Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús




 
76 Sermones Del Antiguo Testamento De La Biblia


El Segundo Isaías, El Tercer Isaías, Ageo Y Zacarías

 

61: El Segundo Isaías — La voz de la liberación

62: Isaías, el mensajero de buenas nuevas

63: El Segundo Isaías — El profeta del exilio

64: El Segundo Isaías escribió los cantos del Siervo Sufrido

65: El concepto doble del Padre por el Segundo Isaías

66: Jesús explica aún más los cantos de Isaías

67: Muchos Cristianos consideran estos sermones como proféticos

68: El Segundo Isaías predicó la vindicación de su pueblo

69: El Tercer Isaías moldea su estilo según el del Segundo Isaías

70: Jesús utilizó las líneas iniciales del Tercer Isaías, cuando habló en Nazaret

71: Ageo impulsa la reconstrucción del Templo

72: Ageo inspira valentía y fe en la reconstrucción del Templo

73: La Revelación de Dios para Ageo

74: Zacarías el soñador

75: Zacarías recibe una orden de Dios Mismo

76: Cuando Jesús vivía en la tierra, estuvo impresionado por los escritos de Zacarías

 


 
 

 
 

61: El Segundo Isaías — La voz de la liberación

 

Recibido el 15 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

La voz de liberación, o redención por el Señor, viene a los desterrados de Babilonia, con la subida de Ciro, el Persa, príncipe de Anshan, quien se auto-proclamó regente en su propio país, y comenzó a dividir sus vecinos, ganando una gran victoria sobre Creso de Lydia, en 546 a. C., y con el tiempo logrando la soberanía sobre Babilonia de 542 a 539 a. C. Este Ciro, cuyo nombre significaba Sol, o Rey, desde ese tiempo fue respetado profundamente, y mencionado casi con temor reverencial por los Judíos en todas partes, porque él decretó una proclamación, permitiendo a los Hebreos exilados, que regresasen a su propia tierra en 537 a. C. Para los Judíos piadosos, ese golpe imprevisto en la historia en su favor, pareció nada menos que la decisión del Señor, para redimir a Su pueblo del exilio. Pero para aquellos, que ahora estaban acostumbrados a las condiciones económicas de Babilonia, cuyo emperador Nabucodonosor resultaba ser moderado en su tratamiento de los desterrados, y cuyo hijo, Merodach, liberó a Joacim, el rey cautivo de Judá, de la prisión (561 a. C.), la proclamación por el nuevo regente Ciro fue recibida con preocupación y perplejidad. Significaba conmoción, un viaje difícil, y las perspectivas más pobres para el pueblo que, en su vasta mayoría, conocía solamente Babilonia como su hogar. Casi 50 años habían pasado desde el día del gran desastre, recordado solamente por los más ancianos, y sencillamente una tradición, aunque sumamente triste, entre los otros. Los Hebreos podían servirle a Jehová en su país adoptivo, porque los Judíos ahora creían, que Dios se encontraba en todas partes, y si Su Templo, o Su Hogar, estaba en Jerusalén, Él estaba accesible para ellos en sus oraciones a Él en las sinagogas, que se habían formado en la nueva tierra, para perpetuar el amor y el culto de su Dios.

Porque el Judío del exilio no había renunciado a su devoción para Jehová. Si Israel se había sometido a los paganos, eso no se debía a la debilidad de su Dios, sino porque Dios había entregado al pueblo en las manos de sus enemigos, el pueblo que había quebrantado la alianza de vida moral y ética, que los ligaba a Él, substituyendo Sus leyes por la iniquidad en su conducta en asuntos humanos, y el rechazo de Su culto en su práctica de cultos paganos.

En la tierra extranjera, los Judíos habían tratado de mantener, lo que era su herencia religiosa y cultural, enseñando a los jóvenes, y cumpliendo con los preceptos entregados a ellos por Moisés. En su tiempo de tribulación y aflicción, Israel, una vez más, se había vuelto a Dios. Si nadie podía reclamar el Paraíso en la tierra, su perspicacia espiritual y su comprensión se habían agudizado y aclarado. Un observador atento podía notar el plano superior, en el que Israel vivía normalmente, y un acontecimiento imprevisto, como visto en unos pocos años de guerra y conquista entre las grandes naciones de aquel tiempo, podía efectivamente, con justificación, interpretarse como una señal, de que el Señor Dios de Israel había determinado, que el período de retribución para Israel se había cumplido, y que el tiempo de redención se avecinaba.

Justo como en tiempos anteriores, la voz de los profetas de Israel podía oírse, cuando grandes eventos sucedían, y por lo general se trataba de voces de advertencia y admonición, así ahora las campañas victoriosas de Ciro, el Persa, contra los Medos y Lidios, convencieron a uno de los más grandes autores de Israel, que el fin se acercaba al exilio Babilonio de los Judíos. Este nuevo profeta, llamado el Segundo Isaías, porque su nombre era Isaías, nació cerca del tiempo de la muerte de Ezequiel, y se estableció en la ciudad de Babilonia. Su familia, pequeños comerciantes del barrio Hebreo de la capital, eran Judíos devotos, y le suministraban a Isaías toda la educación necesaria en la Ley Mosaica y en los profetas. Porque el joven rápidamente mostró su interés, su entusiasmo, su amor por la religión de sus ancestros, y pronto pronunció su determinación de llegar a ser un líder, enseñando a su pueblo las bellezas de su herencia. Ya que Isaías era listo, sensible, profundamente emocional y espiritual en su naturaleza, y él reaccionaba en términos de sentimientos, movimiento y poesía. Su fantasía se incendió por las victorias espectaculares de Ciro y, con una perspicacia aguda en las señales de debilidad de Babilonia, especialmente de la alta sociedad, sintió que este nuevo sol en el firmamento político, anunciaba el comienzo de un nuevo día en el destino de los desterrados Judíos.

El triunfo Persa se consumó, cuando el General Gobryas de Ciro derrotó a Belshazzar, hijo del regente Babilonio Nabuna'id en aquella época (555-538 a. C.), en la batalla de Opis (539 a. C.), e ingresó en la ciudad capital, cuyo baluarte cayó en la primavera siguiente. Isaías estuvo presente en ese acontecimiento, y vio el cortejo de Ciro mismo desfilando a lo largo de la Calle de las Procesiones, donde solían celebrarse las fiestas religiosas. Isaías quedó extremadamente impresionado con Ciro, y en sus escritos subsecuentes, se refirió al líder Persa como un Mesías, nombrado por Dios, para liberar a los desterrados.

A decir verdad, Ciro estaba contento, por contar con un pueblo amigo, que le debía mucho por su tratamiento generoso, que les brindó, y que reconstruirían Jerusalén como un fuerte puesto avanzado para su amplísimo imperio. Pero Isaías sintió que, sin importar los motivos de Ciro, el tiempo para la redención de Israel había llegado. Él no recibió ninguna visión, como en el caso de Ezequiel, pero, habiendo estudiado los escritos de ese profeta, estaba seguro, de que el Templo sería reconstruido, y que la presencia de Ciro en Babilonia era la prueba.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

62: Isaías, el mensajero de buenas nuevas

 

Recibido el 21 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Los escritos de Isaías, por lo tanto, están repletos de emoción personal, de poesía, y de la exultación, que el día de redención había llegado por fin. Él se llamó a sí mismo el "mensajero de buenas nuevas," y llamó a los demás, para que también proclamasen las buenas nuevas para Sión: "Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala [...]" (Isaías 40:9)

Ahora, cuando yo hablé en Palestina, también fui el mensajero de buenas nuevas — la redención del alma del pecado, para la vida eterna, a través del Don del Amor del Padre, el que el Padre había puesto a la disposición de la humanidad con mi venida. Por ello, sentí que la clave para mi prédica del Amor del Padre debía tomarse del Segundo Isaías, el predicador de la redención del exilio, y el perdón de Dios del pasado pecaminoso de Israel, ya que Israel había abandonado sus iniquidades anteriores, para renovar su alianza con Él. Esto no significaba libertad absoluta del pecado, como Isaías estaba consciente, sino que significaba un sincero esfuerzo de parte de Israel, para mejorar sus caminos, un hecho, que complacía grandemente al Padre Celestial, quien reaccionó rápidamente, para mostrar Su aprecio, moldeando eventos, a través de Sus intermedios, que conducían a la liberación de Su pueblo en aquella época. Isaías, igual que Ezequiel antes, opinaba que esto significaba, que el Señor lo hacía para Su Propio beneficio. (Isaías 43: 25) El profeta mismo explicó esto en su poesía: "Hablad al corazón de Jerusalén: decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados." (Isaías 40:2)

Con "tiempo," el Segundo Isaías se refirió al tiempo de castigo para Israel. Y vuelve a declarar: "¿Quién dio a Jacob en presa, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? y no quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley." (Isaías 42: 24)

Pero con el poder y la magnanimidad de Ciro de un modo deslumbrante, Isaías pensaba, que el líder Persa tenía que ser el ungido del Señor y, como ya he mencionado, le llamó el Mesías (capítulo 45, versículo 1). También en capítulo 44, versículo 28, señala que el Señor le llama "Mi pastor." Ahora, esto era difícil de aceptar para los seguidores de los antiguos profetas, y cuando Isaías recitó sus versos en la sinagoga, se le recordó al instante, que solamente un hijo de la casa real de David podía ser el Mesías, o el pastor del Señor. Así, Isaías tuvo que aclarar, que en realidad el uso de la palabra "pastor" era un juego de palabras, tan frecuentes en el Hebreo, y los que yo mismo también amaba, porque Ciro, aunque significaba "Sol," en el idioma análogo Casita, es "Kuras," lo que quiere decir pastor. Y también explicó en versos compuesto brevemente después, que el término "Mesías" no se utilizó en términos espirituales, sino como un instrumento material de Dios, tal como él los había utilizado para castigar al pueblo en días pasados. Ciro iba a realizar la Voluntad de Dios, en forma de su redención del exilio. Presenta a Dios diciendo:  

Yo lo desperté en justicia,

y enderezaré todos sus caminos;

él edificará mi ciudad,

y soltará mis cautivos,

no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.

(Isaías 45:13)

 Pero regresemos a Isaías y el tema del retorno del pueblo al país de Israel. Esta redención ahora tan cerca, es, por lo tanto, la obra de Dios, que ordena y dispone a Su Voluntad. Isaías trata de destacar la grandeza de Jehová para el pueblo, que había vista el poderoso ejército de Babilonia, y ahora él de Persia, sirviendo a dioses de madera y hierro. En Babilonia, ellos observaban los desfiles, aprendían la historia de la reina de fertilidad del cielo, y a dioses que mueren, y veían el altar de Tammuz. En varias ocasiones, Isaías destaca la nulidad de los dioses paganos, y la certeza de Jehová, como el único Dios viviente y espiritual, con quien Israel tiene una alianza de comportamiento justo, y que ama a Israel con un Amor, que sobrepasa la comprensión humana; y afirma, como lo hacía Oseas anteriormente:  

Mas Sión dijo: Dejóme Jehová,

y el Señor se olvidó de mí.

¿Olvidaráse la mujer de lo que parió,

para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?

Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti.

He aquí que en las palmas te tengo esculpida:

delante de mí están siempre tus muros.

(Isaías 49:14–16)

 Una vez más, el Segundo Isaías entregó un mensaje sobre el Amor del Padre, hecho en las palabras de Dios Mismo para Su pueblo, tan conmovedoras, tan bellas, tan profundas y sinceras, que estas líneas, si bien inspiradas originalmente por Oseas, sobresalen entre los más grandes de versos religiosos, para nunca desvanecerse o morir, donde quiera que haya personas, que responden al Amor del Padre:  

Porque como a mujer dejada y triste de espíritu te llamó Jehová,

y como a mujer moza que es repudiada, dijo el Dios tuyo.

Por un pequeño momento te dejé;

mas te recogeré con grandes misericordias.

