Revelaciones Angelicales - el Evangelio revelado nuevamente por Jesús



 
 
76 Sermones Del Antiguo Testamento De La Biblia


El Primer Isaías, Miqueas Y Sofonías

 

31: El primer Isaías, profeta de Israel

32: Isaías y la amenaza Asiria

33: Isaías declara el Juicio de Dios sobre las naciones

34: La lucha de Isaías contra los males sociales y los sacrificios

35: La esperanza de Isaías por un reino ideal para Israel

36: Miqueas y los aristócratas de Jerusalén

37: Miqueas y la predicción de Belén

38: El Día de Juicio, como Sofonías lo previo

39: la rectitud de todas las naciones tiene que rescatarse

 


 
 


 
 

31: El primer Isaías, profeta de Israel

 

Recibido el 21 de Abril de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Isaías, hijo de Amós, se conoce como el profeta de la fe en dios por excelencia, ya que esta fe se aplicó a la nación de Judá en su totalidad, y sirvió para mostrar, que Dios no puede ser excluido de la política nacional. En Amós, y en Oseas, vimos que estos profetas de Israel advirtieron de la amenaza de desastres para la nación, por su negligencia moral y sus pecados, Pero Isaías fue más allá, y si bien él, también, continuó con las advertencias para Israel, y también para Judá, por sus pecados e injusticias, que barrieron sobre el país, sin embargo, sus advertencias eran también de una naturaleza política, y trataron con la política y asuntos exteriores, en su más alto nivel internacional.

Isaías es el primer gran consejero de paz para su país. Comenzó a profetizar en el año de la muerte del rey Uzías, alrededor del año 738 a.C. Durante algunos años antes, Uzías había sufrido de lepra, y su hijo Jotam se había encargado del gobierno. Uzías rindió culto a Jehová en el Templo en Jerusalén, por razones políticas, pero permitió que los ritos paganos se realizaran en los lugares altos.

Había conquistado Filistea, reconstruyó el puerto de Elat, a orillas del Mar Rojo, y derrumbó los muros de Gat, Jabnia y Asdod, y de las ciudades Filisteas norteñas a lo largo de la frontera de Judá. Edificó también fortificaciones en Jerusalén, reparó trincheras, y construyó atalayas, como un sistema de advertencia contra invasiones enemigas. Luchó guerras con los Árabes y Mehunimos, y los derrotó, reorganizó el ejército y hizo mucho para fomentar la agricultura y mejorar el abastecimiento de agua. Un buen informe de él fue entregado en las Escrituras en II Crónicas 26:4–7, a pesar de su reconocimiento de cultos paganos.

Lo que llevó a Isaías a profetizar contra Judá, fue una doble acusación. La prosperidad del país, con la victoria y mayor territorio, trajo consigo condiciones similares a las de Israel, con un apetito desmesurado por lujo, la introducción de costumbres, modales y ideas extranjeras, falso orgullo, avaricia y el resultante atropello de los pobres. El segundo factor fue la ascensión al trono Asirio de Tiglat-pileser en 746 a. C., y las conquistas realizadas por este monarca — Damasco, Tiro y otros estados, sometiéndolos bajo su poder. Judá necesitaría todo el auxilio de Dios, para impedir que cayera víctima ante Asiria, como lo hacían estos países, y como Israel lo hacía en 721 a. C.

Ahora el hijo de Uzías, Jotam, no duró mucho tiempo en el trono de Judá, después de la muerte de su padre. Continuó con la política entonces adoptada, permitiendo cultos paganos en el campo de Judea, pero predicó el Judaísmo en Jerusalén. Derrotó a los Amonitas, construyó ciudades en el territorio montañoso de Judá, y fortalezas y atalayas en los bosques, erigió en la capital la puerta alta del Templo, y inició obras en los muros en el cerro de Ofel. Murió a la edad de 41, justo en aquella época, cuando las fuerzas de Israel y los Sirios marcharon contra Judá, por la negativa de Judá de asociarse con ellos contra Asiria. Acaz, su hijo, que le sucedió en el trono, fue una persona muy tímida, que carecía de fe religiosa, y la aparición de los soldados hostiles, les infundió a él y a muchos de sus súbditos gran temor por su seguridad personal. De esto, hablaré más tarde.

Así, pues, se presentó la condición de Judá en aquella época, cuando Isaías había estado profetizando por algunos años. Este profeta fue nativo de Jerusalén, un miembro de la familia real de Uzías, primo de parte de su padre. Parece raro que este joven, que pertenecía a la nobleza, no participara de su actitud aristocrática de ese tiempo hacia la vida pública, sino que más bien adoptó la causa de los comerciantes y trabajadores comunes en Jerusalén, que querían permanecer en paz con las demás naciones del área. Pero cuando señalé, que los profetas habían sido inquebrantables en su posición, tanto por la paz, como contra la violencia y guerra, entonces uno puede comprender mejor su posición contra la alianza de Judá con otros países, para agredir Asiria, y también su actitud de fe en Dios, como el medio real y único genuino, para proteger su país. Aquí chocó con el rey, y con la nobleza militante.

Isaías, como un joven hombre con veinte y pico de años, comenzó su ministerio como profeta, cuando el rey Uzías murió, y sus visiones pintorescas de su llamado por Dios se registran en el sexto capítulo de su libro en las Escrituras

Muchas de sus primeras profecías copian el estilo de Amós y Oseas, a los que estudió y en los que confió en sus mensajes proféticos. Deploró los pecados de Judá, y el terror que sobrevendría al país en el Día de Jehová, el día cuando los perversos líderes perecerían. Estos mensajes, por supuesto, insisten en la reforma, para cumplir con los estándares de Jehová de ética y justicia. Pero en la parábola del viñedo improductivo, Isaías mostró su perspicacia en la relación de Dios con la nación; Como Moisés, subrayó el Amor del Padre por Sus hijos, entonces desnudó su deslealtad para Él. Describió a Dios como el sembrador, y Judá como el viñedo: 

Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña.

Tenía mi amado una viña en un recuesto, lugar fértil.

Habíala cercado,

y despedregádola,

y plantádola de vides escogidas:

había edificado en medio de ella una torre,

y también asentado un lagar en ella:

y esperaba que llevase uvas,

y llevó uvas silvestres.

(Isaías 5:1-2)

De este modo, Isaías habló al pueblo de su ingratitud hacia el Padre, por su comportamiento pecador. Entonces continúa, como si Dios hablara a través de él, exigiendo juicio: "¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que llevase uvas, ha llevado uvas silvestres?" (Isaías 5:4) "Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta suya deleitosa. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor." (Isaías 5:7)

Lo importante que tenemos que recordar, en cuanto a mi profeta aquí, es que Isaías así continuó la concepción del Amor Divino de Dios por Su pueblo. Él habló, y escribió, en una parábola que fue clara y querida a todos los Hebreos — el amor que el hombre del campo tiene por su terruño. Dios amaba a los Hebreos, porque ellos eran los que debían cumplir con Sus Mandamientos de justicia y rectitud, y Dios, el Marido de Israel, o Dios, el Sembrador del viñedo, era Dios que amaba con Su Amor Divino el pueblo de Su elección, y cuando era necesario, les castigaría para que volvieran a Él, a través de la práctica de aquellos sagrados Mandamientos de rectitud y justicia, que le caracterizaban para los Hebreos en este período. Sin embargo, tal es la fe de Isaías en Dios, que declara, que vendrá el tiempo, cuando no sólo Judá regresará a Él, sino también toda la humanidad. Porque Isaías conocía y proclamó, que Jehová no sólo es el Dios de los Hebreos, sino el Dios universal de todo la humanidad:

"Y vendrán muchos pueblos, y dirán:

Venid, y subamos al monte de Jehová,

a la casa del Dios de Jacob;

y nos enseñará en sus caminos,

y caminaremos por sus sendas.

Porque de Sión saldrá la ley,

y de Jerusalén la palabra de Jehová."

(Isaías, 2:3)

Isaías estaba seguro, que la Palabra del Padre tenía que venir de Jerusalén. Yo creía en esto, y fue una de las razones, por las que fui a Jerusalén, para traer mi mensaje del Amor del Padre a la ciudad de David. La Palabra del Señor tenía que venir de Jerusalén. Así, muchos de mis mensajes del Amor Divino, aunque no registrados, fueron entregados en el Templo. Isaías también pronunció sus mensajes de la paz universal, un ideal del futuro, que constituye uno de los grandes pasajes en la Biblia:

"Y juzgará entre las gentes,

y reprenderá a muchos pueblos;

y volverán sus espadas en rejas de arado,

y sus lanzas en hoces:

no alzará espada gente contra gente,

ni se ensayarán más para la guerra.

Venid, oh casa de Jacob,

y caminemos a la luz de Jehová."

