el Salmo 55, David también se quejó de la falsedad de aquellos, que habían estado en su compañía, pero David siempre regresó a su tema de la confianza en el Padre, a quien se volvió en tiempos de tribulación, y gritó: 

En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado,

Y me has hecho estar delante de ti para siempre.

Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,

Por siglos de siglos.

(Salmo 41:12–13)

 En este lugar, deseo mencionar el uso, que ciertos eclesiásticos dieron a estos eventos en la vida de David, como reflejados en los Salmos que escribió, porque fueron interpretados como si David hubiese profetizado la traición de Judas del Cristo, aproximadamente mil años después, y esto no es verdad, porque si bien David tenía una comprensión espiritual de la religión más allá de su época, no era capaz de predecir eventos tan lejos en el futuro, y de hecho, incluso nosotros, los espíritus de los Cielos Celestiales, no podemos ver un siglo en adelante con una exactitud tan detallada, pero un milenio, pero es un hecho, que el comportamiento humano puede predecirse sobre la base del conocimiento del corazón de una persona, y acciones de ingratitud se registran constantemente como resultado de condiciones deplorables de alma. En lo relacionado con las analogías señaladas entre Ahitofel, Mefi-boset y Judas, permíteme afirmar aquí, que son insostenibles, porque Ahitofel fracasó, su consejo rechazado en favor de la asesoría de Husai, totalmente diferente de las consecuencias de la acción de Judas, aunque ambos se suicidaron. El caso de Mefi-boset fue, por supuesto, ingratitud sin más ni más. Creer que la noción, de que David preveía eventos, que sucedieron durante mi ministerio, basándose en sus propias experiencias, significa crear los arrecifes, delante de los que muchas personas racionales suspenden la lectura del relato en el Nuevo Testamento de mi vida y misión.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

20: El segundo Salmo de David no alude a Jesús

 

Recibido el 3 de Enero de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

En el último sermón, he estado considerando los Salmos de David desde el punto de vista de un acercamiento íntimo del hombre al Padre, donde Dios esencialmente no es visto como la antigua deidad tribal y de la comunidad, en la que el alma individual se hunde en la concepción de un dios nacional, sino donde el ser humano, en su propio derecho como entidad viviente, se dirige a Su Hacedor, y busca de Él aquel consuelo, aquel amor, aquel poder, que le ayude a combatir la maldad en su alma, y a través de la oración y la conducta ética más elevada, demuestra su confianza en el Padre para fortalecerle en sus luchas diarias en una existencia sombría, y le salva de aquellos enemigos y fuerzas hostiles, con las que tiene que contender, y las que tiene que superar para sobrevivir.

Por eso he señalado, como David veía al Padre — desde un dios de tormenta, guerra y batalla, ayudando a su pueblo elegido, los Hebreos, hasta un Dios de rectitud, aborreciendo maldad y pecado, incluso un Dios, quien es el rey y Creador del universo. Con el tiempo, fue el concepto de Dios como legislador para la obtención del alma perfecta, a través de la conducta correcta hacia l prójimo, y confianza en la Misericordia del Padre, que nos guía a la actitud más noble de David hacia Dios, con la perspicacia, tanto más admirable, que se evidencia siglos antes de los grandes profetas, que Dios es Dios no sólo en el universo físico y de las naciones, sino también del ser humano, del alma individual, que Él ha creado, y que este ser humano es importante para Dios, cuidado y protegido por Dios, a quien puede volverse en tiempos de angustia, y buscar Su Protección. Es verdad, cómo no, que supersticiones seguían existiendo en el reinado de David, porque David no estuvo libre por completo de las ideas preponderantes de su época. Pero el hecho, de que se manifiesta una perspectiva superior y más ética en sus Salmos, es un tributo duradero a su profunda comprensión de Dios y de la auténtica religión.

Dentro de este marco, David se consideró a sí mismo como el ungido del Señor; es decir, el representante de Dios en la tierra, como regente de Su pueblo elegido. De esta manera, David de hecho se consideró el Mesías, pues para David. "Mesías" sencillamente significaba rey del pueblo de Dios, con la misión de establecer su pueblo como la primera nación en el mundo entonces civilizado, y llevar la Palabra de Dios a los paganos. Con el auxilio de Dios, sintió que era imposible derrotarlo en la guerra con pueblos, que no conocían a Dios.

Esto, entonces, es el significado del Salmo 2, que en realidad es el primero de la colección. Fue escrito, cuando David como rey había derrotado una sucesión de fuerzas enemigas, Filisteas y de Trans-Jordania, y se sintió seguro, que con él como el rey ungido de Jehová, ninguna fuerza podía resistir su poder. Atribuyó sus victorias a Dios, y estas palabras: "Y yo envestí mi rey sobre Sión, el monte de mi santidad" (Salmo 2: 6), cuando pronunció: "Yo recitaré el decreto. El Señor me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy." (Salmo 2: 7) Esta afirmación, tengo que decirlo, fue puesta por David en los labios de Dios en su Salmo, por decirlo así, y se refirió a él mismo. No constituye ninguna alusión, como algunos han pensado erróneamente, a mi persona.

David entonces añade, que Dios le daría por herencia los gentiles, y que Dios los quebrantaría con una vara de hierro, y los desmenuzaría. Así ves, que David en este Salmo 2, habló como el soldado que fue. Yo nunca pude hablar, ni hablé jamás, de destrucción y muerte por la fuerza bruta, porque yo vine a traer a la humanidad el Amor Divino de Padre y paz para todos Sus hijos, sin consideración de su raza o religión, y si cuerpo a mis palabras de Amor, sanando a los cojos y paralíticos. No vine a destruir los cuerpos de hombres con la espada y la lanza, sino para sanar sus almas, como curaba su carne, y a pesar de eso, existen muchos, que se llaman a sí mismos Cristianos, y que profesan conocerme, y que están listos en su celo equivocado, para comprobar que este Salmo es mesiánico, y para atribuirme una intención destructiva, aunque conocen en su corazón, que su Cristo jamás pudo acariciar semejante propósito.

David continúa advirtiendo a los reyes gentiles, colindando con Israel, de tener cuidado — de desechar sus falsos dioses, y servir al Jehová Hebraico con temor. Les dice que le rindan homenaje a él, David, porque como el rey de Israel, ungido por Dios, él es el hijo de Dios, y les advierte, que no provoquen su ira, para que no sean exterminados por Dios en Su cólera. La última línea, "Bienaventurados todos los que en Él confían," no fue escrita por David, sino insertada posteriormente, como un final más pacífico y apropiado.