[...] mas con misericordia eterna tendré compasión de ti,

dijo tu Redentor Jehová.

Porque esto me será como las aguas de Noé;

que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra;

así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré.

Porque los montes se moverán, y los collados temblarán;

mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará,

dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.

(Isaías 54:6–10)

 Aquí está el Padre Celestial, derramando Su Amor Divino por Su pueblo, como Él ama a todos los pueblos, sin importar raza o nacionalidad, buscando su regreso a Él, en aquellos días en una alianza de andar humildemente con Él, y practicando justicia y misericordia, como ahora los busca en una alianza de Amor Divino — amando el uno al otro y a Él, a través de sinceras oraciones por Su Amor, que llegó a estar disponible para la humanidad con mi venida. Los días terribles de la destrucción de Jerusalén por Tito no se debían, como Dios había prometido, de ninguna manera a Su ira, porque no la tenía, pero sucedieron por la adhesión a un concepto material de política nacional, que condujo a Israel al agarre férreo de leyes materiales, y a la subsecuente destrucción por la Roma despiadada.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

63: El Segundo Isaías—El profeta del exilio

 

Recibido el 21 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Una revisión de los escritos del Segundo Isaías nos lleva a los Cantos del Sirviente, una revolución en el pensamiento religioso, que fue de suma importancia, para moldear la doctrina básica de la Cristiandad, como un prototipo de una víctima intachable, cargando con os pecados de la humanidad, y de ese modo asegurando su salvación. Estos Cantos del Sirviente deben distinguirse del Canto de Cantares, escrito en los días del Rey Salomón, en el que se pinta, en un lenguaje descriptivo, que parece a veces realmente demasiado gráfico para un tema espiritual de esta dimensión, el Amor de Dios por Israel, bajo la apariencia del amor de un hombre por su esposa. Recordarás que esto también fue el concepto de Oseas, excepto que Gomer era una esposa desviada, y que Israel, como Su esposa o iglesia, le había desertado por deidades paganas.

Esta esposa desviada podía redimirse, si ella abandonaba a sus amantes y regresaba con su marido, y Israel podía redimirse, si dejaba sus pecados y regresaba a Dios. Esto había sido el tema, constante e insistente, de los profetas subsecuentes. Vieron en Israel una esposa pecadora, dirigiéndose al desastre, a menos que ella regresase a las prescripciones del código moral, lo que le daba su unión espiritual con su marido. Y cuando Jerusalén cayó ante Nabucodonosor, los profetas del tiempo sintieron, que las predicciones de Oseas, Amós y Isaías (el primero) habían sido cumplidas, y que Israel, la esposa, había sido expulsada por sus pecados.

Pero Israel podía ser redimido por un regreso a Dios, y por la purificación de las almas. Indudablemente, una considerable mejora del nivel moral de los exiliados tenía lugar en Babilonia, y el pueblo aceptaba la enseñanza de los profetas, aguantaba su penuria como residentes temporales en un país extranjero, y trataba de convertirse a la ética, viviendo según los Estatutos de Dios, y retener su fe en Él.

Al mismo tiempo, sin embargo, el pueblo no podía lograr el nivel exigido por los profetas contemporáneos al tiempo del exilio. Jeremías había estado desesperado, porque sus admoniciones eran en vano. Había deseado, que nunca hubiese nacido; sufrió inconmensurablemente por la indiferencia del pueblo ante sus advertencias, y su continua adhesión a lo material. Sus escritos muestran con gran poder dramático, que Jeremías era un servidor de Dios, no solamente tratando desesperadamente, de conducir al pueblo de regreso a Dios, sino sufriendo intensamente al realizar las Instrucciones de Dios. Jeremías de verdad puede llamarse un sirviente sufrido de Dios.

Ezequiel, que, como se conoce, experimentó el exilio en su propio cuerpo, vivió entre el pueblo de Babilonia, y pronosticó un regreso a un Nuevo Jerusalén, y un Templo restaurado, también se llamó a sí mismo un servidor sufrido de Dios. A decir verdad, en el Libro de Ezequiel, capítulo 4, Dios impone al profeta la iniquidad del pueblo de Israel, justo como, más tarde, en el Segundo Isaías, la iniquidad del pueblo es impuesta al sirviente sufrido. En este capítulo 4, que ahora estoy explicando, porque ayuda a esclarecer la confusión, en cuanto al significado del Cantos del Sirviente, Dios instruye al profeta Ezequiel, para elaborar el asedio de Jerusalén, como una señal para el pueblo de Israel, tanto en el primer exilio de 597 a. C., como para el pueblo de Jerusalén, para abandonar su conducta pecaminosa y el culto pagano, y regresar a Dios en arrepentimiento y corazones limpios. Ezequiel recibe la instrucción, de acostarse primero en un lado, después en otro, por un cierto número de días, cada día representando un año, tiempo durante el que el profeta cargaba con la iniquidad del pueblo. Así te muestro, que Ezequiel, por Orden de Dios, cargó con los pecados de su pueblo, y esto es exactamente, lo que el Segundo Isaías escribió en los Cantos del Sirviente. Es el Sirviente Sufrido de Dios, que lo ha hecho. Quiero que leas este pasaje de Ezequiel en capítulo 4, versos 4-6:  

Y tú dormirás sobre tu lado izquierdo,

y pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel:

el número de los días que dormirás sobre él,

llevarás sobre ti la maldad de ellos.

Yo te he dado los años de su maldad

por el número de los días, trescientos y noventa días:

y llevarás la maldad de la casa de Israel.

Y cumplidos estos, dormirás sobre tu lado derecho segunda vez,

y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días:

día por año, día por año te lo he dado.

 Así, en su obediencia a las instrucciones del Señor, Ezequiel cargaba con la iniquidad del pueblo Hebreo durante 430 días, o representando 430 años de comportamiento pecaminoso del pueblo. Si yo asumo, que este estado de pecado terminó en 586 a. C., con la destrucción total de Jerusalén, esa iniquidad del pueblo comenzó cerca del tiempo de la monarquía de Saúl, o cuando el pueblo buscó a un regente humano, en lugar de guardar a Dios como su Rey. Una vez más, 390 años representaban el tiempo del altar de Jeroboam, de becerros dorados, hasta el cautiverio, el pecado de Israel; y 40 años simbolizaban también el tiempo del tratado roto de la reforma de Josías, hasta el mismo cautiverio, el pecado de Judá.

De todas maneras, el Segundo Isaías, en sus Cantos del Sirviente, queda justificado por haber utilizado para su Sirviente Sufrido de Dios un pasaje del Antiguo Testamento mismo, y Ezequiel, por supuesto, no tenía a nadie más en su mente para su sirviente sufrido, que del que ya estás sospechando: a nadie más que a Jeremías.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

64: El Segundo Isaías escribió los cantos del Siervo Sufrido

 

Recibido el 21 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Pero existe más en los Cantos del Sirviente Sufrido, que el Segundo Isaías escribió, que la identidad del sirviente sufrido, la que, como verás, fue transformada por el profeta, para satisfacer los requisitos de los tiempos cambiados. Este servidor de Dios tenía que concebirse como que moría, a fin de que su acción noble (asumiendo los pecados de su pueblo sobre sí mismo) tuviese cierto efecto. En primer lugar, en el rito Hebreo de expiación, un chivo, como sacrificio, era la ofrenda por los pecados, cargando con la iniquidad de la congregación, y era sacado afuera al desierto para morir. Los Hebreos conocieron, en el país de Canaán, el concepto del dios que muere, y su relación con la agricultura, cuando se apoderaban del país en aquella época del Éxodo de Egipto, y adquirían su conocimiento de técnicas agrícolas de los Canaanitas. Esta fue la muerte del dios en otoño, y su renacimiento en la primavera; la siembra y la cosecha. Este concepto, como se encontraba aquí y en otras regiones orientales, tenía un efecto más importante sobre la Cristiandad, de lo que ahora se entiende, y un antiguo autor Griego de los Evangelios me presenta como diciendo: "Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva." (Juan 12:24)

Nunca dije eso, por cierto, pero el pensamiento detrás de esto era, dar la impresión a los antiguos convertidos al Cristianismo, que yo era un dios, como las deidades paganas, que tenían que morir para poder resucitar. Mi muerte y resurrección no tenían nada que ver con estaciones o procesos agrícolas, pero mi resurrección ciertamente era el cumplimiento del poder del Amor Divino.

Entre los desterrados en Babilonia, una idea similar estaba en moda, propagando su asimilación con prácticas paganas. En realidad, el Libro de Ezequiel, capítulo 8, relata, que un espíritu llevó al profeta en una visión a Jerusalén y al Templo, donde se practicaban toda clase de abominaciones. El Espíritu de Dios después lleva a Ezequiel a la entrada de la Puerta Septentrional del Templo, donde mujeres rendían culto a Tammuz, el dios Babilonio. Aquí es, lo que Ezequiel escribió: "Y llevóme a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al aquilón; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tammuz." (Ezequiel 8:14)

El dios Babilonio, Tammuz, por eso, era conocido en Jerusalén, e incluso adorado por algunos Hebreos en el Templo mismo, y su culto se comprendía muy bien entre los Judíos de Babilonia, si no, en algunos casos, en realidad hasta lo practicaban. Una serie de canciones por el Segundo Isaías, combinando a un profeta de Jehová, como chivo expiatorio, a quien se identificaba con el pueblo, Israel, mismo, y a un dios de una muerte propiciatoria, Tammuz, eran bastante aceptables como mensaje profético para los Hebreos en el exilio.

Ahora, Tammuz, como otros dioses de esta índole, encajaban con la leyenda Egipcia de Osiris-Isis, difiriéndose sólo en ciertos detalles sin importancia. Él fue Sumerio y Asirio y también Babilonio, y representaba la vegetación que se mustiaba y revivía. Este dios, hermano y amante de Ishtar, la diosa del cielo y de la tierra, descendía cada año al infierno, y era devuelto a la tierra por ella para una estación, durante la cual los rebaños y plantas florecían. Durante el tiempo de su muerte anual, del descenso y de la morada temporal en el infierno, los que naturalmente tenían lugar en el calor y en la sequía del pleno verano, y continuaban hasta que as lluvias de la primavera traían una renovación de la vida vegetal, practicaban el llanto religioso por Tammuz, conducido por una sacerdotisa de Ishtar y sus devotas, como Ezequiel lo mencionó en su capítulo 8. Había muchas ramificaciones e inconsistencias en cuanto a la relación de Ishtar con el dios, algunos fieles la llamaban "hermana", otros "madre," y también "amante", en vista que era su fecundación de la tierra, que traía el crecimiento y la cosecha y, como Osiris, era asesinado y ahogado en el agua. En la celebración del Año Nuevo en Babilonia, la que corresponde al mes de Septiembre, el dios Marduk, identificado con Tammuz, era asesinado por un malhechor, descendía al otro mundo, era devuelto por lshtar (aquí considerada como madre), y procedía a salir de una tumba, para traer vida al mundo. Estoy bastante consciente, de que todo esto tiene una analogía bien estrecha con la Cristiandad, como se la enseña hoy en día, y es una de las razones importantes, por las que la Cristiandad se difundió con tanta rapidez entre los pueblos paganos, que conocían y aceptaban una especie de teología de una forma variada, tan similar a la suya propia.

La renunciación, en pocas palabras, representa el fondo para los famosos Cantos del Sirviente del Segundo Isaías. Para repetir, amalgamó el papel del profeta, como el servidor sufrido de Dios, asumiendo los pecados del pueblo, con el papel de un dios pagano, que moría anualmente, y resucitaba para traer vida renovada a la tierra.