(Isaías 2:4–5)

Como Isaías así denunció la guerra, y habló contra rebeliones como un camino para la salvación, lo mismo hice yo, cuando aparecí en la tierra. Como Isaías pronosticó la paz a través del conocimiento de Dios, así enseñé la paz entre los Zelotes y los soberanos Romanos en Palestina, paz para prevenir la destrucción de la nación, y paz entre todo la humanidad a través del amor fraternal, con el Amor del Padre en cada alma, trayendo a cada una comprensión compasiva de aquellas de sus hermanos, sin consideración de raza o color, a través de la adherencia a mi Camino hacia la eterna salvación, orando por Su Amor Divino.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

32: Isaías y la amenaza Asiria

 

Recibido el 12 de Julio de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

En mi último sermón señalé, que Isaías fue un profeta de paz, una persona que abogaba por la causa del pueblo, contra la clase gobernante en Jerusalén. Ahora voy a escribirte sobre las profecías, que Isaías hizo, y de las que se dice, que Isaías las había hecho, y te informo lo que es verdadero en ellas y lo que es falso.

Estas predicciones se hicieron como resultado de la participación de Judá en los eventos mundiales, que ocurrían en ese momento. Las dos grandes naciones del área, Asiria y Egipto, competían por el poder dominante, y los menores estados entre ellos, Israel, Judá y Siria, quedaban atrapados, por decirlo así, en medio de la riña. Conoces, por supuesto, que Isaías predicaba la neutralidad y una política de estado de quietud, con fe en Dios, como el principio guía. Sus palabras en Hebreo son difíciles de traducir al Español, por un juego de palabras, pero dijo algo como, "permanece en el Señor, y Él proveerá." Pero debido al terror generado por Asiria en los pequeños estados, sus regentes, como Rezín de Siria y Peka de Israel, opinaban que era preferible asociarse con Egipto, como el menor de los dos males.

En realidad, estos principados se sentían tan irritados por la pasividad de Judea en aquel momento (alrededor del año 738 a. C.), que ellos determinaron atacar Jerusalén. Como mencioné en mi primer sermón sobre Isaías, Acaz, hijo de Jotam, ocupaba el trono de Judea. Ahora, el profeta más bien estaba alejado de la cercana consanguinidad con la casa real, a pesar de ello, continuaban a escucharle, como estadista mayor, a veces, en defensa de su política de la fe y neutralidad, contra los jóvenes aristócratas, que rodeaban a Acaz. Cuando el regente llegó para inspeccionar el sistema de abastecimiento de agua de Jerusalén, preparándose para un asedio, Isaías se reunió con él, con su pequeño hijo, Shear-Jesheb (un remanente permanecerá), y le dijo, que no debía desesperarse, porque los dos agresores eran débiles, y el rey no necesitaba preocuparse. Isaías habló de su conocimiento de Siria e Israel como un estadista, pero también habló de su perspicacia y la convicción interior de la situación, que Dios le había entregado a él, como su profeta.

La profecía de Isaías así trató de un evento local, pero el pasaje ha llegado a ser uno de los más famosos en el Antiguo Testamento:

[...] He aquí que la virgen concebirá,

y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel. [...]

Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno,

la tierra que tú aborreces será dejada de sus dos reyes.

(Isaías 7:14–16)

Estas frases fueron quitadas de su contexto, y la palabra Hebrea "alma," (una joven mujer) fue traducida como "virgen" por los intérpretes Griegos y Latinos, por lo que el pensamiento expresaba un nacimiento virginal, tan popular en las religiones antiguas. Y aquí puedo citar el nacimiento de Horus, entre los Egipcios, o de Buda, en la India. Los antiguos editores Cristianos, por supuesto, buscaban algo en el Antiguo Testamento, para apoyar sus teorías de un nacimiento virginal del Cristo, para atraer y convertir a sus compatriotas paganos. Ellos tuvieron éxito, por cierto, pero estudiosos imparciales y muchos miembros de diferentes iglesia, ahora han convenido en que esta profecía de Isaías no se refería a mí, sino a un niño nacido durante la época de Isaías.

A decir verdad, la profecía se refiere a Ezequías, el hijo del rey. El hecho, de que sobre la espalda del niño descansaría la administración del gobierno, es la confirmación, de que la profecía se refirió al futuro regente. El último comenzó bien, e implementó reformas religiosas, en un esfuerzo para erradicar el culto de ídolos, destruir la antigua serpiente de bronce, que había sido venerada por siglos, y prohibió el culto en bosques y en los altos lugares. En este respecto, él se ganó el respeto y la aprobación de aquellas personas, interesadas en la conservación de la fe Hebrea; y esto es la verdad. Pero no tenía ninguna idea de justicia social, o de los derechos de los pobres, o cómo podía mejorar la condición del pueblo. Jamás aquellas palabras podían haberse aplicado a mí, porque no vine para ser el rey o regente de un reino material, sino como el Mesías de Dios, el que señala el camino hacia el Padre y la salvación, a través de la oración a Él por Su Amor Divino. Discutiré esto con más detalle en otro sermón.

A la profecía de la joven mujer y su niño, le siguió la derrota de Israel y Siria, como Isaías la había pronosticada, pero esta se logró a través de la solicitud secreta por Acaz por auxilio Asirio. Cómo no, esta ayuda le costó a Judá vastas sumas en oro y plata, tomadas del Templo, y también redujo la fortaleza e independencia de la nación. Los ejércitos de Asiria entraron marchando en Palestina y, en 734 a. C., invadieron Israel, tomando posesión de mi propio país, Galilea, y de las tierras al este del río Jordán. Siria, con su capital en Damasco, fue aplastada dos años más tarde. En el año 724 a. C., los Asirios volvieron a Israel, a causa de rebeliones allí, y tomaron Samaria, la capital, después haberla sitiada por tres años. El pueblo, más de treinta mil, fue llevado en la esclavitud a diferentes partes de la tierra Asiria, y las Diez Tribus de Israel se perdieron como una entidad Hebrea.

Isaías vivió a través de estos años, agudamente consciente de la gran amenaza para Judea por los mismos ejércitos, y sintió, que el desastre que había acabado con Siria y Israel, se debía a su rechazo de obedecer las leyes de Dios, como fueron entregadas en los Diez Mandamientos. También sintió que Judea se encontraba en el mismo pobre estado de ética, como las naciones conquistadas. Más aún, su corazón fue destrozado, pues la alianza de Acaz con Asiria había conllevado el reconocimiento de los dioses Asirios. Acaz fue tan lejos, que ordenó la construcción de un nuevo altar en el Templo, dedicado a Tiglat-pileser, el rey Asirio, y este santuario pagano desplazó el antiguo altar para Jehová. Como Elías antes de él, denunciando el Baal de los Fenicios, así Isaías ahora no toleraría semejante abominación. Para Isaías, esta situación pudo significar solamente una cosa — que Jehová provocaría la destrucción de Judea. Antes del desastre, que golpeó Israel, profetizó que los Judeos serían arrasados por los Asirios, como por olas de inundación:

Por cuanto desechó este pueblo las aguas de Siloé,

que corren mansamente, [...] he aquí por tanto que el Señor

hace subir sobre ellos aguas de ríos,

impetuosas y muchas, a saber, al rey de Asiria con todo su poder;

el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas:

pasando hasta Judá, inundará, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta;

y extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra [...]

(Isaías 8:6–8)

En diferentes ocasiones, Isaías proclamó la Voluntad de Dios, de que Judá sería destruida con el tiempo, y el pueblo llevado al cautiverio. Cuando su segundo hijo nació alrededor de 732 a. C., le llamó "Lemaher shalal hash baz" (rápido es el saqueo, veloz la presa), y cuando Egipto y sus alianzas mezquinas se levantaron contra Sargón en los años 713-711 a. C., incluyendo Filistea, Moab, Edom y Judá, Isaías, entonces en la quinta década de su vida, recorrió desnudo las calles, como un recordatorio vivo de la manera, como los Asirios trataban a sus prisioneros de guerra. La coalición fracasó, y sufrió una derrota en batalla. Aunque Judá no fue atacada directamente, el rey tuvo que pagar cuantiosas sumas para evitar el asalto sobre Jerusalén. Sargón, el monarca Asirio, desistió en parte, porque Judá había permanecido neutral en el pasado, por lo que Isaías, a través de su política de paz y no-intervención, había puesto el fundamento para salvar la Ciudad Santa, de la que sabía, que tendría que sufrir amarguras en el futuro.