David, pues consideraba a sus enemigos como los enemigos de Dios, porque como hemos dicho, él se veía como el representante de Dios en la tierra, para diezmar a los paganos y su adoración de dioses paganos — una práctica, David sentía, que el Señor quería eliminar, para que toda la humanidad se volviese a Él. David, por lo tanto, sentía que luchaba las guerras de Dios — guerras santas — y la exterminación de los enemigos por él, se debía en gran medida a esta creencia. Por esta razón, la humanidad de David no se extendía a pueblos fuera del suyo, y explica lo que de lo contrario parece una gran contradicción entre sus acciones como individuo, y sus órdenes como rey de la nación Hebrea. Esta actitud hacia los enemigos conquistados no era, y tenemos que recordarlo, la convicción de David en particular, sino estaba arraigada profundamente en la tradición Hebrea, remontándose al Deuteronomio (Capítulo 7:2.): "No harás con ellos alianza, ni las tomarás a merced."

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

21: David lamenta las injusticias existentes en su reinado

 

Recibido el 4 de Enero de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

Deseo continuar con mis sermones sobre los Salmos de David, y los que fueron continuados bajo su influencia, para señalar, como los Hebreos se volvieron a Dios por confianza y fortaleza, para superar las amenazas y luchas de la vida terrenal, y por consuelo en sus horas de luto.

Mezclado con los diferentes temas religiosos, que constituyen la diversidad de los Salmos, existe una consciencia de la responsabilidad del hombre de acciones y conducta éticas hacia el prójimo en la nación Hebrea, como hijos del Dios Viviente, que demanda rectitud y moralidad. David mismo pudo atestiguar elocuentemente las perversiones y la maldad, que vio en su propia corte, y pudo — y lo hizo — confesar su propia maldad en el trato con otras personas, como su tratamiento de Urías, el Hetita, con tanto pesar nos recuerda, sin embargo, su penitencia le hizo sentirse libre para denunciar la injusticia social, como la veía en su propio dominio — la opresión de viudas y del huérfano, asesinato y explotación de los pobres. Comprendió que Dios ama la rectitud, y de hecho, pudo escribir de Él: "Al recto mirará su rostro." (Salmo 11:7)

En Salmo 10, David deplora los males sociales alrededor de él: 

Con arrogancia el malo persigue al pobre;

sean tomados en los pensamientos que pensaron.

Por cuanto se alabó el malo del deseo de su alma,

y diciendo bien al robador, blasfema del Señor.

El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios.

No está Dios en todos sus pensamientos.

Sus caminos atormentan en todo tiempo;

tus juicios son altura delante de él;

echa bocanadas en orden a todos sus enemigos.

Dice en su corazón: No seré movido en ningún tiempo,

porque no me alcanzará el mal.

Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude;

debajo de su lengua, molestia y maldad.

Está en las guaridas de las aldeas;

en los escondrijos mata al inocente; sus ojos están acechando al pobre.

Acecha de encubierto, como el león desde su cama;

acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo en su red.

(Salmo 10:2–9)

 

David expresa de este modo su compasión con la persona humilde y pisoteada, y pidió el escudo de Dios para los pobres contra aquellos, que trataban de explotarlos. Y rezó a Él, para que auxiliase a los pobres, porque sentía, "... a ti se acoge el pobre, tú eres el amparo del huérfano." (Salmo 10:14) Y vuelve a hacerlo en el Salmo 9: 

Y será el Señor refugio al pobre,

refugio para el tiempo de angustia.

Y en ti confiarán los que conocen tu nombre;

por cuanto tú, oh Señor, no desamparaste a los que te buscaron.

(Salmo 9:9–10)

 De hecho, David escribió de estas injusticias, porque en su reinado, él no fue la persona que se preocupaba de la administración de justicia en su reino, con la mano firme, que los tiempos exigían, y David conocía en su corazón, que no había hecho, lo que un monarca verdadero tenía que hacer, para garantizar una justicia equitativa en su país. Es la verdad, que David se había dedicado principalmente al fortalecimiento de la nación Hebrea contra vecinos hostiles, y su mayor preocupación había sido el establecimiento de su reino en un firme cimiento militar, para instilar a los otros poderes en su frontera temor de los Hebreos y de su Deidad, Jehová, y en este respecto, había triunfado de una manera asombrosa; y tan grande, por cierto, fue su triunfo, que David sintió que debía su victoria, como dije con anterioridad, al poder de Dios.

David se dio cuenta, de que fue incapaz de emprender la tarea de reorganizar los deberes del gobierno y u funcionamiento, para el beneficio de sus súbditos, y lamentó esta incapacidad. También le costó caro, porque una de las aseveraciones hechas por Absalón fue, que fue él que se preocupaba del bienestar del pueblo, y no David, y esta idea gozó de bastante popularidad en los tiempos de sublevación contra el rey.

Y una vez más, los esfuerzos de David en tiempos de paz, se destinaban a la reparación para la guerra, y su censo del pueblo, que fue impopular y le causó considerable bochorno a través de una plaga que seguía, fue instituido con la finalidad de obtener una estimación del número de tropas, que podía tener a su disposición en el caso de futuras hostilidades.

Así que, cuando David escribió Salmos sobre la justicia en el reino, uno puede sentir el toque de pesar o frustración, con el que fueron escritos; la justicia se contempla como una clase de ideal, que será dispensada por Dios, y no por David, Su gobernante. Más en línea con sus propias convicciones, y más cercana a su naturaleza, la religión era para él algo, que había que trabajarla, no sólo en lo relacionado con su propia relación con Dios, sino también en cuanto a la relación, que supuestamente tenían que mantener Dios y Su pueblo. Por lo tanto, David estaba interesado en un Templo para su pueblo, el que fue incapaz de construir, a causa de los esfuerzos y tesoros, destinados a las guerras, que hacían de Israel una nación, con la que sus vecinos tenían que contar en aquel entonces.