Al mismo tiempo, cuando el Segundo Isaías continuaba escribiendo sus profecías, bajo el impacto del decreto del Rey Ciro, permitiendo a los desterrados que regresaran a Jerusalén, y la exultación, que el Señor por fin había redimido a Su pueblo, se desarrolló en él la convicción, de que este pueblo Hebreo, exilado en un país extranjero, y ahora regresando a casa, era bastante parecido al dios Tammuz, regresando a la tierra después su estancia en el infierno, y que el profeta, vocero de Dios, representaba a la porción redimida del pueblo de Israel.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

65: El concepto doble del Padre por el Segundo Isaías

 

Recibido el 21 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

El Segundo Isaías desarrolló un concepto doble del Padre, como resultado del afecto de Ciro hacia los Hebreos. Ciro, un pagano, era un instrumento de la Voluntad de Dios en la tierra, para liberar a los Judíos, justo como los Asirios y Nabucodonosor, el Babilonio, eran Sus instrumentos para castigar a Su pueblo, por su recaída. En resumen, el Dios de Israel es el único Dios, el Dios universal de todas las naciones. Reconfirmando a Ciro como el Mesías, Dios Mismo dice a través del Segundo Isaías: "[...] Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé. Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos [...]"(Isaías 45: 12 – 13)

Y una vez más, Dios reitera: "[...] no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo." (Isaías 45:6)

Y otra vez, en el capítulo 45:22-23: 

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra:

porque yo soy Dios, y no hay más.

[...] de mi boca salió palabra en justicia,

y no será revocada. Que a mí se doblará toda rodilla,

jurará toda lengua.

 La tierra misma, en la plenitud del tiempo, será destruida, como todo lo material, para reconstruirlo y arreglarlo de nuevo en otras formas transitorias, pero Dios y Su Salvación permanecerán para siempre:  

[...] porque los cielos serán deshechos como humo,

y la tierra se envejecerá como ropa de vestir,

y de la misma manera perecerán sus moradores:

mas mi salud será para siempre,

mi justicia no perecerá.

(Isaías 51:6)

 Ahora, los Hebreos, o el pueblo de Israel, eran instrumentos de Dios, a través de los que el conocimiento de Él debía ser transmitido a los gentiles. Esto queda demostrado a través de la historia del pueblo que, por medio de sus líderes, Abraham, Moisés, Josué, David y los profetas, conocieron y aceptaron al Señor, y que en sus más obscuros días de derrota, retenían su fe en Él. Y así sucede, que los Hebreos son los Sirvientes del Señor, Israel es el Servidor del Señor, con la misión de traer la salvación a los gentiles.

El Segundo Isaías, entonces, con una perspicacia nunca superada en la historia religiosa, escribió sus cuatro Cantos del Sirviente, interpretando a Israel, el Servidor Sufrido de Dios, como el pueblo llamado para traer a Dios a las naciones a través del sufrimiento, justo como los profetas, especialmente Jeremías, destacado en los escritos de Ezequiel, sufrieron y asumieron las iniquidades del pueblo incomprensivo.

Ahora, estos Cantos del Sirviente son cuatro en número, y voy a analizar cada uno en la luz de la explicación de fondo, que he escrito. El primero está en el Segundo Isaías, capítulo 42:1–4: 

He aquí mi siervo, yo lo sostendré;

mi escogido en quien mi alma toma contentamiento:

he puesto sobre él mi espíritu,

dará juicio a las gentes.

 

No clamará, ni alzará,

ni hará oír su voz en las plazas.

No quebrará la caña cascada,

ni apagará el pábilo que humeare:

 

sacará el juicio a verdad.

No se cansará, ni desmayará,

hasta que ponga en la tierra juicio;

y las islas esperarán su ley.

 Este pasaje atrajo la rápida atención de los copistas, buscando una relación entre el Cristo y las profecías en el Antiguo Testamento, para demostrar el cumplimiento de las Escritura en mi venida. Aquí subrayaron "he puesto sobre él mi espíritu," lo que les pareció que tenía que referirse a mí, pero de hecho, se refiere a las grandes palabras de Jeremías, presagiando la Nueva Alianza. Significaba que, ya que los Hebreos tenían permiso para regresar a Jerusalén, ellos estaban redimidos por el Señor, y la profecía del "corazón de carne" ahora se había cumplido. Regresarían sin pecado y enseñarían el conocimiento de Dios a las naciones. La descripción de Israel, como un pueblo tan espiritual, que ellos no quebrarían una caña cascada, ni apagarían el pábilo encendido, los escritores Cristianos la tomaron por referirse a mí, en vista que no ofrecí ninguna resistencia en mi arresto, pero en realidad, esta descripción no hace nada más que retratar al pueblo de Israel, cuando poseía el Espíritu de Dios, operando entre ellos. El Segundo Isaías tuvo en mente a Jeremías, como su modelo para el pueblo de Israel, cuando el Espíritu de Dios los redimió de sus pecados.

El profeta finaliza su canción, refiriéndose a Israel, no fallando ni dejándose aplastar, hasta que hubiesen traído la verdad al mundo. Esto podría haberse referido a mí, como trayendo a la luz el Amor Divino del Padre, pero eso también significaba, que la promesa del Amor del Padre ya había sido traída a la humanidad, y también significaba el retorno de un pueblo redimido, consagrado a Dios, antes de la muerte de Jeremías.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

66: Jesús explica aún más los cantos de Isaías

 

Recibido el 21 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

El segundo canto se encuentra en Isaías 49:1–6: 

[...] Jehová me llamó desde el vientre;

desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria.

Y puso mi boca como espada aguda,

cubrióme con la sombra de su mano; [...]

Y díjome: Mi siervo eres,

oh Israel, que en ti me gloriaré.

 El significado aquí es, que Dios había localizado a Israel, para hacer conocer Su Nombre y culto al pueblo, en tiempos muy antiguos, cuando Abraham había venido a Palestina, y cuando las tribus Hibiri (Hebreos) habían sido nómadas en el desierto. El lenguaje aquí es, por supuesto, muy figurativo, y empleado por otros profetas con la misma intención. 

En el tercer canto, Dios Mismo habla (Isaías 52:13–15): 

He aquí que mi siervo será prosperado,

será engrandecido y ensalzado, y será muy sublimado.

Como se pasmaron de ti muchos, en tanta manera fue desfigurado de los hombres su parecer;

y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.

Empero él rociará muchas gentes: los reyes cerrarán sobre él sus bocas;

porque verán lo que nunca les fue contado,

y entenderán lo que jamás habían oído.

 Esto no hacía referencia al Cristo, como el Mesías clavado en la cruz, como les hicieron creer erróneamente a muchos Cristianos ortodoxos, sino al pueblo de Israel que, en las palabras del Señor, captadas por el Segundo Isaías, sería así transformado de la imagen sufrida, apesadumbrada, desconsolada, presentada por el cautiverio Babilonio, por lo que muchas naciones se asustarían por la gran alteración, forjada por Dios en su retorno a su patria, e incluso reyes permanecerían atónitos por la transfiguración — la redención de Israel por Dios.

Que esto es así, puede verse con más claridad del capítulo 51, versos 17–23, dónde Isaías habla, y después cita a Dios Mismo, para aquel efecto. Estos versículos comienzan: 

Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén,

que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su furor;

[...] Oye pues ahora esto, miserable, [...]

Así dijo tu Señor Jehová, y tu Dios, el cual pleitea por su pueblo:

He aquí he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento,

la hez del cáliz de mi furor;

nunca más lo beberás:

Y ponerlo he en mano de tus angustiadores [...]

 Y siguiendo esto, en capítulo 52, versículo 7, se halla el magnífico verso, que emocionó mi corazón, comenzando: 

¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies

del que trae alegres nuevas, del que publica la paz (Amor),

del que trae nuevas del bien (satisfacción del alma),

del que publica salud, del que dice a Sión:

Tu Dios reina!

 Así ves, que el tercer Canto del Sirviente se refiere a Israel, el pueblo, el regreso a Jerusalén, y la redención a través del Amor de Dios.

Pero el más controversial de estos Cantos del Sirviente es el extraordinario capítulo 53, que deseo esclarecer en detalle. El capítulo comienza: 

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? (el que escuchamos)

¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

 El significado es: ¿quién podía creer el relato, de que Ciro había permitido la repatriación de los Hebreos? ¿Y a quién reveló Dios Sus armas (dio poder militar) a fin de liberarlos? Ni siquiera a los Judíos mismos, sino a Ciro.

El capítulo continúa — y aquí encontramos al Segundo Isaías, narrando la sorpresa de los Babilonios mismos, que, como yo ahora interpreto la poesía, declaran: 

Y subirá cual renuevo delante de él (su Dios),

y como raíz de tierra seca:

no hay parecer en él, ni hermosura:

verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos. (los Babilonios)

Despreciado y desechado entre los hombres,

varón de dolores, experimentado en quebranto:

y como que escondimos de él el rostro,

fue menospreciado, y no lo estimamos.

 En resumen, para los Caldeos, Israel era una hierba débil, plantada por su dios, sin firmeza apropiada, para resistir las tempestades y adversidades. No tenía gran virilidad, ni obra de arte, ni arquitectura, (naturalmente, porque a los Hebreos, les estaba prohibido formar imágenes gravadas), y por su posición esclavizada. Sin gobierno, ni ejército organizado propio, era débil y enferma en su estructura como nación, y por ello, las otras naciones paganas miraban a este Israel golpeado con desdén. Era abandonado por los otros países de aquella región del mundo, y sufría, porque era un forajido entre los otros poderes.

El Segundo Isaías entonces continúa con los Babilonios, explicando el significado del sufrimiento de Israel, aunque como poeta, heredó de Ezequiel el arte de proyección: él pudo dar a los mismo versos dos diferentes significados al mismo tiempo. Aquí lo hace por abstenerse, a sabiendas, de identificar el sujeto. Por lo tanto, es posible contemplar los siguientes versos no sólo desde la vista de los Caldeos, sino también como una referencia a Israel como pueblo, y al golpeado como a un profeta del pueblo, que nosotros no podemos identificar como una persona en particular, sino como una combinación de Ezequiel, en un sentido literal, como he dicho, y como Jeremías, desde el punto de vista de sufrimiento real. El Segundo Isaías jamás pensó en un Mesías verdadero, expiando por los pecados de su pueblo, a través de una muerte redentora, sino en los ritos religiosos de los Babilonios, que, como los que pronuncian las siguientes líneas, interpretan el sufrimiento de Israel, de acuerdo con sus propias creencias religiosas en una deidad de fertilidad, que muere y resucita.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

67: Muchos Cristianos consideran estos sermones como proféticos

 

Recibido el 21 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Para continuar con el capítulo 53:4-6: 

Ciertamente llevó él [Israel o el profeta]

nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores;

y nosotros le tuvimos por azotado,

por herido de Dios y abatido.

 

Mas él herido fue por nuestras rebeliones,

molido por nuestros pecados:

el castigo de nuestra paz sobre él;

y por su llaga fuimos nosotros curados.

 

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,

cada cual se apartó por su camino:

mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Aquí, el Segundo Isaías, como me ha informado, tuvo en mente los pecados, la atrocidad, la opresión y las barbaridades, no solamente de sus propios días, sino el salvajismo y las abominaciones, que acompañaban el lento transcurso de la historia, y sintió que, aunque Israel había pecado, sin duda, y transgredido, como las Escrituras mismas exponían, a pesar de ello, la matanza ritual de niños y cautivos, cortando sus gargantas, y el increíble comportamiento inhumano entre los paganos, que había provocado tantas invectivas de ira feroz entre los profetas, fue un registro de hechos ciertos, de los que Jehová estaba muy consciente, y que tenía que castigar, ¿y a quién debía castigar, si no a aquellos, que conocían a Dios, y tenían, por lo tanto, menos excusas por su iniquidad — Israel? (O, si interpreto a la víctima como el profeta, ¿a uno que conocía a Dios más que el pueblo?)