Todavía otra gran crisis amenazó a Judá desde Asiria en los años que siguieron. Cuando Sargón murió en 705 a. C., los mezquinos estados, sujetos a él, decidieron a sublevarse. El nuevo monarca, Senaquerib, aplastó cada intento de liberación, primero en las tierras vecinas a su país, y entonces, en 702 a. C., dirigiendo su atención hacia el oeste, sometiendo Sidón, Asdod, Amón, Moab y Edom, y también otros principados, y derrotando decisivamente a los Egipcios en la batalla de Altaku. Asiria ahora estuvo lista para asaltar la fortaleza de Jerusalén y, de verdad, la hubiese conquistado, si Ezequías, ahora el rey de Judea, no le hubiese mandado palabra, de que estaba dispuesto a capitular o negociar los términos de entrega. Senaquerib accedió, y Jerusalén se salvó en intercambio por vastas sumas de oro y plata, tomadas de su tesoro y aquel del Templo.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

33: Isaías declara el Juicio de Dios sobre las naciones

 

Recibido el 14 de Julio de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Ahora, el hecho es que, cuando Ezequías continuó la política neutralista de Isaías, Judá llegó a ser fuerte y próspera, los comerciantes de Jerusalén floreciendo en el período de paz. Pero cuando Egipto y otros principados de la región de Palestina se le acercaron, Ezequías los escuchó, y su decisión se tomó en favor de los principitos y patricios de Judá, que buscaban la ocasión para agrandar sus pertenencias y predios en la guerra. En conexión con la amonestación por Isaías, está su profecía de la destrucción de Jerusalén — no por Asiria, como sería lógico asumirlo, sino por Babilonia, una profecía que se cumplió en parte en 597 a. C., y totalmente en 586 a. C., ciento cincuenta años más tarde. Esto es tan asombroso, que existen muchos estudiantes de la Biblia, que opinan que esta profecía jamás fue escrita por Isaías, sino que se trata de una interpolación insertada en el libro del profeta.

Cuando le pregunté a Isaías, cómo podía haber previsto estos eventos, él contestó que podía detectar una debilidad creciente en el imperio Asirio. La tensión de mantener muchos vasallos descontentos en raya, por la fuerza, fue tan grande que no podía aguantarse indefinidamente, y que, si bien profetizó que Judá no sería destruida por Asiria, sería conquistada por el reino, que les arrebataría el imperio — y este fue Babilonia. Y cuando le pregunté por qué Judá caería ante este nuevo poder, él manifestó sencillamente, que los reyes Hebreos, guiados por sus aristócratas belicosos, fueron incapaces de aceptar los mensajes de los profetas por paz y sumisión a poderes superiores, y que un día, el recurso de pagar rescate sería sin efecto, y que se tomaría la decisión de hacerle conocer a Jerusalén, lo que significaba el poder enemigo en el Templo mismo. En resumen, declaró que su profecía se basaba en el patrón de comportamiento de los reyes Hebreos, y que leía en el futuro el rumbo normal de eventos, proviniendo del pasado.

Isaías, por lo tanto, predicó en 701 a. C., que Jerusalén estaría a salvo contra los ejércitos de Asiria, declarando:

Mira a Sión, ciudad de nuestras solemnidades:

tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud,

tienda que no será desarmada,

ni serán arrancadas sus estacas,

ni ninguna de sus cuerdas será rota.

(Isaías 33:20)

Senaquerib se marchó, y Jerusalén se salvó, de acuerdo con el dinero de tributo de Ezequías, pero al mismo tiempo, una peste estalló entre los soldados Asirios, hecho que aceleró el retiro del invasor, y esto fue exagerado enormemente, transformándolo en una gran catástrofe en la narración contenida en la Biblia, en 2 Reyes 19.

Tanta fue la insistencia de Isaías en la paz, la que se sintió era lo que Dios deseaba, como de hecho lo hacía, que él declaró, que tenía que aparecer otro rey de Judá, que traería la paz al país, y al mismo tiempo, gobernar el reino con la rectitud y misericordia, que Jehová exigía. Este nuevo rey aparecería de acuerdo con la alianza Davídica, un renuevo de Jesé:

Y reposará sobre él el espíritu del Señor;

espíritu de sabiduría y de inteligencia,

espíritu de consejo y de fortaleza,

espíritu de conocimiento y de temor del Señor.

Sino que juzgará con justicia a los pobres,

y argüirá con equidad por los mansos de la tierra [...]

Y será la justicia cinto de sus lomos,

y la fidelidad ceñidor de sus riñones.

(Isaías 11:2, 4, 5)

Isaías, como mostraré posteriormente, pensaba en Ezequías, el recién nacido hijo del rey de Judá, pero, en la luz de los siglos que pasaron, lo que Isaías pronosticó, fue un rey ideal de Judá, un rey que sería fiel a la Alianza de Dios y Sus Mandamientos, por su conducta justa, que pondría su confianza en Dios, y trataría en toda la justicia con el pueblo de Dios, sometido a su gobierno. Isaías ignoraba, quién finalmente sería esta persona en el transcurso de tiempo, pero me ha dicho, que su profecía no estaba destinada para la persona, que sería el Mesías de Dios, por la razón, de que no estaba interesado en un rey espiritual, que gobernaría a los hombres solamente en el sentido moral, ético y espiritual; y este concepto del Mesías sólo nació muchos siglos más tarde. Cuando estudié las escrituras, como muchacho en Nazaret, entendí que esta profecía podía, de verdad, referirse a un Mesías espiritual; porque cuando aparecí en Palestina, el país estaba bajo el gobierno de Roma, y estaba de acuerdo con Isaías, que el pueblo no debía rebelarse contra sus soberanos Romanos, sino esperar en subordinación y paz, hasta que pasase este dominio, como habían pasado los Babilonios, Persas y Griegos antes de ellos. Así entendí, que un rey de Judá, "un renuevo de Jesé," tenía que interpretarse en un sentido espiritual, como el Mesías para reinar en los Cielos Celestiales, y para enseñarle al pueblo la victoria sobre los Romanos, a través de la venida del Reino Celestial, y la vida eterna a través del Amor del Padre.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

34: La lucha de Isaías contra los males sociales y los sacrificios

 

Recibido el 14 de Julio de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Los esfuerzos principales de Isaías, para elevar a su pueblo, se dirigían a una actitud más aceptable hacia vida, no sólo en el área de estricta moralidad y en las costumbres, sino también en la comprensión, de que el Dios de Israel era un Santo Dios — un Dios de absoluta rectitud, quien era Dios no sólo de los Hebreos, sino también del mundo entero y del universo, como se lo conocía en aquella época.

Entre los males sociales, que Isaías condenó, se encontraba la ropa provocativa, que las mujeres aristocráticas de Jerusalén se ponían. El profeta sintió, que era mal, que ciertas mujeres, por su riqueza, se pavoneaban por las calles de la ciudad, exhibiendo sus encantos, para el propósito seducir, y como un señuelo, para llevar a los hombres al pecado:

Por cuanto las hijas de Sión se ensoberbecen,

y andan cuellierguidas y los ojos descompuestos;

cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies:

Por tanto, pelará el Señor la mollera de las hijas de Sión,

y Jehová descubrirá sus vergüenzas.

Y será que en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez;

y desgarrón en lugar de cinta; y

calvez en lugar de la compostura del cabello;

y en lugar de faja ceñimiento de saco;

y quemadura en vez de hermosura.

(Isaías 3:16–17, 24)

Otra práctica mala, de la que los ricos Judeos eran culpables, fue la de acaparar bienes raíces, por lo que el hombre más pobre no tenía ninguna oportunidad, de poseer un pedazo propio de tierra. Puesto que Judá era pequeña, las adquisiciones de tierra para propósitos monopolistas crearon una terrible penuria, Especialmente para los agricultores, que fueron presionados para abandonar sus pertenencias, a través de maniobras rapaces, incluyendo métodos violentos, el soborno de jueces inescrupulosos, y la exclusión de préstamos. El resultado fue, que los pobres agricultores empobrecían, y apremiados para venir a Jerusalén, vivían allí una existencia marginal en todos los sentidos posibles. Así Isaías advirtió a los regentes y al pueblo de esta práctica perversa:

¡Ay de los que juntan casa con casa,

y allegan heredad a heredad hasta acabar el término!

¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?

Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos,

que las muchas casas han de quedar asoladas,

sin morador las grandes y hermosas.

Y diez huebras de viña producirán un zaque,

y treinta modios de simiente darán tres modios.

(Isaías 5:8–10)

Adicionalmente, el consumo de licor, incluso en los días de Isaías, fue un factor que contribuía a la desmoralización del pueblo. Oseas ya había señalado que "fornicación, y vino, y mosto quitan el corazón". (Oseas 4:11) Así, los cultos nazareos y recabitas habían sido formados, prohibiendo vino y licor. Pero Isaías, con su agudo sentido de percepción de las prácticas destructivas en el país, tomó bajo fuego la costumbre entre la clase más adinerada, de intoxicarse y esquivar el trabajo, vacilando y parrandeando, especialmente el trabajo del Señor. Condenados en la diatriba de Isaías salen los profetas y sacerdotes farsantes, que en realidad tambaleaban a lo largo de las calles, intoxicados, y ensuciaban no sólo la mesa de cena, sino también la mesa del pan de la proposición en el Templo y los altares, supuestamente sagrados para ellos:

Mas también éstos erraron con el vino; y con la sidra se entontecieron;

el sacerdote y el profeta erraron con la sidra,

fueron trastornados del vino, aturdiéronse con la sidra,

erraron en la visión, tropezaron en el juicio.