Ahora, David estuvo consciente de estas limitaciones y defectos en su reinado, especialmente en el área administrativo de la justicia, pero escribió de ellos de todas maneras, como tema que no se podía ignorar, y porque este tema tenía una parte importante en su concepto del Padre, el Dios que demandó justicia y rectitud de grande y pequeño, de gobernante y gobernado, de rico y pobre, de igual forma.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

22: David contempla la vida después de la muerte

 

Recibido el 10 de Marzo de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

En mi último sermón, he indicado brevemente, en algunos de los Salmos, cómo David realmente lamentó, que la justicia bajo su administración era algo, que no se había logrado con éxito, porque los esfuerzos por establecer un fuerte reino, habían retirado sus energías de los asuntos domésticos.

En este sermón, deseo mostrarte que David, si bien intensamente preocupado por los problemas de su reino, y por la importancia de una vida moral, adherente a la alianza, que el Padre había celebrado, como él lo entendía, con los patriarcas de su pueblo, estaba, a pesar de ello, profundamente interesado en el problema de la muerte. El Salmo 16 introduce este tema a los cantores de los Salmos y fieles hebreos que, por su fe en Dios, no podían desasociar la idea de la existencia después de la muerte física, del pensamiento, de que una correcta conducta según Sus Mandamientos, tiene que ser recompensada, si no en el mundo material, entonces en el venidero, y que esto también tenía validez para aquellos, que violaban Sus Estatutos, en forma de un castigo apropiado.

Por supuesto, la concepción de la inmortalidad es compleja, y corre en la consciencia humana durante largos períodos de tiempo; otras civilizaciones anteriores a la Hebraica estuvieron también interesadas en la muerte y la vida después de la muerte, y no se debe suponer, que David era o un innovador o que, como algunos comentaristas de los Salmos consideran, serios escritos sobre este tema no podían ser compuestos entre los Hebreos, excepto por los profetas, siglos después de la época de David. Tienes que comprender, sin embargo, que muchas manos se metían, después de que David y su compositor en la corte habían completado sus canciones, y que adiciones y revisiones continuaban constantemente, muy frecuentemente con material contrario a lo que David había dicho o pensado, sencillamente porque nuevas edades trajeron consigo ideas frescas, y estas, mezcladas con las canciones originales, resultaban en un confuso cuadro de lo que estos Salmos originalmente eran. Una de estas mezclas se encuentra en el Salmo 16, y el lenguaje no siempre es el de David, pero no necesitamos vacilar dando el crédito a David de la expectativa de la vida después del óbito mortal: 

Al Señor he puesto siempre delante de mí:

Porque está a mi diestra no seré conmovido.

Alegróse por tanto mi corazón, y se gozó mi gloria:

También mi carne reposará segura.

Porque no dejarás mi alma en el sepulcro;

Ni permitirás que tu santo vea corrupción.

Me mostrarás la senda de la vida:

Hartura de alegrías hay con tu rostro;

Deleites en tu diestra para siempre.

(Salmo 16: 8 – 11)

 

Uno no necesita sorprenderse por semejantes ideas en las canciones de alabanza a Dios de David. Los antiguos Hebreos jamás habían abandonado realmente su primitivo culto de los muertos, aunque este era visto de mal ojo por los profetas, como inconsistente con la completa devoción a Jehová. Los Hebreos tenían su Sheol, o foso de los muertos, y su refaím, o fantasmas de los difuntos. Era natural para David, concebir la vida después de la muerte de esta manera, y él pensaba de la misma con repugnancia. También conocía, que Saúl había buscado la sombra de Samuel, y que el último había aparecido realmente, para hacer sus vaticinios. Esto es un fenómeno, del que te das cuenta, que realmente aconteció, y que la mujer de Endor era nada más que una médium, cuya actividad estaba prohibida, porque los Hebreos en aquel entonces, se inclinaban mucho a levantar a los "espíritus familiares".

Las meditaciones de David sobre este tema, también incluían el conocimiento, de que Enoc, en el Libro del Génesis, había sido trasladado al cielo, sin sufrir la muerte física, una clase de suposición atribuida mucho después a Elías, el profeta de Israel, y en la era cristiana, a mi madre, una pieza de credulidad piadosa que, tengo que decírtelo, ella deplora de todo su corazón. En lo relacionado con la fecha del Libro del Génesis, que por supuesto fue fijado en su forma final siglos después de la muerte de David, debemos comprender, que seguían existiendo muchos fragmentos y fuentes, de los que los editores podían depender en su información, y la referencia a Enoc se encontraba entre los mismos.

Ahora David, como conocemos, se consideró el ungido de Dios, y por lo tanto, su "santo", que lo representaba en la tierra. En su Salmo, por lo tanto, David sintió, que el Dios Omnipotente, que había extendido Su mano, como David pensaba, para asegurarle una gran nación Hebrea, podía de la misma manera extenderle, como lo había hecho para Enoc, un traslado al cielo sin ver la corrupción, para vivir con Él para siempre en el paraíso.

Los cristianos, por cierto, por lo general han considerado el Salmo 16 como mesiánico, y los versos ". . . Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; Ni permitirás que tu santo vea corrupción," son para ellos una alusión a mí, su Cristo. Ellos creen, que esto representa una profecía con referencia a mi resurrección a la vida física después de mi muerte. Creen que abandoné el sepulcro de mi Padre en el mismo cuerpo, que había muerto en la cruz. En esto, sin embargo, están equivocados pues, como yo he explicado anteriormente en un mensaje a través del Sr. Padgett, resucité en un cuerpo formado de los elementos, después de haber desmaterializado el que había sido destruido.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

23: Jesús explica el Salmo 18

 

Recibido el 10 de Abril de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

Deseo discutir ahora el 18, que también aparece en el Segundo Libro de Samuel, Capítulo 22, bajo el título "La canción de David de liberación." El autor afirma que "el Señor le había liberado de las manos de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl."

Ahora este Salmo es importante, porque muestra como David se dio cuenta, en qué aprieto más desesperada él había sido colocado, primero por Saúl, y entonces por otros enemigos, y cómo él atribuía a Dios su salvación de estos adversarios. Existen diferencias en el idioma entre esta canción, como aparece en el Libro de Samuel, y como consta en el salterio, que te facilitará comprender más a fondo, que los escritos de David fueron revisados constantemente por otras personas, por lo que críticos muy a menudo llegan a la conclusión, de que estos Salmos no fueron escritos por David. Adicionalmente, los temas que el rey trataba, fueron expandidos y elaborados con frecuencia, por Salmistas que vivieron mucho tiempo después de él, por lo que sus pensamientos y emociones se proyectaron a través de los mismos hombres hacia edades mucho más allá de la suya, lo que nos permite percibir la tremenda fuerza, que David ejercía sobre siglos de pensamiento hebreo posterior. Era como un reconocimiento de esta influencia sobre sí mismos, que posteriores Salmistas escribían sus canciones bajo el título" Un Salmo de David.