Así, en sus versos, el Segundo Isaías aquí presenta a los Babilonios conscientes de sus propios pecados y fallas morales, y se dan cuenta, de que Israel recibió el castigo de Dios, por los pecados, que ellos y otras naciones paganas habían cometido. Por lo tanto, el Segundo Isaías elevó a un plano moral los ritos agrícolas, relacionados con el dios Tammuz, y muestra a los inocentes sufriendo por los culpables, en una clase de expiación asumida por otros, lo que encaja bien en el concepto pagano del dios que muere, y al mismo tiempo, evoca una respuesta emocional en los Hebreos, familiarizados con los escritos de Ezequiel, y los sufrimientos de Jeremías.

Una vez combinados estos elementos por el profeta, ahora subraya la humillación y la muerte del profeta nacional, siguiendo los rasgos tradicionales Babilonios, como contenido en el Segundo Isaías, 53:7–9:

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel y del juicio fue quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fué herido. Y dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca.

Estas palabras son extremadamente interesantes, primero por su aspecto literal, en que ellas forman una poesía religiosa inspirada, ilustrando el castigo del profeta nacional, como chivo expiatorio, previamente a la redención, y ejerciendo una fuerte atracción emocional, y segundo, porque muchos Cristianos consideran estos versos como proféticos, que parecen señalar al Cristo venidero. Pero me interesa aclarar la fuente o la composición de estos versos, para mostrar que ellos no se referían a mí de ninguna manera, sino que seguían una línea de pensamiento, determinada por la situación dolorosa de Israel, como desterrados en el país de los soberanos Babilonios.

Dado el profeta nacional como chivo expiatorio, para cargar con los pecados de otros, lo que es, como ya he demostrado, puramente Hebreo en concepto, el Segundo Isaías buscó el escenario y las circunstancias de la experiencia religiosa Babilonia de aquel entonces. En el antiguo festival pagano de primavera, o Sacaea, el dios Murduk y Ishtar, la diosa de fertilidad, triunfaban sobre las formas de muerte, representadas por las estaciones de otoño e invierno. La misma perspectiva caracterizaba el culto de Tammuz. En tiempos muy antiguos, el triunfo se lograba a través de la muerte del rey; y su prole, su hijo, reinaba en su lugar, como la juventud revitalizada. Pero este espectáculo fue reemplazado poco a poco en el escenario del festival, primero, matando al hijo en su lugar, y finalmente, en donde un criminal, condenado a la muerte, era sacado de la prisión, para desempeñar el papel de rey, y se burlaban de él, en realidad, le azotaban, y después le mataban en este cruento sacrificio pagano. Este espectáculo se repetía año tras año en primavera, y el profeta Hebreo, y también la comunidad Hebrea en Babilonia, estaba muy consciente de esta práctica bárbara. Así, los versos, que acabo de citar, se refieren a ese festival de Sacaea. El delincuente sacrificado, que moría en lugar del hijo del rey, para traer vida de regreso a los campos, y comida para el pueblo, se mezcla con la imagen del profeta nacional Hebreo, muriendo para traer vida de vuelta a la nación, y a todo el mundo, a través de la acción redentora, como los paganos pensaban, de su deidad.

Repito, que los Cristianos tradicionalmente pensaban, que esto se refería a mí, y buscaban celosamente detalles como el "cordero" conducido a la matanza, y otros ejemplos, que han sido "explicado" hasta las náuseas en sus libros de teología. Pero permíteme desengañarlos una vez más, que yo no soy un "dios que muere", ni para los Babilonios, los Cristianos, ni para ningún otra secta, quien viniese para quitar los pecados de la humanidad con mi sangre seca, sino Jesús, el Mesías, quien vino para hacer disponible para la humanidad la vida eterna del alma, a través de la oración al Padre por Su Amor.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

68: El Segundo Isaías predicó la vindicación de su pueblo

 

Recibido el 21 de Julio de 1963

Yo estoy aquí, Jesús

Según la versión Reina-Valera, e Segundo Isaías entonces continúa diciendo en el capítulo 53:8: 

De la cárcel y del juicio fue quitado;

y su generación ¿quién la contará?

Porque cortado fue de la tierra de los vivientes;

por la rebelión de mi pueblo fue herido.

 Sin embargo, esta versión no es muy correcta, y el significado debería ser como sigue: 

Por un juicio opresivo fue apartado;

¿y quién prestó atención a su destino,

porque fue cortado de la tierra de los vivientes,

y por nuestras transgresiones fue golpeado duramente hasta la muerte?

 Aquí, el Segundo Isaías tuvo en mente a un profeta, Jeremías, y los sufrimientos, a pesar de su inocencia, por los que pasó antes de su muerte. También combinó esto con Israel, la nación, cuya destrucción por Babilonia significaba nada en los ojos de un mundo pagano, y que murió como una nación, aunque sus estándares morales, al menos entre muchos o la mayoría del pueblo, eran muy superiores a aquellos de los paganos, a los que se les permitió sobrevivir y destrozar el juicio sobre Israel.

Pero esto, afirma el Segundo Isaías, se hizo según planificación divina. ¿Quién, si no un Israel más moral y ético, podía traer una norma superior para los paganos, y mostrarles el camino a Dios y Sus Estatutos de moralidad, de justicia y misericordia? Por aquel motivo, Israel dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca. (Versículo 9). El profeta continúa con el capítulo 53:10–11: 

Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.

 

Pero complace al Señor aplastarlo; porque, si hubiese hecho de su alma una ofrenda por los pecados, sufriría por mucho tiempo, pero el propósito de Dios se impondrá a través de él. Como resultado de los sufrimientos, por los que pasa su alma en sus aflicciones materiales (los sufrimientos de Jeremías por su posición de amor por Dios y de una vida correcta, y los sufrimientos de Israel en el exilio entre los malhechores Babilonios, en su conducta), verá la luz, y recibirá satisfacción en el conocimiento, que él complace al Señor, quien, de este modo, podrá manifestarse a los gentiles, teniendo a Israel en medio de ellos, y guiarles hacia una vida superior y moral, y hacia el conocimiento de Dios.

 Este es el verdadero significado de los versos 10 y 11, ya que se presentan muy confundidos en la versión Reina-Valera, que cito ahora para el propósito de comparación: 

Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.

 Continuaré con el capítulo 53, versículo 12: 

La vindicación de Mi Sirviente es por muchos pueblos, y es su castigo, con el que él ha cargado; sus maldades y agresiones, en vez de ser castigados por Dios, como se lo merecían, se aplazó, y sólo Israel fue conducido al sufrimiento y desastre, para vivir entre ellos, y por su ejemplo instruirlos en la vida justa, a través de la adhesión a los Estatutos de Dios. Por lo tanto, dice Dios, le repartiré una porción con los grandes, y compartirá el botín con los fuertes; en resumen, Israel volverá a vivir como una nación, intelectualmente viril y materialmente próspero.

 Digo que, desgraciadamente, aquí las palabras y la construcción del Hebreo original, hasta las líneas de conclusión, se encuentran en un pobre estado de preservación, incluso en el mundo de los espíritus, y el Segundo Isaías me contó, que él escribió poesía, y no prosa, y que el significado tenía que ajustarse a un diseño poético, pero que las traducciones, que se dieron a los pobremente reconstruidos textos, no reproducen el significado, que él deseaba transmitir. Cuando la traducción dice: "fue contado con los perversos," significaba que Israel fue considerado así por Nabucodonosor, y que Jeremías fue considerado un transgresor por el círculo real, y también por los Egipcios; y que las palabras, "y oró por los transgresores", no significa que Israel ora a Dios, para que los pecados de naciones malhechoras se perdonen, ya que esto, como bien conoces, es imposible en el mundo de los espíritus, sino que significaba, que Israel mostrará a otras naciones el camino para la vida correcta ante Dios, que las naciones pueden vivir en paz y felicidad entre ellas en la tierra con Dios, el Dios de todas las naciones, trayendo confraternidad, hermandad y amor por Sus criaturas. El Segundo Isaías me cuenta, que las palabras arriba citas deben leerse como: "Él realizó la iluminación religiosa para los transgresores, mostrándoles el Camino hacia Él."

Que esto es el verdadero significado de la poesía del profeta, según me dice, se demuestra por el siguiente pasaje, escrito por él en capítulo 49:5–6, en donde afirma: 

Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre por su siervo, para que convierta a él a Jacob. Bien que Israel no se juntará, con todo, estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fortaleza. Y dijo: Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te di por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra.

 Y como me di cuenta, antes de iniciar mi misión, que el Amor de Dios fue profetizado para todos los pueblos, que busquen Su Salvación, porque Dios, a través del Sirviente, Israel, tenía que ser conocido por todos los pueblos, primero en rectitud y vida moral, y después, a través de mí, Su Mesías, Su Amor Divino y Misericordia.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

69: El Tercer Isaías moldea su estilo según el del Segundo Isaías

 

Recibido el 1 de Abril de 1964

Yo estoy aquí, Jesús

El viaje dificil de regreso a Jerusalén, en los días del Segundo Isaías, no ocurrió, como le hubiese gustado al profeta: Una marcha triunfante de vuelta al país de Israel, cantando y vitoreando, y una gran multitud, dando las gracias a Dios por Su redención del país, y la redención del pueblo de los pecados. El retorno a Jerusalén sucedió muy lentamente, gota a gota, abordado por ciertos de los jóvenes, los pioneros en el espíritu, y escasas personas mayores, cuyo brío religioso era tan alto, que la penuria y la muerte en el suelo sagrado de Israel les parecían preferibles a la vida en un país extranjero, dedicado al paganismo y a la abominación. La voz del Segundo Isaías, entonces, baja en tono y exultación: no todos del pueblo, así, será redimido; solamente aquel remanente, que regresa a la Tierra Santa, y es redimido en su corazón por la fe en el Señor y su amor por la patria — una patria concedida por Dios a los Hebreos, como Su Promesa para Su pueblo elegido.

El Tercer Isaías fue llamado así, porque continuó con la petición de su predecesor, para el retorno a Jerusalén de Babilonia. Con la misma gran fe en el Señor como Redentor, este Isaías fue un joven hombre, que sintió que una voz renovada de acción de gracias para el Señor, por Su intervención, moldeando los eventos en favor de los Hebreos, era entonces más necesaria que nunca; la desilusión del Segundo Isaías no debía ser la palabra definitiva, en cuanto al retorno a Jerusalén, mientras el lento movimiento de vuelta estaba en progreso. Una nueva voz, poderosa y triunfante, tenía que presentarse en el nombre del Señor de los Ejércitos, una vez más para el pueblo, alentándolo para renunciar a su vida en Babilonia, y regresar al país de Jehová.

Por ello, el Tercer Isaías modeló su estilo según aquel del Segundo Isaías, siempre cuando lo pudo, y por eso, muchos estudiantes del conjunto de escritos de Isaías creen, que había solamente dos Isaías.

Sin embargo, el Tercer Isaías sintió, que no le tocó dirigirse a aquellos, que habían ido a Jerusalén, o estaban planeando y en proceso de hacerlo; para él, ellos eran, como para el Segundo Isaías, el remanente justo. Por ello, entendió que su mensaje era para la masa no redimida del pueblo, que era reacia a abandonar casa y existencia en Babilonia, para emprender el camino de fatiga de regreso, por un vasto desierto, hacia una tierra en ruinas, y con pocos medios para subsistir. El nuevo Isaías sintió, que esta renuencia era una transgresión contra Dios, que había informado muy claramente Su Voluntad a los Hebreos: Él había creado un milagro, para hacer posible el retorno a Su Tierra Santa de Israel, y los que no trataban de cumplir con Su Voluntad, y no regresaban, cometían un pecado. El profeta, por ello, se volvió a ellos en el espíritu de los profetas más antiguos, exhortando al pueblo para renunciar a sus pecados y volver al Señor, y mucho del material del tema se lee como los escritos de los demás profetas, sobre la transgresión del pueblo. Pero, declara, la rectitud del Señor triunfará finalmente, y el pueblo no solamente regresará a Jerusalén, sino que los Gentiles, viendo la luz por fin — el sacrificio de Israel, para traer la verdad a todos los pueblos, como lo expliqué en el capítulo 53, del Segundo Isaías — reconocerán al Señor Dios de Israel, desecharán sus costumbres paganas y sus abominaciones, y vendrán a Jerusalén, para rendir culto ante el Altar del Eterno Dios de Alma y Universo. La voz del nuevo profeta suena en el capítulo 55, y trata del tema del regreso al Señor para la salvación. En mis días en Jerusalén, estuve muy impresionado por sus líneas iniciales, y en mis propios sermones, (Juan 7:37), utilicé el concepto de sed y hambre, para satisfacer las ansias de alma por la salvación.