Porque todas las mesas están llenas de vómito y suciedad,

hasta no haber lugar limpio.

(Isaías 28:7–8)

Isaías fue muy similar a Amós y Oseas, en su rechazo de la clase de ritual ligado con el culto del Señor. Hablando por Dios, Oseas había declarado: "Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos." (Oseas 6:6) Y Amós, quizá lo recuerdes, dijo:

Aborrecí, abominé vuestras solemnidades,

y no me darán buen olor vuestras asambleas.

Y si me ofreciereis holocaustos y vuestros presentes,

no los recibiré;

ni miraré a los pacíficos de vuestros engordados . . . .

Antes corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.

(Amós 5:21–22, 24)

Esta negativa al sacrificio por Dios, como el conocimiento espiritual de Amós ciertamente esclarece, era no sólo una negativa por el deterioro del ritual, sino del ritual mismo. Porque Dios protegió a los hebreos contra los peligros del desierto durante 40 años después del éxodo de Egipto sin ritual. Pues Dios dijo, a través de Amós: "¿Habéisme ofrecido sacrificios y presentes en el desierto en cuarenta años, casa de Israel?" (Amós 5:25)

Y Isaías, ya que se le había comunicado espiritualmente, sabía que Amós tenía razón, y él escribió contra sacrificios de una manera muy similar. La matanza ritual era fútil y sin sentido, pero cuando se sumaron la injusticia y el derramamiento de sangre, Dios viró lejos su cara, por decirlo así, o se siente repelido. Al pueblo, a los profetas, sacerdotes y regentes, a todos ellos había que enseñarles, que el ritual no era ningún substituto por la rectitud:

¿Para qué a mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios?

Harto estoy de holocaustos de carneros,

y de sebo de animales gruesos:

no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

¿Quién demandó esto de vuestras manos,

cuando vinieseis a presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?

No me traigáis más vano presente: el perfume me es abominación . . . .

Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos:

asimismo cuando multiplicareis la oración, yo no oiré:

llenas están de sangre vuestras manos.

(Isaías 1:11–13, 15)

Escribí la línea ". . . ¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis a presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?" a propósito en cursivas, para subrayar que Dios, hablando a través del profeta, jamás había ordenado a los sacerdotes, que sacrificasen animales, o criaturas vivientes, o como una ofrenda por los pecados, o como una primicia para el apaciguamiento o para la redención (dónde los primeros frutos, o seres vivientes, pertenecían a Dios), o para la adoración o cualquier otro propósito. Adicionalmente, si los adoradores llegasen a la oración, pero con maldad en sus corazones, Él rechazaría sus oraciones, porque semejantes oraciones podían venir solamente de la mente, ofrecidas por ostentaciones y aprobación pública, y no podían venir jamás del corazón en sinceridad, remordimiento y amor. El pasaje no significa, que el sacrificio sería aceptable para el Señor, si el adorador llegase con un puro corazón. El sacrificio jamás había sido aprobado por Él, y jamás puede ser utilizado en lugar de la oración de corazón y sincera a Él.

Y así, como Amós, Isaías terminó su sermón del mismo modo: Una tremenda apelación por Dios, a través de Su profeta, para vivir la verdadera religión, que Dios reveló anteriormente a los Hebreos con Moisés — la religión de hacer lo correcto en los ojos de Dios:

Lavad, limpiaos;

quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos;

dejad de hacer lo malo:

Aprended a hacer bien: buscad juicio, restituid al agraviado,

oid en derecho al huérfano, amparad a la viuda.

(Isaías 1:16-17)

 

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

35: La esperanza de Isaías por un reino ideal para Israel

 

Recibido el 14 de Julio de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Y veremos que más tarde el profeta Miqueas habló del mismo estilo. Deseo concluir estos sermones sobre Isaías, por lo menos por ahora, con el período final de la vida de Isaías, que se caracterizó por disturbios políticos. Me referí a la amenaza Asiria del año 701 a. C. en mis otros sermones sobre Isaías, pero con enfoques diferentes en mente. He señalado, entonces, que Ezequías había continuado adhiriendo a la insistencia del profeta en la neutralidad en la lucho por el poder entre Egipto y Asiria, pero en 701 a. C., el partido pro-Egipto, favoreciendo la rebelión contra Asiria, ganó el favor del rey. Isaías suplicó en vano por una continuación de su política de paz, pero ahora Ezequías formó una alianza secreta con Egipto, adquirió cantidades de equipo militar de allá, y llegó a ser el blanco de ataque de Asiria. En poco tiempo, la totalidad de Judá fue invadida, y sólo Jerusalén se mantuvo, para enfrentarse al poder de Asiria. Ezequías fue capaz de evitar desastre una vez más, pagando 300 talentos de plata y 30 talentos de oro.

En ese momento, Ezequías cayó muy enfermo, debido a una forma grave de carbunclo, que le envenenó la sangre. Sus médicos no pudieron hacer mucho para aliviarle. Isaías le contó, que iba a morir. Entonces Ezequías volvió su cara hacia la pared de su alcoba, orando y llorando por todos sus pecados y artimañas, arrepentido en su corazón de las fechorías, que había tramado, y tratando de dirigir su oración a Dios por su recuperación. Y rezó así: "Oh Señor, ruégote te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos." (Isaías 38: 2 – 3)

Y la verdad es, como he dicho, que el rey había acometido una reforma de los rituales religiosos, para eliminar los símbolos de fertilidad y otras abominaciones. Y así puedo señalar y destacar, una de las instancias reales, tangibles de la ayuda rápida de Dios en respuesta a la oración directa, pues Dios le escuchó y se conmiseró de su sincero arrepentimiento, y a través de Sus mensajeros le informó a Isaías, cómo podía tratar la infección. Entonces vino la palabra del Señor diciendo:

"Ve, y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: Tu oración he oído, y visto tus lágrimas: he aquí que yo añado a tus días quince años."

(Isaías 38:5)

Esta es una mala cita, porque en realidad, Ezequías vivió 5 años más, de 701 hasta 696 a. C. Y esta cura tomó la forma, me gustaría subrayarlo, de una sanación espiritual, porque Isaías, que se encontraba en un alto plano espiritual, fue capaz de captar las palabras del mensajero auxiliador de Dios: "Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará." (Isaías 38:21)

Y sanó. La razón, aunque desconocida para el médico y también para Isaías, fue que los higos en el palacio, guardados sin refrigeración, producían mohos, que contenían las substancias curativas, algo como la penicilina en la actualidad. La muerte de Ezequías en 696 a. C., a la edad de 42 años, debida a excesos, alimentos inapropiados, y por fin enfermedad, que su constitución no pudo aguantar, ocasionó los peores problemas internos y domésticos, que jamás plagaron Judá, a través de la sucesión al trono de aquel Manasés, cuyo nombre los Judíos pronuncian solamente estremeciéndose y con el corazón acongojado. Una de las maldades, que él resucitó, fue el asesinato ritual de infantes, incluyendo a su propio hijo, y la sangre inocente chorreó por las calles de Jerusalén y en las ciudades de Judá. Isaías no pudo vivir en semejante atmósfera de barbarie, crueldad y obscurantismo, y por las mismas razones, los seguidores de su política salvaje no querían, y no podían, tolerar el dedo acusador del profeta señalando contra ellos. Por lo tanto, con la aprobación de Manasés, le agarraron a Isaías y, como indica la antigua tradición Hebrea, le metieron un hueco tronco de árbol, y le partieron en dos con una sierra. Así terminó la carrera profética del gran sucesor de Amos y Oseas.

Muchos pasajes de Isaías han sido citados constantemente, para demostrar su dominio de idioma, para describir a Dios como poderoso, santo, lleno de gloria y majestad y como Regente del Universo, pero deseo recordarte, que en los tiempos del Nuevo Testamento, Isaías fue citado como trayendo a su pueblo cierta presciencia de eventos hasta mis propios días. Así, mis discípulos se volvieron a Isaías 9:2: "El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz: los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos."

Esta luz, para mis discípulos, hace alusión a mí, o estuvo en mí, trayendo con esta luz la derrota de la muerte, a través de la creencia en mi persona, porque vine con una alma llena del Amor Divino de Dios, enseñando la oración para la posesión de este Amor, para la vida eterna.