El capítulo 22, del Segundo Libro de Samuel, puede leerse muy fácilmente por cualquiera, que tenga en su posesión una copia del Antiguo Testamento, pero para mi propósito esta noche, deseo citar algunos de los versos contenidos en el mismo:  

... El Señor es mi roca, y mi fortaleza, y mi libertador;

Dios de mi roca, en él confiaré:

Mi escudo, y el cuerno de mi salud,

mi fortaleza, y mi refugio;

Mi salvador, que me librarás de violencia.

Invocaré a Jehová, digno de ser loado.

Y seré salvo de mis enemigos.

Cuando me cercaron ondas de muerte,

Y arroyos de iniquidad me asombraron,

Me rodearon los dolores del infierno,

Y me tomaron descuidado lazos de muerte.

Tuve angustia, invoqué al Señor,

Y clamé a mi Dios: Y él oyó mi voz desde su templo;

Llegó mi clamor a sus oídos.

La tierra se removió, y tembló;

Los fundamentos de los cielos fueron movidos,

Y se estremecieron, porque él se airó.

Subió humo de sus narices,

Y de su boca fuego consumidor,

Por el cual se encendieron carbones.

Y abajo los cielos, y descendió:

Una oscuridad debajo de sus pies.

Subió sobre el querubín, y voló:

Aparecióse sobre las alas del viento.

Puso tinieblas alrededor de sí a modo de pabellones;

Aguas negras y espesas nubes.

Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes.

El Señor tronó desde los cielos,

Y el Altísimo dio su voz;

Arrojó saetas, y desbaratólos;

Relampagueó, y consumiólos.

Entonces aparecieron los manantiales de la mar,

Y los fundamentos del mundo fueron descubiertos,

A la reprensión dl Señor,

Al resoplido del aliento de su nariz.

Extendió su mano de lo alto, y arrebatóme,

Y sacóme de copiosas aguas

Libróme de fuertes enemigos,

De aquellos que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo.

(2 Samuel 22:2–18)

 Si comparas las versiones del mismo Salmo, una en el Segundo Libro de Samuel, y la otra en el Salterio, ves que la última contiene la primera línea" Te amaré, oh Señor, fortaleza mía," y palabras como escudo, "dolores del sepulcro," "mi fortaleza," repetidas varias veces. Por el otro lado, la versión en el Segundo Libro de Samuel omite la primera línea, pero agrega "y mi refugio," y también "me librarás de violencia," en la línea 4. Yo podría decirte, que la versión en el Segundo Libro de Samuel es la más auténtica, pero que ambas contienen cosas, que David jamás dijo. Por ejemplo, leemos en ambas versiones: " Él oyó mi voz desde su templo"; bien, no había Templo en la era de David, pues el Templo todavía no se había construido hasta que Salomón reinó, pero había un tabernáculo, y ese fue la palabra de David. Sin embargo, en la medida en que los Salmos fueron revisados, la palabra que mejor encajaba en los tiempos, se utilizó, y "templo" reemplazó "tabernáculo". Así adquieres cierta idea, de lo difícil que es determinar, lo que es de David, y lo que no lo es, por lo que, si bien los críticos han hecho un serio trabajo de reconstrucción, uno no debe estar dispuesto a aceptar sus conclusiones como ciertas.  

Salmo 18 (Una canción de la victoria)

 

AMARTE he, oh Señor, fortaleza mía.

Señor, roca mía y castillo mío, y mi libertador;

Dios mío, fuerte mío, en él confiaré;

Escudo mío, y el cuerno de mi salud, mi refugio.

Invocaré a Jehová, digno de ser alabado,

Y seré salvo de mis enemigos.

Cercáronme dolores de muerte,

Y torrentes de perversidad me atemorizaron.

Dolores del sepulcro me rodearon,

Previniéronme lazos de muerte.

En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios:

El oyó mi voz desde su templo,

Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.

Envió desde lo alto; tomóme,

Sácome de las muchas aguas.

Libróme de mi poderoso enemigo,

Y de los que me aborrecían,

aunque eran ellos más fuertes que yo.

(Salmos 18: 1 – 6, 16 – 17)

 

Ahora no me interesa llevar a cabo esta tarea, pues mi objeto es más bien el de demostrar el amor de David por el Padre, a través de sus escritos, justo como he señalado su bondad para la gente en su comportamiento como rey. No obstante las diferencias, una cosa sobresale drásticamente: Su confianza en el Padre en tiempos de tribulación. Esta gran fe en Dios se expresó muchas veces en sus Salmos, y repito, fue adaptada por otros Salmistas en tiempos posteriores.

Uno de estos Salmos es el Salmo 22, que creó considerable excitación y confusión entre los Cristianos, porque creen que es una profecía, que David supuestamente había hecho con referencia a mi crucifixión. De hecho, aparenta ser una visión de este evento en mi vida: 

Salmo 22

 

Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y desecho del pueblo.

Todos los que me ven, escarnecen de mí;

Estiran los labios, menean la cabeza, diciendo:

Remítese al Señor, líbrelo; Sálvele, puesto que en él se complacía.

No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude.

Hanme rodeado muchos toros;

Fuertes toros de Basán me han cercado.

Abrieron sobre mí su boca, Como león rapante y rugiente.

Heme escurrido como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron:

Mi corazón fue como cera, Desliéndose en medio de mis entrañas.

Secóse como un tiesto mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar;

Y me has puesto en el polvo de la muerte.

Porque perros me han rodeado, Hame cercado cuadrilla de malignos:

Horadaron mis manos y mis pies.

Contar puedo todos mis huesos; Ellos miran, considéranme.

Partieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.

(Salmos 22:6–8, 11–18)

 

Ahora esto suena mucho como una profecía, especialmente en ciertos detalles, como el de "contar sus huesos", la perforación de manos y pies, y el echar la suerte sobre las prendas. En realidad, sin embargo, el autor trató de imaginarse a sí mismo en el lugar de David, e ilustrar el aprieto del rey, en vez de imitar las descripciones del poder de Jehová, viniendo en socorro para David en Salmo 18 (la Canción de la liberación de David). Aquí el autor se inspiró en el Segundo Libro de Samuel, (Capítulo 21), que relata el grave peligro que David afrontó en la batalla contra los Filisteos:  

"Y como los Filisteos tornaron a hacer guerra a Israel, descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los Filisteos: y David se cansó.