Aquí están los versos iniciales del Tercer Isaías:  

A todos los sedientos: Venid a las aguas;

y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed.

Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.

¿Por qué gastáis el dinero no en pan,

y vuestro trabajo no en hartura?

Oidme atentamente, y comed del bien,

y deleitaráse vuestra alma con grosura.

Inclinad vuestros oídos, y venid a mí [...]

(Isaías 55:1–3)

 El Hebreo dice: 

Rico alimento para el alma,

Oid, y su alma vivirá;

Y haré una alianza con vosotros,

Igual a las misericordias seguras de David.

(Isaías 55:3)

 Aquí, desde luego, "David" significaba la persona, que debía ser el "Cristo," y sus misericordias significaban Su Amor redentor, y el Mesías de Dios. El Tercer Isaías no sabía exactamente, lo que las "misericordias de David " significaban, pero él escribió esto, conociendo que ello no se refería a la persona histórica, al Rey David, y que la frase, utilizada con frecuencia por los profetas, tenía una connotación mucho más allá del significado original, y se referían de alguna manera al poder redentor de Dios, a través de Su agente en la tierra.

En Isaías 61:1–3, utilicé las líneas iniciales en un sermón, entregado para mi pueblo en la sinagoga de Nazaret, aunque las palabras se registraron un poco diferentes: 

El espíritu del Señor Jehová es sobre mí,

porque me ungió Jehová;

hame enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos,

a vendar a los quebrantados de corazón,

a publicar libertad a los cautivos,

y a los presos abertura de la cárcel;

A promulgar año de la buena voluntad de Jehová [...]

A ordenar a Sión a los enlutados,

para darles gloria en lugar de ceniza,

óleo de gozo en lugar del luto [...]

 En Lucas 4:18-19, en el Nuevo Testamento, me citan como sigue:

 

El Espíritu del Señor es sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres:

Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón;

Para pregonar a los cautivos libertad,

Y a los ciegos vista;

Para poner en libertad a los quebrantados:

Para predicar el año agradable del Señor.

 

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

70: Jesús utilizó las líneas iniciales del Tercer Isaías, cuando habló en Nazaret

 

Recibido el 1 de Septiembre de 1964

Yo estoy aquí, Jesús

Estas grandes líneas del Tercer Isaías tenían tremenda importancia para aquellos, que oyeron su discurso. Significaban que este nuevo Isaías había obtenido su voz directamente de Dios, y que una dispensación totalmente nueva se avecinaba. Las antiguas derrotas, las frustraciones, la inclinación para el pecado, fueron arrastradas lejos por las aguas del olvido de Dios. Fue un discurso, en el sentido físico: el pueblo sería libre, orgulloso en la asunción de su herencia en la tierra, el país de Israel, a lo que seguirían milagros, vendando las heridas físicas y también las punzadas morales. El luto y las cenizas de la muerte y destrucción, resultando de la pérdida del Templo, desaparecerían ante el glorioso renacimiento de la Casa de Dios en el Monte Moriah, y ante los gozos y la exultación, que el culto aquí daría a Su pueblo.

Cuando hablé a mi gente en Nazaret, utilicé las líneas iniciales de la grandiosa poesía del Tercer Isaías, para también indicar una nueva dispensación — no en el sentido físico, sino en el sentido de alma: El Amor del Padre disponible para todos aquellos, que lo buscasen en oración, rompería las cadenas y superaría la miseria de la ocupación Romana. La vista restaurada a los ciegos, y la libertad recuperada por los cautivos, en la cara de la subyugación de nuestra tierra por estos paganos atroces, no pudo significar lo mismo para el pueblo, que me oyó, y para el populacho, 600 años antes, que escuchó las palabras del Tercer Isaías.

Los Judíos de Babilonia se habían establecido en la patria de sus conquistadores, tratados aceptablemente para permanecer, dónde podían ganarse el sustento; los Judíos de Israel de mi tiempo, bajo el azote de los Romanos, eran extremadamente sensibles, quizá tensos, hasta el punto de rotura, a cualquier cosa, que infringiese la soberanía de la patria Judía, prometida a ellos una vez más por Dios, a través del Tercer Isaías.

Los Judíos, que oyeron mis palabras de Amor, se dedicaban más a la expulsión de los Romanos, que a la proposición de vencer a través del Amor. En la luz de sus sombrías experiencias con los soberanos Romanos, ellos no podían comprender mi mensaje.

A decir verdad, el resto de los sermones del Tercer Isaías, capítulos 64-66, trata mucho con la Nueva Jerusalén, la elegida de los Judíos, y la gloria del país, que Dios le ha dado a Su pueblo. Destaca el perdón de Dios para Su pueblo errante, y la orden para seguir adelante y poblar el país de Israel, los gozos de los redimidos, que van allí, la promesa de prosperidad, felicidad y paz en el país.

En capítulo 66:1, Dios pregunta: "¿Dónde está la casa que me habréis de edificar [...]?" Y más tarde, Isaías declara "voz de alboroto de la ciudad, voz del templo, voz de Jehová que da el pago a sus enemigos (66:6)." Cuando el Tercer Isaías termina, cierta actividad para comenzar con la restauración del Templo se veía, y cierto esfuerzo de parte de los pioneros se había iniciado para crear hogares en la ciudad demolida de Jerusalén. Reinaba una atmósfera de reconstrucción, restauración, una fe en la promesa de Dios, de que Su Ciudad y Casa serían erigidas sólidamente, y bajo Su Protección Amorosa. Esto, efectivamente, sucedió, y también los esfuerzos por una vida justa, durante varios siglos bajo el Segundo Templo.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

71: Ageo impulsa la reconstrucción del Templo

 

Recibido el 1 de Julio de 1965

Yo estoy aquí, Jesús

El Tercer Isaías había tratado de alentar el retorno a Jerusalén, y la reconstrucción del Templo, del mismo modo como su ilustre predecesor, el Segundo Isaías: Un milagro de Dios, a través de Ciro, había entregado al pueblo Hebreo la oportunidad de abandonar Babilonia, tierra de su exilio, y regresar al país, que su Dios les había concedido, a través de un "año agradable del Señor," quien había perdonado las transgresiones de Su pueblo, y lo exaltaba como ejemplo para los Gentiles.

Sin embargo, entre 537 a. C., cuando este acontecimiento tuvo lugar, con el retorno inicial de parte del pueblo, y 520 a. C., cuando Ageo, y también Zacarías, se pronunciaron en favor de la reconstrucción del Templo, conmociones en una gran zona del Este, remoldeaban gradualmente el ideal del Templo, de una imagen puramente religiosa, en una imagen religioso-política. El Templo tenía que ser el centro religioso, no de un rincón pequeño y aislado del imperio Persa, sino de un estado Hebreo independiente, de Israel.

Las razones para esta alteración en el modo de pensar, como en el pasado, se originaban de eventos históricos de aquel tiempo, cuando Darío Hystapes, el rey Persa, tuvo que suprimir rebeliones por todo su país, y las regiones sojuzgadas comenzaban a acariciar pensamientos de independencia. Es notable en la profecía Hebrea, que voceros de Dios aparecían con más frecuencia, cuando disturbios políticos, como guerras o rebeliones en otras áreas, podían considerarse como pertinentes para la situación en Israel, o para el pueblo Hebreo, tanto en su patria, como en el exilio.

Y así sucedió que, cuando los rumores de dificultades para el Rey Darío Hystapes llegaban a los Hebreos, Ageo publicó su apelación en favor de la construcción del Templo, como la Palabra de Dios.

Ageo es el primero de los tres profetas, que incluyen a Zacarías y a Malaquías, quien trata del periodo de la restauración del Templo, por lo que ello llegó a ser conocido como el Segundo Templo, o Templo de Zorobabel, y duró cientos de años, hasta que, en realidad, Herodes comenzó la construcción del nuevo Templo de mis días, en 19 a. C., y la completó, con excepción de los patios y edificios contiguos, en 9 a. C.

Entre 537 y 520 a. C., poco o nada se hizo, las cincuenta mil personas, que regresaron a Jerusalén, dedicaban todas sus fuerzas a dar al país otra vez fertilidad. Estaban ocupados con ganarse su sustento en el país, que continuaba pobre y poco deseable, comparado con las tierras productivas de Babilonia, y mantener la paz con los Samaritanos, el pueblo al norte de Judea, entre quienes realizaban matrimonios mixtos, y quienes, principalmente por ciertas cuestiones de integración, que los separaban de los Judíos, se oponían a la construcción del Segundo Templo. Ellos obtuvieron un decreto del monarca Persa, deteniendo el trabajo de construcción.

Con el pueblo empobrecido, muchas dificultades, frustraciones y desengaños, subrayando el incumplimiento de las gloriosas profecías de los profetas anteriores, penurias adicionales continuaban plagándolos con sequías y escasas cosechas. En esta dolencia de angustia, donde obstáculos de Dios parecían contrarios a las promesas de ayuda, que Él les había asegurado, por lo que ellos estaban en peligro de perder su fe en el Señor, Ageo vino a ellos con un mensaje de explicación: Dios no estaba con ellos, porque Su Casa no había sido reconstruida. Permíteme decir también, que la secta extremadamente ortodoxa de la religión, constituía un factor desestimulante en la voluntad del pueblo, de restaurar el Templo, ya que, muy meticulosamente en sus argumentos, ellos se esforzaban en mostrar, que el tiempo para la restauración todavía no había llegado.

Ellos basaban esa interpretación en la declaración de Jeremías de los "setenta años" (Jeremías 25:12), los que hubiesen fijado el primer año de construcción en el año 516 a. C. Pero si consideramos como la base para el argumento, la capitulación del Rey Joacim en 597 a. C., y la siguiente deportación de los líderes Hebreos, entonces el cumplimiento de la profecía de Jeremías cae en el año 527 a. C. Sin importar, cuál de las interpretaciones es correcta, tengo que afirmar, que más importante es la voluntad para la acción, y haciendo lo que es legítimo en la vista de Dios, que sutilezas estériles y disipación de energía en el nombre de la piedad. La Palabra de Dios es eterna, por eso elástica, y cubre todas las épocas de la humanidad, hasta el tiempo, cuando la humanidad ya no exista en la tierra, pero el hombre debe crear interpretaciones, que sean aplicables y las que satisfagan las nuevas condiciones, que constantemente cambian con las generaciones.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

72: Ageo inspira valentía y fe en la reconstrucción del Templo

 

Recibido el 1 de Julio de 1965

Yo estoy aquí, Jesús

Los Cristianos tradicionales de muchísimos siglos han permitido, que su religión se cristalizara en moldes, que ya no son útiles o satisfactorios para las nuevas condiciones de vida, como iban desarrollándose en los últimos tiempos, y muchos están listos, o estarán inclinados a oír la voz de la religión del Nuevo Nacimiento, que yo, el Mesías de Dios, y mensajero del Todopoderoso, ahora estoy trayendo a la tierra nuevamente, para la salvación de la humanidad.

Ageo fue un verdadero profeta, porque la voz de Dios le contó, que las exigencias del momento eran más importantes que la exactitud matemática, y que la fe y el destino de los pioneros Judíos eran más preciosos para el Señor, que aproximaciones numéricas, porque de eso se trataba, y de nada más. Y la perspicacia y la convicción de Ageo, que Dios estaba con él, motivaron un gran cambio de rumbo — un milagro, por decirlo asió — y el Templo fue completado dentro de un notablemente breve periodo de tres meses.