Desde luego, las palabras de Isaías, como él mismo te diría, no tenían ninguna referencia a mí, sino que fueron la introducción para las estrofas, que se regocijaron en el nacimiento de Ezequías. Este regocijo por el nacimiento del "heredero obvio" tomó la forma de hermosa poesía en Isaías, lírica y exagerada, para satisfacer el gran significado del evento para el bienestar de esta nación oriental, propensa siempre a la hipérbole y la exuberancia. Este Isaías quiso decir, con las líneas de arriba, que el nacimiento de Ezequías presagiaba luz y prosperidad, y también una relación más afín a Dios, para el pueblo, que había sufrido bajo Acaz. Isaías entonces continúa exultando: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Pele-Joez-EI-Gibbor-Abi-Ad-Sar-Shalom." (Isaías 9: 6)

Estas palabras Hebreas significan: "Dios, el Poderoso, es maravilloso en Su consejo, Dios, el Padre Eterno, el Regente de Paz." Esto no significaba, que Ezequías tenía que ser considerado como Dios el Poderoso, o levantado al nivel de la Deidad, como la traducción de algunas versiones de la Biblia erróneamente implica, con el propósito de lograr, que el poema de regocijo no se refiera al nacimiento de Ezequías, sino al mío, porque yo sería llamado "Dios el Poderoso" y todo el resto de este tremendo nombre. Sin embargo, si te acuerdas de los nombres de los dos hijos de Isaías, "un remanente permanecerá" y "rápido es el saqueo, veloz la presa", te darás cuenta que, si bien semejantes nombres pueden sonar fantásticos para ti, ellos no fueron tan fantásticos para los Hebreos de aquellos días, especialmente para Isaías, que se inventó los tres, aunque incuestionablemente ellos fueron "hinchados" para halagar una casa real, de la que Isaías mismo, ¿lo recuerdas?, fue un miembro veterano. En realidad, Isaías me cuenta, que con este nombre quiso decir, que Dios, el sempiterno y maravilloso Dios de los Hebreos, había estado lleno de Gracia para el pueblo Hebreo, dándoles un muchacho tan bueno como Ezequías, quien resultó ser un excelente rey.

Así, Isaías siguió narrando:

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término,

sobre el trono de David, y sobre su reino,

disponiéndolo y confirmándolo

en juicio y en justicia

desde ahora para siempre.

El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

(Isaías 9:7)

En resumen, Isaías expresó la agradable esperanza que, a través de Ezequías, el trono del rey David sería elevado a un estado ideal de rectitud, que continuaría para siempre. Los Judíos, donde quiera que estén en la tierra, todavía siguen esperando un estado ideal, si no bajo un reino de la casa de David, entonces bajo una forma democrática de gobierno, dispensando justicia y conduciéndose mismos con rectitud, como ejemplo para las naciones. Siguen inspirados por los ideales de los profetas y la ley del amor humano, de la rectitud y misericordia, y darán toda su atención a ese rumbo, siempre cuando sea compatible con las funciones del plano terrenal y con la ideología de naciones sitiadas, en la tierra, pero la luz del Amor de Dios penetrará, con el tiempo, el país de los profetas, mi tierra, y se adueñará de los corazones de los hombres, en Erez Yisrael, como en otras partes de la tierra. Amén.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

36: Miqueas y los aristócratas de Jerusalén

 

Recibido el 24 de Agosto de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Junto con el primer Isaías y contemporáneo con él, encontramos a otro profeta, Miqueas, quien nació en el pequeño pueblo de Maresa, situado en el extremo sudoeste de Palestina, cerca de Gat. Este nombre, recordémoslo, está conectado con Goliat de Gat, en los días del rey David, y muestra, que los Filisteos había estado activos allí, porque habían vivido en los llanos costaneros, mientras los Judíos se habían mantenido en las estribaciones de la montaña, como pioneros o colonos fronterizos. Se encontró también cerca de la frontera con Egipto, que se extendió como una ala estirada desde Sinaí hasta el país de Israel. Fue una tierra que había conocido guerra, invasiones y desastre.

Miqueas provino de una familia de agricultores, recios y patrióticos, siempre listos para defender su patria campestre, al primer indicio de problemas con los Filisteos. Miqueas regresó al pueblo y se interesó en insumos agrícolas. Su fervor religioso se despertó, cuando llegó en contacto con las prácticas impuras y idólatras, cuya evidencia vio allí. Su conocimiento de los sermones de Amos, Oseas y Isaías, el gran profeta, que desempeñaba sus funciones en Jerusalén, despertó en él un deseo por emularlos, y dirigir la atención de sus vecinos a las terribles consecuencias, que ellos estaban acumulando sobre sí mismos, por sus prácticas perversas y paganas.

Miqueas comenzó a profetizar alrededor del año 722 a. C., o poco tiempo antes de la destrucción de Israel y el exilio de las Diez Tribus. Y con esto en mente, se encaminó para Samaria, como el lugar del culto idólatra, que provocaba el castigo de Dios a través del azote Asirio. Siendo una persona del campo, pensó que eran las grandes ciudades, que corrompían el puro pueblo campesino: "[...] ¿Cuál es la rebelión de Jacob? ¿no es Samaria? ¿Y cuáles son los excelsos de Judá? ¿no es Jerusalén?" (Miqueas 1:5)

Por ello, pensó que ambas de aquellas ciudades serían tomadas por los Asirios, por los pecados encontrados en las mismas. Miqueas nunca había tenido una sospecha de estas maldades. Había creído, como lo cité, que aquel mal venía de Jerusalén, pero por fin vió, lo que Isaías había visto, y exclamo — que el mal de la ciudad venía de la presión de la aristocracia contra los pobres, y comprendió por primera vez el significado de la lucha de clases o lucha social. Ahora Miqueas, siendo un provinciano en su corazón, habló de una manera tosca, quizá pueda decir, poco elegante, porque la verdad es, que él carecía de la delicadeza de los profetas urbanos, y sus descripciones son vívidas y poderosas, aún más, porque, siendo un campesino, los aristócratas de la ciudad y los ricos se negaban a escucharle, y le acosaban siempre cuando podían, y la elocuencia de Miqueas llegó a ser siempre más grosera y belicosa, hablando con ellos:

Oid ahora, príncipes de Jacob, y cabezas de la casa de Israel:

¿No pertenecía a vosotros saber el derecho?

Que aborrecen lo bueno y aman lo malo,

que les quitan su piel y su carne de sobre los huesos;

Que comen asimismo la carne de mi pueblo,

y les desuellan su piel de sobre ellos,

y les quebrantan sus huesos y los rompen,

como para el caldero, y como carnes en olla.

Entonces clamarán a Jehová y no les responderá;

antes esconderá de ellos su rostro en aquel tiempo,

por cuanto hicieron malvadas obras.

(Miqueas 3:1–4)

Habiendo azotado contra los malos gobernantes del pueblo, Miqueas después se dirigió contra los falsos profetas, que les decían a los aristócratas, lo que ellos querían oír: "Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, que muerden con sus dientes, y claman, Paz, y al que no les diere que coman, aplazan contra él batalla." (Miqueas 3: 5)

Y poco tiempo después, testifica también contra los sacerdotes:

Sus cabezas juzgan por cohecho,

y sus sacerdotes enseñan por precio,

y sus profetas adivinan por dinero;

y apóyanse en Jehová diciendo:

¿no está Jehová entre nosotros?

No vendrá mal sobre nosotros.

(Miqueas 3:11)

Por eso, profetizó la destrucción de Jerusalén y del Templo, ya que sintió, que el pecado continuo sólo podía conducir a la muerte, y que Dios no podía ayudar, hasta que condiciones justas permitieran a Sus ministros, ponerse o estar en contacto con la gente: "Por tanto, a causa de vosotros será Sión arada como campo, y Jerusalén será majanos, y el monte de la casa como cumbres de breñal." (Miqueas 3:12)

Más tarde, tanto Jeremías, como Urías, profetizaron la caída del Templo, y en cada caso resultó un juicio — Jeremías escapó sin castigo, porque nada había sucedido a Miqueas. Ahora, cuando Miqueas profetizó la ruina del Templo de Jerusalén, ese santuario no había llegado a ser el recinto santo, que sería en años posteriores. En los días de Miqueas, otros altares, como en Bet-el y Dan, habían sido usados y considerados por los Israelitas con gran veneración, no obstante su forma perversa de ritual, por lo que el templo en Jerusalén en el Monte Zion no había alcanzado la santidad, que lo caracterizaba un siglo o así más tarde, cuando Jeremías profetizó, y también cuando yo vine para recordarles a los Judíos, que su Templo material podía ser destruido fácilmente — un hecho, que los enfureció aún más, ya que su primer Templo, construido por Salomón, había sido destruido por los Babilonios, como Jeremías informó.