"En esto Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante [Goliat de Gad], y el peso de cuya lanza era de trescientos siclos de metal, y tenía él ceñida una nueva espada, trató de herir a David:"

"Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, é hirió al Filisteo, y matólo. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros a batalla, porque no apagues la lámpara de Israel."

(2 Samuel 21:15–17)

 Este momento de horrendo peligro, en el que el envejecido David ya no estaba en condiciones de luchar activamente en la guerra, fue elegido por el Salmista para retratar los temores y sentimientos de David. El autor, como se acostumbraba entre los antiguos hebreos, tenía la inclinación a poéticas fantasías y metáforas, tal como los toros de Basán, que, por supuesto, significaban los fuertes soldados enemigos, o siendo escurrido como agua, es decir, completamente agotado por el esfuerzo excesivo, su corazón fundiéndose en sus entrañas, y su lengua pegada a su paladar, lo que significa desmayándose con miedo, y paralizado, por los feroces enemigos, los perros que le rodean, es decir, listos para entregar los golpes definitivos.

En el mismo capítulo, el relato de la muerte en la horca de familia de Saúl por los Gabaonitas, aprobada por David, le dio al autor la idea de la perforación de las manos y de los pies, y el conteo de huesos, y los huesos desarticulados, y la mirada fija de curiosos en la víctima. Saúl y sus hijos, incluyendo Jonatán, habían sido ahorcados por los Filisteos, después de la batalla de Gilboa, cuando los últimos los encontraron, al regresar después de la batalla, para despojar a los caídos de su ropa. El asesinato de los heridos después del combate, y el echar la suerte por el atuendo y la armadura del adversario derrotado, era una antigua costumbre, tanto entre estos pueblos, como entre los Hebreos — ciertamente durante mil años y más, antes de que eso fuera practicado por los Romanos. El autor de esta supuesta predicción tenía en mente, lo que David seguramente pensaba, si él hubiese sido muerto y ahorcado por los Filisteos. No había concepción alguna de una crucifixión en las metáforas del autor, y mucho menos una profecía de la muerte de un Mesías.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

24: Explicando sacrificios eclesiásticos durante la era del Rey David

 

Recibido el 12 de Julio de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

En este sermón, deseo hablarte acerca del punto de vista de David, en cuanto a sacrificios en el Templo. Existen muchas expresiones en los Salmos, que indican que David no los miraba favorablemente, y existe la misma cantidad de afirmaciones al contrario: Que David apoyaba los sacrificios en el Templo con todo su corazón. Existen muchos autores, y siempre existieron, que creen que David jamás escribió versos, o en favor, o en contra de esas prácticas, y que su presencia comprueba, que David jamás escribió estos Salmos, ni ningún otro.

Ahora lo primero que tenemos que conocer es, que el Judaísmo en la época de David era nacionalista y deísta — es decir, que los Judíos estaban preocupados primero por las tribus como una nación, y que Dios significaba el Dios de la nación Judía, que Él había elegido y salvado del cautiverio en Egipto, y cuyo destino Él dirigía. Si consultas tu Libro del Éxodo y repasas los Diez Mandamientos, entregados por Dios al pueblo a través de Moisés, verás que todos ellos son leyes de conducta, moral y ética, y que la provisión para las ofrendas (Éxodo 20:24–25) se describe de paso, siendo las importantes instrucciones aquellas, que el altar se haga de tierra o de piedra natural, y que no se construya por herramientas, ni se talle.

La construcción de un tabernáculo, y posteriormente la edificación del gran Templo de Salomón, o del segundo Templo después del exilio, era algo nuevo y desconocido para los Hebreos de la época de Moisés; era un desarrollo muy posterior, que dependía de las circunstancias, que surgían con el paso de los siglos. De la misma manera, el concepto de sacrificios cambiaba radicalmente con el tiempo. Para todos los pueblos del mundo antiguo, los sacrificios eran vitales. Se los ofrecían a los varios dioses que, para aquellos pueblos, controlaban su vida y su estabilidad — dioses de guerra, diosas de fertilidad, agricultura y crecimiento, y otros tomados del universo físico — el dios solar especialmente, la diosa de la luna, y aquellos de los cielos. A todos ellos había que ofrecerles sacrificios, por miedo de incurrir en su ira — y la derrota en la guerra, la hambruna y las tormentas eran atribuidas a aquellos dioses. Ahora, Abraham entendió la existencia de Dios, porque para Abraham, la deidad significaba un Dios de ética y comportamiento humano. Por lo tanto, él tenía cierta idea, de que el hombre tenía una alma, una entidad dentro de él, que representaba la moralidad y la vida correcta. Abraham tenía esta cierta idea como un regalo, un regalo intuitivo, y no como resultado del razonamiento. Y si bien él sacrificaba para Dios, él se dio cuenta, de que estos sacrificios debían restringirse a animales, y que el asesinato de humanos para este propósito, era una abominación para Él. Así comenzó la tendencia de repasar los sacrificios, y, como transcurría el tiempo, especialmente después de que los Hebreos se establecieron en Canaán, y el principio de la religión enfocó siempre más la rectitud de conducta y la superación de la maldad y las vicisitudes de la vida, a través de la fe en Dios, los hombres comenzaron a criticar sucesivamente más los sacrificios y su beneficio. Los profetas, en general, subrayando la rectitud de corazón y atacando fuertemente y repetidas veces el pecado y la maldad, se opusieron a los sacrificios, o, en el mejor de los casos, los contemplaban solamente, cuando fueron ofrecidos con un corazón puro. Y sucedió sólo con el exilio en Babilonia y la pérdida de la vida nacional, que los sacerdotes destacaron la falta de concentración en el aspecto religioso del Judaísmo, y en los antiguos sacrificios, y presentaron al público el código de estatutos minuciosos al respecto.

Así ves, que los altares y sacrificios no eran mandamientos establecidos por Dios en absoluto, sino que eran tradiciones, que experimentaban cambios de acuerdo con el desarrollo histórico o la fluctuación en las circunstancias, a las que ellos estaban sujetos.