¿Quién, pues, fue ese profeta Ageo, y qué dijo, que tanto inspiraba a los desmoralizados habitantes de Jerusalén? Para comenzar, Ageo fue un joven muchacho, que nació en Jerusalén, y recordaba el Templo de los días antes de su destrucción. Fue llevado a Babilonia, donde le criaban como labrador de tierra, pero él era un gran admirador de los antiguos profetas, y un hombre fuerte en la fe de la religión Hebrea y en su civilización. Cuando llegó el llamado en 537 a. C., para regresar a Jerusalén, Ageo respondió dentro de pocos años. Incluso en aquel entonces, Ageo, un hombre de más de cincuenta años de edad, soportó todas las penurias del regreso a la tierra estéril y empobrecida, que trató con tanta seriedad restituir a la productividad. No pertenecía a la clase sacerdotal; más bien, pertenecía al mundo de los profetas, buscando el espíritu y la vida, en lugar de forma y fórmula. Al mismo tiempo, Ageo estaba dotado con un sentido de orden, y sintió que un líder, descendente de David, con el nombre de Zerubbabel, ayudaría a establecer la fe y espiritualidad del pueblo de Jerusalén. Hablaré de eso en seguida.

El Libro de Ageo es breve; contiene cuatro exhortaciones. La primera de las mismas, apremió al pueblo, para comenzar en seguida el trabajo de la restauración del Templo de Dios en Jerusalén. Esta fue una apelación, que tuvo lugar en el sexto mes (llamado Elul en el calendario Hebreo posterior) del segundo año de Darío como Rey; por lo tanto, en otoño de 520 a. C. En el primer día de ese mes, Ageo se trasladó al fundamento del Templo, y allí habló ante una asamblea del pueblo, que acostumbraba visitar este lugar los días Sábado y en la luna nueva. La oración estaba diseñada para alcanzar los oídos de Zerubbabel, hijo de Sealthiel, gobernador de Judea, y de Josué, el sumo sacerdote, cuya familia se remontaba al alto sacerdocio de los días previos al exilio. Zerubbabel fue, por supuesto, Sesbassar, el príncipe de Judá (como se encuentra en Esdras 1:8), nieto de Joacim, el rey Hebreo, que fue llevado a Babilonia. Dirigiendo la palabra a los dos, como las cabezas secular y religiosa del pueblo, con una audiencia fiel, de plano declaró en el nombre de Dios, que la causa del empobrecimiento y las dificultades se originaba en el descuido, y en la indiferencia, en cuanto a la reconstrucción de la Casa de Dios, para que el Señor morase en ella. "¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta?" (Ageo 1:4). El favor de Dios esperaría la restauración del Templo; la sequía y escasez eran las manifestaciones visibles de Su descontento, al no ser capaz de tener Su Casa en Jerusalén. Tres semanas más tarde, los dos dirigentes y el pueblo quitaron los escombros, recogieron madera en los cerros, y los materiales necesarias para la obra, y emprendieron la restauración del Templo, asegurados por Ageo, que el Señor estaba con ellos. "Yo soy con vosotros, dice Jehová." (Ageo 1:13).

En capítulo 2, Ageo contiende con otro problema. La construcción había avanzado alrededor de un mes, y los trabajadores se dieron cuenta, de que el nuevo Templo sería muy inferior al esplendor del Templo de Salomón. Unos pocos de los ancianos aún recordaban la magnificencia de esa estructura, antes de su destrucción hacía sesenta y seis años. Los constructores desanimados necesitaron un nuevo estímulo, y Ageo, destacando que el Espíritu de Dios estaba con ellos, declaró que no necesitaban tener miedo en absoluto, por una falta de magnificencia:

Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco aun haré yo temblar los cielos y la tierra, y la mar y la seca: Y haré temblar a todas las gentes, y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa de gloria, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío el oro, dice Jehová de los ejércitos. (Ageo 2:6-8).

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

73: La Revelación de Dios para Ageo

 

Recibido el 1 de Julio de 1965

Yo estoy aquí, Jesús

En los quinientos años o más, hasta el momento de mi venida como el Mesías, el Templo adquirió vastos tesoros, no despojando o depredando a otras naciones, como Ageo pensaba, y así lo declaraba, a fin de infundir a sus compatriotas la confianza e importancia necesarias, sino a través de la adquisición paciente de los bienes del mundo. Pero más vital aún, más allá de toda comparación, fue la revelación de Dios para Ageo: "La gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos." (Ageo 2:9)

La profecía de Ageo, hasta el punto que se refería a la gloria del Templo, puede entenderse en la luz del reinado Macabeo, incluso en la institución de Jánuca, y en el hecho, de que la duración de este Templo superaba la del Templo de Salomón, y también en los adornos y grandiosos anexos edificados por Herodes.

Dos meses más tarde, Ageo tuvo la ocasión para entregar su tercer mensaje — esa vez, una amonestación y también un estímulo para continuar la acción. Atañe la consideración, que la impureza es más fuerte que la santidad en su efecto sobre el pueblo, y que por ello, la impureza, que hasta entonces había caracterizado al pueblo (a través de su indiferencia hacia la Casa del Señor por más de tres generaciones), apenas podía expiarse en el breve tiempo, que ellos dedicaban a la reconstrucción del Templo, especialmente, porque la influencia Samaritana, una fuente de impiedad, había estado con ellos tan potentemente. Esta comparación de una naturaleza sacerdotal, se utilizó para silenciar efectivamente las quejas de aquellos, que no podían ver una mejora inmediata en sus condiciones, cuando la obra en el Templo se había iniciado.

Ageo afirmó, que la siguiente cosecha sería abundante, gracias a la recompensa del Señor para Su pueblo, ahora que ellos habían sido conmovidos para apreciar Su Templo. El último mensaje, pronunciado en el mismo día que el tercero, predice el "temblar de los cielos y de la tierra, el temblar de todas las gentes," y la elección de Zerubbabel como el servidor del Señor. Existen personas, que tomaron esto como una referencia, señalando que Dios consideraba a Zerubbabel como Su Mesías. Aunque esta es la actitud de Zacarías, a quien discutiré pronto, eso, sin embargo, no es el significado. Más bien, la profecía alude al derrocamiento del imperio Persa, que tuvo lugar unos treinta y cuatro años más tarde, y la anulación de la profecía de Jeremías, contra la progenie de Joacim, cuyo nieto, como he mencionado, era el mismo Zerubbabel.

Jeremías había declarado acerca de Joacim: "Escribid que será este hombre privado de generación, hombre a quien nada sucederá prósperamente en todos los días de su vida: porque ningún hombre de su simiente que se sentare sobre el trono de David, y que se enseñoreare sobre Judá, será jamás dichoso." (Jeremías 22:30) El sincero arrepentimiento del regente, sin embargo, había evitado, justo a tiempo, el cumplimiento del mal; y Zerubbabel ascendía, con el tiempo, a una alta posición en el pueblo Hebreo. Ageo tenía mucha simpatía para Zerubbabel, y estaba contento al profetizar un regreso al poder del nieto del rey, para el beneficio del hombre, y para el beneficio de Israel. Con el tiempo, sin embargo, se vio forzado a retirarse, debido a las fuerzas de oposición.

Cuando miramos en retrospectiva a la obra de Ageo, existen dos aspectos, que parecen más dominantes: (1) su aptitud de infundir fe y motivar a los hombres para actuar, y (2) su perspicacia en el problema de una ley fija durante miles de años. Él sintió, con toda justificación, que las leyes tratando con Dios eran inmutables: El amor por Dios, como en los Diez Mandamientos, permaneció intocable. Pero ya que entendió, que las condiciones materiales cambiaban, abogó por enmiendas a la ley, para satisfacer aquellos cambios, sin disminuir su espíritu u objetivo.

Esta comprensión de una interpretación fija frente a una interpretación flexible de la ley Hebrea, ocasionó una división en la unidad del pueblo, como puede verse en las divergentes opiniones de los Saduceos, los conservadores, y los Fariseos, o moderados, que creían en una ley oral, para complementar y modernizar los antiguos estatutos, que se estaban cristalizando en algo inmanejable, o causaban frustraciones y cargas para aquellos, que trataban de adherir a ellos. Por ejemplo, cuando Moisés dio los Diez Mandamientos, él se pronunció contra el adulterio de mujeres casadas, porque las últimas se consideraban como bienes muebles de sus esposos, y la idea era, que esa propiedad, utilizada por otra persona, constituía un crimen contra el dueño de esa propiedad. Este fue el significado original del Séptimo Mandamiento, y solamente muchos siglos más tarde sucedió, que una interpretación superior, que el adulterio era una violación del voto de amor y fidelidad, se imponía sobre el antiguo concepto económico hacia la mujer.

En la actualidad, cuando se infringe este Mandamiento, la violación con frecuencia no consiste tanto en la infracción de este estatuto, como en un matrimonio poco sincero con una persona, a la que el infractor realmente no ama, pero con quien se casó por otros motivos. Y así, incluso hoy, el adulterio se ha evolucionado de un crimen económico, castigable por la muerte, en un crimen religioso, caracterizado por el divorcio (en lugar del perdón y de la reconciliación, como yo abogo), y un ataque contra la institución matrimonial, que no salvaguarda contra uniones carentes de amor, o uniones para la expresión del sexo solamente, u otros motivos indignos. Aquí, pues, hay un ejemplo, de cómo las leyes y la actitud hacia las mismas han cambiado con el pase del tiempo, y la comprensión, de que ellas no pueden estar fijas en un molde rígido.

Cuando vine a la tierra y prediqué en la Tierra Santa, incurrí en discusiones de esa naturaleza, con opositores del concepto elástico de la ley, y algunos de los mismos eran Fariseos, que no argumentaban del modo vicioso o venenoso, como uno lo lee en el Nuevo Testamento, sino en la atmósfera, que tan a menudo prevalece, cuando las opiniones respectivas son tan preciosas e importantes para cada uno. Así, sané en el Sábado, e incluso ayudé para sacar una mula de un hueco, para la consternación de aquellos, que fijaban su vida según reglas rígidas, mientras yo sostenía, que el Sábado fue creado para el hombre, y no el hombre para el Sábado, dando preferencia a la vida, como Dios lo pretende. Así ves que, haciendo esto, no transgredí la ley Hebrea, como algunos comentaristas lo creen, o incluso, que yo traía una nueva revelación, concedida por Dios, a la humanidad, como les gustaría pensar a algunos Cristianos, sino que seguí, y estuve de acuerdo, con la perspicacia de Ageo, el principal motivador de la reconstrucción del Templo, y profeta Hebreo por excelencia. Y también estuve de acuerdo con un gran número de los Fariseos, donde la opinión de una interpretación liberal de las leyes, me convirtió en simpatizante de su perspectiva. Esta perspicacia de Ageo, desgraciadamente, no es tan claramente discernible, en los breves escritos, ahora disponibles en el Antiguo Testamento, y no recibió el reconocimiento debido, que se merece su significado vital. Pero estoy contento, al concluir, que pueda traer esto a la atención de todos, los que lean estos sermones sobre Ageo.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

74: Zacarías el soñador

 

Recibido el 7 de Septiembre de 1965

Yo estoy aquí, Jesús

El nombre de Zacarías normalmente se asocia con Ageo, ya que dos meses después de que el último se pronunció en favor de la reconstrucción del Templo, el primero también expuso su apelación para el mismo propósito. Pero Zacarías, en contraste con Ageo, era un joven hombre, cuando vino su llamado para la profecía, y su método, acercamiento y actitudes son muy diferentes. Sus profecías, acompañadas por el progreso en la obra para el Templo, hasta su finalización, miran adelante, esperando la realización de grandes días para el pueblo Judío, y su religión de amor por Dios y pureza de alma.

Zacarías nació en el exilio, el hijo de Berequías, un sacerdote y nieto de Iddo, quien mismo tenía cierta reputación como vidente o profeta, y también sacerdote. Su nombre, que significa conmemoración de Jehová, era muy adecuado para este joven: Significaba recordar las Demandas y Requisitos de Dios, y también tratar de conocer Sus Planes, a través de visiones, similares a las de Ezequiel.