Sentí igual que Miqueas, cuando prediqué en Palestina. Mi mensaje, en adición a las buenas nuevas del Amor del Padre, las que predicaba constantemente, fue social y político. Con eso, quise decir que el pueblo, aceptando el Nuevo Nacimiento, podía de este modo eliminar sus pecados de sus corazones, y producir una nueva era de la hermandad del hombre, dónde todos los pueblos serían iguales ante la ley y justicia, y la rectitud prevalecería en el país. Y también quise decir, que el Amor Divino daría al pueblo una perspicacia en la naturaleza transitoria de la ocupación Romana, y con este Amor en sus corazones, serían capaces de superar el yugo Romano, y permanecer seguros dentro de su fe en Dios y mantenerse pacíficos. Así el fuego de los Zelotes, se hubiese transformado en un resplandor caluroso de entendimiento, y evitadas las sublevaciones, que conducían a la destrucción del Templo y la insurrección fracasada de Bar Kochba.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

37: Miqueas y la predicción de Belén

 

Recibido el 29 de Julio de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Existe un pasaje, que deseo discutir, en el libro de Miqueas; es decir, el Capítulo 6, en donde Dios, a través del profeta, implora a Israel para que regrese a Él en rectitud de conducta hacia su prójimo. Él los hace recordar los horribles actos de abominación, encontrados en el culto pagano de los reyes vecinos Balac de Moab y Balaam, hijo de Boer. Así Miqueas declara, que los sacrificios de cualquier clase son fútiles; solamente la rectitud de corazón y el amor misericordioso son la Voluntad de Dios para la humanidad:

¿Con qué prevendré a Jehová,

y adoraré al alto Dios?

¿vendré ante él con holocaustos,

con becerros de un año?

¿Agradaráse Jehová de millares de carneros,

ó de diez mil arroyos de aceite?

¿daré mi primogénito por mi rebelión,

el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?

Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno,

y qué pida de ti Jehová:

solamente hacer juicio, y amar misericordia,

y humillarte para andar con tu Dios.

(Miqueas 6:6–8)

Este pasaje, por su belleza, poder y excelencia, nunca fue superado en el desarrollo del pensamiento religioso, hasta el tiempo del Amor Divino, porque lo que Miqueas aquí está presentando, no es nada menos que la esencia de la religión ética, o de la religión del amor humano. En realidad, él enseña con la mayor sencillez, lo que millones de personas están tratando y han tratado, a lo largo de las edades, de descubrir — el significado de la religión. Pues, no, la religión no es una materia de rituales y sacrificios por los pecados, o por el apaciguamiento de una deidad; no, no es el ofrecimiento de becerros, carneros o corderos, o de aceite, o el sacrificio de los primogénitos, como el hombre antiguo pensababa, y lo que sigue siendo utilizado de una manera metafísica por la iglesia moderna, cuya doctrina equivocada es que yo, el primero y único hijo de Dios, tenía que ser sacrificado en una cruz, para el apaciguamiento de Su ira por los pecados de los hombres.

No, Dios no busca el sacrificio de animales, ni del fruto de la tierra, ni de seres humanos, de verdad, no quiere ninguna clase de sacrificio. No, Él quiere que el hombre viva con un sentido permanente de, y la práctica de, justicia y misericordia, y que conozca, humildemente, que Dios es el Creador de tu existencia, y que te tiene, por decirlo así, en la palma de Su Mano.

En lo relacionado con el resto del pequeño libro de Miqueas, el capítulo 5 es el más famoso pasaje, porque trata de la profecía, de la que se pensaba, que se refería a mi venida. En realidad, esto viene después del capítulo 3, que afirma que Jerusalén caerá, y el Templo será destruido, si los regentes de las Casas de Judá e Israel continuasen obrando la maldad, aborreciendo la justicia, y construyendo Zion, el Templo, con sangre. Pero, continúa Miqueas, que ahí vendrá, un día, un regente en Judá, que haría la Voluntad de Dios, traería justicia e igualdad para todos, y reinaría con rectitud y misericordia. Este regente, por supuesto, sería, como lo había sido entonces por siglos, de la casa de David; por lo que parece, que Miqueas sencillamente esperaba un nuevo rey. Ya te he dicho que Isaías pronosticó un buen rey en Ezequías, que fue una mejora sobre su predecesor, pero no tan ampliamente, como para cumplir las palabras de Isaías. Ahora Miqueas utilizó la misma clase de idioma lírico, por lo que el rey venidero, y que realmente vino, Ezequías, apenas se reconoce en la profecía de su venida. Aquí están las palabras de Miqueas:

Mas tú, Belén Ephrata,

pequeña para ser en los millares de Judá,

de ti me saldrá el

que será Señor en Israel;

y sus salidas son desde el principio,

desde los días del siglo.

(Miqueas 5:2–3)

Continuaré con el resto de esta profecía y aclararé su significado, pero quiero tratar con esta parte primero, ya que una cita completa puede conducir a confusiones, como de hecho lo sucedió. En primer lugar, Miqueas basó sus predicciones en aquella parte de Isaías, que citaré: "hasta el tiempo que para la que ha de parir," lo que se sugiere por la frase de Isaías: "He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel." (Isaías 7:14)

Notarás que Miqueas también habla de un hijo, en vez de un niño, un hijo que será asociado con el regreso de las Diez Tribus de Israel, o más bien, el regreso de un remanente del cautiverio en Asiria. Así Miqueas pronosticó, que el regente de la nación gobernaría a los sobrevivientes de los exiliados, como ya fue pronosticado mucho antes; es decir, en el último pasaje, atribuido a Amós, este regente (cuya madre estaba embarazada con él en aquella época de los escritos de Isaías) nacería en Belén Efratá, para distinguir este pueblo en Judea de otro en Galilea, y se refiere a la ciudad, donde David nació. Esto es insólito, porque la casa real de Judá vivía en Jerusalén, y los hijos nacían en el palacio real. Ahora Isaías no lo mencionó, porque asumió que el nacimiento tendría lugar en el palacio, como siempre, pero Miqueas sí lo indicó claramente, como dije, porque Ezequías nació en Belén, dónde su madre Abi, hija de Zacarías, había estado descansando, y Miqueas escribió muchos años después del evento. El Segundo Libro de los Reyes narra, cuánto le apreciaban:

Hizo lo recto en ojos de Jehová,

conforme a todas las cosas que había hecho David su padre.

El quitó los altos, y quebró las imágenes,

y taló los bosques [derrumbó la Asherah, Dios Canaanita de la fertilidad],

é hizo pedazos la serpiente de bronce

que había hecho Moisés,

porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel;

y llamóle por nombre Nehustán.

En Jehová Dios de Israel puso su esperanza:

después ni antes de él no hubo otro como él

en todos los reyes de Judá.

(2 Reyes 18:3–5)

Si damos crédito incondicionalmente a estas palabras, entonces Ezequías era más grande que David. Pero para continuar: "Porque se llegó a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. Y Jehová fue con él; y en todas las cosas a que salía prosperaba [...]." (2 Reyes 18:6–7)

He señalado, sin embargo, que Ezequías, a pesar de sus éxitos bélicos contra los Filisteos, estuvo en problemas por la coalición de Israel y Siria contra Judá, y finalmente, con Asiria, y pagó un alto tributo a esta nación, por lo que esta crónica, escrita por un sacerdote religioso, pasa en silencio por las imperfecciones del rey y sus problemas políticos, y también la debilidad de su personalidad, y subraya su reforma del ritual Hebreo, y la eliminación de las fechorías del culto al estilo de los paganos, que existieron. Miqueas, sin embargo, continúa su profecía del regente de Belén de una manera, que nos recuerda las alabanzas en el Segundo Libro de los Reyes: "Y estará, y apacentará con fortaleza de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios: y asentarán; porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra." (Miqueas 5:4)

Ahora, es difícil para mí acertar exactamente, cuando Ezequías nació, porque Ezequías mismo, y Acaz, no lo recuerdan, porque no había las mediciones exactas de tiempo o fecha, de las que Ustedes disponen en la actualidad. Pero Ezequías, calculando rápidamente, nació justo en el tiempo, o poco después, cuando sabemos que Isaías había iniciado sus profecías, cerca de 738 a. C., y no tenía todavía 25 años de edad, cuando comenzó a gobernar, como dicen las Escrituras, sino 18 años (según la Enciclopedia Judaica, rey de Judá, 720-692 a. C.). Él reinó más o menos 28 años, hasta que Manasés llegó a ser rey, con su muerte en 692 a. C. (según la Enciclopedia Judaica, Manasés sucedió a su padre, Ezequías, a la edad de 12, y gobernó de 692 - 638 a. C.)

Ahora, en vista de lo que ha sido escrito sobre Ezequías, en el Segundo Libro de los Reyes, puedes fácilmente comprender la gran expectativa, que tanto Isaías, como Miqueas tenían, sobre lo que sería el nuevo rey de Judá, y es un hecho, que por cierto tiempo parecía, que la grandeza de Ezequías iba a cumplirse. Que él fue, con los años, una decepción, se debía a la propia personalidad de Ezequías, Pero estos profetas expresaron su profecía de un regente del pueblo Hebreo, que reinaría en rectitud y andaría en la Senda de Dios. Y si Ezequías no crecía para cumplir sus profecías, eso no significaba que, en el tiempo por venir, otra persona nacida en Belén de Judá, no pudiese aparecer como regente, para traer la justicia y la rectitud al pueblo.