Ahora, en la era de David, el altar era en realidad el Arca, colocada en un tabernáculo, que viajaba con el pueblo, y con el tiempo aterrizó en Jerusalén, tomado por asalto por David, en batalla contra los Jebuseos, que todavía sacrificaban a seres humanos. Las tribus estaban acostumbradas al sacrificio anual en sus tabernáculos, como por ejemplo en Silo, dónde Eli, el sacerdote, fue visitado por Ana, la madre de Samuel, el profeta. Aun en aquellos días, los profetas explicaban al pueblo, que ofrendas no podían expiar por la maldad y el pecado, pues el Señor le dijo a Samuel, con respecto a los hijos porfiados de Eli:  

Y mostraréle que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado.

Y por tanto yo he jurado a la casa de Eli, que la iniquidad de la casa de Eli no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes.

(1 Samuel 3:13–14)

 Ahora, los Filisteos se levantaron en batalla contra Israel, matando a los hijos de Eli y apoderándose del Arca, pero debido a plagas posteriores, estos paganos decidieron devolver el objeto, con ofrendas adecuadas, para aplacar al Dios de Israel, a quien ellos sintieron responsable de su desventura. Según el relato — del que te das cuenta, que fue imaginario — la buena gente de Bet Semes, adónde el Arca fue devuelta, alegremente sacrificó para el Señor. Pero la única recompensa de este supuesto dios de Israel fue una matanza de los aldeanos (50,070 hombres, dicen las Escrituras) porque ellos habían mirado en el Arca del Señor. Ahora, todo esto se encuentra en el Primer Libro de Samuel, Capítulo 6, y nos revela el supersticioso estado del autor, porque pudo atribuir a Dios una matanza al por mayor, por el gran crimen de mirar supuestamente en el Arca. Eso también nos revela, que los sacrificios, incluso los ofrecidos con las mejores intenciones, eran inútiles, como los pobres Bet Semesitas pudieron atestiguar angustiadamente, según el relato. Y lo que es más importante, la pérdida del Arca por siete meses, como los Israelitas la experimentaban, no significaba la destrucción del pueblo, en consecuencia de su derrota. Ciertamente, Samuel posteriormente sacrificó con un sacrificio abrasado, y los Israelitas ganaron en batalla contra los Filisteos en Eben-ezer, e incluso construyeron (violando las instrucciones de Moisés) un altar en Ramá, pero la pérdida de credibilidad de los sacrificios ineludiblemente ganó terreno, porque la gente comenzó a darse cuenta, de que los mismos no tenían ninguna relación con, o influencia sobre, eventos posteriores.

Ahora, el Primer Libro de Samuel, por supuesto, fue escrito por un hombre del sacerdocio, porque en ello atribuye la caída de Saúl a la desobediencia a los rituales, por lo que él escribió inconscientemente cosas, que yo ahora utilizo contra su punto de vista en cuanto a los sacrificios. De verdad, el libro entero está lleno de referencias al respecto, como por ejemplo, Saúl investiga acerca de los burros perdidos de su padre con Samuel, en un momento, cuando la gente estaba ofreciendo sacrificios en los altos lugares, y Samuel los bendecía (I Samuel 9:12–13), y nuevamente, después de ungir a Saúl con aceite (I Samuel 10:1,8) por la victoria sobre los Amonitas en Jabes-Galaad, Samuel declaró que Dios rechazaba a Saúl como rey de los Judíos, porque se entrometía en el oficio de los sacerdotes, y presentaba ofrendas abrasadas y de paz, un deber que únicamente un sacerdote podía realizar. (I Samuel 13:10–14) Así ves, que incluso en aquellos días, Saúl, como el rey, desafió la autoridad de los sacerdotes, aunque sin éxito, por cierto. Al mismo tiempo, Saúl estaba dispuesto a sacrificar a su hijo, Jonatán, porque Jonatán había comido, cuando su padre había maldecido a los participantes de la comida. (I Samuel 14:24, 27–28) Cuando se lo dijo, que él había pecado, Jonatán exclamó:  

Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel: ¿Cuánto más si el pueblo hubiera hoy comido del despojo de sus enemigos que halló? ¿no se habría hecho ahora mayor estrago en los Filisteos?

(I Samuel 14:29–30)

 Jonatán, ves, no tenía la inclinación de creer en los rituales, y a pesar de ello, en la siguiente batalla, se llevó una gran victoria. Y entonces, violando el estricto estatuto que rige la purificación de carne, es decir, salarla para desangrarla (pues la sangre se consideraba propiedad exclusiva del Señor), la gente, desmayándose de hambre por las maldiciones irrazonables de Saúl, mató el ganado quitado a los Filisteos, comiendo su carne con sangre — y puedes estar seguro, que Jonatán y David estaban entre ellos. (I Samuel 14:31–32) Cuando Saúl descubrió el pecado de Jonatán, trató de sacrificarlo, pero el pueblo dijo a Saúl:  

¿Ha pues de morir Jonatán, el que ha hecho esta salud grande en Israel? No será así. Vive el Señor, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha obrado hoy con Dios.

(I Samuel 14:45)

 Así el pueblo rescató a Jonatán de Saúl, su padre, y los Hebreos continuaron con muchas victorias. El rechazo definitivo de Saúl como rey, se supone, fue el resultado de que perdonaba la vida de Agad, el rey de los Amalequitas. Samuel la había ordenado, en el nombre de Dios, que le matase, por su crueldad con los Hebreos. Tienes que comprender que semejante orden jamás venía del Padre, sino que Samuel, lleno de rabia contra el brutal adversario, lo pensaba. La caída de Saúl no fue la consecuencia de semejante acto compasivo, como perdonándole la vida a un enemigo, sino de un desorden nervioso progresivo, que resultó fatal para Israel en el Monte Gilboa.

De todo esto puedes ver fácilmente, que David, conectado íntimamente, como lo fue, con los eventos, se dio cuenta, igual que Jonatán, que las prohibiciones y sacrificios no tenían ninguna eficacia. Jonatán, como vimos, su mejor amigo, los violaba, y así mismo lo hacía el pueblo. Los Hebreos eran muy prácticos, considerando la naturaleza supersticiosa de aquel entonces, y muchos de ellos, y David incluido, tenían un instinto, que les decía, que esos estatutos fueron hechos para ser violados, y que no tenían sentido alguno, en lo que se refiere a su relación con Dios.