Zacarías no estaba interesado en el obscuro pasado de Israel. Sintió que con los Judíos una vez más en la Tierra Santa de Israel y en Jerusalén — un milagro de Dios — el futuro sería brillante y esplendoroso. Por ello, Zacarías soñaba sueños en la noche. Estos sueños del profeta son de gran importancia para la comprensión de la literatura apocalíptica de escritores posteriores, como Daniel, siglos más tarde. Estas visiones son personales en su naturaleza, las que los profetas interpretan como imágenes, conteniendo los mensajes, que Dios diseñó para enviarlos de esta forma. Para el profeta, ellos expresan la Verdad de Dios.

Es interesante observar, sin embargo, que, si bien profetas anteriores también recibían visiones, Dios Mismo, entonces, era el orador. No había ninguna necesidad de un intermediario entre el Señor y Su médium de expresión. Pero con Zacarías, el Señor Dios Mismo no entra; más bien, sucede a través de un mensajero divino, o ángel, que Zacarías es capaz de obtener el significado de las visiones, que recibe. En realidad, en todas las visiones del profeta, un ángel está presente, que le informa, lo que sus visiones representan.

¿Qué, pues, informaron las visiones de Dios a Zacarías y en qué forma le fueron transmitidas? Trataré estas visiones detalladamente, una serie de ocho, y después esclareceré, lo que ellas significaban para el pueblo Judío. La visión número uno puede llamarse "entre los mirtos." El profeta se encuentra en un valle, en el que la noche parece aún más obscura por el follaje. Se acerca el ruido de cascos de caballo, pero a pesar de la noche obscura, un caballo bermejo y su jinete pueden distinguirse. Se detiene frente al profeta. Como líder, él es un ángel y vino a la tierra, para ver qué tal las condiciones allí. Declara que todo el mundo está en paz, y Zacarías recibe el mensaje, de que el Señor confortará Sión y elegirá Jerusalén.

En la segunda visión, cuatro cuernos, los enemigos de Jerusalén, son derribados por cuatros carpinteros: por lo tanto, el día de paz y descanso para Judá se avecina.

La tercera visión, el hombre con el cordel de la medida, indica que Jerusalén ya ha crecido, rebasando sus muros, y que la seguridad de la ciudad yace en su Protector, el Señor.

La cuarta visión, en la que el acusado es Josué, el sumo sacerdote, nos lleva a una escena netamente contemporánea, en donde Ageo, cuyo libro repasé en mensajes anteriores, aboga por la supremacía del elemento religioso en Jerusalén, y Zacarías se inclinó fuertemente hacia Zorobabel, en un franco deseo por una comunidad nacionalista, una nación libre, independiente de Persia, y con énfasis en lo político. Si bien el profeta aquí no favoreció a Josué, y en la visión lo enjuicia, acusado por Satanás, y vestido de ropa sucia, a pesar de ello, buscó un entendimiento, por lo que Josué se limitaría a asuntos religiosos, y le permitiría a Zorobabel, gobernar libremente como líder de la nación Hebrea. Los Persas, sin embargo, no le permitieron a Zorobabel continuar como líder político, temiendo una sublevación, y le quitaron del poder.

En la quinta visión, sin embargo, Zacarías trató de asegurarle a Josué su apoyo como figura religiosa. A decir verdad, la siguiente visión es netamente religiosa. Desde los olivos, que se hallan cerca del candelero dorado de siete ramas, o Casa de Dios, se pasa aceite del candelero a una lámpara, lo que representa la Gracia de Dios para la restaurada nación Hebrea. El Templo de Dios será construido, y los servicios eclesiásticos mantenidos. Nuevamente, el profeta hace mención de Zorobabel, porque el ángel, que habla en el sueño dice:

Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura: él sacará la primera piedra con aclamaciones de Gracia, gracia a ella. (Zacarías 4:6-7).

El profeta señalaba, que el favor de Dios hacia Zorobabel, permitiría al último acabar el Templo, y que la nación Hebrea restaurada sería alimentada por el Espíritu de Dios, justo como el candelero de siete brazos sería alimentado por los olivos milagrosos, suministrando aceite para las lámparas. Muchos comentaristas encontraban dificultades con el verso "y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Aquellas siete son los ojos de Jehová que recorren por toda la tierra." (4:10). Las siete se refieren a las lámparas o velas en el candelero. El profeta también quiso decir, que los problemas, que obstaculizaban el acabado del Templo, como la continua oposición de los Samaritanos, y la interferencia del Sátrapa Persa, no impediría la perfección del Templo, ya que el celo del Señor lo convertiría en una realidad. Esta profecía, por supuesto, se cumplió, y el Templo continuaba floreciendo durante unos 580 años o más, proporcionándole al pueblo Hebreo su inspiración y reglas para una vida justa y amor por Dios, a pesar de la ausencia de un regente nacional en el sentido seglar, y las dificultades, que se acumulaban siempre más, cuando Persia, Grecia, y el Imperio Romano utilizaban a Israel como su peón en sus luchas despiadadas y política aplastante de poder.

Hay que recordar que, lo que siempre mantenía vivo al Judaísmo, era el Espíritu de Dios, y los ideales de amor por Dios y el prójimo, un sentido de rectitud, respeto de la vida y de los derechos de otras personas, y una intensa fe en el Señor. La vitalidad del Judaísmo yace en sus valores espirituales y morales, no en el poder de sus guerreros, tamaño de su ejército, o extensión de su territorio.

Ahora a la sexta visión. "El rollo que volaba," o rollo enorme, que contiene invectivas contra ladrones y personas deshonestas, es una advertencia para el pueblo de Jerusalén, para que no entren en los caminos ilustrados de los perversos. Se pinta la Idolatría en la visión del epha, o medida de ocho galones, en la que una mujer, que representa el pecado, está sentada. Esta mujer será desterrada de Israel, y transferida al país de Shinar: el antiguo nombre Hebreo para Babilonia. Esta es la séptima visión.

La última visión es la de los cuatro carros, cada uno tirado por caballos de diferente color, simbolizando los varios imperios, que en el pasado causaron, o en el futuro causarían, daño a Israel. Estos carros, dominando y enjaezando los caballos, indican, que los agentes de Dios confinaron, y en el futuro (como en el caso de Roma) confinarán estos grandes imperios dentro de sus límites, y los destruirán. Los carros ya habían consumado su misión de destruir Babilonia. Persia y Egipto estaban ahora desbastándose en las bridas divinas; sólo había que contar todavía con Roma.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

75: Zacarías recibe una orden de Dios Mismo

 

Recibido el 7 de Septiembre de 1965

Yo estoy aquí, Jesús

En el capítulo 6:9–15, Zacarías recibió una orden de Dios Mismo (y no de ángeles). Aquí, el profeta ya no se encuentra en un estado visionario: era de mañana. Una delegación de los Judíos, todavía en cautiverio en Babilonia, había llegado a Jerusalén, trayendo oro y plata, como ofrenda para la obra de restauración del Templo. El profeta recibió la orden de dirigirse, el mismo día, a la casa de Josías, hijo de Sefanías, donde se depositó el metal, y de forjar dos coronas: una de plata para Josías, el sumo sacerdote, y otra, de oro, para Zorobabel. Se le mandó al profeta, que dijera al sumo sacerdote:

Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es Pimpollo, el cual germinará de su lugar, y edificará el templo de Jehová: Él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y será sacerdote en su solio; y consejo de paz será entre ambos a dos. Y Helem, y Tobías, y Jedaía, y Hen, hijo de Sefanías, tendrán coronas por memorial en el templo de Jehová. Y los que están lejos vendrán y edificarán en el templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y será esto, si oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios. (Zacarías 6:12–15)

Zacarías, debo mencionarlo ahora, fue un artesano, un trabajador en metales, y fue muy capaz de llevar a cabo las órdenes de Dios, en cuanto a las dos coronas. Las completó en presencia de Josías y de la delegación de tres, y después de la ceremonia de coronación, las mismas fueron colgadas, por cadenas de oro, del techo en el pórtico del Templo.

El pimpollo, desde luego, fue Zorobabel, y el significado fue una referencia a la interpretación del profeta del Mesías, en aquel período de la historia Israelita. Sería rey de una nación independiente, y los asuntos religiosos estarían en manos del sumo sacerdote. Como conoces, cómo no, esto no sucedió, ya que los Persas quitaron Zorobabel del poder político, e Israel no llegó a ser una nación independiente, hasta el tiempo de la lucha de los Macabeos, más de trescientos años más tarde. Adicionalmente, la visión de Zacarías del Mesías era todavía la de un regente material, interesado sobre todo en la restauración, sin el alma o las cualidades espirituales, que habían caracterizado a David, el Rey, y, con el país siguiendo bajo el gobierno de poderes extranjeros, con los sumos sacerdotes como gobernadores locales, la comprensión del Mesías, el ideal del pueblo, permanecía centrado en la restauración de la nación Hebrea, con el Mesías como soberano.

En el cuarto día del noveno mes, o Chislev (Diciembre-Enero según el calendario moderno), del año 518 a. C., se realizó una consulta, para averiguar, si el día, conmemorando la caída del Templo, debería seguir como feriado. En cuanto a esa pregunta, que surgió, cuando una delegación de Babilonia fue enviada para una determinación, ella fue presentada a Zacarías, creyendo que el profeta podía obtener una respuesta del Señor o de Sus ángeles. Zacarías manifestó, que el pueblo no había ayunado en aquel día, ni en el día, que conmemoraba el asesinato de Gedalías, el gobernador de Jerusalén. Sin embargo, declaró el profeta, al Señor no le importaba el ayuno, sino que hiciesen lo que era correcto en Su vista. Lo que había causado el aprieto de los Hebreos en los tiempos pasados, era exactamente esa falta de vida correcta, la que había sido predicada por los antiguos profetas, y sólo encontraba oídos sordos. La maldad había llegado a la mies. Pero ahora, ya que el castigo había resultado ser el trabajo de sus manos, Dios estaba ansioso de producir la restauración, y vendar las heridas. Jerusalén llegaría a ser la "Ciudad de la Verdad", y la zona del Templo debería ser el "Monte Santo". Por lo tanto, el Templo tenía que acabarse, y Jerusalén llegaría a ser una ciudad de la juventud y de la risa. Verdad y paz serían las consignas, y la vida ética y la rectitud las leyes, que tenían que obedecer y respetar. Así, los días de ayuno y lobreguez se convertirían en un tiempo de felicidad y festividades. Y así, los Hebreos serían restaurados al Favor del Señor, y serían modelos para toda la humanidad. Todos los pueblos los respetarían y agradecerían la santidad de su religión, y la bondad de su humanidad:

Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aun vendrán pueblos, y moradores de muchas ciudades; y vendrán los moradores de la una a la otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de todas las lenguas de las gentes, trabarán de la falda de un Judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros. (Zacarías 8:20-23)

Una visión superior del Judaísmo, basado en la rectitud, que el Señor exige de Su pueblo, y que significaba el reconocimiento para el Judío y su humanidad por otros pueblos, difícilmente puede encontrarse en la Biblia. Esto se expresa con un amor y una ansia, que a todos los Judíos les hace sentir un tirón en su corazón, para buscar al Señor, y conocer, que Él está con ellos.