De Belén de Judá pudo venir al pueblo, como Miqueas ha dicho, un pastor, que alimentaría su rebaño en la fortaleza del Señor, y en la majestad de Su Nombre, alguien que traería al pueblo un verdadero conocimiento de Dios, a través de la Nueva Alianza predicha por Jeremías, en donde el Amor de Dios traería la inmortalidad para Su pueblo y para todos los pueblos, dándoles seguridad en el país de Dios, Su Cielo Celestial, para vivir ahí en paz, felicidad y abundancia de gozos espirituales por toda la eternidad.

Así que, si bien la profecía de Miqueas se refirió, en primer lugar, a Ezequías, la naturaleza ideal de aquella profecía se proyectó a través del tiempo y por los siglos, hasta que el Cristo apareciera y trajera, a través de mi venida, el Amor del Padre para todo la humanidad.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

38: El Día de Juicio, como Sofonías lo previo

 

Recibido el 12 de Noviembre de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Sofonías ben Cushi, el profeta del llamado día de ira de Dios, nació en Jerusalén durante el gobierno del Rey Manasés, acerca de 665 a. C. Su actividad profética data de los comienzos de la invasión de Palestina por los Escitas, por el año 636 a. C. Sofonías estaba conectado por la sangre con la casa real de Judá, por una inscripción en el libro del profeta llamado Ezequías, el padre del abuelo de Sofonías: "Palabra de Jehová que fue a Sofonías hijo de Cushi, hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezequías." (Sofonías 1:1) Su abuelo fue un antepasado de aquel Gedalías, que llegó a ser gobernador de Judea, después de la caída de Jerusalén en 556 a. C. Esta mención de antepasados fue contraria a la costumbre, e indica que la ascendencia del profeta se remontaba al Rey Ezequías, en los días de Isaías. Sofonías vivía en Jerusalén cerca del Palacio, y describió brevemente su topografía:

Y habrá en aquel día, dice Jehová, voz de clamor desde la puerta del pescado,

y aullido desde la segunda, y grande quebrantamiento desde los collados.

Aullad, moradores de Mactes . . . . Y será en aquel tiempo,

que yo escudriñaré a Jerusalén con candiles.

(Sofonías 1:10-12)

(La puerta del pescado se encontraba al norte de la ciudad, y era utilizada por los mercaderes de Tiro, que traían pescado seco a Jerusalén. El Barrio Segundo se encontraba en el área norteña, donde Hulda, la profetisa, vivía. Y el Mactes era el Valle Tiropeo, entre las colinas orientales y occidentales al sur de la ciudad.)

Él fue uno de aquellos, que sentían que una reacción contra la idolatría y la maldad de Manasés y su hijo, Amón, era absolutamente necesaria, para que el país de Judá y su pueblo no fuesen destruidos. Con esto, no quiero decir que solamente los reyes eran los culpables, porque muchos del pueblo habían aceptado las deidades Asirios y sus ritos, incluyendo hasta la abominación de sacrificios humanos, y aquellos que se habían resistido, para defender a Jehová y una vida moral, habían sido perseguidos y muertos, y así, la verdadera religión en Judá había sido obligada a existir en la clandestinidad, por decirlo así.

Estando así de cierta manera conectado con el establecimiento real, y viendo las costumbres disolutas, que se practicaban entre algunos de sus miembros, una herencia de los reinados de Manasés y Amón, como el culto de ídolos y la adopción de vestimentas extranjeras, Sofonías encontró, que solamente los libros proféticos de Amós, Oseas, Isaías y Miqueas contenían el secreto de la salud y prosperidad para la nación. Él los estudió, y contactó individuos y escribas que, como Saphán, estaban de acuerdo con él. Y cuando presenció el acercamiento de los Escitas desde el norte, sintió que el tiempo era maduro para expresar su advertencia de desastre. En ese momento, Josías, el rey, era menor de edad, y el gobierno fue administrado por regentes, que temblaban de miedo de lo que un ataque de los bárbaros a Jerusalén podía conllevar. Ellos se daban cuenta, de que había una gran necesidad de alertar al pueblo frente a los peligros que amenazaban, y conocían que solamente un despertar espiritual podía lograr esto.

Cuando los Escitas alcanzaron la frontera de Egipto, se los colmaron de regalos, para que se marcharan sin infligir daños, y lo hacían, pero, en su camino se regreso a través de Palestina, saquearon el templo de Afrodita en Ascalón y tomaron posesión de Bet-seán.

Por cierto, hubo muchas razones para alarmarse, y Jeremías fue, por supuesto, la gran voz para despertar a los Judíos, pero Sofonías también levantó su voz para advertir del desastre.

Ahora, Josías subió al trono, cuando su padre, el malvado Amón, había sido asesinado por sus servidores, en 639 a. C., después de dos años de gran sufrimiento para el país y el pueblo, y los regentes, que guiaban a Josías, tenían que apartarle de las prácticas, que él había visto con su padre, y tenían que enseñarle andar en la senda de los diezmados seguidores de Jehová; le instruyeron en los profetas, y en las advertencias de los profetas, de que Judá, como Israel, caería, a menos que restaurase la justicia en el país, lo que, con el tiempo, tenía su efecto sobre él. Hilcías, entre otros, les ayudó en esta tarea, el marido de Hulda, la profetisa, que tenía a su cargo la guardarropa real.

Y no fue nadie menos que Sofonías mismo, que fue sumamente útil en el adoctrinamiento del joven Josías. Así, en 635 a. C., a la edad de 12, el joven rey ordenó la destrucción de los Baalim y de las Asherim, los símbolos de fertilidad, tan repugnantes para los verdaderos Hebreos de todas las épocas, cuando se permitía, que estos profanasen los santos lugares, y en 629, cuando él llegó a la mayoría de edad de 18, comenzó con reparaciones y el adorno del Templo. Sucedió durante estas reparaciones, que se llevaban a cabo que, como he dicho, el Libro del Deuteronomio llegó a la atención del rey, originando lo que se conoce como la gran reforma de Josías.

Ahora, Sofonías no pudo haber iniciado la profecía del día del juicio antes de 639, porque el rey anterior, Amón, seguramente le habría eliminado, si lo hubiese intentado, y fue anterior a 635 a. C., porque Sofonías clamó contra los ídolos, que entonces existían en el país. En los años intermedios ( 638 - 636 a. C.), los Escitas se habían acercado a los límites de Palestina, y Sofonías así entregó sus sermones en el Templo. Habló para despertar al pueblo a la urgencia de reformar, para rechazar la destrucción por el avance amenazador de los Escitas y también para respaldar a aquellos en la casa real, de la que él formaba parte, que trataban de lograr el regreso al Judaísmo ético, entre los muchos que habían aceptado los ritos y cultos Asirios y otros ritos paganos, durante el medio siglo precedente. Sofonías entonces no había llegado a los treinta años de edad, porque, aunque él no puede recordar exactamente el año de su nacimiento, era alrededor del 665 a. C., y estaba en aquel entonces bien versado en la ley y en los profetas. Su único propósito, entonces, fue la reforma ritual y el verdadero culto de Dios; sin embargo, como un aristócrata, no se preocupaba demasiado, en contraste con Jeremías, un poco más tarde, con reformas sociales, Pero él ligó el culto de Jehová con la rectitud de conducta, como un deber religioso, que incumbía a todos los creyentes.

Así, en la gran fiesta de primavera, cuando se celebraba la Pascua con el sacrificio del cordero — aunque sólo más tarde, Josías reinstituyó el Pesah (Hebreo por Pascua) como la gran celebración de la liberación de Egipto — Sofonías, en el espíritu de Amós, declaró un terrible día de juicio: "Calla en la presencia del Señor Jehová, porque el día de Jehová está cercano; porque Jehová ha aparejado sacrificio, consagrado a sus convidados." (Sofonías 1:7)

Estos huéspedes, siendo "consagrados," significaba "destruidos" — eran Judíos y los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes paganos, que santificaban las luminarias celestiales de los tejados, los judíos hipócritas, que rendían culto tanto a Dios, como a Milcom, el dios de los Amonitas, y los oficiales y príncipes reales de la casa de Josías. Ellos se resistían a la reforma y se vestían de ropa Asiria, practicaban paganas costumbres, como saltar sobre el "umbral", y así, en su superstición, trataban de evitar el contacto con los espíritus de humanos y animales, fueron sacrificados y sepultados en los cimientos de las casas (como protección contra invasores o saqueadores, originalmente, pero luego, en la mente popular, gradualmente degeneraron en malignos espíritus). Sofonías era antagónico a la creencia en espíritus, igual que los más antiguos profetas, porque eso hubiese reconocido el poder de espíritus independientemente de Jehová.

Sofonías ilustración de la batalla fue tomada de Amós 1:14 y 2:2.