Pero cuando David llegó a ser el rey, y sus obligaciones incluían siendo el custodio de la religión nacional, su perspectiva en cuanto a ceremonias religiosas, sufrió una alteración, y él quiso ver un ritual bien arreglado, no por cierta confianza en su eficacia, sino por los signos externos en conexión con la religión, y la ayuda resultante para la estabilidad de la nación, y para que la gente tuviese algo a que adherir. Una de las cosas, que David deseaba realizar, cuando había conquistado Jerusalén de los Jebuseos, fue traer el Arca a su nueva capital. La historia de la muerte de Uzza, por tocar el Arca, no tiene ninguna veracidad histórica, y fue insertada posteriormente por un editor de mente sacerdotal, que hizo resonar en un hombre el llamado desastre de los Bet Semitas. David realmente bailó ante el Señor, cuando el Arca fue puesto en el tabernáculo, construido para aquel propósito, y el mismo condujo los servicios, sacrificando la ofrenda abrasada y de paz ante el Señor. Después bendijo al pueblo en el nombre de Dios.

Así ves, que David hacía exactamente, por lo que Saúl, te acuerdas, había sido rechazado en ira por Samuel, que decía hablaba por Dios. Te das cuenta, de que Samuel realmente hablaba según su propia manera de pensar y, en el transcurso de tiempo, las viejas opiniones fueron reemplazadas, y a los hombres se les permitía hacer, lo que antes hubiese sido considerado una abominación. En los Salmos de David, puede verse la sospecha y la incredulidad del rey en los sacrificios y su eficacia, pero también su posterior deseo, de que ellos continuasen, para la forma y propósitos nacionales. Estas opiniones opuestas se encuentran en los Salmos posteriores, y también en los escritos de los profetas.

Aquí están algunos de las opiniones divergentes dentro de los Salmos, sobre los sacrificios en el Judaísmo. David escribió un Salmo de contrición, después de su transgresión con Betsabé que, con las muchas alteraciones e interpolaciones insertadas por manos posteriores, ha venido a nosotros como el Salmo 51. Aquí se expone el conocimiento de David, de que no los sacrificios, sino el arrepentimiento del pecado, son las ofrendas válidas ante el Señor:  

Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

(Salmo 51:16–17)

 Después de la muerte de David, los sacerdotes se apoderaron de este Salmo, y agregaron los siguientes versos, favorables a sus opiniones:  

Haz bien con tu benevolencia a Sión: Edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto ú ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.

(Salmo 51:18–19)

 El muro conocido como el "Muro de Jerusalén" fue construido por Salomón, y esta adición para el Salmo fue escrita en esa época.

Nuevamente, en el Salmo 50, el autor pone en los labios de David, que Dios expresa su descontento con los sacrificios, en favor de la acción de gracias a Él y la fe, y buscarle en tiempos de tribulación para la liberación:  

¿Tengo de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos?

Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo.

E invócame en el día de la angustia: Te libraré, y tú me honrarás.

(Salmos 50:13–15)

 Esta actitud, en cuanto a sacrificios religiosos vanos, tuvo grandes abogados entre muchos de los profetas, y a su debido tiempo, volveré a este tema, pues como consta la Cristiandad hoy en día, no puede ser desasociado de mi venida, y es algo que tiene que ser expuesto, porque está completamente sin conexión con mi misión como el Cristo.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

25: El Salmo Veintitrés

 

Recibido el 21 de Julio de 1959

Yo estoy aquí, Jesús

El Salmo 23 es uno de los más amados y recordados de los 150 y más Salmos que poseemos, antes de mencionar aquellos, que han sido descubiertos a través de los recientes hallazgos de los Rollos del Mar Muerto. Es uno de los más concisos, más poéticos, y más edificantes, y esto significa que lo es no solamente para el pueblo Hebreo, sino para todos los demás, dónde el Antiguo Testamento es parte de su herencia religiosa.

Este Salmo 23 es también el que mejor representa a David y lo que él desea decir en la religión del Antiguo Testamento. Ha sido estrechamente asociado con él a través de las edades, porque ha sido aquel, que como ningún otro nos recuerda la vida pacífica, bucólica, que llevaba como pastor, y la que muchos de nosotros buscábamos y seguimos buscando, pero no la podemos obtener por las vejaciones, frustraciones y por la agitación de la existencia material. Es un sueño, un ideal, y algunos de nosotros tenemos la idea, en alguna parte en nuestra mente y corazón, de que con el tiempo, este ideal llegará a ser tangible, y que el hombre, algún día, se recostará y descansará, en paz consigo y con su Dios.

Esta sensación de paz es un perfume, que parece salir de las Palabras de este Salmo, y debe su fragancia a un Dios absoluto e inmortal. Sin embargo, en el Antiguo Testamento, uno no encontrará una fe más fuerte y ardiente en la vida real, que aquel que David manifestó en sus tiempos de desgracia y aflicción, y que hizo posible la fibra de su vida y la fuerza, por la que se reconfortó y la que absorbió, a través de la oración y fe en el Padre, y es el Salmo 23, con sus palabras sencillas, directas, que provee aquel sentido abrumador de sinceridad, y lo asocia tan irresistiblemente con David, el pastor, y a David, el rey, sin temor del enemigo y de la muerte, del mismo modo, porque "aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento." (Salmo 23, versículo 4).

Esta sensación interior, que conocía la Presencia de Dios — no dentro del alma de David — sino en su alrededor y a su lado, resume más que nada la gran verdad de la religión Hebrea — que el Dios de Israel era vivo y estaba presente con David, ayudándole en sus pruebas, y tratando de enderezar sus senderos, porque David le había reconocido, y pulsa una cuerda profunda y reverberante en el corazón, de todos los que tienen fe en el Padre, y confían con confianza absoluta que, como Dios estaba con David y le auxiliaba, así pasa también con ellos, y que Dios está cerca y les ilumina el Camino, para que avancen en la marcha de la vida.

Y como David conocía, que el alma sigue viviendo, porque él creyó que Saúl se comunicaba con el difunto Samuel, y porque su fe en Dios le dio perspicacia, y una convicción de la existencia de la vida después de la muerte, que los que menos creen no pueden captar ni comprender, David estaba convencido, de que Dios le daría la bienvenida en el otro mundo de la vida, le pondría una mesa delante de él, como se lo imaginaba por sus propias experiencias, y le ungiría como rey de los Judíos ahí, porque había sido el regente de la nación hebrea en la tierra: "Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: Ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: Y en la casa del Señor moraré por largos días." (Salmos 23:5–6)

La belleza e inspiración del Salmo 23, pues, está fuera de toda duda, y es duradera, y sé que todos se dan cuenta, de que esto es así, pero quiero que conozcas más acerca de este Salmo. Voy a contarte, que las tres primeras estrofas no provienen de la pluma de David, si bien están cercanas a lo que pensamos, fueron los sentimientos de David, sin embargo, son el producto de épocas posteriores. Estas estrofas introductorias del Salmo dicen: 

El Señor es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará yacer:

Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;

Guiárame por sendas de justicia por amor de su nombre.