Pero regresemos ahora a la profecía de Zacarías. Cuando vine a la tierra, para vivir y predicar en la Tierra Santa, no vine ayunando, como se lo registra en el Nuevo Testamento, sino que vine comiendo y bebiendo, igual que mis seguidores. Sentí, en esencia, que a Dios no le interesaba lo que yo metía en mi estómago como alimento o bebida, sino que más bien, se preocupaba de lo que salía de mi boca, las expresiones, que provenían del corazón, señalando la condición de alma. En resumen, a Dios le interesa la conducta ética y la moral, que guían a los individuos en sus sendas a través de la vida mortal, y, la gente del Nuevo Nacimiento, el Amor que arde en los corazones de aquellos, que me conocen como Jesús de la Biblia, su hermano mayor, y Maestro de los Cielos Celestiales — gente cuya conducta se determina por el Amor Divino en sus corazones, y no por ritos y ceremonias. Y como les dije a los huéspedes en la mesa de la casa de mi padre, José (llamado Alfeo en el Nuevo Testamento, para disfrazar el hecho, de que yo tenía un padre real), los seguidores de Juan Bautista, y los miembros de los Fariseos, solían ayunar, porque ellos estaban conscientes de los pecados, porque sólo tenían el amor natural, inadecuado para combatirlos, mientras yo vine con una alma impenetrable para el pecado, debido al Amor que moraba adentro, y les enseñé a mis discípulos el Amor Divino, a través de la oración al Padre, y una Alma Divina a través de Su Amor, y una sólida protección contra el pecado y el mal mundano, como una alta bastión, vigilada por el celo del Señor Mismo. También enseñé la oración por el Amor, que ardía en mi propia alma, mi misión en la tierra como el Mesías de Dios.

No vine para disputar o violar las tradiciones del Judaísmo, como algunos círculos lo han afirmado, sino adherí a la profecía Hebrea, como expuesta por Zacarías, para el efecto, déjame repetirlo, que Dios no estaba interesado en el ayuno, sino en la rectitud, que todos los profetas de Israel habían proclamado. Por eso, me acomodé a las revelaciones de los profetas, y bien dentro del marco de las leyes de Israel. Cuando les conté, a mis discípulos y oyentes, de la presencia del novio, sencillamente señalé la presencia del Mesías, y la Presencia de Dios en la tierra a través del Amor en mi corazón, y la necesidad de felicidad y alegría en Su presencia, mientras estuviese en la tierra. Puedo hablar más de esto, cuando discuta las parábolas contenidas en el Nuevo Testamento.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

76: Cuando Jesús vivía en la tierra, estuvo impresionado por los escritos de Zacarías

 

Recibido el 4 de Enero de 1966

Yo estoy aquí, Jesús

Con el noveno capítulo de Zacarías, es necesario hacer un paréntesis, y insertar unos comentarios. El contenido de los últimos seis capítulos no tiene nada en común, en cuanto a su tema, con las precedentes, y por lo tanto, muchos comentaristas de los profetas del Antiguo Testamento sienten, que otro Zacarías las escribió. Esto, sin embargo, es un caso, donde la misma persona escribió todos los capítulos, pese al completamente nuevo material introducido; más bien, encontramos al mismo visionario y al mismo optimista, en una escala más grande y más gloriosa.

Aproximadamente 25 años transcurrieron, antes de que Zacarías escribiese sus restantes capítulos. El Templo fue restaurado en 516 a. C., y todo parecía pacífico; a pesar de ello, en 490 a. C., ocurre la batalla de Maratón, y 10 años más tarde, los Griegos derrotan a los Persas en la batalla naval de Sálamis. Por lo tanto, Zacarías, ahora un hombre de mediana edad, ve en estos eventos históricos una señal, para volver a tomar la pluma de profecía, y escuchar la voz del Señor. Ahora, ya no está interesado en el Templo, un hecho consumado, sino en el destino de los Judíos y de Jerusalén, si Persia fuese conquistada por los Griegos, como resultó ser el caso, cuando Alejandro, el Grande, apareció en el escenario, cerca de 150 años más tarde. La conclusión de Zacarías es, que ahora que Israel, la Tierra Santa, otra vez está en posesión de los Judíos, cualquier asalto por los Griegos o por una combinación de naciones contra Jerusalén, tenía que fracasar esta vez, incluso si Dios Mismo tenía que bajar del cielo y luchar, parado en Su Monte Santo, para salvar a Su pueblo de la destrucción. Su voz trajo a los Hebreos de vuelta del exilio en Babilonia; Su celo traería, cuando necesario, la victoria para Su pueblo esta vez, si alguien los atacaba. Por lo tanto, los Judíos tenían que mirar hacia el futuro con confianza, pese a la conmoción, que bullía entre las naciones paganas; la amenaza de Grecia se desvanecería, Jerusalén llegaría a ser la Ciudad Templo del mundo entero, hacia donde los pueblos de todas partes vendrían, para rendir culto, y en aquel día en el futuro ...: "El Señor será rey sobre toda la tierra. En aquel día el Señor será uno, y uno su nombre." (Zacarías 14: 9)

Cuando vivía en la tierra, en Palestina, estuvo muy interesado en los escritos de Zacarías, no sólo por su fe en el Amor del Señor y Su protección para Su pueblo, sino por la figura de del Mesías, que él introdujo como visiones. Este recurso al Mesianismo ocurre tan pronto como en el capítulo 9:9 y 10, y es muy celebrado en círculos religiosos:

Alégrate mucho, hija de Sión;

da voces de júbilo, hija de Jerusalén:

he aquí, tu rey vendrá a ti,

justo y salvador,

humilde, y cabalgando sobre un asno,

así sobre un pollino hijo de asna.

Y de Ephraim destruiré los carros,

y los caballos de Jerusalén;

y los arcos de guerra serán quebrados:

y hablará paz a las gentes;

y su señorío será de mar a mar,

y desde el río hasta los fines de la tierra.

Ahora, ya no puede haber ninguna duda acerca de la nueva dimensión en el concepto del Mesías en Israel. Aquí, él ya no es el clásico regente, ungido por Dios a través del sacerdocio; el Mesías, que Zacarías pensaba era Zorobabel, no había logrado sobrevivir la oposición de los Persas, y podemos decir, el sacerdocio tampoco, ya que esta organización temía un recorte de sus poderes por un poder secular nativo. Zacarías ahora vio, que el Mesías por venir, debía ser, por cierto, un ser humano, pero poseería cualidades espirituales transcendentales, de humildad y amor. Adicionalmente, Zacarías vio que el Mesías de Dios no se preocuparía solamente de Israel, sino de toda la humanidad.

Aquí, pues, hubo un concepto del Mesías, que iba más allá de una figura real clásica, una persona dotada de un espíritu humano, y una amplitud, que le daba al significado del término una grandeza desconocida hasta aquel momento. El Mesías iba a traer paz al mundo desgastado y desgarrado, a través de su cariño, su misericordia, su amor. Estuve muy impresionado por estos versos en Zacarías, y el Amor en mi corazón me contó, que este concepto del Mesías estaba más cerca de la realidad, que Dios deseaba por Su Cristo. Y cuando me encaminé para Jerusalén, me decidí por entrar en la ciudad exactamente de la manera descrita en las líneas, que acabo de citar; cabalgué a la cabeza de mis seguidores, montado en un asno. Ves que los profetas de Israel eran muy importantes para mí, en mi formación intelectual como el Mesías prometido al pueblo Hebreo.

Pero si Zacarías vio la visión del Mesías como la Voluntad de Dios por amor y paz, sin embargo, vio lucha e invasión, todo alrededor de sí. Percibe que los Griegos tomarán el lugar de los Persas, y atacarán Asia Menor y el Medio oriente. Ya habían hecho esto siglos antes, cuando los Griegos habían destruido Troya, y los Filisteos habían invadido Israel. Ahora, nuevas guerras estaban en la lontananza. Los Persas se encontraban ahora en batalla con los Griegos, pero Zacarías previó poderosos ataques terrestres. A decir verdad, los mismos tuvieron lugar mucho después, en los días de Alejandro, el Grande. Zacarías, por eso, tuvo miedo de la guerra contra Jerusalén, incluso en el grado, en que Judá, el país rodeando la ciudad, sentiría el choque de la invasión, y atacaría al enemigo a su vez. Aquí Zacarías deseó imbuir a sus oyentes de un sentido de seguridad. Dios lucharía para ellos ahora, como Él no lo había hecho en la defensa contra Babilonia. Antes, Él había castigado; ahora, Él redimiría: 

En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén:

y el que entre ellos fuere flaco,

en aquel tiempo será como David;

y la casa de David como ángeles,

como el ángel de Jehová delante de ellos.

Y será que en aquel día yo procuraré quebrantar

todas las gentes que vinieren contra Jerusalén.

Y derramaré sobre la casa de David,

y sobre los moradores de Jerusalén,

espíritu de gracia y de oración;

y mirarán a mí, a quien traspasaron,

y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito,

afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito.

(Zacarías 12:8-10).

 

Ahora, esta es una profecía atribuida al Padre Mismo, relacionada con la defensa de Jerusalén; Él inspiraría valentía y bravura en los soldados Hebreos, pero también derramaría Su Espíritu sobre el pueblo. Pregunté a Zacarías, cuando este tuvo lugar, o tendría lugar, y quien fue la persona, por la que se afligieron, a la que traspasaron, y Zacarías me contó, que él había sido inspirado por una visión, como las había recibido en profecías anteriores, y pudo decir solamente, que esto era asunto de interpretación. Sin embargo, lo que sí dijo es, que no conocía a nadie en el mundo de los espíritus, que se hubiese presentado para proclamar, que él era aquella persona, ni siquiera el Rey Josías, quien fue muerto por el Faraón Nechao en Meggido, y pensó que esto se refería al Mesías, hijo de José, quien iba a morir violentamente en el ejercicio de su misión, según una antigua tradición Hebrea. Yo pensé, que esto podía referirse al asesinato de Gedalías, el gobernador de Jerusalén, en la época cuando fue conquistada por Nabucodonosor, por miembros de la casa real Hebrea. Un día de luto nacional se fijó, para conmemorar este horrible acto, y su muerte se sintió, y fue deplorada, profundamente. No puedo declararme de acuerdo con la interpretación general por los Judíos, que el mártir, a que se refiere, simbolizaba a los soldados Judíos caídos ante los ataques paganos, pero el Talmud declara (Sukkah, 52a), como Zacarías, que esto se refiere al Mesías y su muerte prematura. Desde luego, el Nuevo Testamento considera la profecía como cumplida con mi muerte afuera de Jerusalén. Si esto es verdad, pues, la profecía es asombrosa, pero soy reacio a creer, que la evidencia es lo suficientemente fuerte, como para poder considerarse convincente. Por el otro lado, cuando me di cuenta, de que fui el Mesías de Dios, conocía que mi camino, predicando la salvación a través del Amor de Dios, debía provocar inevitablemente la hostilidad de aquellos, cuyo concepto de Judaísmo no toleraba ningún desarrollo más allá, y también la enemistad de funcionarios en altos puestos, cuyas posiciones estaban el peligro de abolirse, por la aceptación de las "buenas nuevas," y la persecución por las autoridades Romanas, en el nombre de una sublevación contra el orden existente, cuyo deber era mantener el mismo.

Además, el comienzo del capítulo 13 se refiere a una fuente de agua en Jerusalén: "En aquel tiempo habrá manantial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalén, para el pecado y la inmundicia." (Zacarías 13:1)

Puesto que el único arroyo en Jerusalén es el riachuelo de Kidrón, la referencia aquí señalaba la visión de Ezequiel de aguas emanando del Templo (Ezequiel 47:1), y era profética en su significado. En el tiempo de mi venida, esta fuente para la Casa de David y el pueblo de Jerusalén, no podía tener ninguna importancia en un sentido físico para abluciones, sino sólo en el sentido de la emanación del Amor de Dios hacia mí, como Su Mesías, y hacia la gente, que escucharía mis prédicas de la nueva salvación por Dios, a través de Su Amor, y rezaría y obtendría el mismo, como yo los exhortaba que lo hiciesen, y hacia aquellos en el mundo de los espíritus, que seguirían mis enseñanzas, no obstante su morada y condición de alma. Por eso tomé tanto interés en los escritos de Zacarías, y comprendí considerablemente acerca de mi misión como el Cristo, a través de este profeta de Israel, que había recibido la Palabra de Dios siglos antes de mi venida.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


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