Y encenderé fuego en el muro de Rabba,

y consumirá sus palacios

con estruendo en día de batalla,

con tempestad en día tempestuoso:

[...] y morirá Moab en alboroto,

en estrépito y sonido de trompeta.

Sofonías elaboró esta descripción de terror, agregando la línea de tinieblas y lobreguez a una escena, ilustrando la guerra y el terror para los habitantes, que no podían luchar con coraje, porque ellos no tenían la valentía moral, conferida por la adherencia a Dios:

Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy presuroso [...]

Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto,

día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad,

día de nublado y de entenebrecimiento, de trompeta y de algazara,

sobre las ciudades fuertes,

y sobre las altas torres.

(Sofonías 1:14–16)

Así Sofonías advirtió de la destrucción de Judá, que cometía pecados contra las leyes morales del Señor.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


 

 

39: la rectitud de todas las naciones tiene que rescatarse

 

Recibido el 12 de Noviembre de 1960

Yo estoy aquí, Jesús

Sofonías no sólo predijo el exilio para Judá, sino también la ira de Dios, visitando sobre otras naciones por su inmoralidad y atrocidades. Profetas anteriores habían declarado esto, y Sofonías estaba convencido de este presagio. Sea como fuere, Sofonías predijo la ruina de las ciudades Filisteas cerca de la costa, en la ruta tomada por los Escitas, y pudo escribir, lo que Amós había pronosticado con anterioridad. Porque Amós había afirmado:

Y meteré fuego en el muro de Gaza,

y quemará sus palacios.

Y talaré los moradores de Azoto,

y los gobernadores de Ascalón:

y tornaré mi mano sobre Ecrón,

y las reliquias de los Palestinos perecerán,

ha dicho el Señor Jehová.

( Amós 1:7–8)

Sofonías declaró entonces: "Porque Gaza será desamparada, y Ascalón asolada: saquearán a Asdod en el medio día, y Ecrón será desarraigada. ¡Ay de los que moran a la parte de la mar, de la gente de Cheretim! La palabra de Jehová es contra vosotros, oh Canaán, tierra de Palestinos, . . . ." (Sofonías 2:4–5)

Y cuando previo la destrucción de Ninevé, capital de Asiria, que ocurrió en 606 a. C., pudo leer lo que Miqueas había dicho: "Y comerán la tierra de Assur a cuchillo, y la tierra de Nimrod con sus espadas." (Miqueas 5:6)

Así, Sofonías, en su acuerdo con Miqueas, siguió prediciendo la destrucción de Ninevé: "Y extenderá su mano sobre el aquilón, y destruirá al Assur, y pondrá a Nínive en asolamiento, y en secadal como un desierto." (Sofonías 2: 13)

Sofonías señala que Dios es imparcial, y que otras naciones malas de aquel tiempo serán destruidas, no sólo pequeños lugares como Gaza, Ascalón, Asdod y ciudad-estados Filisteos, sino también Egipto (llamado Etiopía por el regente Etíope), Asiria y Ninevé. El Señor es el Señor de toda la tierra, y Su Juicio se ejecuta sobre todos los pueblos por sus pecados. Este juicio significará la destrucción de todo en la cara de la tierra, no sólo del hombre, sino de animales y de la naturaleza, porque la maldad en la naturaleza resulta de la maldad en el corazón del hombre.

La acusación de Sofonías, en cuanto a Judá, comienza con los hijos del rey y los miembros de la casa real —" leones bramadores". . . (Sofonías 3:3) — en un tiempo cuando Josías todavía era menor de edad, y sus hermanos y primos todavía imitaban las costumbres y vicios Asirios. Pero también incluye a los jueces, que son "lobos del desierto," y sus profetas, que son farsantes y hombres infieles, mientras los sacerdotes profanaron lo que es santo y violaron la ley. El pueblo no recibió la corrección (Sofonías 3:7), no buscó al Señor, y si ellos una vez le conocían, se volvieron de Él y de Sus Mandamientos (Sofonías 1:6). Llegaron a ser descarados y dependientes de sus propios recursos, diciendo en su corazones: "El Señor ni hará bien ni mal." (Sofonías 1:12) Sí, ellos habían dejado de sentir, que Dios era su Padre viviente, eterno, y que Su Mano se extendió sobre ellos, para ayudarles, si ellos le buscaban, y para guardarles de las maldades de los tiempos bárbaros, que entonces prevalecían. Más bien, Jerusalén es rebelde contra Dios y ensangrentada con la sangre de los justos.

Sin embargo, Jehová no destruirá a todos los habitantes de la tierra, sino que permitirá a los que se arrepientan y tengan fe, que permanezcan, e incluso cuando los Judíos vivan en el exilio, después de este Día de Juicio, este remanente regresará a su propia tierra, porque los justos de las otras naciones lo permitirán en obediencia a la Voluntad de Dios. Algunos escritores sobre las profecías de Sofonías creen, que estos pasajes de redención a través de la purificación, y el regreso desde el exilio, no representan la mano del profeta mismo, porque escribió más o menos treinta años antes del último exilio en 597 a. C. Pero estos comentaristas no toman en cuenta, que Sofonías disponía de los escritos de Amós, Oseas, Isaías y Miqueas, y en ellos se encontraba un artículo de fe, en que Judea iría al exilio, y si Sofonías creía en estos profetas, como expresando la Palabra de Dios, tenía que creer, que este exilio realmente tendría lugar. Sin embargo, ya que sus escritos, o por lo menos apéndices a sus escritos, especialmente en Amós y Miqueas, insistían en un regreso subsecuente desde el exilio, y en la redención de los pecados por un regreso al Señor, así Sofonías abrigó esas profecías de regreso y perdón, y por lo tanto, no deberíamos adscribir el capítulo 3 a la ligera a una mano posterior, sino mas bien fue realmente Sofonías, quien declaró, como los profetas anteriores, un día de congregación y purificación.

Así, Sofonías exhorta con un gran sentido del dominio de Dios sobre todos los pueblos de la tierra: "Buscad al Señor todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de; Señor." (Sofonías 2: 3)

Y habla de los Hebreos, que regresan como "un pueblo humilde y pobre, los cuales esperarán en el nombre del Señor," pobre en bienes materiales y poder político, de verdad, pero rico en el tesoro del Amor del Padre y en Su protección para ellos. Cuando yo hablaba de los humildes y oprimidos a la gente, que oía mis sermones, hablaba, en ese lugar, del espíritu de Sofonías, identificándonos con el aprieto de los pobres y humildes, y predicando que la seguridad, salvación e integridad del alma yacía en la confianza en Él.

El profeta entonces continúa prediciendo: "El resto de Israel no hará iniquidad, ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa: porque ellos serán apacentados y dormirán, y no habrá quien los espante." (Sofonías 3:13)

Con el capítulo 3, versículos 14 a 20, Sofonías entona una nota de exultación, que forma un contraste asombroso con los feroces y lúgubres pasajes del Día de Juicio. Y por supuesto, los comentaristas difícilmente pueden ver en eso la mano del profeta, pero Sofonías ahora no escribió profecías, sino reiteró sinceramente, lo que Amós y Miqueas habían declarado con anterioridad. Sin embargo, esta explosión de exultación y alegría aquí es tan exuberante, y el estilo tan personal y convincente, que fue utilizado por el Segundo Isaías, a quien discutiré en sermones posteriores detalladamente, como el punto de partida de sus grandes escritos.

Así, Sofonías se regocijó:

Canta, oh hija de Sión:

Da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalem . . . el Señor es Rey de Israel en medio de ti . . . el Señor en medio de ti, poderoso, él salvará; gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cantar.

(Sofonías 3:14–17)

La línea tremendamente significativa, "callará de amor," indicando el Amor Divino, que el Padre poseía como Su Atributo más grande, y con el que ama a Sus hijos, y que Sofonías sabía, que era la Esencia de Dios, causó dificultades entre los estudiosos Hebreos, porque pensaban que la línea significaba, que la profundidad del Amor de Dios era como una éxtasis silenciosa, pero eso fue refutado por el regocijo de Dios, cantando. La explicación de Rabí Rashi, por ejemplo, que Dios, en Su Amor, cubrirá los pecados en silencio, no es aceptable, porque Dios no cubre los pecados, sino a través de Sus leyes, despierta y activa la consciencia del hombre, produciendo remordimientos y un sentido de justicia. Pero Sofonías en realidad quiso decir que, si bien el Amor Divino de Dios por Sí Mismo es tan profundo, como para ser silencioso, pero la expresión de aquel Amor, que podía ser indignación e ira en la presencia del pecado y de la maldad, era el regocijo y el canto en la presencia de la justicia y rectitud, especialmente cuando ellas representaban el regreso de Sus hijos errantes hacia Él. Recordarás que utilicé esto como tema de mi sermón sobre el hijo pródigo.

Jesús de la Biblia
y
Maestro de los Cielos Celestiales

 

 


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