(Salmo 23:1–3)

 No, David no escribió esto, pero sentimos que debía haberlo hecho, porque pensamos que David tenía que haber sentido de este modo muchas veces. En realidad, David nunca pudo haberse imaginado a Dios como un pastor, por la sencilla razón, de que nunca pudo imaginarse a Dios, que estuviese en una situación, como en la que él se había encontrado, y porque, para David, Dios poseyó la grandeza y majestad del Creador del universo. Y sólo con los profetas se estableció esta idea de Dios y Su relación con Israel. Aparece por primera vez en Isaías (40:11): "Como pastor apacentará su rebaño," y otra vez en Jeremías, (23:3–4): "Y yo recogeré el resto de mis ovejas [...] Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten [..]"

Los tres versos del Salmo también reflejan la inspiración de Ezequiel, el profeta del Exilio. En Capítulo 34:11–14,15, leemos: "Porque así ha dicho el Señor: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas [...] y las apacentaré [...] en buenos pastos las apacentaré [...] en pastos gruesos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor."

Lo cerca que está en contenido y idioma, aunque no en concisión de estilo, ni en el ritmo, puede verse muy bien por la estrofa inicial del Salmo 23, la que acabo de citar arriba.

Para continuar ahora, David es quizá el ejemplo principal del Hebreo, que pide al Señor, que le guíe en el sendero de la rectitud, como lo hizo, por ejemplo, en Salmo 5, dónde el versículo 8 dice: "Guíame, Señor, en Tu justicia." En el Salmo 23, versículo 3, sin embargo, otra frase fue agregada aquí, que nos lleva a una era posterior: "por amor de Su Nombre", y esto es algo que deseo explicar.

Fue Ezequiel, exclusivamente, quien predicó que Dios restauraría a los Hebreos exiliados de Babilonia, no por el arrepentimiento por parte de los Judíos, sino porque Dios no toleraría, que Su Nombre fuese utilizado como un reproche por los Gentiles. Ezequiel vio a los paganos despreciando al Dios de Israel, porque los Hebreos habían sido derrotados y exilados, preguntándolos irónicamente, dónde estaba su Dios, que había permitido que semejante desastre ocurriera a Su pueblo. Por lo tanto, Ezequiel sintió que Dios protegería Su Propio Nombre (o reputación), y mostraría a los paganos Su Poder, restaurando para Su pueblo, lo que les había quitado, como castigo por sus pecados. Existen muchas expresiones de esta índole en el Libro de Ezequiel.

Con esto, quiero decirte ahora, que prediqué el Salmo 23 durante mi ministerio en Palestina, con el Amor Divino del Padre, como el cumplimiento de la rectitud, cantada por el Salmista. Este Salmo puede interpretarse, por supuesto, como lo ha sucedido, primero como la nostalgia por el campo y su tranquilidad, lejos de las preocupaciones y vejaciones de la vida en la ciudad. Significa el anhelo por estar solo con la creación de Dios, para encontrar una oportunidad de liberar el alma de la tosquedad del plano terrenal y sus actividades, y, en el receso de la naturaleza, comunicar con Dios, y purificar el corazón.

Pero también tiene una interpretación más espiritual. Las aguas de reposo y las verdes praderas, a las que el pastor conduce su rebaño, son la Torá, los libros de instrucción en los Caminos de Dios, los que han sido, y siguen siendo, la esencia de la religión Judía y, como el Camino a la vida moral y ética, no pueden ser superados. Así, dice el Salmista, el hombre lleno del espíritu de rectitud, no necesita temer la muerte, y si bien aquí no tenemos ninguna consciencia de una resurrección, como por ejemplo la enseña la Cristiandad, a pesar de ello, existe una maravillosa fe, que el alma del hombre sobrevive la muerte, y existe en un lugar preparado para ella por el Padre. Yo mencioné esto en mis enseñanzas, refiriéndome, como lo hice, a las muchas mansiones de mi Padre. El Salmista tenía gran espiritual perspicacia, cuando concluyó el Salmo con las vitales palabras: "... Y en la casa de Jehová moraré para siempre."

Cuando enseñé este Salmo, enseñé que las verdes praderas y las aguas de reposo eran la comida y bebida Divinas, a través de las que el alma podía lograr no sólo la restauración, sino también la transformación en una alma Divina. Prediqué que las praderas y aguas, o la comida y la bebida, a las que me referí como el pan y las aguas de la vida eterna, eran en realidad simbolismos del Amor del Padre, que estaba disponible para todos aquellos, que participarían de él, a través de la oración sincera y seria. Prediqué que no sólo la pureza del alma estaba involucrada, permitiéndole al hombre lograr la perfección humana del alma y el supremo lugar en los cielos espirituales, sino que cuando el Salmista escribió: "El Señor es mi pastor; nada me faltará," estas palabras significaban, que podía tener mi saciedad eterna de Su Substancia, — Su Amor Divino — y que mi alma podía alimentarse a través de toda la eternidad, de y por Su Amor.

Y cuando mencionó la preparación de una mesa en la presencia de mis enemigos, y la unción de "mi cabeza con aceite," esto significaba, que yo iba a ser el rey espiritual, Maestro de los Cielos Celestiales, y que ninguna acción contra mí, en la vida material no tendría éxito, y, pase lo que pasare, yo llevaría a cabo mi misión, lo que hacía, cuando la misma venía a mi alma, trayendo el Amor del Padre a los almas de la humanidad, y poniendo a la disposición de la humanidad Su Amor Divino, y la vida eterna del alma. No vi en la frase "en la presencia de mis enemigos," ninguna indicación de venganza, por lo que ellos harían contra mí, aunque sé que esta fue la intención del Salmista. Pero pude ver en ello, la esperanza, de que estos enemigos, con el tiempo, en la vida espiritual, comprenderían su equivocación, y expiarían por ello, buscando el Amor del Padre y amándole, a quien habían herido con anterioridad.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


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